sábado, 27 de julio de 2024

3. 3. De cóm Pedro Saputo va fé un atre viache mes llarg.

Capítul III.

De cóm Pedro Saputo va fé un atre viache mes llarg.

Dos añs y mich fée que habíe tornat de la seua primera ixida, y va viure en un ay perque continuamen li escribíen y cridáen pera obres de pintura, volén tots donálay an ell en gran enveja dels pintós que hasta entonses se féen la competensia entre ells al país; y com reconeixíen la maestría de Pedro Saputo, callaben y se féen fotre. Tamé aixó sentíe ell, y pera que no patigueren nessessidat, se excusabe de la mayoría de les obres, y alguna vegada de totes per no oferís cap de mes gran empresa. Al mateix tems se li fée estret aquell sel a la seua alma tan gran; y consebín ya atres coses diferentes a les de la primera eixida, va determiná anassen a corre la España, sense limitás per tan a sol España si li veníe be.

Una vegada resolt lo viache, va comprá una mula de bona presensia y poc preu, una bona espasa (que sabíe fe aná), y lo día fixat pera la ixida, va montá y va tirá cap a Cataluña. Y sa mare, y la padrina y sa filla, Eulalia y Tereseta, que ploraren lo que vullgueren, perque per nelles no habíe ell de viure y morí an aquell racó del món.

Desmemoriada mula vella, Desideri Lombarte, Pedro Bel Caldú

No va entrá al seu plan aná a vore a les seues amigues, perque la edat les debíe aná demanán a tota pressa les raderes paraules que totes volen sentí dels homens, y ell no se trobabe an eixe cas. 

Pero passáe no mol lluñ de la aldea de les novissies, y no va pugué evitá torse allí lo camí, senne dos no podíen ficál en apuros, com sí que u faríe Morfina, que be sentíe no vórela.

Va arribá, y al entrá ixíe son pare de Juanita, que lo va coneixe; se van saludá y van aná juns a casa seua, y juns van passá después a la de Paulina, encara abans de diná, perque eren sobre les deu del matí. Com lo creíen navarro y estudián se van extrañá que viachare de aquell modo: ell, que may se quedáe parat, los va di:

- Enguañ, curs perdut. Unes vegades valen mes lletres que hassienda; atres, hassienda que lletres. Lo tems es lo que goberne; y les lletres sempre se troben; pero la hassienda pot pedres. 

Y yo me trobo ara an este segón cas. Les sagales sempre eren les mateixes, y així que lo van vore, sen va aná lo juissi de casa. Después van voldre sabé lo misteri de la seua persona, y li van di que les dos estáen demanades en matrimoni, y encara que los partits eren mol ventajosos, espessialmén lo que lograbe Juanita, li demanáen consell, ya que encara no estáen del tot obligades. 

Ell va contestá que cuan estigueren casades les diríe quí ere, ara ni u podíe di ni les conveníe sabéu. Si puguera casám en les dos (les va di), vatres siríeu les meues dones; pero la ley no u permitix, y cap voldríe vore a l'atra casada en mí. Per tan debéu casatos. Y passat lo día mol alegremen en elles, va continuá lo seu viache en son demá.

Al poc mes de dos legües va entropessá la mula desmemoriada y va caure en ell a un forat. Se va assustá de aixó y va di:

- Pos si ara me haguera trencat un bras o una cama, ¿quí me traíe de aquí y me portabe aon me curaren? Es di, que debíe portá un criat; es di, que teníe que viachá en alguna autoridat; es di, que ya no soc Pedro Saputo lo libre, lo sabut, lo sense temó, lo sense respecte a cap vanidat. Mula, mula, una me n'has fet y no men farás dos; poc valíes, y ara vals menos; ¡pren!, y tirán de la espasa la hi va embutí per lo pit hasta la empuñadura y la va dixá espiritán, y en dos potades que va pegá se va quedá morta pera sempre y carn per als corvs y llops de la comarca. Va traure de la maleteta uns tapissos, y una llibreta en blang, dos camises y un gabanet (los dinés per supost, encara que no ne va pendre cap gran cantidat de casa), va formá un paquetet en tot, va atravessá per nell la espasa, se u va ficá al muscle, y fen la siñal de la creu, va di: 

San Perico: ¡adiós, mare!; ¡adiós, amors meus!; ¡adiós, Aragó!; ¡hasta que torna!

Va arribá a Lérida, Ilerda o Lleida y va pensá en Julio César. 

Se va interná al Prinsipat, y va visitá lo famós monasteri de Montserrat, (Monserrate com lo de Fórnols) aon los flares li van contá la historia del sélebre Juan Garín en la filla del conde Jofré lo Velloso (lo pilós, pelut, Gofredo, Gottfried, Uvifredo, Wifredo, Guifredo, Guifre, etc.), y la va sentí en molta formalidat per respecte als presens. Después se va admirá de la penitensia de que parláen y del descans al que vivíen.

Va mirá les pintures que ñabíe y va passá cap abán, no parán hasta Gerona, Gerunda, Girona. Allí va voldre vore les mosques de san Narciso o Narsís; pero li van di que com la sang que chupaben dels fransesos ere sang venenosa y descombregada o excomulgada per la invicta espasa del gran Rey don Pedro, Pere, Peire III de Aragó, se van morí totes después de habeli ajudat a acabá en la canalla, a la que no li va valé portá lo estandart sagrat que diuen la Oriflama, or y flama: ni les bendissions y aigua beneita en la que los va arruixá lo papa cuan en mala hora van publicá la crusada contra lo Rey de Aragó, del que encara tenen memoria.

PEDRO III, EN LAS JUSTAS DE BURDEOS (SIGLO XIII. BURDEOS)

De allí per la costa va aná cap a la gran Barselona (Barchinona, Barcino, Barcelona, etc), y habén sabut que al port ñabíe un buque a pun de eixecá áncora o ancla y fé vela cap a Italia, va aná allá lo día y hora a la que debíe eixí; lo va vore, va envejá al mes infelís que an ell anáe, y lo va seguí en los ulls y lo cor hasta que lo va pedre de vista. Se va quedá sol mirán cap al mar, y desconsolat o desconortat, y casi plorán, va traure lo retrato de sa mare que sempre portáe damún, se va ficá de ginolls, girada la cara cap a Aragó, y va di:

- ¡Oh mare! Al teu amor y soledat oferixco este sacrifissi. Per tú no men vach a Italia; per tú no visito la siudat dels Cesars; per tú no voré la capital y siñora del món.

Seguín sempre la costa va arribá a Tarragona, y comparanla, lo que ere en lo que habíe sigut, y recordán la dominassió y poderío inmenso dels romanos, casi en ves de plorá li van doná ganes de riure considerán la vanidat y mindundi de les gran fetes humanes y dels imperis de la terra.

Va continuá y de allí va passá lo Ebro o Ebre cap a Tortosa (Dertusa, Dertosa), va entrá al regne de Valensia, va saludá a Peñíscola y va vore lo castell del papa Benedicto de Luna, XIII; va arribá a Valensia y va buscá la porta al seu muro, va vore al Rey Don Jaime fen tremolá lo seu gloriós estandart en siñal de victoria desde lo Real hasta aon estáe.
Va aná después al mateix Real, que eren palaus y jardins (ara sol jardins, solsits y enrunats aquells a la guerra de la independensia). Va visitá después lo Real primé del mateix Rey a Ruzafa, lo seu puesto ocupabe un convén de monges.

Y enrecordansen de les seues de un atre tems, va di:

- Siguéu santes les que aquí tos trobéu; pero procuréu que no penetro a dins de les reixes algún Pedro Saputo, perque li auxiliará la naturalesa que es tan poderosa, y... Perdonéu, filles del error o del espíritu de Deu, que de tot ñaurá entre vatres. Les que foreu víctimes de la violensia, del engañ o de un despit, aquí teniu un cor que tos acompañe en lo sentimén. Hau perdut lo món, y no sabéu si guañaréu lo sel; pero potsé no sirá vostra tota la culpa ni to se demanará tota la cuenta. Dites estes paraules en gran sentimén, va girá la esquena an aquell triste y melancólic edifissi, y va entrá a la siudat; a la que se va aturá prop de un añ, dedicat a la pintura, perque li van agradá los pintós valensians.


Original en castellá:

Capítulo III.

De cómo Pedro Saputo hizo otro viaje más largo.

Dos años y medio hacía que había vuelto de su primera salida, y vivió desazonado porque continuamente le escribían y llamaban para obras de pintura, queriendo todos dársela a él con grande envidia de los pintores que hasta entonces se las competían entre sí en el país; y como reconocían la maestría de Pedro Saputo, callaban y se concomían. También esto sentía él, y para que no padeciesen necesidad, se excusaba de la mayor parte de las obras, y alguna vez de todas por no ofrecerse ninguna de mayor empresa. Al mismo tiempo venía estrecho aquel cielo a su alma grande; y concibiendo ya otras cosas que la vez primera, determinó irse a correr la España cuando menos, sin limitarse por tanto a sola España si le venía a mano. Resuelto que tuvo el viaje, compró una mula de buena presencia y poco precio, una buena espada (que sabía manejar), y el día fijado para la salida, montó y echó a andar hacia Cataluña. Y su madre, y la madrina y su hija, Eulalia y Teresita, que llorasen cuanto quisiesen, porque por ellas no había él de vivir y morir en aquel rincón del mundo.

No entró en su plan ir a ver a sus amigas, porque la edad les debía ir pidiendo a toda prisa las últimas palabras que todos quieren oír de los hombres, y él no se encontraba en ese caso. Pero pasaba no muy lejos de la aldea de las novicias, y no pudo menos de torcer allí el camino, como quiera que siendo dos no podían meterle en apuro, como hiciera Morfina, aunque bien sentía no verla.

Llegó, y al entrar salía el padre de Juanita, que le conoció; se saludaron y fueron juntos a su casa, y juntos pasaron luego a la de Paulina, aún antes de comer, porque eran sobre las diez de la mañana. Como le creían navarro y estudiante extrañaron que viajase de aquel modo: él, que nunca se atajaba, les dijo: - Hogaño, curso perdido. Unas veces valen más letras que hacienda; otra hacienda que letras. El tiempo es el que gobierna; y las letras siempre se encuentran; mas la hacienda puede perderse. Y yo me hallo agora en este segundo caso. Las muchachas siempre eran las mismas, y así que le vieron, se les fue el juicio de casa. Luego después quisieron saber el misterio de su persona, y le dijeron que las dos estaban pedidas en matrimonio, y aunque los partidos eran muy ventajosos, especialmente el que lograba Juanita, le pedían consejo, puesto que aún no estaban del todo obligadas. Él les respondió que cuando fuesen casadas las diría quién era, que antes, ni se lo podía decir ni les convenía saberlo. Si pudiera casarme con las dos (les dijo), vosotras seríades mis esposas; pero la ley no lo permite, y ninguna querría ver a la otra casada conmigo. Por consiguiente debéis casaros. Y pasado el día muy alegremente con ellas, continuó su viaje el siguiente.

A poco más de dos leguas tropezó la mula y cayó con él en un hoyo. Amostazóse de esto y dijo: - Pues si ahora me hubiese roto un brazo o una pierna, ¿quién me sacaba de aquí y me llevaba adonde me curasen? Es decir, que debía llevar un criado; es decir, que debiera viajar con alguna autoridad; es decir, que ya no soy Pedro Saputo el libre, el listo, el sin miedo, el sin respeto a vanidad alguna. Mula, mula, una me has hecho y no me harás dos; poco valías, y agora vales menos; ¡toma!, y tirando de la espada se la metió por el pecho hasta el puño y se la dejó espiritando, y con dos pernadas que dio quedó muerta para siempre y pasto de los cuervos y lobos de la comarca. Sacó de la maletilla unos tapices, y un cuaderno en blanco, dos camisas y un gabancillo (el dinero por supuesto, aunque no tomó gran cantidad de casa), formó un paquetito con todo, atravesó por él la espada, se lo echó al hombro, y haciendo la señal de la cruz, dijo: san Perico: ¡adiós, madre!; ¡adiós, amores míos!; ¡adiós, Aragón!; ¡hasta la vuelta!

Llegó a Lérida y pensó en Julio César. Se internó en el Principado, y visitó el famoso monasterio de Monserrate, donde los monjes le contaron la historia del célebre Juan Garín con la hija del conde Jofré el Velloso (Gofredo o Uvifredo), y la oyó con mucha formalidad por respeto a los presentes. Después se admiró de la penitencia de que hablaban y del regalo con que vivían. Miró las pinturas que había y pasó adelante, no parando hasta Gerona. Allí quiso ver las moscas de san Narciso; pero le dijeron que como la sangre que chupaban de los franceses era sangre ponzoñosa y descomulgada por la invicta espada del gran rey don Pedro III de Aragón, murieron todas después de haberle ayudado a acabar con la canalla, a la cual no le valió traer el estandarte sagrado que llaman el Oriflama: ni las bendiciones y agua bendita que les echó el papa cuando en mala hora publicaron la cruzada contra el rey de Aragón, de que todavía tienen memoria.

De allí por la costa vino a la gran Barcelona, y habiendo sabido que en el puerto había un buque a punto de levantar áncora y hacer vela para Italia, fue allá el día y hora en que debía salir; viole, envidió al más infeliz que en él iba, y le siguió con los ojos y el corazón hasta que le perdió de vista. Quedó solo mirando hacia el mar, y desconsolado y casi llorando, sacó el retrato de su madre que siempre traía consigo, se postró de rodillas, vuelta la cara a Aragón, y dijo: - ¡Oh madre! A tu amor y soledad ofrezco este sacrificio. Por ti no me voy a Italia; por ti no visito la ciudad de los Césares; por ti no veré la capital y señora del mundo.

Siguiendo siempre la costa llegó a Tarragona, y comparándola en lo que era con lo que había sido, y recordando la dominación y poderío inmenso de los romanos, casi en vez de llorar le dio ganas de reír considerando la vanidad y pequeñez de las grandezas humanas y de los imperios de la tierra.

Continuó de allí, pasó el Ebro en Tortosa, entróse en el reino de Valencia, saludó a Peñíscola y los manes santos del papa Benedicto de Luna; llegó a Valencia y buscó la puerta en cuyo muro vio el rey Don Jaime tremolar su glorioso estandarte en señal de victoria desde su Real en donde estaba. Fue luego al mismo Real, que eran palacios y jardines (ahora sólo jardines, arruinados aquéllos en la guerra de la Independencia). Visitó después el Real primero del mismo rey en Ruzafa, cuyo sitio ocupaba un convento de monjas. Y acordándose de las suyas de otro tiempo, dijo: - Sed santas las que aquí os hallades; pero mirad que no penetre dentro de las rejas algún Pedro Saputo, porque le auxiliará la naturaleza que es tan poderosa, y... Perdonad, hijas del error o del espíritu de Dios, que de todo habrá entre vosotras. Las que fuéredes víctimas de la violencia, del engaño o de un despecho, aquí tenéis un corazón que se compadece de vosotras. Habéis perdido el mundo, y no sabéis si ganaréis el cielo; pero tal vez no será vuestra toda la culpa ni se os pedirá toda la cuenta. Dichas estas palabras con gran sentimiento, volvió la espalda a aquel triste y melancólico edificio, y se entró en la ciudad; en la cual se detuvo cerca de un año dedicado a la pintura, porque le gustaron los pintores valencianos.

3. 2. De cóm Pedro Saputo li va traure lo monjío del cap a una sagala.

Capítul II.

De cóm Pedro Saputo li va traure lo monjío del cap a una sagala.

De cóm Pedro Saputo li va traure lo monjío del cap a una sagala.

¡Benaventurats los mansos de temperamén, perque de ells es lo pessebre an este món y al atre, lo sel dels que se moren sense chupá la sal del siñó mossen! Beneíts, bonachons, passifics y alegres sense sabé lo que es bondat, dicha, y alegría; sense amor ni odio de res; la fullarasca, burrufalla, ballarofa, barallofa, pallús del trate sivil, que no sé cóm los fa falta datre alimén que ells mateixos.

A los pocs díes va aná a visitál un ric del poble, que se díe Juan del Alt, y per mal nom y mote, Sisenando; éste li va di que veníe a demanali consell de lo que faríe en sa filla Tereseta, una mossa de denou añs de edat, que habén anat a vore l’añ passat a una tía monja a les descalses de Huesca y passat sing o sis mesos al convén pera adependre algunes moneríes de la agulla, va aná a buscala y ne va tindre un fart pera portala a casa, perque va di que volíe sé monja.

- Yo, va afegí lo bon home, la había pensat casá en un fill de Pero Pérez de Tardienta, mol compinche meu, y en qui desde fáe mols añs tenía mich consertat este casamén.

- Está be, va di Pedro Saputo; pero vosté ¿qué es lo que vol?, ¿que li traga la vocassió del claustro o que la convensixca de que se caso en lo Pero Pérez?

- Yo, va contestá lo del alt, voldría les dos coses, pero si no pot sé, me contentaré en una. Com la mes gran la ting ya casada, voldría fé an esta hereua, ya que Deu sol me ha donat sagales, y portám lo gendre a casa.

- Nessessito, pos, va di Pedro Saputo, que me permitixque visitala en alguna frecuensia y parlali a soles y en alguna libertat. 

- ¿Aixó?, va contestá lo buit de alma: encara que vullgáu vindre dos o tres vegades al día, y estatos desde que se fa cla lo sel hasta que se apague la radera llum de casa per la nit. Ya u ting parlat en la meua dona, y així u entenem los dos.

- Pos anéu en pas, siñó Juan, va di Pedro Saputo, que demá en pretexto de tornatos la visita, faré la primera a la vostra filla. 

Y miréu que la intensió no la sábigue ella ni dingú.

- Pos entesos, va contestá Sisenando; y sen va aná mol contén.

Ere la casa del siñó Juan alt o del alt de les que may frecuentáe Pedro Saputo, perque no li agradáe tratá en tontos, y u ere Sisenando mes que los draps, y no mol espabilada la seua dona, a qui tamé habíen batejat en lo apodo de la Pintiparada.

Teníen un arca de algún pes a les seues tripes, y se habíen tornat encara mes badocs de lo que van naixe, y la filla se va criá absoluta per la vanidat que li habíen infundit y la poca autoridat dels pares. Nessia com ells no u ere, y de la seua persona, ben feta, encara que no hermosa; pero teníe uns ulls que lay suplíen tot, negres, vius y pensadós; la veu mol dolsa, la seua conversa sucosa, y lo seu trate afissionat y amable, si no caíe en les impertinensies de la seua mala educassió; rara vegada les fée aná, sol en persones de molta franquesa, com eren los parens y algunes amigues.

La va corregí mol de estos defectes Pedro Saputo; pero encara li va quedá un ressabio del que no va sé possible curala del tot, ni es fássil curá de ell a ningú si no són persones de mol talento, de molta reflexió y capassos de una filossofía que se enseñe poc y se practique encara menos al món. Se reduíe lo ressabio que li va quedá, a que perque no se diguere que fée algo per avís de atres, o que la opinió de atres ere mes fundada que la seua, volén sempre quedá per damún, no admitíe advertensia ni consell, ni en les coses de menos importansia, com són ficás una flo mes o menos a la guirnalda, una sinta al traje, una agulla de cap; o enmendá o revocá una disposissió no ben ensertada al gobern de la casa; fé primé o después, o fe o no fe una cosa fore la que fore; només fée falta que se li donare un consell pera fe lo contrari. U sentíe Pedro Saputo, y lay va di oportunamen moltes vegades, dixanla al final y dissimulán esta miseria que admitix en moltes atres lo ánim flaco de la dona per una vana pressunsió de excelensia a la que se sebe lo seu amor propi. Pero es lo cas que la patixen tamé alguns homens, y tots per les mateixes raons; que són, mala criansa la primera, y después orgull, soberbia y quijotismo.

Va arribá Pedro Saputo, y la mare li va abocá tota la canasta de oferimens no quedanli res per di ni oferí. No així la sagala, lo va ressibí en agrado y res mes. Va torná en son demá y la mare los va dixá sols un rato. Ell va parlá de coses generals; y lo mateix va fé cuatre o sing díes, pero procurán en dissimul y eficassia arribá al seu cor, y anotán tot lo que ella sense pensá anáe manifestán. 

Un día, después de está segú de la disposissió de Tereseta per varies siñals infalibles, va di, están la mare, que tratabe de fé un viache de alguns mesos. Apenes va sentí aixó la mare, va saltá: 

- ¿Cóm? ¿Ara que tos escomensáem a voldre tan ton aniréu? 

- ¿Cóm? Va contestá ell. ¿Ara escomensáeu a vóldrem, cuan yo pensaba que sempre me habíeu vullgut? 

Engañat hay viscut, per vida meua.

- Les que tos volíen abans, o sempre, com diéu, va di la sagala, teníen en vosté esta obligassió; natros no la teníem hasta ara. 

Va entendre Pedro Saputo la alusió, que per un atra part ere bastán clara; pero ya la sagala habíe mostrat está vivamen ferida per la notissia, per mes que va volé dissimulá. Y va di ell sonriense:

- Yo, apressiable Tereseta, correspong a qui su mereix, y en lo grado que su mereix. Y no van passá de aquí an esta primera explicassió que tot u dixáe al mateix estat, pero en la brecha siñalada y casi uberta.

Va torná per la tarde, y la mare com acostumabe tamé los va dixá sols. 

- Regularmen, li va di a la Tereseta, vindré ya sol a despedím, perque estic cometén una imprudensia de la que hasta avui no había caigut. Vosté hau de sé monja, y ni a vosté ni a mí están be tan frecuentes visites; a vosté perque igual dirán que tos agraden les converses mundanes, y a mí perque lo tems que passo an esta casa lo podría empleá milló a datres aon no pensen desapareixe dels meus ulls pera sempre. 

- Y vosté u sentix mol, va di ella. Diguéu milló que tos pene de vindre a vorem, o que tos demanen sels, y no aleguéu lo monjío.

- No me demanen sels, va contestá ell; pero sí me pene de vindre a vóretos, perque a la que no vol als homens, ¿per qué la voldríe algú?

- Si me dixaren voldre a qui yo vull, va contestá ella, no pensaría en lo claustro. - Pero lo amor, Tereseta, es libre, y si vullguereu an algún, estéu segura de que ningú tos u podríe impedí; y si aburriu an eixe home que tos proposen, ningú tampoc tos forsaríe a amál. Parléu, explicautos, digueume lo que ña al vostre cor, y yo intentaré liberatos de tota molestia y importunidat. En estes paraules ella se va conmoure, lo va mirá an ell en vergoña y en tendresa, se va ficá colorada, va suspirá, y va di:

- Ya u veéu, no tos puc di mes; u hau pogut coneixe estos díes. 

- Sí, amable Teresa, va di ell, sí que u hay conegut... Viu tranquila y segura, que yo te asseguro que no te parlarán mes del fill de Pero Pérez ni del triste y desesperat claustro.

- Pos yo, va di ella sense cap reserva, perque ya no ne cabíen, te hay volgut sempre, ¡y tú no veníes a vórem! No tenía, no, vocassió de monja; en tú y sol en tú pensaba sempre, y aixó y lo vore la tossudería de mon pare en eixe payo de Tardienta me desesperabe y vach di: pos monja, primé monja per despit, monja per venjansa... Maldién la meua sort y a tú y a tots en ella. ¡Perque, ay, tan teua que era, y tú ni sabéu volíes! Tan poc valía hasta avui als teus ulls. ¡Ay lo que hay patit!

- Valíes mol, Teresa, valíes mol, li va di ell; pero ya acabarás de coneixem, y entendrás per qué esquivaba lo teu trate o mes be lo vindre a casa teua. Pero ¿S' acabará desde avui tota la teua pena?

- Ya s'ha acabat, va contestá; ya, sí, ya ha parat, ya soc felís. 

Hay pogut dit que ere teu lo meu cor, y tú u has admitit. Lo demés corre tot de la teua cuenta. (Y va corre, en efecte, hasta lo honor de ella mateixa.)

En son demá va di ell a son pare, que ya Tereseta habíe desistit de lo seu propósit de ficás a monja, pero que conveníe no parlali al particulá per ara; y a sa tía escríureli que com cosa de tanta consecuensia su habíe de pensá mol, y que se li avisaríe. En cuan al enllás que teníen proyectat, que no la importunaren, perque habíe ell vist que ni a un ni al atre los conveníe. Y així u van fé, quedanli mol agraít per lo servissi lo alma fofa de Sisenando.

Perillós es lo examen de la vocassió y una mica ocasionada la proba; pero de teules aball este examen es lo mes legítim, y esta proba la de menos engañs. Per lo menos es cosa averiguada que la vocassió a la vida del claustro es mol rara, així com són mol rares les persones a qui diu mes lo estat recte y natural del matrimoni que lo violén y antinatural del selibat perpetuo. Tamé está observat que les joves que creuen y se creu que no saben voldre, es perque no han donat en lo home de lo seu cor; cuan donon en ell, al pun amarán, al pun se les vorá sensibles y apassionades. Y si al brancal del convén se topen y les fan una seña, del brancal del convén se tornarán atrás, y lo seguirán, y buscarán lo seu descans y felissidat als brassos de aquell home. Yo, testigo.


Original en castellá:

Capítulo II.

De cómo Pedro Saputo quitó el monjío de la cabeza a una muchacha.

¡Bienaventurados los mansos de temperamento, porque de ellos es el pesebre en este mundo y en el otro, el cielo de los que mueren sin chupar la sal del señor cura! Benditos, bonachones, pacíficos y alegres sin saber lo que es bondad, dicha, y alegría; sin amor ni odio de nada; la hojarasca, la paja del trato civil, que no sé cómo necesitan otro alimento que a sí mismos.

A los pocos días de llegado fue a visitarle un rico del pueblo, que llamaban Juan del Alto, y por mal nombre y apodo, Sisenando; el cual le dijo que venía a pedille consejo de lo que haría con su hija Teresita, muchacha de diecinueve años de edad, que habiendo ido a ver el año pasado a una tía monja en las descalzas de Huesca y pasado cinco o seis meses en el convento para aprender algunas monerías de la aguja, fue a buscalla y tuvo gran trabajo en traella a casa, porque dijo que quería ser monja. - Yo, añadió el buen hombre, le había pensado casar con un hijo de Pero Pérez de Tardienta, muy cosa y compinche mío, y con quien desde muchos años tenía medio concertado este casamiento. - Está bien, dijo Pedro Saputo; mas vos ¿qué es lo que queréis?, ¿que le quite la vocación del claustro o que la persuada a que se case con el Pero Pérez? - Yo, respondió el del Alto, quisiera las dos cosas, pero si no puede ser, me contentaré con la una. Porque como la mayor la tengo ya casada en Lohare, quisiera hacer a ésta heredera, ya que Dios sólo me ha dado chicas, y traerme el yerno a casa. - Necesito, pues, dijo Pedro Saputo, que me permitáis visitalle con alguna frecuencia y hablalla a solas y con alguna libertad. - ¿Eso?, contestó el forro de alma: aunque queráis venir ni dos ni tres veces al día, y estaros desde que se hace claro en el cielo hasta que se apaga la última luz de casa por la noche. Ya lo tengo hablado con mi mujer, y así lo entendemos los dos. - Pues id en paz, señor Juan, dijo Pedro Saputo, que mañana con pretexto de volveros la visita, haré la primera a vuestra hija. Y mirad que la intención no la sepa ella ni nadie. - Pues se entiende, respondió Sisenando; y se fue muy contento.

Era la casa del señor Juan Alto o del Alto de las que nunca frecuentaba Pedro Saputo, porque no le gustaba tratar con tontos, y lo era Sisenando a todo trapo, y no muy aguda su mujer, a quien también habían bautizado con el apodo de la Pintiparada. Y era que tenían una arca de algún peso en sus tripas, y se habían tornado aún más tontos de lo que nacieron, y la hija se criara absoluta por la vanidad que le habían infundido y la poca autoridad de los padres. Necia como ellos no lo era, y de su persona, bien hecha, aunque no hermosa; pero tenía unos ojos que le suplían todo, negros, vivos y pensadores; la voz muy dulce, su conversación jugosa, y su trato aficionado y amable, si no caía en las impertinencias de su mala educación; rara vez las usaba sino con personas de mucha franqueza, como eran los parientes y algunas amigas.

Corrigióla mucho de estos defectos Pedro Saputo; mas todavía le quedó un resabio del cual no fue posible curarla del todo, ni es fácil curar de él a nadie si no son personas de mucho talento, de mucha reflexión y capaces de una filosofía que se enseña poco y se practica aún menos en el mundo. Reducíase el resabio que le quedó, a que porque no se dijese que hacía algo por aviso ajeno, o que la opinión de otro era más fundada o prevalecía contra la suya, queriendo siempre quedar superior, no admitía advertencia ni consejo, aun en las cosas de menos momento, como son ponerse una flor más o menos en la guirnalda, una cinta en el traje, un alfiler en el prendido; o enmendar o revocar una disposición no bien acertada en el gobierno de la casa; hacer primero o después, o hacerlo o no absolutamente una cosa fuese la que fuese; antes bastaba que se le advirtiesen para seguir lo contrario. Sentíalo Pedro Saputo, y se lo dijo oportunamente muchas veces, dejándola al fin y disimulándole esta miseria que admite con otras muchas el ánimo flaco de la mujer por una vana presunción de excelencia en que se ceba su amor propio. Mas es el caso que la padecen también algunos hombres, y todos por las mismas causas; que son, mala crianza la primera, y después orgullo, soberbia, quijotismo, que todo junto es sólo pequeñez de ánimo e irracionalidad.

Llegó Pedro Saputo, y la madre le derramó todo el canasto de ofrecimientos no quedándole nada por decir ni ofrecer. No así la muchacha, que le recibió con agrado y nada más. Volvió al día siguiente y la madre los dejó solos un rato. Él, sin embargo, habló de cosas generales; y lo mismo hizo cuatro o cinco días, pero procurando con disimulo y eficacia llegar a su corazón, y notando todo lo que ella sin pensar ni querer iba manifestando. Un día, en fin, después de estar seguro de la disposición de Teresita por varias señales infalibles, dijo, estando la madre, que trataba de hacer un viaje de algunos meses. Apenas oyó esto la madre, saltó: - ¿Cómo?; ¿agora que os empezábamos a querer tanto os iríades? - ¿Cómo?, dijo, también yo, respondió él; ¿agora comenzabais a quererme, cuando yo pensaba que siempre me quisisteis? Engañado viví, por vida mía. - Las que os querían antes, o siempre, como decís, dijo la muchacha, tenían con vos esta obligación; nosotras no la teníamos hasta agora. Entendió Pedro Saputo la alusión, que por otra parte era bastante clara; pero ya la muchacha había mostrado ser vivamente herida por la noticia, por más que quiso disimular. Y dijo él sonriéndose: - Yo, apreciable Teresita, correspondo a quien me lo merece, y en el grado que me lo merece. Y no pasaron de aquí en esta primera explicación que todo lo dejaba en el mismo estado, pero con la brecha señalada y casi abierta.

Volvió por la tarde, y la madre como acostumbraba también los dejó solos. - Regularmente, dijo a Teresita, vendré ya sólo a despedirme, porque estoy cometiendo una imprudencia en que hasta hoy no había caído. Vos habéis de ser monja, y ni a vos ni a mí están bien tan frecuentes visitas; a vos porque acaso dirán que gustáis de conversaciones mundanas, y a mí porque el tiempo que paso en esta casa le podría emplear mejor en otras donde no piensan en desaparecer de mis ojos para siempre. - Y vos lo sentiríades mucho, dijo ella. Decid más bien que os pesa de venir a verme, o que os piden celos, y no aleguéis el monjío. - No me piden celos, respondió él; pero sí me pesa de venir a veros, porque a quien no quiere a los hombres, ¿por qué la querría ninguno? - Si me dejasen amar a quien yo quiero, contestó ella, no pensaría en el claustro. - Pero el amor, Teresita, es libre, y si amásedes a alguno, estad segura de que nadie os lo podría impedir; y si aborrecéis a ese hombre que os proponen, nadie tampoco os forzaría a amalle. Hablad, explicaos, decidme lo que hay en vuestro corazón, e yo me prefiero a libraros de toda molestia e importunidad. A estas palabras ella se conmovió, le miró a él con vergüenza y con ternura, se paró colorada, suspiró, y dijo: - Ya lo veis, no os puedo decir más; y harto a pesar de mi cuidado, lo habéis podido conocer estos días. - Sí, amable Teresa, dijo él, sí que lo he conocido... Vive tranquila y segura, que yo fío no te hablarán más del hijo de Pero Pérez ni del triste desesperado claustro. - Pues yo, dijo ella desechando toda reserva, porque ya no cabía, te he querido siempre, ¡y tú no venías a verme! No tenía, no, vocación de monja; en ti y sólo en ti pensaba siempre, y esto y el ver la terquedad de mi padre con ese payo de Tadienta me desesperaba y dije: pues monja, primero monja por despecho, monja por venganza... Maldiciendo mi suerte y a ti y a todos con ella. ¡Porque, ay, tan tuya que era, y tú ni aun sabello querías! Tan poco valía hasta hoy a tus ojos. ¡Ay lo que he padecido! - Valías mucho, Teresa, valías mucho, le dijo él; mas ya acabarás de conocerme, y entenderás por qué esquivaba tu trato o más bien el venir a tu casa. Pero ¿cesará desde hoy toda tu pena? - Ya ha cesado, respondió; ya, sí, ya ha cesado, ya soy feliz. He podido decirte que era tuyo mi corazón, y tú lo has admitido. Lo demás corre todo a tu cuenta. (Y corrió, en efecto, hasta el honor de ella misma.)

Al día siguiente dijo él a su padre, que ya Teresita había desistido de su propósito de meterse monja, pero que convenía no hablarla en el particular por ahora; y a su tía escribirle que como cosa de tanta consecuencia había que pensarlo mucho, y que se le avisaría. En cuanto al enlace que tenían proyectado, que no la importunasen, porque había él conocido que ni al uno ni al otro les convenía. Y así lo hicieron, quedándole muy agradecido por el servicio el alma fofa de Sisenando.

Peligroso es el examen de la vocación y un tanto ocasionada la prueba; pero de tejas abajo este examen es el más legítimo, y esta prueba la de menos engaños. Por lo menos es cosa averiguada que la vocación a la vida del claustro es muy rara, así como son muy raras las personas a quien diga más el estado recto y natural del matrimonio que el violento y antinatural del celibato perpetuo. Asimismo está observado que las jóvenes que creen y se cree que no saben amar, es porque no han dado con el hombre de su corazón; den con él y al punto amarán, al punto se les verá sensibles y apasionadas. Y si al umbral del convento topan y les hacen una seña, del umbral del convento se volverán atrás, y le seguirán, y buscarán su descanso y felicidad en los brazos de aquel hombre.
Yo, testigo.