Mostrando las entradas para la consulta enamorada ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta enamorada ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de mayo de 2019

LA RECONQUISTA DE CAMAÑAS


2.67. LA RECONQUISTA DE CAMAÑAS (SIGLO XII. CAMAÑAS)

Entre el alcaide moro de Camañas y el conde cristiano de Alfambra existía una enconada rivalidad como jefes de poblaciones fronterizas y enemigas que eran. Pero en casa del señor de Alfambra se hablaba tanto del alcaide sarraceno que la mujer de aquél acabó enamorándose a distancia de éste hasta tal extremo que logró convenir una cita secreta para verse a solas.
Aceptó el encuentro Yusuf, que sabía de las dotes y belleza de la condesa, e ideó de qué manera podría unirse a ella sin levantar las sospechas de don Rodrigo, su enemigo. De ahí que hiciera preparar a su hechicero un brebaje que, horas después de ser ingerido, la mantendría como muerta durante ocho días, tiempo suficiente para que el de Alfambra se hiciera a la idea de su desaparición.
El alcaide moro y la dama cristianamantuvieron la cita convenida, se declararon mutuo amor y decidieron poner en práctica el plan ideado por aquél. Así es que se amaron, tomó la pócima la enamorada y luego recorrió con sigilo los escasos kilómetros que separan a ambas poblaciones.
«Murió» la condesa en su propia casa como estaba previsto, pero el calor no huía de su cuerpo. Don Rodrigo, dubitativo, vertió plomo caliente en la mano de su mujer, que quedó perforada, pero su cuerpo no se movió. No cabía duda, pues: estaba muerta y fue enterrada entre sollozos.
Desenterrada por los hombres de Yusuf y «resucitada», se hizo pasar por una mujer venida de lejos, y se convirtió en la señora de Camañas. Mas con el tiempo, un mendigo la identificó por la mano horadada y dio aviso a don Rodrigo, quien, disfrazado también de pordiosero, se presentó en su casa, reconociéndose mutuamente, si bien le aseguró ella que estaba allí forzada.

Llegó entre tanto Yusuf y la dama escondió a su ex marido en un arca. Le preguntó al alcaide cuánto daría por apresar a don Rodrigo y al decirle que la mitad de sus bienes, la mujer levantó la cubierta del arca e intentó entregar a don Rodrigo, pero éste hizo sonar una flauta que llevaba escondida y al momento sus hombres, que estaban ocultos, atacaron y vencieron a los desprevenidos moros. De esta manera Camañas acababa de ser reconquistada, mientras Yusuf y su enamorada eran quemados vivos en Sierra Palomera.
[Lázaro Polo, Francisco, El bardo de la memoria..., págs. 195-197.]





Camañas es un municipio de la provincia de Teruel, perteneciente a la Comarca de Comunidad de Teruel, en la Comunidad Autónoma de Aragón, España. Tiene una población de 124 habitantes (INE 2018).

LA RECONQUISTA DE CAMAÑAS (SIGLO XII. CAMAÑAS)


Profesor e historiador de la literatura, natural de Caminreal.

Publicaciones. Monográficos

  • El bardo de la memoria  : historias y leyendas turolenses / Francisco Lázaro Polo. Teruel, Diputación Provincial, D.L. 1992; 205 p.:il.;18 cm
  • Cervantes y Teruel / Francisco Lázaro Polo. Teruel, Caja Rural de Teruel, 2005; 38 p.:il.;21 cm
  • Crónica del Teruel extraño / Francisco Lázaro Polo. Zaragoza, Ibercaja, 1999; 253 p.:il.;24 cm
  • Cuéntame El Cid en Teruel / Francisco Lázaro Polo. Teruel, Aragón Vivo, 2007; 79 p.:il.;23 x 25 cm
  • Personajes turolenses / Francisco Lázaro Polo ; dibujos, Mª Carmen Muñoz Ferrer. Teruel, Caja Rural de Teruel, 1997; 142 p.:il.;21 cm
  • Teruel y la literatura / Francisco Lázaro Polo. Teruel, Aragón Vivo, 2003; 256 p.;21 cm

Publicaciones. Artículos

  • "El Cantar de mio Cid y Teruel", Turia, 83, 2007, p. 379-403.
  • "Los poetas de Monreal", en Historia de Monreal del Campo, Monreal, 2006, p. 295-302 [Texto completo]
  • ``Ecos literarios del valle´´. Calamocha, Xiloca, 32, 2004, pág. 077-094 [Texto completo]
  • "Ecos literarios del valle", en Comarca del Jiloca, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2003, p. 177-192 [Texto completo]
  • ``Por los caminos literarios de El Cid Campeador´´. Calamocha, Xiloca, 25, 2000, pág. 173-188 [Texto completo]
  • ``Introducción a la literatura turolense´´. Calamocha, Xiloca, 20, 1997, pág. 257-283 [Texto completo]
  • ``Dos motivos significativos del Caminreal contemporáneo: el escudo y el ferrocarril´´. Calamocha, Xiloca, 08, 1991, pág. 063-070 [Texto completo]
  • `Notas aproximativas al dance de Caminreal´´. Calamocha, Cuadernos del baile San Roque, 03, 1990, pág. 095-105 [Texto completo]
  • ``Assi fera lo de Siloca, que es del otra part: alusiones épicas a nuestra comarca en el cantar del Mio Cid.´´. Calamocha, Xiloca, 05, 1990, pág. 091-100 [Texto completo]
  • ``Algunas notas sobre la historia, el folklore y el habla de Caminreal (Teruel)´´. Calamocha, Xiloca, 02, 1988, pág. 151-171 [Texto completo]

Bibliografía

  • Barreiro, Javier (2010): Diccionario de autores aragoneses contemporáneos, 1885-2005. Zaragoza, Diputación Provincial.

lunes, 29 de julio de 2024

4. 11. Elecsió de dona. Viache del pare y lo fill a Saragossa.

Capítul XI.

Elecsió de dona. Viache del pare y lo fill a Saragossa.

Día per día, poble per poble y donsella per donsella, li va contá ell llargamen la historia de la seua expedissió, donán mérit hasta als fets mes sensills. Resumín, después de lo mes particulá que ya se ha referit, an estes observassions generals: que habíe trobat a les mosses bastán ben enteses, pero sense cap instrucsió, ya que está mol errada o del tot abandonada la educassió, fenla consistí massa en exterioridats casi de hipocressía y en práctiques religioses y devossions que no ixen del cor ni penetren an ell, ni tenen mes arraíls que la imitassió, ni mes autoridat que lo que manen los pares y la forsa del ejemple desde que són chiquetes, pero vanes generalmen, sense suc y incapases de doná cap fruit de verdadera, sólida y entesa virtut. Lo que mes li habíe agradat: del Semontano, lo epicureísmo; de Graus, la formalidat; de Benabarre, la sensillés; de Tamarite, la caridat; de Monzón, la cortesanía, y de Fonz y Estadilla, la amenidat. Li van advertí que se olvidáe de Barbastro, y va contestá que de Barbastro li agradáe mol la aussensia.

Y los va contá lo cas de la pintura del Puch, del que sen van enriure tots, espessialmen don Alfonso, perque coneixíe an alguns dels sujetos.

- Sé empero, fill, que ñan sagales mol garrides (no garrudes ni garrules) y menos mal criades que a datres puestos.

Pero arribats al pun de triá novia, se va reduí la competensia a les tres consabudes, callán Pedro Saputo pera sentí mes libres los vots, lo que teníe tratat y adelantat en Morfina, y dién sol que contaren en ella, pos la seua repugnansia al matrimoni no habíe sigut lo que se creíe.

Una Rosa sen va aná y va dixá unes rosetes, "cúidameles, Ramonet, al jardinet de Queretes."

Rosa, la amable Rosa, aquella pensadora, inossenta y enamorada Rosa, va tindre tres vots, lo de la mare, lo de don Jaime y lo de Paulina. Los va di Pedro Saputo que teníen raó perque ere una sagala mol pressiosa; pero que li ere impossible mirala mes que com a germana; per mes que se habíe esforsat a doná al seu afecte lo temple del amor, may la podríe abrassá com amán ni com home, perque no li exitaríe mes que la correspondensia de un puro germá. Van sedí a tan just reparo, encara que sa mare en gran sentimén, desconsolanse de un modo que en prou penes la van pugué fé assistí a la consulta.

Eulalia va tindre los vots de tots menos lo del pare, que va di:

- Mol me agrade, mol vull a Eulalia, y mol val; pero aon estigue la perla, lo diamán de Morfina, que callon totes les donselles del món; ya que mos dius que has vensut la seua repugnansia. 

Entonses va pendre la paraula Pedro Saputo y va di:

"No hay vensut la repugnansia de Morfina al matrimoni, perque no la teníe; no, siñó pare, no la ha tingut may, y es éste un dels secrets de la meua vida, que se revele ara.

Desde chiqueta, o desde lo primé sentit y coneiximén de estos afectes, ha vullgut Morfina a un home, y ni abans ni después ha pogut voldre a datre; de modo que si en ell no haguere donat, potsé no sen trobare al món cap atre capás de arribá al seu cor.

Y eixe home soc yo.

Al passá per allí de estudián se va enamorá de mí y yo de ella; y se va enamorá perque la vach mirá y li vach parlá en intensió forta y atinada de penetrala de amor, y no va pugué resistís, ajudanme an este empeño la semellansa de sensibilidat que ña als dos, lo seu gust delicat; y lo raríssim y sublime entenimén de que va naixe dotada. Se va confirmá después este amor en dos visites mes que li vach fé, la una en los estudians a la volta o gira, l'atra, después de separám de ells, habén fet posada a casa seua, per rogs de son pare la primera, y de son germá la segona vegada. Pero en lo tems vach advertí que había cometut una imprudensia, pos lo meu naiximén no permitíe tan altes mires. Be va sabé quí era yo la radera vegada, adivinanu per unes paraules que son pare va di en alabansa meua, y lay vach confessá sense engañ; be me va jurá y probá que lo seu amor per aixó no dixáe de sé lo mateix y que seguíe están mes segura encara y enamorada; en tot no habíe tornat a vórela desde entonses, dixanla en libertat de un modo indirecte, y com obliganla a olvidám si puguere, o a pensá en lo que mes li convendríe. 

Va sé ella pera mí lo primé amor, perque hasta an aquell pun había sigut mol chiquet y puros jocs de sagalet los meus entretenimens en atres; y yo per an ella lo primé tamé, y ademés lo únic possible, com se ha vist. Yo, mentrestán, no me hay obligat a cap atra. Perque de Rosa ya te hay dit lo que ña; y Eulalia, que si no me haguera prendat de Morfina y obligat an ella, seríe la meua tría entre totes les donselles que conec, may me ha insinuat res de casamén ni ha demostrat extrañá que yo no li insinuara res an ella. Potsé u ha donat per cosa plana, pos ha dit algunes vegades que me preferíe a tots los prinseps del món juns; pero aixó no es una verdadera obligassió positiva pera mí; ni micha promesa ni asseptassió entre natros: mos unix la finura; gran, sí, mol; pero res mes que finura; així com ella me deu a mí datres que si no equivalen an eixa, al menos són de bastán momén pera que may me puguere di desconegut o ingrat. De chiquet vach jugá en ella; y cuan vach torná home al poble, ya era de un atra, y a la seua amistat y trate no hay olvidat esta sircunstansia.

Prop de set añs hay dixat passá sense visitá ni escriure a Morfina, sense fela entendre de cap modo que pensaba en ella, donán puesto al que hay dit; y se ha mantingut constán, fiel, amán sempre y la mateixa que cuan mos vam declará la primera vegada. Encara ha acreditat de un atre modo que lo seu amor es lo mes assendrat y fi y que cap al cor humano. En este tems ha tingut mols pretendens, entre ells alguns mayorazgos de cases de tituls, mossos ben plantats, adornats de aventajades parts, y mol estimats, y pera tots ha sigut insensible, habense format y cundit al món la opinió que no habíe naixcut en sensibilidat a propósit per al matrimoni, y que no ñabíe an ella inclinassió natural als homens. Tot aixó ¿qué vol di? ¿En quin cas y obligassió me fique, sense la que miche entre los dos fa tans añs? No sé yo quí u declare; a vosté, pare, a vosté siñora mare, a tots dixo la ressolusió. Sol demano que se tinguen per sertes les raons que hay ficat y los motius que hay manifestat, així respecte de ella, com de Eulalia y Rosa, que són les tres a qui está la competensia.

Va pará de parlá Pedro Saputo, y ningú preníe la paraula.

Va parlá al remat don Alfonso y va di:

- Morfina Estada es la donsella mes hermosa y discreta que hay conegut. Y habén yo cregut que absolutamen no volíe casás, com u va creure tamé son pare pandescanse, en qui vach parlá de ella algunes vegades, mos trobem ara en que ere lo teu amor lo que la fáe pareixe desdeñosa y fura, o mes be desamorada.

Mol apressiades són, cada una per lo seu, Rosa y Eulalia; consevol de elles te mereix, y la voría en gust de nora a la familia; pero después de lo que acabes de dimos, ya no tenim que pensá en elles, potsé se podríe repará en que Morfina té dos añs o una mica mes que tú, cuan fore milló que ne tingueres tú dotse mes que ella; yo no fico cap reparo.

- Ni yo, va di Pedro Saputo; perque la virtut may se fa vella y la discressió sempre té flo.

- Pos a la faena, va di lo pare; demá pronte monto a caball y men vach a vore a Morfina y a la seua bona mare, y tú, Pedro, si te pareix, perque lo teu juissi es lo sol que an aixó ha de regít, podríes aná a Almudévar a satisfé an aquelles dos amabilíssimes joves del modo que lo teu talento y lo teu discurs te sugerixque; perque Rosa no pot dissimulá lo seu amor, que al meu pareixe té poc de germana y mol de amán; y si ademés de aixó la han confiat, ya veus que seríe un cop de mort per an ella, sobre quedá mal en sa mare, que es tamé mare teua. Y a Eulalia ¿qué no li deus? ¿Qué no se mereix?

Yo vech que lo empeño es fort: pero, cumplix, fill meu, cumplix al teu honor y reputassió, has de doná este pas que exigix la humanidat al amor de aquelles dos amables donselles.

- Aniré, pos, a Almudévar, va di Pedro Saputo; les voré, les parlaré; y encara que les dones an estos casos tenen la raó al cor y no admiren reflexions, en tot no desconfío de dixales si no contentes, perque es impossible, al menos no desesperades ni enemigues meues. Ixiré demá mateix, mon anirem los dos a un tems.

En efecte, van eixí los dos en son demá, lo pare a vore a Morfina y tratá del casamén en la deguda formalidat, y lo fill a fé a les infelises de Almudévar la declarassió acordada, que va sé lo trance mes ressio al que se va vore en tota la seua vida. La mare va quedá pensán en la seua Rosa, que li pareixíe la mes grassiosa y amable de totes les donselles naixcudes de dona, y pressindíe de lo que díe son fill.

Dos díes fée que estáe Pedro Saputo a Almudévar, no habén insinuat encara res a les sagales, tot se habíe reduít a festa y jubileu entre ells, cuan va ressibí un plec del virrey aon li díe que se serviguere aná a Saragossa, pos teníe que comunicali una lletra de S. M.

Va acusá lo ressibo al virrey, li va di que anáe a empendre lo camí, y va volá.

Va arribá, y al vórel vindre tan pronte se va admirá y li va preguntá qué ñabíe.

A Morfina, veén la admirassió de don Alfonso, perque ya sabíe que estáe a Almudévar, encara que no va di res, li va doná un salt al cor, y sol se va assossegá veénlo sonriure sense cap siñal sospechosa. Los va amostrá lo plec, y va di son pare:

- Hi anirem juns; pero cuan va pugué parlali libremen a Pedro Saputo, li va di: me ha trastornat ixa notissia. ¡Yo que después de tans añs de esperá y no esperá, y de patí continuamen me creía ya al día de la meua felissidat y gloria!

- Se haurá de diferí o postposá per uns díes, va di Pedro Saputo; ara veus cóm es la sort la que done y trau los gochos de la vida, la que done llum y sombra, la tristesa y la alegría, en los nostres calculs y contra nells, en los nostres dessichos y en la seua contra.

¿Puc yo dixá de obeí al meu Rey? ¿Puc dixá de aná y presentám inmediatamen a Saragossa? Pos causes tan contraries com esta y de mes eficassia encara, per lo que ara se pot jusgá, te han privat de tindre noves de mí estos añs, y a mí de seguí lo meu dessich de donáteles y visitát. No ploros...

- No puc dixá de plorá, va contestá ella, y mes ara que puc plorá y sentí en libertat, y di per qué y per quí ploro. ¡Amán meu! ¡Home meu! ¡gloria meua! No acababe la infelís de lamentá la seua desgrassia, y dabán de tots ploráe y díe que no habíe ressibit lo seu cor cap cop tan fort en la seua vida. Pero no va ñabé arbitri pera detíndrel; pare y fill se van despedí, y ella se va tancá al seu cuarto a afligís y fartás de dili cruel y malissiosa a la sort, barruntán oscuramen allá al sego sentimén desgrassies que no sabíe quines siríen, ni cóm ni per aón habíen de vindre, pero que li anunsiabe lo cor com infalibles.

Pedro Saputo y son pare van aná al seu poble y sense pará se van ficá al camí de Saragossa. Se va presentá primé al virrey Pedro Saputo sol y li va enseñá aquell una carta de S. M. a la que li díe que averiguare aón se trobáe Pedro Saputo y li diguere que lo nessessitáe y dessichabe vórel; y va afegí:

- Espero que no tos faréu esperá a Palau.

- No, va contestá Pedro Saputo; pero primé vindré a vóretos en mon pare, que fa poc tems que 'l vach trobá y vach sé reconegut per nell. Hi van aná los dos en efecte, van minjá en lo virrey, y li van contá la seua historia, folgán mol S. Y. de sentila. Se va aturá a Saragossa uns díes, y se van separá, partín la un cap a la Cort, y l’atre cap a la seua aldea.

Se va aturá a Saragossa uns díes, y se van separá, partín la un cap a la Cort, y l’atre cap a la seua aldea.


Original en castellá:

Capítulo XI.

Elección de esposa. Viaje del padre y el hijo a Zaragoza.

Día por día, pueblo por pueblo y doncella por doncella, le contó él largamente la historia de su expedición, dando mérito con el gracejo en que la retintaba, aun a los hechos más sencillos. Resumiéndose en fin, después de lo más particular que ya se ha referido, en estas observaciones generales: que había encontrado en las muchachas bastantes buenos entendimientos, ninguna instrucción, aun la que está bien a las mujeres y muy errada o del todo abandonada la educación, haciéndola consistir demasiado en exterioridades casi de hipocresía y en prácticas religiosas y devociones que no salen del corazón ni penetran en él, ni tienen más raíces que la imitación, ni más autoridad que el mandato de los padres y la fuerza del ejemplo desde la niñez, pero vanas generalmente, sin jugo ninguno e incapaces de dar el menor fruto de verdadera, sólida y entendida virtud. Que en lo demás le había gustado: del Semontano, el epicureísmo; de Graus, la formalidad; de Benabarre, la sencillez; de Tamarite, la ligereza; de Monzón, la cortesanía, y de Fontz y Estadilla, la amenidad. Advirtiéronle que se olvidaba de Barbastro, y contestó que de Barbastro le gustaba mucho la ausencia. Y les contó el caso de la pintura del Pueyo, de que se rieron todos, especialmente don Alfonso, porque conocía a algunos de los sujetos. - Sé empero, hijo, que hay muchachas muy garridas y menos mal criadas que en otras partes.

Mas llegados al punto de elegir novia, se redujo la competencia a las tres consabidas, callando Pedro Saputo para oír más libres los votos, lo que tenía tratado y adelantado con Morfina, y diciendo solamente que contasen con ella, pues su repugnancia al matrimonio no había sido lo que se creía.

Rosa, la amable Rosa, aquella pensadora, inocente y enamorada Rosa, tuvo tres votos, el de la madre, el de don Jaime y el de Paulina. Díjoles Pedro Saputo que tenían razón porque era muchacha preciosísima; pero que le era imposible mirarla sino como hermana; por más que se había esforzado en dar a su afecto el temple del amor que jamás la podría abrazar como amante ni como esposo, porque no le excitaría sino la correspondencia de un puro hermano. Cedieron a tan justo reparo, aunque su madre con gran sentimiento, desconsolándose de un modo que con dificultad la pudieron hacer asistir a la consulta.

Eulalia tuvo los votos de todos menos el del padre, que dijo: - Mucho me gusta, mucho quiero a Eulalia, y mucho vale; pero donde está la perla, el diamante de Morfina, callen todas las doncellas del mundo; puesto que nos dices que has vencido su repugnancia. Entonces tomó la palabra Pedro Saputo y dijo: «No he vencido la repugnancia de Morfina al matrimonio, porque no la tenía; no, señor padre, no la ha tenido nunca, y es éste uno de los secretos de mi vida, que se revela agora. Desde niña, o desde el primer sentido y conocimiento de estos afectos, ha querido Morfina a un hombre, y ni antes ni después ha podido querer a otro; de modo que si con él no hubiese dado, quizá no le encontrara en el mundo capaz de llegar a su corazón. Y ese hombre soy yo.

»Al pasar por allí de estudiante se enamoró de mí e yo de ella; y se enamoró porque la miré y hablé con intención fuerte y atinada de penetralla de amor, y no pudo resistir, auxiliándome en este empeño la semejanza de sensibilidad que hay en los dos, su gusto delicado; y el rarísimo y sublime entendimiento de que nació dotada. Confirmóse luego este amor con dos visitas más que le hice, la una con los estudiantes a la vuelta, la otra, después que me separé de ellos, habiendo posado en su casa, a ruegos de su padre la primera, y de su hermano la segunda. Mas con el tiempo advertí que había cometido una imprudencia, pues mi nacimiento no permitía tan altas miras. Bien supo quién yo era la última vez, adivinándolo por unas palabras que su padre dijo en alabanza mía, y se lo confesé y dije sin engaño; bien me juró y probó que su amor por eso no dejaba de ser el mismo y que antes bien le abrazaba y seguía más resuelta aún y enamorada; con todo no había vuelto a vella desde entonces, dejándola en libertad de un modo indirecto, y como obligándola a olvidarme si pudiera, o a pensar en lo que más le convendría. Fue ella para mí el primer amor, porque hasta aquel punto había sido muy niño y puros juegos de niño mis entretenimientos con otras; e yo para ella primero también, y a más el único posible, como se ha visto. Yo, entretanto, no me he obligado a ninguna otra. Porque de Rosa ya te he dicho lo que hay; y Eulalia, que a no haberme prendado de Morfina y obligado con ella, sería mi escogida entre todas las doncellas que conozco, nunca me ha insinuado nada de casamiento ni ha demostrado extrañar que yo no le insinuase a ella. Quizá lo ha dado por cosa llana, pues ha dicho algunas veces que me prefería a todos los príncipes del mundo juntos; pero esto no es una verdadera obligación positiva para mí; no media promesa ni aceptación entre nosotros: es una fineza; grande sí, mucho; pero no más que fineza; así como ella me debe a mí otras que si no equivalen a ésa, al menos son de bastante momento para que nunca me pudiese llamar desconocido o ingrato. De niño jugué con ella; y cuando volví hombre al lugar, ya (yo) era de otra, y en su amistad y trato no he olvidado esta circunstancia.

»Cerca de siete años he dejado pasar sin visitar ni escribir a Morfina, sin hacerle entender de ningún modo que pensaba en ella, dando lugar a lo que he dicho; y se ha mantenido constante, fiel, amante siempre y la misma que cuando nos declaramos la primera vez. Todavía ha acreditado de otro modo que su amor es el más acendrado y fino y que cabe en corazón humano. En este tiempo ha tenido muchos pretendientes, entre ellos algunos mayorazgos de casas de títulos, mozos apuestos, adornados de aventajadas partes, y muy estimados, y para todos ha sido insensible, habiéndose formado y cundido en el mundo la opinión que no había nacido con sensibilidad a propósito para el matrimonio, y que no había en ella inclinación natural a los hombres. Todo esto ¿qué quiere decir? ¿En qué caso y obligación me pone, sin la que media entre los dos hace tantos años? No sé yo quién lo declare; a vos, padre, a vos señora madre, a todos dejo la resolución. Sólo pido se tengan por ciertas las razones que he puesto y los motivos que he manifestado, así respecto de ella, como de Eulalia y Rosa, que son las tres en quien está la competencia.»

Cesó de hablar Pedro Saputo, y nadie tomaba la palabra. Habló al fin don Alfonso y dijo: - Morfina Estada es la doncella más hermosa y discreta que he conocido. Y habiendo yo creído que absolutamente no quería casarse, como lo creyó también su difunto padre, con quien hablé de ella algunas veces, nos encontramos agora con que era tu amor lo que la hacía parecer desdeñosa y esquiva, o más bien desamorada. Apreciabilísimas son, cada una por su término, Rosa y Eulalia; cualquiera de ellas te merece, y la vería con gusto de nuera en la familia; pero después de lo que acabas de decirnos, ya no debemos pensar en ellas, quizá, salvo todo, se podría reparar en que Morfina tiene dos años o cerca más que tú, cuando fuera mejor que tuvieses tú, doce más que ella; yo no reparo. - Ni yo, dijo Pedro Saputo; porque la virtud nunca envejece y la discreción siempre tiene flor.

- Pues a la ejecución, dijo el padre; mañana pronto monto a caballo y me voy a ver a Morfina y su buena madre, y tú, Pedro, si te parece, porque tu juicio es el solo que en esto ha de regirte, podrías ir a Almudévar a satisfacer a aquellas dos amabilísimas jóvenes del modo que tu talento y tu discurso te sugiera; porque Rosa no puede disimular su amor, que a mi parecer tiene poco de hermana y mucho de amante; y si a más de eso la han confiado, ya ves que sería un golpe de muerte para ella, sobre quedar mal con su madre, que es también madre tuya. Y a Eulalia ¿qué no le debes? ¿Qué no merece? Yo veo que el empeño es arduo: pero, cumple, hijo mío, cumple a tu honor, cuanto más a tu reputación, dar este paso que exige la humanidad en el amor de aquellas dos amables doncellas. - Iré, pues, a Almudévar, dijo Pedro Saputo; las veré, les hablaré; y aunque las mujeres en estos casos tienen la razón en el corazón y no admiren reflexiones, con todo no desconfío de dejallas si no contentas, porque es imposible, no al menos desesperadas ni enemigas mías. Y saldré mañana mismo, yéndonos los dos a un tiempo.

Con efecto, salieron los dos al día siguiente, el padre a ver a Morfina y tratar del casamiento con la debida formalidad, y el hijo a hacer a las infelices de Almudévar la declaración acordada, que fue el trance más recio en que se vio puesto en su vida. La madre quedó pensando en su Rosa, la cual le parecía la más graciosa y amable de todas las doncellas nacidas de mujer, y prescindía de lo que decía su hijo.

Dos días hacía que estaba Pedro Saputo en Almudévar no habiendo insinuado aún nada a las muchachas, sino que todo se había reducido a fiesta y alegría entre ellos, cuando recibió un pliego del virrey en que le decía se sirviese pasar a Zaragoza, pues tenía que comunicarle una letra de S. M. Acusó el recibo al virrey, le dijo que iba a ponerse en camino, y voló a verse con su padre. Llegó, y al verle venir tan pronto se admiró y le preguntó qué había. A Morfina, viendo la admiración de don Alfonso, porque ya sabía que estaba en Almudévar, aunque no el objeto, le dio un vuelco el corazón, y sólo se sosegó viéndole sonreír sin señal alguna sospechosa. Mostróles el pliego, y dijo su padre: - Iremos juntos; mas cuando pudo hablar libremente a Pedro Saputo, le dijo: me ha trastornado esa noticia. ¡Yo que después de tantos años de esperar y no esperar, y de padecer continuamente me creía ya en el día de mi felicidad y de gloria! - Se habrá de diferir por unos días, dijo Pedro Saputo; ya ahora ves cómo es la suerte la que da y quita los gozos de la vida, la que da luz y la sombra, la tristeza y la alegría, con nuestros cálculos y contra ellos, con nuestros deseos y contra ellos. ¿Puedo yo dejar de obedecer a mi rey? ¿Puedo dejar de ir y presentarme inmediatamente en Zaragoza? Pues causas tan contrarias como ésta y de más eficacia aún, por lo que ahora se puede juzgar, te han privado de tener nuevas de mí estos años, y a mí de seguir mi deseo de dártelas y visitarte. No llores... - No puedo dejar de llorar, respondió ella, y más ahora que puedo llorar y sentir con libertad, y decir por qué y por quién lloro. ¡Amante mío! ¡Esposo mío! ¡Gloria mía! No acababa la infeliz de lamentar su desgracia, y delante de todos lloraba y decía que no había recibido su corazón golpe tan recio en su vida. Pero no hubo arbitrio para detenerle; padre e hijo se despidieron, y ella se encerró en su cuarto a afligirse y hartarse de llamar cruel y maliciosa a la suerte, barruntando oscuramente allá en el ciego sentimiento desgracias que no sabía cuáles serían, ni cómo ni por dónde habían de venir, pero que le anunciaba el corazón como infalibles.

Pedro Saputo y su padre fueron a su pueblo y sin parar se pusieron en camino para Zaragoza. Presentóse primero al virrey Pedro Saputo solo y le enseñó aquél una carta de S. M. en que le decía que averiguase dónde se hallaba Pedro Saputo y le dijese que le necesitaba y deseaba ver; y añadió: - Espero que no os haréis desear en Palacio. - No, respondió Pedro Saputo; pero vendré a veros con mi padre, que hace poco tiempo le he encontrado y fui de él reconocido. Fueron los dos con efecto, comieron con el virrey, y le contaron brevemente su historia, holgando mucho S. E. de oírla. Detuviéronse en Zaragoza unos días, y se separaron al fin, partiendo el uno para la corte, y el otro para su aldea.

lunes, 9 de noviembre de 2020

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA QUINTA.

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA QUINTA.

Un selós disfrassat de retó confesse a la seua dona, y ésta li done a entendre que vol a un mossen que ve a está en ella totes les nits. Mentres lo selós de amagatóns fa guardia a la porta, la dona fa entrá a un amán seu per la teulada o tellat, y están juns.

Lo rey, per a no pédre tems, li va di a Fiameta que continuare, y ella va escomensá aixina: Nobilíssimes siñores, la pressedén história me porte a raoná sobre los selosos, furtadós de la vida de les dones joves y casi procuradós de la seua mort. Están elles tota la semana tancades, atenén a les nessessidats familiás y doméstiques, dessichán, com tots, tíndre después los díes de festa alguna distracsió, algún descáns, y pugué entretíndres com u fan los llauradós al campo, los artesáns a la siudat y hasta los regidós dels tribunals, com va fé Deu cuan lo día set va descansá de tota la seua faenada, y com u volen les leys santes y les sivils, que miren pel honor de Deu y pel be comú, per naixó se han diferensiat los díes de treball de los de descáns. En aixó no miren res los selosos, y aquells díes, que per a totes les atres són alegres, an elles, tenínles mes tancades y mes vigilades, fan sentí mes mesquines; y aixó sol u saben les pobretes que u han experimentat. Per lo que, per a acabá, lo que una dona li fa a un home selós sense motiu, per sert que no se hauríe de condená, sino alabás.

Va ñabé a Rímini un viachán mol ric, en moltes possessións, y en mols dinés, que teníe una majíssima dona, y va arribá a está mol perdut pels sels, sensa datra raó que vóldrela mol, y la teníe per mol hermosa y sabíe que ella en tot lo seu afán se preocupabe de agradál, pero creíe que tots los atres homens la volíen, que a tots los pareixíe hermosa y tamé que ella se preocupáe de agradáls tan com an ell (argumén de home desgrassiat y de poc sentimén). Y aixina, en estos sels, tan la vigiláe y tan preta la teníe com u están los condenats a la pena capital, inclús mes. La dona, no ya a bodes o a festes o a missa no podíe anáy, sino que no se atrevíe ni a assomás a la finestra y mirá fora de casa; per naixó la seua vida ere mol trista, y no aguantabe este fastidio perque no teníe cap culpa de res.

Per lo que, veénse maltratá sense raó per lo seu home, va dessidí per a consolás trobá lo modo de tornáli esta injustíssia. Y com no podíe assomás a la finestra, no se podíe mostrá per a que algún li manifestare lo seu amor passán per la casa; pero sabén que a la casa apegada a la seua ñabíe un mosso pito y amable, va pensá que per un foradet a la tapia que dividíe les dos cases lo podríe mirá y a lo milló parláli, y potsé donáli una mica del seu amor si ell ne volíe, y de esta manera passá la seua desgrassiada vida hasta que lo dimoni ixquere del seu home.

Y anán de una part a l´atra, cuan lo seu home no hi estáe, revisáe la tapia, y va vore a un raconet mol amagat una bada, y mirán per nella, encara que casi no atináe res, sen va doná cuenta de que donáe a una alcoba, y se va di:

«Si fore esta la habitassioneta de Filippo (es di, del mosso veí seu), estaría ben contenta.» Y en secreto, a una criada seua, que li teníe llástima, la va fé espiá, y va trobá que lo jove dormíe allí sol; per lo que, arrimánse assobín a la bada, cuan sentíe que lo jove estáe allí, dixáe caure pedretes y rametes seques, y aixina lo jove, per a vore qué ere alló, se va arrimá a la bada. Ella lo va cridá en veu baixeta, y ell, que li va coneixe la veu, va contestá; y ella en curtes paraules li va obrí lo seu pensamén. Ben contén lo jove, va fé de la bada un forat, y cada día una mica mes gran, pero amagat per a que dingú puguere donássen cuenta; y per allí moltes vegades se parláen y se tocáen la ma, pero mes aban no podíen aná per la rígida guardia del home selós. Arrimánse la festa de Nadal, la dona li va di al home que, si li dixáe, volíe aná a missa, confessás y combregá, com fan los atres cristiáns; a lo que lo selós li va contestá: - ¿Y quín pecat has fet que vols confessát?

Va di la dona:

- ¿Cóm? ¿Creus que soc una santeta perque me tens tancada? Be saps que fach pecats, com totes les demés persones; pero no vull dítels a tú, que no eres retó. Lo selós va notá la mosca detrás de la orella, y va dessidí enterássen de quíns pecats habíe fet la seua dona, y va pensá la manera de féu; va contestá que li pareixíe be, pero que no volíe que aniguere a datra iglesia mes que a la seua capelleta, y que hi aniguere pel matí, prontet, y que se confesare en lo seu capellá o en lo retó que lo capellá li diguere, y no en datre, y que tornare enseguida a casa. A la dona li va pareixe que algo habíe entés; pero sense di res va contestá que aixina u faríe. Arribat lo matí de Nadal, la dona se va eixecá al eixí lo sol, se va arreglá y sen va aná a la capelleta que lo home li habíe manat. Lo selós, per la seua part, se va alsá pronte y sen va aná cap an aquella mateixa capelleta, y va arribá allí antes que ella; y habén ya en lo mossen de allí arreglat lo que volíe fé, vestínse rápidamen una de les sotanes del retó y una cassula gran en capucha, com u veém a la mayoría dels flares, se va assentá prop del coro. La dona, al arribá a la capelleta, va fé preguntá per lo mossen. Lo retó va víndre, y sentín que la dona volíe confessás, li va di que ell no podíe sentíla, pero que la encomanaríe a un compañ seu, y la va enviá cap al selós. Este, encara que estáe algo oscur y que portáe la capucha ficada, que li tapáe hasta los ulls, no va pugué amagás tan be que no siguere reconegut rápidamen per la seua dona; y ella, al vore alló, se va di an ella mateixa:

«Alabat sigue Deu, éste de selós se ha fet retó, pero dixéumel, que li daré lo que está buscán.»

Fen vore que no lo coneixíe, se va assentá als seus peus. Micer selós se habíe ficat unes pedretes a la boca per a que li cambiaren una mica la veu, y aixina la dona no lo reconeguere, pareixénli que en lo demés estabe ben disfrassat. Están al confessonari, entre les demés coses que la Siñora li va di, habénli dit primé que estabe casada, va sé que estabe enamorada de un mossen del seminari que totes les nits anabe a gitás en ella.

Cuan lo selós va sentí aixó, li va pareixe que li habíen enclavat un gaviñet de Albacete al cor; y si no fore que lo va animá lo dessich de sabé mes de alló, hauríe abandonat la confessó a miges y haguere colat, pero se va quedá coto y li va pregunta a la dona:

- ¿Y cóm es assó? ¿No se gite en vos lo vostre home?

La dona va contestá:

- Pare, sí.

- Pos - va di lo selós- ¿cóm pot tamé gitás en vos lo mossen? - Siñó - va di la dona - , cóm su fa lo retoret no u sé, pero no hay ña a casa cap porta tan tancada y barrada que, al tocála ell, no se óbrigue; y me diu ell que, cuan arribe a la de la meu alcoba, abans de obríla, diu sertes paraules per les que lo meu home se adorm incontinenti, y al notá que dorm, obri la porta, entre, ve cap a mí y me fique les garres altes; y aixó may falle, pos vaya potro está fet lo capellanet.
Va di entonses lo selós, una mica farfallós:

- Siñora, aixó está mol mal fet, teníu que abstíndretos de féu.
La dona li va di: - Siñó, aixó no crec que puga féu may, perque lo vull massa.
- Pos yo no podré absóldretos.
Va di la dona:
- U séntigo mol: no hay vingut aquí per a di mentires; si creguera que puc féu tos u diría. Va di entonses lo selós:

- En verdat, Siñora, me feu llástima, que tos vech pédre l´alma fen en estes coses; pero per a servissi vostre intentaré resáli unes orassións espessials a Deu en lo vostre nom, que potsé tos ajudon; y tos enviaré alguna vegada un escolanet meu al que li diréu si tos han ajudat o no; y si tos ajuden, continuarem.

La dona li va di:

- Siñó, no me enviéu dingú a casa, que si lo meu home sen entere, com es tan selós pensaríe que només ve per a algo roín, y may mes tindré pas en ell.
Lo selós li va di:

- Siñora, no tingáu temó per naixó, que u faré de tal manera que may tos dirá una paraula. Va di entonses la Siñora:

- Si assó tos diu lo cor, que se faigue.

Acabada la confessió, ressibida la peniténsia y eixecánse, sen va aná a sentí missa.
Lo selós, en la seu desgrássia, bufán y rebufán, sen va aná a tráures la roba de mossen y sen va entorná cap a casa, pensán cóm su faríe per a trobá juns al mossenet y a la dona, y fels una mala passada als dos. La dona va torná de la iglesia y li va notá al home a la cara que li habíe donat bones pascues; pero ell intentáe tan com podíe amagá lo que habíe fet y lo que li pareixíe sabé. Y habén dessidit passá la nit a la vora de la porta del carré esperán a vore si veníe lo retoret, li va di a la dona:

- Esta nit ting un sopá y dormiré fora, tancaré la porta del carré, cuan vullgues, gítat.
La dona va contestá: - En bona hora.

Y cuan va tíndre tems sen va aná cap al forat y va fé la siñal pactada, y al sentíla Filippo enseguida va acudí allí. La dona li va contá lo que habíe fet pel matí, y lo que lo home li habíe dit después de diná, y li va di:

- Estic segura de que no eixirá de casa, se ficará de guardia a la porta, aguaitán, y per naixó troba la manera de víndre esta nit aquí per la teulada, y estarem juns.
Lo jove, mol contén de aixó, va di: - Siñora, aixina u faré.

Arribada la nit, lo selós se va amagá en les armes carregades a una alcoba del pis baix.
La dona va fé tancá totes les portes, y sobre tot atrancada la del mich de la escala, per a que lo selós no puguere pujá si sentíe algo. Cuan li va pareixe be, lo jove va acudí per lo tellat, com si fore un gat, y a la alcoba de la dona que va entrá; y al llit se van está fénse la un al atre cussigañes y algo mes; y despuntat lo día, lo jove sen va entorná cap a casa.

Lo selós, dolgut, sense sopá y carpidet de fret, casi tota la nit va está en les armes prop de la porta, esperán que arribare lo mossenet; y arribán lo día, com ya no podíe velá mes, se va adormí a la alcoba del pis baix. Después, casi a la hora de tercia, se va eixecá, y com ya estáe uberta la porta de casa, va fé vore que veníe de fora, va pujá a casa y va amorsá en bona gana. Y poc después, envián a un sagal com si fore lo monaguillo o escolanet del mossen que la habíe confessat, li va preguntá si qui ella sabía habíe tornat allí. La dona, que mol be va coneixe al missaché, li va contestá que no habíe vingut aquella nit, pero que lo esperáe, perque no sel podíe traure del cap. Lo sagal li va portá la contesta al selós, y ell se va está moltes nits velán, volén enchampá al retoret a la entrada, y la dona va seguí passánsu be en lo seu veí. Al final, lo selós, que ya no podíe aguantá mes, enfadat li va preguntá a la dona qué li habíe dit al mossen lo matí de Nadal que se habíe confessat. La dona li va contestá que no volíe dílay, perque no ere cosa honesta ni convenién.
Lo selós li va di: - Mala dona, encara que no mu digues, yo ya sé lo que li vas di, y hay que sabé quí es lo mossen este del que estás tan enamorada, y que se gite en tú totes les nits fen aná ensalmos o encantaméns, o te tallaré les venes. La dona va di que no ere verdat que estiguere enamorada de un mossen.
- ¿Cóm? - va di lo selós-. ¿No li vas di aixó al mossen que te va confessá?
La dona va di: - No pareix que tu haiguen contat, sino que hagueres estat allí; pero sí que lay vach di. - Pos dísme - va di lo selós -, quí es eixe mosse, y dísmu enseguideta.

La dona va arrancá a riure y li va di:

- Me agrade mol cuan a un home sabut lo porte una dona simpleta com se porte a un borrego per los cuernos al matadero; encara que tú no eres listo, ni u has sigut desde que vas dixá entrá al teu pit al maligne espíritu de los sels; y contra mes tonto y animal eres, la meua glória es mes baixa. ¿Creus tú, home meu, que soc sega del ulls de la cara com tú u eres de los de la men? Sert que no; y mirán vach sabé quí ere lo mossen que me va confessá, enseguida vach vore que eres tú, pero me vach proposá donát lo que estáes buscán, y te u hay donat. Pero si hagueres sigut sabut, com creus, no hagueres intentat descubrí de aquella manera los secrets de la teua honrada dona, y sense sospechá ten hauríes donat cuenta de que lo que yo te confesaba ere la verdat, y no ñabíe an ella gens de pecat. Te vach di que volía a un mossen; ¿y no estáes tú disfrassat de mossen, y no te vull? Te vach di que cap porta de casa meua podíe está tancada cuan lo mossen volíe gitás en mí; ¿y quína porta te ha resistit alguna vegada a casa teua, si allí aon yo estaba hagueres volgut víndre? Te vach di que lo mossen se gitabe en mí totes les nits; ¿y cuán ha sigut que no te haigues gitat en mí? Y totes les vegades que me vas enviá al teu falso escolanet saps que no te vas gitá en mí, y li vach di que lo mossen no hi habíe estat. ¿Quín atre ña de mes desmemoriat que tú, que per los sels te has dixat segá? ¡Y has estat a dins de casa, vigilán la porta, y creus que me hay cregut que has anat fora a sopá y a dormí! ¡Torna a sé lo home que habíes sigut, y no faigues fé burla de tú a qui coneix les teues costums com yo, y dixa eixa guarda que fas, que te juro per Deu que si me vingueren ganes de ficát los cuernos, encara que tingueres sen ulls en ves de dos, me donaría lo gust de fé lo que vullguera, y tú no ten enteraríes!
Lo desgrassiat selós, a qui li pareixíe habéssen enterat mol astutamen del secreto de la dona, al sentí aixó se va vore burlat; y sense contestá res va tíndre a la dona per sabuda y per bona, y ara que teníe que sé selós, se va desvestí dels sels, aixina com sels habíe vestit cuan no ne teníe nessessidat. Per lo que la discreta dona, casi en llissénsia per a féu tot al seu gust, sense fé víndre al seu amán per la teulada com los gats, sino per la porta, lo va fé víndre después moltes vegades, y va passá en ell mols bons ratets.

lunes, 17 de agosto de 2020

JORNADA SEXTA. NOVELA SÉPTIMA.

JORNADA SEXTA. NOVELA SÉPTIMA.

Doña Filipa, trobada pel home en lo seu amán, cridada a juissi, en una rápida y divertida resposta conseguix la libertat y fa cambiá una ley.

Doña Filipa, trobada pel home en lo seu amán, cridada a juissi, en una rápida y divertida resposta conseguix la libertat y fa cambiá les leys.

Ya callabe Fiameta y tots reíen encara del ingeniós argumén de Scalza per a ennoblí sobre tots los atres als Baronci, cuan la reina va maná a Filostrato que novelare; y ell va escomensá a di:
Valeroses siñores, bona cosa es sabé parlá be per tot arreu, pero yo jusgo que es bonissim sabé féu cuan u demane la nessessidat; lo que tan be u va sabé fé una noble Siñora sobre la que enteng parlátos que no sol a diversió y rissa va moure als preséns, sino que se va deslligá de les llasses de una infamán mort, com sentiréu.

A la siudat de Prato ñabíe abans una ley, sértamen no menos condenable que dura, que, sense fé distinsió, manáe igual que fore cremada la dona que fore per lo home enchampada en adulterio en algún amán com a la que per dinés en algún atre home fore trobada. Y mentres ñabíe esta ley va passá que una noble Siñora, hermosa y enamorada mes que cap atra, de nom doña Filipa, va sé trobada a la seua propia alcoba una nit per Rinaldo de los Pugliesi, lo seu home, en brassos de Lazarino de los Guazzagliotri, jove hermós y noble de aquella siudat, a qui ella com an ella mateixa volíe y ere volguda per nell; veén aixó Rinaldo, mol cabrechat, ben just se va pugué aguantá de tirás damún de ells y matáls als dos, y si no haguere sigut perque va pensá en ell mateix, seguín lo ímpetu de la seua rabia u haguere fet.

Refrenánse, pos, en aixó, no se va pugué aguantá de voldre que lo que an ell no li ere líssit fé u faiguere la ley pratense, es di, matá a la seua dona. Y per naixó, tenín per a probá la culpa de la dona mol conveniéns testimonis, al fés de día, sense cambiá de opinió, acusán a la seua dona, la va fé portá a juissi. La Siñora, que de gran ánim ere, com generalmen solen sé les que están enamorades de verdat, encara que desaconsellánlay mols dels seus amics y paréns, va dessidí compareixe y confessá la verdat, milló morí en valén ánim que viure vilmen, fugín, y sé condenada al exili per rebeldía y declarás indigna de tal amán com ere aquell en lo que habíe estat la nit de abans. Y mol ben acompañada de dones y de homens, per tots exhortada a que negare, arribán dabán del podestà, li va preguntá en firme y segura veu qué volíe de ella.
Lo podestà, miranla y veénla majíssima y mol admirable en les seus maneres, y de gran ánim segóns les seues paraules testimoniaben, va sentí compassió de ella, temense que confesare una cosa per la que tinguere ell que féla morí si volíe conservá la seua reputassió.

Pero no podén dixá de preguntáli alló de que ere acusada, li va di: - Siñora, com veéu, aquí está Rinaldo, lo vostre home, y se querelle contra vos, y diu que tos ha trobat en adulteri en un atre home, y per naixó demane que yo, segóns mane una ley, tos castiga en la mort; pero yo no puc féu si vos no confessáu, y per naixó cuidautos be de lo que anéu a contestá, y diéume si es verdat alló de lo que lo vostre home tos acuse. La Siñora, sense amedrentás ni una mica, en veu mol plassentera, va contestá: - Siñó, es verdat que Rinaldo es lo meu home, y que la nit passada me va trobá als brassos de Lazarino, en lo que moltes vegades hay estat per lo bon y perfecte amor que li ting, y aixó may u negaré. Pero com estic segura que sabéu, les leys tenen que sé iguals per a tots y fetes en consentimén de aquells als que afecten; y en esta ley no passe aixó, pos sol obligue a les pobretes dones, que mol milló que los homens podríen satisfé a mols; y ademés de aixó, cap dona, cuan se va fé, li va doná consentimén, perque cap dona va sé aquí cridada; y per naixó se pot dí que es una ley mal feta y roína. Y si voléu en perjuissi del meu cos y de la vostra alma sé ejecutó de ella, a vos u dixo; pero abáns de que jusguéu res, tos rogo que me consedigáu una grassia, que es que preguntéu al meu home si yo, cada vegada y totes les vegades que ell volíe, sense díli may que no, lay consedía tot de mí mateixa o no.

A lo que Rinaldo, sense esperá a que lo podestá lay preguntare, rápidamen va contestá que sense cap duda la seua dona sempre que ell la habíe requerit li habíe consedit lo que volíe. - Pos - va seguí rápidamen la Siñora - yo tos pregunto, siñó podestà, si ell ha pres de mí sempre lo que ha nessessitat y li ha agradat, ¿qué había de fé yo en lo que me sobre? ¿Ting que aventáu als gossos? ¿No es mol milló servílay a un home noble que me vol mes que an ell mateix que dixá que se pergue o se faigue malbé?

Estaben allí per al interrogatori de tan famosa Siñora casi tots los pratenses ajuntats, los que, al sentí tan afilada resposta, enseguida, después de mol riure, a una veu van cridá que la Siñora teníe raó y díe be; y abans de que sen anigueren de allí, exhortanlos an alló lo podestà, van modificá la cruel ley y van dixá que sol se referiguere a les dones que per dinés faltaren contra los seus homens. Aixina que Rinaldo, quedanse en la boca uberta, sen va aná del tribunal; y la Siñora, alegre y libre, apartada del foc, a casa seua sen va entorná plena de gloria.

A la siudat de Prato ñabíe abans una ley, sértamen no menos condenable que dura, que, sense fé distinsió, manáe igual que fore cremada la dona que fore per lo home enchampada en adulterio en algún amán com a la que per dinés en algún atre home fore trobada.

sábado, 22 de diciembre de 2018

TING GANES DE PLORÁ

Este divendres fiquem una poesía plena de doló, ham tingut que cambiá la que voliem ficá pos la triste realidat mane, la gen del Chapurriau es mol sensible en lo doló de les persones.
Juan Carlos Abella.

" TING GANES DE PLORÁ "

Avui ting ganes de plorá
y la meua alma no trove consol
ña molta gen que estem de dol
busquem consol y no lo podem trová
una bona persona mos ha dixat
y no ha segut de mort natural
li han fet coses que están fatal
un malparit la ha assessinat
en una atra dona san ensañat
en un acte de gran cobardía
que a tots mos ha fet perde la alegría
pobreta, un sadic de ella ha abusat
diuen que un home la matat
y aixo a mi me coste de creure
tantes barbaridats no les puc entendre
un home no fá esta monstruosidat
yo soc un home y dic que NO
que sempre a la dona s´ha de respetá
se les ha de protegí, mimá, y ajudá
pa que mai mes puguen tindre pó
yo soc un home que diu que NO
un home de verdat no fa cap mal
aixó sol u pot fé un animal
que ha perdut los sentimens y la raó
SÁDIC, de una dona has abusat
TRAIDÓ, t´has emportat una vida
ANIMAL, has destrossat una familia
MATÓN, a una bona dona has matat
de natros mai tindrás lo perdó
pos no pots se pijó persona
que mai trovos una hora bona
eres escoria, eres lo pijó
un angelet ha pujat al sel
en mol doló lo ham despedit
lo nostre cor mol ha sufrit
una atra llum tenim allá adal
ADEU, A UNA DONA VALENTA
ADEU, A UNA CHICA LUCHADORA
ADEU, A UNA PARELLA ENAMORADA
ADEU, A UNA FAMILIA FELÍS.

sábado, 11 de diciembre de 2021

Adiós, Cordera. Clarín.

Adiós, Cordera.

Leopoldo Alas, Clarín.

(Lo texto del llibre de Clarín no sirá igual que este)

¡Ne eren tres, sempre los tres!: Rosa, Pinín y la Cordera.


¡Ne eren tres, sempre los tres!: Rosa, Pinín y la Cordera.

Lo prat (el prao) Somonte ere un retall triangulá de vellut verd estés, com un penjoll, costa aball per la lloma. Un dels seus anguls o racons, lo inferió o de mes aball, lo despuntabe lo camí de ferro de Oviedo a Gijón. Un poste del telégrafo, plantat allí com a pendó de conquista, en les seues tassetes blanques y los seus arams paralelos, a la dreta y esquerra o zurda, representabe pera Rosa y Pinín lo ample món desconegut, misteriós, temible o acollonán, eternamen ignorat. Pinín, después de pensássu mol, cuan a forsa de vore díes y díes lo poste tranquil, inofensiu, campechano, en ganes, sense cap duda, de aclimatás a la aldea y paréixes tot lo possible a un abre sec, va aná atrevinse en ell, va portá la confiansa al extrem de abrassás al barró y pujá hasta prop dels arams.
Pero may arribabe a tocá la porcelana de dal, que li recordabe les tassetes que habíe vist a la rectoral de Puao. Al vores tan prop del misteri sagrat li acometíe un pánic de respecte, y se dixabe rellissá depressa hasta entropessá en lo césped.
Rosa, menos audás, pero mes enamorada de lo desconegut, se contentabe en arrimá la orella al poste del telégrafo, y minuts, y hasta cuarts de hora, sels passabe escoltán los formidables rumós metalics que lo ven arrencabe a les fibres del pi sec en contacte en lo aram. Aquelles vibrassions, a vegades intenses com les del diapassón, que aplicat al oít pareix que cremo en lo seu vertiginós pols, eren pera Rosa los papés que passaben, les cartes que se escribíen per los fils, lo lenguaje incomprensible que lo ignorat parlabe en lo ignorat; ella no teníe cap curiosidat pera entendre lo que los de allá, tan lluñ, los díen als de l'atra punta del món. ¿Y qué li importabe o fotíe? Se interessabe sol pe'l soroll per lo soroll mateix, pe'l seu timbre y lo seu misteri.

La Cordera, mol mes formal que los seus compañs, verdat es que relativamen, de edat tamé mol mes madura, se absteníe de tota comunicassió en lo món sivilisat, y mirabe de lluñ lo poste del telégrafo com lo que ere pera ella efectivamen, una cosa morta, inútil, que no li servíe sisquera pera rascás. Ere una vaca que habíe vixcut mol. Assentada hores y hores, pos, experta en pastures, sabíe aprofitá lo tems, meditabe mes que rumiabe, gosabe del plaé de viure en pas, deball del sel gris y tranquil de la seua terreta, com qui alimente l'alma, que tamé ne tenen los brutos; y si no fore profanassió, podríe dis que los pensamens de la vaca matrona, plena de experiensia, habíen de paréixes tot lo possible a les mes sossegades y doctrinals odes de Horacio.

Assistíe als jocs dels pastorets encarregats de llindala, com una agüela. Si puguere, sonriuríe al pensá que Rosa y Pinín teníen per missió al prat cuidá de que ella, la Cordera, no se extralimitare, no se ficare per la vía del ferrocarril ni saltare a la heredat veína (Zaornín per ejemple, que es de un atra novela del mateix autó).
¡Qué habíe de saltá ribassos ni margens! ¡Qué se habíe de ficá per la vía!

Pasturá de cuan en cuan, no mol, cada día menos, pero en atensió, sense pedre lo tems en eixecá lo cap per curiosidat tonta, trián sense dudá los millós mossets, y después assentá los cuartos trasseros en delissia, a rumiá la vida, a gosá lo delit y delissies del no patí; tot lo demés eren aventures perilloses. Ya no sen enrecordabe de cuan li habíe picat la mosca.

"Lo xatu (lo bou), los brincos alocats per los prats abán... ¡tot alló parabe tan lluñ!"

Aquella pas sol se habíe estorbat los díes de proba de la inaugurassió del

ferrocarril. La primera vegada que la Cordera va vore passá lo tren se va abalotá, se va torná loca. Va saltá la valla de lo mes alt del Somonte, va corre per los prats llindans, y lo terror li va durá mols díes; renovanse, mes o menos violentamen, cada vegada que la máquina assomabe per la trinchera veína. Poc a poc se va aná acostumán al estrépit inofensiu. Cuan se va convense de que ere un perill que passabe, una catástrofe que amenassabe sense fe mal, va reduí les seues precaussions a ficás a cuatre potes y a mirá de frente, en lo cap eixecat, al formidable monstruo; mes abán no fée mes que mirál, sense alsás, en antipatía y desconfiansa; va acabá no mirán al tren.

A Pinín y Rosa la novedat del ferrocarril los va produí impressions mes agradables y persistens. Si al prinsipi o escomensamén ere una alegría loca, algo mesclada de temó superstissiosa, una exitassió ñirviosa, que los fée cridá y fé gestos y pantomimes descabellades, después va sé un recreo passífic, suave, renovat varies vegades al día. Va tardá mol en gastás aquella emossió de contemplá la marcha vertiginosa, acompañada del ven, de la gran serpota de ferro, que portabe a dins tan soroll y tantes castes de gens desconegudes, extrañes, forasteres.

Pero lo telégrafo, lo ferrocarril, tot aixó ere lo de menos: un acsidén passajero que se aufegabe al mar de soledat que rodejabe lo prat Somonte. Desde allí no se veíe cap vivienda humana; allí no arribaben sorolls del món mes que al passá lo tren.

Matíns sense fi, deball dels rayos del sol, a vegades entre lo sumbá dels insectes, la vaca y los chiquets esperaben la proximidat del michdía pera torná a casa. Y después, tardes eternes, de dolsa tristesa silensiosa, al mateix prat, hasta arribá la nit, en lo lucero de la vesprá com a testigo mut a la altura. Rodaben los nugols allá dal, caíen les sombres dels abres y de les peñes a la lloma y al pas de bestiá, se gitaben los muixóns, escomensaben a brillá alguns estrels a lo mes oscur del sel blau, y Pinín y Rosa, los chiquets bessons, los fills de Antón de Chinta, tintada l'alma de la dolsa serenidat ensomiadora de la solemne y seria naturalesa, callaben hores y hores, después dels seus jocs, may massa estrepitosos, assentats prop de la Cordera, que acompañabe lo augusto silensio de tarde en tarde en un blang tintineo de modorra esquella.

An este silensio, an esta calma inactiva, ñabíen amors. Se volíen los dos germáns com dos mitats de una fruita verda, chunits o ajuntats per la mateixa vida, en escasa consiensia de lo que en ells ere diferén, de lo que los separabe; volíen Pinín y Rosa a la Cordera, la vaca agüela, gran, esgroguida, en un cap com una cuna. La Cordera li recordaríe a un poeta la zavala del Ramayana, la vaca santa; la amplitut de les seues formes, la solemne serenidat dels seus pausats y nobles movimens, aire y contornos de ídolo destronat, caigut, contén en la seua sort, mes satisfeta de sé vaca verdadera que deu fals. La Cordera, hasta aon es possible adiviná estes coses, pot dis que tamé volíe als bessons encarregats de apassentala, pasturala.

Ere poc expresiva; pero la passiensia en que los tolerabe cuan jugán ella los servíe de cuixí, de amagatall, de montura, y pera datres coses que ideabe la fantassía dels pastorets, demostrabe tássitamen lo afecte del animal passífic y pensatiu.

Als tems difissils, Pinín y Rosa habíen fet per la Cordera los impossibles de solissitut y convoyamén. No sempre Antón de Chinta habíe tingut lo prat Somonte. Este regalo ere una cosa relativamen nova. Añs atrás la Cordera teníe que eixí a la gramática, aixó es, a pasturá com podíe, a la bona ventura dels camins y sendes de les esquilades y pobres pastures del comú, que tan teníen de vía pública com de pastures. Pinín y Rosa, en tals díes de penuria, la guiaben als millós tossalets, als puestets mes tranquils y menos esquilmats, y la liberaben de les mil injuries a les que están exposades les pobres reses que tenen que buscá lo alimén pels azars de un camí.

Als díes de fam (fame, com diuen allá dal), al corral, cuan lo fenás escassejabe y lo “narvaso” o sostre pera ensostrá lo llit calén de la vaca tamé faltabe, a Rosa y a Pinín los debíe la Cordera mil industries que li suavisaben aquella miseria. ¡Y qué podem di dels tems heroics de la cría y lo assormá, cuan se entablabe la lucha nessessaria entre lo alimén y regalo de la nassió y lo interés dels Chintos, que consistíe en robá de les mamelles de la pobre mare tota la lleit que no fore absolutamen indispensable pera que lo ternero acampare! Rosa y Pinín, an este conflicte, sempre estaben de part de la Cordera, y en cuan ñabíe una ocasió, de amagatontes, soltaben lo ressental mamón, lo vedellet, que, ensegat y abalotat, tossán contra tot, corríe a buscá lo amparo de la mare, que lo albergabe daball del seu ventre, girán lo cap agraída y solíssita, dién, a la seua manera:

- Dixéu als chiquets y als ternerets que vinguen a mí.

Estos recuerdos, estos llassos son dels que no se olviden. Ham de afegí a tot aixó que la Cordera teníe la milló pasta de vaca patidora del món. Cuan se veíe emparellada daball del jou en consevol compañera, fiel a la gamella, sabíe sometre la seua voluntat a la ajena, y hores y hores se la veíe en la servís belcada, lo cap torsut, en incómoda postura, velán de peu mentres la parella de la chunta dormíe an terra.

Antón de Chinta va compendre que habíe naixcut pera pobre cuan va paupá la impossibilidat de cumplí aquell somni dorat seu de tindre un corral propi en dos chuntes per lo menos. Va arribá, grassies a mil estalvis a aforramens, que eren mars de suó y purgatoris de privassions, a la primera vaca, la Cordera. Y no va passá de ahí: antes de pugué comprá la segona o segunda, se va vore obligat, pera pagali atrasos al amo, lo amo de les finques que arrendabe, a portá al mercat aquell tros de les seues entrañes, la Cordera. L'amor de sons fills. Chinta se habíe mort als dos añs de tindre la Cordera a casa. Lo corral y lo llit del matrimoni estaben paret per mich, dienli paret a unes rames de castañé y de cañes de panís. La mare Chinta, mussa de la economía de aquella casa misserable, se habíe mort mirán a la vaca per un boquete de la destrossada tapieta de rames, siñalánla com a salvassió de la familia.
"Cuidéula, es lo vostre sustento", pareixíen di los ulls de la pobra moribunda, que 
se va morí espanada de fam y de treball. Lo amor dels bessons se habíe consentrat en la Cordera; la faldeta, que té lo seu cariño espessial, que lo pare no pot reemplassá, estabe al caló de la vaca, al corral, y allá al Somonte.

Tot aixó u compreníe Antón a la seua manera, confusamen. De la venta nessessaria no se teníe que di ni chut als chiquets. Un dissapte de juliol, al fés de día, de mal humor, Antón va emprendre lo camí de Gijón, conduín a la Cordera dabán d'ell, sense datre atavío que lo collá de la esquella. Pinín y Rosa dormíen. Datres díes habíe de despertals a surriacades. Lo pare los va dixá tranquils. Al eixecás se van trobá sense la Cordera. "Sense duda, lo papa la ha portat al xatu." No los cabíe datra conjetura.

Pinín y Rosa opinaben que la vaca hi anabe de mala gana; creíen ells que no volíe mes fills, pos tots los acababe perdén pronte, sense sabé cóm ni cuán.

Al tardet, Antón y la Cordera entraben per la corralada en mala cara, cansats y polsosos. Lo pare no va doná explicassions, pero los fills van adiviná lo perill.

No la habíe venut perque dingú habíe volgut arribá al preu que an ell se li habíe ficat al cap. Ere una animalada: un sofisma del cariño. Demanabe mol per la vaca pera que dingú se atreviguere a emportássela. Los que se habíen arrimat a intentá fortuna van colá pronte renegán de aquell hombre que mirabe en ulls de rencor y dessafío al que gosabe insistí en arrimás al preu fixat al que ell se encaparrabe.
Hasta lo radé momén del mercat va está Antón de Chinta al Humedal, donanli plasso a la fatalidat. "No se dirá - pensabe - que yo no vull vendre: son ells que no me paguen lo que val la Cordera." Y, al remat, suspirán, si no satisfet, en sert consol, va empendre lo camí de tornada per la carretera de Candás, entre lo guirigay y soroll de gorrinos y terneros, 
bueys y vaques, que los aldeans de moltes parroquies de la roglada conduíen en mes o menos faena, segons la antigüedat de les relassions entre amos y besties.

Al Natahoyo, al cruse de dos camins, encara va está exposat lo de Chinta a quedás sense la Cordera: un veí de Carrión que'l habíe estat rondán tot lo día oferinli pocs duros menos dels que demanabe, li va fotre lo radé ataque, algo engatinat.. Lo de Carrión pujabe, pujáe, luchán entre la codissia y lo capricho de emportás la vaca. Antón, com una roca. Van arribá a tindre les mans entrellassades, parats al mich de la carretera, interrumpín lo pas ... al remat la codissia va pugué mes; lo pico dels sincuanta los va separá com un abisme; se van soltá les mans, y cadaú va tirá per lo seu camí; Antón, per una senda que, entre madreselvas que encara no floríen y romigueres o garraberes en flo, lo va portá hasta casa seua.

Desde aquell día que van adiviná lo perill, Pinín y Rosa no van tartí. A mija semana se va personá lo mayordomo al corral de Antón. Ere un atre aldeá de la mateixa parroquia, de males pusses, cruel en los arrendadós atrasats. Antón, que no admitíe renecs, se va ficá blang dabán de les amenasses de desahucio. Lo amo ya no se esperabe mes.
Bueno, vendríe la vaca a vil preu, per una berena. Teníe que pagá o quedás al carré.

Lo dissapte siguién, Pinín va acompañá hasta lo Humedal a son pare. Lo chiquet mirabe en horror als contratistes de carn, tratans, que eren los tiranos del mercat.
La Cordera va sé comprada a preu just per un rematán de Castilla. Se li va siñalá la pell y va torná al seu corral de Puao, ya venuda, de un atre, tañín tristemen la esquella.
Detrás caminaben Antón de Chinta, pensatiu, y Pinín, en los ulls com a puñs.
Rosa, al sabé la venta, se va abrassá al cap de la Cordera, que lo inclinabe a les carissies com al jou.

"¡Sen anabe la agüeleta!", pensabe en l'alma destrossada Antón.

"¡Ella sirá una bestia, pero sons fills no teníen datra mare ni datra yaya!"

Aquells díes, a la verdura del Somonte, lo silensio ere fúnebre. La Cordera, que ignorabe la seua sort, descansabe y pasturabe com sempre, sub specie aeternitatis, com descansaríe y minjaríe un minut abans de que la brutal massolada la derribare morta.
Pero Rosa y Pinín estaben dessolats, estesos damún de la herba. Miraben en rencor los trens que passaben, los arams del telégrafo.
Aquell món los ere desconegut, tan lluñ de ells per un costat, y per l'atre lo que los portabe la seua Cordera. Lo divendres, al tardet, va sé la despedida. Va vindre un encarregat del rematán de Castilla a buscá la res. Va pagá, van beure un trago Antón y lo comissionat, y se va traure la Cordera cap a la quintana. Antón habíe apurat la botella; estabe exaltat; lo pes dels dinés a la burchaca l'animabe tamé. Parlabe mol, alababe les exelensies de la vaca. L'atre sonreíe, perque les alabanses de Antón eren impertinens. ¿Que donabe la res tans y tans cantes de lleit? ¿Que ere noble al jou, forta a la cárrega? ¿Y qué, si al cap de pocs díes habíe de está feta chulles y datres pesses suculentes?
Antón no se volíe imaginá aixó; se la figurabe viva, traballán, servín a un atre llauradó, olvidada de ell y de sons fills, pero viva, felís ... Pinín y Rosa, assentats damún del mun de pallús, record sentimental pera nells de la Cordera y dels seus propis afans, units per les mans, miraben al enemic en ulls de espán. Al instán supremo se van aviá damún de la seua amiga; besets, abrassades: va ñabé de tot. No podíen separás de ella.
Antón, agotada de repén la exitassió del vi, va caure com a un marasmo; va crusá los brassos, y va entrá al corral oscur. Los fills van seguí un bon tros per la senda, de alts setos, lo trist grupet del indiferén comissionat y la Cordera, que caminabe de mala gana en un desconegut y an aquelles hores. Al remat, se van tindre que separá.
Antón, malhumorat, cridabe desde casa:

- ¡Bah, bah, chiquets, prou de singlots y gemecs! - Aixina cridabe de lluñ lo pare, en la veu enterbolida per les llágrimes.

Caíe la nit; per la senda oscura, que féen casi negra los alts setos, formán casi una bóveda, se va pedre lo bulto de la Cordera, que pareixíe negra de lluñ. Después no va quedá de ella mes que lo tintineo pausat de la esquella, desaparegut a la distansia, entre los chirrits melancolics de infinites chicharres.

- ¡Adiós, Cordera! - cridabe Rosa desfeta en plos -. ¡Adiós, Cordera de la meua alma!

- ¡Adiós, Cordera! - repetíe Pinín, no mes sereno.

- Adiós - va contestá al final, al seu modo, la esquella, perdense lo seu lamén trist, ressignat, entre los demés sonidos de aquella nit de juliol a la aldea -.

En son demá, mol pronte, a la hora de sempre, Pinín y Rosa van aná al prat Somonte. Aquella soledat no los habíe paregut may trista; aquell día, lo Somonte sense la Cordera pareixíe lo desert.

De repén va chulá la locomotora, va apareixe lo fum, y después los vagons.
A un furgó tancat, en unes estretes finestres altes o respiraderos, van atiná los germans bessons caps de vaques que, pasmades, miraben per aquells tragallums.

- ¡Adiós, Cordera! - va cridá Rosa, adivinán allí a la seua amiga, a la yaya vaca.

- ¡Adiós, Cordera! - va bramá Pinín en la mateixa fé, enseñánli los puñs al tren, que volabe camí de Castiella. Y, plorán, repetíe lo rapaz, mes enterat que san germana de les picardíes del món:

- La porten al matadero ... carn de vaca. Pera minjá los siñós, los indianos.

- ¡Adiós, Cordera! - ¡Adiós, Cordera!

Y Rosa y Pinín miraben en rencor la vía, lo telégrafo, los símbolos de aquell món enemic que los arrebatabe, que los devorabe a la seua compaña de tantes soledats, de tantes ternures silensioses, pera satisfé la gula, pera convertila en manjars de rics golafres...
- ¡Adiós, Cordera! ¡Adiós, Cordera! -

Van passá mols añs. Pinín se va fé mosso y sel va emportá lo rey pera luchá a la guerra carlista. Antón de Chinta ere cassero de un cacique dels vensuts; no va ñabé influensia pera declará inútil a Pinín que, per sé, ere com un roble.

Y una tarde trista de octubre, Rosa, al prat Somonte, sola, esperabe lo pas del tren correu de Gijón, que se emportabe los seus unics amors, son germá.

Va chulá allá lluñ la máquina, va apareixe lo tren a la trinchera, va passá com un rellámpec. Rosa, casi a les rodes, va pugué vore un instán a un coche de tersera (com los que fée aná Antonio Machado pera tot viache), una caterva de caps de pobres quintos que cridaben, gesticulaben, saludán als abres, a la terreta, als cams, a tota la patria familiar, la menuda, que dixaben pera aná a morí a luches entre germáns, fratrissides, de la patria gran, al servissi de un rey y de unes idees que no coneixíen.
Pinín, en mich cos fora de una ventanilla o finestreta, va estendre los brassos a san germana; casi se van tocá. Y Rosa va pugué escoltá entre lo estrépit de les rodes y lo sarabastall dels reclutes la veu diferenta de son germá, que gañolabe exclamán, com inspirat per un record de doló lluñá:

- ¡Adiós, Rosa! ... ¡Adiós, Cordera! - ¡Adiós, Pinín! ¡Pinín de la meua alma! ...

Allá anabe, com l'atra, com la vaca agüela. Sel emportabe lo món. Carn de vaca pera los golafres, pera los indianos: carn de la seua alma, carn de cañó pera les grilladures del món, pera les ambissions dels atres."

Entre confussió de doló y de idees, pensabe aixina la pobre germana veén lo tren pedres allá lluñ, chulán trist, en chulits que repercutíen los castañés, les vegues y los roquissals...

¡Qué sola se quedabe! Ara sí, ara sí que ere un desert lo prat Somonte.

- ¡Adiós, Pinín! ¡Adiós, Cordera! -

En quín odio mirabe Rosa la vía mascarada de fullí; en quína ira los arams del telégrafo. ¡Oh!. Be fée la Cordera en no arrimás. Alló ere lo món, lo desconegut, que se u emportabe tot. Y sense pensáu, Rosa va apoyá lo cap damún del tocho enclavat com un pendó a la punta del Somonte. Lo ven cantabe a les entrañes del pi sec la seua cansó metálica. Ara ya u compreníe Rosa. Ere una cansó de llágrimes, de abandono, de soledat, de mort. A les vibrassions rápides, com a queixits, creíe escoltá, mol lluñana, la veu que gañolabe per la vía abán:

- ¡Adiós, Rosa! ¡Adiós, Cordera! -


Auf Wiedersehen, Cordera!