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lunes, 29 de julio de 2024

4. 14. Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Capítul XIV.

Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Braulio Foz, Fórnoles, Matarraña, Teruel; Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Solíe di que preferíe enemics espabilats que amics apamplats. 

Díe que en general tots los homens són bons y tots roíns, perque no los ham de demaná lo que no poden doná, ni voldre que obron com no los convé encara que igual entenen mal esta conveniensia. 

Y en cuan a la justissia, que o no la coneixen en los casos que obren mal, o que no saben lo que val.

Li van preguntá una vegada, quins homens eren los mes perjudissials, y va contestá que los envechosos. Se van admirá de esta resposta, y van voldre sabé lo que sentíe dels lladres, assessinos y datres; y va di, que dels primés, lo envechós pegue en lladre, y per enveja escomensaben a sé roíns; que los atres són uns miserables, ignorans, soques y mal encaminats per uns atres com ells, o perduts per la mala educassió cuan eren chiquets y mossos; pero que al final, tart o pronte se fa justissia. Pero que lo envejós o la envejosa es un verdadé malsín, lo traidó per naturalesa, lo animal propiamen dit, contra qui no ña cástic a les leys ni a les costums, per al mal que cause en general y en particulá, que es mes que lo que mos ve de totes les demés classes juntes de homens perversos y malvats. Que la enveja ha causat mes trastornos al món que la codissia y la ambissió juntes, si no es que la ambissió sigue un nom dorat pera la enveja. Pero que sin embargo podíen alguna vegada, y de particulá en particulá, produí un be paregut al de les cagarrines y colics al cos humano, que si no són frecuens ni mol graves, fan al home templat y sobrio.

Tamé díe moltes vegades que la avarissia no habíe eixecat cap casa; y sí moltes lo orden y la economía.

Díe que los mes grans enemics del be del home solen sé la vanidat y la dropina. La vanidat perque gaste mes de lo que pot y se arruine o diu mes de lo que deu y cau en grans inconveniens; y la perea, la dropina, perque va detrás de les estassions al tems, de la saó als negossis, dels fets als acontessimens, dixansu vindre tot damún, hasta que li cau la casa y acabe a les seues ruines, enrunat y arruinat, o fuch espantada y no trobe aon fotres, pobra, falta de consell y aburrida.

Díe que la tontería es mal incurable (només cal vore a Carlos Rallo Badet) y códul al que sempre se entropesse; y que los tres mes grans traballs que pot passá un home són viure en imbessils, tratá en embusteros y viachá en un cobart (Julio Micolau de La Fresneda fa les tres coses, que pareix lo gos de Quintaneta).

Lo influjo de la imprenta y la aplicassió de cadaú guiada y exitada per los sabuts, díe que lo faríen home al món, perque hasta ara (al seu tems) encara no habíe eixit de chiquet.

Creíe que los homens may habíen sigut millós, sino que a uns atres tems van tindre menos leys y menos sossiedat, y així menos juissi y censura de les seues acsions; pero que la sossiedat se habíe anat constituín milló, encara que no be del tot.

Segons ell, los homens del seu tems no enteníen lo comers, la agricultura, les arts, ni les siensies, perque li pareixíe que no veíe mes que torpesa, casualidat, charlatanisme y miseria.

Cuan se va sabé la seua ressolusió de casás li van preguntá, cóm sén tan sabut caíe an esta vulgaridat. Y va contestá: no es vulgaridat casás, perque es seguí la naturalesa, sino casás mal per interés o per mera y sola raó de nom, y queixás después, o condená lo matrimoni y parlá mal de les dones.

Abans de coneixe a son pare díe que donáe grassies a Deu perque no lay habíe dixat coneixe, pos habíe vist mols chiquets de qui no li penaríe sé pare, y pocs homens de qui voldríe sé fill. 

Pero cuan va trobá a son pare, va plorá de pena de no habél conegut desde la cuna. Y sobre lo seu apellit va contestá a don Vicente, son germá de Morfina, que li va preguntá si estáe orgullós de ell: ya me pareixíe a mí que no podíe escapá de un López, de un Pérez, de un Martínez, Jiménez, Sánchez, o Fernández, perque estos linajes són com los vileros que a tota vila se troben.

Com habíe tratat en flares y monges y los coneixíe mol be, díe que an aquells los faltabe un voto, y an estes nels sobraben dos. 

Pero no explicabe mes, y no sabem quins votos eren eixos.

Per tres coses (díe) donaría yo la vida: per la religió que professo, per ma mare y per lo meu poble. Li van preguntá una vegada que acababe de di aixó, si la donaríe per lo Rey; y va contestá que no enteníe la pregunta.

Solíe di que en general la primera nessessidat de les dones es parlá; la segona murmurá de atres, y la tersera, sé adulades.

La perea als jovens, la desautoridat als agüelos, la vanidat a les fees, y casá a un home baixotet en una dona alta, díe que són cuatre pecats iguals, contra natura.

Recomanán la frugalidat solíe di: carn una vegada al día, y eixa a 

l'olla o rostida. Y condenán la tacañería als plats: lo milló dols es la mel, lo milló coc, lo bon pa, lo milló licor, lo bon vi, y lo milló guiso, lo mes curtet y simple.

Díe que ñabíe cuatre coses que lo ficaben a pun de alferessía: taula menuda, llit curt, mula pesada, y navalla sense esmolá.

Cuatre que li omplíen l'alma de rissa: una agüela en flos, un home gurrumino, un predicadó de mal ejemple, y un flare o retó fenli la roda a una dama.

Y cuatre que li féen portá la má a la espasa:

engañá a un sego, feli la burla a un agüelo, un home peganli a una dona, y un fill maltratán a son pare o a sa mare.

Están a Sevilla li van brindá si volíe aná a vore a una poetisa que componíe sonetos, églogues de pastós y atres poemes; y va contestá que sí, pero que li habíen de di en tems lo día y la hora perque volíe preparás.

- ¿Quína preparamenta nessessitéu?, li van preguntá, y va di:

purgám y llimpiá be la pancha, y después péndrem un elixir que sé fé yo en gitam, mol espessial contra los vomits y la fluixera de ventre.

Entre les sentensies dels antics la que mes li agradáe ere aquella de Virgilio: Felix qui potuit rerum cognoscere causes. "dichós, felís, lo que alcanse a coneixe les causes de les coses»; aixó es, a la naturalesa.

Y de ell la sentensia mes sélebre es esta: que lo mol resá a ningú ha fet san, ni lo mol lligí sabut (només cal vore a Moncho), ni lo mol minjá ressio y fort.

Moltes atres dites y sentensies se li atribuíxen; pero o són mol vulgás, o sels vol doná autoridat en lo seu nom. Y així mateix se conten de ell diferens fets que de cap manera corresponen al consepte que lo seu gran talento y máxima prudensia mereixen.

Yo estic convensut de que així los dits com los fets que corren com si foren seus y són tan indignes de la seua discressió y sabiduría, perteneixen al fals o apócrifo Pedro Saputo, a qui los de Almudévar van fotre fora a gorrades y en raó del seu poble, tan malparat lo malparit, y que, com ham dit, ere un acsiomo, un dropo, gat, torpe, indessén, (algo paregut a Mario Sasot Escuer, lo de la revista de la franja del meu cul.)

Mario Sasot Escuer, capsot, franchista, la franja del meu cul

Lo fill de la pubilla va sé mol sobrio, mol fi, mol amable, persona de mol respecte, y tan gran en tot com se ha vist an esta verdadera historia de la seua vida.


Original en castellano:

Capítulo XIV.

Máximas y sentencias de Pedro Saputo.

Solía decir que más quería enemigos agudos que amigos tontos.

- Decía que hablando en general todos los hombres son buenos y todos malos, porque no les debemos pedir lo que no pueden dar, ni querer que obren como no les conviene aunque tal vez entiendan mal esta conveniencia. Y en cuanto a la justicia, que o no la conocen en los casos que obran mal, o que no saben lo que vale.

- Preguntáronle una vez, qué hombres eran los más perjudiciales, y respondió que los envidiosos. Admiráronse de esta respuesta, y quisieron saber lo que sentía de los ladrones, matadores y otros; y dijo, que de éstos mucha parte eran también envidiosos y por envidia comenzaban a ser malos; que otros son unos miserables, ignorantes, rudos y mal encaminados por otros como ellos, o perdidos por la mala educación en su niñez y mocedad; pero que al fin de todos ellos tarde o temprano se hace justicia. Mas que el envidioso es un verdadero malsín, el traidor por naturaleza, el animal propiamente dañino, contra el cual no hay castigo en las leyes ni en las costumbres, para el daño que causa en general y en particular, que es más que el que nos viene de todas las demás clases juntas de hombres perversos y malvados. Que la envidia ha causado más trastornos en el mundo que la codicia y la ambición juntas si no es que la ambición sea un nombre dorado de la envidia. Pero que sin embargo podían alguna vez, y de particular a particular, producir un bien parecido al de las indigestiones y cólicos en el cuerpo humano, que si no son frecuentes ni muy graves, hacen al hombre templado y sobrio.

- También decía muchas veces que la codicia no había levantado ninguna casa; y sí muchas el orden y la economía.

- Decía que los mayores enemigos del bien del hombre suelen ser la vanidad y la pereza. La vanidad porque gasta más de lo que puede y se arruina o dice más de lo que debe y cae en grandes inconvenientes; y la pereza, porque va detrás de las estaciones en el tiempo, de la sazón en los negocios, de los hechos en los acontecimientos, dejándoselo venir todo encima, hasta que se le cae la casa y acaba en sus ruinas, o huye espantada y no encuentra donde meterse, pobre, falta de consejo y aborrecida.

- Decía que la necedad es mal incurable y piedra en que siempre se tropieza; y que los tres mayores trabajos que puede pasar un hombre son vivir con necios, tratar con embusteros y viajar con un cobarde.

- El influjo de la imprenta y la aplicación de cada uno guiada y excitada por los sabios, decía que harían hombre al mundo, porque hasta ahora (en su tiempo) aún no ha salido de niño.

- Creía que los hombres nunca habían sido mejores, sino que en algunos tiempos tuvieron menos leyes y menos sociedad, y así menos juicio y censura de sus acciones; pero que la sociedad había estado mejor constituida, aunque no bien del todo.

- Según él, los hombres de su tiempo no entendían el comercio, la agricultura, las artes, ni las ciencias, porque le parecía que no veía sino torpeza, casualidad, charlatanismo y miseria.

- Cuando se supo su resolución de casarse le preguntaron, cómo siendo tan sabio caía en esta vulgaridad. Y respondió: no es vulgaridad casarse, porque es seguir la naturaleza, sino casar mal por interés o por mera y sola razón de nombre, y quejarse después, o condenar el matrimonio y hablar mal de las mujeres.

- Antes de conocer a su padre decía que daba gracias a Dios porque no se lo había dejado conocer, pues había visto muchos niños de quien no le pesaría ser padre, y pocos hombres de quien quisiera ser hijo. Mas cuando encontró a su padre, lloró de pena de no haberle conocido desde la cuna. Y acerca de su apellido respondió a don Vicente, el hermano de Morfina que le preguntó si estaba muy vano de él: ya me parecía a mí que no podía escapar de un López, de un Pérez, de un Martínez, Jiménez, Sánchez, o Fernández, porque estos linajes son como los gorriones que en todo poblado se encuentran.

- Como había tratado con frailes y monjas y los conocía muy bien, decía que a aquéllos les faltaba un voto, y a éstas les sobraban dos. Pero no explicaba más, y no sabemos qué votos eran éstos.

- Por tres cosas (decía) daría yo la vida: por la religión que profeso, por mi madre y por mi pueblo. Preguntáronle una vez que acababa de decir esto, si la daría por el rey; y respondió que no entendía la pregunta.

- Solía decir que en general la primera necesidad de las mujeres es hablar; la segunda murmurar de otras, y la tercera, ser aduladas.

- La pereza en los jóvenes, la desautoridad en los viejos, la vanidad en las feas, y casar hombre pequeño con mujer alta, decía que son cuatro pecados iguales contra natura.

- Recomendando la frugalidad solía decir: carne una vez al día, y ésa en la olla o asada. Y condenando la prolijidad en los platos: el mejor dulce es la miel, el mejor bizcocho, el buen pan, el mejor licor, el buen vino, y el mejor guiso, el más corto y simple.

- Decía que había cuatro cosas que le ponían a punto de alferecía: mesa pequeña, cama corta, mula pesada, y navaja sin filo. Cuatro que le regaban el alma de risa: una vieja con flores, un marido gurrumino, un predicador de mal ejemplo, y un fraile o clérigo haciendo la rueda a una dama. Y cuatro que le hacían llevar la mano a la espada: engañar a un ciego, burlarse de un viejo, un hombre pegando a una mujer, y un hijo maltratando a su padre o a su madre.

- Estando en Sevilla le brindaron si quería ir a ver una poetisa que componía sonetos, églogas de pastores y otras poesías; y respondió que sí, pero que le habían de decir con tiempo el día y la hora porque quería prepararse. 

- ¿Qué preparación necesitáis?, le preguntaron, y dijo, purgarme y limpiar bien el estómago, y luego tomar un elixir que sé yo hacer muy especial contra las náuseas y la flojedad del vientre.

- Entre las sentencias de los antiguos la que más le gustaba era aquella de Virgilio, Felix qui potuit rerum cognoscere causas. «Dichoso el que alcanza a conocer las causas de las cosas»; esto es, a la naturaleza.

- Y de él la sentencia que más se celebra es ésta: que el mucho rezar a nadie ha hecho santo, ni el mucho leer sabio, ni el mucho comer robusto y fuerte.

Muchos otros dichos y sentencias se le atribuyen; pero o son muy vulgares, o se les quiere dar autoridad con su nombre. Y asimismo se refieren de él varios hechos que de ningún modo corresponden al concepto que su gran talento y suma prudencia le ha merecido. Yo me persuado que así los dichos como los hechos que corren como los suyos y son tan indignos de su discreción y sabiduría, pertenecen al falso Pedro Saputo, a quien los de Almudévar echaron con razón de su pueblo tan malparado, y que, como hemos dicho, era un mentecato, un vago y un borracho torpe e indecente. El hijo de la Pupila fue muy sobrio, muy fino, muy amable, persona de mucho respeto, y tan grande en todo como se ha visto en esta verdadera historia de su vida.

lunes, 9 de noviembre de 2020

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA SEXTA.

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA SEXTA.

Doña Isabela, están en Leonetto, y sén volguda per micer Lambertuccio, es visitada per éste, y torne lo seu home; a micer Lambertuccio lo fa eixí de casa en un puñal a la ma, y lo seu home acompañe después a Leonetto.

Lo rey li va maná a Pampínea que continuare, y ella va escomensá a di:
són mols los que diuen que Amor li trau a consevol lo señ, y que als que volen los atonte, pero me pareix una mala opinió, com ya u han demostrat algunes charrades que ham sentit, y yo tos u amostraré en esta:

A la nostra siudat, pleneta de coses bones, va ñabé una Siñora jove, noble y mol guapa, dona de un caballé mol valén. Y com moltes vegades passe, que no mos acontentem en una minjada, sino que mos agrade variá, com lo seu home no la satisfee massa, se va encaprichá de un jove, Leonetto, mol amable y cortés, encara que de baixa cuna, y ell tamé se va enamorá de ella: y com ya sabéu que poques vegades se quede sense efecte lo que les dos parts volen, no va passá mol tems hasta que se van enganchá. Va passá que, com ella ere mol maja y amable, de ella se va enamorá mol un atre caballé, micer Lambertuccio, al que ella, com ere un home desagradable y pesat, per res del món podíe disposás a vóldrel. Pero solissitánla ell mol en celestines y no valénli un no per resposta, com ere un home poderós, va maná que la amenassaren en difamála si no cumplíe lo seu gust, aixina que la Siñora, sabén cóm ere, va tindre que sedí. Y habén anat la Siñora (que doña Isabela teníe per nom), com es costum nostra al estiu, a quedás a una majíssima terra seua al campo, va passá que, habén lo seu home anat a caball an algún puesto per a quedás uns díes, va maná ella fé cridá a Lionetto per a que vinguere a está en ella; ell, contentissim, va acudí incontinenti. Micer Lambertuccio, sentín que lo home de la Siñora sen habíe anat fora, ell sol, puján al caball, sen va aná cap aon ella estabe y va cridá a la porta. La criada de la Siñora, al vorel, sen va aná corrén cap an ella, que estabe a la alcoba en Lionetto y, cridánla, li va di:

- Siñora, micer Lambertuccio está a baix, ve ell sol.

La Siñora, al sentí aixó, se va assustá, y li va demaná a Leonetto que se amagare un rato detrás de les cortines hasta que micer Lambertuccio sen anare.

Leonetto, que tamé teníe temó de ell, se va amagá; y ella va maná a la criada que obriguere a micer Lambertuccio; y ell, desmontán del seu caball y lligánlo a una arnella, va pujá cap a dal.
La Siñora, ficán bona cara, y assománse a la escala, lo milló que va pugué lo va ressibí en paraules, y li va preguntá qué fee allí. Lo caballé, abrassánla y besánla, li va di:
- Alma meua, hay sentit que lo vostre home sen ha anat fora, aixina que hay vingut a está un ratet en vos. Y después de estes paraules, van entrá a la alcoba, y tancán per dins, va escomensá micer Lambertuccio a magrejála.

Y están aixina en ella, completamen fora del pensamén de la Siñora, va passá que lo seu home va acudí, y en cuan la criada lo va vore prop de casa, va corre cap a la cámara de la Siñora y li va di: - Siñora, lo siñó casi está aquí, ya deu está al pati. La dona, al sentí aixó, y pensán que teníe dos hómens a casa (y com sabíe que lo caballé no podíe amagás perque lo seu palafrén estabe al pati lligat), se va doná per morta; sin embargo, eixecánse rápidamen del llit, va cavilá algo y li va di a micer Lambertuccio:
- Siñó, si me voleu be, per a salvám de la mort, feu lo que tos diga. Agarréu a la ma lo vostre puñal, y en mal gesto y tot enfadat baixaréu la escala y ton aniréu dién: «Votovadéu, que ya lo enchamparé a un atre puesto»; y si lo meu home vullguere retíndretos o tos preguntare algo, no diguéu res, sol lo que yo tos acabo de di, pugéu a caball y marchéu, y per cap raó tos quedéu en ell. Micer Lambertuccio va di que aixina u faríe; y desenvainán lo puñal, tot sofocat per lo esfors que habíe fet, y enfadat perque habíe tornat lo amo, va fé lo que la Siñora li habíe manat. Lo home de la Siñora, que ya habíe baixat del alazán, maravillánse de vore un atre palafrén y volén pujá cap a dal, va vore a micer Lambertuccio baixá y se va extrañá de les seues paraules y de la cara tan roija de enfadat, y li va preguntá: - ¿Qué es aixó, siñó?

Micer Lambertuccio, ficán lo peu al estribo y montán a caball, no va mes que: - Votovadéu, ya lo trobaré a un atre puesto. Y va colá.

Lo gentilhome, puján al pis, va trobá a la seua dona al cap de la escala, espantada y en cara de temó, y li va preguntá:

- ¿Qué passe aquí? ¿A quí está amenassán micer Lambertuccio, tan enfadat?
La dona, arrimánse a la alcoba per a que Leonetto la sentiguere, va contestá:
- Siñó, may hay tingut tanta temó com avui. Aquí dins ha entrat un jove que no coneixco, fugín de micer Lambertuccio, que lo perseguíe en lo puñal a la ma, y com ha trobat esta alcoba uberta, tremolán me ha dit: «Siñora, ajudéume, per Deu, que no me maton als vostres brassos». Yo me hay alsat de un brinco y només preguntáli quí ere y qué fee aquí, acudix micer Lambertuccio dién: «¿aón estás, traidó?». Yo me hay ficat dabán de la porta de la alcoba y, al volé entrá ell, lo hay parat; en aixó ha sigut mol cortés, com ha vist que no volía que entrare aquí dins, después de refunfuñá ha baixat la escala, com u hau pugut vore.

Va di entonses lo home.

- Dona, hau fet mol be; mol gran deshonra haguere sigut que mataren an algú aquí dins, y micer Lambertuccio haguere fet una gran villanía seguín an algú que se haguere refugiat a dins de la alcoba de una dona. Después li va preguntá aón estabe aquell jove.

La dona va contestá:

- Siñó, se haurá amagat.

Lo caballé va cridá:

- ¿Aón estás? Ix, en confiansa, que soc lo amo de la casa.

Leonetto, que tot u habíe escoltat, tremolán com si tinguere temó de verdat, va eixí de aon estáe.

Va preguntá lo caballé:

- ¿Qué tens tú que vore en micer Lambertuccio?

Lo jove va contestá:

- Siñó, res que yo sápiga, y per naixó crec que no deu está be del cap, o que me ha pres per un atre, perque en cuan me ha vist no mol lluñ de esta casa, al carré, ha agarrat lo puñal y me ha dit: «Traidó, ¡estás mort!». Y no me ha donat tems a preguntáli per quina raó mu díe, mes que hay escomensat a corre tan depressa com hay pogut, y hay entrat a la primera casa uberta que hay trobat, aon, grássies a Deu y an esta noble Siñora, me hay salvat.
Va di entonses lo caballé:

- Pos ves, no tingues mes temó; te portaré a casa teua, y después entératen be de lo que tens que vore en ell.

Y en cuan van acabá de sená, fénlo pujá al seu caball, lo va portá a Florencia y lo va dixá a casa. Y después, segóns les instrucsions ressibides de la Siñora, aquella mateixa nit va parlá en micer Lambertuccio de amagatóns, y en ell van tratá de no parlá de alló may mes, y aixina no sen va enterá lo caballé de la burla que li habíe fet la seua dona.

lunes, 29 de julio de 2024

4. 6. Testamén del tío Gil Amor.

Capítul VI.

Testamén del tío Gil Amor.

Testamén del tío Gil Amor. Ayerbe

Moltes coses grassioses o extraordinaries ha vist lo lectó hasta ara; pero cap mes que la que va passá aquells mateixos díes en uns consultós de Ayerbe. Eren un agüelo, una agüela y una sagala de uns vin añs, bastán donosa, encara que una mica morena, y mol ben vestida, formán contraste en les gales dels agüelos, que ya no podíen mes de cansats; y los tres en un tuf a dol mol espés y ressién, be que sense cap siñal de habé plorat. Los acompañabe un sagal del poble en lo que igual s'habíen topetat al carré y lo van agarrá per guía, ere aprenén de barbé, de uns catorse añs de edat, nova generassió que ya no coneixíe Pedro Saputo.
Li va preguntá de quí ere, y va di que ere fill de la Suspira, y que sa mare díe que encara eren en ell algo parens.

- Home, mira lo que dius: conec a ton pare y a ta mare, y no sé res de mescles en ells. A vore cóm u endilgues.

- Sí, siñó, va replicá lo aprendís mol confiat; perque ma mare es cusina tersera de la tía Simona de Tuteubusques, que es cusina germana de Ramón Portodós, y Ramón Portodós va sé en la seua primera dona gendre carnal de la mare de Juan Brams, que está casat en la filla de Tornavoltes, que es cuñat de la sogra del germá del home de Salvadora Olvena, sa padrina de vosté. Va soltá aquí Pedro Saputo una gran carcañada, se va fé sis miches creus de admirassió, va torná a enríuressen, y va di:

- En efecte, tot aixó es verdat; pero sumats tots eixos parentescos, afinidats y consanguinidats, podríes di, com diríe Bart Simpson: multiplícat per cero. Li va caure tan en grassia aquell método de trobá les families, que después cuan sentíe de parentescos lluñans que se buscáen per interés, per vanidat, o per afissió y amor a les persones, al pun sen enrecordáe y díe. Lo entronque de la Suspira. Hasta los agüelos de la consulta sen van enriure en tot lo dol y la temó que portáen. Li va di al sagal que teníe que parlá y tratá en los forastés, que sen podíe aná, pero que tornare un atre día mes desplayet a fé una nova mostra de la seua bona memoria.

Va pendre entonses la paraula lo vell, y va di:

- Natros, siñó, venim a presentatos an esta chica, ya la veéu, que es mol pobra, y vosté si voléu la podéu fé rica.

- ¿Yo?, va di Pedro Saputo; ya tos explicaréu.

- Sí, siñó, ya mos explicarem, va continuá lo agüelo. Pos, com anaba dién, es filla de un gendre que vam tindre, y de una filla que se va morí fa sis añs. Ell la va matá, ell, sí siñó, perque ere una mala testa, gos, dropo, gastadó en dones roínes, que, siñó, a tot arreu ne ñan. Conque segons aixó, esta sagala es neta nostra. Pero com son pare se va fotre lo que li van doná y li vam doná, sempre los vam tindre que portá a cascarrulles mentres va viure la nostra filla, y después de tot mo sen van aná acabán; y ara les passem no de almoyna, perque no es verdat, pero sí com Deu vol. En fin, que la chica sigue felís, que a natros de poc ya mos pot engañá lo món. 

Pos siñó, yo tenía un germá que ere ric, no ric ric que diguem, perque atres u són mes; pero sí, siñó, ric de verdat per al que ell ere. Perque ademés que mons pares (¡cuáns añs fa!) li van doná mes que a mí, ell va sé mes tratán y ambulán, y la seua dona mes aspra y roína que una serba verda. Y van tindre bons añs y no mals fills, ni bons ni roíns, perque no ne van tindre cap. En mules y bueys y bestiá de tota classe de pel va guañá lo que ell se sap. Mort ara fa sing díes, dixe hereua a la nostra neta Ninila (Petronila), que es única a casa seua y a la meua, en pacte y condissions que se ha de casá dins de un añ y que sigue en la aprobassió y a gust de Pedro Saputo de Almudévar, que es vostra mersé. Y lo que ha dixat són sing mil libres en dinés y atres tantes que valen les seues possessions a casa. Miro ara vostra mersé si está a la seua má, com dieba, fé rica o pobra a Ninila, perque diu lo testamén que si passe del añ o no es a gust de la vostra mersé, tot u dixe pera les almes del purgatori y del atre món.

No se va admirá Pedro Saputo de este testamén, perque lo testadó (que al momén va adiviná quí ere) lo coneixíe y volíe mol, entráe a vórel sempre que passáe per Almudévar, de sol sentíl parlá ploráe de goch, y li díe moltes vegades: Después de Deu, Pedro Saputo; y li va oferí moltes vegades tots los seus bens y buscali novia en ells. Paraules que enteníe mol be Pedro Saputo, perque ara teníe en ell a la neboda.

- Segons la vostra explicassió, va contestá al vellet, eixe germá seu ere lo meu bon amic, lo tío Gil Amor.

- Lo mateix, sí, siñó, - va di lo agüelet.

- Que en pas descanso, va continuá Saputo. Séntigo no habél vist a les seues raderes hores; alguna vegada lo vach fe quedá a minjá juns. Pero yo voldría vore lo testamén.

- Aquí lo porto, va di lo paissano; y lay va traure; y en efecte, ficáe a la sagala les dos condissions. Li va preguntá an ella si teníe galans o pretendens.

- ¿Que si ne té?, va contestá la yaya; aixina, aixina. Y menejabe los dits de la má cap a dal.

- Pero natros, va di lo vellet, n'hi tenim buscat un; aquell sí que es bo, ric, sí siñó, de una casa mol bona. Una mica torsut porte lo coll del cap, y no li agrade mol an esta sagala; pero ya li diem que aixó ve después; lo que importe es que sigue ric.

- Es verdat, va di la velleta; y yo encara hay pensat en un atre milló que eixe, perque es mes ric, y tampoc no li agrade perque es garcho, tort de un ull, y li falte lo dit gros de una má.

¿Quína culpa té lo pobre mosso?

Volíe Pedro Saputo preguntali a la sagala, y los agüelos, parla que parlarás y torna a charrá, y no la dixáen contestá, adelantánseli sempre y reñín casi los dos per quí habíe de portá la paraula. 

Al final va di lo yayo:

- Val, mira, lo que natros volem es que sa mersé mos dono un papé escrit pel seu puñ que digue que li pareix be y aprobe lo casamén que natros faigam.

- ¿Conque només es aixó?, los va preguntá ell.

- Sí, siñó, van contestá los dos; no volem res mes, que después ya u lligarem natros tot ben lligadet.

- Pos be, va di Pedro Saputo; pera fé este papé vull preguntá algunes coses a Ninila, pero a soles.

- Tot lo que vullgue, va di lo vellet; ahí la té; lo que vullgue; la chica es mol aquell, y sinó... ¡ojito!... (va di miranla en ulls amenassadós).
Natros mon anem a la fonda.

- No sirá tan rato, va di Pedro Saputo, només caldrá que ixquen un rato a la cuina. Y sen van eissí.

- Mira, li va di a la sagala; per lo que vech, traten de casát en qui tú no vols, y yo, al contrari, dessicho que te casos al teu gust. 

Disme: ¿tens algún amán, algún mosso que te vullgue y te agrado? Párlam en llibertat, perque ya vech que está la teua sort a la meua má.

- Yo crec, va contestá ella, que ñan tres que me volen be, pero un mes perque fa dos o tres añs que me festeche. Y dels atres dos, si en aquell no pot sé, tamé me casaría en consevol de ells. 

Li va preguntá entonses (ya sol per curiosidat) si son tío Gil Amor li habíe parlat de ell alguna vegada; y va contestá que moltes, y que díe que sol dessichabe una cosa an este món.

- ¿Y va di quína cosa ere? Se li van ensendre les galtes a la sagala en esta pregunta, y plena de vergoña va contestá, que portál an ell de gendre a casa. Entonses Pedro Saputo se va ficá a escriure una carta en contestassió a un atra que li van portá del mossen, y acabada, va cridá en veu grossa y forta, van entrá los agüelets, los va entregá la carta y va di que estáen despachats.

- Pos ¿y la chica?, va preguntá lo vell.

- Uspen los tres de dabán de mí, los va contestá en aspró, si no volen que los agarra del bras y los faiga rodá escales aball. 

- ¡Siñó!

- Fora de casa meua, tos dic; ¡Au!

Los pobrets, tremolán, esglayats y no atinán casi en les portes, sen van aná plorán, sense sabé qué passáe.

Los van vore Rosa y sa mare y los va fe compassió; pero al arribá a la porta del carré y abans de eixí van sentí que lo vell li díe a la sagala:

 - Tú tens la culpa, sí, tú; que no li haurás volgut doná gust.

- Ah, tunanta, va di la vella: te hay de desfé a bufetades y pessics. ¡Per no donali gust! ¡Y la herensia qué! ¡Carnussa, que mos has perdut!

- ¡Per Deu!, díe plorán la sagala. ¿Qué gust ni qué disgust li hay pogut doná yo si no me ha dit res?

- ¡No te ha dit res! Eixes coses se fan sense dís. Tú ten enrecordarás del día de avui. Y la amenassabe en lo puñ preto. La sagala juráe que res li habíe dit ni demanat; y sinó, va di, tornem a pujá.

- A pujá, va di s'agüelo, a que mos agarro en un feix y mos faigue volá per la finestra. Anem, anem, que ya te passarem la cuenta.

Van escoltá tamé tot aixó la mare y la filla, lay van contá a Pedro Saputo, extrañanles mol aquella duresa y crueldat. Pero ell les va di que ñabíe una raó pa tot alló, y que pronte aquelles llágrimes se convertiríen en goch y alegría.

 - Veigáu lo que pot lo interés, pos tan sentíen los dos perdre la herensia per no habé acatat la sagala lo que malissiosamen discurríen que yo li había demanat, creén que per naixó hay volgut quedám a soles en ella. Y lo que éstos han fet, no dudéu que de cada sen u faríen noranta nou, trobanse al mateix cas.

Y aquell únic potsé u aprobaríe dels atres.

Van arribá los agüelos a Ayerbe y apenes se va sabé lo mal recado que portáen se van espantá los pretendens de la sagala y la van dixá com los muixons cuan en gran sarabastall acudixen al caure lo día, que si va algú y tire en forsa un códul escampen tots calladets y fan una revolada cap a un atra part. Pero lo mossen, lo prior de Santo Domingo y atres persones prinsipals van prometre intersedí en Pedro Saputo, y en efecte li van enviá micha dotsena de cartes, y ell los va despachá sense contestán cap; en lo que se van reafirmá en que Pedro Saputo volíe los bens del tío Gil Amor pera les almes del atre món, y ya lo mateix mossen y lo prior dels flares sels repartíen caritativamen en esperansa.

Sis díes fée que estáe a Almudévar cuan van arribá los agüelos del testamén, y ne va está vuit mes consedinlos al cariño de Eulalia y Rosa, y ne haguere consedit mol mes de bona gana. Les va dixá, pero en tan sentimén que casi va plorá en elles; y va aná cap a Ayerbe aon tamé ne portabe una apuntada.

Apenes va arribá, va cridá a Ninila y en molta afabilidat li va preguntá quins galans li habíen quedat de tans com van di que ne teníe. Ella, enrecordansen del mal trate dels agüelos, y veén que tamé la habíe entrat a un cuarto a soles, dudán, en les galtes colorades, mirán an terra, sofocada, y luchán en la vergoña, va contestá:

- Encara que sé que no soc prou hermosa... sin embargo... ningú me ha tocat encara... lo que vostra mersé vullgue fé de mí... 

Pedro Saputo, al sentí aixó, se va portá la má al fron enrabiat; y la ira per una part, la compassió per un atra, pensán en la malissia dels agüelos, y en lo candor y inossensia de la sagala, va está un rato neguitós y apamplat sense sabé cóm rompre. 

Al remat va eixecá lo cap y li va di entre severo y afable:

- Yo lo que dessicho es la teua felissidat, y lo que te demano es que me digues si dels pretendens que teníes ten ha quedat algún fiel después de sabé que yo no te volía doná la herensia.

- Un, va di ella, tota avergoñida, suán y tragán saliva dels ñirvis.

- ¿Es lo que tú creíes que te volíe mes?

- No, siñó, ara vech que me volíe mes que aquell, perque me ha dit que tan li fotíe si yo era pobra.

- Pos ves y que me lo porton aquí tons yayos; tornarás tú tamé en ells.

Se van presentá en lo mosso; va vore Pedro Saputo que ere ben pincho, galanet com un pintó de Arnes, gallet, no massa ardén y fogós, pero de un cor com un Alejandro. Li va pareixe be y va maná cridá a un escribén y se va fé la declarassió en forma, aprobán la boda de Ninila en aquell noble y desinteressat jove. Acabat aixó, va fé quedá als agüelos y a la sagala, y an ells los va empendre aspramen lo seu mal propósit y villana sospecha, y an ella li va encarregá mol la virtut y la fidelidat al home.

En cuan a la enregistrada de aquell poble la va vore dos vegades y sempre per casualidat: ere tiessa, jarifa, collerguida, pantorrilluda y ben plantada, en aire de ficás en jarres, descocada y capás de aventali un mentíu al fill del sol; y va di: Llástima que yo no siga tot un tersio de soldats pera emportámela de vivandera.


Original en castellá:


Capítulo VI.

Testamento del tío Gil Amor.

Muchas cosas graciosas o extraordinarias ha visto el lector hasta ahora; pero ninguna más que la que sucedió aquellos mismos días con unos consultores de Ayerbe. Eran un viejo, una vieja y una muchacha de unos veinte años, bastante donosa, aunque un poco morena, y muy bien vestida, formando contraste con las galas de los viejos, que ya no podían más de cansados; y los tres apestando con un luto muy espeso y reciente, bien que sin maldita la señal de haber llorado. Acompañábalos un muchacho del lugar que acaso toparon en la calle y le tomaron por guía, el cual aprendía de barbero, de hasta catorce años de edad, nueva generación que ya no conocía Pedro Saputo. Preguntóle de quién era, y dijo que era hijo de la Suspira, y que su madre decía que aún eran con él algo parientes. - Hombre, mira lo que dices: conozco a tu padre y a tu madre, y no sé tener mezclas con ellos. A ver cómo lo endilgas. - Sí, señor, replicó el aprendicillo muy confiado; porque mi madre es prima tercera de la tía Simona de Tutelobuscas, que es prima hermana de Ramón Llevodos, y Ramón Llevodos fue con su primera mujer yerno carnal de la madre de Juan Bramidos, que está casado con la hija de Tornavueltas, que es cuñado de la suegra del hermano del marido de Salvadora Olvena, su madrina de usted. Soltó aquí Pedro Saputo una gran carcajada, se hizo seis medias cruces de admiración, volvió a reírse, y dijo: - Con efecto, todo eso es verdad; pero sumados todos esos parentescos, afinidades y consanguinidades, podrías decir: cero y llevo cero. No obstante le cayó tan en gracia aquel método de encontrar las familias, que después cuando oía de parentescos lejanos que se traían por interés, por vanidad, o por afición y amor a las personas, al punto se acordaba y decía. El entronque de la Suspira. Hasta los viejos de la consulta se rieron con todo su luto y los temores que traían. Dijo al fin al muchacho que teniendo que hablar y tratar con los forasteros, se podía ir, pero que volviese otro día más de espacio a hacer una nueva muestra de su buena memoria. Fuese, y Pedro Saputo quedó consigo en favorecerle por el despejo que mostró en la relación de tan extraño rodeo, que no era aún parar a él o a su madre, sino al marido de su madrina.

Tomó entonces la palabra el viejo, y dijo: - Nosotros, señor, venimos a presentaros esta chica, ya le veis, que es muy pobre, y vos si queréis la podéis hacer rica. - ¿Yo?, dijo Pedro Saputo; ya os iréis explicando. - Sí, señor, ya nos explicaremos, continuó el viejo. Pues, como iba diciendo, es hija de un yerno que tuvimos, y de una hija que se murió hace seis años. Él la mató, él, sí, señor, porque era una mala testa, holgazán, pendenciero, gastador con mujeres malas, que, señor, en todas partes las hay. Conque según eso, esta zagala es nieta nuestra. Pero como su padre acabó lo que le dieron y le dimos, siempre los tuvimos que llevar a cuestas mientras vivió nuestra hija, y después de todo se nos fue acabando y dio fin de día en día, y nos quedamos per istam; y agora los pasamos no de limosna, porque no es verdad, pero sí como Dios quiere. En fin, que la chica sea feliz, que a nosotros de poco ya nos puede engañar el mundo. Pues señor, yo tenía un hermano que era rico, no rico rico que digamos, porque otros lo son más; pero sí, señor, rico de verdad para lo que él era. Porque además que mis padres (¡cuántos años hace!) le dieron más que a mí, él fue más tratante y ambulante, y su mujer más ingrata y ruin que una azarolla verde. Y tuvieron buenos años y no malos hijos; bien que hijos, ni buenos ni malos, porque no tuvieron ninguno. Con mulas y bueyes y ganados de todo pelo ganó lo que él se sabe. Hase muerto ahora cinco días, y deja heredera a nuestra nieta Ninila (Petronila), que es única en su casa y en la mía, con pacto y condiciones que se ha de casar dentro de un año y que sea con la aprobación y a gusto de Pedro Saputo de Almudévar, que es vuesa merced. Y lo que ha dejado es cinco mil libras en dinero y otras tantas que vienen a valer sus posesiones con la casa. Mire ahora vuesa merced si está en su mano, como decía, hacer rica o pobre a Ninila, porque dice el testamento que si pasa del año o no es a gusto de su merced, de vuesa merced, todo lo deja para las almas del purgatorio y del otro mundo.

No se admiró Pedro Saputo de este testamento, porque el testador (que al momento adivinó quién era) le conocía y quería mucho, entraba a verle siempre que pasaba por Almudévar, de sólo oírle hablar lloraba de gozo, y le decía muchas veces: Después de Dios, Pedro Saputo; y le ofreció muchas veces todos sus bienes y buscarle novia con ellos. Palabras que entendía muy bien Pedro Saputo, porque aquél se tenía consigo a la sobrina.

- Según vuestra explicación, respondió al viejo, ese hermano era mi buen amigo el tío Gil Amor. - El mismo, sí, señor, dijo el viejo. - En paz descanse, continuó Saputo. Siento no haberle visto en sus últimas horas; alguna vez le he hecho quedar a comer conmigo. Mas yo desearía ver el testamento. - Aquí lo traigo, dijo el paisano; y le sacó; y en efecto, ponía a la muchacha las dos condiciones. Preguntóle a ella si tenía galanes o pretendientes. - ¿Si tiene?, respondió la abuela; así, así. Y meneaba los dedos levantando la mano. - Pero nosotros, dijo el viejo, le tenemos buscado uno; aquél sí que es bueno, rico, sí, señor, de una casa muy buena. Un poco torcido lleva el cuello de la cabeza, y no le gusta mucho a esta rapaza; pero ya le decimos que eso viene después; lo que importa es que sea rico. - Es verdad, dijo la vieja; y aun yo le he pensado otro mejor que ése, porque es más rico, y tampoco no le gusta porque es tuerto de un ojo y le falta el dedo pulgar en la una mano. ¿Qué culpa tiene el pobre mozo?

Quería Pedro Saputo preguntarle a la muchacha, y los viejos, hablar y darle, y no dejarla responder, adelantándosele siempre y riñendo casi los dos por quien había de llevar la palabra. Al fin dijo el abuelo: - Vaya, mira, lo que nosotros queremos es que su mercé de vuesa merced nos dé un papel escrito de su puño que diga que le parece bien y aprueba el casamiento que nosotros hagamos. - ¿Conque no más es eso?, les preguntó él. - No, señor, respondieron los dos; no queremos más, que después ya lo endilgaremos nosotros. - Pues bien, dijo Pedro Saputo; para hacer este papel quiero preguntar algunas cosas a Ninila, pero a solas. - Todo lo que quiera, dijo el viejo; ahí la tiene; lo que quiera; apuradamente la chica es muy aquél, y si no... ¡cuidado!... (dijo mirándola con amenaza). Nosotros nos vamos a la posada. - No tanto, dijo Pedro Saputo, bastará que salgan un rato a la cocina. Y se salieron.

- Mira, le dijo a la muchacha; a lo que veo, tratan de casarte con quien tú no quieres, y yo, al contrario, deseo que te cases a tu gusto. Dime: ¿tienes algún amante, algún mozo que te quiera y te guste? Háblame con libertad, porque ya veo que está tu suerte en mi mano. - Yo creo, respondió ella, que hay tres que me quieren bien, pero uno más porque hace dos o tres años que me festeja. Y los otros dos, si con aquél no puede ser, también me casaría con cualquiera de ellos. Preguntóle entonces (ya por sola curiosidad) si su tío Gil Amor le había hablado de él alguna vez; y respondió que muchas, y que decía que sólo deseaba una cosa en este mundo. - ¿Y dijo qué cosa era? Encendiósele el rostro a la muchacha a esta pregunta, y llena de vergüenza respondió, que traérselo de joven a casa (de amo joven, de yerno). Entonces Pedro Saputo se puso a escribir una carta en contestación a otra que le trajeron del cura, y concluida, llamó con voz grave, entraron los abuelos, entrególes la carta y dijo que estaban despachados. - Pues ¿y la chica?, preguntó el viejo. - Sálganse los tres de delante, les respondió con aspereza, si no quieren que los tome del brazo y les haga rodar la escalera. - ¡Señor! - Fuera de mi casa, digo; ¡ea! Los infelices, temblando, asustados y no atinando casi con las puertas, se fueron llorando, sin saber lo que les pasaba.

Viéronlos Rosa y su madre y les dieron compasión; pero al llegar a la puerta de la calle y antes de salir oyeron que el viejo decía a la muchacha: - Tú tienes la culpa, sí, tú; que no le habrás querido dar gusto. - Ah, tunanta, dijo la vieja: te he de deshacer a bofetadas y pellizcos. ¡Por no dalle gusto! ¡Y la herencia! ¡Bribona, que nos has perdido! - ¡Por Dios!, decía llorando la muchacha. ¿Qué gusto ni qué disgusto le he podido dar yo si no me ha dicho nada? - ¡No te ha dicho nada! Esas cosas se hacen sin decirse. Tú te acordarás del día de hoy. Y la amenazaba con el puño. La muchacha juraba que nada le había dicho ni pedido; y si no, dijo, volvamos a subir. - A subir, dijo el viejo, a que nos coja y nos vuele por la ventana. Vamos, vamos, que ya te ajustaremos la cuenta.

Oyeron también todo esto la madre y la hija, y se lo contaron a Pedro Saputo, extrañando mucho aquella dureza y crueldad. Pero él les dijo que había su fin en ello, y que pronto aquellas lágrimas se convertirían en gozo y alegría. - Y ved, les dijo, lo que puede el interés, pues tanto sentían los dos perder la herencia por no haber condescendido la muchacha a lo que maliciosamente discurrían le había yo pedido, creyendo que por eso he querido quedarme a solas con ella. Y lo que éstos han hecho, no dudéis que de cada ciento lo harían noventa y nueve, hallándose en el mismo caso. Y aquel único lo aprobaría quizás en los otros.

Llegaron los viejos a Ayerbe y apenas se supo el mal recado que traían se espantaron los pretendientes de la muchacha y la dejaron como los pájaros cuando con gran bullicio acuden al caer el día, que si va alguien y tira con fuerza una piedra huyen todos callados y vuelan a otra parte. Mas el cura, el prior de Santo Domingo y otras personas principales les prometieron interceder con Pedro Saputo, y con efecto le mandaron con un propio media docena de cartas, y él les despachó sin contestar a ninguna; con que se afirmaron más y más en que Pedro Saputo quería los bienes del tío Gil Amor para las almas del otro mundo, y ya el mismo cura y el prior de los frailes se los repartían caritativamente en esperanza.

Seis días hacía que estaba en Almudévar cuando llegaron los viejos del testamento, y estuvo ocho más concediéndolos al cariño de Eulalia y Rosa, a quien hubiera concedido mucho más de buena gana. Dejólas en fin, pero con tanto sentimiento que casi lloró con ellas; y fue a Ayerbe donde también llevaba una registrada.

Apenas llegó, llamó a Ninila y con mucha afabilidad le preguntó qué galanes le habían quedado de tantos como le dijeron que tenía. Ella, acordándose de los malos tratamientos de los abuelos, y viendo que también la había entrado en un cuarto a solas, dudando, ruborosa, mirando a tierra, sofocada, y luchando con la vergüenza, respondió: - Aunque conozco que no soy bastante hermosa... sin embargo... nadie me ha tocado aún... lo que vuesa merced quiera hacer de mí... Pedro Saputo, al oír esto, dejó caer la frente en la mano sobre la mesa; y la ira por una parte, la compasión por otra, pensando ya en la malicia de los viejos, ya en el candor e inocencia de la muchacha, le tuvieron un rato desazonado y perplejo no sabiendo cómo romper. Al fin levantó la cabeza y le dijo entre severo y afable: - Yo lo que deseo es tu felicidad, y lo que te pido es que me digas si de los pretendientes que tenías te ha quedado alguno fiel después que han sabido que yo no te quería dar la herencia. - Uno, dijo ella, toda avergonzada y sudando y tragando saliva de congoja. - ¿Es el que tú creías que te quería más? - No, señor, sino que agora veo que me quería más que aquél, porque me ha dicho que no se le daba nada de que yo fuese pobre. - Pues anda y que me le traigan aquí tus abuelos; volverás tú también con ellos.

Presentáronse con el mozo; vio Pedro Saputo que era bien dispuesto, galancete, un si no es ardiente y fogoso, pero de un corazón como un Alejandro. Parecióle bien y mandó llamar un escribano y se hizo la declaración en forma, aprobando el casamiento de Ninila con aquel noble y desinteresado joven. Concluido, hizo quedar a los abuelos y a la muchacha, y a ellos les reprendió ásperamente su mal propósito y villana sospecha, y a ella le encargó mucho la virtud y la fidelidad al marido.

En cuanto a la enregistrada de aquel lugar la vio dos veces y siempre por casualidad: era tiesa, jarifa, cuellierguida, pantorrilluda y bien plantada, aire de ponerse en jarras, descocada y capaz de arrojar un mentís al hijo del sol; y dijo: Lástima que yo no sea todo un tercio de soldados para llevármela de vivandera.

jueves, 25 de julio de 2024

1. 7. De com Pedro Saputo va adependre la música.

Capítul VII.

De com Pedro Saputo va adependre la música.

De com Pedro Saputo va adependre la música.

¡Aik!, dirá aquí algún lectó; brumín anem puján. Primé sastre, que es lo mes pla que ña a la artesanía, vinín a formá lo llas y comunicassió entre los ofissis masculins y los femenins, com lo formen entre lo regne animal y lo vegetal los zoófitos o animals - plantes. Después cardadó o pelaire, que es algo mes; después fusté, que es mol mes; y no contem en lo dibuix, que perteneix ya al orden superió de les arts, be que sense exclusió de sexo com estes atres, lo anem ara a adorná en lo de la música, art baixat del sel y amor del cor humano. ¿Aón anirem a pará? ¡aixó me se pregunte! ¿Y pera qué hauríe ressibit lo nostre chiquet filóssofo tantes y tals dotes del creadó, y lo don soberano y raríssim de sabé empleales? Pos aquí vorás lo que ell fa y yo vach escribín en no menos admirassió que tú, lectó o lectora, sigues qui sigues.
Va adependre lo dibuix, com has vist; ara adependrá música; y encara vorás atres maravilles. Per algo lo van nombrá Saputo. Si haguere sigut com yo o com tú, y perdona la meua franquesa, res de aixó se escriuríe, perque res haguere passat. Anem a la historia.

Ñabíe a Almudévar un eclesiástic, organista de la parroquia, cridat per mote Vivangüés, y lo seu nom verdadé ni se sap ni lo nessessitem; este mossen se emportáe algunes vegades al chiquet Pedro a casa seua pera donali alguna golosina. Ere un home que en cuan a músic tocáe mijanamen be lo órgano, lo clave y lo salterio; y en cuan a gramátic auloráe una miqueta lo latín del breviari; pero lo que es de la missa habíe preguntat tantes vegades lo que significáe lo canon y demés latins, que fora dels introitos, les orassions, les epístoles, y los evangelios ñabíe poques coses que no entenguere, y encara aixina a vegades se barruntáe lo seu sentit. Per lo demés teníe bon cor, ere tan candorós com un chiquet, y se creíe lo mes hábil del capítul, que ere numerós, exeptuán al siñó mossen, que diuen ere llissensiat per Huesca, y a qui per aixó respetabe ell com mes sabut. A tots los demés los passáe per deball de la cama. Y ña qui diu que si errabe lo tiro ere de poc tros.

Lo cridáen en lo apodo que hay dit, perque cuan se fotíe entre esquena y pit algún gotet de bon vi, que ere en frecuensia, entre les llágrimes que li apuntaben de la fortó del vi y la veu mich cobrada del bon trago, díe respirán: ¡viva Angüés!, y acababe de respirá. Li van preguntá al prinsipi, y después de moltes vegades per gust qué significabe alló; y contabe esta grassiosa, disparatada y original historia: "Es sabut, siñós, que entre los pobles de Angüés, Casbas, y Ybieca ne van ñabé antigamén uns atres dos que se díen Bascués, y Foces, y los seus habitans eren los mes grans afissionats a la mamera del món, y los seus termes la milló viña de Aragó, y potsé de España si me apetix diu. Estos dos pobles van morí: vull di, que sigue per guerra, per epidemia, o per un atra caussa, se van quedá sense habitans, habén mort hasta los sacristans y los mossens Foces va morí uns díes abans y Bascués va aguantá uns díes mes. Pero cuan los dos pobles van vore que s´acabáen sense remey, van fé testamén y van dixá lo seu bon gust als pobles de Angüés, Casbas y Ponzano, dos terseres parts al primé y una repartida entre los atres dos. Aixina que lo poble de Angüés té mes saque ell sol en materia de vins, que Casbas y Ponzano juns. Per aixó yo cuan me bec un gotet de bon vi, si la tassa es gran y lo vi bo, que lo trascolo sempre de una atacada, penso en aquell poble y dic ¡viva Angüés! Que es com si diguera: viva lo gust de Angüés, que es lo que ara trobo yo an este gotet que acabo de trascolam. O de atre modo: botovadéu, que este vi es tan bo com lo milló que proben los hereus de Bascués y Foces. pera abreviá u dic tot an ixa exclamassió tan significativa. Y si no diguera aixó, me pareixeríe que lo vi per bo que fore no me faríe profit.» Y preguntán als que escoltáen, ¿qué tos pareix, siñós?, brotabe delissia del cor y se esponjáe de gloria.

Este home, pos, tan sensill y tan beneít, se va emportá un día a casa seua al chiquet Pedro Saputo pera donali unes avellanetes que li habíen portat: y com lo chiquet va vore ubert lo clave li va rogá que tocare algo. Pot sé que no fore clave, sino un atre instrumén de tecles: poc importe. Li va vindre en gana, y va tocá una pessa tan alegre y espolejadora que Pedro no podíe tartí (estás quieto), meneján tot lo cos y dién: ¡va, va! Va pará lo músic, y va preguntá qué ere alló, y li va contestá lo capellá: 

- Aixó es una cosa nova; fa poc tems que la han ficat en solfa los compositós; y es tan fecunda a caprichos, que sense eixissen del tema pot un tocá tres díes seguits y tot sirá sempre lo mateix pero tot diferén. Es un ball al que li diuen lo Gitano.

- Sol per sabé aixó, va di Pedro, adependría de solfa de bona gana. 

- ¡Ay, chiquet, chiquet!, va contestá lo capellá; no saps lo que dius. ¡Adependre la solfa!

- ¿Pos qué, va rechistá lo chiquet, tan difíssil es? 

- Mol, mol, moltíssim y mes que moltíssim, li va contestá lo mossen en los ulls tancats: ¿vols que te u diga? Mira: una vegada los dimonis estáen de tertulia al palau de Lucifer, tot lo edifissi es de flames de sofre, dispután sobre la solfa y la gramática y defenén uns que ere mes difíssil la una y los atres que l´atra, u van volé probá dos diablets joves mol presumidets, y van eixí al món, ficanse, lo un a infantillo a casa de un mestre de capella, y l’atre a estudián a una escola de gramática. Van passá tres mesos, y lo músic va preguntá al gramátic de qué anáe, y va contestá que de fum y tiniebles; pos yo, va di l’atre, ni fum vech perque no vech res. Allí me fan una manopla que als nugos dels dits té escrits los noms de la solfa, que pareixen agarrats de alguns de natres; y puján y baixán y corrén les juntes dels dits; y después en la mateixa obra a un papé que no diu res, me van ya jorobán y rematán la passiensia. Perque a cada marro de la veu cau una bufetada, y plora si vols plorá y plorán o rién canta lo día sansé perque eixe es lo teu ofissi. 

- Yo, va di lo gramátic, si no fore per la rechifla que mos faríen los compañs de allá baix, ya haguera enviat a cascala lo estudi y al foc en los llibres y les seues musses y mussos, que així los enteng com tú eres lo fill de Deu mes vullgut. Pero continuém algún tems mes si te pareix, perque tan pronte seríe mengua dixáu. En efecte, van seguí durán sis mesos mes, al cap dels cuals se van torná a ajuntá; y lo músic va di que encara que los compañs lo soflamaren eternamén, estáe determinat a abandoná la empresa y torná al infern. 

- ¿Sí?, va contestá lo gramátic; pos no ten anirás sol, que tamé vull acompañat; y aixina van quedá la solfa y la gramática pera patimén dels fills dels homens. Y sense mes deliberassió van tancá los ulls al sol, van fotre un percut y se van aviá de cap als inferns. Conque mira tú, fill meu, Pedro, si te empeñes en adependre solfa, cuan los diables sen dimonis no ne van pugué eixí.

Pedro Saputo sentíe al capellá contá un cas tan estupendo; li va preguntá al clérigo si ell habíe adeprés la solfa. Va contestá que sí: 

- ¿No veus que soc organista? Dotse añs entre infante y capillero vach está a la catedral de Huesca, y sempre estudián solfa. 

- Pero al fin y a la postre vostra mersé la va adependre, y en menos añs, perque diu que va sé capillero y entonses ya la sabíe. 

- Sí, va contestá mossen Fallata. 

- ¿Y la gramática?, va preguntá lo chiquet. 

- Tamé, va contestá lo bon home, sabén que mentíe: ¿no veus que soc mossen

- Pos en eixe cas, va di lo chiquet Pedro, vostra mersé té mes ingenio y es mes sabut que dos diables juns. Sen va enriure lo capellá, no sense ficás una mica colorat de vergoña, perque li va pareixe que ñabíe algo de ironía o malissia a la charrada del chiquet. Éste va volé vore la manopla o má de la solfa, y va vore que los noms que ñabíe als nugos (va sé menesté que los u enseñare lo músic) ere:

A - la - mi - re, B - fa - b - mi, C - sol - fa - ut, D - La - sol - re, Y - la - mi, F - fa - ut, G - sol - re - Ut. 

- Be teníe raó, que pareixen noms de dimonis, va di Pedro, perque de alguns de ells a Belcebub no ña molta distansia. Pero, ¿pera qué se adeprén aixó a la má? ¿Ha de escriures la solfa a la má o cantá miranla? An estes preguntes no va sabé respondre lo del ingenio y agudesa de dos diables, y se va acabá la plática per falta de paraules, o de suc an elles, que es lo mateix; y lo chiquet Pedro, que no podíe tindre la atensió distreta un momén, li va di adiós y va agarrá la escala.

Al eixí al carré va sentí lo violín a dal. Se va pará; lo capellá se divertíe en lo diapassón per tots los seus puns (be que aixó vol di diapassón), ya per terseres, quintes; ya al tono mes alt, ya al mes baix: va ferí lo oít de Pedro; escolte, persibix, sen y admitix aquella ley y verdat primordial de la música, aquella verdat general, aquella proposta elemental de puns o sonidos; y torne a pujá y rogue al capellá que li enseño alló al instrumén.

- No, va di lo músic; al violín no pot sé ni a datre instrumén; primé u has de adependre en la boca y a la solfa, y pera naixó s´ha de fe aná la má o manopla.

- No, siñó, va replicá lo chiquet; ya no vull adependreu en la boca, sino en lo violín, perque així u adependré de una vegada. Sobre tot, lo que es la manopla, ni vórela. aixó es lo que yo vull y no atra cosa; y no men vach de la vostra casa hasta que no me la haigáu amostrat, encara que me costo una semana. Lo capellá sen enríe y li fée compassió vore lo error del sagal que sense la má y alguns mesos y hasta añs de solfeo volíe escomensá a tocá instrumens; impossible tan gran per an ell com que dixare de sé verdat lo que habíe lligit aquell día al evangelio de la missa, siguere lo que siguere, ya que no u habíe entés. Pero se les teníe en un atre mes fort; va apretá tan lo chiquet, que va tindre que enseñali a ficá los dits a les cordes y feriles en lo arco, fen gruñí lo diapassón durán un hora. Va torná per la tarde y va está hasta la nit fotenli al diapassón y a les terseres y quintes. Y lo mateix va fé dos díes seguits; y preguntán al capellá lo que li pareixíe essensial y habén entés lo que va creure que ere prou per entonses se va emportá lo instrumén a casa.

Tancáe les finestres del seu cuarto pera que no ixquere lo eco; y passada una semana en que cada día empleabe de sis a set hores ensayán en lo instrumén, dibuixán algún rato pera descansá, va aná a casa del organista y va tocá per llissó bastán be y mol afinat, tot lo que lo vulgo solíe cantá an aquell tems. Y va di lo clérigo admirat:

- Sense duda, Perico, dins de tú portes de familiá algún demoni mes templat que los dos que van eixí a estudiá la solfa y la gramática y les van aburrí.

- Dieume, va di Pedro Saputo, qué signifiquen ixos puns en cogues y creus que teniu an ixos cuaderns y a lo que diéu solfa y música. La hi va explicá lo home. Ell va pendre apuns per escrit de lo mes importán, va demaná que en lo violín li donare una llissó práctica, y entés lo que ere se va emportá un cuadern de primeres lecsions y va passá uns atres vuit díes estudián y fotenli al instrumén. Va demaná noves explicassions, va passá hasta vintissing o trenta díes ensayán en gran aplicassió y cuidado, y después va pendre dos mesos lo violín prometín tornál y entregál al mestre. Y va cumplí la seua paraula, dién lo bo del capellá al vórel tocá:

- Me desengaño; cuatre añs si no van sé sing me va costá a mí aixó y coste a tots; no vorem mes que milagres: se van ficá a tocá los dos una sonata, lo un en lo violín y l’atre en lo clave o lo que fore, y no ñabíe mes que sentí.

Va continuá Pedro estudián mes y mes la solfa y lo seu instrumén, y al cap de alguns mesos li va di lo organista: 

- Eres, Pedro, lo milló arco de la terra, perque lo tens mol fi, alt, sonoro, valén, expresiu y firme. Pots aná a tocá a la mateixa capella de Toledo.

Lo capellá, ademés, tocae, encara que poc y mal, la vihuela y la flauta, y va volé Pedro que li enseñare tamé estos instrumens. 

- Fill, li va contestá; lo que es enseñat no me atrevixco, perque ne sé mol poc. Pero mira, la prima de la vihuela solta o al aire es mi mayor a la clave de G - sol - re - ut; busca los demés puns, armoníes y postures y los tonos, que ya u trobarás; y lo pun mes baix de la flauta es re per la mateixa clave. Y encara que veus que sol té sis foradets y lo que tape la clau que es re sostenido, pero donán sert espíritu al alé o bufera per als aguts y graves, y tapán éste o aquell, o dos o mes, a un tems, se fan dos octaves, y hasta dos y micha lo que ne sap. Ves en Deu y fesme vore un atre milagre.

Sen va aná lo sagal en los instrumens; y als quinse díes van avisá al mossen, al justissia, a la padrina, y a la seua chiqueta mes gran y algunes atres persones del poble (may al hidalgo de la cantonada), y los dos musics van doná un consert que los va pareixe an aquella gen la capella del Vaticano, o per lo menos la de la Catedral de Huesca, que ere la que tots habíen sentit. Lo mossen, ple de goch, va rogá al organista que li dixare los instrumens al chiquet Pedro hasta que ell faiguere portá los millós que se trobaren. En efecte, va escriure a Barcelona (Barchinona, Barcino antigamén) y Saragossa, y ne van vindre dos de cada clase, mol bons. pera entrenáls va ñabé un atra reunió mes numerosa a casa de la padrina, aon se va doná un atre consert; y ella, que ere espléndida y volíe entrañablemén a son fillol, se va lluí mol agassaján als convidats en un gran refresco. Van tocá después entre atres coses lo canari, ball que entonses se usabe mol; y lo gitano, que escomensáe a fes aná; estos balls, de variedat en variedat y de nom a nom, han vingut a sé y dis al nostre tems, lo primé la jota y lo segundo o segón, lo fandango.

Passada la velada y al despedís, pera sorprendrels en mes efecte, va traure la padrina ficats a una taula dos bustos minuts y blangs representán les dos mateixes persones dels retratos que va fé primé en la llapissera; y va di: 

- Aixó ha fet lo meu fillol Pedro. Eren mol pareguts, viuríen, parlaríen, si hagueren tingut ulls y colós. Tot va sé pasmos, tot enhorabones a la mare de Pedro, que no fée mes que plorá, y la padrina lo mateix y lo mossen y atres persones. ¿En qué parará este chiquet?, díen. Y plens de assombro sen van aná beneín a Deu y dessichán viure pera vore al home que aquelles mostres anunsiaben y prometíen. Y sert que tantes habilidats juntes en un chiquet de tretse añs, y de aquell modo adepreses, be mereixíen aquella admirassió y aquells extrems; sobre tot a qui pensare que ere fill de una pupila infelís, y naixcut sol y sense protecsió a la llum del món.

Los retratos o bustos eren de alchés, y ell los habíe donat un simple bañet de cals en aigua de cola perque encara no sabíe fé lo que diuen estuco.

domingo, 28 de julio de 2024

3. 8. Una carta anónima. Visita de un caballé.

Capítul VIII.

Una carta anónima. Visita de un caballé.

Una carta anónima. Visita de un caballé.

Per aquells díes va ressibí una carta sense fecha ni firma, en lo sobre: "A Pedro Saputo, Almudévar.» Y dins, Fa cuatre añs. No se va cremá, com diuen, los cuernos cavilán de quí seríe; su va pensá enseguida. Y agarrán la pluma, ne va escriure un atra contestán esta sola paraula: Passiensia. Y sense fecha ni firma la va dirigí a don Severo Manuel de Estada, sense dudá de que lo recuerdo ere de Morfina.

Cuan lo caballé va vore esta carta perdíe lo juissi no podén atiná lo que significabe ni de quí podríe sé. Consultabe a la seua dona, a son fill, a la nora, a la filla; la enseñáe als seus amics, a tot lo món; y ningú assertabe (¿cóm ere possible?), dissimulán Morfina y fen vore que se admirabe igual que tots. Y va di al final son pare:

- Ara sí que vach a vore a Pedro Saputo, pos diuen que está al seu poble, que en la seua molta sabiduría pot sé que enserto. 

¿Quí vindrá en mí? Don Vicente se va oferí, y la nora tamé, y Morfina va di que no li demanaríe a son pare datra grassia a la seua vida. Al sentí aixó son pare se va alegrá, per poc no li va doná lo gust; casi se la va emportá en ell. Pero va di que primé hi aniríe sol, y que después ya se voríe. Y així u va fé.

Va arribá a Almudévar, y dixada la mula a la fonda, va aná cap a casa de Pedro Saputo. Lo va coneixe éste al momén; pero, sospechán lo cas, li va pareixe callá mentres no fore reconegut; y li va preguntá cóm se díe. Va di don Severo lo seu nom y apellitsy entonses va cridá ell a sa mare y li va di:

- Enviéu a la criada al messón y que lo criat de este caballé li faigue portá la mula y les aubardes en lo bagache. Se oposabe don Severo, y ell, mol resolt, li va di: o a casa meua o fora de casa meua. 

No es digne de tan prinsipal caballé, pero es mes dessén que la fonda, y sobre tot siréu servits en bona voluntat. Se va ressigná o conformá don Severo, y no se va atreví a parlali de la carta hasta después de michdía.

Lay va enseñá, y li va preguntá si sabríe de quí podríe sé, habenla ressibit a seques per lo correu. Va pendre Pedro Saputo la carta, la va mirá, y discurrín una mica (pera dissimulá) va di: 

- Esta carta es la contestassió a un atra.

- No pot sé, va contestá don Severo, perque de totes les que hay escrit hay ressibit contestassió; y ademés no li hay parlat a ningú de forma que me puguere doná esta resposta: ni los meus fills saben res tampoc, ni los meus amics.

- Pos resposta es.

- Perdonéu, pero no u puc creure.

- Que u cregáu o no, es un atra cosa; pero es lo que tos dic. 

Ñan somnis, siñó don Severo, que són realidats, y realidats aon pareix que estigues ensomián. Digueume, ¿teniu almes al purgatori? 

- Alguna ñaurá potsé de tantes com ne van aná allá, entre pares y agüelos.

- Pos veéu de tráureles; y si són almes de este món, mes, perque aquí se sap y se veu lo que patixen, y allá es cosa de la fe y de la imaginassió. ¡Teniu parens pobres!

- Un o dos.

- Pos auxilieulos. ¿Teniu filles casades a casa de la sogra?

- No, siñó.

- ¿Y solteres?

- Una.

- Pos caseula.

- No vol casás.

- Yo tos dic que sí que vol.

- Yo tos dic que no.

- Yo tos dic que sí.

- ¿Me u asseguréu?

- Sí, o soc lo home mes tonto y badoc del món.

- Pos yo tos juro que la casaré ben pronte vullgue o no vullgue.

- Mateula milló.

- ¿No me diéu ...?

- Al seu gust.

- No vol a ningú; no li agrade cap home.

- Impossible.

- A fe de caballé.

- ¿Hau agarrat lo cor de la vostra filla a la má, y mirat be tots los seus foradets? ¿Hau fet la proba de portala a un convén, y obligala a vestís de monja?

- No vol tal cosa; ni té vocassió al claustro.

- Pos es que ne té al atre estat; al matrimoni. Y sobre tot aixó fico lo meu honor, lo meu nom y hasta la vida.

- Estic atabalat. ¿Qué hay de fé en arribá a casa meua?

- Res, traure almes del purgatori.

- Vingue vosté a ajudám. ¿Qué, no tos pendríeu la molestia de vindre y me pintaríeu una sala?

- En mol gust.

- Pos ya respiro, ya descanso, ya men aniré contén. Pero miréu de no engañatos, perque la meua filla, y perdonéu que la alaba tan, es mol entesa, mol discreta, y mol resservada. Diuen que es mol hermosa, y crec que u es si no me engañen los ulls de pare, y per aixó dic lo que los pareix a tots; pero en aixó atre la puc jusgá en menos passió; y tos dic que los secretos del seu pit no los penetre ni lo rayo mes sutil y puro del sol; y be podríe sé que mos dixare burlats o en dos pams de nassos. 

- Es mes sutil lo pensamén del home y lo coneiximén del cor humano. Yo tos prometixco que als pocs díes que la trata ham de sabé si es alma triste del purgatori, o alma benaventurada de la gloria. Y sobre la carta faré tals probes, que no tos quedará cap duda de lo que hay dit. Yo pintaré y observaré; vosté callaréu, y tot anirá be y mos desengañarem.

Mol satisfet se va quedá don Severo de les raons de Pedro Saputo, y mes de la seua promesa. Als dos díes se disposáe a anassen y li va di Pedro:

- Los antics, siñó don Severo, cuan ressibíen algún huésped, lo obsequiaben, agassajaben y regaláen tres díes sense preguntali de la seu persona; passada esta tresena li preguntaben quí ere, cóm se díe, de aón veníe y aón anáe. Ham dixat esta costum y fórmula per la gran pressa que tenim de sabé quí es lo huésped que mos ve, y potsé per la mes gran de despachál de casa. Si no trobéu a faltá la comodidat y regalo de la vostra casa, tos rogo que tos aturéu los tres díes de la ley per vosté y per mí, y un mes per l'alma del purgatori que me ha proporsionat la satisfacsió de hospedá a casa meua a un tan prinsipal y amable caballé. Los antics donáen tamé al huésped al tems de despedíl lo que díen dons de hospedache, que ere alguna roba mol pressiosa, alguna espasa, escut de armes, o be algún caball, y res de aixó nessessitéu ni ña ara la mateixa raó que allacuanta per an esta costum, miréu lo que ña a casa meua que no ñague a la vostra, y si algo trobéu del vostre gust, emportéutosu en señal de la nostra amistat. ¿Sou afissionat als llibres? ¿U sou als cuadros? Astí teniu llibres, y allá teniu cuadros.

- ¿Y si agarro lo que no deuría?

- Aixó no pot sé. Ya don Severo habíe passat alguns ratos lligín La consolassió de Boecio traduída y afegida per Pedro Saputo, encara que manuscrita; y la va apartá com a llibre que volíe emportás.

Va mirá los cuadros, y se parabe moltes vegades dabán del de Pedro y lo de sa mare fets los dos aquell añ; y va di:

- Si estos dos retratos vostres no foren tanta part del vostre cor... 

- U són y mol gran, va contestá Pedro Saputo; pero per naixó mateix tos los oferixco...

- ¡Ah!, va di don Severo; yo los ficaré llum a casa meua. Li va doná Pedro Saputo les grassies per lo favor, y li va entregá los cuadros y lo llibre dién:

- A un atre al món no los hi donaría; pero don Severo Manuel de Estada té privilegi a casa de Pedro Saputo.

Sen va aná don Severo, va arribá a casa seua, y van acudí la dona y los fills a preguntali com si vinguere de una peregrinassió al atre hemisferi. Ell los va di: - U séntigo, Mariquita, u séntigo, fills meus, séntigo de no habetos emportat a tots. ¡Ay, quín home! ¡Ay, quín home tan sabut y tan amable! Mol diu la fama, pero es mol mes de lo que se diu. Cuatre díes me ha fet está, pero a casa seua, perque es mol generós, y al pareixe ric. ¡Qué be que hay estat! Es lo home mes natural que hay conegut: mol caballé, aixó sí, pero al mateix tems tan pla y amable, que se pegue al cor com un ferro a un atre a la forja. ¡Quín agassajo! ¡Quín servissi tan fi y sensill! ¡Quína fassilidat en tot! Alló, fills, es viure encantat. ¿Pos, y sa mare? 

Sa mare es tota una siñora. No dirá ningú, no, que ha sigut pobre y tingut ofissi tan humilde com lo de rentadora.

- Pero de la carta, va preguntá don Vicente, ¿qué tos ha dit?

- De la carta, va contestá, ha dit moltes coses (Morfina mol atenta); pero com vindrá después...

- ¿Aquí?, va preguntá lo fill.

- Aquí, aquí, an esta casa, va contestá don Severo. Y ya podéu disposatos tots a ressibíl com a un amic, pero tamé com a un home tan sabut, y no faiguéu tontades o extravagansies perque los seus ulls penetren hasta l'alma, y sap lo que un está pensán cuan lo mire.

- ¿Conque vindrá?, va torná a preguntá don Vicente. 

- Sí, fills, sí, ya u hay dit: y pintará la sala de la cadiera.

- Men alegro, men alegro, va di don Vicente donán fortes palmades; lo coneixerem.

- Abans lo podéu coneixe, va di son pare, pos li vach demaná y me va doná lo seu retrato y lo de sa mare, que són éstos. Va sé traure los retratos, y los cuatre se van amuntoná damún de ells y no los podíen vore a gust. Los va penjá don Vicente a dos claus alts y aixines los van mirá mes desplay. Después va di don Vicente: 

- ¿Sabéu pare, que Pedro Saputo me pareix que se assemelle an aquell estudián navarro al que díen don Paquito?

- Calla, ignorán, li va contestá son pare; ¿qué té que vore don Paquito ni tots los Paquitos del món en eixe retrato?

Don Paquito ere un estudián, espabilat sí, y vivaracho; pero un quidam, un mindundi, comparat en Pedro Saputo. En fin, ya lo voréu y tos desengañaréu; entretán no diguéu disparats ni sabocades. Morfina se admirabe de lo que li podíe la aprensió a son pare, pos sen un mateix don Paquito y Pedro Saputo, ni lo va coneixe allá ni veíe ara lo paregut, o mes be la identidat al retrato. 

Y pera fé un atra proba, va di:

- Pos tamé a mí me pareix lo de este retrato lo mateix que a Vicente. ¿No veéu, pare, que té los ulls y tot lo aire de don Paquito?

- Los ulls y lo aire de la meua quinta bruixa de yaya sí que té, va contestá son pare enfadat, porros que sou tots. No me nomenéu mes a don Paquito; perque es compará la nit al día, un teó al sol, un pigmeo a un gigán. Pos, dic, ¡si lo sentigueres tocá lo violín! 

Don Paquito esgarrañabe les cordes de tripes de gat; pero alló es sentí als mateixos angels del sel.

- Es segú pare, va di don Vicente, que ha de vindre aquí, sinó demá montaré a caball y men aniré a vórel. Y mira tú siñoríssima germana meua, de no sé en ell tan seca y impenetrable com has sigut en tots los que han vingut a vóret.

- Yo te dono la meua paraula, va contestá ella, de no séu en ell, sino al contrari, mol blana y penetrable, per explicám al teu modo.

¿Qué habíe de di un home tan sabut si me veiguere seria, indiferén y resservada?

- Pos vorem, va di son germá, cóm u cumplixes.

- Dónau per cumplit, va contestá ella. Y en verdat que u díe de cor, com pot suposá lo lectó, que sap lo misteri del seu amor en Pedro Saputo, y lo secret de la carta.


Original en castellá:

Capítulo VIII.

Una carta anónima. Visita de un caballero.

Por aquellos días recibió una carta sin fecha ni firma, con el sobre: «A Pedro Saputo, en Almudévar.» Y dentro, Hace cuatro años. No se hiló, como dicen, los sesos discurriendo de quién sería; pensóselo al golpe. Y tomando la pluma, escribió otra contestando esta sola palabra: Paciencia. Y sin fecha ni firma así mismo que dirigió a don Severo Manuel de Estada, no dudando que el recuerdo era de Morfina.

Cuando el caballero vio esta carta perdía el juicio no pudiendo atinar (yo lo creo) lo que significaba ni de quién podría ser. Consultaba a su mujer, a su hijo, a la nuera, a la hija; enseñábala a sus amigos, a todo el mundo; y nadie acertaba (¿cómo era posible?), disimulando Morfina y haciendo que se admiraba lo mismo que todos. Y dijo al fin su padre: - Ahora sí que voy a Pedro Saputo, pues dicen que está en su lugar, que con su mucha sabiduría puede ser que dé en el hito. ¿Quién vendrá conmigo? Don Vicente se ofreció desde luego, y la nuera también, y Morfina dijo que si le estuviera bien ir allá, no le pediría a su padre otra gracia en su vida. Al oír esto su padre se alegró y casi le dio gusto; casi la llevó consigo. Pero dijo que primero iría solo, y que después se vería. Y así lo hizo.

Llegó a Almudévar, y dejada la mula en el mesón fue a casa de Pedro Saputo. Conocióle éste al momento; pero, sospechando el caso, le pareció callar mientras de él no fuese conocido; y le preguntó cómo se llamaba. Dijo don Severo su nombre y apellido; y entonces llamó él a su madre y le dijo: - Mandad la criada al mesón y que el criado de este caballero le haga traer la mula y el equipaje. Resistíalo don Severo, y él, muy resuelto, le dijo: o mi casa o fuera de mi casa. No es digna a la verdad de tan principal caballero, pero es más decente que el mesón, y sobre todo seréis servidos con buena voluntad. Resignóse don Severo, y no se atrevió a hablarle de la carta hasta después de mediodía.

Mostrósela por fin, y le preguntó si sabría decir qué podría ser, habiéndola recibido a secas por el correo. Tomó Pedro Saputo la carta, miróla, y discurriendo un poco (por disimular) dijo: - Esta carta es contestación a otra. - No puede ser, respondió don Severo, porque de todas las que he escrito he recibido contestación; y a más no he hablado a nadie en términos que me pudiera dar esta respuesta: ni mis hijos saben nada tampoco, ni mis amigos. - Pues contestación. - Perdonad, pero no lo puedo creer. - Que lo creáis o no, es otra cosa; pero es lo que os digo. Hay sueños, señor don Severo, que son realidades, y realidades que parecen sueños. Decidme, ¿tenéis almas en el purgatorio? - Alguna habrá quizá de tantas como fueron allá entre padres y abuelos. - Pues ved de sacarlas; y si son almas de este mundo, más, porque aquí se sabe y se ve lo que padecen, y allá es cosa de la fe y de la imaginación. ¡Tenéis parientes pobres! - Uno o dos. - Pues socorredlos. ¿Tenéis hijas casadas en casa de suegra? - No, señor. - ¿Y solteras? - Una. - Pues casadla. - No quiere casarse. - Yo os digo que sí quiere. - Yo os digo que no. - Yo os digo que sí. - ¿Me lo aseguráis? - 0 soy el hombre más tonto y baladí del mundo. - Pues yo os juro que la case bien pronto quiera o no quiera. - Matadla más bien. - ¿No me decís...? - A su gusto. - No quiere a nadie; no le gusta ningún hombre. - Imposible. - A fe de caballero. - ¿Habéis ya tomado el corazón de vuestra hija en la mano, y mirado bien todos sus senos? ¿Habéis hecho la prueba de llevalla a un convento, y obligalla a vestirse de monja? - No quiere tal cosa; ni tiene vocación al claustro. - Pues es que tiene a otro estado; al matrimonio. Y sobre todo ello pongo mi honor, mi nombre y aun la vida. - Estoy confuso. ¿Qué he de hacer en llegando a mi casa? - Nada, sacar almas del purgatorio. - Venid vos a ayudarme. ¿Qué, no os tomaríades la molestia de venir y me pintaríades una sala? - Con mucho gusto. - Pues ya respiro, ya descanso, ya me iré contento. Pero mirad no os engañéis, porque mi hija, y perdonad que os la alabe tanto, es muy entendida, muy discreta, y muy reservada. Dícenla muy hermosa, y creo que lo es si no me engañan los ojos de padre, y por eso digo lo que parece a todos; pero en esotro la puedo juzgar con menos pasión; y os digo que los secretos de su pecho no los penetra ni el rayo más sutil y puro del sol; y bien podría ser que nos dejase burlados. - Es más sutil el pensamiento del hombre y el conocimiento del corazón humano. Yo os prometo que a los pocos días que la trate hemos de saber si es alma triste del purgatorio, o alma bienaventurada de la gloria. Y lo que es de la carta haré tales pruebas, que no os quedará la menor duda de lo que he dicho. Yo pintaré y observaré; vos callaréis, y todo irá bien y nos desengañaremos.

Muy satisfecho quedó don Severo de las razones de Pedro Saputo, y más de su promesa. A los dos días se disponía a irse y le dijo aquél: - Los antiguos, señor don Severo, cuando recibían algún huésped, le obsequiaban, agasajaban y regalaban tres días sin preguntalle de su persona; pasados los cuales y no antes le preguntaban quién era, cómo se llamaba, de dónde venía y adónde iba. Hase dejado esta costumbre y fórmula por la grande prisa que tenemos de saber quién es el huésped que nos viene, y tal vez por la mayor de despedille de casa. Yo me acomodo al nuevo uso en lo primero, y dejo lo segundo para los ruines. Si no echáis de menos la comodidad y regalo de vuestra casa, os ruego que os detengáis los tres días de la ley por vos y por mí, y uno más por el alma del purgatorio que me ha proporcionado la satisfacción de hospedar en mi casa a un tan principal y amable caballero. Y pues los antiguos daban también al huésped al tiempo de despedille lo que llamaban dones de hospedaje, que eran alguna ropa muy preciosa, alguna espada, escudo de armas, o bien algún caballo, y nada de esto necesitáis ni hay ahora la misma razón que entonces para esta costumbre, mirad lo que hay en mi casa que no esté en la vuestra, y si algo topáis de vuestro gusto, llevadlo en prenda de nuestra amistad. ¿Sois aficionado a los libros? ¿Soislo a cuadros? Ahí tenéis libros, y ahí tenéis cuadros. - ¿Y si tomo lo que no debería? - Eso no puede ser, porque para vos ninguno hay exceptuado, con vos ninguno me reservo. Ya don Severo había pasado algunos ratos leyendo La consolación de Boecio traducida y añadida por Pedro Saputo, aunque manuscrita; y la apartó como libro que quería llevarse. Miró los cuadros, y se paraba muchas veces delante de su retrato y el de su madre hechos ambos en aquel año; y dijo: - Si estos dos retratos vuestros no fuesen tan parte de vuestro corazón... - Lo son y muy grande, respondió Pedro Saputo; pero por lo mismo os los ofrezco... - ¡Ah!, dijo don Severo; yo les tendré lámpara en mi casa. Dióle Pedro Saputo las gracias por el favor, y le entregó los cuadros y el libro diciendo: - A otro en el mundo no los daría; pero don Severo Manuel de Estada tiene privilegio en casa de Pedro Saputo.

Fuese, en fin, don Severo, llegó a su casa, y acudieron la mujer y los hijos a preguntarle como si viniera de una peregrinación al otro hemisferio. Él les dijo: - Siento, Mariquita, siento, hijos míos, no haberos llevado a todos. ¡Ay, qué hombre! ¡Ay, qué hombre tan sabio y tan amable! Mucho dice la fama, pero es mucho más de lo que se dice. Cuatro días me ha hecho estar, pero en su casa, en su misma casa, porque es muy generoso, y al parecer rico. ¡Qué bien que he estado! Es el hombre más natural que he conocido: muy caballero, eso sí, pero al mismo tiempo tan llano y amable, que se pega al corazón como un hierro a otro en la fragua. ¡Qué agasajo! ¡Qué servicio tan fino y sencillo! ¡Qué facilidad en todo! Aquello, hijos, es vivir encantado. ¿Pues, y su madre? Su madre es toda una señora. No dirá nadie, no, que ha sido pobre y tenido oficio tan humilde como el de lavandera. - Pero de la carta, preguntó don Vicente, ¿qué os ha dicho? - De la carta, respondió, ha dicho muchas cosas (Morfina muy atenta); pero como vendrá luego... - ¿Aquí?, preguntó el hijo. - Aquí, aquí, a esta nuestra casa, respondió don Severo. Y ya podéis disponeros todos a recibille como un amigo, pero también como un hombre tan sabio, y no hagáis necedades o extravagancias porque sus ojos penetran hasta el alma, y sabe lo que uno está pensando cuando le mira. - ¿Conque vendrá?, volvió a preguntar don Vicente. - Sí, hijos, sí, ya lo he dicho: y pintará la sala del estrado. - Me alegro, me alegro, dijo don Vicente dando fuertes palmadas; le conoceremos, le conoceremos. - Antes le podéis conocer, dijo su padre, pues le pedí y me dio su retrato y el de su madre, que son éstos. Lo mismo fue sacar los retratos, que los cuatro se amontonaron sobre ellos y no los podían mirar a gusto. Colgólos, en fin, don Vicente en dos clavos altos y así los miraron de espacio. Más luego dijo don Vicente: - ¿Sabéis padre, que Pedro Saputo, así al parecer, tiene alguna semejanza con aquel estudiante navarro que llamaban don Paquito? - Calla ignorante, le contestó su padre; ¿qué tiene que ver don Paquito ni todos los Paquitos del mundo con ese retrato? Don Paquito era un estudiante, agudo sí, y vivaracho; pero un quidam, un nadie, comparado con Pedro Saputo. En fin, ya lo veréis y os desengañaréis; entre tanto no digáis disparates. Morfina en todas escenas gozaba mucho, y se admiraba de lo que podía la aprensión en su padre, pues siendo uno mismo don Paquito y Pedro Saputo, ni le conoció allá ni echaba de ver la semejanza, o más bien la identidad en el retrato. Y por hacer otra prueba, dijo: - Pues también a mí me parece de este retrato lo mismo que a Vicente. ¿No veis, padre, que tiene los ojos y todo el aire de don Paquito? - Los ojos y el aire de mi quinta bruja de abuela, sí que tiene, respondió su padre enojado, porros que sois todos. No me nombréis más a don Paquito; porque es comparar la noche al día, un tizón al sol, un pigmeo a un gigante. Pues, digo, ¡si le oyésedes tocar el violín! Don Paquito rascaba las cuerdas; pero aquello es oír a los mismos ángeles del cielo. - Válgaos padre, dijo don Vicente, que ha de venir aquí, sino mañana montaba a caballo y me iba a velle. Y mira tú señorísima hermana mía, que no seas con él tan seca e impenetrable como has sido con todos los que han venido a verte. - Yo te doy palabra, respondió ella, de no serlo con él, sino al contrario, muy blanda y penetrable, por explicarme a tu modo. ¿Qué había de decir un hombre tan sabio si me viese grave, indiferente y reservada? - Pues veremos, dijo su hermano, cómo lo cumples. - Por cumplido, contestó ella. Y en verdad que lo decía de corazón, como puede suponer el lector, que sabe el misterio de su amor con Pedro Saputo, y el secreto de la carta.