Llibre: Contalles en chapurriau al racó del foc,
de Carlos Ollés Estopiñá (Autor), Luis Arrufat (Prólogo)

Dichos, Refráns, Endivinalles, Traballengües, Poesía, Cuentos, Charrades, Cansonetes, Les históries de Ramón.
champouirau, chapurriau, chapurriat, chapurreau, la franja del meu cul, parlem chapurriau, escriure en chapurriau, ortografía chapurriau, gramática chapurriau, lo chapurriau de Aguaviva o Aiguaiva, origen del chapurriau, dicsionari chapurriau, yo parlo chapurriau; chapurriau de Beseit, Matarranya, Matarraña, Litera, Llitera, Mezquín, Mesquí, Caspe, Casp, Aragó, aragonés, Frederic Mistral, Loís Alibèrt, Ribagorça, Ribagorsa, Ribagorza, astí parlem chapurriau, occitan, ocsitá, òc, och, hoc
Llibre: Contalles en chapurriau al racó del foc,
de Carlos Ollés Estopiñá (Autor), Luis Arrufat (Prólogo)

Dichos, Refráns, Endivinalles, Traballengües, Poesía, Cuentos, Charrades, Cansonetes, Les históries de Ramón.
Antoni Maria Alcover Sureda (Manacor, 1862-Palma de Mallorca, 1932) fue un religioso, escritor modernista, profesor, lingüista, folclorista y publicista español.
Su vocación literaria se despertó primero en español, y a partir del 1879 en catalán y mallorquí. A partir de este año inició la tarea de recoger en el mallorquín coloquial de Mallorca las fábulas, que empezó a publicar el 1880 con el pseudónimo de "Jordi d'es Racó". La primera fábula aparece en la revista La Ignorancia. En 1885 publica Contarelles, un recuento de narraciones de tema popular. En 1886 fue ordenado presbítero. Fue vicario de la parroquia de Manacor, y en 1888 obtuvo la cátedra de Historia Eclesiástica del Seminario. Más adelante llegaría a ser vicario general y canónigo de la Sede de Mallorca.
En 1906, por iniciativa suya, y bajo su presidencia se celebró el Primer Congreso Internacional de la Lengua Catalana. Cuando se constituyó la Sección Filológica del Instituto de Estudios Catalanes fue nombrado presidente. Debido a la feroz disputa que mantuvo con los miembros del Instituto, esta relación terminó pronto. Claro, con catalanistas no se puede juntar uno.
Su obra magna fue el Diccionario Catalán Valenciano Balear, que no vio terminado, y que acabó su colaborador Francesc de Borja Moll.
Fuertemente enfrentado a Pompeu Fabra (Pompeyo) por su gramática de laboratorio, Alcover llegó a afirmar que Fabra había sido uno de los gramáticos más funestos que había tenido jamás la lengua catalana, que había pretendido imponer una ortografía exótica y que había creado un estado de violencia entre los estudiosos del catalán, haciendo de la lengua una bandera de separatismo y de odio contra España.
Entre otros, tuvo el cargo de corresponsal de la Academia de Buenas Letras de Barcelona y mantenedor de los Juegos Florales de Barcelona.
En política fue uno de los principales promotores del partido integrista en Mallorca. Inicialmente dio apoyo al movimiento autonomista de la Solidaridad Catalana. Jodó con la solidaridad catalana, dinero para el proceso, millones de euros que no van a los pobres o enfermos.
No obstante, tras su intensa pelea con el Instituto de Estudios Catalanes y la Liga Regionalista hacia finales de la década de 1910, se opuso al catalanismo político y se hizo maurista.
Su producción literaria, dirigida a la investigación lingüística, la historia, la descripción de costumbres populares, la recogida de materiales folclóricos, cuando no se dedica a la polémica, es de pocos artificios, prosa sin voluntad estética, se reduce a la Recopilación de Rondallas Mallorquinas de Jordi des Racó, algunas biografías, como la Vida abreviada de Santa Catalina Tomassa, una novela de tono costumbrista (Arnau), y los dietarios de sus viajes.
Fue impulsor del Diccionari Català-Valencià-Balear, obra lexicográfica que recoge el conjunto del léxico catalán, mallorquín, valenciano en todos los dialectos y todas las épocas. Los tres son idiomas muy próximos al aragonés y occitano antiguo.
http://dcvb.iec.cat/results.asp
seguramente está más que manipulado, no es como el original, aparece País Valencià, por ejemplo, dudo mucho que Alcover escribiese o dijese País Valencià.
Els inicis del Diccionari català-valencià-balear a través de l'espistolari d'A. M. Alcover i F. de B. Moll amb J. Calveras (Textos i Estudis de Cultura Catalana)
Narcís Iglésias Franch
El Diccionari català-valencià-balear i les seves fonts bibliogràfiques (Biblioteca Miquel dels Sants Oliver)
Maria Pilar Perea Sabater
JORNADA SÉPTIMA. NOVELA PRIMERA.
Gianni Lotteringhi sen cridá de nit a la porta; desperte a la seua dona y ella li fa creure que es un fantasma; lo van a conjurá en una orassió y les cridades paren.
Siñó meu, me haguere agradat moltíssim, si a vos tos haguere vingut be, que un atra persona en ves de yo haguere escomensat tan bona materia com es esta de la que parlarem avui; pero ya que voleu que siga yo qui a los demés anima, u faré de bona gana. Me les ingeniaré, caríssimes siñores, en contátos algo que tos pugue sé útil en un futur, perque si les demés són com yo, totes som temoriques, y mes de los fantasmes, que Deu sabrá que són, yo no u sé, ni hay trobat hasta ara a dingú que u sapiguere, y tots los tenim temó; y per a fels marchá cuan vinguen a vatres, prenén bona nota de la meua história, adependréu una santa y bona orassió, y que va mol be per an estos casos.
Va ñabé a Florencia, al barri de San Brancazio, un comersián que se díe Gianni Lotteringhi, home mes afortunat al seu arte que sabut en atres coses, perque tenín algo de simplet, ere mol sobín capitá de los cantadós del laude de Santa María la Nova, y teníe que ocupás del coro, y teníe datres ocupassións que lo teníen entretengut. En aixó ell se teníe en mol; y alló li passáe perque mol assobín, com home ben acomodat, los donáe bons minjás als flares. Estos, com la un unes calses, l´atre una capa y datre un escapulari li traíen sobín, li enseñaben bones orassións y li resáen lo parenostre en vulgar, y la cansó de San Alejo y lo lamén de San Bernardo y les alabanses de doña Matelda y atres tonteríes tals, que ell teníe en gran apressio y totes per la salvassió de la seua alma les díe mol diligenmen. Teníe este Gianni una dona majíssima y atractiva, de nom doña Tessa y ere filla de Mannuccio de la Cuculia, mol sabuda y previsora; ella, veén la simplesa del home, com estáe enamorada de Federigo de los Neri Pegolotti, que ere mol hermós y pincho, y ell estáe enamorat de ella, va arreglá en una criada seua que Federigo vinguere a parláli a una possesió mol maja que lo dit Gianni teníe a Camerata, aon ella passáe tot lo estiu; y Gianni alguna vegada allí acudíe per la tarde a sopá y a dormí, y pel matí sen entornáe a la tenda y a vegades als seus laudes. Federigo, que mol u dessichabe, aprofitán la ocasió, un día que li va sé manat, al fes de nit, allá que sen va aná, y com no habíe vingut Gianni, per la nit, en mol plaé y tems, va sopá y va dormí en la Siñora, y ella, están als seus brassos, li va enseñá prop de sis dels laudes del seu home. Pero no volén que aquella fore la radera vegada, per a que la criada no tinguere que aná a buscál cada vegada, van arreglá juns esta seguida: que ell, tots los díes, cuan aniguere o tornare de una possesió seua que una mica mes aball estabe, se fixare en una viña que ñabíe prop de la casa de ella, y voríe una calavera de burro damún de un sep de viña. Cuan la veiguere en lo morro girat cap a Florencia, sense falta, per la nit, que acudiguere aon ella, y si no trobabe la porta uberta, que cridare tres vegades, y ella li obriríe; y cuan veiguere lo morro del ruc girat cap a Fiésole, que no vinguere, perque Gianni estaríe allí. Y fénu de esta manera, moltes vegades juns van está. Entre tantes vegades ne va ñabé una a la que, tenín que sopá Federigo en doña Tessa, habén ella fet guisá dos capóns mol gorts, va passá que Gianni, que no teníe que víndre, va arribá mol tart. La Siñora u va sentí mol, y ell y ella van sopá una mica de carn salada o cansalada que habíe fet adobá apart; y la criada va fé portá, en un mantel blang, los dos capóns guisats y mols ous ressién postos aquella tarde, y un canti de bon vi a un jardí seu al que podíe entrás sense aná per la casa y aon ella acostumbrabe a sopá en Federigo alguna vegada, y li va di que ficare aquelles coses al peu de un pressegué que estabe a un pradet; y tan enfadada estáe, que no sen va enrecordá de díli a la criada que se esperare hasta que Federigo vinguere, y li diguere que Gianni estabe allí y que agarrare aquelles coses del hort. Per lo que, anánsen al catre Gianni y ella, y tamé la criada, no va passá mol rato hasta que Federigo va arribá y va cridá una vegada a la porta, que estabe tan prop de la alcoba, que Gianni u va sentí al momén, y tamé la dona; pero per a que Gianni no puguere sospechá de ella, va fé vore que dormíe.
Y, esperán un poc, Federigo va quirdá per segona vegada; de lo que maravillánse Gianni, li va pessigá fluixet a la dona y li va di:
- Tessa, ¿Sens lo que yo séntigo? pareix que criden a la nostra porta. La dona, que mol milló que ell u habíe sentit, va fé vore que se despertabe, y va di: - ¿Qué dius, eh?
- Dic - va di Gianni - que pareix que criden a la nostra porta.
- ¿Criden? ¡Ay, Gianni meu! ¿No saps qué es? Es lo fantasma, del que hay tingut estes nits passades la temó mes gran que may se va tindre, tanta que, alguna nit, cuan lo hay sentit, me hay tapat lo cap y no me hay atrevit a destapámel hasta que ha sigut día cla.
Va di entonses Gianni:
- Va, dona, no tingues tanta temó, si es ell, perque hay dit antes lo Te lucis y la Intemerata y moltes atres bones orassións cuan mos habíem de gitá y tamé hay persignat lo llit de racó a racó en lo nom del Pare y del Fill y del Espíritu San, y no ña que tíndre temó: que no pot, per mol poder que tingue, fémos mal.
La dona, per a que Federigo no sospechare y se enfadare en ella, va deliberá eixecás y féli sabé que Gianni estabe a dins, y li va di al home: - Mol be, tú dis les teues paraules; yo per la meua part no me tindré per salvada ni segura si no lo conjuram, ya que estás tú aquí.
Va di Gianni:
- ¿Y cóm sel conchure?
Va di la dona:
- Yo be u sé, que abansahí, cuan vach aná a Fiésole a per les indulgénsies, una de aquelles ermitañes que ñan allí, Gianni meu, la dona mes santa que Deu te al seu servissi, veénme tan atemorisada me va enseñá una santa y bona orassió, y me va di que la habíe probat moltes vegades abans de sé ermitaña y sempre li habíe servit. Pero Deu sap que sola may me hauría atrevit a probála; Pero ara que estás tú, vull que lo conjurem.
Gianni va di que mol be li pareixíe; y eixecánse, sen van aná los dos a poquetet cap a la porta; afora encara estáe Federigo, sospechánse algo, y una vegada allí, li va di la dona a Gianni: - Ara escupíña cuan yo tu diga.
Va di Gianni:
- Vale.
Y la dona va escomensá la orassió, que ere esta:
- Fantasma, fantasmot, que vas per la nit fen temó, en la coa tiessa has vingut, y en la coa tiessa ten anirás; vésten al hort aon lo pressegué, allí hay ña grassa mascarada y sen cagallóns de les meues gallines; proba del canti y vésten depressa, y no mos faigues mal ni a mí ni al meu Gianni.
Y dit aixó, li va di al home:
- ¡Escupíña, Gianni!
Y Gianni va escupiñá; y Federigo, que estabe a fora y va sentí aixó, se li van passá los sels, y encara ple de melancolía teníe tantes ganes de riure que casi petáe, y en veu baixa, cuan Gianni escupiñáe, díe: - Les dens.
La dona, después de habé conjurat tres vegades al fantasma, va torná al llit en lo seu home. Federigo, que esperabe sopá en ella, sense habé senat y habén entés be les paraules de la orassió, sen va aná al hort y va trobá a la bresquillera los dos capóns, lo vi y los ous, sels va emportá a casa y va sopá en gran gust; y después les atres vegades que se va trobá en la dona sen van enriure mol de este conjur.
Es sert que diuen algúns que la dona habíe girat lo cap pelat del burro cap a Fiésole, pero que un llauradó que passabe per la viña li habíe pegat en una gayata y lo habíe fet girá, y se habíe quedat mirán cap a Florencia, y per naixó Federigo, creén que lo cridáen, habíe vingut, y que la dona habíe dit la orassió de esta guisa: «Fantasma, fantasmot, vésten en Deu, que la calavera del burro no la hay girat yo, que un atre ha sigut, que Deu lo castigo, yo estic aquí en lo meu Gianni»; per lo que, anánsen, sense albergue y sense sopá se habíe quedat. Pero una veína meua, que es una dona mol vella, me va di que tan una com l´atra van sé verdat, segóns lo que ella de chiqueta habíe sentit, pero que la radera no li habíe passat a Gianni Lotteringhi, sino a un que se díe Gianni de Nello, que estabe a Porta San Pietro y ere tan bobo com u va sé Gianni Lotteringhi. Y per naixó, cares siñores meues, a la vostra elecsió dixo pendre la que mes tos agrado de les dos, o si voléu, les dos: tenen molta virtut per an estes coses, com per experiénsia hau sentit; adeprenéules y ojalá que tos servixquen algún día.
XV.
Don
Moissés, lo maestre, díe assobín que ell nessessitabe una dona mes
que un guiso. Pero portáe deu añs al poble diénu y encara seguíe
sense la dona que nessessitabe.
Les Pestetes, les Llebres y don
José, lo mossen, que ere un gran san, reconeixíen que lo Peó
nessessitabe una dona. Sobre tot per dignidat professional. Un mestre
no pot presentás a escola de consevol manera; no es lo mateix que un
formaché o un ferré, per ejemple. Lo cárrec exigix. Claro que lo
primé que exigix lo cárrec es una remunerassió sufissién, y don
Moissés, lo Peó, careixíe de ella. Aixina que tampoc teníe res de
particulá que don Moissés, lo Peó, se embutiguere cada día al
mateix traje en lo que va arribá al poble, deu añs atrás, tot
apedassat y ple de remiendos, y inclús que no gastare roba interió.
La roba interió costabe un ull de la cara y lo maestre pressisabe
los dos ulls de la cara pera desempeñá la seua faena. Camila, la
Llebre, se va portá mal en ell; don Moissés, lo maestre, va está
encaprichat de ella una temporada y ella li va doná carbasses,
perque díe que ere un caratorta y un bocatorsuda. Aixó ere una
tontería, y Paco, lo ferré, portáe raó al afirmá que assó no
ere cap inconvenién, ya que la Llebre, si se casabe en ell, podríe
sentráli la boca y adressáli la cara a forsa de besál. Pero
Camila, la Llebre, no estabe per la labor y se va obstiná en que
pera besá la boca del maestre li hauríe de besá la orella y aixó
li ressultabe desagradable. Paco, lo ferré, no va di ni que sí ni
que no, pero va pensá que sempre siríe menos desagradable besáli
la orella a un home que besáli los morros a una llebre. Aixina que
la cosa se va desfé en aigua de borraines. Camila, la Llebre, va
continuá penjada del teléfono y don Moissés, lo maestre, acudín
cada día a la escola sense roba interió, en los puñs
desfilagarchats y los colses apedassats o hasta foradats. Lo día que
Roc, lo Moñigo, los va di a Daniel, lo Mussol, y a Germán, lo
Tiñós, los seus proyectes va sé un día de sol de vacassions,
cuan Pascual, lo del molí, y Antonio, lo Buche, jugaben una partida
al rogle de les birles.
- Escolta, Mussol - va di -; ¿Per qué no se case la Sara en lo Peó?
Per un momén, Daniel, lo Mussol, va vore lo sel ubert. ¿Cóm sén alló tan sensill y pertinén no se li habíe ocurrit abáns an ell?
- ¡Claro! - va replicá -. ¿Per qué no se casen?
- Dic - va afegí a mija veu lo Moñigo -, que pera que dos se cason ña prou en que se entenguen en algo. La Sara y lo Peó se pareixen en que cap dels dos me pot vore a mí ni en pintura. A Daniel, lo Mussol, li anabe pareixén lo Moñigo un payo inteligén. No veíe cap manera de cambiá de exclamassió, tan perfecte y sugestiu li pareixíe tot alló.
- ¡Claro! - va repetí.
Va continuá lo Moñigo:
- Figúrat lo que siríe viure yo a casa meua en mon pare, los dos sols, sense la Sara. Y a la escola, don Moissés sempre me tindríe alguna considerassió per lo fet de sé germá de la seua dona, y inclús a vatros per sé los millós amics de son germá de la seua dona. Crec que me explico, ¿no?
- ¡Claro! - va torná a di.
- ¡Claro! - va di lo Tiñós.
Lo Moñigo va moure lo cap dudán:
- Lo cas es que ells se vullguen casá - va di.
- ¿Per qué no hauríen de voldre? - va afirmá lo Mussol -. Lo Peó fa deu añs que nessessite una dona y a la Sara no li disgustaríe que un home li diguere cuatre cosetes. La teua germana no es gens guapa.
- Es fea com un dimoni, ya u sé; pero tamé es fea la Llebre.
- ¿Es escrupulosa la Sara? - va di lo Tiñós.
-
Qué va; si li cau una mosca a la lleit, sen enriu, y li diu:
"Prepárat, que vas de viache", y se la trague en la
lleit com si res. Después sen enriu un atra vegada - va di Roc, lo
Moñigo.
- ¿Entonses? - va di lo Tiñós.
- La mosca ya no torne a donáli guerra; es cosa de un momén. Casás es diferén - va di lo Moñigo. Los tres van está un rato callats. Al remat, Daniel, lo Mussol, va di:
- ¿Per qué no fem que se veiguen?
- ¿Cóm? - va preguntá lo Moñigo.
Lo Mussol se va eixecá de un bot y se va espolsá les possaderes:
- Vine, ya u vorás.
Van eixí del corro de les birles a la carretera. La actitut del Mussol revelabe una febril exitassió.
- Li escriurem una nota al Peó com si fore de la Sara, ¿me entens? Tan germana ix totes les tardes a la porta de casa a cusí pera vore passá la gen. Li escriurem que ella l´espere y cuan ell hi vaigue y la veigue se creurá quel está esperán de verdat.
Roc, lo Moñigo, adoptabe un gesto furo, enfurruñat, habitual en ell cuan algo no lo cuadrabe del tot.
- ¿Y si lo Peó reconeix la lletra? - va argumentá.
- La desfigurarem - va intervindre, entusiasmat, lo Tiñós.
Va afegí lo Moñigo:
- ¿Y si li enseñe la carta a la Sara?
Daniel va cavilá un momén.
- Li escriurem que cremo la carta antes de aná a vórela y que may li parlo de eixa carta si no vol que se mórigue de vergoña y que no lo torno a mirá a la cara.
- ¿Y si no la creme? - va di, tossut, lo Moñigo.
- La cremará. Lo asquerós Peó té temó de quedás sense dona. Ya es una mica agüelo y ell sap que tors la boca. Y que assó fa feo. Y que a les dones nols agrade besá la boca de un home a la orella. Ya lay va di la Llebre ben claret - va di lo Mussol.
Roc, lo Moñigo, va afegí com parlán per an ell:
- Ell no dirá res per la cuenta que li corre; está acollonit desde que la Camila li va doná carbasses. Tens raó. Paulatinamen renaixíe la confiansa al ample pit del Moñigo. Ya se veíe sense la Sara, sense la constán amenassa de la regla del Peó a les puntes dels dits a la escola; disfrután de una independensia que hasta entonses no habíe conegut.
- ¿Cuán li escriurem la carta, entonses? - va di.
- Ara mateix.
Estaben enfrente de la formachería y van entrá. Lo Mussol va agarrá un llapis y un papé y va escriure en caracters tipografics: "Don Moissés, si vosté nessessite una dona, yo nessessito un home. L´espero a les set a la porta de casa meua. No me parlo may de esta carta y crémola. Me moriría de vergoña y nol tornaría a mirá a la cara. Faigue vore que se topete en mí de cassualidat. Sara".
Al hora de diná, Germán, lo Tiñós, li va embutí la carta al maestre per deball de la porta y a les set menos cuart de aquella mateixa tarde entrabe en Daniel, lo Mussol, a casa del Moñigo a esperá los acontessimens desde la finestrota de la pallissa.
Lo
assunto estabe ben planejat y tot, pero va faltá un pel de conill de
anássen a pique.
La Sara, com de costum, teníe tancat al Moñigo
a la pallissa cuan ells van arribá. Y eren les set menos cuart.
Daniel, lo Mussol, creíe que, nessessitán com nessessitabe lo Peó
una dona desde fée deu añs, no se retrasaríe ni un minut.
La veu de la Sara se sentíe per lo forat de la escala. Encara que habíe sentit un milló de vegades aquella retahíla, Daniel, lo Mussol, no va pugué evitá ara un tremoló:
- Cuan los meus ulls de vidre y fora de les cassoletes per lo horror de la inminén mort fixon en Vos les seues mirades lánguides y moribundes...
Lo Moñigo debíe sabé que eren casi les set, perque responíe atropelladamen, sense donáli tems a la Sara de acabá la frasse:
- Jesús misericordiós, tin compassió de mí.
La Sara se va pará al escoltá que algú pujabe per la escala. Eren lo Mussol y lo Tiñós.
- Hola, Sara - va di lo Mussol, impassién -. Perdona al Moñigo, no u tornará a fé.
- Qué te saps tú lo que ha fet, carnús - li va di ella.
-
Algo roín sirá. Tú nol castigues may sense motiu. Tú eres justa.
La Sara va sonriure, complaguda.
- Esperéu un momén - va di, y va seguí rápidamen, ansián acabá en lo cástic:
- Cuan perduts los meus sentits, tot lo món desaparegue de la meua vista y gemega yo entre les angusties de la radera agonía y los afans de la mort...
- Jesús misericordiós, tingáu compassió de mí. Sara, ¿has acabat?
Ella va tancá lo devossionari.
- Sí.
- Hale, óbrim.
- ¿Has escarmentat?
- Sí, Sara; avui me has fet agarrá temó.
Se
va eixecá la Sara y va obrí la porta de la pallissa vissiblemen
satisfeta.
Va escomensá a baixá la escala a pas lento. Al primé
replá se va girá.
- Ojito de fé marranades - va di, com si tinguere un pressentimén.
Lo Moñigo, lo Mussol y lo Tiñós se van arrimá cap a la finestrota de la pallissa sense intercambiá cap paraula. Lo Moñigo va apartá les taragañes de una sarpada y se va assomá al carré. Va preguntá angustiat lo Mussol:
- ¿Ha eixit ya?
- Está traén la cadira y lo ganchillo. Ya se assente - La seua veu se va fé de repén apremián -. ¡Lo Peó ve pel racó del carré!
Lo
cor del Mussol se va ficá a ballá com un lloco desbotonat, mes
encara que cuan va sentí chulá al rápit a la entrada del túnel y
ell lo esperabe a dins en los cansonsillos baixats, o cuan sa mare li
va preguntá a son pare, en un extrañ retintín, si teníen al Gran
duc com un huésped de lujo. Lo de avui ere encara mol mes emossionán
y trassendental que tot alló. Va ficá la cara entre les del Moñigo
y lo Tiñós y va vore que don Moissés se parabe frente a la Sara,
en lo cos una mica de costat y les mans a la esquena, y li guiñabe o
clucabe un ull y li sonreíe hasta la orella per la punta esquerra de
la boca.
La Sara lo mirabe parada y, al remat, avergoñida per
tantes clucaines y tanta sonrissa, va di:
- Bona tarde, don Moissés, ¿qué diu de bo?
Ell entonses se va assentá al pedrís a la vora de ella. Va torná a fé una serie de momos rápits en la boca, en lo que demostrabe que estabe contén.
La Sara lo observabe assombrada.
-
Ya estic aquí, sagala - va di ell -. No hay sigut morós, ¿verdat?
De lo demés no diré ni una paraula. No te preocupos. Don
Moissés parlabe mol be.
Al poble no se ficaben de acord sobre
quí ere lo que milló parlabe de tots, encara que en los candidatos
coinsidíen: don José, lo mossen; don Moissés, lo mestre, y don
Ramón, lo alcalde - boticari.
La melosa veu del Peó al seu costat y les paraules que empleabe van desconsertá a la Sara.
- ¿Li... Li passe a vosté algo avui, don Moissés? - va di. Ell va torná a guiñáli l´ull en un sentit de complissidat y no va contestá.
A dal, a la finestra de la pallissa, lo Moñigo va sussurrá a la orella del Mussol:
- Es un gorrino charraire. Está charrán de lo que no hauríe de charrá.
- ¡Chist!
Lo Peó se va incliná ara cap a la Sara y li va agarrá una ma en ossadía.
- Lo que mes admiro de les dones es la sinseridat, Sara; grassies. Tú y yo no nessessitam recovecs ni dissimulá - va di.
Tan roija se li va ficá la cara a la Sara que lo seu pel pareixíe menos roch. Se arrimabe la Chata, en una enjerra de aigua al bras, y la Sara se va separá de la ma del Peó.
- ¡Per Deu, don Moissés! - va cuchichejá en un rapto de inconfessada complassensia -. ¡Que poden vóremos! A dal, a la finestrota de la pallissa, Roc, lo Moñigo, y Daniel, lo Mussol, y Germán, lo Tiñós, sonreíen bobamen, sense mirás. Cuan la Chata va doblá lo racó, lo Peó va torná a la cárrega.
- ¿Vols que te ajuda en eixa roba? - va di.
Ara li agarrabe les dos mans. La Sara, en un movimén instintiu, va amagá la robeta detrás della, atossigada per la roijó.
- Les mans quietes, don Moissés - va di.
A dal, a la pallissa, lo Moñigo sen va enriure per lo bajinis:
- Ji, ji, ji. Es una braga - va di.
Lo Mussol y lo Tiñós tamé van riure. La confussió y lo aparén enfado de la Sara no amagaben un vehemen goch. Entonses lo Peó va escomensá a díli sense pará coses boniques dels seus ulls y de la seua boca y del seu pel, sense donáli tems de respirá, y a la legua se advertíe que lo cor virgen de la Sara, huérfana encara de requiebros, se derretíe com lo gel deball del sol. Al acabá la retahíla de piropos, lo maestre se va quedá mirán de prop, fíxamen, a la Sara.
- ¿A vore si has adeprés ya cóm son los teus ulls, sagala? - va di.
Ella va riure, atontadota.
- ¡Qué coses té, don Moissés! - va di.
Ell va insistí. Se notabe que la Sara evitabe parlá pera no defraudá en les seues frasses vulgars al Peó, que ere un dels que milló parlaben al poble. Sense duda la Sara volíe recordá algo majo que haguere lligit, algo elevat y poétic, pero lo primé que li va vindre al cap va sé lo que mes vegades habíe repetit.
- Pos... Los meus ulls són... són... vidriosos y fora de les cassoletes, don Moissés - va di, y va torná a riure. La Sara se va quedá tan ampla. La Sara no ere lista. Pensabe que aquelles paraules per lo mero fet de vindre al devossionari habíen de sé mes apropiades pera aplicáles als ángels que als homens y se va quedá tan a gust. Ella va interpretá la expresió de assombro que se va dibuixá a la cara del maestre favorablemen, com un indissi de sorpresa al constatá que ella no ere tan basta y tosca com seguramen habíe ell imaginat. En cambi, lo Moñigo, allá dal, se va resselá algo:
- La Sara ha degut di alguna bobada, ¿no?
Lo Mussol va aclarí:
- Los ulls de vidre y fora de les cassoletes són los dels morts.
Lo
Moñigo va sentí ganes de aviáli un tubot al cap a san germana. No
obstán, lo Peó va sonriure hasta la orella dreta. Teníe que
nessessitá mol una dona cuan transigíe en alló sense di res. Va
torná a requebrá a la Sara en ahínco y al cuart de hora, ella
estabe com assompada, en les galtes roijes y la mirada perduda al
buit, igual que una sonámbula.
Lo Peó va voldre assegurás la
dona que nessessitabe:
- Te vull, ¿saps, Sara? Te voldré hasta lo final del món. Vindré a vóret tots los díes an esta mateixa hora. Y tú, tú, dísme - li agarrabe una ma, aparentán un efervessén apassionamén -, ¿me voldrás sempre?
La
Sara lo va mirá com enajenada. Les paraules li acudíen a la boca en
una fluidés extraña; ere com si ella no fore ella mateixa; com si
algú parlare per nella desde dins del seu cos.
- Lo voldré, don
Moissés - va di -, hasta que, perduts los sentits, tot lo món
desaparegue de la meua vista y gemega yo entre les angusties de la
radera agonía y los afans de la mort.
- ¡Aixina me agrade! - va di lo mestre, entussiasmat, y li va apretá les mans y va tancá dos vegades los ulls, y atres cuatre se li va estirá la boca hasta la orella y, al final, sen va aná y antes de arribá al racó va girá varies vegades lo cap y li va sonriure convulsivamen a la Sara. Aixina se van fé novios la Sara y lo Peó. En Daniel, lo Mussol, van sé una mica desconsiderats, tenín en cuenta la part que ell habíe jugat en aquell entenimén. Habíen sigut novios añ y mich y ara que ell teníe que marchá al colegio a escomensá a progressá sels ocurríe fixá la boda pera lo dos de novembre, lo día de les Ánimes Beneites.
Andrés, "lo home que de perfil no se veu", tampoc va aprobá aquella fecha y u va di aixina sense secretisme: - Los homens que busquen una dona se casen a la primavera; los que van buscán una fregona se casen al ivern. No falle may. A la Nochebuena, la vespra de Nadal siguién, la Sara estabe de mol bon humor. Desde que se va fé novia del Peó se li habíe suavisat lo carácter. Hasta tal pun que, desde entonses, sol dos vegades habíe tancat al Moñigo a la pallissa pera lligíli les recomendassions del alma. Ya se habíe guañát algo. Per afegit, lo Moñigo traíe millós notes a escola y ni una vegada va tindre que eixecá la Historia Sagrada, en los seus mes de sen grabats a tot coló, per damún del cap. Daniel, lo Mussol, en cambi, va traure ben poc de tot alló. A vegades se lamentabe habé intervingut al assunto, pos sempre ressultabe mes confortadó aguantá la Historia Sagrada veén que lo Moñigo fée lo mateix al seu costat, que tindre que aguantála sense compañía. La vespra de Nadal, la Sara estabe de mol bon talante y li va preguntá al Moñigo mentres voltabe lo pollastre que se rostíe al forn:
- Dísme, Roc, ¿Li vas escriure tú una nota al maestre diénli que yo lo volía?
- No, Sara - va di lo Moñigo.
- ¿De verdat? - va di ella.
- Te u juro, Sara - va afegí.
Ella se va portá un dit que se habíe cremat a la boca y cuan lo va traure va di:
-
Ya día yo. Siríe lo únic bo que hagueres fet en tota la teua vida.
Va, apártat de ahí, carnús.