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domingo, 12 de mayo de 2019

LA RECONQUISTA DE CAMAÑAS


2.67. LA RECONQUISTA DE CAMAÑAS (SIGLO XII. CAMAÑAS)

Entre el alcaide moro de Camañas y el conde cristiano de Alfambra existía una enconada rivalidad como jefes de poblaciones fronterizas y enemigas que eran. Pero en casa del señor de Alfambra se hablaba tanto del alcaide sarraceno que la mujer de aquél acabó enamorándose a distancia de éste hasta tal extremo que logró convenir una cita secreta para verse a solas.
Aceptó el encuentro Yusuf, que sabía de las dotes y belleza de la condesa, e ideó de qué manera podría unirse a ella sin levantar las sospechas de don Rodrigo, su enemigo. De ahí que hiciera preparar a su hechicero un brebaje que, horas después de ser ingerido, la mantendría como muerta durante ocho días, tiempo suficiente para que el de Alfambra se hiciera a la idea de su desaparición.
El alcaide moro y la dama cristianamantuvieron la cita convenida, se declararon mutuo amor y decidieron poner en práctica el plan ideado por aquél. Así es que se amaron, tomó la pócima la enamorada y luego recorrió con sigilo los escasos kilómetros que separan a ambas poblaciones.
«Murió» la condesa en su propia casa como estaba previsto, pero el calor no huía de su cuerpo. Don Rodrigo, dubitativo, vertió plomo caliente en la mano de su mujer, que quedó perforada, pero su cuerpo no se movió. No cabía duda, pues: estaba muerta y fue enterrada entre sollozos.
Desenterrada por los hombres de Yusuf y «resucitada», se hizo pasar por una mujer venida de lejos, y se convirtió en la señora de Camañas. Mas con el tiempo, un mendigo la identificó por la mano horadada y dio aviso a don Rodrigo, quien, disfrazado también de pordiosero, se presentó en su casa, reconociéndose mutuamente, si bien le aseguró ella que estaba allí forzada.

Llegó entre tanto Yusuf y la dama escondió a su ex marido en un arca. Le preguntó al alcaide cuánto daría por apresar a don Rodrigo y al decirle que la mitad de sus bienes, la mujer levantó la cubierta del arca e intentó entregar a don Rodrigo, pero éste hizo sonar una flauta que llevaba escondida y al momento sus hombres, que estaban ocultos, atacaron y vencieron a los desprevenidos moros. De esta manera Camañas acababa de ser reconquistada, mientras Yusuf y su enamorada eran quemados vivos en Sierra Palomera.
[Lázaro Polo, Francisco, El bardo de la memoria..., págs. 195-197.]





Camañas es un municipio de la provincia de Teruel, perteneciente a la Comarca de Comunidad de Teruel, en la Comunidad Autónoma de Aragón, España. Tiene una población de 124 habitantes (INE 2018).

LA RECONQUISTA DE CAMAÑAS (SIGLO XII. CAMAÑAS)


Profesor e historiador de la literatura, natural de Caminreal.

Publicaciones. Monográficos

  • El bardo de la memoria  : historias y leyendas turolenses / Francisco Lázaro Polo. Teruel, Diputación Provincial, D.L. 1992; 205 p.:il.;18 cm
  • Cervantes y Teruel / Francisco Lázaro Polo. Teruel, Caja Rural de Teruel, 2005; 38 p.:il.;21 cm
  • Crónica del Teruel extraño / Francisco Lázaro Polo. Zaragoza, Ibercaja, 1999; 253 p.:il.;24 cm
  • Cuéntame El Cid en Teruel / Francisco Lázaro Polo. Teruel, Aragón Vivo, 2007; 79 p.:il.;23 x 25 cm
  • Personajes turolenses / Francisco Lázaro Polo ; dibujos, Mª Carmen Muñoz Ferrer. Teruel, Caja Rural de Teruel, 1997; 142 p.:il.;21 cm
  • Teruel y la literatura / Francisco Lázaro Polo. Teruel, Aragón Vivo, 2003; 256 p.;21 cm

Publicaciones. Artículos

  • "El Cantar de mio Cid y Teruel", Turia, 83, 2007, p. 379-403.
  • "Los poetas de Monreal", en Historia de Monreal del Campo, Monreal, 2006, p. 295-302 [Texto completo]
  • ``Ecos literarios del valle´´. Calamocha, Xiloca, 32, 2004, pág. 077-094 [Texto completo]
  • "Ecos literarios del valle", en Comarca del Jiloca, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2003, p. 177-192 [Texto completo]
  • ``Por los caminos literarios de El Cid Campeador´´. Calamocha, Xiloca, 25, 2000, pág. 173-188 [Texto completo]
  • ``Introducción a la literatura turolense´´. Calamocha, Xiloca, 20, 1997, pág. 257-283 [Texto completo]
  • ``Dos motivos significativos del Caminreal contemporáneo: el escudo y el ferrocarril´´. Calamocha, Xiloca, 08, 1991, pág. 063-070 [Texto completo]
  • `Notas aproximativas al dance de Caminreal´´. Calamocha, Cuadernos del baile San Roque, 03, 1990, pág. 095-105 [Texto completo]
  • ``Assi fera lo de Siloca, que es del otra part: alusiones épicas a nuestra comarca en el cantar del Mio Cid.´´. Calamocha, Xiloca, 05, 1990, pág. 091-100 [Texto completo]
  • ``Algunas notas sobre la historia, el folklore y el habla de Caminreal (Teruel)´´. Calamocha, Xiloca, 02, 1988, pág. 151-171 [Texto completo]

Bibliografía

  • Barreiro, Javier (2010): Diccionario de autores aragoneses contemporáneos, 1885-2005. Zaragoza, Diputación Provincial.

lunes, 29 de julio de 2024

4. 11. Elecsió de dona. Viache del pare y lo fill a Saragossa.

Capítul XI.

Elecsió de dona. Viache del pare y lo fill a Saragossa.

Día per día, poble per poble y donsella per donsella, li va contá ell llargamen la historia de la seua expedissió, donán mérit hasta als fets mes sensills. Resumín, después de lo mes particulá que ya se ha referit, an estes observassions generals: que habíe trobat a les mosses bastán ben enteses, pero sense cap instrucsió, ya que está mol errada o del tot abandonada la educassió, fenla consistí massa en exterioridats casi de hipocressía y en práctiques religioses y devossions que no ixen del cor ni penetren an ell, ni tenen mes arraíls que la imitassió, ni mes autoridat que lo que manen los pares y la forsa del ejemple desde que són chiquetes, pero vanes generalmen, sense suc y incapases de doná cap fruit de verdadera, sólida y entesa virtut. Lo que mes li habíe agradat: del Semontano, lo epicureísmo; de Graus, la formalidat; de Benabarre, la sensillés; de Tamarite, la caridat; de Monzón, la cortesanía, y de Fonz y Estadilla, la amenidat. Li van advertí que se olvidáe de Barbastro, y va contestá que de Barbastro li agradáe mol la aussensia.

Y los va contá lo cas de la pintura del Puch, del que sen van enriure tots, espessialmen don Alfonso, perque coneixíe an alguns dels sujetos.

- Sé empero, fill, que ñan sagales mol garrides (no garrudes ni garrules) y menos mal criades que a datres puestos.

Pero arribats al pun de triá novia, se va reduí la competensia a les tres consabudes, callán Pedro Saputo pera sentí mes libres los vots, lo que teníe tratat y adelantat en Morfina, y dién sol que contaren en ella, pos la seua repugnansia al matrimoni no habíe sigut lo que se creíe.

Una Rosa sen va aná y va dixá unes rosetes, "cúidameles, Ramonet, al jardinet de Queretes."

Rosa, la amable Rosa, aquella pensadora, inossenta y enamorada Rosa, va tindre tres vots, lo de la mare, lo de don Jaime y lo de Paulina. Los va di Pedro Saputo que teníen raó perque ere una sagala mol pressiosa; pero que li ere impossible mirala mes que com a germana; per mes que se habíe esforsat a doná al seu afecte lo temple del amor, may la podríe abrassá com amán ni com home, perque no li exitaríe mes que la correspondensia de un puro germá. Van sedí a tan just reparo, encara que sa mare en gran sentimén, desconsolanse de un modo que en prou penes la van pugué fé assistí a la consulta.

Eulalia va tindre los vots de tots menos lo del pare, que va di:

- Mol me agrade, mol vull a Eulalia, y mol val; pero aon estigue la perla, lo diamán de Morfina, que callon totes les donselles del món; ya que mos dius que has vensut la seua repugnansia. 

Entonses va pendre la paraula Pedro Saputo y va di:

"No hay vensut la repugnansia de Morfina al matrimoni, perque no la teníe; no, siñó pare, no la ha tingut may, y es éste un dels secrets de la meua vida, que se revele ara.

Desde chiqueta, o desde lo primé sentit y coneiximén de estos afectes, ha vullgut Morfina a un home, y ni abans ni después ha pogut voldre a datre; de modo que si en ell no haguere donat, potsé no sen trobare al món cap atre capás de arribá al seu cor.

Y eixe home soc yo.

Al passá per allí de estudián se va enamorá de mí y yo de ella; y se va enamorá perque la vach mirá y li vach parlá en intensió forta y atinada de penetrala de amor, y no va pugué resistís, ajudanme an este empeño la semellansa de sensibilidat que ña als dos, lo seu gust delicat; y lo raríssim y sublime entenimén de que va naixe dotada. Se va confirmá después este amor en dos visites mes que li vach fé, la una en los estudians a la volta o gira, l'atra, después de separám de ells, habén fet posada a casa seua, per rogs de son pare la primera, y de son germá la segona vegada. Pero en lo tems vach advertí que había cometut una imprudensia, pos lo meu naiximén no permitíe tan altes mires. Be va sabé quí era yo la radera vegada, adivinanu per unes paraules que son pare va di en alabansa meua, y lay vach confessá sense engañ; be me va jurá y probá que lo seu amor per aixó no dixáe de sé lo mateix y que seguíe están mes segura encara y enamorada; en tot no habíe tornat a vórela desde entonses, dixanla en libertat de un modo indirecte, y com obliganla a olvidám si puguere, o a pensá en lo que mes li convendríe. 

Va sé ella pera mí lo primé amor, perque hasta an aquell pun había sigut mol chiquet y puros jocs de sagalet los meus entretenimens en atres; y yo per an ella lo primé tamé, y ademés lo únic possible, com se ha vist. Yo, mentrestán, no me hay obligat a cap atra. Perque de Rosa ya te hay dit lo que ña; y Eulalia, que si no me haguera prendat de Morfina y obligat an ella, seríe la meua tría entre totes les donselles que conec, may me ha insinuat res de casamén ni ha demostrat extrañá que yo no li insinuara res an ella. Potsé u ha donat per cosa plana, pos ha dit algunes vegades que me preferíe a tots los prinseps del món juns; pero aixó no es una verdadera obligassió positiva pera mí; ni micha promesa ni asseptassió entre natros: mos unix la finura; gran, sí, mol; pero res mes que finura; així com ella me deu a mí datres que si no equivalen an eixa, al menos són de bastán momén pera que may me puguere di desconegut o ingrat. De chiquet vach jugá en ella; y cuan vach torná home al poble, ya era de un atra, y a la seua amistat y trate no hay olvidat esta sircunstansia.

Prop de set añs hay dixat passá sense visitá ni escriure a Morfina, sense fela entendre de cap modo que pensaba en ella, donán puesto al que hay dit; y se ha mantingut constán, fiel, amán sempre y la mateixa que cuan mos vam declará la primera vegada. Encara ha acreditat de un atre modo que lo seu amor es lo mes assendrat y fi y que cap al cor humano. En este tems ha tingut mols pretendens, entre ells alguns mayorazgos de cases de tituls, mossos ben plantats, adornats de aventajades parts, y mol estimats, y pera tots ha sigut insensible, habense format y cundit al món la opinió que no habíe naixcut en sensibilidat a propósit per al matrimoni, y que no ñabíe an ella inclinassió natural als homens. Tot aixó ¿qué vol di? ¿En quin cas y obligassió me fique, sense la que miche entre los dos fa tans añs? No sé yo quí u declare; a vosté, pare, a vosté siñora mare, a tots dixo la ressolusió. Sol demano que se tinguen per sertes les raons que hay ficat y los motius que hay manifestat, així respecte de ella, com de Eulalia y Rosa, que són les tres a qui está la competensia.

Va pará de parlá Pedro Saputo, y ningú preníe la paraula.

Va parlá al remat don Alfonso y va di:

- Morfina Estada es la donsella mes hermosa y discreta que hay conegut. Y habén yo cregut que absolutamen no volíe casás, com u va creure tamé son pare pandescanse, en qui vach parlá de ella algunes vegades, mos trobem ara en que ere lo teu amor lo que la fáe pareixe desdeñosa y fura, o mes be desamorada.

Mol apressiades són, cada una per lo seu, Rosa y Eulalia; consevol de elles te mereix, y la voría en gust de nora a la familia; pero después de lo que acabes de dimos, ya no tenim que pensá en elles, potsé se podríe repará en que Morfina té dos añs o una mica mes que tú, cuan fore milló que ne tingueres tú dotse mes que ella; yo no fico cap reparo.

- Ni yo, va di Pedro Saputo; perque la virtut may se fa vella y la discressió sempre té flo.

- Pos a la faena, va di lo pare; demá pronte monto a caball y men vach a vore a Morfina y a la seua bona mare, y tú, Pedro, si te pareix, perque lo teu juissi es lo sol que an aixó ha de regít, podríes aná a Almudévar a satisfé an aquelles dos amabilíssimes joves del modo que lo teu talento y lo teu discurs te sugerixque; perque Rosa no pot dissimulá lo seu amor, que al meu pareixe té poc de germana y mol de amán; y si ademés de aixó la han confiat, ya veus que seríe un cop de mort per an ella, sobre quedá mal en sa mare, que es tamé mare teua. Y a Eulalia ¿qué no li deus? ¿Qué no se mereix?

Yo vech que lo empeño es fort: pero, cumplix, fill meu, cumplix al teu honor y reputassió, has de doná este pas que exigix la humanidat al amor de aquelles dos amables donselles.

- Aniré, pos, a Almudévar, va di Pedro Saputo; les voré, les parlaré; y encara que les dones an estos casos tenen la raó al cor y no admiren reflexions, en tot no desconfío de dixales si no contentes, perque es impossible, al menos no desesperades ni enemigues meues. Ixiré demá mateix, mon anirem los dos a un tems.

En efecte, van eixí los dos en son demá, lo pare a vore a Morfina y tratá del casamén en la deguda formalidat, y lo fill a fé a les infelises de Almudévar la declarassió acordada, que va sé lo trance mes ressio al que se va vore en tota la seua vida. La mare va quedá pensán en la seua Rosa, que li pareixíe la mes grassiosa y amable de totes les donselles naixcudes de dona, y pressindíe de lo que díe son fill.

Dos díes fée que estáe Pedro Saputo a Almudévar, no habén insinuat encara res a les sagales, tot se habíe reduít a festa y jubileu entre ells, cuan va ressibí un plec del virrey aon li díe que se serviguere aná a Saragossa, pos teníe que comunicali una lletra de S. M.

Va acusá lo ressibo al virrey, li va di que anáe a empendre lo camí, y va volá.

Va arribá, y al vórel vindre tan pronte se va admirá y li va preguntá qué ñabíe.

A Morfina, veén la admirassió de don Alfonso, perque ya sabíe que estáe a Almudévar, encara que no va di res, li va doná un salt al cor, y sol se va assossegá veénlo sonriure sense cap siñal sospechosa. Los va amostrá lo plec, y va di son pare:

- Hi anirem juns; pero cuan va pugué parlali libremen a Pedro Saputo, li va di: me ha trastornat ixa notissia. ¡Yo que después de tans añs de esperá y no esperá, y de patí continuamen me creía ya al día de la meua felissidat y gloria!

- Se haurá de diferí o postposá per uns díes, va di Pedro Saputo; ara veus cóm es la sort la que done y trau los gochos de la vida, la que done llum y sombra, la tristesa y la alegría, en los nostres calculs y contra nells, en los nostres dessichos y en la seua contra.

¿Puc yo dixá de obeí al meu Rey? ¿Puc dixá de aná y presentám inmediatamen a Saragossa? Pos causes tan contraries com esta y de mes eficassia encara, per lo que ara se pot jusgá, te han privat de tindre noves de mí estos añs, y a mí de seguí lo meu dessich de donáteles y visitát. No ploros...

- No puc dixá de plorá, va contestá ella, y mes ara que puc plorá y sentí en libertat, y di per qué y per quí ploro. ¡Amán meu! ¡Home meu! ¡gloria meua! No acababe la infelís de lamentá la seua desgrassia, y dabán de tots ploráe y díe que no habíe ressibit lo seu cor cap cop tan fort en la seua vida. Pero no va ñabé arbitri pera detíndrel; pare y fill se van despedí, y ella se va tancá al seu cuarto a afligís y fartás de dili cruel y malissiosa a la sort, barruntán oscuramen allá al sego sentimén desgrassies que no sabíe quines siríen, ni cóm ni per aón habíen de vindre, pero que li anunsiabe lo cor com infalibles.

Pedro Saputo y son pare van aná al seu poble y sense pará se van ficá al camí de Saragossa. Se va presentá primé al virrey Pedro Saputo sol y li va enseñá aquell una carta de S. M. a la que li díe que averiguare aón se trobáe Pedro Saputo y li diguere que lo nessessitáe y dessichabe vórel; y va afegí:

- Espero que no tos faréu esperá a Palau.

- No, va contestá Pedro Saputo; pero primé vindré a vóretos en mon pare, que fa poc tems que 'l vach trobá y vach sé reconegut per nell. Hi van aná los dos en efecte, van minjá en lo virrey, y li van contá la seua historia, folgán mol S. Y. de sentila. Se va aturá a Saragossa uns díes, y se van separá, partín la un cap a la Cort, y l’atre cap a la seua aldea.

Se va aturá a Saragossa uns díes, y se van separá, partín la un cap a la Cort, y l’atre cap a la seua aldea.


Original en castellá:

Capítulo XI.

Elección de esposa. Viaje del padre y el hijo a Zaragoza.

Día por día, pueblo por pueblo y doncella por doncella, le contó él largamente la historia de su expedición, dando mérito con el gracejo en que la retintaba, aun a los hechos más sencillos. Resumiéndose en fin, después de lo más particular que ya se ha referido, en estas observaciones generales: que había encontrado en las muchachas bastantes buenos entendimientos, ninguna instrucción, aun la que está bien a las mujeres y muy errada o del todo abandonada la educación, haciéndola consistir demasiado en exterioridades casi de hipocresía y en prácticas religiosas y devociones que no salen del corazón ni penetran en él, ni tienen más raíces que la imitación, ni más autoridad que el mandato de los padres y la fuerza del ejemplo desde la niñez, pero vanas generalmente, sin jugo ninguno e incapaces de dar el menor fruto de verdadera, sólida y entendida virtud. Que en lo demás le había gustado: del Semontano, el epicureísmo; de Graus, la formalidad; de Benabarre, la sencillez; de Tamarite, la ligereza; de Monzón, la cortesanía, y de Fontz y Estadilla, la amenidad. Advirtiéronle que se olvidaba de Barbastro, y contestó que de Barbastro le gustaba mucho la ausencia. Y les contó el caso de la pintura del Pueyo, de que se rieron todos, especialmente don Alfonso, porque conocía a algunos de los sujetos. - Sé empero, hijo, que hay muchachas muy garridas y menos mal criadas que en otras partes.

Mas llegados al punto de elegir novia, se redujo la competencia a las tres consabidas, callando Pedro Saputo para oír más libres los votos, lo que tenía tratado y adelantado con Morfina, y diciendo solamente que contasen con ella, pues su repugnancia al matrimonio no había sido lo que se creía.

Rosa, la amable Rosa, aquella pensadora, inocente y enamorada Rosa, tuvo tres votos, el de la madre, el de don Jaime y el de Paulina. Díjoles Pedro Saputo que tenían razón porque era muchacha preciosísima; pero que le era imposible mirarla sino como hermana; por más que se había esforzado en dar a su afecto el temple del amor que jamás la podría abrazar como amante ni como esposo, porque no le excitaría sino la correspondencia de un puro hermano. Cedieron a tan justo reparo, aunque su madre con gran sentimiento, desconsolándose de un modo que con dificultad la pudieron hacer asistir a la consulta.

Eulalia tuvo los votos de todos menos el del padre, que dijo: - Mucho me gusta, mucho quiero a Eulalia, y mucho vale; pero donde está la perla, el diamante de Morfina, callen todas las doncellas del mundo; puesto que nos dices que has vencido su repugnancia. Entonces tomó la palabra Pedro Saputo y dijo: «No he vencido la repugnancia de Morfina al matrimonio, porque no la tenía; no, señor padre, no la ha tenido nunca, y es éste uno de los secretos de mi vida, que se revela agora. Desde niña, o desde el primer sentido y conocimiento de estos afectos, ha querido Morfina a un hombre, y ni antes ni después ha podido querer a otro; de modo que si con él no hubiese dado, quizá no le encontrara en el mundo capaz de llegar a su corazón. Y ese hombre soy yo.

»Al pasar por allí de estudiante se enamoró de mí e yo de ella; y se enamoró porque la miré y hablé con intención fuerte y atinada de penetralla de amor, y no pudo resistir, auxiliándome en este empeño la semejanza de sensibilidad que hay en los dos, su gusto delicado; y el rarísimo y sublime entendimiento de que nació dotada. Confirmóse luego este amor con dos visitas más que le hice, la una con los estudiantes a la vuelta, la otra, después que me separé de ellos, habiendo posado en su casa, a ruegos de su padre la primera, y de su hermano la segunda. Mas con el tiempo advertí que había cometido una imprudencia, pues mi nacimiento no permitía tan altas miras. Bien supo quién yo era la última vez, adivinándolo por unas palabras que su padre dijo en alabanza mía, y se lo confesé y dije sin engaño; bien me juró y probó que su amor por eso no dejaba de ser el mismo y que antes bien le abrazaba y seguía más resuelta aún y enamorada; con todo no había vuelto a vella desde entonces, dejándola en libertad de un modo indirecto, y como obligándola a olvidarme si pudiera, o a pensar en lo que más le convendría. Fue ella para mí el primer amor, porque hasta aquel punto había sido muy niño y puros juegos de niño mis entretenimientos con otras; e yo para ella primero también, y a más el único posible, como se ha visto. Yo, entretanto, no me he obligado a ninguna otra. Porque de Rosa ya te he dicho lo que hay; y Eulalia, que a no haberme prendado de Morfina y obligado con ella, sería mi escogida entre todas las doncellas que conozco, nunca me ha insinuado nada de casamiento ni ha demostrado extrañar que yo no le insinuase a ella. Quizá lo ha dado por cosa llana, pues ha dicho algunas veces que me prefería a todos los príncipes del mundo juntos; pero esto no es una verdadera obligación positiva para mí; no media promesa ni aceptación entre nosotros: es una fineza; grande sí, mucho; pero no más que fineza; así como ella me debe a mí otras que si no equivalen a ésa, al menos son de bastante momento para que nunca me pudiese llamar desconocido o ingrato. De niño jugué con ella; y cuando volví hombre al lugar, ya (yo) era de otra, y en su amistad y trato no he olvidado esta circunstancia.

»Cerca de siete años he dejado pasar sin visitar ni escribir a Morfina, sin hacerle entender de ningún modo que pensaba en ella, dando lugar a lo que he dicho; y se ha mantenido constante, fiel, amante siempre y la misma que cuando nos declaramos la primera vez. Todavía ha acreditado de otro modo que su amor es el más acendrado y fino y que cabe en corazón humano. En este tiempo ha tenido muchos pretendientes, entre ellos algunos mayorazgos de casas de títulos, mozos apuestos, adornados de aventajadas partes, y muy estimados, y para todos ha sido insensible, habiéndose formado y cundido en el mundo la opinión que no había nacido con sensibilidad a propósito para el matrimonio, y que no había en ella inclinación natural a los hombres. Todo esto ¿qué quiere decir? ¿En qué caso y obligación me pone, sin la que media entre los dos hace tantos años? No sé yo quién lo declare; a vos, padre, a vos señora madre, a todos dejo la resolución. Sólo pido se tengan por ciertas las razones que he puesto y los motivos que he manifestado, así respecto de ella, como de Eulalia y Rosa, que son las tres en quien está la competencia.»

Cesó de hablar Pedro Saputo, y nadie tomaba la palabra. Habló al fin don Alfonso y dijo: - Morfina Estada es la doncella más hermosa y discreta que he conocido. Y habiendo yo creído que absolutamente no quería casarse, como lo creyó también su difunto padre, con quien hablé de ella algunas veces, nos encontramos agora con que era tu amor lo que la hacía parecer desdeñosa y esquiva, o más bien desamorada. Apreciabilísimas son, cada una por su término, Rosa y Eulalia; cualquiera de ellas te merece, y la vería con gusto de nuera en la familia; pero después de lo que acabas de decirnos, ya no debemos pensar en ellas, quizá, salvo todo, se podría reparar en que Morfina tiene dos años o cerca más que tú, cuando fuera mejor que tuvieses tú, doce más que ella; yo no reparo. - Ni yo, dijo Pedro Saputo; porque la virtud nunca envejece y la discreción siempre tiene flor.

- Pues a la ejecución, dijo el padre; mañana pronto monto a caballo y me voy a ver a Morfina y su buena madre, y tú, Pedro, si te parece, porque tu juicio es el solo que en esto ha de regirte, podrías ir a Almudévar a satisfacer a aquellas dos amabilísimas jóvenes del modo que tu talento y tu discurso te sugiera; porque Rosa no puede disimular su amor, que a mi parecer tiene poco de hermana y mucho de amante; y si a más de eso la han confiado, ya ves que sería un golpe de muerte para ella, sobre quedar mal con su madre, que es también madre tuya. Y a Eulalia ¿qué no le debes? ¿Qué no merece? Yo veo que el empeño es arduo: pero, cumple, hijo mío, cumple a tu honor, cuanto más a tu reputación, dar este paso que exige la humanidad en el amor de aquellas dos amables doncellas. - Iré, pues, a Almudévar, dijo Pedro Saputo; las veré, les hablaré; y aunque las mujeres en estos casos tienen la razón en el corazón y no admiren reflexiones, con todo no desconfío de dejallas si no contentas, porque es imposible, no al menos desesperadas ni enemigas mías. Y saldré mañana mismo, yéndonos los dos a un tiempo.

Con efecto, salieron los dos al día siguiente, el padre a ver a Morfina y tratar del casamiento con la debida formalidad, y el hijo a hacer a las infelices de Almudévar la declaración acordada, que fue el trance más recio en que se vio puesto en su vida. La madre quedó pensando en su Rosa, la cual le parecía la más graciosa y amable de todas las doncellas nacidas de mujer, y prescindía de lo que decía su hijo.

Dos días hacía que estaba Pedro Saputo en Almudévar no habiendo insinuado aún nada a las muchachas, sino que todo se había reducido a fiesta y alegría entre ellos, cuando recibió un pliego del virrey en que le decía se sirviese pasar a Zaragoza, pues tenía que comunicarle una letra de S. M. Acusó el recibo al virrey, le dijo que iba a ponerse en camino, y voló a verse con su padre. Llegó, y al verle venir tan pronto se admiró y le preguntó qué había. A Morfina, viendo la admiración de don Alfonso, porque ya sabía que estaba en Almudévar, aunque no el objeto, le dio un vuelco el corazón, y sólo se sosegó viéndole sonreír sin señal alguna sospechosa. Mostróles el pliego, y dijo su padre: - Iremos juntos; mas cuando pudo hablar libremente a Pedro Saputo, le dijo: me ha trastornado esa noticia. ¡Yo que después de tantos años de esperar y no esperar, y de padecer continuamente me creía ya en el día de mi felicidad y de gloria! - Se habrá de diferir por unos días, dijo Pedro Saputo; ya ahora ves cómo es la suerte la que da y quita los gozos de la vida, la que da luz y la sombra, la tristeza y la alegría, con nuestros cálculos y contra ellos, con nuestros deseos y contra ellos. ¿Puedo yo dejar de obedecer a mi rey? ¿Puedo dejar de ir y presentarme inmediatamente en Zaragoza? Pues causas tan contrarias como ésta y de más eficacia aún, por lo que ahora se puede juzgar, te han privado de tener nuevas de mí estos años, y a mí de seguir mi deseo de dártelas y visitarte. No llores... - No puedo dejar de llorar, respondió ella, y más ahora que puedo llorar y sentir con libertad, y decir por qué y por quién lloro. ¡Amante mío! ¡Esposo mío! ¡Gloria mía! No acababa la infeliz de lamentar su desgracia, y delante de todos lloraba y decía que no había recibido su corazón golpe tan recio en su vida. Pero no hubo arbitrio para detenerle; padre e hijo se despidieron, y ella se encerró en su cuarto a afligirse y hartarse de llamar cruel y maliciosa a la suerte, barruntando oscuramente allá en el ciego sentimiento desgracias que no sabía cuáles serían, ni cómo ni por dónde habían de venir, pero que le anunciaba el corazón como infalibles.

Pedro Saputo y su padre fueron a su pueblo y sin parar se pusieron en camino para Zaragoza. Presentóse primero al virrey Pedro Saputo solo y le enseñó aquél una carta de S. M. en que le decía que averiguase dónde se hallaba Pedro Saputo y le dijese que le necesitaba y deseaba ver; y añadió: - Espero que no os haréis desear en Palacio. - No, respondió Pedro Saputo; pero vendré a veros con mi padre, que hace poco tiempo le he encontrado y fui de él reconocido. Fueron los dos con efecto, comieron con el virrey, y le contaron brevemente su historia, holgando mucho S. E. de oírla. Detuviéronse en Zaragoza unos días, y se separaron al fin, partiendo el uno para la corte, y el otro para su aldea.

lunes, 9 de noviembre de 2020

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA QUINTA.

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA QUINTA.

Un selós disfrassat de retó confesse a la seua dona, y ésta li done a entendre que vol a un mossen que ve a está en ella totes les nits. Mentres lo selós de amagatóns fa guardia a la porta, la dona fa entrá a un amán seu per la teulada o tellat, y están juns.

Lo rey, per a no pédre tems, li va di a Fiameta que continuare, y ella va escomensá aixina: Nobilíssimes siñores, la pressedén história me porte a raoná sobre los selosos, furtadós de la vida de les dones joves y casi procuradós de la seua mort. Están elles tota la semana tancades, atenén a les nessessidats familiás y doméstiques, dessichán, com tots, tíndre después los díes de festa alguna distracsió, algún descáns, y pugué entretíndres com u fan los llauradós al campo, los artesáns a la siudat y hasta los regidós dels tribunals, com va fé Deu cuan lo día set va descansá de tota la seua faenada, y com u volen les leys santes y les sivils, que miren pel honor de Deu y pel be comú, per naixó se han diferensiat los díes de treball de los de descáns. En aixó no miren res los selosos, y aquells díes, que per a totes les atres són alegres, an elles, tenínles mes tancades y mes vigilades, fan sentí mes mesquines; y aixó sol u saben les pobretes que u han experimentat. Per lo que, per a acabá, lo que una dona li fa a un home selós sense motiu, per sert que no se hauríe de condená, sino alabás.

Va ñabé a Rímini un viachán mol ric, en moltes possessións, y en mols dinés, que teníe una majíssima dona, y va arribá a está mol perdut pels sels, sensa datra raó que vóldrela mol, y la teníe per mol hermosa y sabíe que ella en tot lo seu afán se preocupabe de agradál, pero creíe que tots los atres homens la volíen, que a tots los pareixíe hermosa y tamé que ella se preocupáe de agradáls tan com an ell (argumén de home desgrassiat y de poc sentimén). Y aixina, en estos sels, tan la vigiláe y tan preta la teníe com u están los condenats a la pena capital, inclús mes. La dona, no ya a bodes o a festes o a missa no podíe anáy, sino que no se atrevíe ni a assomás a la finestra y mirá fora de casa; per naixó la seua vida ere mol trista, y no aguantabe este fastidio perque no teníe cap culpa de res.

Per lo que, veénse maltratá sense raó per lo seu home, va dessidí per a consolás trobá lo modo de tornáli esta injustíssia. Y com no podíe assomás a la finestra, no se podíe mostrá per a que algún li manifestare lo seu amor passán per la casa; pero sabén que a la casa apegada a la seua ñabíe un mosso pito y amable, va pensá que per un foradet a la tapia que dividíe les dos cases lo podríe mirá y a lo milló parláli, y potsé donáli una mica del seu amor si ell ne volíe, y de esta manera passá la seua desgrassiada vida hasta que lo dimoni ixquere del seu home.

Y anán de una part a l´atra, cuan lo seu home no hi estáe, revisáe la tapia, y va vore a un raconet mol amagat una bada, y mirán per nella, encara que casi no atináe res, sen va doná cuenta de que donáe a una alcoba, y se va di:

«Si fore esta la habitassioneta de Filippo (es di, del mosso veí seu), estaría ben contenta.» Y en secreto, a una criada seua, que li teníe llástima, la va fé espiá, y va trobá que lo jove dormíe allí sol; per lo que, arrimánse assobín a la bada, cuan sentíe que lo jove estáe allí, dixáe caure pedretes y rametes seques, y aixina lo jove, per a vore qué ere alló, se va arrimá a la bada. Ella lo va cridá en veu baixeta, y ell, que li va coneixe la veu, va contestá; y ella en curtes paraules li va obrí lo seu pensamén. Ben contén lo jove, va fé de la bada un forat, y cada día una mica mes gran, pero amagat per a que dingú puguere donássen cuenta; y per allí moltes vegades se parláen y se tocáen la ma, pero mes aban no podíen aná per la rígida guardia del home selós. Arrimánse la festa de Nadal, la dona li va di al home que, si li dixáe, volíe aná a missa, confessás y combregá, com fan los atres cristiáns; a lo que lo selós li va contestá: - ¿Y quín pecat has fet que vols confessát?

Va di la dona:

- ¿Cóm? ¿Creus que soc una santeta perque me tens tancada? Be saps que fach pecats, com totes les demés persones; pero no vull dítels a tú, que no eres retó. Lo selós va notá la mosca detrás de la orella, y va dessidí enterássen de quíns pecats habíe fet la seua dona, y va pensá la manera de féu; va contestá que li pareixíe be, pero que no volíe que aniguere a datra iglesia mes que a la seua capelleta, y que hi aniguere pel matí, prontet, y que se confesare en lo seu capellá o en lo retó que lo capellá li diguere, y no en datre, y que tornare enseguida a casa. A la dona li va pareixe que algo habíe entés; pero sense di res va contestá que aixina u faríe. Arribat lo matí de Nadal, la dona se va eixecá al eixí lo sol, se va arreglá y sen va aná a la capelleta que lo home li habíe manat. Lo selós, per la seua part, se va alsá pronte y sen va aná cap an aquella mateixa capelleta, y va arribá allí antes que ella; y habén ya en lo mossen de allí arreglat lo que volíe fé, vestínse rápidamen una de les sotanes del retó y una cassula gran en capucha, com u veém a la mayoría dels flares, se va assentá prop del coro. La dona, al arribá a la capelleta, va fé preguntá per lo mossen. Lo retó va víndre, y sentín que la dona volíe confessás, li va di que ell no podíe sentíla, pero que la encomanaríe a un compañ seu, y la va enviá cap al selós. Este, encara que estáe algo oscur y que portáe la capucha ficada, que li tapáe hasta los ulls, no va pugué amagás tan be que no siguere reconegut rápidamen per la seua dona; y ella, al vore alló, se va di an ella mateixa:

«Alabat sigue Deu, éste de selós se ha fet retó, pero dixéumel, que li daré lo que está buscán.»

Fen vore que no lo coneixíe, se va assentá als seus peus. Micer selós se habíe ficat unes pedretes a la boca per a que li cambiaren una mica la veu, y aixina la dona no lo reconeguere, pareixénli que en lo demés estabe ben disfrassat. Están al confessonari, entre les demés coses que la Siñora li va di, habénli dit primé que estabe casada, va sé que estabe enamorada de un mossen del seminari que totes les nits anabe a gitás en ella.

Cuan lo selós va sentí aixó, li va pareixe que li habíen enclavat un gaviñet de Albacete al cor; y si no fore que lo va animá lo dessich de sabé mes de alló, hauríe abandonat la confessó a miges y haguere colat, pero se va quedá coto y li va pregunta a la dona:

- ¿Y cóm es assó? ¿No se gite en vos lo vostre home?

La dona va contestá:

- Pare, sí.

- Pos - va di lo selós- ¿cóm pot tamé gitás en vos lo mossen? - Siñó - va di la dona - , cóm su fa lo retoret no u sé, pero no hay ña a casa cap porta tan tancada y barrada que, al tocála ell, no se óbrigue; y me diu ell que, cuan arribe a la de la meu alcoba, abans de obríla, diu sertes paraules per les que lo meu home se adorm incontinenti, y al notá que dorm, obri la porta, entre, ve cap a mí y me fique les garres altes; y aixó may falle, pos vaya potro está fet lo capellanet.
Va di entonses lo selós, una mica farfallós:

- Siñora, aixó está mol mal fet, teníu que abstíndretos de féu.
La dona li va di: - Siñó, aixó no crec que puga féu may, perque lo vull massa.
- Pos yo no podré absóldretos.
Va di la dona:
- U séntigo mol: no hay vingut aquí per a di mentires; si creguera que puc féu tos u diría. Va di entonses lo selós:

- En verdat, Siñora, me feu llástima, que tos vech pédre l´alma fen en estes coses; pero per a servissi vostre intentaré resáli unes orassións espessials a Deu en lo vostre nom, que potsé tos ajudon; y tos enviaré alguna vegada un escolanet meu al que li diréu si tos han ajudat o no; y si tos ajuden, continuarem.

La dona li va di:

- Siñó, no me enviéu dingú a casa, que si lo meu home sen entere, com es tan selós pensaríe que només ve per a algo roín, y may mes tindré pas en ell.
Lo selós li va di:

- Siñora, no tingáu temó per naixó, que u faré de tal manera que may tos dirá una paraula. Va di entonses la Siñora:

- Si assó tos diu lo cor, que se faigue.

Acabada la confessió, ressibida la peniténsia y eixecánse, sen va aná a sentí missa.
Lo selós, en la seu desgrássia, bufán y rebufán, sen va aná a tráures la roba de mossen y sen va entorná cap a casa, pensán cóm su faríe per a trobá juns al mossenet y a la dona, y fels una mala passada als dos. La dona va torná de la iglesia y li va notá al home a la cara que li habíe donat bones pascues; pero ell intentáe tan com podíe amagá lo que habíe fet y lo que li pareixíe sabé. Y habén dessidit passá la nit a la vora de la porta del carré esperán a vore si veníe lo retoret, li va di a la dona:

- Esta nit ting un sopá y dormiré fora, tancaré la porta del carré, cuan vullgues, gítat.
La dona va contestá: - En bona hora.

Y cuan va tíndre tems sen va aná cap al forat y va fé la siñal pactada, y al sentíla Filippo enseguida va acudí allí. La dona li va contá lo que habíe fet pel matí, y lo que lo home li habíe dit después de diná, y li va di:

- Estic segura de que no eixirá de casa, se ficará de guardia a la porta, aguaitán, y per naixó troba la manera de víndre esta nit aquí per la teulada, y estarem juns.
Lo jove, mol contén de aixó, va di: - Siñora, aixina u faré.

Arribada la nit, lo selós se va amagá en les armes carregades a una alcoba del pis baix.
La dona va fé tancá totes les portes, y sobre tot atrancada la del mich de la escala, per a que lo selós no puguere pujá si sentíe algo. Cuan li va pareixe be, lo jove va acudí per lo tellat, com si fore un gat, y a la alcoba de la dona que va entrá; y al llit se van está fénse la un al atre cussigañes y algo mes; y despuntat lo día, lo jove sen va entorná cap a casa.

Lo selós, dolgut, sense sopá y carpidet de fret, casi tota la nit va está en les armes prop de la porta, esperán que arribare lo mossenet; y arribán lo día, com ya no podíe velá mes, se va adormí a la alcoba del pis baix. Después, casi a la hora de tercia, se va eixecá, y com ya estáe uberta la porta de casa, va fé vore que veníe de fora, va pujá a casa y va amorsá en bona gana. Y poc después, envián a un sagal com si fore lo monaguillo o escolanet del mossen que la habíe confessat, li va preguntá si qui ella sabía habíe tornat allí. La dona, que mol be va coneixe al missaché, li va contestá que no habíe vingut aquella nit, pero que lo esperáe, perque no sel podíe traure del cap. Lo sagal li va portá la contesta al selós, y ell se va está moltes nits velán, volén enchampá al retoret a la entrada, y la dona va seguí passánsu be en lo seu veí. Al final, lo selós, que ya no podíe aguantá mes, enfadat li va preguntá a la dona qué li habíe dit al mossen lo matí de Nadal que se habíe confessat. La dona li va contestá que no volíe dílay, perque no ere cosa honesta ni convenién.
Lo selós li va di: - Mala dona, encara que no mu digues, yo ya sé lo que li vas di, y hay que sabé quí es lo mossen este del que estás tan enamorada, y que se gite en tú totes les nits fen aná ensalmos o encantaméns, o te tallaré les venes. La dona va di que no ere verdat que estiguere enamorada de un mossen.
- ¿Cóm? - va di lo selós-. ¿No li vas di aixó al mossen que te va confessá?
La dona va di: - No pareix que tu haiguen contat, sino que hagueres estat allí; pero sí que lay vach di. - Pos dísme - va di lo selós -, quí es eixe mosse, y dísmu enseguideta.

La dona va arrancá a riure y li va di:

- Me agrade mol cuan a un home sabut lo porte una dona simpleta com se porte a un borrego per los cuernos al matadero; encara que tú no eres listo, ni u has sigut desde que vas dixá entrá al teu pit al maligne espíritu de los sels; y contra mes tonto y animal eres, la meua glória es mes baixa. ¿Creus tú, home meu, que soc sega del ulls de la cara com tú u eres de los de la men? Sert que no; y mirán vach sabé quí ere lo mossen que me va confessá, enseguida vach vore que eres tú, pero me vach proposá donát lo que estáes buscán, y te u hay donat. Pero si hagueres sigut sabut, com creus, no hagueres intentat descubrí de aquella manera los secrets de la teua honrada dona, y sense sospechá ten hauríes donat cuenta de que lo que yo te confesaba ere la verdat, y no ñabíe an ella gens de pecat. Te vach di que volía a un mossen; ¿y no estáes tú disfrassat de mossen, y no te vull? Te vach di que cap porta de casa meua podíe está tancada cuan lo mossen volíe gitás en mí; ¿y quína porta te ha resistit alguna vegada a casa teua, si allí aon yo estaba hagueres volgut víndre? Te vach di que lo mossen se gitabe en mí totes les nits; ¿y cuán ha sigut que no te haigues gitat en mí? Y totes les vegades que me vas enviá al teu falso escolanet saps que no te vas gitá en mí, y li vach di que lo mossen no hi habíe estat. ¿Quín atre ña de mes desmemoriat que tú, que per los sels te has dixat segá? ¡Y has estat a dins de casa, vigilán la porta, y creus que me hay cregut que has anat fora a sopá y a dormí! ¡Torna a sé lo home que habíes sigut, y no faigues fé burla de tú a qui coneix les teues costums com yo, y dixa eixa guarda que fas, que te juro per Deu que si me vingueren ganes de ficát los cuernos, encara que tingueres sen ulls en ves de dos, me donaría lo gust de fé lo que vullguera, y tú no ten enteraríes!
Lo desgrassiat selós, a qui li pareixíe habéssen enterat mol astutamen del secreto de la dona, al sentí aixó se va vore burlat; y sense contestá res va tíndre a la dona per sabuda y per bona, y ara que teníe que sé selós, se va desvestí dels sels, aixina com sels habíe vestit cuan no ne teníe nessessidat. Per lo que la discreta dona, casi en llissénsia per a féu tot al seu gust, sense fé víndre al seu amán per la teulada com los gats, sino per la porta, lo va fé víndre después moltes vegades, y va passá en ell mols bons ratets.

domingo, 27 de diciembre de 2020

JORNADA OCTAVA. NOVELA SÉPTIMA.

JORNADA OCTAVA. NOVELA SÉPTIMA.

Un escolá vol a una Siñora viuda, que, enamorada de un atre, una nit de ivern lo fa assentás damún de la neu esperánla, y ell, después, tot un día de mijans de juliol la fa está despullada a una torre exposta a les mosques, als tabans y al sol que bade les roques.

Un escolá vol a una Siñora viuda, que, enamorada de un atre, una nit de ivern lo fa assentás damún de la neu esperánla, y ell, después, tot un día de mijans de juliol la fa está despullada a una torre exposta a les mosques, als tabans y al sol que bade les roques.

Mol sen habíen enrit les siñores del desgrassiat de Calandrino, y mes sen hagueren enrit encara, pero se van enfadá al vore que tamé li preníen los capons los mateixos que li habíen furtat lo gorrino. La reina li va maná a Pampinea que contare la seua; y ella va escomensá aixina:
Caríssimes siñores, moltes vegades passe que les artimañes són vengades en atres artimañes. Natros mon ham enrit mol (en moltes historietes contades de les burles que han sigut fetes, de les que cap vengansa que se haigue pres se ha contat; pero yo enteng contátos lo que li va passá a una consiudadana nostra, que la seua burla, al sé burlada, casi va pagá en la mort; y escoltáu no tos dixará de sé útil perque aixina milló ton guardaréu de enfótreton dels atres y mostraréu bon juissi.
No han passat encara mols añs desde que va ñabé a Florencia una jove hermosa de cos y altanera de ánim y de linaje mol noble y en los bens de la fortuna convenienmen abundán, que se díe Elena. Esta, habénse quedat viuda may mes va volé casás, habénse enamorat de ella, a elecsió seua, un jove cortés y ben plantat. Olvidán datres preocupassións, en la ajuda de una criada seua de la que sen fiabe mol, moltes vegades en ell se donáen bona vida.
Va passá an este tems que un jove de nom Rinieri, home noble de la nostra siudat, habén estudiat mol tems a París no per a vendre después la seua siénsia a granel com fan mols, sino per a sabé la raó de les coses y los seus motius (lo que mol be li sente a un noble) va torná de París a Florencia. Allí, mol honrat tan per la seua noblesa com per la seua siénsia, vivíe com un siñó. Pero com passe moltes vegades que lo que mes entenimén de les coses profundes té, mes fássilmen se dixe enchampá per l´amor, aixó li va passá an este Rinieri. Habén anat ell un día a una festa, dabán dels seus ulls se li va ficá esta Elena, vestida de negre com van les nostres viudes, plena de tanta hermosura al seu juissi, y de tanta amabilidat com cap atra li habíe paregut vore; y va pensá que podríe dís felís lo qui puguere tíndrela despullada als seus brassos. Y una vegada y un atra miránla dissimuladamen, y sabén que les coses grans y pressioses no se poden conseguí sense traball, va dessidí ficá tot lo seu esfors y tota la seua solissitut en agradála, per a conseguí lo seu amor, y después pendre possesió de ella. La jove Siñora, que no teníe los ulls ficats al infern sino que, mol segura de ella y hasta mes de lo que ere, movén los ulls en arte mirabe al voltán y enseguida vee al que la mirabe, y acatánsen de les mirades de Rinieri, enriénsen per a sí mateixa, va di: - No hauré vingut avui aquí en vano, si no me equivoco, hay pessigat un pavo pel nas. Y escomensán a mirál alguna vegada en la coeta del ull, se les ingeniabe en demostráli que se ocupabe de ell, o pensán per atra part que cuan mes atraguere y prenguere en los seus encáns, la seua hermosura ere de mes alt preu. Lo sabut, dixán apart los pensaméns filosófics, va portá tot lo seu ánim cap an ella; y creén que li agradabe, preguntán quina ere la seua casa, va escomensá a passá per dabán de ella, excusán en diferentes raóns aquelles anades y vingudes. La Siñora, vanagloriánse de alló, fée vore que lo mirabe de bona gana, per lo que ell, trobán la manera, se va arrimá a la seua criada y li va descubrí lo seu amor, demanánli que en la seua Siñora obrare de tal manera que ell puguere obtíndre la seua grássia. La criada va prometre mol y lay va di a la seua Siñora, y ella, énriénsen mol va di:
- ¿Has vist aón ha vingut este a pédre lo servell que ha entrenat a París? Pos venga, donémli lo que va buscán. Li dirás, cuan te parlo un atra vegada, que yo lo vull mes an ell de lo que ell me vol a mí; pero que ting que guardá la meua honra per a portá lo cap ben alt; per naixó, si es tan sabut com diu, té que vóldrem mes.

¡Ay desgrassiada, desgrassiada! No sabíe ella, siñores meues, lo que es ficás a provocá als escolás. La criada, al trobál, va fé lo que la seua Siñora li habíe manat. Lo estudiós, contén, va passá a rogatives mes caluroses y a escriure cartes y a enviá regalos, y tot ere asseptat, pero en recompensa no veníen mes que vagues respostes; y de esta guisa lo va tindre mol tems donánli llargues. Al cap de un tems, habénli ella contat tot al seu amán y habénse ell enfadat en ella alguna vegada y sentit sels, per a féli vore que equivocadamen sospechabe de ella, solissitánla mol lo escolá, li va enviá a la seua criada, que li va di que ella no habíe tingut ocasió may de fé res que an ell li agradare, después de que lo habíe assegurat del seu amor, pero que, per a les festes de Nadal que se arrimaben, esperabe pugué está en ell; la nit siguién a la festa, si ell volíe, podíe acudí al seu pati, aon ella aniríe a buscál tan pronte com puguere.

Lo escolá, mes contén que un chiquet en sabates noves, a la hora ordenada sen va aná a casa de la Siñora, y portat per la criada a un pati, tancánlo a dins, allí va escomensá a esperá a la Siñora. La Siñora, habén aquella nit fet víndre al seu amán y habén sopat en ell, li va contá lo que volíe fé aquella nit, afegín: - Y podrás vore cuán y quin es l´amor que li ting y hay tingut an aquell del que has tingut sels.

Estes paraules les va escoltá lo amán en gran contén de ánim, dessichós de vore en obres lo que la Siñora en paraules li donabe a entendre. Lo día abáns habíe nevat mol, y tot estabe tapat de neu; lo escolá fee poc que estabe al pati cuan va escomensá a tremolá de fret, pero esperán calentás después, u soportabe en passiensia.
La Siñora li va di al seu amán al cap de un rato:

- Anem a la alcoba y desde una finestra mirem lo que fa eixe de qui has tingut sels, y lo que li contestará a la criada, que la hay enviat a parlá en ell. Sen van aná, pos, cap a la habitassió y se van assomá a una finestreta, y veén sense sé vists, van escoltá a la criada parlá en lo escolá y di:

- Rinieri, la meua Siñora es la dona mes trista que may ha ñagut, perque esta nit ha vingut un dels seus germans y ha estat mol rato parlán en ella, y después va voldre sopá en ella y encara no sen ha anat, pero crec que sen anirá pronte; y per naixó no ha pogut vindre ella encara, pero ya vindrá llugo; te demane que no te fastidio massa lo esperá.

Lo escolá, creén que ere verdat, va contestá:

- Dísli a la meua Siñora que no se preocupo de mí hasta que pugue vindre a buscám, pero que u faigue tan pronte com pugue.

La criada, tornán cap a dins, sen va aná a dormí.

La Siñora, entonses, li va di al seu amán:

- Be, ¿qué dius?, ¿creus que yo, si lo vullguera com tú te penses, lo dixaría allí baix carpidet?

Y dit aixó, en lo seu querido, que ya estabe mes contén, sen van aná cap al llit, y mol rato van está chalán, enriénsen del pobre escolá y enfoténsen dell. Lo escolá, donán voltes per lo pati, se movíe per a calentás y no teníe aón assentás ni aón amagás de la serena, y maleíe lo llarg entretenimén del germá de la Siñora, y tot lo que sentíe pensabe que ere una porta que la Siñora obríe, pero esperabe en vano.
Ésta, prop de la mija nit, están en lo seu amán, li va di:

- ¿Qué penses, alma meua, del nostre escolá? ¿Qué te pareix mes gran, la seua sabiduría o l´amor que yo li ting?, ¿fará lo fret que li estic fen passá eixísseli del pit lo que en les meues paraules li va entrá?

Lo querido va contestá:

- Cor meu, aixina com tú eres lo meu be y lo meu descáns y tota la meua esperansa, aixina soc yo les teues.

- Pos - díe la Siñora - bésam mil vegades per a vore si dius la verdat. Lo amán, abrassánla y apretán fort, no mil sino sen mil vegades la besabe. Después de un bon rato, va di la Siñora: - ¡Ah!, eixequémos y anem a vore si se ha apagat lo foc en lo que este amán meu cada día me escribíe que estabe ruén.

Y eixecánse, a la finestreta se van assomá, y mirán cap al pati van vore al escolá ballán una tarantela al so del castañolejá de dens, que per la gran gelada ere tan saltejada y rápida que may habíen vist cosa igual. Entonses va di la Siñora:

- ¿Qué dius, la meua dolsa esperansa?, ¿te pareix que sé fé ballá als homens sense música de trompetes y cornamusses?

A lo que lo amán va contestá:

- Siñora meua, sí que ne saps.

Va di la Siñora:

- Vull que baixem hasta la porta, tú te estás callat y yo li parlaré y sentirem lo que diu, y pot sé que encara mos divertigam mes que de sol vórel.

Y obrín la alcoba en cuidadet van baixá a la porta. Allí, sense obríla, la Siñora en veu baixa, per la gatera, lo va cridá. Lo escolá, al sentís cridá, va alabá a Deu, creénse massa pronte que anabe a entrá a dins, y arrimánse a la gatera, va di:

- Aquí estic, Siñora; obríu per Deu, que me mórigo de fret. La Siñora va di:

- ¡Ah, sí, que ya sé que eres un geleres! y tamé que lo fret es mol gran perque ha caigut una mica de neu. Be sé yo que a París ne ñan de mol mes grans. No puc obrít encara perque este germá meu, que ahí per la nit va víndre a sopá en mí, no sen va encara; pero sen anirá pronte, y vindré en seguida a obrít. Acabo de separám dell en molta faena per a víndre a consolát y que la espera no te enfado.

Va di lo escolá: - ¡Ah, Siñora!, tos demano, per Deu, que me obrigáu, per a que puga está a dins abrigat, perque fa un ratet ha escomensat a caure la nevada mes espessa del món, y encara neve; y yo tos esperaré ahí tot lo que vullgáu.

Va di la Siñora: - ¡Ay, dols be meu, que no puc, que esta porta fa tan soroll cuan se obri que fássilmen la sentiríe mon germá si la obriguera!, pero vull aná a díli que sen vaigue per a que yo puga torná a obrít.
Va di lo escolá: - Pos anéuhi pronte, y tos rogo que faigáu ensendre una bona fogata per a que, en cuan entra, puga calentám, que hay agarrat tal geló que apenes me séntigo.
Va di la Siñora: - Assó no pot sé, si es verdat lo que me has escrit moltes vegades de que estás ensés per lo meu amor; pero estic segura de que ten enfots de mí. Ara ving; espéram y aguanta. Lo amán, que u sentíe tot, chaláe mol, y tornán al llit en ella, poc van dormí aquella nit, que casi tota la van passá en plaés y en burles al escolá.
Lo desgrassiat escolá, convertit en sigüeña per lo fort castañolejá de dens que teníe, donánsen cuenta de que sen enfotíen de ell, moltes vegades va tratá de obrí la porta y va mirá a vore si per algún atre puesto podíe eixí; y no veén cóm, com un león engabiat maleíe lo mal tems, la maldat de la dona, la durassió de la nit y la seua propia simplesa; y mol cabrejat contra nella, l´amor que li teníe de repén se va cambiá en crúo y amarg odio, y pensáe moltes coses en les que vengás. Pero la nit, después de molta y llarga espera, va dixá pas al día y va escomensá a apareixe l´alba; la criada, avisada per la Siñora, baixán, va obrí lo pati, y mostrán sentí compassió dell li va di:
- ¡Malaventura tíndre lo que va víndre anit! Tota la nit te ha tingut velán y ha fet que te congelos: ¿pero saps?, préntu en calma, que lo que esta nit no ha pogut sé un atra vegada sirá. Lo escolá, com a sabio que sap que de res servixen les amenasses mes que per a armá al amenassat, va tancá al seu pit lo que la seua destemplada rabia tratabe de gitá fora o foragitá, y en veu tranquila, sense mostrás gens enfadat, va di:

- En verdat que hay passat la pijó nit que hay tingut may, pero be hay vist que de aixó la Siñora no ne té cap culpa, perque ella mateixa va baixá hasta la porta a excusás y a consolám; y com dius, lo que esta nit no ha sigut un atra nit sirá; encoméndam an ella y quédat en Deu.

Y del tot carpit, com va pugué sen va entorná a casa. Allí, cansat y mort de son, se va aviá al llit y se va despertá casi paralisat de brassos y cames; per lo que, envián a buscá un meche, li va contá lo fret que habíe passat, y ell va fé lo possible per a recuperáli la salut. Los meches, en grandíssimes y rápides cures lo van ajudá, poc tems después van pugué curáli los ñirvis y fé que se relajare; y si no haguere sigut jove y arribabe bon tems, mol haguere tingut que soportá; pero tornán a está sano y fresc, guardánse a dins lo seu odio, se mostrabe mol mes que may enamorat de la viuda.
Va passá después de sert tems, que la fortuna li va proporsioná la ocasió de satisfé lo seu dessich al escolá. Perque habénse enamorat de un atra dona lo amán de la viuda (sense tíndre cap considerassió al amor que ésta li teníe), ella en llágrimes y amargó se consumíe; pero la seua criada, que gran llástima teníe della, no trobán lo modo de apartála del doló per lo amán perdut, veén al escolá que de la manera acostumada passabe per lo barri, va tindre un pensamén, y va sé que se podríe obligá al amán de la seua Siñora a vóldrela com abáns fée en alguna operassió nigromántica y que en alló lo escolá habíe de sé un gran maestre; y lay va di a la Siñora. Ella, sense pensá en que, si lo escolá haguere sabut de nigrománsia la haguere fet aná en lo seu propi profit, va escoltá les paraules de la criada y en seguida li va di que li preguntare si volíe féu y en seguridat li prometiguere que, en recompensa, ella faríe tot lo que ell vullguere.
La criada va fé la embajada be y diligenmen, y sentínla lo escolá, tot contén va di:
- Alabat sigues, Deu meu; ha arribat lo momén en que en la teua ajuda podré castigá an eixa dona roína per la mala passada que me va fé en pago del gran amor que li tenía. Y li va di a la criada:

- Dirás a la meu Siñora que no patixgue per naixó, que si lo seu querido estiguere a la India lo faría yo víndre rápidamen a demanáli grássia de lo que contra lo seu gust haguere fet. Lo que té que fé lay diré an ella cuán y aón mes li vaigue be, y díslay aixina y confórtala de la meua part. La criada va doná la resposta y se quedá en vores los dos a Santa Lucía del Prado. Acudín allí la Siñora y lo escolá, y parlán ells dos sols, sense enrecordássen ella de que casi lo habíe portat an ell a la mort, li va contá ubertamen totes les seus coses y lo que dessichabe, y lay va rogá per la seua salvassió; y lo escolá li va di: - Siñora, es verdat que entre les demés coses que yo vach adependre a París conte la nigrománsia, y sé be de lo que es capás; pero com ofén mol a Deu, había jurat no ficála may en práctica ni per a mí ni per a datres. Pero es verdat que l´amor que tos ting es tan fort que no sé negám a res que vullgáu manám; y per naixó, encara que haiga de aná a la casa del diable, estic disposat a féu ya que u voléu. Pero tos hay de advertí de que es una cosa mes molesta de fé de lo que pensáu, y mes cuan una dona vol recuperá l´amor de un home o un home lo de una dona, perque aixó no pot féu mes que la mateixa persona a qui li interesse, y per a féu fa falta que qui u faigue sigue de ánim valén perque ña que féu de nit y a puestos solitaris y sense cap compañía, y estes coses no sé si estéu disposada a féles. A lo que la Siñora, mes enamorada que prudén, va contestá:

- Amor me espoleje de tal manera que no ña res que no faiguera per a recuperá an aquell que me ha abandonat; pero, si vols, dísme en qué ting que sé valenta. Lo escolá, que en mal pel teníe la coa marcada, va di: - Siñora, yo tindré que fé una imache de estañ en lo nom de aquell al que dessicháu recuperá, y cuan to la envía, cuan estigue la lluna menguán, tos hau de bañá en ella set vegades a un riu de aigüas clares y corréns, completamen despullada y sola a la hora del primé son, y después, están aixina despullada, teníu que pujá a un abre o a la punta de una casa deshabitada: y mirán cap a lo nort en la imache a la ma, set vegades diréu unes paraules que tos donaré escrites, y cuan les haigáu dit, vindrán cap a vos dos mossetes de les mes hermoses que may haigáu vist, y tos saludarán y tos preguntarán qué voléu que faiguen. An estes los hau de di be y plenamen los vostres dessichos; y guardáutos de di una cosa per un atra; y cuan u haigáu dit, elles sen anirán y vos podréu baixá al puesto aon haigáu dixat les vostres robes, vestítos y torná a casa. Y hau de tindre per sert que abáns de mija nit del día siguién lo vostre amán, plorán, vindrá a demanátos grássia y perdó; y sabéu que desde aquell momén no tos dixará may per cap atra. La Siñora, sentín estes coses y creénseles en completa fe, pareixénli que ya casi teníe en brassos al seu amán, ya mich contenta, va di: - No tos preocupéu, que estes coses aixina les faré; y per an aixó ting una terra cap a lo Valdarno de dal, que está bastán prop del riu, y com ya estam al juliol, sirá mol agradable bañás de nit. Y tamé men enrecordo que no mol lluñ del riu ña una torreta deshabitada a la que, per unes escales de fusta de castañé que ñan allí, pujen alguna vegada los pastós a un terrat, per a vore si descubrixen desde allí dal los seus animals perduts, un puestet mol solitari y a desmá al que yo pujaré, y allí espero fé lo que manéu. Lo escolá, que mol be coneixíe lo puesto de la Siñora y la torreta, contén de assegurás de la seua intensió, va di:

- Siñora, yo no hay estat may an eixes comarques, y per naixó no conec la terra ni la torreta; pero si es tal com diéu no pot ñabé res milló al món; y per naixó, cuan sigue oportú tos enviaré la imache y la orassió; pero mol tos rogo que, cuan haigáu satisfet lo vostre dessich y veigáu que tos hay servit be, que ton enrecordéu de cumplí la promesa que me hau fet. A lo que la Siñora li va contestá que u faríe sense falta; y despedínse de ell sen va entorná cap a casa. Lo escolá, alegre de que lo seu plan puguere portás a efecte, va fé una imache y va escriure un invento seu en ves de una orassió; y cuan li va pareixe la va enviá a la Siñora, y va maná díli que a la nit siguién sense mes tardá habíe de fé lo que li habíe dit; y después, en secreto, en un criat seu sen va aná a casa de un amic que vivíe mol prop de la torre, per a pugué fé lo seu proyecte.
La Siñora se va ficá en camí en la seua criada, y al arribá la nit, fen vore que sen anabe a dormí, va enviá a la criada al llit, y a la hora del primé son, eixín de casa en silensio, sen va aná cap a la torreta de la ribera del Arno, y mirán mol al seu voltán, no veén ni sentín a dingú, se va traure tota la roba y la va amagá a una malea, se va bañá en la imache set vegades y después, tota despullada, en la imache a la ma cap a la torreta que sen va aná. Lo escolá, que a la caiguda de la nit, en lo seu criat entre los saúcs y datres abres prop de la torre se habíen amagat, habíe vist totes aquelles coses, passán ella ben prop despullada, y veénla en la blancó del seu cos vénse la oscurina de la nit, y miránli les mamelles y datres parts del cos, y veénles hermoses y pensán cóm estaríen al cap de poc tems, va sentí una mica de llástima per nella; y per atra part, lo agulló de la carn lo va assaltá y va fé eixecás al que estabe acachat, y lo animabe a eixí del amagatall y aná cap an ella y fé lo seu gust; y va está a pun de sé vensut. Pero enrecordánsen de quí ere ell y quina va sé la ofensa ressibida, ensenénse pel odio, foragitán la compassió y la fam carnal, va mantindre firme lo seu propósit y la va dixá aná. La Siñora, puján a la torre y girada cap al nort, va escomensá a di les paraules que lo escolá li habíe escrit. Ell, después, va entrá a la torreta, silensiosamen y poc a poc va apartá la escala per la que se pujabe al terrat aon la Siñora estabe, y después va esperá a vore qué díe y fée ella.
La Siñora, set vegades dites les seues orassions, va escomensá a esperá a les dos mossetes y tan llarga va sé la espera que, sense contá en que sentíe molta mes fresca de la que haguere volgut, va vore apareixe la aurora; per lo que, trista de que no haguere passat lo que lo escolá li habíe dit, se va barruntá: «Temó ting de que éste haigue volgut donám una nit com la que yo li vach doná an ell; pero si per naixó me ha fet aixó mal ha sabut vengás perque no ha sigut ni la tersera part de llarga de lo que va sé la seua; sense contá en que lo fret va sé de un atra classe».

Y per a que lo día no la agarrare allí, va voldre baixá de la torreta, pero se va trobá en que la escala no estabe al seu puesto. Entonses, casi com si lo món fallare daball dels seus peus, se li va escapá tot lo valor; y, vensuda, va caure sobre la terra apissonada de la torre. Y cuan li van torná les forses, va escomensá a plorá y a queixás, y veén be que alló teníe que sé obra del escolá, va escomensá a arrepentís de habél ofengut, y después de habéssen fiat massa de aquell al que mereixcudamen habíe de tíndre per enemic: y en aixó va passá mol tems. Después, mirán si ñabíe alguna manera de baixá y no veénla, va torná a plorá y va tindre un amarg pensamén, diénse an ella mateixa:

«Oh, desgrassiada, ¿qué dirán tons germáns, los teus paréns y veíns y en general tots los florentins cuan sápiguen que te han trobat despullada? La teua honestidat se vorá que ere falsa; y si an estes coses vullgueres trobá excuses mentiroses (que ne ñauríen), lo maleít escolá, que sap tots los teus assuntos, no te dixaré di mentires. ¡Ay, misserable, que a un tems haurás perdut al mal volgut jove y lo teu honor!»

Y después de aixó va sentí tanta doló que va está a pun de aventás desde la torre an terra; pero habén ya eixit lo sol y arrimánse ella un poc mes a una de les parts del muro, mirán a vore si algún pastoret per allí en lo seu ramat se atansabe al que puguere ella enviá a buscá la seua criada, va passá que lo escolá, habén dormit una mica a unes boches, al despertá la va vore, y ella an ell; y lo escolá va di: - bon día, Siñora, ¿han vingut ya les mossetes?
La Siñora, veénlo y escoltánlo, va torná a plorá fort y li va rogá que vinguere prop de la torre per a que ella puguere parláli. Lo escolá va sé en aixó mol cortés. La Siñora, tombánse de morros al terrat, sol assomabe lo cap al canto, y plorán li va di:
- Rinieri, si yo te vach fé passá una mala nit, pots está segú de habét vengat, perque encara que estem al juliol, están despullada y bañada me hay pensat que me congelaba esta nit; sense contá en que hay plorat tan lo engañ que te vach fé y la meua inossensia en créuret que es maravilla que los ulls no me haiguen caigut de la cara. Y per naixó te rogo, no per amor a mí, a qui no tens que vóldre, sino per amor teu, que eres noble, que te contentos, en vengansa de la injuria que yo te vach fé, en lo que hasta este pun me has fet, y fes que me donon la roba y que puga baixá de aquí, y no vullgues tráurem lo que después, encara que vullgueres, no podríes tornám, es a di, la meua honra; que, si aquella nit te vach privá de está en mí, sempre que vullgues puc tornáten sen per una. Que aixó sigue prou, y com a home valerós ya te has pogut vengá y mu has fet vore; no vullgues probá les teues forses en les de una dona: cap gloria es per a un águila habé vensut a un colom; aixina pos, per l'amor de Deu y per lo teu honor, tingues compassió de mí.

Lo escolá, en lo ánim du, pensán en la injuria ressibida y veénla plorá y rogáli, sentíe plaé y al mateix tems cárrec de consiensia. Va contestá:

- Doña Elena, si les meues plegaries, que en verdat no vach sabé bañá en llágrimes ni fé rogs melosos com tú saps fé los teus, me hagueren valgut, la nit que al teu pati ple de neu me moría de fret, si me hagueres resguardat una mica de la gelada, fássil me siríe ara escoltá los teus; pero si tan te ocupes ara del teu honor, y te es tan du lo está aixina despullada, eleva estes súpliques an aquell en lo que estáes despullada aquella nit que be recordes, sentín cóm yo caminaba pel teu pati castañolejánme les dens y poteján la neu, y féste ajudá per nell, féste per nell traure la roba, demánali an ell la escala per aon baixá, fica an ell lo cuidado del teu honor, aquell per lo que ara y atres mil vegades no has dudat en ficál en perill. ¿Cóm es que no lo crides per a que vingue a ajudát? ¿Y a quí li correspón mes que an ell? Eres seua: ¿y qué guardará o cuidará si no te guarde y te ajude a tú? Crídal, abatuda, y proba si l´amor que li tens y la teua sabiduría jun en la seua poden librat de la meua tontería; están en ell li vas preguntá qué li pareixíe mes gran, la meua simplesa o l´amor que li teníes. Y no me faigues ara cortessía de lo que no dessicho ni podríes negámu si u vullguera; guarda per al teu amán les teues nits, si es que ixes de aquí viva; són teues y seues: yo ne vach tindre prou en una y me baste habé sigut burlat una vegada. Y ara, fen aná la teua astussia al parlá, te les ingenies en alabám per a conquistá la meua benevolensia y me crides noble y valén, y caviles per a que yo, com a magnánim, me abstinga de castigát la teua maldat; pero les teues paraules no me oscurixen ara los ulls del intelecto, com van fé abáns les teues desleals promeses; yo me coneixco, y sobre mí mateix no vach adependre tan mentres estaba a París de lo que tú me vas fé sabé en una nit de les teues. Pero presuposán que yo fora magnánim, no eres tú de aquelles en les que la magnanimidat tingue que mostrá los seus efectes: lo cástic en les fieres salvaches com eres tú té que sé la mort, mentres en los homens té que bastá lo que tú has dit. Per lo que, encara que yo no siga cap esparvé, sabén que tú eres no colom sino escursó venenós, com a antic enemic, en tot lo odio y en tota la forsa te hay de perseguí; y aixó que te fach no pot dís vengansa sino mol milló cástic, perque la vengansa té que sobrepassá a la ofensa y aixó no arribe ni a igualála; per lo que, si yo vullguera vengám mirán en quín perill vas ficá la meua vida, no me bastaríe tráuret la vida ni atres sen iguals a la teua, perque sol mataría a una femella roína. ¿Y per qué dimonis, si traus la teua cara, a la que uns pocs añs espentolarán plenánla de arrugues, eres mes tú que consevol triste criada? ¡Y no va quedá per tú fé morí a un home valerós, com me has cridat poc antes, esta vida encara podrá en un día sé mes útil al món que sen mil iguals a la teua podrán mentres lo món duro! Adependrás ara en este doló que patixes qué es maltratá als homens que tenen algún sentimén, y qué es maltratá als estudiosos, y te donará materia per a no caure may mes en tal locura, si ne ixes de esta. Pero si tens tan gran dessich de baixá, ¿per qué no te avíes de ahí dal? Y en un pun, en la ajuda de Deu, trencánte lo coll, ixirás del doló en lo que te pareix está y me donarás la alegría mes gran del món. No te diré res mes ara: tan vach pugué yo que hasta ahí te vach fé pujá; apáñateles ara per a baixá, tal com te vas enfotre de mí.

Mentres lo escolá díe aixó, la desgrassiada dona plorabe continuamen y lo tems passabe, puján mes alt lo sol. Pero cuan va vore que callabe, va di: - ¡Ah!, cruel, si tan dura te va sé aquella nit y te pareix lo meu pecat tan gran que no poden móuret a compassió ni la meua jove hermosura ni les amargues llágrimes ni los humils rogs, que te mogue al menos algo lo habém ressienmen confiat a tú y descubert tots los meus secretos, en los que hay donat lloc al teu dessich de pugué fém coneixedora de la meua culpa, com sigue que si no me haguera fiat yo de tú cap vía teníes per a pugué vengát, lo que mostres habé dessichat en tanta ardó. ¡Ah!, dixa la teu ira y perdónam ya: estic disposada, si me perdones y me dixes baixá de aquí, a abandoná del tot al desleal jove y tíndret a tú sol per amán y per siñó, per mol que aburrixques la meua bellesa, mostrán que es curta y poc valiosa: com la de les demés, digna es de estima, encara que sol fore perque la vanidat y lo joc y lo plaé són propis de la juventut dels homens, y tú no eres vell. Y encara que cruelmen me estás tratán, no puc creure per naixó que vullgues vorem morí de mort tan deshonrosa com siríe aventám desde aquí dal com una desesperada dabán dels teus ulls, als que, si no eres entonses ya mentirós com u has sigut ara, tan los vach agradá. ¡Ah! Apiádat de mí, per Deu, lo sol escomense a calentá massa, y com la fresca de esta nit me va ofendre, aixina la calina escomense a molestám mol. A lo que lo escolá, que per divertís li donabe conversa, va contestá:
- Siñora, la teua confiansa no se ha ficat ara en les meues mans perque sentigueres amor per mí sino per a recuperá lo que habíes perdut, y per naixó sol mereix un mal mes gran; y mal creus que sol este camí me se oferíe per a la dessichada vengansa. Ne tenía datres mil, y mil trampes en fé vore que te volía te había parat daball dels peus, y poc tems ere pressís per a que per nessessidat (si aixó no haguere passat) hagueres caigut a una de elles y en mes doló y vergoña del que ara sens; y vach seguí este no per a donát cap ventaja, sino per a contentám mes pronte. Y si totes me hagueren fallat no me fallaríe la ploma, en la que tals y tantes coses haguera escrit de tú y de tal manera que, enteránte tú de elles (que ten enteraríes, segú), hauríes dessichat no habé naixcut mil vegades al día. La forsa de la pluma es mol mes gran de lo que creuen aquells que en lo seu coneiximén no la han experimentat. Juro dabán de Deu (y aixina ell me consedixque acabá esta vengansa com la hay escomensat) que hauría escrit de tú coses que no sol dabán de atres persones, sino tú mateixa te avergoñiríes, te hauríes tret los ulls per a no vóret mes; y per naixó, no li reprochos al mar habé creixcut a un riuet. En lo teu amor y en que sigues meua no ting, com ya te hay dit, cap interés; sé de quí has sigut, al que tan com lo odiaba abáns lo vull ara, pensán en lo que te ha fet. Vatres anéu enamorán y dessichán l´amor de los jóvens, perque los veéu en la carn un poc mes viva y en les barbes mes negres, y mol pinchos caminá, ballá y ajustá; estes coses les van tindre los que són de mes edat, y ademés saben ya lo que aquells tenen que adependre encara.
Y ademés de aixó, los jusguéu millós caballés y que fan jornades de mes milles que los homens mes madús. Sértamen confesso yo que en mes forsa espolsen ells les pellisses; pero los de mes edat, com experimentats saben milló aón están les pusses, y en mol ha de triás abáns lo poc y gustós que lo mol desgustat; y lo trotá mol chafe y canse a consevol, encara que sigue jove, mentres lo caminá suavemen, encara que un poc mes tard faigue arribá an algúns a casa, per lo menos los conduíx en descans. Vatres no ton acatéu, animals sense inteligénsia, cuán mal está amagat daball de aquella poca hermosura. No se contenten los joves en una sino que a cuantes veuen a tantes volen, de tantes los pareix sé dignes; per lo que lo seu amor no pot sé estable, y tú ara com a proba pots sé testigo de aixó. Y los pareix sé dignes de sé reverensiats y mimats per les dones y no tenen per mes gloria que alabás de les que han gosat, fallo que ya ne ha portat a moltes daball dels flares, que no u conten. Y encara que digues tú que may van sabé los teus amors mes que la teua criada y yo, mal informada estás y mal penses. Al seu barri no se parle mes que de aixó, y al teu; pero la majoría de les vegades lo radé que escolte estes coses es aquell al que se referixen. Ells, ademés, tos roben, mentres que los de edat tos regalen. Tú, pos, que mal vas triá, has de sé de aquell al que te vas entregá, y a mí, al que vas maltratá, díxam sé de un atra, que hay trobat una dona de be, y tú no u eres, que milló me ha conegut de lo que tú vas fé. Y per a que del dessich dels meus ulls pugues emportát al atre món mes seguridat que la que pareix que te donen les meues paraules, avíat de ahí dal pronte, y la teua alma, com espero, ressibida als brassos del diable, podrá vore si los meus ulls de habét vist caure cap aball se turben o no. Pero com crec que en tan no voldrás alegrám, te dic que si lo sol escomense a cremát ten enrecordos del fret que me vas fé patí, y si lo mescles en esta calina, sense falta sentirás lo sol tibiet.

La desconsolada dona, veén que a pesá de tot a un fin cruel anáen a pará les paraules del escolá, va torná a plorá y va di:

- Mira, com res de lo meu te mou a piedat, que te mogue l´amor que li tens an eixa dona mes discreta que yo que dius que has trobat y de la que dius que eres volgut, y perdónam per lo seu amor y pórtam la roba per a que puga tapám, y fes que me baixon de aquí.
Lo escolá entonses va arrencá a riure, y veén que ya la hora de tersia habíe passat fée rato, va contestá: - Mira, ara no sé di que no, pos per tal dona me u has rogat: dísme aón están y yo aniré a per nelles y te faré baixá de ahí.

La dona, creénlo, se va consolá una mica y li va enseñá lo puesto aon habíe amagat la roba. Lo escolá, eixín de la torre, li va maná a son criat que no sen anare de allí, que se quedare prop y tan com puguere vigilare per a que dingú entrare hasta que ell no haguere tornat; y dit aixó, sen va aná a casa del seu amic y allí va diná en gran calma y después, cuan li va pareixe oportú, sen va aná a dormí la michdiada. La dona, a la terrassa de la torre, encara que estiguere algo consolada per una esperansa, mol dolorida se va eixecá y se va assentá apoyánse a la part del muro aon ñabíe una mica de sombra, y se va ficá a esperá acompañada de amargs pensamens; y ara pensán ara plorán, y ara desesperán de la tornada del escolá en la roba, y saltán de un pensamén a un atre, com per lo doló estabe baldada y no habíe dormit la nit anterió, se va quedá adormida. Lo sol, que ere ruén, habén ya pujat al michdía, feríe de ple y a la descuberta la tendra y delicada blanca pell, y tamé lo seu cap, que estabe descubert, en tanta forsa que no sol li va sucarrá tot lo que se veíe de la carn, sino que li va fé llagues; y va sé tan grossa la cremada que encara que dormíe com un soc, la va fé despertás. Y sentín que se cremabe, movéense, li va pareixe que tota la pell sucarrada se li obríe y esclafíe, tal com veém que li passe a un pergamino cremat si algú estire de ell; y ademés de aixó, li fee tan mal lo cap que pareixíe que se li trencare, lo que no ere cap maravilla. Y lo terrat de la torre estabe bullín, ni en lo peu ni en atra cosa podíe apoyás; per lo que, sense estás quieta, de aquí cap allá anabe cambián de puesto plorán. Y ademés de aixó, com no corríe ni una mica de aire, ñabíen allí mosques y tabans pa aburrí a una desmemoriada mula vella, y estos, embutínse per la carn nafrada y acribassada, tan fieramen la mossegaben que li pareixíe que la puncharen a un espeto, per lo que no parabe de moure les mans de un costat al atre, maleínse an ella y a la seua vida, al seu amán y al escolá. Y están aixina angustiada y espolejada y atravessada per la caló que badáe les roques, per lo sol, per les mosques cagadores, per los tabans y tamé per la fam, pero mol mes per la sed, y per mil desagradables pensaméns, ficánse de peu, va mirá per a vore si veíe prop o sentíe an algú, completamen disposada a, passare lo que passare, cridála y demanáli ajuda. Pero tamé aixó li habíe tret la seua enemiga fortuna. Los llauradós sen habíen anat del campo per la calorina y ademés aquell día ningú habíe anat allí prop a treballá perque a les eres de les cases estaben trillán y batén; per lo que sol se sentíen les chicharres, y veíe lo Arno, que, despertánli encara mes lo dessich de les seues aigües, li aumentabe la sed. Veíe, tamé, a mols puestos bosquets, umbríes y cases, y dessichánles per igual, la angustiaben. ¿Qué direm mes de la desventurada viuda? Lo sol per damún y la griella del terrat per deball, y les mossegades de les mosques y los tabans per los costats, de tal manera la habíen dixat que ella, que la nit passada en la seua blancura vensíe a les tiniebles, entonses, roija com lo fang, la argila, l´almagre y tota tacada de sang, li hauríe paregut a qui la haguere vist la cosa mes fea del món. Y están aixina, mes esperán la mort que atra cosa, sén ya passada la mitat de nona, lo escolá, eixecánse de dormí y enrecordánsen de la Siñora, per a vore lo que ere de ella sen va aná cap a la torreta, y al seu criat, que estabe encara en dijú, lo va enviá a minjá. Sentín la dona que arribabe, débil y angustiada per lo serio doló, se va assomá al muro y, assentánse, va escomensá a di plorán:

- Rinieri, be y fora de tota mida te has vengat, si yo te vach fé congelat de nit al meu pati, tú me has fet rostí de día damún de esta torre, y ademés de aixó, morím de fam y de sed; per lo que te rogo per lo únic Deu que pujos aquí, y ya que no puc suissidám, dónam tú la mort, que la dessicho mes que consevol atra cosa, perque tan gran es lo tormén que séntigo. Y si esta grássia no me la vols fé, al menos fésme portá una tassa de aigua, per a que puga bañám la boca, perque les meues llágrimes no son prou per a bañála.

Be va coneixe lo escolá en la veu la seua debilidat, y tamé va vore lo seu cos tot sucarrat al sol de juliol, y per naixó una mica de compassió va sentí per nella; pero, sin embargo, va contestá: - Dona roína, no te morirás a les meues mans, te morirás per les teues si ganes te entren; y tanta aigua ressibirás de mí per a aliviá la teua caló com foc yo vach tindre que fé per a escofám de tan fret. Y mol lamento que la enfermedat que me va portá a mí lo fret en la caldoreta del eixérrit fermentán va tindre que curás, mentres que la teua calorina se curará en la frescó de la perfumada aigua de roses; y mentres yo vach está a pun de pédre los nervis y la vida, tú, despellotada en esta calina, te quedarás tan hermosa com la serp cuan mude la vella pell.
- ¡Oh, pobreta de mí! - va di la dona -, esta hermosura conseguida de esta manera otorgue Deu a les persones que mal me volen; pero tú, mes cruel que consevol fiera, ¿cóm has pogut vore esgarrám de esta manera? ¿Qué debía esperá yo de tú ni de cap atre si en cruels tortures haguera matat a tots los teus paréns? Sértamen no sé quina crueldat mes gran podríe habés fet aná en un traidó que tota una siudat haguere passat a gaviñet, que la que tú has fet en mí al fém rostí al sol y sé mossegada y minjada per les mosques y tabans; y ademés de aixó, no voldre donám una tassa de aigua, pos als assessinos condenats per los tribunals cuan van a la mort sels done de beure vi moltes vegades si ells u demanen. Ara be, ya que te vech firme en la teua crueldat y que lo meu patimén no te conmou, en passiensia me prepararé a ressibí la mort per a que Deu tingue misericordia de la meua alma, al que li demano que en ulls de justissia esta acsió teua contemplo.

Y dites estes paraules, se va arrossegá com va pugué hasta lo mich del terrat, desesperán de pugué escapás de tanta calina; y no sol una vegada sino mil, ademés de los atres dolós, se va pensá que se moríe de sed, plorán sempre fort y de la seua desgrássia dolénse. Pero cuan va arribá la posta de sol y pareixénli al escolá habé fet prou, fen arreplegá les robes de ella y embolicánles en la capa del criat, sen va aná a la casa de la dona y allí, desconsolada y triste y sense sabé qué fé va trobá a la seua criada assentada a la porta, y li va di: - Bona dona, ¿qué es de la teua Siñora?

A lo que la criada va contestá:

- Siñó, no u sé. Este matí me vach pensá que la trobaría al llit, aon ahí de nit me habíe pareixcut vórela anássen, pero no la hay trobat ni allí ni a cap puesto y no sé qué li haurá passat, per lo que vic en grandíssim doló; pero vos, siñó, ¿sabríeu dím algo de ella?
A lo que lo escolá va contestá:

- ¡Aixina te haguera tingut a tú jun en ella aon la hay tingut, per a habét castigat de la teua culpa com la hay castigat an ella de la seua! Pero seguramen no te escaparás sense que te paga les teues obres y que may mes ten burlos de cap home bo sense enrecordáten de mí. Y dit aixó, li va di al seu criat:

- Dónali esta roba y disli que vaigue a buscála si vol.

Lo criat va fé lo que li manabe; per lo que la dona, prenénles y reconeixénles, sentín lo que li habíen dit, molta temó va tindre de que la haguere matat, y ben just se va aguantá de quirdá; y ficánse a plorá, habénsen ya anat lo escolá, en la roba sen va aná corrén cap a la torreta. Habíe, per mala sort, aquell día, un llauradó de esta Siñora perdut dos marranos, y caminán buscánlos, poc después de que ixquere lo escolá va arribá an aquella torreta, y mirán per tot arreu a vore si veíe los seus gorrinos, va sentí los misserables plos de la desgrassiada dona; per lo que, puján allí com va pugué, va cridá:
- ¿Quí está plorán ahí dal?

La Siñora va coneixe la veu del seu llauradó, y cridánlo pel nom, va di: - ¡Ah, vésten a buscá a la meua criada y fes que ella vingue aquí dal a buscám!
Lo llauradó, coneixénla, va di:

- ¡Ay, Siñora!, ¿y quí tos va pujá ahí dal? La vostra criada ha estat tot lo día buscántos; ¿pero quí se habíe de pensá que estiguéreu ahí dal?

Y agarrán la escala, la va colocá aon solíe está, y la va assegurá lligán travessés de un costat al atre; y en estes, la criada va apareixe, y, entrán a la torre, no podén ya aguantá la veu, pegánse cops a les palmes de les mans, va escomensá a quirdá:
- ¡Ay, dolsa Siñora meua!, ¿aón estéu?

La Siñora, sentínla, tan fort com va pugué, va di:

- ¡Oh, germana meua, estic aquí dal! No ploros y pórtam pronte la roba. Cuan la criada la va sentí parlá, casi consolada del tot, va pujá per la escala reforsada per lo llauradó, y ajudada per nell, va arribá al terrat; y veén a la seua Siñora que no pareixíe una dona sino un sep de viña achicharrat per lo foc, tota vensuda, tota inerte, tombada despullada an terra, esgarrapánse la cara va escomensá a plorá damún della com si estiguere morta. Pero la Siñora li va demaná per Deu que callare y li ajudare a vestís; y habén sabut per ella que dingú sabíe aón habíe estat mes que los que li habíen portat la roba y lo llauradó que estabe allí, una mica consolada per naixó, los va rogá per Deu que may a dingú li digueren res de alló. Lo llauradó, después de mol charrá, portán a la Siñora en brassos, perque no podíe caminá, la va traure de la torre. La desgrassiada criada, que detrás se habíe quedat, baixán sense pará cuenta, se va retortigá un peu y va caure de la escala an terra, trencánse la cadera, y en lo mal que li fee, va escomensá a bramá tan fort com un león. Lo llauradó, dixán a la Siñora a un prat, va aná a vore qué li passabe a la criada, y trobánsela en la cadera chafada, la va portá al prat y la va dixá a la vora de la Siñora. Esta, veén que aixó se afegíe a les seues desgrássies, y habénse chafat la cadera aquella de la que esperabe sé ajudada mes que per dingú atre, mol triste va escomensá a plorá tan miserablemen que no sol lo llauradó no va pugué consolála sino que tamé ell va escomensá a plorá. Pero están ya baix lo sol, per a que aquí no los agarrare la nit, tal com va volé la desconsolada Siñora, va aná a casa seua y llamando a dos de sons germáns y a la dona, y tornán allí en un tauló, sobre aquella van colocá a la criada y a la Siñora y les van portá a casa; y reconfortada la Siñora en una mica de aigua fresca y en bones paraules, agarránla lo llauradó en brassos, la va portá a la seua alcoba. La dona del llauradó, habénli donat de minjá sopes de pa y despullánla después, la va ficá al llit, y van organisá les coses de manera que ella y la seua criada foren de nit portades a Florencia; y aixina se va fé. Allí, la Siñora, que gran acopio de embustes teníe, inventánse una fábula mol diferenta de lo que habíe passat, los u va fé creure a sons germáns, y a les seues cuñades y a totes les demés persones, que per art de los demonis aixó los habíe passat. Los meches van acudí rápidamen y no sense grandíssim doló y patimén de la Siñora, que tota la pell se va dixá moltes vegades apegada als sábanas, de una seria fiebre y de atres acsidens la van curá, y tamé a la criada de la cadera trencada; per lo que la Siñora, olvidat ya lo seu amán, desde entonses se va guardá de fé burles y de vóldre a dingú mes; y lo escolá, sentín que a la criada se li habíe chafat la cama y pareixénli prou en esta vengansa, contén, va dixá les coses aixina. Aixó va sé lo que li va passá a la nessia jove per les seues burles, per creure que podíe divertís en un escolá com hauríe pogut féu en atres, no sabén que éstos (no dic tots pero sí la majoría) saben aón té la coa lo dimoni, y no me referixco al de Queretes. Y, per naixó, siñores, guardéutos de les burles, y espessialmén dels que estudien mol.