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domingo, 26 de abril de 2026
Ric
domingo, 11 de enero de 2026
Gerard Bellalta, Empresario, presidente, Círculo Empresarios Tabarnia
Gerard Bellalta. Empresario y presidente del Círculo de Empresarios de Tabarnia.
- Tengo 57 años. Soy empresario y pertenezco a una familia cuyo origen catalán se sumerge en el siglo XVII. Mis antepasados lucharon junto a Ramón Cabrera i Griñó en el bando carlista y también con el general Franco en la guerra contra el comunismo. He trabajado duro desde muy temprana edad. Tengo una gran mujer y dos hijas maravillosas. Soy catalán de nacimiento y de origen; sin embargo, debo decir, no sin dolor, que hoy me avergüenzo profundamente de serlo y también muy cansado de vivir en Cataluña.
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| Marta Rovira, la oprimida fugada, cuando le nombran Tabàrnia |

Estoy harto de que el Gobierno de España deje sin respuesta los permanentes actos de insurrección que se producen a diario en todas las ciudades catalanas. Estoy harto del abandono sometido durante años a los catalanes que hemos sido siempre fieles a España.
Estoy harto de que me roben los políticos catalanes y que ese dinero vaya a parar a la gente demasiado perezosa para ganarlo.
Estoy harto de que me digan que el movimiento separatista es pacífico, cuando todos los días me llegan decenas de historias de catalanes que son ofendidos, agredidos, amenazados, boicoteados… por no someterse a los dictados ni aceptar el relato mentiroso de los secesionistas.
Estoy harto de los supremacistas catalanes y de aquellos que, para reivindicar su catalanidad, han renunciado a sus raíces procedentes de otros puntos de España, con gran olvido de lo que son.
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| Boadella, Tabàrnia |
Estoy harto de lazos amarillos, de insultos a España, de mossos que no sirven por igual a todos los catalanes, de periodistas mercenarios que desinforman deliberadamente, de docentes que enseñan a los niños a interiorizar el odio a España, de los radicales que han tomado el control de nuestras calles, de los políticos que han echado un pulso al Estado con la connivencia y el dinero del mismo Estado.
Estoy harto de que todos nuestros errores y fracasos sean siempre culpa de otros y nunca de nosotros mismos. Estoy harto de que no aceptemos nuestras muchas taras morales.
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| Bernat Catasús, JNC, matón de Puchcagón |
Estoy harto de que utilicen nuestro dinero para financiar medios de comunicación que predican el odio contra los catalanes que nos sentimos profundamente españoles, por convicción y por principios.
Estoy harto de la inmersión lingüística. He tenido que matricular a la menor de mis hijas en un centro de enseñanza privada para que conozca la lengua de Cervantes y tenga las oportunidades fuera de Cataluña que la lengua catalana no le ofrecerá nunca.
Estoy harto de que me digan que el derecho a decidir de dos millones de catalanes debe imponerse al deseo de cuarenta millones de españoles de permanecer unidos.
Estoy harto de escuchar a los políticos separatistas hablando mal del resto de España, cuando sabemos que le debemos todo cuanto hemos sido.
También estoy malditamente harto de que se acuse a España de robarnos, sobre todo cuando los que nos han robado han sido los políticos separatistas que hoy proclaman el desorden y la rebelión, porque no tienen nada que perder.
Estoy harto de que los funcionarios catalanes alineados con el separatismo aparenten ser el mejor ejemplo de compromiso con nuestra gente. Estoy harto de que gente que no ha emprendido nunca nada ni pagado una sola nómina, hayan construido el relato de una Cataluña de buenos y malos.
https://www.youtube.com/watch?v=Ewanuvkqz2Q
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| aviso, aniré i mataré els seus pares davant d´ells, xbdn1971 |
Estoy harto de los catalanes lobotomizados, que son una masa inerte enferma de odio, pero profundamente cobarde. Estoy harto de que se escondan tras los periodistas extranjeros y que cuando tienen que jugársela, deciden huir de la justicia. Estoy harto del permanente relato victimista, que se tergiverse la historia; que se ignore, por ejemplo, que cuando Franco venía a Cataluña, los líderes catalanes acudían rastreramente al palacio de Pedralbes a rendirle pleitesía y los obispos catalanes lo sacaban bajo palio en Montserrat.
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| Ana Gabriel, ayer, con disfraz de pro etarra, hoy en Suiza |
Estoy harto de que se caricaturice permanentemente a España, que se la dibuje como un país culturalmente atrasado, cuando los catalanes no tenemos un solo acontecimiento popular que nos sirva de atracción turística, como por ejemplo lo es Sevilla en su Feria de Abril, Valencia en sus Fallas, Málaga en su Semana Santa, Huelva en su Rocío (escarcha, rosada) o Pamplona en sus Sanfermines.
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| Jorge Pujol y Arturo Mas |
Estoy harto de que se menosprecien las tradiciones españolas y que luego copiemos sus ferias, charangas y romerías. Estoy harto de los hipócritas antitaurinos catalanes que acuden a las principales ferias taurinas del resto de España.
| Che Guevara, plaza toros, las ventas, Madrid |
Estoy harto de que nos sintamos superiores cuando el genio creativo hace tiempo que lo perdimos. Estoy harto de que hablemos mal de todo el mundo, de que hagamos mofa de las costumbres de otras regiones, cuando nuestros bailes, nuestros trajes regionales, nuestra cultura de calle, carece de interés salvo para nosotros mismos.

Estoy harto del desprecio a los andaluces, cuando no consta que nuestros compatriotas del sur recurran a las sardanas (un baile sardo, de Sardinia, Cerdeña, Sardenya, etc.) para amenizar sus fiestas, como nosotros recurrimos a su folclore para amenizar las nuestras.
Estoy harto de que nos creamos el ombligo del mundo cuando no tenemos un solo símbolo cultural e identitario por el que se nos reconozca fuera de España. Quizás la barretina, barret, beret?
Estoy harto de los curas y obispos que respaldan en las homilías a los que ayer quemaban sus templos.

Estoy harto de que las familias y los amigos no podamos reunirnos civilizadamente sin que las diferencias políticas marquen el desarrollo de la velada.
Estoy harto del fanatismo de miles de catalanes, que interpreten como una victoria lo que no ha sido sino una gran derrota, que se dejen engañar como niños, que consideren héroes a los representantes de la casta más ladrona y corrupta de España.
Estoy harto del escaso valor que tiene la palabra dada en Cataluña, de que hayamos acabado con el seny, de que la desmemoria nos impida reconocer nuestras complicidades históricas con esclavistas, terroristas y oligarcas usureros, del cobarde victimismo del separatismo, de que media Cataluña odie a la otra media, de que nuestra adhesión a España haya dependido siempre del dinero recibido. Estoy harto de los empresarios catalanes que ayudaron a Franco a ganar la guerra y que luego se alinearon con el separatismo. Estoy harto de que el voto de la Cataluña rancia valga el triple que el de un barcelonés.
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| La brossa s'ajunte, catalanistes amb l´etarra Arnaldo Otegui |
También estoy harto de que pocos catalanes se enfrenten a la realidad de una región que, antes de 50 años, será mayoritariamente musulmana.
Sí, estoy terriblemente harto de lo que muchos catalanes están haciendo. Estoy profundamente avergonzado de ser catalán y muy harto de vivir en Cataluña.
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| adoctrinament a l´escola ? Què va! |
Lo lamento por mis hijas. Lamento que se vayan a encontrar con una Cataluña mucho peor que la que nosotros heredamos. Gracias a Dios que aún nos queda el resto de España para liberarnos de este infierno, del que estoy cada día más harto.
viernes, 21 de noviembre de 2025
Mon yayo va arribá als 104 añs
- Mon yayo va arribá als 104 añs y fumabe 2 habanos cada día, bebíe whisky importat totes les nits, minjabe marisco (clasqueta) 3 vegades a la semana, visitabe a la seua jove y maja amán asíduamen.
- Y de qué va morí?- Lo vam tindre que matá, mos eixíe caríssim!
sábado, 29 de marzo de 2025
Un camello pot traballá tota la semana
Un camello (o dromedari) pot traballá tota la semana sense beure,
un home pot beure tota la semana sense treballá.
A camel can work for a whole week without drinking, a man can drink for a whole week without working.

lunes, 29 de julio de 2024
4. 12. No se sap res mes de Pedro Saputo. Sort de Morfina, dels pares y de Rosa y Eulalia.
Capítul XII.
No se sap res mes de Pedro Saputo. Sort de Morfina, dels pares y de Rosa y Eulalia.
¡Oh qué infelís es lo home, que no vol entendre que la alegría es anunsi de penes, la molta prosperidat, lo rostro irónic de la desgrassia y lo día de la satisfacsió, la vespra del doló y del mes gran cop de la sort! ¡Qué infelís qui aixó no u entén o u olvide! Traissions mes be que favors pareix que siguen les glories de este món; alevossíes, ardits y emboscades del mal, caén sempre an elles confiadamen pera espantamos después de la mudansa y renegá de la nostra estrella y de la vida. ¡Lo nostre estrel!
¿A qué li diém estrella? No ña estrel, hado, sort ni fortuna, mes que la manifesta soberana Providensia que fa lo que vol de natros y de les nostres coses, valense unes vegades dels nostres mateixos vissis, atres de les nostres virtuts; unes, de la nostra prudensia, atres, de la nostra temeridat; y atres obrán sense pará cap cuenta de lo que natros som, o fem o fiquem de la nostra part. ¿Quína familia mes dichosa y mereixcudamen felís que la de don Alfonso? ¿Quína satisfacsió la de ajuntás al final tantes persones, tan volgudes entre elles, tan exelens y tan dignes tamé de aquella felisidat? Pos que séntigue lo lectó en qué va pará tot mol depressa.
Un mes fée que Pedro Saputo habíe eixit de Saragossa, y encara no se sabíe de ell; ni se va sabé en dos ni en tres mesos que van passá. Lo pare va escriure al virrey, éste, al ministre; y ¡quín espán al ressibí una carta autógrafa de S. M. a la que li díe, que sempre habíe dessichat torná a vore a Pedro Saputo, y que en efecte pensabe cridál, pero que res sabíe de aquella carta, no habíe donat orden a ningú que lo faigueren vindre!
Va escriure inmediatamen a don Alfonso; se va presentá éste a Saragossa, y al vore lo que passáe, va pensá que caíe mort.
Lo virrey se va ficá neguitós y se va omplí de pena, ya per lo que li puguere habé passat a Pedro Saputo, ya perque se podríe sospechá que habíe tingut algo que vore al engañ. Va alentá a don Alfonso, li va aconsellá que anare a la Cort y se presentare a S. M.; y u va fé lo bon caballé. Pero lo Rey, tan apocat com ell del cas, y ofés y sentit de que se haguere empleat lo seu nom pera un fet de traidós com pareixíe sé, va fé practicá continues diligensies durán uns dos mesos, y cap llum se va pugué traure del cas.
Entonses don Alfonso va incliná lo cap a la seua desgrassia, va besá la má al Rey, que va plorá en ell al despedíl, y sen va entorná cap a Aragó a casa seua.
Tots en tan funesta nova van caure a la mateixa aflicsió y abatimén; y va tindre encara valor pera aná a vore a Morfina. Ella, cuan lo va vore arribá sol, blang, y com dudán de saludál después de tan tems que no teníe notissies, va sospechá lo que passáe y se va desmayá. Cuan se va reviscolá, la van portá al llit y van fé lo que en estos casos se fa en persones mol volgudes.
- Ya no lo vorem mes, díe don Alfonso...
- ¡Ay, don Alfonso!, voleume mol, que yo tamé tos vull.
- Filla, li responíe ell, tos vull tan com al meu fill.
- Sí, sí, díe ella; ¡digueume així, crideume filla, trateume com a filla, parleume com un pare, perque ya no sonará datra veu de consol als meus oíts! Vuit díes se va aturá allí don Alfonso, per una part no podíe dixá a Morfina, y per l'atra volíe torná a casa seua aon igual ñabíe mes nessessidat de la seua presensia. Sen va aná, pos, diénli a Morfina que mentres de sert no sapigueren res de ell, no debíe desconfiá, pos teníe la costum de no escriure cuan estáe de viache. Morfina va contestá meneján lo cap, y donán a entendre en aixó que ya no ere lo mateix que a un atre tems. Be lo coneixíe don Alfonso, y ell no u creíe; pero ¿qué li habíe de di an aquella infelís? Y tamé se engañáe an ell mateix tot lo que podíe.
La semana siguién van aná a vórela Juanita y lo seu home y van estáy sis díes. Sen van entorná y continuán los correus diaris entre les dos families, li va fé al cap de un mes un atra visita don Alfonso, y se la va emportá a casa seua, acompañanla tamé son germá don Vicente. ¡Quíns abrassos! ¡Quíns llagrimots!
Pero, ¿quí u diríe? La mes serena de tots va sé la mare; perque estáe acostumada a que desde chiquet sen anare los mesos y los añs y a no tindre noves de ell, y li pareixíe que tamé ara ere lo mateix, no fen cas de la fingida carta del Rey ni de lo que tots sospechaben y ploraben. Una mica se va ablaní al vores abrassá per Morfina que li va doná lo títul de mare, y va plorá tamé en ella; pero sempre ere la que menos afligida estáe perque ere la que menos creíe en la seua desgrassia.
Los primés díes encara pareix que se distraíe Morfina una mica de lo seu doló, pero pronte va escomensá a decaure hasta que del tot vensuda se va quedá un día gitada al llit pera no eixecás mes.
Com tots ploráen, com no ñabíe a la familia cap persona indiferén, y Paulina que va vindre, va aumentá encara lo desconsol general si ere possible, perque no va fé mes que plorá, la pobre Morfina se va aná acabán mol depressa. Y un matí veénse rodechada de tots, los va mirá, va tancá una mica los ulls, y después tornanlos a obrí, va exclamá en un fondo sentimén: ¡y no l’ ham de vore mes...!
Y se li va apretá lo cor de modo que li va doná un desmayo del que ya no va torná, expirán als brassos de don Alfonso y de Juanita que, feta un esqueleto de arguellada, pero en peu en una fortalesa invensible, la va assistí constanmen sense apartás del seu llit hasta que la va vore expirá, hasta que li va tancá los párpados; dién de ella que no haguere cregut que podíe ñabé una dona tan perfecta al món. Perque los seus ulls, si dís pot de una mortal, eren verdaderamen selestials, plens de sensibilidat y inteligensia, y ñabén an ells, a juissi de la mateixa Juanita, mes meditassió encara y profundidat que als de Pedro Saputo, y templán les seues mirades en una suave tendresa que pujabe del cor y regalabe y desfée lo de qui la mirae. Los seus movimens, encara que naturals, teníen molta noblesa, y la seua grassia en tot ere extremada, lo seu gesto afable y sereno, lo seu parlá encantadó: en una paraula, no pareixíe naixcuda a la terra.
La mort de esta infelís va sé com la siñal y anunsi de les que mol pronte habíen de seguí: va sé Juanita la primera que va morí parín als cuatre mesos. An ella la va seguí don Alfonso dins del añ, de un carbunco al pit. La mare, sense lo seu home y una nora tan apressiable y amán, sen va volé aná a Almudévar, pareixenli que allí viuríe menos apenada: y encara que u va sentí mol don Jaime no se va oposá al viache de sa mare política, y la va acompañá y la va visitá después en frecuensia.
A Almudévar va descansá una mica de la seua aflicsió, pos al prinsipi li va pareixe que tornáe al seu antic estat de pupila en lo hermós y noble fill del seu amor. Pero tamé se va passá rápit este engañ de la seua imaginassió; y encara que no podíe convenses de la mort del seu fill, y per mes que Eulalia y Rosa no la dixaben, esmeranse a porfía a servila y contemplala, se va aná carregán de tristesa, después de melancolía, y als cuatre o sing añs va morí, plorada per tots y mes espessialmen de aquelles les seues dos filles, com les cridabe.
Tampoc elles se van pugué creure la desgrassia de Pedro Saputo; pero al fin van rendí la seua esperansa; y después se ajudaben y esforsaben, passán lo tems juntes continuamen y parlán de Pedro Saputo; y ni se van casá, despressián a tots los bons partits que les van tantejá, ni van pensá en tancás al claustro, que ere al que entonses solíen pará les donselles desengañades. No se van fé velles, pos van morí en un añ de diferensia, primé Rosa, y después Eulalia, als vuit de la mort de la pupila, y dixán en vida la una a la seua viuda mare, y l'atra a son pare y a sa mare, que ere la padrina, aquella padrina tan bona y tan enamorada de son fillol.
Don Jaime, son germá de Pedro Saputo, se va torná a casá, y sol va reconeixe lo que habíe perdut en la seua primera dona, cuan va experimentá lo que ere la segona. Be que com home de menos temple que atres, se va acomodá a viure y a no morís mes que de agüelo. Paulina ya no va torná mes an aquell poble; sí auncás una vegada a vore a la pupila de Almudévar. La visitabe assobín don Jaime, y la instabe que vinguere, pero li va contestá desde la primera vegada, que lo sel sense Deu y los sans no siríe sel; que la seua aldea habíe sigut lo sel y la terra y dixat de séu pera sempre; y que no se cansare fenli instansies, perque no hi aniríe ni en lo pensamén, si podíe de allí apartál. Pero ell, com tamé sentíe la soledat a casa seua, tornáe sempre y insistíe en lo mateix; sempre pera emportás la mateixa resposta.
Original en castellá:
Capítulo XII.
No se sabe más de Pedro Saputo. Suerte de Morfina, de los padres y de Rosa y Eulalia.
¡Oh qué infeliz es el hombre, que no quiere entender que la alegría es anuncio de penas, la mucha prosperidad, el rostro irónico de la desgracia y el día de la satisfacción, la víspera del dolor y del mayor golpe de la suerte! ¡Qué infeliz el que esto no entiende o lo olvida! Traiciones más bien que favores parece que sean las glorias de este mundo; alevosías, ardides y emboscadas del mal, cayendo siempre en ellas necia y confiadamente para espantarnos luego de la mudanza y maldecir de nuestra estrella y de la vida. ¡Nuestra estrella! ¿A qué llamamos estrella? No hay estrella, sino, hado, suerte ni fortuna, que la manifiesta soberana Providencia que hace lo que quiere de nosotros y de nuestras cosas, valiéndose unas veces de nuestros mismos vicios, otras de nuestras virtudes; unas, de nuestra prudencia, otras, de nuestra temeridad; y otras obrando sin tener ninguna cuenta con lo que nosotros somos, o hacemos o ponemos de nuestra parte. ¿Qué familia más dichosa y merecidamente feliz que la de don Alfonso? ¿Qué satisfacción como la de juntarse al fin tantas personas, tan amadas entre sí, tan excelentes y tan dignas también de aquella felicidad? Pues oiga el lector en qué vino a parar todo muy aprisa.
Un mes hacía que Pedro Saputo había salido de Zaragoza, y aún no se sabía de él; ni se supo en dos ni en tres más que pasaron. El padre escribió al virrey, éste, al ministro; y ¡cuál fue su espanto al recibir una carta autógrafa de S. M. en que le decía, que siempre había deseado ver a Pedro Saputo, y que en efecto pensaba llamarle, pero que nada sabía de su llamamiento, no había dado orden a nadie que le hiciesen venir! Escribió inmediatamente a don Alfonso; presentóse éste en Zaragoza, y al ver lo que pasaba, pensó caerse muerto. El virrey se llenó de inquietud y pesadumbre, ya por lo que pudiera haber sucedido a Pedro Saputo, ya porque se podría sospechar que había tenido parte en el engaño. Alentó en fin a don Alfonso, le aconsejó fuese a la corte y se presentase a S. M.; y lo hizo el buen caballero. Mas el rey, tan afligido como él del caso, y ofendido y altamente sentido de que se hubiese tomado a su nombre para un hecho tan atroz como parecía ser, hizo practicar exquisitas y continuas diligencias por espacio de dos meses, y ninguna luz se pudo adquirir del suceso. Entonces don Alfonso inclinó la cabeza a su desgracia, besó la mano al rey, que lloró con él al despedirle, y se volvió a Aragón a su casa.
Todos con tan funesta nueva cayeron en la misma aflicción y abatimiento; y como en él era el dolor más antiguo y su corazón más fuerte asimismo, tuvo aún valor para ir a ver a Morfina. Ella, cuando le vio llegar solo, pálido y como dudando saludarle después de tanto tiempo que carecía de noticias, sospechó su mal y le dio un desmayo. Vuelta en sí, la llevaron a la cama e hicieron cuanto en semejantes casos se hace con personas muy queridas. - Ya no le veremos más, decía don Alfonso... - ¡Ay, don Alfonso!, queredme mucho, que yo también os quiero. - Hija, le respondía él, os quiero como a mi hijo. - Sí, sí, decía ella; ¡llamadme así, llamadme hija, tratadme como a hija, habladme como padre, porque ya no sonará otra voz de consuelo en mis oídos! Ocho días se detuvo allí don Alfonso, porque por una parte no sabía dejar a Morfina, y por otra deseaba volver a su casa en donde acaso había más necesidad de su presencia. Fuese pues, diciendo a Morfina que mientras de cierto no supiesen lo que era de él, no debía desconfiar, pues tenía la costumbre de no escribir cuando estaba de viaje. Morfina contestó meneando la cabeza, y dando a entender con esto que no era ahora lo mismo que en otro tiempo. Bien lo conocía don Alfonso, y él no lo creía; pero ¿qué había de decir a aquella infeliz? Y también se engañaba a sí mismo todo lo que podía.
La semana siguiente fueron a verla Juanita y su marido y estuvieron seis días. Volviéronse y continuando los correos diarios entre las dos familias, le hizo al cabo de un mes otra visita don Alfonso, y se la trajo a su casa acompañándola también su hermano don Vicente. ¡Qué abrazos! ¡Qué lágrimas!
Pero, ¿quién lo diría? La más serena de todos fue la madre; y era que estaba acostumbrada a que desde niño se fuese los meses y los años y a no tener nuevas de él, y le parecía que también ahora era lo mismo, no haciendo caso de la fingida carta del rey ni de lo que todos sospechaban y lloraban. Un poco se conmovió al verse abrazar de Morfina que le dio el título de madre, y lloró también con ella; pero siempre era la que menos afligida estaba porque era la que menos creía en su desgracia.
Los primeros días aún parece que se distraía Morfina un poco de su dolor, pero pronto empezó a decaer hasta que del todo vencida se quedó un día en la cama para no levantarse más. Como todos lloraban, como no había en la familia una persona indiferente, y Paulina que vino, aumentó aún el desconsuelo general si era posible, porque no hizo sino llorar, la pobre Morfina fue acabando muy aprisa. Y una mañana viéndose rodeada de todos, los miró, cerró un poco los ojos, y luego volviéndolos a abrir, exclamó con un profundo sentimiento: ¡y no le hemos de ver más...! Y se le apretó el corazón de modo que le dio un desmayo del cual no volvió, expirando en los brazos de don Alfonso y de Juanita que, hecha un esqueleto de flaca, pero en pie con fortaleza invencible, la asistió constantemente sin apartarse de su cama hasta que la vio expirar, hasta que le cerró los ojos; diciendo de ella, luego que la conoció, que no hubiese creído podía haber una mujer tan perfecta en el mundo. Porque sus ojos, si decirse puede de una mortal, eran verdaderamente divinos, llenos de sensibilidad e inteligencia, y habiendo en ellos, a juicio de la misma Juanita, más meditación aún y profundidad que en los de Pedro Saputo, y templando sus miradas con una suave ternura que subía del corazón y regalaba y deshacía el de quien la miraba. Sus movimientos, aunque naturales, tenían mucha nobleza, y su gracia en todo era extremada, su gesto afable y sereno, su habla encantadora: en una palabra, no parecía nacida en la tierra.
La muerte de esta infeliz fue como la señal y anuncio de las que muy pronto habían de seguirse: fue Juanita la primera que murió de parto a los cuatro meses. A ella siguió don Alfonso dentro del año, de un carbúnculo en el pecho. La madre, sin su esposo y una nuera tan apreciable y amante, se quiso ir a Almudévar, pareciéndole que allí viviría menos afligida: y aunque lo sintió mucho don Jaime no se opuso al viaje de su madre política, y la acompañó y la visitó después con frecuencia.
En Almudévar descansó un poco de su aflicción, pues al principio le pareció que volvía a su antiguo estado de pupila con el hermoso y noble hijo de su amor. Mas también se pasó presto este engaño de su imaginación; y aunque no podía persuadirse la muerte de su hijo, y por más que Eulalia y Rosa no la dejaban, esmerándose a porfía en servirla y contemplarla, fuele cargando la tristeza, luego la melancolía, y a los cuatro o cinco años murió llorada de todos y más especialmente de aquellas sus dos hijas, como las llamaba.
Tampoco ellas no creyeron de presto la desgracia de Pedro Saputo; pero al fin rindieron su esperanza; y después se ayudaban y esforzaban, pasándolo juntas continuamente y hablando de Pedro Saputo; y ni se casaron, despreciando todos los partidos que les salieron, ni pensaron en meterse en claustro, que era en lo que entonces solían parar las doncellas desengañadas. No se hicieron viejas, pues murieron con un año de diferencia, primero Rosa, y después Eulalia, a los ocho de la muerte de la Pupila, y dejando en vida la una a su viuda madre, y la otra a su padre y a su madre, que era la madrina, aquella madrina tan buena y tan enamorada de su ahijado.
Don Jaime, el hermano de Pedro Saputo, se volvió a casar, y sólo conoció lo que había perdido en su primera mujer, cuando experimentó lo que era la segunda. Bien que como hombre de menos temple que otros, se acomodó a vivir y a no morir sino de viejo. Paulina ya no volvió más a aquel lugar; y sí fue una vez a ver a la Pupila a Almudévar. Visitábala a menudo don Jaime, y la instaba que viniese, pero le respondió desde la primera vez, que el cielo sin Dios y los santos no sería cielo; que su aldea había sido el cielo y la tierra y dejado de serlo para siempre; y que no se cansase en hacerle instancias, porque no iría ni aun con el pensamiento, si podía de allí apartarlo. Pero él, como también sentía soledad en su casa, volvía siempre y porfiaba en lo mismo; y siempre para llevar la misma respuesta.


















