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jueves, 20 de diciembre de 2018

Estudies una carrera, Laura Luelmo

Estudies una carrera.
Fas unes opossisións.
Per a conseguí les teues metes te dixes la sang, suó, llágrimes, mil hores de son y alguna que atra dioptría.
Te criden per a cubrí una baixa a un poble que ni saps situá al mapa.
Es sol per a una sustitussió temporal y te agarre mol llun.
Pero es una bona notíssia.
¿Qué collóns? ¡Es una gran notíssia!
Y ton pare obri una botella de vi per a selebráu.
Y ta mare escomense a tráure la roba de hivern.
Y tú tens una miqueta de temó perque eixí de la teua zona de confort y la teua terreta sempre acollone, pero tens cla que tens que anáy, que nessessites escomensá a adquirí experiénsia professional, traballá "de lo teu", llaurát un futuro, "embutí lo cap" an algún puesto.
Trobarás a faltá al teu novio, pero ell entén que tens que anáten per a créixe professionalmen y te apoye per a que u fáigues, encara que sap que te añorará mol.
Bueno, no passe res, tos voréu los caps de semana, tos abrassaréu en mes ganes y la verdat, te fa ilusió conéixe lo teu nou destino per a enseñálay cuan víngue a vóret.
Y lo día que ten vas ta mare te fique fiambreres a una bossa, insistíx en que no íxques de casa sense bufanda y te diu bastantes vegades que la cridos cada día.
Y a ton padre li cau una llagrimeta mentres veu cóm sen va de casa la
seua chiqueta per a guañás les llentíes. Y ta yaya te done un billet mol ben doblegadet com si fore de
contrabando.
"Venga, yaya, no fáe falta".
"A callá, prénlo, sagaleta!".
Y ten vas.
Poble nou.
Pis nou.
Traball nou.
Compañs nous.
"Hola, soc Laura, encantada".
Descubríxes aon está lo forn de pa mes prop de casa. Als teus veíns los escomense a soná la teua cara. Crides a la teua família cada día per a contáls les teues noves aventures y adornes la nevera en una foto aon lo teu chic te está donán un beset a la galta.
Y una tarde consevol íxes a fé deport y te cruses en un psicópata, un degenerat, un depredadó sexual, un assessino, un sádic...
Y un desconegut acabe en lo mes valiós que teníes: la teua vida. Y perdénla u perts absolutamen tot.
Lo teu novio no ballará en tú a la vostra boda.
Tons pares no sirán los yayos de tons fills.
Les teues amigues no podrán paí este sensesentit.
Ta yaya no se perdonará may habé viscut mes que tú.
Y tots passarán lo que los quede de vida preguntánse per qué no te van impedí que asseptares eixe traball, per qué te van animá a anáten al puesto aon te han tret la vida.
Sisquera que may mes dingú tingue que aná pel carré en temó, mirán cap atrás, aligerán lo pas perque algún extrañ ronde prop.
Ojalá no te haguere passat aixó, Laura.
Ni a tú ni a dingú.
Descansa en pau ...

Estudies una carrera, Laura Luelmo
Laura Luelmo



Original en castellá, no sé lo autó:

“Estudias una carrera.
Haces unas oposiciones.
En tus metas te dejas sangre, sudor, lágrimas, mil horas de sueño y alguna que otra dioptría.
Te llaman para cubrir una baja en un pueblo que ni siquiera sabes situar en el mapa.
Es sólo para una sustitución temporal y te pilla bastante lejos.
Pero es una buena noticia.
¿Qué coño?
¡Es una gran noticia!
Y tu padre abre una botella de vino para celebrarlo.
Y tu madre empieza a sacarte la ropa de invierno del altillo.
Y tú tienes un poco de miedo porque salir de tu zona de confort siempre acojona, pero tienes claro que te quieres ir, que te tienes que ir, que necesitas empezar a adquirir experiencia profesional, trabajar "de lo tuyo", labrarte un futuro, "meter la cabeza" en algún sitio.
Vas a echar de menos a tu novio, pero él entiende que tienes que irte para crecer profesionalmente y te apoya para que lo hagas, pese a que sabe que va a añorarte muchísimo.
Bueno, no pasa nada, os veréis los fines de semana, os cogeréis con más ganas y a decir verdad te hace ilusión conocer tu nuevo destino para enseñárselo cuando vaya a verte.
Y el día que te vas tu madre te mete tuppers en una bolsa e insiste en que no salgas de casa sin bufanda y la llames cada día.
Y a tu padre se le cae una lágrima mientras ve cómo su niña se va de casa para ganarse las lentejas.
Y tu abuela te da un billete muy bien dobladito como si fuera de contrabando. "Anda ya, abuela, no hace falta". "Te callas y lo coges, niña".
Y te vas.
Pueblo nuevo.
Piso nuevo.
Trabajo nuevo.
Compañeros nuevos.
"Hola, soy Laura, encantada".
Descubres dónde está la panadería más cercana, a tus vecinos les empieza a sonar tu cara, llamas a tu familia cada día para contarles tus nuevas aventuras y adornas el frigorífico con una foto en la que tu chico te está dando un beso en la mejilla.
Y una tarde cualquiera sales a hacer deporte y te cruzas con un psicópata, un degenerado, un depredador sexual, un asesino, un sádico ...
Y un desconocido pone fin a lo más valioso que tenías: tu vida.
Y perdiéndola a ella lo pierdes absolutamente todo.
Tu novio no bailará contigo en vuestra boda.
Tus padres no serán abuelos de tus hijos.
Tus amigas serán incapaces de procesar este sinsentido.
Tu abuela no se perdonará jamás haberte sobrevivido.
Y todos pasarán el resto de sus días preguntándose por qué no te impidieron que aceptaras ese trabajo, por qué te animaron a irte al sitio donde te quitaron la vida.
Ojalá nunca nadie tuviera que ir por la calle con miedo, mirando hacia atrás, aligerando el paso por la cercanía de un extraño.
Ojalá no te hubiera pasado esto, Laura.
A ti ni a nadie.

jueves, 25 de febrero de 2021

JORNADA DÉSSIMA. NOVELA OCTAVA.

JORNADA DÉSSIMA. NOVELA OCTAVA.

Sofronia, creén sé la dona de Gisippo, u es de Tito Quinto Fulvio y en ell sen va a Roma; aon Gisippo arribe en pobre estat, y creén que Tito lo despressie, afirme, pera morí, que ha matat a un home. Tito, reconeixénlo, diu, pera salvál, quel ha matat ell, y veénu qui u habíe fet, se inculpe an ell mateix; per naixó son ficats en libertat per Octavio, y Tito a Gisippo li done a san germana per dona y se repartix en ell tots los seus bens.

Filomena, per orde del rey, habén callat Pampínea y habén ya totes elles alabat al rey Pedro, y mes gibelina que los atres, va escomensá:

Magnífiques siñores, ¿quí no sap que los reys poden, cuan volen, fé les mes altes coses y que ademés an ells los cumplix espessialíssimamen lo sé magnífics? Quí fa lo que té que fé, fa be; pero no ña que maravillás tan ni alsáu tan alt en alabanses com convendríe a datre que u faiguere, que, tenín menos possibles de ell menos se esperare. Y per naixó, si en tantes paraules les obres del rey exaltéu y tos pareixen bones, mol mes tos han de agradá les dels nostres iguals cuan se assemellen a les del rey o són encara millós; per lo que una admirable y magnífica obra feta per dos siudadáns amics me hay proposat contátos en una historia.
Al tems de Octavio César, no encara com Augusto, sino desde lo triunvirato, regíe lo imperi de Roma, va ñabé a Roma un home noble de nom Publio Quinto Fulvio que teníe un fill de nom Tito Quinto Fulvio, de maravellós ingenio, lo va maná a Atenas a adependre filossofía, y lo va recomaná a un home noble de la siudat de nom Cremetes, un antic amic seu. Per lo que Tito va viure a la seua propia casa, en compañía de un fill seu de nom Gisippo; y los dos van estudiá en un filósofo de nom Aristippo. Y frecuentánse mol los dos joves, tan van arribá a assemellás en les costums que una fraternidat y amistat tan gran va naixe entre ells que may después va sé destruida mes que per la mort; y cap dells se trobabe be si no estáen juns. Habíen escomensat los estudis, y los dos dotats de altissim ingenio, pujaben a la gloriosa altura de la filossofía en passes iguals y en maravillosa alabansa; y en esta vida (en grandíssim plaé de Cremetes, que casi consideraba als dos com a fills seus) van está al menos tres añs. Después, com passe en totes les coses, va passá que Cremetes, ya agüelo, va tancá los ulls an esta vida, de lo que los dos van sentí igual doló, y ni los amics ni los paréns de Cremetes veíen a quín dels dos se habíe de consolá mes. Va passá, después de uns cuans mesos, que los amics de Gisippo y los paréns van está en ell y jun en Tito lo van animá a pendre dona, y li van trobá una jove de maravillosa hermosura y de nobilíssims paréns y siudadana de Atenas, de nom Sofronia, de uns quinse añs de edat. Y arrimánse lo momén de les futures bodes, Gisippo li va demaná a Tito un día que anare en ell a vórela, que encara no la habíe vist; y arribats a casa della, y están ella entre los dos, Tito, veén la hermosura de la novia del seu amic la va escomensá a remirá en molta atensió, y agradánli per tot arreu, sense donáu a coneixe, se va inflamá per nella. Pero después de está allí un tems, despedínse, sen van entorná a casa. Allí, Tito, entrán sol a la seu alcoba, en la jove que li habíe agradat va escomensá a pensá, y se va aná enamorán mes contra mes pensabe en ella, y va escomensá a dís: - ¡Ay! ¡Miserable vida la teua, Tito! ¿aón fiques lo teu ánim y lo teu amor y la teua esperansa? ¿Pos no saps de quí sirá esta dona? Pensa en los honors de Cremetes y la seua familia, y en la verdadera amistat que ña entre tú y Gisippo; an esta jove te convé tíndreli la reverensia que se li té a una germana. ¿Cóm es que la vols? ¿aón te dixes portá per lo engañós amor?, ¿aón per la lissonjera esperansa? Obri los ulls del intelecto y conéixte a tú mateix; díxali pas a la raó, refrena la gana, calma lo dessich y adressa a un atra part los teus pensaméns; fésli frente an este escomensamén de la lujuria, y vensíxte a tú mateix cuan encara estás a tems. Lo que vols no te convé, no es honesto; lo que te disposes a seguí, encara que fore segú que u alcansares, que no u es, hauríes de evitáu si mirares alló que la verdadera amistat te demane. ¿Qué farás, pos, Tito? Abandonarás lo amor indegut, si vols fé lo que es degut.

Y después, enrecordánsen de Sofronia, tornán cap atrás, tot lo dit u condenabe, diénse: - les leys del Amor són mes poderoses que cap atra; trenquen no sol les de la amistat sino les divines. ¿cuántes vegades ha volgut lo pare a la filla, lo germá a la germana, la padrina al fillol? Coses mes monstruoses que un amic vullgue a la dona del atre han passat mil vegades. Ademés de aixó, yo soc jove, y la juventut está sometuda a les leys del amor. La hermosura della mereix sé volguda per tots; y si yo la vull, que soc jove, ¿quí podrá empéndrem en raó? No la vull perque sigue de Gisippo, la vull tan com la voldría fore de qui fore; peque aquí la fortuna que lay ha consedit al meu amic Gisippo en ves de a un atre. Y si té que sé volguda per la seua hermosura mereixcudamen, mes contén té que está Gisippo, al sabéu, de que la vullga que un atre.

Y en este raonamén, burlánse an ell mateix, tornán al contrari, y de este an aquell y de aquell an este, no sol aquell día y la nit siguién, sino moltes atres, hastal pun de que, perduts la gana y la son, per debilidat va tindre que gitás. Gisippo, que mols díes lo habíe vist cavilán y ara lo veíe dolén, mol se dolíe, y se esforsabe en consolál, y en moltes instansies li preguntabe la raó dels seus pensaméns y de la enfermedat. Pero habénli moltes vegades Tito contestat en mentires y habénsen donat cuenta Gisippo, sentínse, sin embargo, Tito obligat, en ploreres y en suspiros li va contestá de esta guisa:

- Gisippo, si los deus hagueren volgut, a mí me siríe mol mes grata la mort que seguí vivín, pensán que la fortuna me ha portat a un puesto al que me ha convingut probá la meua virtut, y en grandíssima vergoña meua la trobo vensuda; pero per sert que espero pronte la recompensa que mereixco, es a di, la mort, la preferixco a viure en lo record de la meua vilesa; com a tú no puc ni ting que amagát res, en gran vergoña te la manifestaré. Y li va descubrí la raó dels seus pensaméns y la batalla de estos, y al remat de quí ere la victoria y que se moríe per l´amor de Sofronia, afirmán que, coneixén cuán li conveníe an ell alló, com a penitencia se habíe imposat lo morí, y creíe que pronte u conseguiríe. Gisippo, al sentí aixó y vore les seues ploreres, va reflexioná, com si de la bellesa de la jove estare mes tibiamen prendat; pero enseguida va deliberá que la vida del seu amic teníe que séli mes volguda que Sofronia, y aixina, apegánseli les llágrimes dell, li va contestá plorán: - Tito, si no estigueres tan nessessitat de consol com u estás, me queixaría de que haigues violat la nostra amistat tenínme tan tems amagada la teua gravíssima passió. Y encara que no paregue honesta, no ña per naixó que seláli al amic les coses deshonestes, perque lo qui es un bon amic, aixina com en les honestes coses sen alegre en lo amic, en les deshonestes se esforse per apartá de elles lo ánimo del amic. Pero abstenínme al presén, vindré a lo que vech que mes nessessites. Si en ardó vols a Sofronia, prometuda en mí, no me extraño, me extrañaríe que no fore aixina, veén la seua hermosura y la noblesa del teu ánim. Y com vols a Sofronia, tan te queixes injustamen de la fortuna, encara que no u digues, que a mí me la ha consedit, pareixénte que vóldrela tú siríe honesto si haguere sigut de un atre que no fora yo. Pero si eres discret com sols, ¿a quí podíe consedíla la fortuna, de qui mes grassies pugueres donáli, si no me la haguere consedit a mí? Consevol atre que la haguere tingut, per mol honesto que siguere lo teu amor, la hauríe volgut an ella mes que a tú, lo que de mí, si per tan amic me tens com soc, no tens que esperáu, y la raó es esta:
no men enrecordo, desde que som amics, de que yo tinguera res que no fore tan teu com meu; lo que, si tan lluñ hagueren anat les coses que no puguere sé de un atra manera, aixina faría en esta com en les atres; pero encara estam a tems de fé que sigue sol teua, y assó faré. Es verdat que a Sofronia la vull mol y en gran alegría esperaba les bodes en ella, pero com tú la vols en mes ardó, pots viure segú que sirá la teua dona a la meua alcoba. Y per naixó, aparta la melancolía, recupera la salut perduda y lo consol y la alegría, y espera contén lo premio del teu amor.
Tito, al sentí parlá aixina a Gisippo, encara que mol plaé li donare la esperansa de tíndrela, se avegoñíe y li pareixíe mal asseptála. Plorán, li va contestá:
- Gisippo, la teua liberal y verdadera amistat mol cla me amostre lo que a la meua amistat li convé fé. No vullgue Deu que aquella que te han donat a tú la ressibixca yo per meua. Pren, pos, contén, lo que has triat y te han donat, y a mí díxam consumím en llágrimes.

A lo que Gisippo va di:

- Tito, la nostra amistat me done llissensia pera forsát a seguí esta dessisió meua, y si tú no fas cas als meus rogs, en la forsa que té que fés en be del amic faré que Sofronia sigue teua. Sé cuánta forsa té l´Amor y que moltes vegades ha portat a una infelís mort als amáns; y te vech tan prop de aixó que no podrás vense les llágrimes y caurás a la dalla; y yo, sense cap duda, pronte te seguiría. Sirá, pos, teua Sofronia, perque fássilmen no trobaríes a datra que tan te agradare, y yo en fassilidat podré contentámos a tú y a mí. Potsé no siría tan liberal si les dones se trobaren en la mateixa dificultat que se troben los bons amics; per naixó, podén yo mol fássilmen trobá un atra dona pero no un atre amic com tú, vull per naixó (no vull di pédrela, que no la pedré donántela a tú) de be a milló transferíla, antes que pédret. Y per naixó te demano que ixques de esta aflicsió, y mos consolos als dos, y en esperansa del be, vivín te dispongues a la alegría quel teu amor dessiche de la dona volguda.
Encara que Tito se avergoñíre de consentí que Sofronia siguere la seua dona, espentánlo per una part l´amor y per latra insitánlo los ánimos que li donabe Gisippo, va di:

- Prou, Gisippo, faré lo que tú me dius, ya que la teua generosidat es tanta que li guañe a la meua vergoña. Pero u fach perque no sol ressibixco de tú la dona volguda, sino en ella la meua vida. Ojalá Deu puga alguna vegada mostrát cuán apressio lo que fas per mí. Después de estes paraules, va di Gisippo:

- Tito, en aixó, pera que tingue efecte, me pareix que ham de fé aixó: com saps, después de llargues negossiassións entre los meus paréns y los de Sofronia, ella se ha convertit en la meua prometuda; y per naixó, si yo ara dic que no la vull per dona, se montaríe un gran avalot y escándol, y se enfadaríen los meus paréns y los seus; potsé que si la abandono, los seus paréns la donon enseguida a un atre, y alomilló no sirás tú. Y per naixó me pareix, si te pareix be, que continúa lo que hay escomensat, y com dona meua la portaré a casa y selebraré les bodes; y después tú, de amagatóns, com u prepararém, en ella te gitarás com a dona teua; después, al seu puesto y al seu tems manifestarém lo assunto, y si los agrade, be estará, y si no los agrade, de totes formes ya estará fet y no podén tirá cap atrás, tindrán que contentás en alló per forsa.
Tito va está de acord, y Gisippo la va ressibí com a dona seua a casa. Están ya Tito curat y en bona salut; y fen una gran festa, al arribá la nit, les dones van dixá a la nova dona a la alcoba del seu home y sen van aná.
Estabe la alcoba de Tito apegada a la de Gisippo, y desde una se podíe entrá al atra. Están Gisippo a la seua alcoba, una vegada apagades totes les llums, sen va aná en cuidadet cap aon estabe Tito y li va di que ya podíe aná a gitás en la seua dona.
Tito, al sentí aixó, mort de vergoña, va voldre fés atrás y no hi volíe aná; pero Gisippo, lo va fé entrá allí. Al arrimás al llit, agarrán a la jove, com fen broma, en veu baixa li va preguntá si volíe sé la seua dona. Ella, creénse que ere Gisippo, li va contestá que sí, y ell, ficánli un anell al dit, li va di: - Y yo vull sé lo teu home.

Y consumán aixina lo matrimoni, mol rato y en mol plaé va chalá en ella, sense que ni ella ni dingú sen acataren de que no ere Gisippo lo que se gitabe en ella. Están, pos, en estos termes lo matrimoni de Sofronia y de Tito, Publio, son pare va tancá los ulls an esta vida, per lo que li van escriure que sense tardá tornare a Roma a velá pels seus assuntos. Y per naixó, va parlá en Gisippo de anássen y emportássen a Sofronia, lo que no se podíe fé sense manifiestá cóm estaben les coses; un día, cridánla a la alcoba, li van explicá tot lo assunto, y Tito li va doná probes. Ella, después de mirássels als dos ben enfadada, va escomensá a desfés en llágrimes, queixánse del engañ de Gisippo; y abans de que a casa de Gisippo ni una paraula se diguere de alló, sen va aná a casa de son pare, y allí an ell y a sa mare los va contá lo engañ de Gisippo, afirmán que ere la dona de Tito y no de Gisippo com ells creíen. Aixó va sé mol du pera son pare de Sofronia y en los seus paréns y en los de Gisippo van ñabé llargues y grans lamentassións, y van sé los comadreos y los enfados mols y grans. Gisippo va despertá lo odio dels seus y dels de Sofronia, y tots díen que no sol ere digne de reprobassió, sino de un aspre cástic. Pero ell afirmabe que habíe fet una cosa honesta, y que sons pares de Sofronia teníen que donáli les grassies perque la habíe casat en algú milló que ell mateix. Tito, per un atra part, de tot sen enterabe y en gran traball u soportabe; y coneixén que ere costum dels griegos exitás en los renecs y les amenasses hasta que trobaben algú que los responguere, y que entonses no sol humildes, sino mol cobarts se tornáen, va pensá que los seus discursos no se podíen aguantá mes sense contestáls; y tenín ell ánimo romano y pensamén ateniense, de una manera mol oportuna va ajuntá als paréns de Gisippo y los de Sofronia a un templo, y entrán allí acompañat sol per Gisippo, aixina los va parlá als que esperaben:
- Creuen mols filóssofos que lo que los passe als mortals es dispossisió y providensia dels deus inmortals; y per naixó creuen algúns que es inevitable tot lo que mos passe o mos passará alguna vegada, encara que ñan algúns que esta inevitabilidat atribuixen sol a lo que ya ha passat. Estes opinións, si en perspicassia són mirades, se vorá mol ubertamen que lo rependre algo que no pot cambiás no es mes que voldre demostrás mes sabut que los deus, dels que ham de creure que en eterna ley y sense cap error gobernen y disposen de natros y de les demés coses; per lo que, cuán loca y bestial presunsió siríe voldre corregí la seua obra, mol fássilmen u podéu vore, y encara cuántes y quínes cadenes mereixen aquells que se dixen aná a tal atrevimén. Entre los que, segóns lo meu juissi, tos trobau tots, si es verdat lo que hau dit y dieu continuamen, que Sofronia es la meua dona, cuan lay hau entregat a Gisippo, sense vore que estabe disposat que no fore la dona de Gisippo, sino la meua, com podeu vore al presén.
Pero com lo parlá de la secreta providensia y la intensió dels deus los pareix a mols du y difíssil de compendre, presuposán que ells de cap de les nostres acsións sen ocupen, baixaré als raonaméns dels homens, parlán dels que me convindrá fé dos coses mol contraries a les meues costums: la una, alabám a mí mateix y latra parlá mal de atres o humilláls; pero com no me apartaré de la verdat ni en una cosa ni en latra, y la presén materia u demane, u faré. Les vostres queixes, mes insitades per la rabia que per la raó, en continues protestes, aixina com abalots, ofenen, reprenen y condenen a Gisippo perque me ha donat per dona, per dessisió seua, a qui vatros an ell per la vostra habíeu donat, en lo que yo crec que té que sé mol de alabá; y les raóns són estes: la primera, perque ha fet lo que té que fé un amic; la segona perque ha obrat mes en coneiximén de lo que u habíeu fet vatros. Lo que les santes leys de la amistat volen que un amic faigue per un atre, no es la meua intensió explicátos al presén, contentánme sol en habétos recordat delles que los llassos de la amistat mol mes ajunten que los de la sang o la parentela; tenim los amics que triem y los paréns que mos done la fortuna. Y per naixó, si Gisippo va voldre mes la meua vida que la vostra benevolensia, sén yo amic seu com me ting, dingú té que maravillás. Pero anem a la segona raó (a la que en mes insistensia mos convé aturámos): lo habé sigut ell mes sabut que vatros u sou, com me pareix que de la providencia dels deus poc ne entenéu, y mol menos que sapigáu los efectes de la amistat. Dic que lo vostre escomensamén, lo vostre consell y la vostra deliberassió li habíen donat Sofronia a Gisippo, jove y filósofo; Gisippo lay ha donat a un atre jove y filósofo; lo vostre consell la va doná a un ateniense, Gisippo a un romano; lo vostre a un jove noble, Gisippo a un encara mes noble; lo vostre a un jove ric, Gisippo a un mol ric; lo vostre a un jove que no sol no la volíe, sino que apenes la coneixíe, Gisippo a un jove que per damún de la seua felissidat y mes que a la propia vida la volíe. Y que lo que dic es verdat, y mes de alabá que lo que habíeu fet vatros, miréu pun per pun. Que yo jove y filósofo soc, com Gisippo, la meua cara y los meus estudis, sense cap discurs mes llarg poden explicáu. La mateixa edat es la seua y la meua, y en les mateixes passes sempre ham estudiat avansán. Es verdat que ell es ateniense y yo romano. Si de la gloria de la siudat disputem, diré que yo soc de una siudat libre y ell de una tributaria; diré que yo soc de una siudat Siñora de tot lo món y ell de una siudat obedienta a la meua; diré que soc de siudat florida en armes, imperi y estudis, mentres ell no podrá alabá a la seua mes que en los estudis. Ademés de aixó, encara que me veigáu com un escolá humilde aquí entre vatros, no hay naixcut dels fems del populacho de Roma; los meus palaus y los puestos públics de Roma están plens de antigues imaches dels meus antepassats, y los anals romanos se troben plens de mols triunfos lograts per los Quinto sobre lo Capitolio romano; y no está per la vellesa semada, sino que avui mes que may florix la gloria del nostre nom. Callo, per vergoña, les meues riqueses, tenín a la memoria que la pobresa honrada es lo antic y copiós patrimoni dels nobles siudadáns romanos; la que, si per la opinió del vulgo es condenada, y són alabats los tessoros, soc en ells, no com avarissiós, sino com amat de la fortuna, abundán. Y mol be sé que tos ere mol apressiat tindre per parén a Gisippo; pero yo no tos ting que sé, per cap raó, menos apressiat a Roma, considerán que allí tindréu en mí a un óptim huésped; y un útil y solíssit y poderós protectó tan en les oportunidats públiques com en les nessessidats privades.
¿Quí, pos, dixán apart la passió, y mirán en justissia, alabará mes les vostres dessisións que los del meu amic Gisippo? Sertamen, dingú. Está, pos, Sofronia ben casada en Tito Quinto Fulvio, noble, antic y ric siudadá de Roma y amic de Gisippo; per lo que qui de aixó se dol o se queixe no fa lo que té que fé ni sap lo que fa. Ñaurán potsé algúns que diguen no doldres de que Sofronia sigue la dona de Tito, pero se doldrán del modo en que se ha convertit en la seua dona: a amagatontes, engañánla, sense que cap amic ni parén sapiguere res. Y aixó no es cap milagre ni cosa que passo per primera vegada. Dixo de bona gana a una vora an aquelles que contra la voluntat del pare han pres home y an aquelles que han fugit en los seus amáns y primé han sigut amigues que esposes, y an aquelles que abans han descubert en embarassos y partos los seus matrimonis que en la llengua, y la nessessidat ha fet consentíu, cosa que no li ha passat a Sofronia; sino que ordenada, discreta y honestamen ha sigut donada per Gisippo a Tito. Y dirán atres que la ha casat aquell a qui casála no incumbíe. ¡Nessies lamentassións són estes y típiques de dones, y prossedéns de la poca considerassió! No fa aná ara la fortuna per primera vegada diferéns camíns y instruméns nous pera induí les coses a determinats efectes. ¿Qué pot importám a mí que lo sabaté al puesto del filósofo haigue expresat lo seu juissi sobre un fet meu (amagat o públic) si lo fin es bo? Ting que cuidám, si lo sabaté no es discret, de no dixáli prosseguí, y agraíli lo fet. Si Gisippo ha casat be a Sofronia, aná queixánse de la manera y dell es una bobada superflua; si no confiéu en lo seu juissi, cuidéutos de que no pugue casá a dingú mes y agraíuli aixó. Tamé hau de sabé que yo no vach buscá ni en astussia ni en fraude tacá la honestidat y la claridat de la vostra sang en la persona de Sofronia; y encara que de amagatontes la haiga pres per dona no vach vindre com un raptó a tráureli la seua virginidat ni com a enemic vach vullgué tíndrela deshonestamen, rechassán emparentá en vatros; sino que en ardó enchisat per la seua cautivadora hermosura y de la seua virtut, veía que si en lo orden que potsé voléu di que tenía que habéla procurat, sén mol amada per vos, per temó a que a Roma me la emportara, no la haguera obtingut. Vach empleá, pos, la manera oculta que ara to se pot manifestá, y vach fé que Gisippo consentiguere en lo meu nom en alló que ell no estabe disposat; y después, encara que yo en ardó la vullguera, no com amán, sino com home, vach buscá lo ajuntamén en ella (com pot ella mateixa en verdat testimoniá), diénli les degudes paraules y ficánli lo anell de desposada, preguntánli si me volíe per home; a lo que ella va contestá que sí. Si li pareix que ha sigut engañada, no mu hau de espetá a mí, sino an ella, que no me va preguntá quí ere. Este es, pos, lo gran mal, lo gran pecat, la gran falta cometuda per lo Gisippo, amic, y per mí, amán; que Sofronia se haigue de amagatóns convertit en dona de Tito Quinto; per naixó, lo feríu, lo amenasséu y lo insidiéu. ¿Y qué mes faríeu si lay haguere donat a un villano, a un vagabundo, a un criat? ¿Quínes cadenes, quína presó, quínes creus tos bastaríen? Pero dixem ara aixó; ha arribat lo tems que yo encara no esperaba de que mon pare se ha mort y me vech obligat torná a Roma. Per lo que, volén emportám a Sofronia en mí, tos hay descubert lo que pot sé encara tos seguiría amagán; lo que, si foreu sabuts, alegremen u soportaríeu, perque si engañátos o insultátos haguera volgut, podía dixátola; pero no vullgue Deu que en a espíritu romano se pugue albergá tanta vilesa. Ella, pos, es a di, Sofronia, per consentimén dels deus y per vigor de les leys humanes y per lo loable juissi del meu amic Gisippo y per la meua astussia, es meua, aixina que vatros (teníntos en mes que los deus y los demés homens sabuts) bestialmen, en dos maneres mol odioses pera mí, mostréu que tos equivoquéu: una es tenín a Sofronia, sobre la que no teníu cap dret; y latra es tratá a Gisippo, al que estáu obligats justamen, com a enemic. Y no tos explicaré lo mal que feu, sino com amic tos aconsellaré que apartéu la rabia y que Sofronia me sigue restituida pera que yo alegremen men vaiga com a parén vostre: segús de aixó, que, tos agrado o no, lo que está fet, si voleu obrá de un atre modo, tos pendré a Gisippo y sense faltá, si arribo a Roma, recuperaré a la que es mereixcudamen meua, per mol que tos disgusto; y tos faré vore lo que pot la rabia dels romanos, hostigántos sempre.
Después de que Tito va dí aixó, ficánse de peu en la cara tota enfadada, prenén a Gisippo de la ma, mostrán que tan li fotíe que ñaguere gen al templo, movén lo cap y amenassánlos, va eixí. Los que se van quedá a dins, en part induits per les paraules de Tito de amistat y parentela, y en part assustats per les seues raderes paraules, de comú acuerdo van deliberá que milló siríe tindre a Tito com a parén, ya que Gisippo no habíe volgut séu, que pedre a Gisippo y tindre a Tito com enemic; per naixó, ixín, van aná a buscá a Tito y li van di que los pareixíe be que Sofronia fore seua, tindrel an ell com a parén y a Gisippo com a bon amic; y fen juns una festa en familia, sen van aná y li van enviá a Sofronia, la que, com a discreta, fen de la nessessidat virtut, l´amor que teníe per Gisippo rápidamen lay va entregá a Tito y en ell sen va aná cap a Roma, aon en gran honor van sé ressibits. Gisippo, quedánse a Atenes, después de no mol tems, per unes cuestións sivils, en tots los de casa seua, pobre y mesquí va sé aviát de Atenas y condenat a perpetuo exili. Están aixina Gisippo, habén arribat a sé no sol pobre sino pidolán, com va pugué va arribá a Roma a probá si Tito sen enrecordabe dell; y enterat de que estabe viu y volgut per tots los romanos, preguntán quína ere casa seua, dabán della se va colocá hasta que Tito va arribá. Per la miseria en la que estabe no se va atreví a dirigíli la paraula. Per lo que, passán Tito abán y pareixénli a Gisippo que lo habíe vist y esquivat, enrecordánsen de lo que ell habíe fet per nell, enfadat y desesperat sen va aná; y sén ya de nit y están ell en dijú y sense cap perra, sense sabé aón aná, mes dessichós de morí que dingú, va arribá a un puesto mol salvache de la siudat, aon, veén una gran cova, a dins va entrá pera arrasserás aquella nit, y damún de la terra despullat y mal vestit, vensut per les llágrimes, se va adormí. An esta cova, dos que habíen estat robán aquella nit, en lo furt fet van apareixe a la matinada, y reñín los dos, la un, que ere mes fort, va matá al atre y va colá. Habénu vist y sentit Gisippo tot, li va pareixe que habíe trobat lo camí a la mort que dessichabe, sense matás ell mateix; y per naixó, sense anássen, se va quedá allí hasta que los esbirros del tribunal, que ya sen habíen enterat del cas, van acudí y se van emportá a Gisippo detengut. Y ell, interrogat, va confesá que lo habíe matat y que no habíe pogut anássen de la cova, per lo que lo pretor, que se díe Marco Varrón, lo va condená a mort crussificat, tal com allacuanta ere costum. Habíe Tito, per casualidat, arribat al pretori en aquell momén y, mirán al pobre condenat y habén escoltat lo perqué, de repén va reconeixe a Gisippo, y se va extrañá de la seua miserable fortuna y de cóm habíe caigut tan baix, y volén ajudál y no veén cap atra vía pera la seua salvassió, mes que acusás an ell mateix y excusál an ell, rápidamen se va adelantá y va cridá: - Marco Varrón, fes cridá al pobre home al que has condenat perque es inossén; bastán hay ofés yo als deus en una culpa matán an aquell al que los teus esbirros van trobá este matí mort com pera ara encara oféndrels en la mort de un atre inossén.
Varrón se va extrañá y li va doldre que tot lo pretori lo haguere sentit, y no podén retraures de fé lo que li manaben les leys, va fé torná a Gisippo, y en presensia de Tito li va di:

- ¿Cóm has sigut tan loco de confessá lo que no has fet, jugánte la vida? Me has dit que tú habíes matat esta nit an aquell home, y este ve ara y diu que ha sigut ell.

Gisippo va mirá y va vore que aquell ere Tito y va vore que fée alló pera salvál, com agrait per lo servissi que antes li habíe fet; per lo que, plorán de piedat, va di:
- Varrón, verdaderamen lo hay matat yo, y la piedat de Tito pera salvám arribe ya massa tard. Tito, per un atra part, díe:

- Pretor, com veus, este es extrangé y desarmat lan trobat jun al mort, y ya veus que la seua miseria li done motiu pera voldre está mort; y per naixó, fícal en libertat y a mí, que u hay mereixcut, castígam.

Se va extrañá Varrón de la insistensia de aquells dos y ya se pensabe que cap dels dos ere lo culpable; y, pensán en la manera de absóldrels, en aixó que ve un jove de nom Publio Ambusto, de perdudes costums y lladre mol conegut entre tots los romanos, qui verdaderamen habíe cometut lo homissidi; y sabén que cap dels dos eren culpables de lo que se acusaben, tanta va sé la ternura o tendresa que va omplí lo seu cor per la inossensia de estos dos, que mogut per compassió va acudí dabán de Varrón y li va di:

- Pretor, los meus fets me porten a resoldre la dura discusió de estos dos, y no sé quín Deu me espoleje y me espente a manifestát lo meu pecat. Cap de estos dos es culpable de lo que se acusen. Yo soc lo que ha matat an aquell home esta matinada al apuntá lo día; y an este desgrassiat que está aquí lo vach vore que dormíe mentres yo me repartía les coses robades en aquell al que hay pelat. Tito no nessessite que yo lo excusa; la seua fama es clara per tot arreu, y ya se sap que no es home de tal condissió; aixina que libéral y castígam a mí en la pena que les leys me imposon. Habíe ya Octavio sentit estes coses y, fen vindre als tres, va voldre sentí quína raó habíe mogut a cadaú pera condenás; y ells lay van contá.
Octavio, als dos amics perque eren inosséns y al tersé per amor seu los va ficá en libertat. Tito, renegán primé a Gisippo per lo seu desapego y desconfiansa, li va fé molta festa y lo va portá a casa seua, aon Sofronia, en piadoses llágrimes lo va ressibí com amic. Y allí, confortánlo y vestínlo en la roba apropiada a la seua virtut y noblesa, va compartí en ell tots los seus tessoros y possessións, y después, a una germana joveneta que teníe Sofronia, de nom Fulvia, lay van doná per dona; y después li va di: - Gisippo, de tú depén ara, o quedát aquí en natros o entornáten a Atenas en tot lo que te hay donat.

Gisippo, obligat per lo desterro al que estabe condenat per la seua siudat y per
l´amor que li teníe a Tito, va dessidí fés romano. Y ell en la seua Fulvia, y Tito en la seua Sofronia, van viure a una gran casa, fénse mes amics cada día, si es que podíe sé.

Santíssima cosa es, pos, la amistat, y no sol digna de reverensia, sino de sé alabada perpetuamen com a mare de la magnifissensia y de la honestidat, germana de la gratitut y de la caridat, y enemiga del odio y de la avarissia; sempre, sense esperá cap rogativa, preparada per a fé per los atres lo que voldríe que per nella mateixa se faiguere; los seus sagradissims efectes raríssimes vegades se veuen avui, per culpa de la enveja y egoisme dels mortals que sol miren per nells.
¿Quín amor, quína riquesa, quína parentela li haguere fet sentí a Gisippo lo ardó, les llágrimes y los suspiros de Tito, en tanta eficassia que per nells a la hermosa dona noble y volguda la haguere fet casá en lo seu amic? ¿Quínes leys, quínes amenasses, quína temó li haguere fet abstindres a Tito dels abrassos de la hermosa jove als puestets solitaris, apartats, o al llit? ¿Quíns estats, quíns mérits, quínes ganansies li hauríen fet a Gisippo no preocupás de pedre als seus paréns y als de Sofronia, no preocupás de les deshonestes murmurassións del populacho, no preocupás de les burles per a satisfacer al seu amic? ¿Quí haguere procurat la seua mort per a salvá a un atre, podén dissimulá, y arrencál de la creu que ell mateix se procurabe?, ¿Quí haguere compartit lo seu gran patrimoni en aquell al que la fortuna lay habíe tret? ¿Quí li haguere donat per dona a la seua germana, veénlo pobrissim y en extrema miseria?
Vullguen, pos, los homens moltes consortes, caterves de germáns y gran cantidat de fills, y en los seus dinés se aumento lo número dels seus criats; y no reparon en que consevol de ells te temó de un perill propi, y no se preocupen del pare, germá o siñó, mentres que tot lo contrari veém que fa lo bon amic.

lunes, 29 de julio de 2024

4. 9. Seguix lo mateix registre. Morfina.

Capítul IX.

Seguix lo mateix registre. Morfina.

Morfina, Pedro Saputo


De Graus va passá a Benabarre, va doná una volta per la Llitera, va baixá a Monzón, Monsó, Monçó, de allí va pujá a Fontz o Fonz y Estadilla, va pensá en dirigí lo rumbo cap a casa seua, penanli no podé torná a Benabarre, perque va sé aon va vore mes cares majes, y pits mes uberts, (y caps mes grillats, com lo de Manuel Riu Fillat,) y olvidán en pena alguns amors que se va dixá allá desperdigats.

- Pero prou, va di; hay donat gust a mon pare y me l'hay pres yo tamé, y no poc.

Li faltáen micha dotsena de pobles, entre atres lo de Morfina; y donán los demés per vistos, se va atansá al de aquell nobilíssim primé amor que no sabíe cóm trobaríe ni cóm se habíe de presentá, ni en quina cara después de tans añs. Y dudán, y bateganli fort lo cor, y en no menos temó que dessich, va arribá al poble y se va encaminá a casa seua.

Habíe mort lo pare fée dos añs, com vam di, aquell don Severo tan bo y tan generós; y lo fill fée cuatre que estáe casat. 

Morfina, cumplits ya los vintissing añs, sense pare, sa mare pensán sol en misses y rosaris, y lo germá en poca autoridat a casa seua, se miráe an ella mateixa com la sombra de la casa; lo que jun en lo chasco tan cruel que li va doná lo home del seu amor y a qui li va fiá mes que lo seu cor (que chasco se pot di tan llarga suspensió de la seua esperansa), y sempre en una passió que no teníe sol ni día al añ, habíe perdut aquella alegría que tan brilláe a un atre tems al seu bellíssim rostro, y sense está esguellada se coneixíe que se habíe semat la lozanía dels seus pensamens, entregada a una ressignassió penosa, que de sé ella menos animosa o de temple menos fi, la haguere consumit del tot. ¡Ah!, dels vin als vintissing passe una época, una edat sansera, y la mes forta y de mes gran mudansa a les donselles. Pero a Morfina ademés se li ajuntáe la causa espessial de que habíe amat y amabe encara al únic home que va arribá al seu cor y éste ¡fée set añs que la teníe olvidada!, mentres ella ere insensible pera tots, resignada a morí an aquell estat antes que doná la seua má a datre.

Va arribá Pedro Saputo y sol ella lo va coneixe abans de parlá; pero tots se van alegrá, hasta la cuñada. Buscán una ocasió li va preguntá a Morfina qué ere de lo seu antic amor y cariño. 

Ella li va contestá que no sabíe en quí parláe.

- En lo teu amán, va di ell.

- No tos conec per tal, va contestá ella; pero sí tos diré que ne vach tindre un, y que si me se presentare se trobaríe com la primera vegada, y com la segona, y com la tersera que mos vam vore.

- Pos yo soc, va di ell; dónam la teua queixa, pero dispósat a sentí la meua contesta.

- No trobo cap satisfacsió, va di ella; y si tots los grans homens són com vosté, si tal prossedí es inseparable de la seua exelensia, ben infelises són les que los volen. Yo tos vach volé sense sabé quí ereu, perque vach vore lo que ereu; vach vore que la idea de perfecsió que yo me había format de un home cabal, de un home digne de mí omplíe vosté cumplidamen, y mes si mes puguere sé, encara que tan jove. Después vach sabé que ereu Pedro Saputo, y sol vach tindre que ajuntá a la persona la fama del nom; y al sentí del vostre naiximén vach doná grassies a la meua estrella perque me fassilitabe fé algo per vosté y per lo meu amor; pos encara que de la fortuna fores poc afavorit, teníes un alma mol sublime. Yo tenía que heredá de mon pare, lo just pera no tindre temó que per esta causa fore mes poca la nostra felissidat. Y desde aquell momén passe un añ, ne passen dos, y cuatre y sing y sis, y cap notissia ressibixco de vosté. ¿Tos escric y qué me contestéu? Va aná a vóretos mon pare, vau prometre vindre, y tos vau burlá de la vostra paraula. 

¿Debía yo creure, dec ara creure, que me hau vullgut?

Se case mon germá, mor mon pare, quedo del vostre amor abandonada y sola; passen los añs, ni veniu, ni teniu la cortessía de escríurem una carta, o de enviám un simple recado. Sé per la fama que estéu per la vostra terra; y al mateix silensio sempre. 

¿Debía creure, ting que creure ara, que me volíeu o que me haigáu volgut may? Lo meu amor es sempre lo mateix, u confesso, perque es la meua mateixa vida, soc yo mateixa; ¿qué me diréu vosté del vostre? ¿Qué me diréu pera que a mí no me sigue fassilidat, imprudensia y error voluntari créuretos y fiám de les vostres paraules? Y encara abans de sentí la vostra resposta, vull sertificatos que no me ha penat ni me penará habetos vullgut, encara que ara mateix sense contestá a la meua queixa me aviéu una mirada de despressio, y me giréu la esquena y desapareguéu, y sápiga después que tos hau casat en un atra. Es mes fort que tot aixó lo amor que tos hay tingut, y la alta aprobassió que lo meu cor li ha donat sempre. Y encara aixina, sacrifissi per vosté no ne hay fet cap; may faré aná esta paraula, tos vach doná lo cor, allí estáe tot.

Va sentí Pedro Saputo la seua justa y sentida queixa sense interrumpila o interrómprela, y miranla afablemen, li va contestá:

- La sort y no la meua voluntat te ha privat de la satisfacsió que lo teu amor nessessitáe y lo meu ploráe per no podét doná. 

No admitixgo, pos, no admitixco contra mí la teua queixa, perque no ha estat a la meua má lo naixe de pare conegut, la seua desgrassia ha sigut la causa general y particulá de la forsa de moltes sircunstansies, ben tristes, per sert, después de conéixet, de diverses époques de la meua vida. Pensarás tú, enhorabona, en tota la noblesa que dius y vach vore per los meus ulls; pero yo debía tindre datres miramens en tú y en lo nostre amor, que no habíe de sé de un sol día, ni gosás a la soledat y fora del trate humano. Talento tens, y no nessessites que te explica estes reflexions. 

Per un atra part, a la teua edat y al meu dessich ya no cabíe entretindre la esperansa en plassos indefinits, pijós mil vegades que lo absolut silensio que hay guardat, perque éste podrá matá un amor vulgar, pero no traure lo temple ni embotá un amor verdadé a cors com los nostres. Una mirada de la fortuna que ningú sap encara, me va fassilitá lo podét proposá condissions que mos permitíen pressindí de lo que tú me oferíes en los bens de ton pare. Y cuan me disposaba a vindre a vóret, va ocurrí un cas que ha arretrasat esta visita hasta ara, com te diré cuan me haigues declarat la teua ressolusió. Estam al día; avui es, dolsa y encantadora Morfina. 

Mira lo sel; y si encara eres la mateixa pera mí, dónali les grassies al teu cor, y vine pera sempre als brassos del teu volgut, als brassos del teu home...

Va di estes raderes paraules en tan afecte, que no va pugué Morfina aguantás; y abalotada, tendra y resolta lo va abrassá ben preto exclamán: 

- ¡Amor meu! ¡Home meu!

- Pos ara, li va di ell, sabrás pera la teua satisfacsió y la de la teua familia, que ya no soc Pedro Saputo, fill de aquella pupila de Almudévar, sino que soc fill de ella y del caballé don Alfonso López de Lúsera, en qui se va casá ma mare fa cuatre mesos, habenme ell conegut per casualidat y trobanse viudo de la seua primera dona.

- ¡Fill eres, va di Morfina espantada, de don Alfonso López de Lúsera! Lo conec de nom y de vista, perque añs atrás va passá per aquí dos o tres vegades y se tratáe de amic en mon pare. Sí que eres son fill, sí; men enrecordo, te li assemelles. Be díe la fama que eres fill de un gran caballé. ¡Don Alfonso, ton pare! Tamé, pos, haurás ya conegut a la seua nora, ara ta cuñada, aquella Juanita que diuen que es tan discreta, y la mes selebrada de tota esta terra.

- Sí, va contestá ell, y la vach coneixe ya de estudián, en la seua amiga Paulina...

- Són inseparables, va di Morfina; y tamé diuen de ixa Paulina que es mol grassiosa.

- Ara vindrás tú, va di Pedro Saputo, a aumentá lo número de les persones que unix aquella amistat y la sang, mes discreta que Juanita, mes amable que Paulina, mes hermosa y digna que les dos, y la verdadera gloria meua y de la meua familia. Mira sinó lo consepte que li mereixes a mon pare. Y li va enseñá la llista de les donselles en la nota que teníen totes. La va mirá Morfina; estáe ella la cuarta habenles ficat son pare per orden de distansia dels pobles; y sen va enriure de lo que afegíe al final sobre no voldre sentí parlá de amors ni casás.

- ¿Cóm, va di, haguere pogut lo bon don Alfonso imaginá, que si yo no volía sentí de amors, ere perque amaba a son fill? Pareix, pos, que ya les has vist a totes, si aixó signifique la creu que porten los seus noms.

- Ixa creu, va contestá ell, la vach fé a totes lo primé día, donanles per vistes; pero pera feli cas a mon pare y passá uns díes de curiosidat que me recordáen una mica la vida de estudián, hay estat an alguns pobles, y sert que men hay enrit.

- ¿Tamé has vist a la filla del escribén Curruquis?, va preguntá Morfina.

- ¿Quí es lo escribén Curruquis?

- Este (siñalán en lo dit); y si no hi has estat, mira de anay encara que faigues volta, perque vorás a un pare y a una filla mol originals. Y de pas podrás vore estes dos que formen la sombra del cuadro.

Va arribá en aixó la cuñada, y van continuá la charrada, y tamé dabán del germá que va vindre después, y de sa mare; que va sé la declarassió de Pedro Saputo a la familia, pos tratán a Morfina en tanta familiaridat, van entendre que ñabíe algún secretet ya no secret entre ells.

- Este caballé, va di Morfina, es fill de don Alfonso López de Lúsera.

- ¿Cóm?, va di lo germá; ¿pos no es Pedro Saputo?

- Sí, don Vicente, va contestá ell, pero tamé soc fill de don Alfonso, encara que hasta fa poc tems no se sabíe; com fa poc tamé que va enviudá de la seua primera dona y se ha casat en ma mare. Y en lo nou nom y en lo antic hay vingut a vore a Morfina y ditos a tots, que desde estudián mos volem y teníem tratat, o entés al menos entre los dos, lo nostre casamén.

- ¡Oy, sel san, si visquere mon pare!, va exclamá don Vicente. ¡Vosté, Pedro Saputo, fill de don Alfonso López de Lúsera! ¡miréu si u vach di yo cuan vach vore lo retrato! ¿Quí está, pos, a casa nostra?

- Un amán de Morfina, va di ell; un fill polític vostre, siñora (diriginse a la mare), y un germá vostre, don Vicente, si Pedro Saputo primé, 

y ara don Pedro López de Lúsera es digne de tan honor, així com es amo fa tans añs del cor de la vostra germana.

- Miréu, va di don Vicente a sa mare, miréu a la que no volíe casás. 

- ¿Y cóm había de voldre a datre, va contestá Morfina, volén ya desde sagala a don Pedro? Sí, germá, desde entonses lo vull y mos volem, y ni vull ni voldré a datre home, ni lo podría voldre, encara que don Pedro haguere mort. Y perdonéu, siñora mare, que sén donsella y están vosté presén me atrevixca a parlá de esta manera. 

- Filla, va contestá sa mare: ya saps que ploraba de vóret reassia y perque no volíes casát; ara ploro de goch de sentí lo que me dius y de vore a don Pedro a la nostra casa; ya no ting res mes que demaná a Deu an este món. ¡Ay, si vixquere ton pare! ¡Tan que parláe de Pedro Saputo, y no sabé que tots lo coneixíem! 

Pero tú, filla meua, ya u sabíes.

- Sí, mare; pero no me atrevía a díu.

- Pos siñó, va di don Vicente; ara sí que no ton aniréu al cap de un mes, ni may; ham de cassá, amic, ham de aná de cassera, y hau de tocá lo violín, anem, aquelles coses tan bones que sabéu fé. 

¡Conque Pedro Saputo! Y tú, Morfina, u sabíes tot, y qué calladet que u has tingut.

- No tan cassá, amic don Vicente, perque vull fé lo retrato de la vostra germana. - Y lo de la meua dona, va di don Vicente.

- Be, tamé lo farem.

- Y lo meu.

- Pos tamé, ya que mos hi fiquem. Después ting que contali a Morfina coses importans de la meua vida, y preguntán moltes atres. 

- Ahí la teniu, va di don Vicente; ya no es chiqueta; vostra es 

¿no es verdat, mare?

- Sí, fill, sí, va di la bona siñora. Deu los beneíxque com yo los beneíxco de la meua part. La nora, sin embargo, se coneixíe que pensabe alguna vegada en lo patrimoni que significabe Morfina, a la que teníe destinada al seu cap com a tía mol volguda dels seus fills. Li habíe dixat son pare un patrimoni que pujáe uns mil dossens escuts al añ; y sentíe la nora que ixquere de casa seua. 

Lo germá ere mes noble.

Pedro Saputo va enviá al criat a son pare, escribinli que estáe a casa del difún don Severo Estada, una familia que coneixíe mol desde estudián, y lo aturaben alguns díes pera fé los seus retratos.

Pero Morfina en la gran satisfacsió de tindre al seu amán y en la seguridat del seu amor que tans suspiros y llágrimes li habíe costat, y en la libertat de confessáu y manifestáu, va recobrá la seua antiga bellesa, la energía dels afectes, la alegría del seu cor; y serena, contenta, ufana y gloriosa brilláe en totes les grassies y encans de la incomparable hermosura que li debíe a la naturalesa.

Mes y mich se va pará allí Pedro Saputo, fen los retratos, cassán tamé algún día, y gosán de la felissidat suprema del amor en la seua amabilíssima y dolsíssima enamorada, Morfina. 

Don Vicente, veénlo tan hermós, pincho, caballé, cabal y perfecte en tot y en tantes grassies y habilidats li va preguntá un día a la taula: 

- La verdat, don Pedro; ¿cuántes dones hau tornat loques an este món? ¿Totes les que hau vist?

- Y mes, va contestá Morfina, perque algunes se haurán enamorat de ell per la fama.

- No, per sert, va contestá ell; perque algo diríe ixa mateixa fama, y res hau sentit. Aixó, Morfina, signifique sol que vach naixe pera vosté, així com vosté hau naixcut pera mí; y don Vicente, que me vol com amic y com a germá, está sense cap duda encara mes sego que tú, y per aixó delire tan.

Al remat va arribá lo día de separás: día anugolat y tristot; día que may haguere tingut que portá lo sel en les seues voltes; y dixá casi sense vida an aquella infelís.

¡Gloria de este món! ¡Felisidats de esta vida!


Original en castellá:

Capítulo IX.

Sigue el mismo registro. Morfina.

De Graus pasó a Benabarre, dio vuelta por la Litera, bajó a Monzón, de allí subió a Fontz y Estadilla, pensó en dirigir el rumbo hacia su casa, doliéndose de no poder volver a Benabarre, porque fue donde vio más lindas caras, y pechos más abiertos, y olvidando con pena algunos amores que se dejó allá perdigados. - Pero basta, dijo; he dado gusto a mi padre y me lo he tomado yo también no pequeño.

Braulio Foz, Fórnoles, Matarraña, Teruel

Faltábanle empero una media docena de pueblos, entre otros el de Morfina; y dando los demás por vistos, se dirigió al de aquel nobilísimo primer amor que no sabía cómo encontraría ni cómo se había de presentar, ni con qué cara después de tantos años. Y dudando, y latiéndole fuertemente el corazón, y con no menos temor que deseo, llegó al pueblo y se encaminó a su casa.

Había muerto el padre hacía dos años, como dijimos en otra parte, aquel don Severo tan bueno y tan generoso; y el hijo hacía cuatro que era casado. Morfina, cumplidos ya los veinticinco años, sin padre, su madre pensando sólo en misas y rosarios, y el hermano de poca autoridad con su mujer, se miraba a sí misma como la sombra de la casa; lo cual junto con el chasco tan cruel que le dio el hombre de su amor y de quien fió más que su corazón (que chasco se puede llamar tan larga suspensión de su esperanza), y a las manos siempre a pesar de todo con una pasión que no tenía sol ni día en el año, había perdido aquella alegría que tanto brillaba en otro tiempo en su bellísimo rostro, y sin estar ajada se conocía que se había marchitado la lozanía de sus pensamientos, entregada a una resignación penosísima, que a ser ella menos animosa o de temple menos fino, la consumiera del todo. ¡Ah!, de los veinte a los veinticinco pasa una época, una edad entera, y la más fuerte y de mayor mudanza en las doncellas. Pero en Morfina además obraba la causa especial de que había amado y amaba aún al único hombre que llegó a su corazón y éste ¡hacía siete años que la tenía olvidada!, mientras ella era insensible para todos, resignada a morir en aquel estado primero de dar su mano a otro.

Llegó Pedro Saputo y sólo ella lo conoció antes de hablar; pero todos se alegraron, hasta la cuñada. El primer día no quiso ser, aun para la misma Morfina, sino Pedro Saputo, porque les dijo desde luego que él era; y buscando una ocasión preguntó a Morfina qué era de su antiguo amor y cariño. Respondióle que no sabía con quién hablaba. - Con tu amante, dijo él. - No os conozco por tal, contestó ella; pero sí os diré que tuve uno en otro tiempo, y que si se me presentase me encontraría como la primera vez, y como la segunda, y como la tercera que nos vimos. - Pues yo soy, dijo él; dame tu queja, pero disponiéndote a oír mi respuesta. - No cabe satisfacción, dijo ella; y si todos los hombres grandes son como vos, si tal proceder es inseparable de su excelencia, bien infelices son las que los aman. Yo os quise sin saber quién érades, porque vi lo que érades; vi que la idea de perfección que yo me había formado de un hombre cabal, de un hombre digno de mí llenábades vos cumplidamente, y más si más pudiera ser, aunque tan joven. Después supe que érades Pedro Saputo, y sólo tuve que unir a la persona la fama del nombre; y al oír de vuestro nacimiento di gracias a mi estrella porque me facilitaba el hacer algo por vos y por mi amor; pues si de la fortuna fuésedes poco favorecido en otros bienes y nada más teníades que aquella alma tan sublime, yo los debía heredar de mi padre suficientes para no temer que por esta causa fuese menor nuestra felicidad. Y desde este momento pasa un año, pasan dos, y cuatro y cinco y seis, y ninguna noticia recibo de vos. ¿Os escribo y qué me respondéis? Va a veros mi padre, prometéis venir, y os burláis de vuestra palabra. ¿Debía yo creer, debo ahora creer, que me habéis querido? Cásase mi hermano, muere mi padre, quedo con vuestro amor abandonada y sola en medio de mi familia; pasan años, ni venís, no tenéis la cortesía de escribirme una letra, de mandarme un simple recado. Sé por la fama que andáis por vuestra tierra; y en el mismo silencio siempre. ¿Debía creer, debo creer ahora, que me queríades o me hayades querido nunca? Mi amor es siempre el mismo, lo confieso, porque es mi misma vida, soy yo misma; ¿qué me diréis vos del vuestro? ¿Qué me diréis para que en mí no sea facilidad, imprudencia y error voluntario creeros y fiar de vuestras palabras? Y aun antes de oír vuestra respuesta, quiero certificaros que no me ha pesado ni me pesará de haberos querido, aunque ahora mismo sin responder a mi queja me echéis una mirada de desprecio, y me volváis la espalda y desaparezcáis, y sepa luego que os habéis casado con otra. Es más fuerte que todo eso el amor que os he tenido, y la alta aprobación que mi corazón le ha dado siempre. Y no obstante, sacrificios por vos no he hecho ninguno; jamás usaré esta palabra, os di el corazón, allí estaba todo.

Oyó Pedro Saputo su justa sentida queja sin interrumpirla, y mirándola afablemente, le contestó: - La suerte y no mi voluntad te ha privado de la satisfacción que tu amor necesitaba y el mío lloraba de no poderte dar. No admito, pues, no admito contra mí tu queja, porque no ha estado en mi mano el nacer de padre conocido, cuya desgracia ha sido la causa general y particular de la fuerza de muchas circunstancias, bien tristes, por cierto, después de conocerte, de diversas épocas de mi vida. Pensarás tú, en hora buena, con toda la nobleza que dices y vi tan por mis ojos; pero yo debía tener otros miramientos contigo y con nuestro amor, el cual no había de ser de un sólo día, ni gozarse en la soledad y fuera del trato humano. Talento tienes, y no necesitas que te explique estas reflexiones. Por otra parte en tu edad y en mi deseo ya no cabía entretener la esperanza con plazos indefinidos, peores mil veces que el absoluto silencio que he guardado, porque éste podrá matar un amor vulgar, pero no quitar el temple ni embotar un amor verdadero en corazones como los nuestros. Una mirada de la fortuna que nadie sabe aún, me facilitó el poderte proponer condiciones de tanta libertad en nuestra suerte, que nos permiten prescindir de la que tú me ofrecías con los bienes de tu padre. Y cuando me disponía a venir a verte, sucedió un caso que ha retardado esta visita hasta ahora, como te diré cuando me hayas declarado tu resolución. Estamos en el día; hoy es, dulce y encantadora Morfina. Mira el cielo; y si aún eres la misma para mí, dale las gracias en tu corazón, y ven para siempre a los brazos de tu amante, a los brazos de tu esposo... Dijo estas últimas palabras con tanto afecto, que no pudo Morfina consigo; y agitada, tierna y resuelta le abrazó estrechamente exclamando: - ¡Amor mío! ¡Esposo mío!

- Pues ahora, le dijo él, sabe para tu satisfacción y la de tu familia, que ya no soy Pedro Saputo, hijo de aquella pupila de Almudévar, sino que soy hijo de ella y del caballero don Alfonso López de Lúsera, con quien casó mi madre hace cuatro meses, habiéndome él conocido por casualidad y hallándose viudo de su primera mujer. - ¡Hijo eres, dijo Morfina espantada, de don Alfonso López de Lúsera! Le conozco de nombre y de vista, porque años atrás pasó por aquí dos o tres veces y se decía de amigo con mi padre. Sí que eres su hijo, sí; me acuerdo, te le pareces. Bien decía la fama que eras hijo de un gran caballero. ¡Don Alfonso, tu padre! También, pues, habrás ya conocido a su nuera, ahora tu cuñada, aquella Juanita que dicen que es tan discreta, y la más celebrada de toda esta tierra. - Sí, respondió él, y la conocí ya de estudiante, con su amiga Paulina... - Son inseparables, dijo Morfina; y también dicen de esa Paulina que es graciosísima. - Ahora vendrás tú, dijo Pedro Saputo, a aumentar el número de las personas que une aquella amistad y la sangre, más discreta que Juanita, más amable que Paulina, más hermosa y digna que las dos, y la verdadera gloria mía y de mi familia. Mira si no el concepto que mereces a mi padre. Y le enseñó la lista de las doncellas con la nota que tenían todas. Miróla Morfina; estaba ella la cuarta habiéndolas puesto su padre por orden de distancia de los pueblos; y se rió de lo que añadía al fin sobre no querer oír hablar de amores ni casarse. - ¿Cómo, dijo, pudiera el buen don Alfonso imaginar, que si yo no quería amar ni oír de amores, era porque amaba a su hijo? Parece, pues, que ya las has visto a todas, si eso significa la cruz que llevan sus nombres. - Esa cruz, respondió él, la hice ya a todas el primer día, dándolas por vistas; sino que por complacer a mi padre y pasar unos días de curiosidad que me recordaban un poco la vida estudiantina, he estado en algunos pueblos, y cierto que me he reído. - ¿También has visto a la hija del escribano Curruquis?, preguntó Morfina. - ¿Quién es el escribano Curruquis? - Éste (señalando con el dedo); y si no has estado, mira de ir por allá aunque rodees, porque verás un padre y una hija muy originales. Y de paso podrás ver estas dos que forman la sombra del cuadro.

Llegó en esto la cuñada, y continuaron la plática, y asimismo delante del hermano que vino luego, y también de su madre; que fue la declaración de Pedro Saputo a la familia, pues tratando a Morfina con tanta llaneza, entendieron que había algún secreto ya no secreto entre ellos. - Este caballero, dijo Morfina, es hijo de don Alfonso López de Lúsera. - ¿Cómo?, dijo el hermano; ¿pues no es Pedro Saputo? - Sí, don Vicente, respondió él, pero también soy hijo de don Alfonso, aunque hasta hace poco tiempo no se sabía; como hace poco también que enviudó de su primera mujer y ha casado con mi madre. Y con el nuevo nombre y con el antiguo he venido a ver a Morfina y deciros a todos, que desde estudiante nos queremos y teníamos tratado, o entendido al menos entre los dos, nuestro casamiento. - ¡Oh, cielo santo, si viviese mi padre!, exclamó don Vicente. ¡Vos, Pedro Saputo, hijo de don Alfonso López de Lúsera! ¡Mirad si lo dije yo cuando vi el retrato! ¿Quién está, pues, en nuestra casa? - Un amante de Morfina, dijo él; un hijo político vuestro, señora (dirigiéndose a la madre), y un hermano vuestro, don Vicente, si Pedro Saputo primero, y ahora don Pedro López de Lúsera es digno de tanto honor, así como es dueño hace tantos años del corazón de vuestra hermana. - Mirad, dijo don Vicente a su madre, mirad, cuerpo de mí, la que no quería casarse. - ¿Y cómo había de querer a otro, respondió Morfina, queriendo ya desde niña a don Pedro? Sí, hermano, desde entonces le quiero y nos queremos, y ni quiero ni querré a otro hombre, ni le podía querer, aunque don Pedro hubiese muerto. Y perdonad, señora madre, que siendo doncella y estando vos presente me atreva a hablar de esta manera. - Hija, respondió su madre: ya sabes que lloraba de verte reacia y que no querías casarte; agora lloro de gozo de saber lo que me dices y de ver a don Pedro en nuestra casa; ya no tengo qué pedir a Dios en este mundo. ¡Ay, si viviera tu padre! ¡Tanto que hablaba de Pedro Saputo, y no saber que todos le conocíamos! Pero tú, hija mía, ya lo sabrías. - Sí, madre; pero no me atrevía a decillo. - Pues señor, dijo don Vicente; ahora sí que no os vais en un mes, o nunca; hemos de cazar, amigo, hemos de cazar, y habéis de tocar el violín, vamos, aquellas cosas tan buenas que sabéis. ¡Conque Pedro Saputo! Y tú, Morfina, lo sabías y has callado. - No tanto cazar, amigo don Vicente, porque quiero hacer el retrato de vuestra hermana. - Y el de mi mujer, dijo don Vicente. - Bien, le haremos. - Y el mío. - También, ya que nos ponemos. Después tengo que contar a Morfina cosas importantes de mi vida, y consultar muchas otras. - Ahí la tenéis, dijo don Vicente; ya no es niña; vuestra es, componeos; ¿no es verdad, madre? - Sí, hijo, sí, dijo la buena señora. Dios los bendiga como yo los bendigo de mi parte. La nuera, sin embargo, se conocía que pensaba alguna vez en el patrimonio que se llevaba Morfina, a quien tenía destinada en su mente para tía muy querida de sus hijos. Habíale dejado su padre un patrimonio que daba unos mil doscientos escudos anuales; y aunque no de más monta, sentía la nuera que saliese de su casa. El hermano era más noble.

Pedro Saputo envió el criado a su padre escribiéndole que estaba en casa del difunto don Severo Estada, cuya familia conocía mucho desde estudiante, y le detenían algunos días para hacer sus retratos. Pero Morfina con la gran satisfacción de tener a su amante y con la seguridad de su amor que tantos suspiros y lágrimas le había costado, y con la libertad de confesarlo y manifestarlo, volvió a cobrar su antigua belleza, la energía de los afectos, la alegría de su corazón; y serena, contenta, ufana y gloriosa brillaba con todas las gracias y encantos de la incomparable hermosura que debiera a la naturaleza.

Mes y medio se detuvo allí Pedro Saputo, haciendo los retratos, cazando también algún día, y gozando de la felicidad suprema del amor con su amabilísima y dulcísima enamorada, Morfina. Don Vicente, viéndole tan hermoso, tan caballero, tan cabal y perfecto en todo y con tantas gracias y habilidades le preguntó un día en la mesa: - La verdad, don Pedro; ¿cuántas mujeres habéis vuelto locas en este mundo? ¿Todas las que habéis visto? - Y más, respondió Morfina, porque algunas se habrán enamorado de él por la fama. - No por cierto, respondió él; porque algo diría esa misma fama, y nada habéis oído. Esto, Morfina, significa solamente que nací para vos, así como vos habéis nacido para mí; y don Vicente, que me quiere como amigo y como hermano, está sin duda aún más ciego que tú, y por eso delira tanto.

Al fin hubo de llegar el día de separarse: día anublado y triste; día que jamás debiera traer el cielo con sus vueltas; porque dejar sin vida a aquella infeliz, que sólo aquéllos pudo decir que había vivido. ¡Gloria de este mundo! ¡Felicidades de esta vida!

4. 11. Elecsió de dona. Viache del pare y lo fill a Saragossa.

Capítul XI.

Elecsió de dona. Viache del pare y lo fill a Saragossa.

Día per día, poble per poble y donsella per donsella, li va contá ell llargamen la historia de la seua expedissió, donán mérit hasta als fets mes sensills. Resumín, después de lo mes particulá que ya se ha referit, an estes observassions generals: que habíe trobat a les mosses bastán ben enteses, pero sense cap instrucsió, ya que está mol errada o del tot abandonada la educassió, fenla consistí massa en exterioridats casi de hipocressía y en práctiques religioses y devossions que no ixen del cor ni penetren an ell, ni tenen mes arraíls que la imitassió, ni mes autoridat que lo que manen los pares y la forsa del ejemple desde que són chiquetes, pero vanes generalmen, sense suc y incapases de doná cap fruit de verdadera, sólida y entesa virtut. Lo que mes li habíe agradat: del Semontano, lo epicureísmo; de Graus, la formalidat; de Benabarre, la sensillés; de Tamarite, la caridat; de Monzón, la cortesanía, y de Fonz y Estadilla, la amenidat. Li van advertí que se olvidáe de Barbastro, y va contestá que de Barbastro li agradáe mol la aussensia.

Y los va contá lo cas de la pintura del Puch, del que sen van enriure tots, espessialmen don Alfonso, perque coneixíe an alguns dels sujetos.

- Sé empero, fill, que ñan sagales mol garrides (no garrudes ni garrules) y menos mal criades que a datres puestos.

Pero arribats al pun de triá novia, se va reduí la competensia a les tres consabudes, callán Pedro Saputo pera sentí mes libres los vots, lo que teníe tratat y adelantat en Morfina, y dién sol que contaren en ella, pos la seua repugnansia al matrimoni no habíe sigut lo que se creíe.

Una Rosa sen va aná y va dixá unes rosetes, "cúidameles, Ramonet, al jardinet de Queretes."

Rosa, la amable Rosa, aquella pensadora, inossenta y enamorada Rosa, va tindre tres vots, lo de la mare, lo de don Jaime y lo de Paulina. Los va di Pedro Saputo que teníen raó perque ere una sagala mol pressiosa; pero que li ere impossible mirala mes que com a germana; per mes que se habíe esforsat a doná al seu afecte lo temple del amor, may la podríe abrassá com amán ni com home, perque no li exitaríe mes que la correspondensia de un puro germá. Van sedí a tan just reparo, encara que sa mare en gran sentimén, desconsolanse de un modo que en prou penes la van pugué fé assistí a la consulta.

Eulalia va tindre los vots de tots menos lo del pare, que va di:

- Mol me agrade, mol vull a Eulalia, y mol val; pero aon estigue la perla, lo diamán de Morfina, que callon totes les donselles del món; ya que mos dius que has vensut la seua repugnansia. 

Entonses va pendre la paraula Pedro Saputo y va di:

"No hay vensut la repugnansia de Morfina al matrimoni, perque no la teníe; no, siñó pare, no la ha tingut may, y es éste un dels secrets de la meua vida, que se revele ara.

Desde chiqueta, o desde lo primé sentit y coneiximén de estos afectes, ha vullgut Morfina a un home, y ni abans ni después ha pogut voldre a datre; de modo que si en ell no haguere donat, potsé no sen trobare al món cap atre capás de arribá al seu cor.

Y eixe home soc yo.

Al passá per allí de estudián se va enamorá de mí y yo de ella; y se va enamorá perque la vach mirá y li vach parlá en intensió forta y atinada de penetrala de amor, y no va pugué resistís, ajudanme an este empeño la semellansa de sensibilidat que ña als dos, lo seu gust delicat; y lo raríssim y sublime entenimén de que va naixe dotada. Se va confirmá después este amor en dos visites mes que li vach fé, la una en los estudians a la volta o gira, l'atra, después de separám de ells, habén fet posada a casa seua, per rogs de son pare la primera, y de son germá la segona vegada. Pero en lo tems vach advertí que había cometut una imprudensia, pos lo meu naiximén no permitíe tan altes mires. Be va sabé quí era yo la radera vegada, adivinanu per unes paraules que son pare va di en alabansa meua, y lay vach confessá sense engañ; be me va jurá y probá que lo seu amor per aixó no dixáe de sé lo mateix y que seguíe están mes segura encara y enamorada; en tot no habíe tornat a vórela desde entonses, dixanla en libertat de un modo indirecte, y com obliganla a olvidám si puguere, o a pensá en lo que mes li convendríe. 

Va sé ella pera mí lo primé amor, perque hasta an aquell pun había sigut mol chiquet y puros jocs de sagalet los meus entretenimens en atres; y yo per an ella lo primé tamé, y ademés lo únic possible, com se ha vist. Yo, mentrestán, no me hay obligat a cap atra. Perque de Rosa ya te hay dit lo que ña; y Eulalia, que si no me haguera prendat de Morfina y obligat an ella, seríe la meua tría entre totes les donselles que conec, may me ha insinuat res de casamén ni ha demostrat extrañá que yo no li insinuara res an ella. Potsé u ha donat per cosa plana, pos ha dit algunes vegades que me preferíe a tots los prinseps del món juns; pero aixó no es una verdadera obligassió positiva pera mí; ni micha promesa ni asseptassió entre natros: mos unix la finura; gran, sí, mol; pero res mes que finura; així com ella me deu a mí datres que si no equivalen an eixa, al menos són de bastán momén pera que may me puguere di desconegut o ingrat. De chiquet vach jugá en ella; y cuan vach torná home al poble, ya era de un atra, y a la seua amistat y trate no hay olvidat esta sircunstansia.

Prop de set añs hay dixat passá sense visitá ni escriure a Morfina, sense fela entendre de cap modo que pensaba en ella, donán puesto al que hay dit; y se ha mantingut constán, fiel, amán sempre y la mateixa que cuan mos vam declará la primera vegada. Encara ha acreditat de un atre modo que lo seu amor es lo mes assendrat y fi y que cap al cor humano. En este tems ha tingut mols pretendens, entre ells alguns mayorazgos de cases de tituls, mossos ben plantats, adornats de aventajades parts, y mol estimats, y pera tots ha sigut insensible, habense format y cundit al món la opinió que no habíe naixcut en sensibilidat a propósit per al matrimoni, y que no ñabíe an ella inclinassió natural als homens. Tot aixó ¿qué vol di? ¿En quin cas y obligassió me fique, sense la que miche entre los dos fa tans añs? No sé yo quí u declare; a vosté, pare, a vosté siñora mare, a tots dixo la ressolusió. Sol demano que se tinguen per sertes les raons que hay ficat y los motius que hay manifestat, així respecte de ella, com de Eulalia y Rosa, que són les tres a qui está la competensia.

Va pará de parlá Pedro Saputo, y ningú preníe la paraula.

Va parlá al remat don Alfonso y va di:

- Morfina Estada es la donsella mes hermosa y discreta que hay conegut. Y habén yo cregut que absolutamen no volíe casás, com u va creure tamé son pare pandescanse, en qui vach parlá de ella algunes vegades, mos trobem ara en que ere lo teu amor lo que la fáe pareixe desdeñosa y fura, o mes be desamorada.

Mol apressiades són, cada una per lo seu, Rosa y Eulalia; consevol de elles te mereix, y la voría en gust de nora a la familia; pero después de lo que acabes de dimos, ya no tenim que pensá en elles, potsé se podríe repará en que Morfina té dos añs o una mica mes que tú, cuan fore milló que ne tingueres tú dotse mes que ella; yo no fico cap reparo.

- Ni yo, va di Pedro Saputo; perque la virtut may se fa vella y la discressió sempre té flo.

- Pos a la faena, va di lo pare; demá pronte monto a caball y men vach a vore a Morfina y a la seua bona mare, y tú, Pedro, si te pareix, perque lo teu juissi es lo sol que an aixó ha de regít, podríes aná a Almudévar a satisfé an aquelles dos amabilíssimes joves del modo que lo teu talento y lo teu discurs te sugerixque; perque Rosa no pot dissimulá lo seu amor, que al meu pareixe té poc de germana y mol de amán; y si ademés de aixó la han confiat, ya veus que seríe un cop de mort per an ella, sobre quedá mal en sa mare, que es tamé mare teua. Y a Eulalia ¿qué no li deus? ¿Qué no se mereix?

Yo vech que lo empeño es fort: pero, cumplix, fill meu, cumplix al teu honor y reputassió, has de doná este pas que exigix la humanidat al amor de aquelles dos amables donselles.

- Aniré, pos, a Almudévar, va di Pedro Saputo; les voré, les parlaré; y encara que les dones an estos casos tenen la raó al cor y no admiren reflexions, en tot no desconfío de dixales si no contentes, perque es impossible, al menos no desesperades ni enemigues meues. Ixiré demá mateix, mon anirem los dos a un tems.

En efecte, van eixí los dos en son demá, lo pare a vore a Morfina y tratá del casamén en la deguda formalidat, y lo fill a fé a les infelises de Almudévar la declarassió acordada, que va sé lo trance mes ressio al que se va vore en tota la seua vida. La mare va quedá pensán en la seua Rosa, que li pareixíe la mes grassiosa y amable de totes les donselles naixcudes de dona, y pressindíe de lo que díe son fill.

Dos díes fée que estáe Pedro Saputo a Almudévar, no habén insinuat encara res a les sagales, tot se habíe reduít a festa y jubileu entre ells, cuan va ressibí un plec del virrey aon li díe que se serviguere aná a Saragossa, pos teníe que comunicali una lletra de S. M.

Va acusá lo ressibo al virrey, li va di que anáe a empendre lo camí, y va volá.

Va arribá, y al vórel vindre tan pronte se va admirá y li va preguntá qué ñabíe.

A Morfina, veén la admirassió de don Alfonso, perque ya sabíe que estáe a Almudévar, encara que no va di res, li va doná un salt al cor, y sol se va assossegá veénlo sonriure sense cap siñal sospechosa. Los va amostrá lo plec, y va di son pare:

- Hi anirem juns; pero cuan va pugué parlali libremen a Pedro Saputo, li va di: me ha trastornat ixa notissia. ¡Yo que después de tans añs de esperá y no esperá, y de patí continuamen me creía ya al día de la meua felissidat y gloria!

- Se haurá de diferí o postposá per uns díes, va di Pedro Saputo; ara veus cóm es la sort la que done y trau los gochos de la vida, la que done llum y sombra, la tristesa y la alegría, en los nostres calculs y contra nells, en los nostres dessichos y en la seua contra.

¿Puc yo dixá de obeí al meu Rey? ¿Puc dixá de aná y presentám inmediatamen a Saragossa? Pos causes tan contraries com esta y de mes eficassia encara, per lo que ara se pot jusgá, te han privat de tindre noves de mí estos añs, y a mí de seguí lo meu dessich de donáteles y visitát. No ploros...

- No puc dixá de plorá, va contestá ella, y mes ara que puc plorá y sentí en libertat, y di per qué y per quí ploro. ¡Amán meu! ¡Home meu! ¡gloria meua! No acababe la infelís de lamentá la seua desgrassia, y dabán de tots ploráe y díe que no habíe ressibit lo seu cor cap cop tan fort en la seua vida. Pero no va ñabé arbitri pera detíndrel; pare y fill se van despedí, y ella se va tancá al seu cuarto a afligís y fartás de dili cruel y malissiosa a la sort, barruntán oscuramen allá al sego sentimén desgrassies que no sabíe quines siríen, ni cóm ni per aón habíen de vindre, pero que li anunsiabe lo cor com infalibles.

Pedro Saputo y son pare van aná al seu poble y sense pará se van ficá al camí de Saragossa. Se va presentá primé al virrey Pedro Saputo sol y li va enseñá aquell una carta de S. M. a la que li díe que averiguare aón se trobáe Pedro Saputo y li diguere que lo nessessitáe y dessichabe vórel; y va afegí:

- Espero que no tos faréu esperá a Palau.

- No, va contestá Pedro Saputo; pero primé vindré a vóretos en mon pare, que fa poc tems que 'l vach trobá y vach sé reconegut per nell. Hi van aná los dos en efecte, van minjá en lo virrey, y li van contá la seua historia, folgán mol S. Y. de sentila. Se va aturá a Saragossa uns díes, y se van separá, partín la un cap a la Cort, y l’atre cap a la seua aldea.

Se va aturá a Saragossa uns díes, y se van separá, partín la un cap a la Cort, y l’atre cap a la seua aldea.


Original en castellá:

Capítulo XI.

Elección de esposa. Viaje del padre y el hijo a Zaragoza.

Día por día, pueblo por pueblo y doncella por doncella, le contó él largamente la historia de su expedición, dando mérito con el gracejo en que la retintaba, aun a los hechos más sencillos. Resumiéndose en fin, después de lo más particular que ya se ha referido, en estas observaciones generales: que había encontrado en las muchachas bastantes buenos entendimientos, ninguna instrucción, aun la que está bien a las mujeres y muy errada o del todo abandonada la educación, haciéndola consistir demasiado en exterioridades casi de hipocresía y en prácticas religiosas y devociones que no salen del corazón ni penetran en él, ni tienen más raíces que la imitación, ni más autoridad que el mandato de los padres y la fuerza del ejemplo desde la niñez, pero vanas generalmente, sin jugo ninguno e incapaces de dar el menor fruto de verdadera, sólida y entendida virtud. Que en lo demás le había gustado: del Semontano, el epicureísmo; de Graus, la formalidad; de Benabarre, la sencillez; de Tamarite, la ligereza; de Monzón, la cortesanía, y de Fontz y Estadilla, la amenidad. Advirtiéronle que se olvidaba de Barbastro, y contestó que de Barbastro le gustaba mucho la ausencia. Y les contó el caso de la pintura del Pueyo, de que se rieron todos, especialmente don Alfonso, porque conocía a algunos de los sujetos. - Sé empero, hijo, que hay muchachas muy garridas y menos mal criadas que en otras partes.

Mas llegados al punto de elegir novia, se redujo la competencia a las tres consabidas, callando Pedro Saputo para oír más libres los votos, lo que tenía tratado y adelantado con Morfina, y diciendo solamente que contasen con ella, pues su repugnancia al matrimonio no había sido lo que se creía.

Rosa, la amable Rosa, aquella pensadora, inocente y enamorada Rosa, tuvo tres votos, el de la madre, el de don Jaime y el de Paulina. Díjoles Pedro Saputo que tenían razón porque era muchacha preciosísima; pero que le era imposible mirarla sino como hermana; por más que se había esforzado en dar a su afecto el temple del amor que jamás la podría abrazar como amante ni como esposo, porque no le excitaría sino la correspondencia de un puro hermano. Cedieron a tan justo reparo, aunque su madre con gran sentimiento, desconsolándose de un modo que con dificultad la pudieron hacer asistir a la consulta.

Eulalia tuvo los votos de todos menos el del padre, que dijo: - Mucho me gusta, mucho quiero a Eulalia, y mucho vale; pero donde está la perla, el diamante de Morfina, callen todas las doncellas del mundo; puesto que nos dices que has vencido su repugnancia. Entonces tomó la palabra Pedro Saputo y dijo: «No he vencido la repugnancia de Morfina al matrimonio, porque no la tenía; no, señor padre, no la ha tenido nunca, y es éste uno de los secretos de mi vida, que se revela agora. Desde niña, o desde el primer sentido y conocimiento de estos afectos, ha querido Morfina a un hombre, y ni antes ni después ha podido querer a otro; de modo que si con él no hubiese dado, quizá no le encontrara en el mundo capaz de llegar a su corazón. Y ese hombre soy yo.

»Al pasar por allí de estudiante se enamoró de mí e yo de ella; y se enamoró porque la miré y hablé con intención fuerte y atinada de penetralla de amor, y no pudo resistir, auxiliándome en este empeño la semejanza de sensibilidad que hay en los dos, su gusto delicado; y el rarísimo y sublime entendimiento de que nació dotada. Confirmóse luego este amor con dos visitas más que le hice, la una con los estudiantes a la vuelta, la otra, después que me separé de ellos, habiendo posado en su casa, a ruegos de su padre la primera, y de su hermano la segunda. Mas con el tiempo advertí que había cometido una imprudencia, pues mi nacimiento no permitía tan altas miras. Bien supo quién yo era la última vez, adivinándolo por unas palabras que su padre dijo en alabanza mía, y se lo confesé y dije sin engaño; bien me juró y probó que su amor por eso no dejaba de ser el mismo y que antes bien le abrazaba y seguía más resuelta aún y enamorada; con todo no había vuelto a vella desde entonces, dejándola en libertad de un modo indirecto, y como obligándola a olvidarme si pudiera, o a pensar en lo que más le convendría. Fue ella para mí el primer amor, porque hasta aquel punto había sido muy niño y puros juegos de niño mis entretenimientos con otras; e yo para ella primero también, y a más el único posible, como se ha visto. Yo, entretanto, no me he obligado a ninguna otra. Porque de Rosa ya te he dicho lo que hay; y Eulalia, que a no haberme prendado de Morfina y obligado con ella, sería mi escogida entre todas las doncellas que conozco, nunca me ha insinuado nada de casamiento ni ha demostrado extrañar que yo no le insinuase a ella. Quizá lo ha dado por cosa llana, pues ha dicho algunas veces que me prefería a todos los príncipes del mundo juntos; pero esto no es una verdadera obligación positiva para mí; no media promesa ni aceptación entre nosotros: es una fineza; grande sí, mucho; pero no más que fineza; así como ella me debe a mí otras que si no equivalen a ésa, al menos son de bastante momento para que nunca me pudiese llamar desconocido o ingrato. De niño jugué con ella; y cuando volví hombre al lugar, ya (yo) era de otra, y en su amistad y trato no he olvidado esta circunstancia.

»Cerca de siete años he dejado pasar sin visitar ni escribir a Morfina, sin hacerle entender de ningún modo que pensaba en ella, dando lugar a lo que he dicho; y se ha mantenido constante, fiel, amante siempre y la misma que cuando nos declaramos la primera vez. Todavía ha acreditado de otro modo que su amor es el más acendrado y fino y que cabe en corazón humano. En este tiempo ha tenido muchos pretendientes, entre ellos algunos mayorazgos de casas de títulos, mozos apuestos, adornados de aventajadas partes, y muy estimados, y para todos ha sido insensible, habiéndose formado y cundido en el mundo la opinión que no había nacido con sensibilidad a propósito para el matrimonio, y que no había en ella inclinación natural a los hombres. Todo esto ¿qué quiere decir? ¿En qué caso y obligación me pone, sin la que media entre los dos hace tantos años? No sé yo quién lo declare; a vos, padre, a vos señora madre, a todos dejo la resolución. Sólo pido se tengan por ciertas las razones que he puesto y los motivos que he manifestado, así respecto de ella, como de Eulalia y Rosa, que son las tres en quien está la competencia.»

Cesó de hablar Pedro Saputo, y nadie tomaba la palabra. Habló al fin don Alfonso y dijo: - Morfina Estada es la doncella más hermosa y discreta que he conocido. Y habiendo yo creído que absolutamente no quería casarse, como lo creyó también su difunto padre, con quien hablé de ella algunas veces, nos encontramos agora con que era tu amor lo que la hacía parecer desdeñosa y esquiva, o más bien desamorada. Apreciabilísimas son, cada una por su término, Rosa y Eulalia; cualquiera de ellas te merece, y la vería con gusto de nuera en la familia; pero después de lo que acabas de decirnos, ya no debemos pensar en ellas, quizá, salvo todo, se podría reparar en que Morfina tiene dos años o cerca más que tú, cuando fuera mejor que tuvieses tú, doce más que ella; yo no reparo. - Ni yo, dijo Pedro Saputo; porque la virtud nunca envejece y la discreción siempre tiene flor.

- Pues a la ejecución, dijo el padre; mañana pronto monto a caballo y me voy a ver a Morfina y su buena madre, y tú, Pedro, si te parece, porque tu juicio es el solo que en esto ha de regirte, podrías ir a Almudévar a satisfacer a aquellas dos amabilísimas jóvenes del modo que tu talento y tu discurso te sugiera; porque Rosa no puede disimular su amor, que a mi parecer tiene poco de hermana y mucho de amante; y si a más de eso la han confiado, ya ves que sería un golpe de muerte para ella, sobre quedar mal con su madre, que es también madre tuya. Y a Eulalia ¿qué no le debes? ¿Qué no merece? Yo veo que el empeño es arduo: pero, cumple, hijo mío, cumple a tu honor, cuanto más a tu reputación, dar este paso que exige la humanidad en el amor de aquellas dos amables doncellas. - Iré, pues, a Almudévar, dijo Pedro Saputo; las veré, les hablaré; y aunque las mujeres en estos casos tienen la razón en el corazón y no admiren reflexiones, con todo no desconfío de dejallas si no contentas, porque es imposible, no al menos desesperadas ni enemigas mías. Y saldré mañana mismo, yéndonos los dos a un tiempo.

Con efecto, salieron los dos al día siguiente, el padre a ver a Morfina y tratar del casamiento con la debida formalidad, y el hijo a hacer a las infelices de Almudévar la declaración acordada, que fue el trance más recio en que se vio puesto en su vida. La madre quedó pensando en su Rosa, la cual le parecía la más graciosa y amable de todas las doncellas nacidas de mujer, y prescindía de lo que decía su hijo.

Dos días hacía que estaba Pedro Saputo en Almudévar no habiendo insinuado aún nada a las muchachas, sino que todo se había reducido a fiesta y alegría entre ellos, cuando recibió un pliego del virrey en que le decía se sirviese pasar a Zaragoza, pues tenía que comunicarle una letra de S. M. Acusó el recibo al virrey, le dijo que iba a ponerse en camino, y voló a verse con su padre. Llegó, y al verle venir tan pronto se admiró y le preguntó qué había. A Morfina, viendo la admiración de don Alfonso, porque ya sabía que estaba en Almudévar, aunque no el objeto, le dio un vuelco el corazón, y sólo se sosegó viéndole sonreír sin señal alguna sospechosa. Mostróles el pliego, y dijo su padre: - Iremos juntos; mas cuando pudo hablar libremente a Pedro Saputo, le dijo: me ha trastornado esa noticia. ¡Yo que después de tantos años de esperar y no esperar, y de padecer continuamente me creía ya en el día de mi felicidad y de gloria! - Se habrá de diferir por unos días, dijo Pedro Saputo; ya ahora ves cómo es la suerte la que da y quita los gozos de la vida, la que da luz y la sombra, la tristeza y la alegría, con nuestros cálculos y contra ellos, con nuestros deseos y contra ellos. ¿Puedo yo dejar de obedecer a mi rey? ¿Puedo dejar de ir y presentarme inmediatamente en Zaragoza? Pues causas tan contrarias como ésta y de más eficacia aún, por lo que ahora se puede juzgar, te han privado de tener nuevas de mí estos años, y a mí de seguir mi deseo de dártelas y visitarte. No llores... - No puedo dejar de llorar, respondió ella, y más ahora que puedo llorar y sentir con libertad, y decir por qué y por quién lloro. ¡Amante mío! ¡Esposo mío! ¡Gloria mía! No acababa la infeliz de lamentar su desgracia, y delante de todos lloraba y decía que no había recibido su corazón golpe tan recio en su vida. Pero no hubo arbitrio para detenerle; padre e hijo se despidieron, y ella se encerró en su cuarto a afligirse y hartarse de llamar cruel y maliciosa a la suerte, barruntando oscuramente allá en el ciego sentimiento desgracias que no sabía cuáles serían, ni cómo ni por dónde habían de venir, pero que le anunciaba el corazón como infalibles.

Pedro Saputo y su padre fueron a su pueblo y sin parar se pusieron en camino para Zaragoza. Presentóse primero al virrey Pedro Saputo solo y le enseñó aquél una carta de S. M. en que le decía que averiguase dónde se hallaba Pedro Saputo y le dijese que le necesitaba y deseaba ver; y añadió: - Espero que no os haréis desear en Palacio. - No, respondió Pedro Saputo; pero vendré a veros con mi padre, que hace poco tiempo le he encontrado y fui de él reconocido. Fueron los dos con efecto, comieron con el virrey, y le contaron brevemente su historia, holgando mucho S. E. de oírla. Detuviéronse en Zaragoza unos días, y se separaron al fin, partiendo el uno para la corte, y el otro para su aldea.