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viernes, 26 de julio de 2024

1. 10. Extraordinaria aplicassió de Pedro Saputo.

Capítul X.

Extraordinaria aplicassió de Pedro Saputo.

Capsots los pares, tontos los mestres, badocs los veíns, mes valdríe no naixe, o no estudiá res y viure sol o anassen als montes si un sapiguere que allí habíe de topetá en una compañera de trate confortán y recreatiu. Dichós de Pedro Saputo, que encara que se va trobá en mols abatuts va sabé librás de ells y fels la figa. Yo, fora de mon pare... No vull di lo demés. Sobre que ting amics y amigues del alma que a pun estic de tratáls de idiotes, com a creure homens de pro als faramalles, charlatans, engañadós y hipócrites que mo se venen per Licurgos tocats per la Providensia pera remediá la España y reformá lo món.

Habíe lo nostre chiquet pintó sentit parlá al mestre Artigas de autós y llibres del art, y li va suplicá al siñó mossen que li faiguere portá tots los que trobare; y en dos o tres mesos va tindre los que mes se coneixíen allabonses. Se va ficá a estudiáls en molta afissió y no menos constansia, y per los matins y les velades passáe casi tot lo tems en alló, sense olvidá al mateix tems los atres ejercicios, alternán después lo traball per hores y hasta per díes segons lo humor o la disposissió, perque teníe per máxima lo no violentás may ni cansás fen ejercicio. Conque estudiabe, dibuixabe, pintabe, esculpíe, tornejabe, repassabe la solfa, y tocáe los diferens instrumens que sabíe. A sa mare li va di que no anare mes a rentá roba de atres, sino que bonamen serviguere a casa a les persones de mes estat del poble que li pareguere; y encara aixó li díe lo cor que duraríe poc tems, y mentrestán se anare tratán en algo mes de estima y dessensia.

Lo niu

Per capricho va pintá a un taulonet un niu de oronetes al momén de arribá la mare en lo minjá, ya escomensán a traure ploma los minudets, y la va enclavá per la nit desde una finestra a una fusta de les que formáen lo ráfec de la teulada, que no ere alt; y pel matí mol prontet ya lo estáen codolechán los sagals del carré enfadanse perque no podíen sisquera fé fugí a la mare, y cridanla oreneta bruixa perque habíe fet allí lo niu sense vóreu ells. U va sentí Pedro Saputo, y va eixí y va traure lo taulonet, quedán los sagals avergoñits per una part, y per l'atra enriénsen de ells mateixos. 

Va corre la veu y van vindre a vore la pintura infinites persones; pero ell los va di que no podíe vores de prop, sino al ráfec y desde lo carré; y així la va torná a ficá al seu puesto, y tot lo poble veníe a vore aquell prodigio de un chiquet de catorse añs. 

Si no s'haguere perdut después de mort, haguere pugut sé un atre Yalisso, que va fé un goz pintat a un cuadro en tal perfecsió, que pareixíe hasta rabiós, y va costá guerres per tíndrel, y al final, después de mol tems, va sé portat del Asia a Roma y dedicat per Augusto César al Capitolio.

Va pintá aquell añ dos sales, una de un benefissiat ric, y l'atra del hidalgo pare de Eulalia, qui, pera acabá de borrá la memoria de les paraules que va di a sa mare de Pedro Saputo, li fée mes favor que ningú al poble. Y en verdat, encara que lo chiquet ere tan generós, no podíe olvidá del tot les dos raderes expresions que va fé aná contra nell y sa mare; y aixó que no compreníe encara tota la malissia que portáen. Va morí desgrassiadamen lo hidalgo cuan estáe pintán lo radé lienzo de la seua sala. La va acabá, pero afegín a dal dos angels en ademán de estendre sobre lo cuadro un vel blang de crespón en orla negra. Y va ficá encara allí un atre primor; y va sé que an aquells angels va fé lo retrato de Eulalia y lo seu, ixíen tan be que pareixíe que los hagueren tallat los caps y los hagueren apegat als cossos despullats dels angels.

Com ya seguíe les regles del art y sabíe com plasmá la naturalesa, va advertí entonses mols defectes a les pintures de la capella de la Corona; y va demaná llissensia pera ficá un rótul que declarabe quí les habíe fet y la edat que teníe. Pero la obra milló, la obra de mes mérit, y u va di ell cuan ya no podíe equivocás, va sé sempre lo niu de oronetes, que alguns van volé comprá, ñabén qui li va oferí hasta coranta escuts de or, que per als coneixedós que podíe ñabé a un poble com Almudévar, ere mol, sense duda. Se va pedre, com hay dit, a la seua mort, així com atres coses de mol primor y valor que ñabíe a casa seua.

Entre los llibres de pintura van vindre tamé dos en latín y un en italiá, y va di: pos yo estes llengües hay de adepéndreles. Y en efecte se va ficá a estudiá la latina, y en una semana va adependre los nominatius y les conjugassions, perque la seua memoria ere assombrosa. Pero no li van permetre seguí este estudi les dos obres de pintura que va tindre al poble.

Sa bona mare recordabe ara moltes vegades la professía de la gitana, pero calláe per no di lo engañ en que la habíen seduít, exposanse ademés a que no la cregueren, encara que la seua honestidat y mol juissi la abonaren per al que vullguere di en defensa seua. Pero después de ben pensat u dixáe está, y resumíe totes les seues reflexions en estes cristianes paraules: 

Deu me perdono aquell fallo y no me dono tot lo be an esta vida.


Original en castellá:

Capítulo X.

Extraordinaria aplicación de Pedro Saputo.

Zotes los padres, zotes los maestros, zotes los vecinos y zote el siglo, más valdría no nacer, o no estudiar nada y vivir solo o irse a los montes si uno supiese que allí había de topar una compañera de trato confortante y recreativo. Dichoso de Pedro Saputo, que aunque dio con muchos zotes supo librarse de ellos y hacerles la higa. Yo, fuera de mi padre... No quiero decir lo demás. Sobre que tengo amigos y amigas del alma que así estoy en mandarlos para zotes, como en creer hombres de pro a los faramallas, charlatanes, embaidores e hipócritas que se nos venden por Licurgos suscitados de la providencia para remediar la España y reformar el mundo.

Había nuestro niño pintor oído hablar al maestro Artigas de autores y libros del arte, y le suplicó al señor cura le hiciese traer cuantos de ellos se encontrasen; y en dos o tres meses tuvo los más de los que entonces se conocían. Púsose a estudiarlos con mucha afición y no menos constancia, y por las mañanas y las veladas pasaba casi todo el tiempo en ello, sin olvidar al mismo tiempo y de ahí a unos días los otros ejercicios, alternando luego el trabajo por horas y aun por días según el rumor o la disposición, porque tenía por máxima el no violentarse nunca ni cansarse en un ejercicio. Conque estudiaba, dibujaba, pintaba, esculpía, torneaba, repasaba la solfa, y tocaba los varios instrumentos que sabía. A su madre le dijo que no fuese más a lavar ropas ajenas, sino que buenamente sirviese en casa a las personas de más estado del pueblo en lo que le pareciese; y que aun esto le daba el corazón que duraría poco tiempo, y entre tanto se fuese tratando con alguna más estimación y decencia.

Por capricho pintó en una tabla un nido de golondrinas en el acto de llegar la madre con el cebo, ya comenzando a echar pluma los pequeñuelos, y la enclavó por la noche desde una ventana en un madero de los que formaban el alero del tejado, que no era alto; y por la mañana muy tempranito lo estaban apedreando los muchachos de la calle desatinándose porque no podían siquiera hacer huir a la madre, y llamándola maldita porque había hecho allí el nido sin verlo ellos. Sintiólo Pedro Saputo, y salió y quitó la tabla, quedando los muchachos corridos por una parte, y por otra riéndose de sí mismos. Corrió la voz y vinieron a ver la pintura infinitas personas; mas él les dijo que no podía verse de cerca, sino en el alero y desde la calle; y así la tornó a poner en su lugar, y todo el pueblo venía a ver aquel prodigio de un niño de catorce años. Que si no se perdiera en su muerte, quizá hubiera sido otro Yalisso, el cual fue un perro pintado en un cuadro con tal perfección, que parecía le representaba rabioso, y costó guerras por haberlo, y al fin, después de muchos tiempos, fue traído del Asia a Roma y dedicado por Augusto César en el Capitolio.

Pintó en aquel año dos salas, una de un beneficiado rico, y otra del hidalgo padre de Eulalia, el cual, para acabar de borrar la memoria de las palabras que dijo a la madre de Pedro Saputo, le hacía más favor que nadie en el lugar. Y en verdad, aunque el niño era tan generoso, no podía olvidar del todo las dos últimas expresiones que usó contra él y su madre; y eso que no comprendía aún toda la malicia que encerraban. Murió desgraciadamente el hidalgo cuando estaba pintando el último lienzo de su sala, que la concluyó no obstante; pero añadió en lo alto dos ángeles en ademán de tender sobre el cuadro un velo blanco de crespón con orla negra. Y puso aún allí otro primor; y fue que en aquellos ángeles hizo el retrato de Eulalia y el suyo saliendo tan bien, que parecía les hubiesen cortado las cabezas y pegándolas a los cuerpos desnudos de los ángeles.

Como ya seguía las reglas del arte y sabía componerlas con la naturaleza, y ésta y aquéllas con su gusto, advirtió entonces muchos defectos en las pinturas de la capilla de la Corona; y pidió licencia para poner un rótulo que declaraban quién las había hecho y la edad que tenía. Pero la obra mejor, la obra de más mérito, y lo dijo él cuando ya no podía equivocarse, fue siempre el nido de golondrinas, el cual le quisieron comprar algunos, habiendo quien le mandó por él hasta cuarenta escudos de oro, que para los conocedores que podía haber en un pueblo como Almudévar, es mucho sin duda. Perdióse, como he dicho, en su muerte, así como otras cosas de mucho primor y valor que había en su casa.

Entre los libros de pintura vinieron también dos en latín y uno en italiano, y dijo: pues yo estas lenguas he de aprendellas. Y con efecto se puso a estudiar la latina, y en una semana aprendió los nominativos y las conjugaciones, porque su memoria era asombrosa. Mas no le permitieron seguir este estudio las dos obras de pintura que tuvo en el pueblo.

Su buena madre recordaba ahora muchas veces la profecía de la gitana, pero callaba por no decir el engaño con que la habían seducido, exponiéndose además a no ser creída, puesto que su honestidad y mucho juicio la abonasen para cuanto quisiese decir en su defensa. Mas después de bien pensado lo dejaba, y resumía todas sus reflexiones en estas cristianas palabras: Dios me perdone aquel yerro y no me dé todo el bien en esta vida.

miércoles, 6 de enero de 2021

Lo Camí, VIII.

VIII.

Segóns Roc, lo Moñigo, la Pesteta menuda ere una de les dones del poble que teníe lo ventre sec. Aixó, encara que de difíssil comprobassió, no suposabe res de particulá perque les Pestetes, mes o menos, u teníen tot sec.

La Pesteta menuda va torná al poble en lo tranvía interprovinsial als tres mesos y cuatre díes, exactamen, de la seua fuga. La tornada, com antes la fugida, va constituí un acontessimén a tota la vall, encara que, tamé, com tots los acontessiméns, va passá y se va olvidá y va sé sustituit per un atre acontessimén al que tamé li va passá lo mateix, y se va olvidá. De esta manera anabe elaboránse, poc a poc, la elemental historia de la vall. La Pesteta menuda va torná sola, y a don Dimas, lo del bang, no se li va torná a vore lo pel, a pesá de que don José, lo mossen, prejusgabe que no ere mal mosso. Bo o roín, don Dimas se va esfumá al aire, com se disolvíe, sense dixá rastre, lo eco de les montañes. Va sé Cuco, lo factó, lo que primé va portá la notíssia al poble. Después de la "radio" de don Ramón, lo apotecari, Cuco, lo factó, ere la compañía mes codissiada del puesto. Les seues notíssies eren sempre fresques y curioses, encara que no sempre edificáns. Cuco, lo factó, teníe una personalidat de bon añ, en espenta, expansiva y físicamen optimista. Daniel, lo Mussol, lo admirabe; admirabe lo seu carácter, los seus coneiximéns y la simplissidat en la que manejabe y controlabe la eixida, entrada y sirculassió dels trens per la vall. Tot aixó implicabe una capassidat; la ductilidat y lo talento de organissasió de un factó no se improvisen.
Irene, la Pesteta menuda, al apeás del tren, portáe llágrimes als ulls y pareixíe mes magra y consumida que cuan va marchá, tres mesos abáns. Pareixié que caminare portán una cárrega invissible damún que la obligabe a belcás per la sintura. Eren, sense duda, los remordiméns. Vestíe com solen vestí les dones viudes, mol viudes, tota de dol y en una mantelleta negra y atapida que li escamotejabe la cara. Habíe plogut durán lo día y la Pesteta, al pujá la costa, camí del poble, no se preocupabe de bordejá los charcos, li pareixíe trobá un raro consol a la inmersió repetida de los seus pevets als clots y al fang de la carretera. Lola, la Pesteta gran, se va quedá parada al vore a san germana, indessisa, a la porta de la tenda. Se va passá la ma repetidamen per los ulls com volén esbarrá una aparissió roína.

- Sí, soc yo, Lola - va murmurá la menuda -. No te extraños. Encara que pecadora y tot, hay tornat. ¿Me perdones?

- ¡Per los siglos dels siglos! Vine aquí. Passa - va di la Pesteta gran.

Van desapareixe les dos germanes a la trastenda. Allí se van mirá la una al atra en silensio. La Pesteta menuda se manteníe arrupida, en lo cap cacho, humillada.
La gran aparentabe habés engordit de repén en la tornada y lo arrepentimén del atra.

- ¿Saps lo que has fet, Irene? - va sé lo primé que li va di.

- Calla, per favor - va ploriquejá la germana, y se va desplomá damún de la taula, plorán a moc estés. La Pesteta gran va respetá los plos de san germana. Los plos son nessessaris pera rentá la consiensia. Cuan la Irene se va alsá, les dos germanes se van torná a mirá als ulls. Apenes pressisaben de paraules pera enténdres. La comprensió ixíe del inexpresat:

- Irene, ¿has...?

- Hay...

- ¡Deu meu!

- Me va engañá.

- ¿Te va engañá o te vas engañá?

- Com vullgues, germana.

- ¿Ere lo teu home cuan...?

- No... Ni u es ara.

- ¡Deu meu! ¿Esperes...?

- No. Ell me va di... ell me va di...

Se li va trencá la veu en un gemec. Se va fé un atra vegada silensio. Al remat, la Pesteta gran va preguntá:

- ¿Qué te va di?

- Que era machorra.

- ¡Canalla!

- Ya u veus; no puc tindre fills.

La Pesteta gran va pedre de repén los bons modals y, en estos, los estribos.

- Ya saps lo que has fet, ¿verdat? Has tirat la honra. La teua, la meua y la de la beneída memoria dels nostres pares...

- No. Assó no, Lola, per l'amor de Deu.

- ¿Quín atra cosa, entonses?

- Les dones fees no tenim honra, desengáñat, germana.

Díe aixó en gesto ressignat, aplanida per un inexorable convensimén. Después va afegí:

- Ell u va di aixina.

- La reputassió de una dona es mes pressiosa que la vida, ¿no u sabíes?

- U sé, Lola.

- ¿Entonses?

- Faré lo que tú digues, germana.

- ¿Estás disposada?

La Pesteta menuda va acachá lo cap.

- U estic - va di.

- Vestirás de dol lo que te quede de vida y tardarás sing añs en assomát al carré.
Éixes són les meues condissións, ¿les asseptes?

- Les assepto.

- Pucha a casa, entonses.

La Pesteta gran va tancá en clau la porta de la tenda y va pujá detrás della. Ya a la seua habitassió, la Pesteta menuda se va assentá al canto del llit; la gran li va portá una grela en aigua tibia y li va rentá los peus. Durán esta operassió van está callades.
Al acabá, la Pesteta menuda va suspirá y va di:

- Ha sigut roín, ¿saps?

La Pesteta gran no va contestá. Li faie un sec respecte lo ademán de dessolasió de san germana. Esta va continuá:

- Volíe los meus dinés. Lo mol pocavergoña se creíe que teníem mols dinés; un mun de dinés.

- ¿Per qué no li vas di a tems que entre les dos sol sumáem mil duros?

- Haguere sigut la meua perdissió, germana. Me haguere abandonat y yo estaba enamorada dell.

- Callá es lo que te ha perdut, loca.

- Sels va gastá tots, ¿saps?

- ¿Qué?

- Va viure en mí mentres van durá los dinés. Se van acabá los dinés, se va acabá Dimas. Después me va dixá tirada com a una perduda. Dimas es un mal home, Lola. Es un home roín y cruel.
Les magres galtes de la Pesteta gran se van ensendre encara mes de lo que habitualmen rochecháen.

- Es un lladre. Assó es lo que es. Igualet, lo mateix quel atre Dimas - va di.

Se va quedá silensiosa al apagás lo seu arrebato. De repén los escrúpols van escomensá a socaváli la consiensia. ¿Qué es lo que habíe dit de Dimas, lo bon lladre?
¿No li agradaben al siñó esta classe de arrepentits? La Pesteta gran va sentí un viu remordimén. "De tot cor te demano perdó, Deu meu", se va di. Y se va proposá que en son demá, només eixecás, aniríe a reconsiliás en don José; ell sabríe perdonála y consolála. Aixó ere lo que nessessitabe: una mica de consol. Se va torná a passá la ma per los ulls, tratán de desfé lo malsón. Después se va soná en soroll lo llarg nas y va di:

- Está be, germana; múdat de roba. Yo torno a la tenda. Cuan acabos pots regá los geranios de la galería com fées sempre abáns de la desgrassia. Demá vorás a don José. Has de rentá lo abáns possible la teua alma en pecat.

La Pesteta menuda la va interrumpí:

- ¡Lola!

- ¿Qué?

- Me fa molta vergoña.

- ¿Es que encara ten quede?

- ¿De qué?

- De vergoña.

Irene va fé momos de dessesperasió.

- No u puc remediá, germana.

- Vergoña teníes que habén tingut antes de escapát en un home desconegut.
¡Per Deu beneít que entonses no vas fé estos remilgos!

- Es que don José, don José... es un san, Lola, comprénu. No entendríe la meua flaquesa.

- Don José comprén totes les flaqueses humanes, Irene. Deu está en ell. Ademés, una bona confessió forme tamé part de les meues condissións, ¿enténs?

Se va sentí lo tintineo de una moneda contra los vidres de la tenda.
La Pesteta gran se va impassientá:

- Venga, dessidixte, maña; criden a baix.

Irene, la Pesteta menuda, va acsedí, al remat:

- Está be, Lola; demá me confessaré. Estic dessidida.

La Pesteta gran va baixá a la tenda. Va doná mija volta a la clau y va entrá Catalina, la Lepórida o Llebre. esta, com les atres germanes, teníe lo labio de dal plegat com los conills y lo seu nasset se movíe sense pará com si ensumare, com algúns cachaps de Valchunquera. Los van ficá lo mote de Llebres. Tamé les apodaben les Caques, perque se díen Catalina, Carmen, Camila, Caridat y Cassilda y son pare habíe sigut farfallós o tartamut. (Menos mal que lo del registre no ere un fill de puta.)

Catalina se va arrimá al mostradó.

- Una pesseta de sal - va di.

Mentres la Pesteta gran la despachabe, ella va alsá la careta de cachap cap al techo y durán uns segóns van vibrá nerviosamen les aletes del seu nas.

- Lola, ¿es que tens forastés?

La Pesteta se va tancá, hermética. Les Llebres eren les telefonistes del poble y sabíen les notíssies casi tan pronte com Cuco, lo factó. Va contestá:

- No, ¿per qué?

- Pareix que se sen soroll a dal.

- Sirá lo gat.

- No, no; son potades.

- Tamé lo gat poteje.

- Enténme, son patejades de persones. No sirán lladres, ¿verdat?

La Pesteta gran va tallá:

- Ti, la sal.

La Llebre va torná a mirá cap al techo, va ensumá lo ambién en insistensia y, ya a la porta, se va girá:

- Lola, seguixco sentín potades a dal.

- Está be. Vésten en Deu.

Poques vegades la tenda de les Pestetes va está tan concurrida com aquella tarde y poques vegades tamé, de tan creixcut número de clientes, va eixí una caixa tan mesquina.

Rita, la Tonta, la dona del sabaté, va sé la segona en arribá.

- Dos reals de sal - va demaná.

- ¿No ne vas pendre ahir?

- Ne nessessito mes.

Al cap de una paussa, Rita, la Tonta, va acachá la veu:

- Tens llum a dal. Estará voltán lo contadó.

- ¿Me u has de pagá tú?

- Ni mu penso.

- Entonses díxal que volto.

Van arribá después la Basi, la criada del boticari; Uca, la del Chano; María, la Chata, que tamé teníe lo ventre sec; Sara, la Moñiga; les atres cuatre Llebres; Juana, l´ama de don Antonino, lo marqués; Rufina, la de Pancho, que desde que se va casá tampoc creíe en Deu ni en los sans, y datres vin dones mes.
Menos les cuatre Llebres, totes anaben a comprá sal y totes sentíen potades a dal o se enarbolaben, al vore llum per les finestres, per la carrera del contadó (casi com al Tour o la volta a España).

A les deu, cuan ya lo poble se rendíe al silensio, se va sentí la veu potenta, una mica engorgossada y arrastrada de Paco, lo ferré. Anabe este fen esses per lo carré y dabán dels balcóns de les Pestetes se va aturá. Portabe una botella a la ma dreta y en la zurda se rascabe sense pará lo clatell. Les frasses que cridáe hagueren resultat incoheréns si tot lo poble no haguere estat al cap del carré.

- ¡Viva la germana pródiga! ¡Viva la dona de les cuixes esmirriades y lo pit de taula!...-
va fé un cómic gesto de sorpresa, se va rascá un atra vegada lo clatell, va rotá, va torná a mirá als balcóns y va rematá: - ¿Quí te va robá lo cor? ¡Dimas, lo bon lladre!

Y sen enríe ell sol, embutín les poderoses barres de baix al gigán pitral. Les Pestetes van apagá la llum y van observá al escandalós per una regata de la finestra.
"Este perdut teníe que sé", va rossegá la Lola, la Pesteta gran, al descubrí la brillantó que lo farolet del racó arrancabe del pel roch y risat del ferré. Cuan este va pronunsiá lo nom de Dimas, li va entrá com un ataque de ñirvis a la Pesteta menuda.
"Per favor, trau an eixe home de ahí; que sen vaigue eixe home, maña.
La seua veu me torne loca", va di. La Pesteta gran va agarrá lo cubo o la galleta o lo poval aon desaiguabe la pica, va entreobrí la finestra y va aventá lo seu contingut cap a la cara de Paco, lo ferré, que en eixe momén escomensabe un nou vítor: - ¡Viva les...!
La remullada li va tallá la frasse. Lo borracho va mirá cap al sel en cara de idiota, va estendre les seues mans ficánse en creu y va rossegá pera nell, mentres avansabe fotén toms carretera abán: - Hala, Paco, cap a casa. Ya está diluvián un atra vegada.

martes, 11 de diciembre de 2018

HYGRÓPHORUS RÚSSULA

Jesús José Bel Conchello :

Bon día, avui en bolets del Matarraña.

HYGROPHORUS RUSSULA, DE LA FAMILIA DEL BABÓS. Tan la textura com lo gust, los trobo mol pareguts, per ahí penso que es poc coneguda, yo ne trobo a dos puestos y prou abundans. Son prou tardáns, cuan íssen estos, los demés ya se van acabán.

La foto es poc bona perque está feta aír, en llum artifissial y los bolets són del dissapte. Me vach olvidá la cámara y me vach percatá cuan vach veure la taula de Braulio Foz, que la tinc que retratá pa Ramón Guimerá Lorente, tamé tinc la messilla, les ulleres y dos cartes manuscrites a san germana, de allá pel 1852. Esta germana crec que ere bissagüela del meu agüelo Braulio.



HYGRÓPHORUS RÚSSULA, família, babós, Matarraña, Fórnols

sábado, 10 de noviembre de 2018

POESÍA A VALDERROBRES, Juan Carlos Abella

Este divendres publiquém una poesía que lo autó ha escrit en mol cariño al seu poble.

Juan Carlos Abella, Abelha en portugués :


A Valderrobres li vull contá
perque mai me dixe de agradá
de este poble estic tan enamorat
que no lo puc cambiá per cap.

Lo pon de pedra y lo portal de San Roc
san de disfrutá poc a poc,
prénte tems pa fet una foto
o pa assomát al riu, que dingú tu conto.
y cuan vorás la plassa y lo ajuntamén

entrendrás per qué agrade a tanta gen
tamé están la fonda y lo Pelleric
y fan un conjún mol bonic.
A dal de tot lo monumental castell
relluix ben orgullós tot ell,
es una joya del art aragonés
cada día que passe lo volém més.
La iglesia es dins del estil gótic
potsé lo seu monumén mes bonic
y a la seua vora te lo campanal
tan gran que te fara mirá cap a dal.
Cuan passejos pel carré San Roc
fesu tamé mol poc a poc,
vorás tanta bellesa a cada racó
que eixirás ben plé de emosió.
Lo carré del Carmen, y lo del Pilá
tamé se tenen que visitá,
les seues cases en les parets de pedres
pareixen noves de tan ben cuidades.
Costa del Notari, Portal de Bergós,
lo carré Plá, y los llavadós
lo del Ball, y lo carré Bonaire
de bonics animen a que la gen vaigue.
Tampoc mos podém olvidá de la Solana
pos tamé es mol visitada.
Plassa Santa Águeda, carrés Parras y Solanet
fan un conjún mol boniquet.
Lo pon de ferro parle en lo riu,
no te enfados mol, aixó li diu,
que cuán traus lo genio me fas patí
pos que ñá mol perill te volía dí.

Lo pon de ferro parle en lo riu,  no te enfados mol, aixó li diu,  que cuán traus lo genio me fas patí  pos que ñá mol perill te volía dí.


La arrabal s´ha fet mol gran,
no pare de tirá per abán,
es aon vivím la mayoría
allí fem la vida de nit y de día.
A la Caixa y al Perigañol
natros tamé los volém mol,
tota la vida mos porten vigilán
quina sort que mos cuido algo tan gran !
La Mola y tamé la Picossa
en lo pantano, no són consevol cosa.
San Miquel y lo Tossal del Rey
allá adal imposen la seua ley.
Los Sans, y Santa Madalena
són ermites en molta solera,
están voltades de pins y de carrasques
que fan sombra pa que tu hi vaigues.
Te escric en la llengua que mas donat
en la que tots sempre ham parlat
orgullosos li diém lo Chapurriau
y es una llengua plena de pau.
De parlá així no mos volém avergoñí
pos es part del nostre patrimoni,
a la nostra identidat la fa espessial
per aixó sempre tením que guardál.
Lo colom li diu a la perdiu
cuan volen juns per damún del riu
ficsat cuanta bellesa que ñá
de aquí no mon podém aná.
Valderrobres té sintonía de colós
de los mes majos, los millós,
per aixó en tan espessial
y ve tanta gen a visitál.
Valderrobres al turisme enamore
y cuan sen ván, algún ne plore
no se pensáen trobá tanta bondat
y de este poble san enamorat.
La Caixa y la Picossa se donen la má
per a així juntes podé cantá:

"Valderrobres cause furor
pos es bellesa y es amor".

domingo, 28 de julio de 2024

3. 11. La cova de Santolaria.

Capítul XI.

La cova de Santolaria.

La cova de Santolaria.

Teníe Pedro Saputo una tía, germana de son yayo per part de mare y de poca mes edat que sa mare, al poble de Santolaria la Mayor, aon va aná a pará desde Barbastro y aon desde chiquet solíe aná los estius a passá algunes temporades. Lo volíe mol sa tía y tota la familia, que ere numerosa y no tan pobre pera que no lo pugueren convidá al seu gust. Al poble lo idolatraben y sentíen que no fore de allí dién cada vegada que lo veíen: llástima que haigue naixcut a Almudévar.

Li agradáe mol lo sel de Santolaria, y solíe di que sol faltabe an aquell poble una calzada o refalda que formare replá hasta la seua mitat o tersera part del lloc pera criás allí los millós entenimens y les mes glorioses imaginassions del mon. Perque lo mirá sempre aon se fiquen los peus, díe que embote los ingenios y fa les almes raquítiques, apocades y terrenes.

Sen anabe moltes vegades a dreta y esquerra de la serra, atres al nort y per lo sentro a recorre aquelles atalayes, aquelles quebrades, esplugues o espelunques y barrangs, ya en la flauta, ya en la escopeta, y sempre en la llapissera y algún llibre, encara que rara vegá lo obríe, perque li arrebataben la imaginassió aquelles magnífiques, sublimes y silensioses soledats. Allí ere poeta, ere pintó, ere filóssofo. Tan pronte se 'l veíe a la corona de un alta peña inacsessible, com al peu de aquelles eternes impotens muralles y torreons, calculán libremen los siglos de la seua fundassió y elevanse a la contemplassió de la eternidat y del poder y grandesa del creadó que tot u va traure del no res.

A un de estos filossofics passeos an aquells palaus y alcassars de la naturalesa, se va assentá al peu de una peña a pendre la fresca, y dixanse caure cap atrás va repará que una mica mes amún ñabíe una boca o forat que tapaben casi del tot unes herbes naixcudes a la mateixa peña. Va sentí al cor un fort dessich de pujá a vore lo que ere y hasta embutís a dins, si cabíe; y agarrán unes pedres va fé un poyet desde aon va llimpiá la entrada de herbes, se va ajupí y va embutí lo cap, perque lo boquete ere mes ample de lo que pareixíe. Aquella entrada se anabe eixamplín al pas que adelantabe per nella, que ere mol poquet a poquet y tremolán, perque se acababe la llum de la boca y la cova teníe trassa de sé mol fonda. Se girabe a mirá cap a la zaga cada tres o cuatre passes; y mentres allá lluñ se atinabe algo de claridat de la llum de la porta, va aná entrán per aquella regió fosca y paorosa y reconeixén aquell ventre amagat de la peña. Lo enterra an algunes parts ere arenós, com a sauló, a datres pedregós, atres llimpio y sec; la cova, en general, de cuatre a sing peus de altura, de sis a siat lo mes alt, y un poc menos ampla aon no ñabíen colses. Va patejá a una vora una cosa dura, va tentá en la má y ere un martell de ferro sense mánec, lo que li va pareixe una troballa de gran preu y un indissi de habé entrat atres antes que ell; y hasta va pensá lo que se diu a España, que no ña cova retirada que no se cregue que fore albergue dels moros y depósit de les seues riqueses cuan anaben perdén la terra y no desconfiaben de recobrala o recuperala en milló fortuna, amaganse mentrestán an elles moltes families y vivín amagades, engañán en disfrás de cristianos si ixíen a pendre llengua de lo que passabe y a provís de lo menesté. Pedro Saputo va dixá allí lo martell com a siñal de hasta aon habíe arribat, y en ánimo de torná un atre día mes prontet, pos ere ya algo tard, sen va eixí de la cova y va torná al poble.

Va matiná en son demá; se va emportá un chisquero o mechero de mecha pera ensendre, una llinterna de cristals y un atra de papé, dos bujíes, un siri de dos a tres pams, un gabiñet de monte y un arcabús, y espoleján a la mula y apeanse cuan veníe mal camí, va arribá al puesto en menos de dos hores. Va millorá lo poyet, va tirá a dins los instrumens, va entrá com un gat, a marramiaus, y dixán una bujía aon se acababe la claridat de la porta y una llanterna un poc mes a dins va aná en lo siri a la má mirán y penetrán la cova. Va arribá al martell, y a poques passes mes se va trobá a una sala que podíe dís espassiosa, pos teníe uns deu passos de ampla en diámetro y com a set peus de alta; y seguín a la dreta un forigó que continuabe mes estret que lo de la entrada, va topá en un cadáver tombat pancha per aball, pero girada la cara a un costat y los brassos amples, sense mes roba que la camisa y un corpiño a la antiga; tot ell sansé estáe tan ben conservat que encara que estiguere de coló negre y passat pareixíe que acababe de morís o que estabe dormín. Li va doná tan horror a la vista, que se li van esturrufá los pels y li penabe habé entrat. Lo va tocá en lo peu y se va desfé en pols tota una cama. Lo va dixá aixina, y sén lo mateix pera la temó torná cap atrás que tirá cap abán, va volé acabá lo reconeiximén.

A uns sis passos mes a dins y damún de una colcha o camilla an terra va topá un atre mort, pero dona, no menos sansera y ben conservada, mich tapada en una manta o cosa que u pareixíe, y a la llum del cresol brillaben com a foc les riques pedres de un collá que portáe ficat y de les arracades, y l'or de una cadena pressiosa que en una joya de gran valor caíe per un costat. Se va esglayá; les cames li flaquejaben y l'alma se li perdíe al cos. Volíe agarrá aquelles joyes y no se atrevíe. Al final, pera recobrá l'ánim y vense cara a cara a la po se va assentá entre los dos cadavers, y mirán ya al un, ya a l'atre se va ficá a discurrí lo que alló podríe habé sigut, cuan va repará en uns instrumens de guiarra que ñabíe a la voreta del primé cadáver contra la paret, y alguns caiguts an terra. Va aná a examináls y eren dos alfanjes, dos espases, tres gabiñets, una daga, un peto, un morrión, y per allí escampats alguns pedernals, trossos de asser, dos o tres llimes, dos parells de mordasses curtes, tres botelles de vidre, alguns pots, una alcuza y datres utensilis; un salé, dos o tres culleres de plata, atres tantes de fusta de boix, relíquies de pa o al menos u pareixíe, carbó y un foc an terra en sendra, ossos y atres coses que no se coneixíe lo que eren, tot a un racó o ángul que formabe la peña. Ñabíen tamé algunes robes que al tocales se desféen en pols, menos la seda de alguna y los bordats.

Un poc mes tranquil y sereno al examen de estos objectes, va aná seguín aquell negre y horrorós claustro hasta unes dotse passes mes allá dels cadavers, aon se acababe. Y com va advertí que lo remat estabe fet a pic, y que acababe com a una tronera, va examiná esta y va vore que u ere en efecte; una enchumenera o respiradero que se tancabe en una pedra mol ajustada, la va soltá sense massa dificultat, va vore la llum del sol y los montes y peñes de enfrente, pero no teníe de diámetro mes que sing o sis pulgades. Com entrabe algo de ven y perilláen les llums la va tancá y va doná per acabat lo registre de la cova.

Va arribá hasta los cadavers, y miranlos va di: esta es dona y aquell, home; sense duda va sé un bandolero y ella la seua dona o la seua querida, que se albergaben an esta cova y van morí sense auxili humano; o van sé dos amans que aquí se van amagá en tota esta prevensió de armes y provisions que, pareix, no van consumí, al menos per radera vegada, morín potsé entabuchats y aufegats pel fum, com pareix per la seua separassió y actitut y per estes siñals de foc. Siguéu qui vullguéu, joves desgrassiats, lo món tos va olvidá mol pronte, pos ni tradissió ha quedat de la vostra desaparissió ni de la vostra existensia, si no ereu de paísos mes apartats. Descanséu en pas, y no portéu a mal que yo arreplega estes joyes que tos adornaben y vau portá en vatros pera gala y honor de les vostres persones, y tamé sense duda pera auxilio y reparo de la sort. Y dién aixó va espabilá la llum, y a un foradet natural que ñabíe a la peña a modo de armari va vore una arqueta que, peganli en lo gabiñet un parell de cops, va saltá en ascles minudes y casi tot en pols, y va dixá vore al seu seno lo tessoro de aquells infelisos, ara seu per dret de ocupassió o de natural herensia. Al vórel va di: no ha sigut mal empleat lo viache: encara que sense aixó lo donaría tamé per bo. Eren monedes de or y plata en abundansia unes y atres y mes les primeres, y brillaben moltes pedres engastades a collás de or, arracades, brincos, joyes, adornos del cap, ajorcas y una empuñadura de espasa sembrada de carreres de diamans y perles finíssimes y la roseta, de brillans. Va traure lo tessoro; y miranlo y calculán lo seu valor, per lo que fa a les monedes u va jusgá per lo pes y comparassió en les actuals, pos les mes ressentes no baixaben de sen a sen sincuanta añs de antigüedat; li va pareixe que tot jun y lo que la dona portáe damún podríe valé de nou a deu mil escuts. 

Y giranse cap als cadavers va di: No tos conec les señes, no són clares, pero sí sospechoses, perque es molta riquesa pera dos simples amans. Diéu: ¿de aón u vau traure? ¿Quí sou? Eixequeutos y contestéu. ¿Sol l'amor tos va portá y va fé viure an esta sepultura? ¿Van sé les vostres mans inossentes de tot atre delit? Lo silensio que seguíe an estes preguntes y la quietut eterna dels cadavers lo va horrorisá y tornáe a eixecás la temó al cor; conque va arreplegá lo tessoro, mes lo que portáe ficat la dona, y al tráurelay se li va desfé lo cap y part del pit, y tota una má aon portabe dos o tres anells riquissims, y sen va eixí emportanse un alfanje, una espasa y un gabiñet. Y pera que un atre que fore tan curiós com ell trobare algún premio de valor, va dixá al armari del cofret algunes monedes, un dengue, unes arracades y un collaret de no massa valor, de modo que tot jun y les armes que quedaben li va pareixe que vindríe a valé de uns tressens a tressens sincuanta escuts.

Va arribá a la boca de la cova, se va descarregá, y arribat abaix se va assentá, va respirá fondo y va descansá sense pugué eixecás, de baldat y esglayat, en un bon rato. Va desfé lo poyet después y va assolá y escampá los barroculs pera que no quedare rastre ni sospecha de la seua visita a la cova, y que si algú habíe de pujá an ella fore per la seua espontánea curiosidat y no seguín lo ejemple del que donaríen indissis aquelles pedrotes.

Va carregá la mula, va montá, y com encara no ere michdía, va aná per montes y peñascals y costeján serres y passán fondonades espantoses, a visitá la famosa cova de la Tova, no perque esperare trobá an ella algo de valor, sino per dissimulá lo seu viache y fé creure per les mostres de les armes que no podíe ni volíe amagá, y de algunes monedes que pensabe enseñá, que a la Tova ñabíen grans tessoros com díe y creíe lo vulgo, y com diu y creu encara al nostre tems.

En efecte, va entrá an ella una mica, va vore que nessessitabe mes ferramentes y aparells y si auncás tamé compañía; y com la curiosidat de aquell día habíe quedat satisfeta a la cova dels dos amans, se va assentá a la porta, se va minjá un pa en tomata y magre de espaleta que portabe, y donanli ya lo sol mol de ple y de esquena al camí, sen va entorná a Santolaria aon va arribá prop de les nou de la nit.

En lo que veíen que va portá Pedro Saputo (que sol eren les armes y algunes monedes a modo de medalles, perque lo tessoro lo va guardá ben guardadet), va creixe la fama per la montaña y peu de la serra, y dure encara, que a la Tova ña molta riquesa amagada; si be ell parláe sempre de aixó en misteri, ocultán la verdat y dixán pensá a cadaú lo que vullguere.

Roganli después moltes vegades coneguts y no coneguts que aniguere en ells a la Tova, contestabe que ell pera aná a traure tessoros no volíe compañía per no partí en ningú; y que lo que fore temorico no teníe que aná aon se nessessitabe cor y no llengua

Los parlabe de calaveres, de encantats, de simes y passadissos. 

- Imagineutos, díe, lagos o estañs negres, en sapos y serps que eixequen lo cap una vara per damún del aigua, que fotén uns grans chulits y sacsán la cresta tos van seguín per la vora y amenassán. Aquí toparéu en un mort que pareix viu, o en un viu que pareix mort; allá tos ixen dos agüeles en barbes y mantos blangs; mes abán topetéu en un home o una dona convertits en estatues de sintura per aball; a un atre costat entropesséu en una comunidat de flares de la Mersé; a lo milló sentíu suspiros y queixes que no se entenen y tos gelen la sang a les venes; o igual tos ve una volada de muixons en rostros humanos pegán bufits acollonans y de una aletada tos estamordixen y derriben an terra sense sentit. Pos ¿qué, cuan de repén se sén allá lluñ un estrapalussi y cridanera com si fore un ejérsit que aclame al seu general, a un príncipe? Miréu allá aon per supost no veéu res, y sentíu a la vostra esquena una carcañada que tos assuste y tos fa pixá damún. ¿Quí es lo guapo que tan valor té y no cau mort sen vegades?

En estos y datres disparates que se le ocurríen los fée mes temó a tots, y no se sap que ningú haigue reconegut encara del tot aquella cova que asseguren que es grandíssima y mol fonda. Mols, sí, parlen de ella y hasta de fes rics sol arribán y ficán les dos mans hasta los colses; pero les tinalles de or y plata encara se están allí com lo primé día. Perque si va algú, entre pocs passos, li agarre diarrea o cagarrines, se escagarse y sen entorne dixanla tota per registrá, o al menos les parts mes amagades y enrevessades, que es pressisamen aon han de está los tessoros.


Original en castellá:

Capítulo XI.

La cueva de Santolaria.

Tenía Pedro Saputo una tía, hermana de su abuelo materno y de poca más edad que su madre, en el pueblo de Santolaria la Mayor, adonde fue a parar de Barbastro y a donde desde niño solía ir los veranos a pasar algunas temporadas. Queríale mucho su tía y toda su familia, que era numerosa y no tan pobre que no le pudiesen agasajar a su gusto. En el pueblo idolatraban en él y no acababan de sentir que no fuese de allí diciendo cada vez que le veían que era lástima que hubiese nacido en Almudévar.

Gustaba mucho del cielo de Santolaria, y solía decir que sólo faltaba a aquel pueblo una calzada o refalda que formase rellano hasta su mitad o tercera parte del lugar para criarse allí los mejores entendimientos y las más gloriosas imaginaciones del mundo. Porque el mirar siempre dónde se ponen los pies, decía que hace los ingenios botos y las almas raquíticas, apocadas y terrenas.

Íbase muchas veces a derecha e izquierda de la sierra, otras al norte y por el centro a recorrer aquellas atalayas, aquellas quebradas, senos y barrancos, ya con la flauta, ya con la escopeta, y siempre con el lapicero y algún libro, aunque rara vez le abría, porque le arrebataban la imaginación aquellas magníficas, sublimes y silenciosas soledades. Allí era poeta, era pintor, era filósofo. Tan pronto se le veía en la corona de un alto peñasco inaccesible, como al pie de aquellas eternas impotentes murallas y torreones, calculando libremente los siglos de su fundación y elevándose a la contemplación de la eternidad y del poder y grandeza del criador que todo lo sacó de la nada.

En uno de estos filosóficos paseos a aquellos palacios y alcázares de la naturaleza, se sentó al pie de una peña a tomar el fresco, y dejándose caer supino reparó a poco más de un estado de elevación en una boca o agujero que cerraban casi del todo unas yerbas nacidas en la misma peña. Sintió en su corazón un deseo vehemente de subir a él y ver lo que era y aun meterse dentro si cabía; y recogiendo piedras hizo un poyo desde el cual limpió la entrada de yerbas y se encaramó y metió la cabeza, porque el boquete era más capaz de lo que parecía. Íbase aquella entrada ensanchando al paso que adelantaba por ella, que era muy poco a poco y temblando, porque se acababa la luz de la boca y la cueva tenía traza de ser profunda. Volvíase a mirar atrás cada tres o cuatro pasos; y mientras a lo lejos pudo ver alguna claridad de la luz de la puerta, fue entrando por aquella región oscura y pavorosa y reconociendo aquel vientre oculto de la peña. El suelo en unas partes era arenoso, en otras pedregoso, en otras limpio y seco; la concavidad, en general, de cuatro a cinco pies de altura, y de seis a siete por lo más, y un poco menos ancha donde no había recodos. Pisó a un lado una cosa dura, tentó con la mano y era un martillo de hierro sin mango, el que tuvo por hallazgo de gran precio y por indicio de haber entrado otros antes que él; y aun pensó de lo que se dice en España, que no hay cueva retirada que no se crea fue albergue de los moros y depósito de sus riquezas cuando iban perdiendo la tierra y no desconfiaban de cobrarla con mejor fortuna, escondiéndose entre tanto en ellas muchas familias y viviendo ocultas, engañando con disfraz de cristianos si salían a tomar lengua de lo que pasaba y a proveerse de lo necesario. Pedro Saputo dejó allí el martillo por señal de donde había llegado, y con ánimo de volver otro día más temprano, pues era ya la tarde, se salió de la cueva y tomó la vuelta del pueblo.

Madrugó al día siguiente; llevóse recado de encender, una linterna de cristales y otra de papel, dos bujías, un blandón de dos a tres palmos, un cuchillo de monte y un arcabuz, y espoleando la mula y apeándose en el mal camino, llegó al sitio en menos de dos horas. Mejoró el poyo, tiró dentro los instrumentos, se entró como un gato, y dejando una bujía donde se acababa la claridad de la puerta y una linterna un poco más adentro fue con el blandón en la mano mirando y penetrando la cueva. Llegó al martillo, y a pocos pasos más se encontró en una sala que para allí podía decirse espaciosa, pues tenía unos diez pasos de ancha en un diámetro y como siete pies de alta; y siguiendo a la derecha un boquerón y nuevo seno en que se continuaba más estrecho que el de entrada, dio con un cadáver tendido boca abajo, aunque vuelta la cara a un lado y los brazos anchos, sin más ropa que la camisa y un corpiño a la antigua; todo él entero y tan perfecto que fuera de color negruzco y pasado parecía que acababa de morir o que estaba durmiendo. Cogióle tal horror a su vista, que se le erizaron los cabellos y le pesaba de haber entrado. Tocólo empero con el pie y se deshizo en polvo toda una pierna. Le dejó así, y puesto ya en aquel paso y siendo lo mismo para el miedo volver atrás que ir adelante, quiso acabar el reconocimiento.

A unos seis pasos más dentro y encima de una colcha o camilla en tierra topó otro cadáver, pero de mujer, no menos entero y bien conservado, medio rebujado con una manta o cosa que lo parecía, del cual con la luz del blandón brillaban como fuego las ricas piedras de un collar que traía puesto y de los pendientes, y el oro de una cadena preciosísima que con una joya de gran valor le caía en tierra por un lado. Llenóse nuevamente de horror; las piernas le flaqueaban y el alma se le perdía en el cuerpo. Quisiera tomar aquellas prendas y no se atrevía. Al fin para cobrar el ánimo y vencer cara a cara el miedo se sentó entre los dos cadáveres, y mirando ya al uno, ya al otro se puso a discurrir lo que aquello podría haber sido: cuando repara en unos instrumentos de guerra que había al lado del primer cadáver contra la pared, y algunos caídos en el suelo. Fue a examinarlos y eran dos alfanges, dos espadas, tres cuchillos, una daga, un peto, un morrión, y por allí esparcidos algunos pedernales, trozos de acero, dos o tres limas, dos pares de tenazas cortas, tres botellas de vidrio, algunos tarros, una alcuza y otros utensilios; un salero, dos o tres cucharas de plata, otras tantas de palo, reliquias de pan o al menos que lo parecía, carbón y un hogar con ceniza, huesos y otras cosas que no se conocía lo que eran, todo en un rincón o ángulo que formaba la peña. Había también algunas ropas que al tocarlas se resolvían en polvo, si no es la seda de alguna y los bordados.

Un poco más cobrado y sereno con el examen de estos objetos, fue siguiendo aquel negro horroroso claustro hasta unos doce pasos más allá de los cadáveres, donde se acababa. Y como advirtiese que en el remate estaba mucha parte de él hecha a pico, y que terminaba como en una tronera, examinó ésta y vio que lo era con efecto; esto es una ventanilla o respiradero que se cerraba con una piedra muy ajustada, la cual, quitada con poca dificultad, vio la luz del sol y los montes y peñas de enfrente, puesto que no tuviese de diámetro más de cinco o seis pulgadas. Mas como entrase algo de viento y peligrasen las luces la cerró y dio por terminado el registro de la cueva.

Llegó hasta los cadáveres, y mirándolos dijo: ésta es mujer y aquél, hombre; sin duda fue un bandolero y ella su mujer o su querida, que se albergaba en esta cueva y murieron sin auxilio humano; o fueron dos amantes que aquí se escondieron con toda esta prevención de armas y provisiones que, al parecer, no consumieron, al menos por última vez, muriendo quizá ahogados del humo, como se parece por su separación y actitud y por estas señales de lumbre. Seáis quien queráis, jóvenes desgraciados, el mundo os olvidó muy pronto, pues ni aun tradición ha quedado de vuestra desaparición ni de vuestra existencia, si no érades de países más lejanos. Descansad en paz, y no llevéis a mal que yo recoja estas joyas que os adornaban y trujisteis con vosotros para gala y honor de vuestras personas, y también sin duda para auxilio y reparo de la suerte. Y diciendo así despabiló la luz, y en un hueco natural que había en la peña a modo de armario vio una arquilla que, dándole con el cuchillo un par de golpes, saltó en astillas menudas y lo más de ella en polvo, y dejó ver en su seno el tesoro de aquellos infelices, ahora suyo por derecho de ocupación o de natural herencia. Al verle dijo: no he perdido el viaje: aunque sin esto le diera por bien empleado. Porque eran monedas de oro y plata en abundancia unas y otras y más las primeras, y brillaban muchas piedras engastadas en collares de oro, arracadas, brincos, joyas, adornos de la cabeza, ajorcas y un puño de espada sembrado a carreras de diamantes y perlas finísimas y la roseta, de brillantes. Sacó el tesoro; y mirándolo y calculando su valor, aunque por lo que hace a las monedas lo juzgó por el peso y comparación con las actuales, pues las más recientes no bajaban de ciento a ciento cincuenta años de antigüedad; le pareció que todo junto y lo que la mujer traía encima podría valer de nueve a diez mil escudos. Y volviéndose a los cadáveres dijo: No os conozco las señas, no son claras, pero sí sospechosas, porque es mucha riqueza para dos simples amantes. Decid: ¿de dónde los hubisteis? ¿Quiénes sois? Levantaos y responded. ¿Sólo el amor os trajo e hizo vivir en esta sepultura? ¿Fueron vuestras manos inocentes de todo otro delito? El silencio que seguía a estas preguntas y la quietud eterna de los cadáveres le horrorizó de nuevo y volvía a levantarse el miedo en el corazón; conque recogió el tesoro, con más lo que traía puesto la mujer, que al quitárselo se deshizo la cabeza y parte del pecho, y toda una mano donde llevaba dos o tres anillos riquísimos, y se salió llevándose un alfange, una espada y un cuchillo. Y para que otro que fuese tan curioso como él encontrase algún premio de su valor, dejó en el armario del cofrecillo algunas monedas, un dengue, unos pendientes y un collarcito de no mucho valor, de modo que todo junto y las armas que quedaban le pareció que vendría a valer de unos trescientos a trescientos cincuenta escudos. Llegó a la boca de la cueva, descargóse, y llegado abajo se sentó, respiró y descansó no pudiendo levantarse, de cortado, en un buen rato. Deshizo el poyo después y derrumbó y esparció las piedras a fin de que no quedase rastro ni sospecha de su visita a la cueva, y que si alguno había de subir a ella fuese por su espontánea curiosidad y no siguiendo el ejemplo de que dieran indicios aquellas piedras.

Cargó su mula, montó, y porque aún no era mediodía, fue por montes y peñascales y costeando sierras y pasando profundidades espantosas, a visitar la famosa cueva llamada la Tova, no porque esperase encontrar en ella algo de valor, sino por disimular su viaje y hacer creer por las muestras de las armas que no podía ni quería ocultar, y de algunas monedas que pensaba enseñar, que en la Tova había grandes tesoros como decía y creía el vulgo, y como dice y cree aún en nuestro tiempo.

Con efecto, estuvo en ella, entró un poco adentro, vio que necesitaba más aparejos y acaso compañía; y como la curiosidad de aquel día había quedado satisfecha en la cueva de los dos amantes, se sentó a la puerta, se comió un pan y unas magras de tocino que llevaba, y dándole ya el sol muy de llano y de espaldas en el camino se volvió a Santolaria adonde llegó cerca de las nueve de la noche.

Con lo que veían que trajo Pedro Saputo (que eran las armas no más y algunas monedas a modo de medallas, porque el tesoro lo guardó muy callado), creció la fama por la montaña y pie de la sierra, y dura aún en el día, que en la Tova hay mucha riqueza escondida; si bien él hablaba siempre de esto con misterio ocultando la verdad y dejando pensar a cada uno lo que quisiese.

Rogándole después muchas veces conocidos y no conocidos que fuese con ellos a la Tova, y respondía que él para ir a sacar tesoros no quería compañía por no partir con nadie; y que el que fuese cobarde no debía de ir adonde se necesitaba corazón y no lengua. Hablábales de calaveras, de encantados, de simas y boquerones. - Imaginaos, decía, lagos negros, con sapos y culebras que levantan la cabeza una vara encima del agua, y dando silbidos y sacudiendo la cresta os van siguiendo a la orilla y amenazando. Aquí toparéis con un muerto que parece vivo, o con un vivo que parece muerto; allá os salen dos viejas con barbas y mantos blancos; más allá dais con un hombre o una mujer convertidos en estatuas de medio abajo; a otro lado tropezáis con una comunidad de frailes de la Merced; a lo mejor oís suspiros y quejas que no se entienden y os paran la sangre en las venas; ya sobreviene una bandada de aves con rostros humanos dando bufidos temerosos y que de un aletazo os aturdirán y derribarán en tierra sin sentido. Pues ¿qué, cuando de repente se oye a lo lejos una gritería como de un ejército que aclama a su general, a un príncipe? Miráis allá adonde por supuesto no veis nada, y sentís a vuestra espalda una carcajada que os aturde y deja corrido. ¿Quién es el guapo que tanto valor tiene y no se cae muerto cien veces?

Con estos y otros disparates que se le antojaba decir ponía más miedo a todos, y no se sabe que nadie haya reconocido aún del todo aquella cueva que aseguran que es vastísima y muy profunda. Muchos, sí, hablan de ella y aun de hacerse ricos sin más que llegar y meter ambas las dos manos hasta los codos; pero conversación: los tinajones de oro y plata aún se están allí como el primer día. Porque si va alguno, entra pocos pasos, le da diarrea y se vuelve a salir dejándola toda por registrar, o al menos las partes más recónditas, que es precisamente donde han de estar los tesoros.

jueves, 7 de enero de 2021

Lo Camí, XI. Roc, lo Moñigo, Quino, lo Manco

XI. 

Roc, lo Moñigo, va dixá de admirá y voldre a Quino, lo Manco, cuan se va enterá de que este habíe plorat hasta fartás lo día que se va morí la seua dona. Perque Quino, lo Manco, ademés de la ma, habíe perdut a la seua dona, la Mariuca. Y no siríe perque no lay avisaren. Mes que dingú la Josefa, que estabe enamorada dell, y lay refregabe per los nassos a la mínima oportunidat, y moltes vegades sense esperá la oportunidat.

- Quino, pénsau. Mira que la Mariuca está tíssica perduda.

Quino, lo Manco, se sulfurabe.

- ¿Y a tú qué collóns te importe, si se pot sabé? - díe.

La Josefa tragabe bilis y lo dixáe. Per la nit plorabe, a soles, a la seua alcoba, hasta amerá lo cuixí y se jurabe no torná a intervindre al assunto. Pero en son demá se olvidabe de la seua determinassió. Li agradabe massa Quino, lo Manco, pera abandoná lo campo sense cremá lo radé cartucho. Li agradabe perque ere tot un home: fort, serio y cabal. Fort, sense sé un animal com Paco, lo ferré; serio, sense arribá al esceptissisme, com Pancho, lo Sensedéu, y cabal, sense sé un san, com don José, lo mossen, u ere.
En fin, lo que se diu un home equilibrat, un home que no pecabe ni per exés ni per defecte. Quino, en realidat, no creíe en la tuberculossis. Lo món, pera nell, estabe ple de prims y gorts. Mariuca ere prima, com primes eren doña Lola y doña Irene, les Pestetes y Andrés, lo sabaté. Y ell ere gort, com u ere tamé Cuco, lo factó. Pero assó no volíe di que los atres estigueren doléns y ells sanos. De la Mariuca díen que estabe tíssica desde que va naixe, pero ahí la teníen als seus vintytrés añs, fresca com una flo.

Quino se va arrimá an ella sugestionat mes que enamorat. La seua natural tendensia lo inclinabe a les femelles gordetes, de formes calentes, caigudes per lo seu propi pes, y exuberáns. Concretamen, cap a dones com la Josefa, pretes, denses y apelmassades. Pero Quino, lo Manco, reflexionabe aixina: "A les siudats, los siñorets se casen en les femelles flaques. Algo espessial tindrán les primes cuan los siñorets, que tenen estudis y talento, les busquen aixina". Y se va arrimá a la Mariuca perque ere prima. Als pocs díes, sí que se va encaprichá. Se va enamorá segamen de ella perque teníe la mirada trista y sumissa com un corderet y la pell blavosa y clarejabe com la porcelana. Se van entendre. A la Mariuca li agradabe Quino, lo Manco, perque ere la seua antítessis: massís, vigorós, corpulén y en uns ulls aguts y punchadós com a bisturís.

Quino, lo Manco, va dessidí casás y los veíns se li van fotre damún:
"La Mariuca está delicada". "La Mariuca está dolenta". "La tissis es mala compañía".
Pero Quino, lo Manco, va saltá per damún de tot y un matí relluén de primavera se va presentá a la porta de la iglesia embutit a un traje blau y en un mocadó blang lligat al coll. Don José, lo mossen, que ere un gran san, los va beneí. La Mariuca li va ficá la aliansa al dit anular, de annulus, lo del anell, de la ma zurda, perque Quino, lo Manco, teníe secsionada la ma dreta.

La Josefa, a pesá de tots los intentos, no va pugué amargáli la lluna de mel. La Josefa se va proposá que li pesare tota la vida sobre la consiensia la sombra de la seua desgrassia. Pero no u va conseguí. A la iglesia, a la primera amonestassió, va saltá com una pantera, cridán, mentres corríe cap al altá de san Roc y ficán al san per testigo, que la Mariuca y Quino, lo Manco, no se podíen casá perque ella estabe tíssica. Va ñabé, primé, un revol y, después, un silensio fet de sen silensios, al templo. Pero don José coneixíe milló que ella los impediméns y tot lo dret Canónic.

- Filla - li va di -, la ley del siñó no prohibix als doléns contraure matrimoni. ¿U has entés?

La Josefa, desesperada, se va dixá caure sobre les grades del presbiterio y va escomensá a plorá com una loca, mesánse lo pel y demanán compassió. Tots la compadíen, pero ressultabe inoperán fabricá, en un momén, un atre Quino. Desde los bangs del fondo, aon se assentaben los homens, lo Manco sonreíe tristemen y se donabe cops amistosos en lo muñó a la barbilla. La Pesteta gran, al vore que don José dudabe, sense sabé quín partit pendre, se va adelantá hasta la Josefa y la va traure de la iglesia, agarránla compassivamen per les axiles. (La Pesteta gran va pretendre, después, que don José, lo retó, diguere un atra missa en atensió an ella, ya que entre traure a la Josefa de la iglesia y aténdrela un rato al atrio se li va passá lo Sanctus. Y ella afirmabe que no se podíe quedá sense missa per fé una obra de caridat, y que alló no ere just, ni raonable, ni lógic, ni moral y que se la minjaben per dins los remordiméns y que ere la primera vegada que li passabe alló a la seua vida... A dures penes don José va lográ apassiguála y tornáli la seua inestable pas de consiensia). Después va continuá lo san sacrifissi com si res, pero al domenge siguién no va faltá a missa ni Pancho, lo Sensedéu, que se va colá subreptissiamen al coro, detrás de lo armonio. Y lo que passe. Aquell día, don José va lligí les amonestassións y no va passá res. Al pronunsiá lo mossen lo nom de Quino va eixí un suspiro aufegat del bang que ocupabe la Josefa. Pero res mes. Pancho, lo Sensedéu, va di, al eixí, que la piedat ere inútil, un traste, que an aquell poble no se traíe res en llimpio sén un bon creyén y que, per tan, no tornaríe a patejá la iglesia.

Lo gros va passá durán lo refresco lo día de la boda, cuan dingú pensabe pera res en la Josefa. Que dingú pensare en ella potsé fore lo motiu que la va espentá a cridá la atensió de aquella bárbara manera. De totes maneres va sé alló una fosca y dolorosa contingensia. Lo seu crit se va sentí perfectamen desde lo corral de Quino, lo Manco, aon se reuníen los convidats. Lo crit proveníe del pon y tots van mirá cap al pon. La Josefa, tota despullada, estabe pujada al pretil, de cara al riu, y mirabe la fiera corrén en los ulls fora de les cassoletes. Tot lo que sels va ocurrí a les dones pera evitá la catástrofe va sé cridá, ficá los ulls com a plats, y desmayás. Dos homens van apretá a corre cap an ella, segóns díen pera aguantála, pero les seues dones los van maná agramen tirás cap atrás, perque no volíen que los seues homens veigueren de prop a la Josefa en pilota picada. Entre estes dudes, la Josefa va torná a cridá, va eixecá los brassos, va ficá los ulls en blang y se va aviá a la fosca corrén del Chorro. Van acudí cap allí tots menos los novios. Al poc tems va torná a la taberna lo juez

Quino, lo Manco, li díe en eixe momén a la Mariuca: - Eixa Josefa es una burra.

- Ere...- va corregí lo juez.

Per aixó van sabé la Mariuca y Quino, lo Manco, que la Josefa se habíe matat.

Pera enterrála al sementeriet apegat a la iglesia van ñabé los seus mes y menos, pos don José no se aveníe a donáli entrada al fossá a una suissida y no u va consentí sense antes consultáli al ordinari. Al final van arribá notíssies de la siudat y tot se va arreglá, pos, per lo vist, la Josefa se habíe suissidat en un estat de enajenassió mental transitori.

Pero ni la sombra de la Josefa va valé pera avinagrá les mels de Quino al seu viache de bodes. Los novios van passá una semana a la siudat y de tornada li va faltá tems a la Mariuca pera anunsiá als cuatre vens que estabe preñada.

- ¿Tan pronte? - li va preguntá la Chata, que no se explicabe cóm unes dones se quedaben preñades gitanse una nit en un home y datres no, encara que se gitaren en un home totes les nits de la seua vida.

- Míratela esta. ¿Qué té la cosa de particulá? - va di la Mariuca.

Y la Chata va mastegá una palabrota per dins.

Lo prossés de gestasió de la criatura no va sé normal. Tal com se li abultabe la pancha a la Mariuca se li afilabe la cara de una manera alarmán. Les dones van escomensá a murmurá que la chica no aguantaríe lo parto. Lo parto sí quel va aguantá, pero se va quedá al sobreparto. Va morí tíssica a la semana y mija de criá y va sé als sing mesos justos de suissidás la Josefa. Les comares del poble van escomensá a explicás entonses la pressa de la Mariuca per a pregoná lo seu estat, encara abáns de apeás del tren que la va portá de la siudat. Quino, lo Manco, segóns díen, va passá la nit sol, plorán jun al cadáver, en la chiqueta ressién naixcuda als brassos y acarissián tímidamen, en lo retortigat muñó, la inerte melena rubia de la morta.
La Pesteta gran, al enterássen de la desgrassia, va fé este comentari:

- Aixó es un cástic de Deu per habés minjat lo cocido abáns de les dotse.

Se referíe a lo del naiximén prematuro, pero l´ama de don Antonino, lo marqués, teníe raó al comentá que seguramen no ere alló un cástic de Deu, ya que la Irene, la Pesteta menuda, se habíe minjat no sol lo cocido, sino lo caldo tamé abáns de les dotse, y no li habíe passat res. En aquella época, Daniel, lo Mussol, sol teníe dos añs, y cuatre Roc, lo Moñigo. Sing añs después van escomensá a visitá a Quino de tornada del bañ a la Badina del Inglés, o de peixcá cangrejos o madrilles. Lo Manco ere tot generosidat y los donabe una tassada de sidra de barril per una perra chica. Ya entonses la tasca de Quino anabe de capa caiguda. Lo Manco tornabe les lletres sense pagá y los proveedós li negaben la mercansía. Gerardo, lo Indiano, lo va afiansá varies vegades, pero com no vée en Quino cap propósit de enmendás, passats uns mesos lo va abandoná a la seua sort. Y Quino, lo Manco, va escomensá a aná de tomb en tomb, de mal a pijó. Assó sí, ell no perdíe les ganes de charrá y continuabe regalán lo poc que li quedabe.
Roc, lo Moñigo, Germán, lo Tiñós, y Daniel, lo Mussol, solíen assentás en ell al bang de pedra de la carretera. A Quino, lo Manco, li agradabe charrá en los chiquets mes que en los grans, potsé perque ell, a fí de cuentes, no ere mes que un chiquet gran tamé.
A vegades, al llarg de la conversa, ixíe lo nom de la Mariuca, y en ell lo record, y a Quino, lo Manco, se li ameraben los ulls y, pera dissimulá la emossió, se pegabe cops en lo muñó a la barbilla. En estos casos, Roc, lo Moñigo, que ere enemic de llágrimes y de sentimentalismes, se eixecabe y coláe sense di res, emportánse als dos amics cusits als pantalóns. Quino, lo Manco, los mirabe tot parat, sense entendre may lo motiu que impulsabe als sagals pera marchá tan de repén de la seua vora, sense doná cap raó.

Quino, lo Manco, may se va vanagloriá en los tres menuts de que una dona se haguere matat despullada per nell. Ni va aludí an aquella contingensia de la seua vida. Si Daniel, lo Mussol, y los seus amics sabíen que la Josefa se habíe aviát en pilota al Chorro desde lo pon, ere per Paco, lo ferré, que no dissimulabe que li habíe agradat aquella dona y que si ella haguere volgut, siríe, an estes altures, la segona mare de Roc, lo Moñigo. Pero si ella va preferí la mort que lo seu enorme pitral y lo seu pel roch y risat, que se u minjare en lo seu pa. Lo que mes despertabe la curiossidat dels tres amics als tems cuan a la taberna de Quino se despachabe una tassada de sidra de barril per sing séntims, ere sabé la causa per la que al Manco li faltabe una ma. Constituíe la raó una historia sensilla que lo Manco contabe en sensillés.

- Va sé mon germá, ¿sabéu? - díe -. Fée lleña. Als concursos guañabe sempre lo primé premio. Partíe un trong gros en pocs minuts, antes que dingú. Ell volíe sé boxejadó.

La vocassió de son germá de Quino, lo Manco, aumentabe la tentassió dels sagals. Quino prosseguíe:

- Claro que aixó no va passá aquí. Va sé a Vizcaya fa quinse añs. No está lluñ Vizcaya¿sabéu? mes allá de estos montes - y siñalabe la punta fosca, empenachada de broma, del Pic Rando. A Vizcaya tots los homens volen sé forts y mols u són. Mon germá ere lo mes fort del poble, per assó volíe sé boxejadó; perque los guañabe a tots. Un día, me va di: "Quino, aguántam este trong, que vach a partíl en cuatre destralades". Aixó me u demanabe assobín, encara que may partiguere los trongs en cuatre asclades. Assó ere un di. Aquell día lay vach aguantá firme, pero al momén de descarregá lo cop, yo vach adelantá la ma pera féli una advertensia y ¡zas! - les tres caretes infantils expresaben, an aquell momén, un mateix nivell emossional. Quino, lo Manco, se mirabe cariñosamen lo muñó y sonreíe -: La ma va saltá a cuatre metros de distansia, com un ascla 

- continuabe -. Y cuan yo mateix vach aná a replegála, encara estabe calenta y los dits se retortigaben sols, nerviosamen, com la coa de una sargantana.

Lo Moñigo tremolabe al preguntáli:

- ¿Te... te importe amostrám de prop lo muñó, Manco?

Quino adelantabe lo bras, sonrién:

- Al contrari - díe.

Los tres chiquets, animats per la amable consessió del Manco, miraben y remiraben la incompleta extremidat, lo sobaben, ficaben les ungles brutes per les bades de la carn, se féen la un al atre indicassións y, al remat, dixaben lo muñó sobre la taula de pedra com si se tratare de un objecte ya inútil.

La Mariuca, la chiqueta, se va criá en lleit de cabra y lo mateix Quino li va prepará los biberóns hasta que va cumplí un añet. Cuan la yaya materna li va insinuá una vegada que ella podíe fes cárrec de la chiqueta, Quino, lo Manco, su va pendre tan a pit y se va enfadá tan que ell y la seua sogra ya no van torná a dirigís la paraula. Al poble asseguraben que Quino li habíe prometut a la difunta no dixá la criatura en mans de atre, encara que tinguere que criála en los propis pits. Aixó li pareixíe a Daniel, lo Mussol, una evidén exagerassió. A la Mariuca-uca, com la cridaben al poble pera indicá que ere una consecuensia de la Mariuca morta, la volíen tots menos Daniel, lo Mussol.
Ere una chiqueta de ulls blaus, en lo cabell dorat y la part alta de la cara pleneta de peques. Daniel, lo Mussol, va coneixe a la chiqueta mol pronte, tan, que lo primé record della se perdíe a la seua memoria. Después sí, recordabe a la Mariuca-uca, encara una coseta de cuatre añs, rondán los díes de festa per la vora de la formachería. La chiqueta despertabe en la mare de Daniel, lo Mussol, lo instín de la maternidat prematuramen trencada. Ella dessichabe una chiqueta, encara que haguere tingut la careta plena de peques com la Mariuca-uca. Pero assó ya no podríe sé. Don Ricardo, lo meche, li va di que después del aborto li habíe quedat lo ventre sec. Lo seu ventre, pos, se fée vell sense esperanses. De aquí que sa mare de Daniel, lo Mussol, sentiguere cap a la menuda huérfana una inclinassió casi maternal. Si la veíe pindongueján per les inmediassións de la formachería, la cridáe y la assentabe a la taula.

- Mariuca-uca, filla - díe, acarissiánla -, voldrás una mica de collada, ¿verdat?

La chiqueta assentíe. Sa mare del Mussol la ateníe solíssita.

- Menuda, ¿tens prou sucre? ¿Te agrade?

Tornabe a assentí la chiqueta, sense parlá. Al acabás la dolsaina, sa mare de Daniel se interessabe per los pormenors doméstics de la casa de Quino:

- Mariuca-uca, filla, ¿quí te rente la roba?

La chiqueta sonreíe: - Lo pare.

- ¿Y quí te fa lo minjá?

- Lo pare.

- ¿Y quí te pentine les trenes?

- Lo pare.

- ¿Y quí te rente la cara y les orelles?

- Dingú.

Sa mare de Daniel, lo Mussol, sentíe llástima de ella. Se eixecabe, ficáe aigua a una grela y li rentabe les orelles a la Mariuca-uca y, después, li pentinabe en cuidadet les trenes. Mentres fée esta operassió musitabe com una letanía: "Pobra chiqueta, pobra chiqueta, pobra chiqueta..." y, al acabá, díe pegánli una surreta al culet:

- Bueno, filla, aixina estás mes curioseta.

La chiqueta sonreíe débilmen y entonses sa mare de Daniel, lo Mussol, la agarrabe als brassos y la besabe moltes vegades, frenéticamen. Podríe sé que per naixó a Daniel, lo Mussol, este cariño de sa mare cap a la Mariuca-uca li faiguere que no fore san de la seua devossió. Pero no; lo que enfadabe a Daniel, lo Mussol, ere que la menuda Uca vullguere embutí lo nas a totes les salses y intervindre activamen en assuntos impropis de una dona y que no li tocaben. Sert es que la Mariuca-uca disfrutabe de una envejable libertat, una libertat una mica assalvachada, pero la Mariuca-uca ere una dona, y una dona no pot fé lo mateix que ells féen ni tampoc ells parlá de "aixó" dabán della. No haguere sigut delicat ni oportú. Per lo demés, que sa mare la vullguere y la convidare a collada los domenges y díes de festa, no li donabe ni fred ni caló. Li molestabe la insessán mirada de la Mariuca-uca a la seua cara, lo seu afán per a interseptá totes les contingensies y eventualidats de la seua vida.

- Mussol, ¿Aón anirás avui?

- Al dimoni. ¿Vols vindre?

- Sí - afirmabe la chiqueta, sense pensá lo que díe.

Roc, lo Moñigo, y Germán, lo Tiñós, sen enríen y lo puncháen, diénli que la Uca-uca estabe enamorada dell. Un día, Daniel, lo Mussol, pera desfés de la chiqueta, li va doná una moneda y li va di: - Uca-uca, tin aixó y vésten a la farmassia a pesám.

Ells sen van aná al monte y, al torná, ya de nit, la Mariuca-uca los aguardabe en passiensia, assentada a la porta de la formachería. Se va eixecá al vórels, se va arrimá a Daniel y li va torná la moneda.

- Mussol - va di -, diu lo boticari que pera pesát hi has de aná tú.

Los tres amics sen enríen mol y ella los mirabe en los seus intensos ulls blaus, probablemen sense enténdrels. Uca-uca, a vegades, habíe de fotre ma a tota la seua astussia pera pugué aná aon lo Mussol. Una tarde, se van trobá los dos sols a la carretera.

- Mussol - va di la chiqueta -. Sé aón ña un niu de muixóns negres en polls emplomats.

- Dísme aón está - va di ell.

- Vine en mí y tel enseño - va di ella.

Y, eixa vegada, sen va aná en la Uca-uca. La chiqueta no li traíe l´ull de damún en tot lo camí. Entonses sol teníe nou añs. Daniel, lo Mussol, va sentí la impresió de les seues nines a la carn, com si li escarbaren en un punchó.

- Uca-uca, ¿per qué dimonis me mires aixina? - va preguntá.

Ella se va avergoñí, pero no va apartá la mirada.

- Me agrade mirát - va di.

- No me miros, ¿sens?

Pero la chiqueta o nol va sentí o li va fé un cas com un cabás.

- Te hay dit que no me miros, ¿no me has sentit? - va insistí ell.

Entonses ella va acachá los ulls.

- Mussol - va di -. ¿Es verdat que te agrade la Mica?

Daniel, lo Mussol, se va ficá colorat. Va dudá un momén, notán com un extrañ bambolleo al cap. Ignorabe si en estos casos se teníe que enfadá o si, per lo contrari, teníe que sonriure. Pero la sang continuabe acumulánseli al cap y, pera abreviá, se va indigná.
Va dissimulá, fén vore que li costabe saltá la valla de un prat.

- A tú no te importe si me agrade la Mica o no - va di.

Uca-uca va insinuá débilmen:

- Es mes gran que tú; te porte deu añs.

Se van enfurruscá. Lo Mussol la va dixá sola a un prat y ell sen va entorná cap al poble sense enrecordássen mes del niu. Pero en tota la nit no va pugué olvidá les paraules de Mariuca-uca. Al gitás va sentí una rara sensassió. Sin embargo, se va dominá. Ya al llit, va recordá que lo ferré li contabe moltes vegades la historia de la Pesteta menuda y don Dimas y sempre escomensabe aixina: "lo carnús ere quinse añs mes jove que la Pesteta...". Va sonriure Daniel, lo Mussol, a la oscurina. Va pensá que la historia podríe repetís y se va adormí arrullat per la sensassió de que lo voltaben los efluvios de una plássida y extraña felissidat.