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viernes, 26 de julio de 2024

1. 8. Humanidat y caridat de Pedro Saputo.

Capítul VIII.

Humanidat y liberalidat (caridat) de Pedro Saputo.

Fort es sempre lo bon ejemplo, y mes cuan ve de persones de autoridat o de mol favor al poble, o mol volgudes o de compañs. Pero cuan som chiquets tot u fem per imitassió perque mos falte lo auxilio de la reflexió y de la experiensia, y se vol fé tot lo que se veu, sen per atra part la nostra espessie natural y essensialmén imitadora. Lo perillós ejemple que Pedro Saputo donáe als sagals del poble puján als tellats y parets va sé caussa de algunes desgrassies, sense que les pugueren evitá en prevensions ni castics ni los pares mes selosos. Als chiquets en passá de cuatre o sing añs ningú los guarde, una vegá la han cavilat ya han fet una travessura o malesa, y ningú pot tampoc previndre ni adiviná los perills als que se exposen aon y com menos se pense.

Estáen un domenche per la tarde codoleján gossos a les eres uns cuans sagals, entre ells Pedro Saputo, y ñabíe una turba de sagales cantán y triscán a un atra era; cuan de repén se va pará tot aquell estrapalussi y se va vore escapá a les sagales cap al poble, no sentinse cap gos ni cap veu mes que los plos de una criada del hidalgo de la plassa (lo de la cantonera). Ella, desesperada y toquiñanse los pels, cridáe demanán auxilio. Van aná allá los sagals, y una filla del hidalgo de uns nau o deu añs de edat, mol traviessa o carnussa y arriesgada, s´habíe estossolat caén del tellat de una pallissa, y pegán en lo cap a unes pedres s´habíe quedat morta de la caiguda. En cuan van sentí 'está morta', van arrencá tots los sagals a corre dixán sol a Pedro en la criada que invocabe a tots los sans y virgens del sel, no tan pera que tornaren a la vida a la chiqueta, com pera que la liberaren de vore lo semblán rigurós y vengatiu dels seus amos.

Pedro va fé en la sagala lo que habíe vist fé atres vegades pera recuperá als que patíen algún desmayo, pos va vore que sol estáe estamordida, y poc a poc va aná tornán en sí. Escomensáe la pobra a queixás en tals crits, que la criada va pensá que teníe chafats tots los ossos del seu cos: y plorán y dessichanli la mort sen va aná cap a casa de sons pares (que eren del poble) y se va quedá ell sol en la chiqueta... No teníe asclats tots los ossos del seu cos, ni la mitat, pero sí un bras, aboñat y ubert lo cap, queixoses atres moltes parts. Lo compasiu Pedro la va aná tentán pera alsala, y al final en sumo tiento y suavidat la va agarrá y se la va emportá a casa seua entre molta gen que per curiosidat y llástima lo van seguí pels carrés. No estáen sons pares a casa, que habíen eixit a passejá per un atre camí; pero lo ven los va portá la notissia y al momén estáen al costat de sa filla y en ells lo facultatiu. Va ñabé mols ays y plos, va ñabé desmayos; al final a dures penes y crits pelats que partíen lo cor, va quedá curada, emparchada y apedassada, y se van assossegá tots pera plorá mes desahogadamén y informás de les sircunstansies de la desgrassia y del descuido de la criada a qui habíen encomanat a la chiqueta. En tot va fé Pedro lo milló que va pugué: y com lo hidalgo va vore que en mich de la relassió se li bañáen los ulls, va dixá ell corre libremen les seues llágrimes, y juntamén en la seua dona li va doná les grassies per aquell bon ofissi que habíe fet a sa filla, oferinli casa y favor, y roganli que no olvidare a la pobreta de Eulalia, que la vinguere a vore pera donali forses y consolals a tots. Pedro estáe tendre y se rentáe la sang que portáe a les mans y a la roba. La mateixa siñora de casa va di entre llágrimes, ¡ay sang de la meua filla!, ¡ay sang de la meua filla!, se va despedí cortés y afablemen perque ere ya tart, y sen va aná a casa de sa padrina aon sa mare habíe dit que vinguere.

Mentres la chiqueta Eulalia (que així se díe) va está al llit la visitabe tots los díes; pero cuan ya se eixecáe, cuan ya estáe mol adelantada la seua cura, que en poc tems va quedá perfectamen sana, fora de alguna dificultat (que tamé se va corregí después) al bras pera serts movimens, va pará de aná a vórela, perque les seues visites eren de sola humanidat y a part de cumplimén. Als tres o cuatre díes va enviá lo hidalgo a una criada a preguntá si teníe novedat, y sabén que no, va aná ell mateix a casa de Pedro Saputo, y com si tratare en un home de mes edat y de algún respecte li va torná a doná les grassies per lo que habíe fet en sa filla, y de part de ella, de la seua dona y de la seua li va rogá se serviguere honráls en la seua visita.

Y va afegí, tocán lo pun mes delicat, que si a sa mare li habíe fet a un atre tems una advertensia, creguere que va sé per dessich de vórel home de profit, ignorán entonses que u fore de tan. An esta satisfacsió y comedimén va contestá Pedro en un atra milló, dién al hidalgo, que lo que habíe fet en sa filla no mereixíe tantes grassies, y que ben pagat estáe en la honra que aquella humilde casa ressibíe habense ell dignat a vindre an ella. Van passá encara atres cumplimens entre ells; y pel matí en son demá va aná Pedro a visitá a Eulalia, continuán ya desde entonses; se habíe engendrat entre los dos una amistat tan íntima que en lo tems va sé un atra cosa, y ni ells ni dingú va pugué remediáu.

Pero lo que mes brilláe al chiquet Pedro Saputo ere la caridat. Tots los del poble u sabíen; y si al carré li demanáen algo los atres sagals ya se u habíen repartit tot; y a vegades sense demanáu. Als pobres los donáe cuan podíe ñabé, y hasta la roba que portáe si los veíe fets un acsiomo y fée fret. Ell mateix cuan va arribá a la edat de mes coneiximén va habé de corregí lo vissi de la seua solidaridat. Se va atreví una vegada sa mare a renegál; y ell en molta grassia li va contestá: 

- Aixó es siñal de rics; lo fill de una rentadora no té que sé agarrat ni viure en l´alma arrugada. L´agarramén, siñora mare, no dixe vore la hermosura del sol ni la grandesa de la terra. Lo preto no coneix a Deu, ni Deu encara que vullgue li pot fé mersé, perque es incapás dels seus benefissis. Sense cante pera portá l´aigua, ¿a qué aniríe a la fon? ¿Sabéu mare, a quí penso yo que aburriríen los angels si pugueren despressiá an algú? Pos es als pussilánimes y als desconfiats. La rogo mol de veres que sigáu magnánima de cor, no estorbéu la generosidat del vol en que yo abarco lo món, y encara me pareix menut.

Amor als sesanta (Luis Arrufat)


Original en castellá:

Capítulo VIII.

Humanidad y liberalidad de Pedro Saputo.

Fuerte es siempre el buen ejemplo, y más cuando viene de personas de autoridad o de mucho favor en el pueblo, o muy queridas o de compañeros. Pero en la niñez todo lo hacemos por imitación porque falta el auxilio de la reflexión y de la experiencia, y si se quiere hacer todo lo que se ve, siendo por otra parte nuestra especie natural y esencialmente imitadora. El peligroso ejemplo que Pedro Saputo daba a los muchachos del pueblo subiendo tejados y paredes fue causa de algunas desgracias, sin que las pudiesen evitar con prevenciones ni castigos aun los padres más celosos. A los niños en pasando de cuatro o cinco años nadie los guarda, porque a una vuelta de cabeza han concebido y hecho una travesura, y nadie puede tampoco precaver ni adivinar los peligros en que se ponen donde y como menos se piensa.

Estaban un domingo por la tarde tirando al canto en las eras unos cuantos muchachos, entre ellos Pedro Saputo, y había una turba de muchachas cantando y triscando en otra era; cuando de repente cesó todo aquel bullicio y se vio huir a las muchachas hacia el pueblo, no oyéndose más canto ni voz que los lamentos de una criada del hidalgo de la plaza (el de la reconvención a la madre de Pedro Saputo), la cual desesperada y mesándose los cabellos, daba grandes voces pidiendo auxilio. Fueron allá los muchachos, y una hija del hidalgo de unos nueve o diez años de edad, muy traviesa y arriscada, se había caído del tejado de un pajar, y dando de cabeza en unas piedras que había quedado muerta de la caída. Lo mismo fue oír de muerta, echaron a correr todos aquellos rapaces dejando solo a Pedro con la criada que invocaba a todos los santos y vírgenes del cielo, no tanto para que volviesen a la vida a la niña, como para que librasen de ver el semblante riguroso y vengativo de sus amos. Pedro hizo con la muchacha lo que había visto hacer otras veces para recordar a los que padecían algún desmayo, pues conoció que sólo estaba aturdida, y poco a poco fue volviendo en sí, comenzaba la pobre a quejarse con tales gritos, que la criada pensó que tenía rotos los huesos de su cuerpo: y llorando y deseándole la muerte se fue a casa de sus padres (que era del pueblo) y quedó él solo con la niña... No tenía rotos todos los huesos de su cuerpo, ni la mitad, pero sí un brazo, abollada y abierta la cabeza, quejosas otras muchas partes. El compasivo Pedro la fue tentando para levantarla, y al fin con sumo tiento y suavidad y formándole andas con las manos la tomó y llevó a su casa entre muchas gentes que por curiosidad y lástima le siguieron en las calles. No estaban los padres en casa, que habían salido a pasear por otro camino; pero el viento les llevó la noticia y al punto estuvieron al lado de su hija y con ellos el facultativo. Hubo muchos ayes y lloros, hubo desmayos; al fin a malas penas y vivos gritos que partían el corazón, quedó curada, emparchada y bizmada, y se sosegaron todos para llorar más desahogadamente e informarse de las circunstancias de la desgracia y del descuido de la criada a quien encomendaron la niña. A todo satisfizo Pedro lo mejor que pudo: y como el hidalgo viese que en medio de la relación se le arrasaban los ojos, dejó él correr libremente sus lágrimas, y juntamente con su esposa le dio gracias por aquel buen oficio que había hecho a su hija, ofreciéndole casa y favor, y rogándole que no olvidase a la pobrecilla de Eulalia, sino que la viniese a ver para dalle esfuerzo y consolallos a todos. Pedro, enternecido y lavándose de la sangre que había recibido en las manos y vestido, en cuyo oficio le sirvió la misma señora de casa diciendo con muchas lágrimas, ¡ay sangre de mi hija!, ¡ay sangre de mi hija!, se despidió cortés y afablemente porque era ya tarde, y se fue a casa de su madrina adonde su madre había dicho que viniese.

Mientras la niña Eulalia (que así se llamaba) estuvo en cama y de cuidado la visitaba todos los días; mas cuando ya se levantaba, cuando ya estuvo muy adelantada en su curación, que en poco tiempo quedó perfectamente sana, fuera de alguna dificultad (que también se corrigió después) en el brazo para ciertos movimientos, cesó de ir a verla, porque sus visitas eran de sola humanidad y en parte de cumplimiento. A los tres o cuatro días mandó el hidalgo una criada a preguntar si tenía novedad, y sabiendo que no, fue él mismo a casa de Pedro Saputo, y como si tratase con hombre de más edad y de algún respeto le dio de nuevo las gracias por lo que hiciera con su hija, y de parte de ella, de su esposa y suya le rogó se sirviese honrallos con su visita. Y añadió, tocando el punto más delicado, que si a su madre le habían hecho en otro tiempo una advertencia, creyese que fue por deseo de verle hombre de provecho, ignorándose entonces todavía que lo fuese de tanto. A esta satisfacción y comedimiento respondió Pedro con otro mejor, diciendo al hidalgo, que lo que hiciera con su hija no merecía tantas gracias, y que harto pagado estaba con la honra que aquella humilde casa recibía habiéndose él dignado de venir a ella. Pasaron aún otros cumplimientos entre ellos; y por la mañana al día siguiente fue Pedro a visitar a Eulalia, continuando ya siempre en adelante; de que se engendró entre los dos una amistad tan íntima que con el tiempo fue otra cosa, y ni ellos ni nadie pudo remediarlo.

Pero lo que más brillaba en el niño Pedro Saputo era la liberalidad. Regalábanle a porfía todos los del pueblo; y como en la calle le pidiesen algo otros muchachos ya se lo había repartido todo; y a veces sin pedírselo. A los pobres les daba cuanto podía haber, y aun la ropa de encima si los veía desarropados y hacía frío. Él mismo cuando llegó a edad de más conocimiento hubo de corregir el vicio de su dadivosidad, y con estudio y discreción ejercitar una virtud en que también cabe demasía y vicio verdadero. Atrevióse una vez su madre a reprendérselo; y él con mucha gracia le contestó: - Eso es señal de ricos; el hijo de una lavandera no debe ser escaso ni vivir con el alma arrugada. El encogimiento, señora madre, no deja ver la hermosura del sol ni la grandeza de la tierra. El encogido no conoce a Dios, ni Dios casi aunque quiera le puede hacer merced, porque es incapaz de sus beneficios. Sin vaso para llevar el agua, ¿a qué iría a la fuente? ¿Sabéis madre, a quién pienso yo que aborrecerían los ángeles si pudiesen aborrecer a alguno? Pues es a los pusilánimes y a los desconfiados. Ruégoos muy de veras que seáis magnánima de corazón, si no vais a acuitar mi vida, o a estorbar la generosidad del vuelo con que yo abarco el universo mundo, y aun me parece pequeño.

miércoles, 6 de enero de 2021

Lo Camí, VIII.

VIII.

Segóns Roc, lo Moñigo, la Pesteta menuda ere una de les dones del poble que teníe lo ventre sec. Aixó, encara que de difíssil comprobassió, no suposabe res de particulá perque les Pestetes, mes o menos, u teníen tot sec.

La Pesteta menuda va torná al poble en lo tranvía interprovinsial als tres mesos y cuatre díes, exactamen, de la seua fuga. La tornada, com antes la fugida, va constituí un acontessimén a tota la vall, encara que, tamé, com tots los acontessiméns, va passá y se va olvidá y va sé sustituit per un atre acontessimén al que tamé li va passá lo mateix, y se va olvidá. De esta manera anabe elaboránse, poc a poc, la elemental historia de la vall. La Pesteta menuda va torná sola, y a don Dimas, lo del bang, no se li va torná a vore lo pel, a pesá de que don José, lo mossen, prejusgabe que no ere mal mosso. Bo o roín, don Dimas se va esfumá al aire, com se disolvíe, sense dixá rastre, lo eco de les montañes. Va sé Cuco, lo factó, lo que primé va portá la notíssia al poble. Después de la "radio" de don Ramón, lo apotecari, Cuco, lo factó, ere la compañía mes codissiada del puesto. Les seues notíssies eren sempre fresques y curioses, encara que no sempre edificáns. Cuco, lo factó, teníe una personalidat de bon añ, en espenta, expansiva y físicamen optimista. Daniel, lo Mussol, lo admirabe; admirabe lo seu carácter, los seus coneiximéns y la simplissidat en la que manejabe y controlabe la eixida, entrada y sirculassió dels trens per la vall. Tot aixó implicabe una capassidat; la ductilidat y lo talento de organissasió de un factó no se improvisen.
Irene, la Pesteta menuda, al apeás del tren, portáe llágrimes als ulls y pareixíe mes magra y consumida que cuan va marchá, tres mesos abáns. Pareixié que caminare portán una cárrega invissible damún que la obligabe a belcás per la sintura. Eren, sense duda, los remordiméns. Vestíe com solen vestí les dones viudes, mol viudes, tota de dol y en una mantelleta negra y atapida que li escamotejabe la cara. Habíe plogut durán lo día y la Pesteta, al pujá la costa, camí del poble, no se preocupabe de bordejá los charcos, li pareixíe trobá un raro consol a la inmersió repetida de los seus pevets als clots y al fang de la carretera. Lola, la Pesteta gran, se va quedá parada al vore a san germana, indessisa, a la porta de la tenda. Se va passá la ma repetidamen per los ulls com volén esbarrá una aparissió roína.

- Sí, soc yo, Lola - va murmurá la menuda -. No te extraños. Encara que pecadora y tot, hay tornat. ¿Me perdones?

- ¡Per los siglos dels siglos! Vine aquí. Passa - va di la Pesteta gran.

Van desapareixe les dos germanes a la trastenda. Allí se van mirá la una al atra en silensio. La Pesteta menuda se manteníe arrupida, en lo cap cacho, humillada.
La gran aparentabe habés engordit de repén en la tornada y lo arrepentimén del atra.

- ¿Saps lo que has fet, Irene? - va sé lo primé que li va di.

- Calla, per favor - va ploriquejá la germana, y se va desplomá damún de la taula, plorán a moc estés. La Pesteta gran va respetá los plos de san germana. Los plos son nessessaris pera rentá la consiensia. Cuan la Irene se va alsá, les dos germanes se van torná a mirá als ulls. Apenes pressisaben de paraules pera enténdres. La comprensió ixíe del inexpresat:

- Irene, ¿has...?

- Hay...

- ¡Deu meu!

- Me va engañá.

- ¿Te va engañá o te vas engañá?

- Com vullgues, germana.

- ¿Ere lo teu home cuan...?

- No... Ni u es ara.

- ¡Deu meu! ¿Esperes...?

- No. Ell me va di... ell me va di...

Se li va trencá la veu en un gemec. Se va fé un atra vegada silensio. Al remat, la Pesteta gran va preguntá:

- ¿Qué te va di?

- Que era machorra.

- ¡Canalla!

- Ya u veus; no puc tindre fills.

La Pesteta gran va pedre de repén los bons modals y, en estos, los estribos.

- Ya saps lo que has fet, ¿verdat? Has tirat la honra. La teua, la meua y la de la beneída memoria dels nostres pares...

- No. Assó no, Lola, per l'amor de Deu.

- ¿Quín atra cosa, entonses?

- Les dones fees no tenim honra, desengáñat, germana.

Díe aixó en gesto ressignat, aplanida per un inexorable convensimén. Después va afegí:

- Ell u va di aixina.

- La reputassió de una dona es mes pressiosa que la vida, ¿no u sabíes?

- U sé, Lola.

- ¿Entonses?

- Faré lo que tú digues, germana.

- ¿Estás disposada?

La Pesteta menuda va acachá lo cap.

- U estic - va di.

- Vestirás de dol lo que te quede de vida y tardarás sing añs en assomát al carré.
Éixes són les meues condissións, ¿les asseptes?

- Les assepto.

- Pucha a casa, entonses.

La Pesteta gran va tancá en clau la porta de la tenda y va pujá detrás della. Ya a la seua habitassió, la Pesteta menuda se va assentá al canto del llit; la gran li va portá una grela en aigua tibia y li va rentá los peus. Durán esta operassió van está callades.
Al acabá, la Pesteta menuda va suspirá y va di:

- Ha sigut roín, ¿saps?

La Pesteta gran no va contestá. Li faie un sec respecte lo ademán de dessolasió de san germana. Esta va continuá:

- Volíe los meus dinés. Lo mol pocavergoña se creíe que teníem mols dinés; un mun de dinés.

- ¿Per qué no li vas di a tems que entre les dos sol sumáem mil duros?

- Haguere sigut la meua perdissió, germana. Me haguere abandonat y yo estaba enamorada dell.

- Callá es lo que te ha perdut, loca.

- Sels va gastá tots, ¿saps?

- ¿Qué?

- Va viure en mí mentres van durá los dinés. Se van acabá los dinés, se va acabá Dimas. Después me va dixá tirada com a una perduda. Dimas es un mal home, Lola. Es un home roín y cruel.
Les magres galtes de la Pesteta gran se van ensendre encara mes de lo que habitualmen rochecháen.

- Es un lladre. Assó es lo que es. Igualet, lo mateix quel atre Dimas - va di.

Se va quedá silensiosa al apagás lo seu arrebato. De repén los escrúpols van escomensá a socaváli la consiensia. ¿Qué es lo que habíe dit de Dimas, lo bon lladre?
¿No li agradaben al siñó esta classe de arrepentits? La Pesteta gran va sentí un viu remordimén. "De tot cor te demano perdó, Deu meu", se va di. Y se va proposá que en son demá, només eixecás, aniríe a reconsiliás en don José; ell sabríe perdonála y consolála. Aixó ere lo que nessessitabe: una mica de consol. Se va torná a passá la ma per los ulls, tratán de desfé lo malsón. Después se va soná en soroll lo llarg nas y va di:

- Está be, germana; múdat de roba. Yo torno a la tenda. Cuan acabos pots regá los geranios de la galería com fées sempre abáns de la desgrassia. Demá vorás a don José. Has de rentá lo abáns possible la teua alma en pecat.

La Pesteta menuda la va interrumpí:

- ¡Lola!

- ¿Qué?

- Me fa molta vergoña.

- ¿Es que encara ten quede?

- ¿De qué?

- De vergoña.

Irene va fé momos de dessesperasió.

- No u puc remediá, germana.

- Vergoña teníes que habén tingut antes de escapát en un home desconegut.
¡Per Deu beneít que entonses no vas fé estos remilgos!

- Es que don José, don José... es un san, Lola, comprénu. No entendríe la meua flaquesa.

- Don José comprén totes les flaqueses humanes, Irene. Deu está en ell. Ademés, una bona confessió forme tamé part de les meues condissións, ¿enténs?

Se va sentí lo tintineo de una moneda contra los vidres de la tenda.
La Pesteta gran se va impassientá:

- Venga, dessidixte, maña; criden a baix.

Irene, la Pesteta menuda, va acsedí, al remat:

- Está be, Lola; demá me confessaré. Estic dessidida.

La Pesteta gran va baixá a la tenda. Va doná mija volta a la clau y va entrá Catalina, la Lepórida o Llebre. esta, com les atres germanes, teníe lo labio de dal plegat com los conills y lo seu nasset se movíe sense pará com si ensumare, com algúns cachaps de Valchunquera. Los van ficá lo mote de Llebres. Tamé les apodaben les Caques, perque se díen Catalina, Carmen, Camila, Caridat y Cassilda y son pare habíe sigut farfallós o tartamut. (Menos mal que lo del registre no ere un fill de puta.)

Catalina se va arrimá al mostradó.

- Una pesseta de sal - va di.

Mentres la Pesteta gran la despachabe, ella va alsá la careta de cachap cap al techo y durán uns segóns van vibrá nerviosamen les aletes del seu nas.

- Lola, ¿es que tens forastés?

La Pesteta se va tancá, hermética. Les Llebres eren les telefonistes del poble y sabíen les notíssies casi tan pronte com Cuco, lo factó. Va contestá:

- No, ¿per qué?

- Pareix que se sen soroll a dal.

- Sirá lo gat.

- No, no; son potades.

- Tamé lo gat poteje.

- Enténme, son patejades de persones. No sirán lladres, ¿verdat?

La Pesteta gran va tallá:

- Ti, la sal.

La Llebre va torná a mirá cap al techo, va ensumá lo ambién en insistensia y, ya a la porta, se va girá:

- Lola, seguixco sentín potades a dal.

- Está be. Vésten en Deu.

Poques vegades la tenda de les Pestetes va está tan concurrida com aquella tarde y poques vegades tamé, de tan creixcut número de clientes, va eixí una caixa tan mesquina.

Rita, la Tonta, la dona del sabaté, va sé la segona en arribá.

- Dos reals de sal - va demaná.

- ¿No ne vas pendre ahir?

- Ne nessessito mes.

Al cap de una paussa, Rita, la Tonta, va acachá la veu:

- Tens llum a dal. Estará voltán lo contadó.

- ¿Me u has de pagá tú?

- Ni mu penso.

- Entonses díxal que volto.

Van arribá después la Basi, la criada del boticari; Uca, la del Chano; María, la Chata, que tamé teníe lo ventre sec; Sara, la Moñiga; les atres cuatre Llebres; Juana, l´ama de don Antonino, lo marqués; Rufina, la de Pancho, que desde que se va casá tampoc creíe en Deu ni en los sans, y datres vin dones mes.
Menos les cuatre Llebres, totes anaben a comprá sal y totes sentíen potades a dal o se enarbolaben, al vore llum per les finestres, per la carrera del contadó (casi com al Tour o la volta a España).

A les deu, cuan ya lo poble se rendíe al silensio, se va sentí la veu potenta, una mica engorgossada y arrastrada de Paco, lo ferré. Anabe este fen esses per lo carré y dabán dels balcóns de les Pestetes se va aturá. Portabe una botella a la ma dreta y en la zurda se rascabe sense pará lo clatell. Les frasses que cridáe hagueren resultat incoheréns si tot lo poble no haguere estat al cap del carré.

- ¡Viva la germana pródiga! ¡Viva la dona de les cuixes esmirriades y lo pit de taula!...-
va fé un cómic gesto de sorpresa, se va rascá un atra vegada lo clatell, va rotá, va torná a mirá als balcóns y va rematá: - ¿Quí te va robá lo cor? ¡Dimas, lo bon lladre!

Y sen enríe ell sol, embutín les poderoses barres de baix al gigán pitral. Les Pestetes van apagá la llum y van observá al escandalós per una regata de la finestra.
"Este perdut teníe que sé", va rossegá la Lola, la Pesteta gran, al descubrí la brillantó que lo farolet del racó arrancabe del pel roch y risat del ferré. Cuan este va pronunsiá lo nom de Dimas, li va entrá com un ataque de ñirvis a la Pesteta menuda.
"Per favor, trau an eixe home de ahí; que sen vaigue eixe home, maña.
La seua veu me torne loca", va di. La Pesteta gran va agarrá lo cubo o la galleta o lo poval aon desaiguabe la pica, va entreobrí la finestra y va aventá lo seu contingut cap a la cara de Paco, lo ferré, que en eixe momén escomensabe un nou vítor: - ¡Viva les...!
La remullada li va tallá la frasse. Lo borracho va mirá cap al sel en cara de idiota, va estendre les seues mans ficánse en creu y va rossegá pera nell, mentres avansabe fotén toms carretera abán: - Hala, Paco, cap a casa. Ya está diluvián un atra vegada.

jueves, 7 de enero de 2021

Lo Camí, XIX.

XIX.

Germán, lo Tiñós, va eixecá un dit, va girá un poc lo cap pera escoltá milló, y va di:

- Assó que cante an eixa bardissa es un arrendajo.

garrulus glandarius, arrendajo
(garrulus glandarius)

Lo Mussol va di:

- No. Es una cardelina.

Germán, lo Tiñós, li va explicá que los arrendajos teníen unes condissións vocals tan particulás, que podíen imitá los piulits y chulits de tota classe de muixóns. Y los imitaben pera atráurels y fótressels después. Los arrendajos eren muixóns mol poc recomanables, hipócrites y roíns. Lo Mussol va insistí:

- No. Es una cagarnera.

Trobabe plaé en portá la contraria aquell matí. Sabíe que ñabíe una forsa a la seua opossisió, encara que esta fore infundada. Y trobabe una satisfacsió morbosa y fosca en la contradicsió. Roc, lo Moñigo, se va incorporá de un bot y va di:

- Miréu; un tonto de aigua. Siñalabe a la dreta de la Badina, tres metros mes allá de aon desaiguabe lo Chorro. Al poble los díen tontos a les serps de aigua. Ignoraben lo perqué, pero ells no ficaen may lo nas a les raóns que inspiraben lo vocabulari de la vall.
U asseptaben, simplemen, y sabíen per assó que aquella serp que arribabe a la riba del riu a coetades espasmódiques ere un tonto de aigua. Lo tonto portáe un peixet atravessat a la boca. Los tres se van ficá de peu y van apilá uns códuls.

Germán, lo Tiñós, va advertí:

- No lo dixéu pujá. Los tontos a les costes se fan un aro y roden mes de pressa del que corre una llebre. Y ataquen, ademés. Roc, lo Moñigo, y Daniel, lo Mussol, van mirá en temó a la serpota. Germán, lo Tiñós, va saltá de bolo en bolo pera arrimásseli en un codul a la ma. Va sé una mala patejada o una rellissada a la herbeta de les pedres, o un fallo de la seua cama coixa. Lo cas es que Germán, lo Tiñós, va caure aparatosamen contra les roques, y se va estossolá en un cop tremendo al cap, y va baixá, com un feix de lleña sense vida, hasta la Badina del Inglés. Lo Moñigo y lo Mussol se van aviá al aigua detrás dell, sense pensássu. Brasseján dessesperadamen van pugué traure a la vora lo cos estamordit del seu amic.
Lo Tiñós teníe una ferida mol gran al clatell y habíe perdut lo coneiximén. Roc y Daniel estaben assustats. Lo Mussol se va tirá al muscle lo cos inanimat del Tiñós y lo va puchá hasta la carretera. Ya a casa de Quino, la Pesteta li va ficá unes compreses de alcohol al cap. Al poc tems va passá per allí Esteban, lo forné, y lo va portá al poble en la seua tartana. Rita, la Tonta, va escomensá a cridá al vore arribá al seu fill en aquell estat.
Van sé uns moméns de confusió. Sing minuts después, lo poble en massa se apiñabe a la porta del sabaté. Apenes li dixaben pas a don Ricardo, lo meche; tanta ere la seua anhelán impassiensia. Cuan este va eixí, tots los ulls lo miraben, pendéns de les seues paraules:

- Té fracturada la basse del cráneo. Está mol grave. Demanon una ambulansia a la siudat - va di lo meche.

De repén, la vall se habíe tornat grisa y opaca als ulls de Daniel, lo Mussol. Y la llum del día se va fé pálida y massilenta. Y tremolabe al aire una forsa encara mes gran que la de Paco, lo ferré. Pancho, lo Sensedéu, va di de aquella forsa que ere lo Destino, pero la Pesteta va di que ere la voluntat del siñó. Com no se ficaben de acord, Daniel se va escabullí y va entrá al cuarto del ferit. Germán, lo Tiñós, estabe mol blang y los seus labios tancats en una suave y diluída sonrissa. Lo Tiñós va serví de cam de batalla, durán vuit hores, entre la vida y la mort. Va arribá la ambulansia de la siudat en Tomás, lo germá del Tiñós, que treballabe a una empresa de autobusos. Lo germá va entrá a casa com un endemoniat y al passillo se va trobá en Rita, la Tonta, que eixíe despavorida de la habitassió del dolén. Se van abrassá mare y fill de una manera casi eléctrica.
La exclamassió de la Tonta va sé com una chisparrada fulminán.

- Tomás, arribes tart. Ton germá se acabe de morí - va di.

Y a Tomás se li van saltá les llágrimes y va jurá entre dens com si se rebelare contra Deu per la seua impotensia. Y a la porta de la casa les dones van escomensá a sanglotejá y a plorá y a cridá, y Andrés, "lo home que de perfil no se veu", va eixí tamé de la habitassió, tot belcat, com si vullguere vore les pantorrilles de la enana mes baixeta del món.
Y Daniel, lo Mussol, va sentí que volíe plorá y no se va atreví a féu perque Roc, lo Moñigo, vigilabe les seues reacsións sense pestañejá, en una rigidés despótica.
Pero li va extrañá advertí que ara tots volíen al Tiñós. Per los singlots, gemecs y plos se diríe que Germán, lo Tiñós, ere fill de cada una de les dones del poble. Pero a Daniel, lo Mussol, lo va consolá, en serta manera, este síntoma de solidaridat.
Mentres amortallaben al seu amic, lo Moñigo y lo Mussol van aná a la forja.

- Lo Tiñós se ha mort, pare - va di lo Moñigo. Y Paco, lo ferré, se va tindre que assentá a pesá de lo gran y fort que ere, perque la impresió lo anonadabe.
Va di, después, com si luchare contra algo que lo enervare:

- Los homens se fan; les montañes ya están fetes.

Lo Moñigo va di:

- ¿Qué vols di, pare?

- ¡Que begáu! - va di Paco, lo ferré, casi furiós, y los va allargá la bota de vi.

Les montañes se van entenebrí aquella tarde y los prats y los carreróns y les cases del poble y los muixóns y los seus acentos. Entonses, Paco, lo ferré, va di que ells dos teníen que encarregá una corona fúnebre a la siudat com a homenaje al amic perdut y van aná a casa de les Llebres y la van encarregá per teléfono. La Camila estabe plorán tamé, y encara que la conferensia va sé llarga no la va vullgué cobrá. Después van torná a casa de Germán, lo Tiñós. Rita, la Tonta, se va abrassá al coll del Mussol y li díe atropelladamen que la perdonare, pero que ere com si puguere abrassá encara al seu fill, perque ell ere lo milló amic del seu fill. Y lo Mussol se va ficá mes trist encara, pensán que cuatre semanes después ell sen aniríe a la siudat a escomensá a progressá y la Rita, que no ere tan tonta com díen, se tindríe que quedá sense lo Tiñós y sense ell pera eixugá los seus pobres afectes trencats. Tamé lo sabaté los va passá la ma per los muscles y los va di que los estabe agraít perque ells habíen tret al seu fill del riu, pero que la mort se habíe empeñat en emportássel y contra nella, si se ficabe tossuda, no se coneixíe cap remey. Les dones seguíen plorán jun al cadáver y, de cuan en cuan, alguna teníe algún arrang y besabe y apretabe lo cosset fluix y fred del Tiñós, y fen aixó les llágrimes y crits se incrementaben. Sons germáns de Germán li van voltá una toalla al cráneo pera que no se li veigueren les calves y Daniel, lo Mussol, va experimentá mes pena perque, de esta guisa, lo seu amic pareixíe un chiquet moro, un infiel. Lo Mussol esperabe que a don José, lo mossen, li faiguere lo mateix efecte y manare traure la toalla. Pero don José va arribá; va abrassá al sabaté y li va administrá al Tiñós la Santa unsió sense repará en la toalla. Los grans raramen sen acaten del doló sutil dels menuts. Son pare mateix, lo formaché, al vórel, per primera vegada, después del acsidén, en ves de consolál, se va limitá a di:

- Daniel, pera que veigues en lo que acaben totes les diablures. Lo mateix que li ha passat al fill del sabaté podríe habét passat a tú. Espero que aixó te servixque de escarmén. Daniel, lo Mussol, no va voldre parlá, pos se barruntabe que de féu acabaríe plorán. Son pare no volíe donássen cuenta de que cuan va sobrevindre lo acsidén no intentabe fé cap malesa, sino, simplemen, matá un tonto de aigua. Ni advertíe tampoc que igual que ell li va fotre una perdigonada a la galta lo matí que van matá lo milá en lo Gran duc de reclam, podríe habélay futut al pols y habél enviat allí aon los abres tenen una sombra allargada. Los grans atribuíen les desgrássies a les imprudensies dels chiquets, olvidánse de que estes coses son sempre dessignios de Deu y que los grans tamé fan, a vegades, imprudensies. Daniel, lo Mussol, va passá la nit en vela, a la voreta del mort. Sentíe que algo gran se entaragañabe dins dell y que desde ara res siríe com habíe sigut. Ell pensabe que Roc, lo Moñigo, y Germán, lo Tiñós, se sentiríen mol sols cuan ell sen aniguere a la siudat a progressá, y ara ressultabe que lo que se sentíe sol, espantosamen sol, ere ell, y sol ell. Algo se va semá de repén mol a dins del seu ser:

potsé la fe en la perennidat de la infansia. Va advertí que tots acabaríen morínse, los agüelos y los chiquets. Ell may se va pará a pensáu y al féu ara, una sensassió punchán y angustiosa casi lo asfixiabe. Viure de esta manera ere algo brillán, y al mateix tems, terriblemen tétric y dessolat. Viure ere aná morín día a día, poquet a poc, inexorablemen.
A la llarga, tots se acabaríen morín: ell, y don José, y son pare, lo formaché, y sa mare, y les Pestetes, y Quino, y les sing Llebres, y Antonio, lo Buche, y la Mica, y la Mariuca-uca, y don Antonino, lo marqués, y hasta Paco, lo ferré. Tots eren efímeros y transitoris y al cap de sen añs no quedaríe ni rastre dells damún de les pedres del poble. Com ara no quedabe rastre dels que los habíen pressedit un siglo abáns. Y la mutassió se 
produiríe de una manera lenta, imperseptible. Arribaríen a desapareixe del món tots, absolutamen tots los que ara poblaben la seua crosta y lo món no advertiríe lo cambi. 

La mort ere lacónica, misteriosa y terrible. Al alba, Daniel, lo Mussol, va abandoná la compañía del mort y sen va aná a casa seua a desdichuná (com diu lo Sebeta), amorsá.
No teníe gana, pero creíe una medida prudén omplí lo estómec dabán de les emossións que se aveinaben. Lo poble assumíe an aquella hora una quietut massa estática, com si tot ell se sentiguere agarrotat per la geló de la mort. Y los abres estaben parats. Y lo quiquiriquí dels galls ressultabe fúnebre, com si cantaren en sordina o no se atrevigueren a mansillá lo ambién de dol y replegamén que pesabe sobre la vall. Y les montañes se vestíen de dol, daball de un sel de plom. Y hasta les vaques que pasturaben als prats pareixíen mes lentes y adormides de lo habitual. Daniel, lo Mussol, només almorsá va torná al poble. Al passá frente a la tapia del boticari va vore un tord picoteján un siré bort prop de la carretera. Se van reviscolá en ell los sentiméns del Tiñós, lo amic perdut pera sempre. Va tentá la massecha a la burchaca y va colocá una pedreta a la badana de cuero artifissial de Beseit. Después va apuntá al animalet y va estirá les gomes en forsa. La pedra, al aterrissá al pit del tord, va fé un soroll sec de ossos cruixits. Lo Mussol va corre cap al muixó abatut y les mans li tremolaben al arreplegál. Después va seguí lo camí en lo tordet a la burchaca. Germán, lo Tiñós, ya estabe a dins de la caixa cuan va arribá. Ere una caixa blanca, barnissada, que lo sabaté habíe encarregat a una funeraria de la siudat. Tamé habíe arribat la corona encarregada per nells en la leyenda que va maná ficá lo Moñigo: "Tiñós, los teus amics Mussol y Moñigo no te olvidarán may".
Rita, la Tonta, va torná a abrassál en énfasis, diénli, en veu baixa, que ere mol bo. Pero Tomás, lo germá colocat a una empresa de coches de linia, se va enfadá al vore la inscripsió y va tallá lo tros aon ficabe "Tiñós", dixán sol: "los teus amics Mussol y Moñigo no te olvidarán may". Mentres Tomás retallabe la sinta y los demés lo contemplaben, Daniel, lo Mussol, va dixá dissimuladamen lo tord a dins del féretro, jun al cadáver del seu amic. Habíe pensat que lo seu amic, que ere tan afissionat als muixóns, li agrairíe, sense duda, desdel atre món, este detall. Pero Tomás, al torná a colocá la corona fúnebre als peus del cadáver, va repará en lo muixó, incomprensiblemen mort a la vora de son germá. Va arrimá mol los ulls pera sersiorás de que ere un tord lo que veíe, pero después de comprobáu no se va atreví a tocál. Tomás va notá una corrén superstissiosa pel seu cos.

- ¿Qué... quí... cóm dimonis ha parat aquí aixó? - va di.

Daniel, lo Mussol, después del enfado de Tomás per lo de la corona, no se va atreví a declará la seua part de culpa en esta nova peripessia. Lo esglay de Tomás sels va apegá pronte a tots los presséns que se arrimaben a contemplá lo muixó. Dingú se atrevíe a tocál.

- ¿Cóm pot sé que ñague un tord ahí dins?

Rita, la Tonta, buscabe una explicassió raonable a la cara de cada un dels seus veíns. Pero a totes lligíe un idéntic estupor.

- Mussol, ¿saps tú...?

- Yo no sé res. No había vist lo tord hasta que u ha dit Tomás.

Andrés, "lo home que de perfil no se veu", va entrá en aquell momén. Al vore lo muixó se li van reblaní los ulls y va escomensá a plorá silensiosamen.

- Ell volíe mol als muixóns; los muixóns han vingut a morís en ell - va di.

Los plos sels van contagiá a tots y a la sorpresa inissial va seguí pronte la creensia general de una intervensió ultraterrena. Va sé Andrés, "lo home que de perfil no se veu", lo que primé u va insinuá en veu tremolosa.

- Aixó... es un milacre.

Los presséns no dessichaben datra cosa mes que algú expresare en alta veu lo seu pensamén pera petá. Al escoltá la sugerensia del sabaté se va sentí un crit unánime y esgarrat, mesclat en ays y plos:

- ¡Un milagre!

Varies dones, esglayades, van eixí corrén a buscá a don José. Datres van aná a avisá als seues homens y familiás pera que foren testigos del prodigi. Se va organisá un revol caótic, irrefrenable. Daniel, lo Mussol, tragabe saliva sense pará a un racó de la estansia. Encara después de mort lo Tiñós, los entes perversos que flotaben al aire seguíen enredán los mes inosséns y ben intensionats assuntos. Lo Mussol va pensá que tal com se habíen ficat les coses, lo milló ere callá. Datre modo, Tomás, en la seua exitassió, siríe mol capás de escañál. Va entrá apressuradamen don José, lo mossen.

- Miro, miro, don José - va di lo sabaté.

Don José se va arrimá en ressel al borde del ataút y va vore lo tord rosán la bauba ma del Tiñós.

- ¿Es un milagre o no es un milacre? - va di la Rita, tota exaltada, al vore la cara de estupefacsió del mossen. Se va sentí un llarg murmull al voltán. Don José va moure lo cap de un costat al atre mentres observabe les cares que lo observaben. La seua mirada se va pará un instán a la careta assustada del Mussol. Después va di:

- Sí que es raro tot aixó. ¿Dingú ha ficat ahí eixe muixó?

- ¡Dingú, dingú! - van cridá tots.

Daniel, lo Mussol, va acachá los ulls. La Rita va torná a cridá, entre carcañades histériques, mentres mirabe en ulls desafiáns a don José:

- ¡Qué! ¿Es un milagre o no es un milacre, siñó retó?

Don José va intentá apassiguá los ánims, cada vegada mes exitats.

- Yo no puc pronunsiám dabán de una cosa aixina. En realidat es mol possible, fills meus, que algú, per broma o en bona intensió, haigue colocat lo tord al ataúd y no se atrevixque a declaráu ara per temó a la vostra ira. - va torná a mirá fito fito a Daniel, lo Mussol, en los seus ullets afilats com agulles de cap. Lo Mussol, assustat, va doná mija volta y se va escapá al carré. Lo mossen va seguí -: De totes formes yo li faré traslat al ordinari de lo que aquí ha passat. Pero tos repetixgo que no tos faigáu ilusións. En realidat, ñan mols fets de apariensia milagrosa que no tenen de milagre mes que assó: la apariensia.
- De repén va tallá, sec -: A les sing tornaré peral enterro.

A la porta del carré, don José, lo mossen, que ere un gran san, se va trobá en Daniel, lo Mussol, que lo observabe furtivamen, tímit. Lo mossen va ataullá les proximidats y com no va vore a dingú pels voltáns, li va sonriure al chiquet, li va pegá uns copets paternals al clatell, y li va di en un sussurro:

- Bona la has armat, fill; bona la has feta.

Después li va doná a besá la seua ma y se va alluñá, apoyánse a una gayata, a passes mol curtes y lentes.

domingo, 28 de julio de 2024

3. 12. Dels remeys contra lo mal de viuda que li va revelá a una Pedro Saputo.

Capítul XII.

Dels remeys contra lo mal de viuda que li va revelá a una Pedro Saputo.

¡Ay de la honra!, díe en veu chafada una vella pateján an terra y meneján lo cap. ¡Botovadéu, si aixó haguere passat al meu tems! ¡Les desollades! Y, ¿qué ere? Que va vore a una mosseta parlán en un mosso a la porta del carré a plena llum del día, y a vista y toleransia de sons pares y de tot lo barri; y al seu tems, si habíen de parlá en ells, teníen que amagáls per corrals, cuartos y sótanos, y obríls de nit, y fels saltá bardes, teulades, baranes y finestres, mentres elles los aguardaben igual al llit, o ixíen a ressibíls descalses, y de puntetes y mal tapades, y hasta los donaben la má pera ajudáls. Aixó, sin embargo, pera aquella envejosa agüela no ere res, y lo parlá al carré de día o a la porta de casa (en honra y cortessía, com diuen elles) ere mol y cosa de desesperás qui u veíe. ¡Cuán tros ña dels setanta als vin!

Se va introduí esta moda als puestos que frecuentabe Pedro Saputo per una ocasió mol sensilla. Ell no podíe ni volíe aná a totes les cases; y totes les dones, igual agüeles que joves, solteres que casades, volíen vórel de prop y parlali; y per an aixó, cuan lo véen vindre, baixaben dissimuladamen a la porta del carré, y al passá ell les saludabe, se solíe pará alguna vegada y parlaben un rato. Y de aquí va passá a sé costum a Almudévar y Santolaria, y después a atres mols pobles, passán dels uns als atres la moda. Y ere lo que no podíen vore les agüeles; ¡una cosa tan inossén!, ¡y mes a les aldees!, y lo que elles faen, que tot ere casi infamia, sol perque se guardaben de sé vistes, com la agüela del vissillo, ere lo bo y lo sano. Y lo que es per parlá en Pedro Saputo no sol baixaben a la porta, sino que tot ere buscá excuses en los que aná a les cases aon estabe. ¡Ere tan guapo! ¡Parlabe tan be! ¡Teníe uns ulls! Pero entre les que lo van aná a vore mereix espessial mensió una de Santolaria.

Estabe un día minján a casa de sa tía, y se va presentá una viuda carregada de bayetes, llagrimosa, ullerosa, doblegada y suspirán; y después de llimpiás los ulls y sonanse los nassos, y una vegada saludat a tots en grans ímpetus de plorera, va exclamá donán un mol fondo suspiro:

- ¡Ay, Eugenia, qué dichosa sou de tindre a casa a un home tan sabut! Miréu, aquí ving sol pera desahogám y que me digue algo pera vore si me console un poc y descanse lo meu cor, perque tot lo san día no fach mes que plorá, y a la nit encara mes, y si me adórmigo algún ratet, ensomio y me assusto; y estic... estic mol apenada, mol, y mol desconsolada! Y dién assó va rompre a plorá tan aposta que un atra vegada se va anegá de llágrimes y mocs.

Se va llimpiá, va aubrí y tancá los ulls tres o cuatre vegades, se va torná a llimpiá y soná, y va doná un suspiro tan fondo y fort, que va pareixe que se habíe reventat per lo melic, o que se li escapabe l'alma per la boca; y desde la seua cadira aon sol teníe un racó de la molla hasta la franja com de humilde o vergoñosa, mirabe a Pedro Saputo esperán la resposta y consell que buscabe.

Ell, naturalmen compassiu y mes en les dones, li va di:

- Lo milló meche de lo vostre mal es lo tems, sense dili res de la raó, perque igual mo sen va de casa. Pero, se pot fé mol en la ajuda de atres remeys. Fa dos mesos...

- Y onse díes justos, va di.

- Pos sí, va continuá Pedro Saputo, dos mesos y eixos díes que va morí lo vostre home; y encara que podría ditos mol sobre esta desgrassia, vull aná al gra. Teníu dos criats per al monte y una criada pera casa, y per ara no nessessitéu mes homens ni mes parens al vostre costat. Lo únic que la criada la hau de cambiá perque es mol jove, y (aquí entre natres) no podéu mirala en bons ulls, ara encara menos que cuan teníeu home; y debéu buscá una dona de juissi.

- Me pareix be, va di ella, perque aquella mossa sol pense en devaneos y orenetes.

Oronetes, chapurriau, José Taronjí, Gustavo Adolfo Bécquer

- Pos, ya u día yo, va continuá Pedro Saputo; ixo, lo primé. Después no hau de plorá cuan tos vingue en gana; hau de tindre unes hores dedicades per an eisse ofissi, que per ara sirán dos cada día, una pel matí y un atra per la tarde, ploranla sansera sense pará mes que lo tems de resá un Parenostre y una Ave María en réquiem al mich y al final de cada una. Y después de la plorera del matí hau de rentatos, pentinatos, asseatos y adorná lo cap y tota la vostra persona com si fore un día de festa y miratos al espill. 

¿Estéu en aixó, bona Gertrudis?

- Sí que u estic, va contestá ella; pero yo no sé per qué hay de mirám al espill si no es pera espantám de vórem tan desastrosa y horrorosa.

- Per naixó mateix, va di Pedro Saputo, tos ressepto lo ejersissi del espill, perque aixines voréu lo mal que li estéu fen al vostre rostro, que lo hau desfet de modo que no tos conec, sén que antes no ñabíe jove mes maja an este poble, encara que casada. Y si no tos u vach di, va sé per aixó mateix, perque estáeu casada, y este estat lo respeto yo mol. Pero ara, si me donéu llissensia, aniré a vóretos alguna vegada, encara que sol sigue pera tráuretos eixa tristesa de la vida.

- Sempre que vullguéu, va saltá ella mol espabilada.

- Assepto la vostra cortessía, va di Pedro Saputo; aniré a vóretos, y quede aixó aixina, ya que estam conformes. Pero miréu que tos troba com hay dit.

- Aixó no sé si podrá sé, va contestá ella, acabán de assentás a la cadira en la franja ara al mich.

- Sí podrá sé, va di ell, y sirá, amable Gertrudis; perque en fin, encara estáu lluñ dels coranta.

- Trenta y dos añs vach fe al mars, va contestá ella, pero este cop ... - Dixéu la sacsada, va di Pedro Saputo, y miréu de restituí lo coló y la grassia an eisse rostro que malmetéu infelismen, y la vitalidat y la tendresa an eixos ulls afonats y apagats. Pero no hay acabat encara. Demá, sense mes diferíu, enviéu un criat a Huesca y que tos porto ápit, rabanetes y mostassa, y mingéu ápit en ensiam pera postre, pera diná y sopá, rabanetes en sal pera berená, y la carn del topí en mostassa que adobaréu mol be, com suposo sabéu fé. 

Se va avergoñí aquí un poc la viuda y casi va vindre a ofendres, agarranu com a pulla; pero se va reprimí y va di:

- Aixó, si yo be u alcanso, mes pareix un remey pera una donsella desganada que pera una viuda apenada.

- No u entenéu, Gertrudis, no u comprenéu, va replicá Pedro Saputo. No dic que lo remey no convingue a qui diéu, pero no dixe de sé mol propi y eficás al nostre cas. Féu y tos anirá be; en la inteligensia que si no u faiguereu, no adelantaríeu gens en la vostra milloría, ni yo podré aná a visitatos. Creéume, Gertrudis; lo mal de viuda sen va per la orina. Conque quedem en lo dit. Plorá primé una hora, después molta pinta y mol espill, y lo demés que tos encarrego. 

Y si dudéu de la virtut del remey, yo aniré a vóretos después demá per la tarde, y me diréu lo que vullguéu; pero tos u prometixgo en la condissió que hau de fé tot lo que acabo de manatos per al vostre be y lo de la vostra casa y amics, entre los que, si tos dignéu admitím, hermosa Gertrudis, me conto yo desde este día.

- Sí, siñó, sí, siñó, va di ella; en lo cor y l'alma.

Sen va aná en aixó, y ¡oh poder de les paraules de un home sabut! Sen va aná en la mitat de la pena que habíe portat y conforme en fé tot lo que li va maná Pedro Saputo. De sort que cuan éste va aná a vórela passats los dos díes ya ere un atra; perque anabe mol asseada, los seus drapets mol ben estesos, lo parlá solt y natural, lo semblán viu, y los ulls afables y hasta casi amorosos.

Va sabé Pedro Saputo que no plorabe les dos hores sanseres, y li va aliviá los plos reduínlos a un cuart de hora pel matí. Y encara li va acabá de explicá lo que lo primé día no li habíe explicat del tot per ñabé testigos. Va vore tamé que la casa estabe mol ben agranada, llimpios y relluens los mobles y tot en bon orden com a una vespra de festa. Y en ves de tuf de sementeri se notabe una fragán auló de timó y espígol, que consolabe.

timó, tomillo

Va continuá Pedro Saputo les seues visites diaries. Als cuatre díes li va aliviá del tot los plos, no permitinla plorá mes que los domenges per la tarde. A los vuit díes ya ere la mateixa de antes y mes, perque lo seu rostro ere tot un abril, restituít lo coló y la antiga vivassidat y alegría; a un chiquet de sing añs y a una chiqueta de tres que teníe los besabe en lo mateix amor que solíe demostrá a un atre tems; lo dol lo penjabe en molta soltura; y lo cor lo teníe sansé lo nou meche del seu mal, habenli confessat, pressisamen lo día vuit desde la seua primera visita, que se teníe per dichosa de habé enviudat pera coneixe y tratá a un home com ell, ya que lo seu anterió estat la privabe de esta gloria. Y en aixó va vindre a pará lo seu sentimén, les seues llágrimes y lo seu desconsol.

Per lo demés, ya se sap que les viudes han perdut la temó a los homens, no perque siguen viudes, sino perque van está casades. 

Si me diuen que no totes són unes ni una es totes, contestaré que es verdat, pero aixó no veníe al cas, perque ni yo les hay insultat, ni dixo de tíndreles compassió, ni crec de elles mes que lo que se té que creure en bona raó y dret.

Li van privá a la viuda Gertrudis de no poques visites de Pedro Saputo los consultós de diferens pobles que veníen a demanali consell, a plantejali dudes y consiliá pretensions enfrentades, a concluí pactes y concordies. En un día van arribá de Ayerbe, de Lanaja y Poliñino, Berbegal, Alquézar, valle de Nocito, valle de Sarrablo, Jaca, Biescas, Estadilla y San Esteban de Litera. Y va arribá tamé lo síndic de Almudévar a suplicali que baixare pera un assunto de importansia; y pera serví al seu poble va baixá inmediatamen.


Original en castellá:

Capítulo XII.

De los remedios contra el mal de viuda que reveló a una Pedro Saputo.

¡Ah de la honra!, decía con voz rota una vieja pateando el suelo y meneando la cabeza. ¡Oh válgame Dios, si esto hubiera pasado en mi tiempo! ¡Las desolladas! Y, ¿qué era? Que vio una moza hablando con un mozo en la puerta de la calle a la luz del día, y a vista y tolerancia de sus padres y de todo el barrio; y en su tiempo, si habían de hablar con ellos, tenían que esconderlos por corrales, cuartos y sótanos, y abrirles de noche, y hacerlos saltar bardas, tejados y ventanas, mientras ellas los aguardaban tal vez en la cama, o salían a recibirlos descalzas, y de puntillas y mal rebujadas, y aun les daban la mano para ayudarles. Esto, sin embargo, para aquella envidiosa maldita vieja no era nada, y el hablar en la calle de día o a la puerta de casa (con honra y cortesía, como dicen ellas) era mucho y cosa de desesperarse el que lo veía. ¡Cuánto distan los setenta de los veinte!

Introdújose esta moda en los lugares que frecuentaba Pedro Saputo por una ocasión muy sencilla. Él no podía ni quería ir a todas las casas; y todas las mujeres, lo mismo viejas que jóvenes, solteras que casadas, querían verle de cerca y hablarle; y para esto, cuando le veían venir, se bajaban disimuladamente a la puerta de la calle, y al pasar él las saludaba, se solía parar alguna vez y hablaban un rato. Y de aquí pasó a ser uso y costumbre en Almudévar y Santolaria, y después en otros muchos, pasando de unos a otros la moda. Y era lo que no podían sufrir las viejas; ¡una cosa tan inocente!, ¡y más en las aldeas!, y lo que ellas hacían, que todo era casi infamia, sólo porque se guardaban de ser vistas, era lo bueno y lo sano. Y lo que es por hablar con Pedro Saputo no sólo bajaban a la puerta, sino que todo era buscar achaques con que ir a las casas donde estaba. ¡Era tan guapo! ¡Hablaba tan bien! ¡Tenía unos ojos! Pero entre las que lo fueron a ver merece especial mención una de Santolaria.

Estaba un día comiendo en casa de su tía, y se presentó una viuda cargada de bayetas, lagrimosa, ojerosa, encogida y suspirando; y después de limpiarse los ojos y sonándose las narices, y saludado que hubo a todos con grandes ímpetus de llanto, exclamó dando un muy hondo suspiro: - ¡Ay, Eugenia, qué dichosa sois de tener en casa un hombre tan sabio! Mirad, aquí vengo sólo por desahogarme y que me diga algo para ver si me consuela un poco y descansa mi corazón, porque todo el santo día no hago sino llorar, y la noche más, y si me duermo algún ratico, sueño y me asusto; y estoy... estoy muy afligida, mucho, y muy desconsolada! Y diciendo esto rompió a llorar tan adrede que otra vez se anegó de lágrimas y mocos. Limpióse, abrió y cerró los ojos tres o cuatro veces, se tornó a limpiar y sonar, y dio un suspiro tan de abajo y relleno, que pareció se había reventado por el ombligo, o que se le escapaba el alma por la boca; y desde su silla en que sólo hincaba una esquina de nalga como de puro humilde o vergonzosa, miraba a Pedro Saputo esperando la respuesta y consejo que buscaba.

Él, naturalmente compasivo y más con las mujeres, le dijo: - El mejor médico de vuestro mal es el tiempo, no diciéndoos nada de la razón, porque tal vez se nos va de casa. No obstante, se puede hacer mucho con el auxilio de otros remedios. Hace dos meses... - Y once días justos, dijo. - Pues sí, continuó Pedro Saputo, dos meses y esos días que murió vuestro marido; y aunque podría deciros mucho sobre esta desgracia, no quiero sino ir al grano. Tenéis dos criados para el campo y una criada para casa, y por ahora no necesitáis más hombres ni más parientes a vuestro lado. Sólo que la criada la habéis de mudar porque es muy joven, y (aquí para entre nosotros) no podéis mirarla con buenos ojos, agora aún menos que cuando teníades marido; y debéis buscar una mujer de juicio. - Y me parece bien, dijo ella, porque aquella moza sólo piensa en devaneos y golondrinas. - Pues, ya lo decía yo, continuó Pedro Saputo; eso, lo primero. Después no habéis de llorar cada y cuando se os antoje; sino tener horas deputadas para ese oficio, que por agora serán dos cada día, una por la mañana y otra por la tarde, llorándola entera sin parar más que el tiempo de rezar un pater noster y una ave maría con requiem en medio y al fin de cada una. Y después del llanto de la mañana habéis de lavaros, peinaros, asear y atildar la cabeza y toda vuestra persona como día de fiesta y mirándoos al espejo. ¿Estáis en esto, buena Gertrudis? - Sí estoy, respondió ella; mas yo no sé por qué he de mirarme al espejo si no es para espantarme de verme tan desastrosa y horrífica. - Por eso mismo, dijo Pedro Saputo, os receto el ejercicio del espejo, porque así veréis el daño que estáis haciendo a vuestro rostro, el cual habéis destruido de modo que no os conozco, siendo así que antes no había joven más linda en el lugar, aunque casada. Y si no os lo dije, fue por eso mismo, porque érades casada, cuyo estado respeto yo mucho. Mas agora, si me dais licencia, iré a veros alguna vez, aunque sólo sea para quitaros ese tedio de la vida. - Siempre que queráis, saltó ella muy despabilada. - Acepto vuestra cortesía, dijo Pedro Saputo; iré a veros, y quede esto así, ya que estamos conformes. Pero mirad que os encuentre como he dicho. - Eso no sé si podrá ser, contestó ella, acabando de sentarse en la silla. - Sí podrá ser, dijo él, y será, amable Gertrudis; porque en fin, aún estáis lejos de los cuarenta. - Treinta y dos años hice al marzo, respondió ella, sino que este golpe... - Dejad el golpe ya, dijo Pedro Saputo, y ved de restituir el color y la gracia a ese rostro que denostáis infelizmente, y la vivieza y la ternura a esos ojos hundidos y apagados. Pero no he acabado todavía. Mañana, sin más diferillo, enviad un criado a Huesca y que os traiga apio, rábanos y mostaza, y comed apio en ensalada para postre en la comida y cena, rábanos con sal para merendar, y la carne del puchero con mostaza que adobaréis muy bien, como supongo sabéis hacello. Avergonzóse aquí un poco la viuda y aun vino así como a ofenderse, teniéndolo por pulla; mas se reprimió y dijo: - Eso, si yo bien lo alcanzo, más parece remedio para una doncella opilada que para una viuda afligida. - No lo entendéis, Gertrudis, no lo entendéis, replicó Pedro Saputo. No digo que el remedio no convenga a quien decís, pero por eso no deja de ser muy propio y eficaz en nuestro caso. Hacedlo y os irá bien; en la inteligencia que si no lo hiciéredes, no adelantaréis nada en vuestra mejoría, ni yo podré ir a visitaros. Creedme, Gertrudis; el mal de viuda se va por la orina. Conque quedamos en lo dicho. Llorar primero una hora, después mucho peine y mucho espejo, y lo demás que os encargo. Y si dudáis de la virtud del remedio, yo iré pasado mañana por la tarde, y me diréis lo que quisiéredes; pero os lo prometo con la condición que habéis de poner por obra cuanto acabo de ordenaros para vuestro bien y el de vuestra casa y amigos, entre los cuales, si os dignáis admitirme, hermosa Gertrudis, me cuento yo desde este día. - Sí, señor, sí, señor, dijo ella; con el corazón y el alma.

Fuese con esto, y ¡oh poder de las palabras de un hombre sabio! Fuese con la mitad de la aflicción menos que había traído y conforme en hacer todo lo que le ordenó Pedro Saputo. De suerte que cuando éste fue a verla pasados los dos días ya era otra; porque iba muy aseada, sus paños muy bien prendidos, el habla suelta y natural, el semblante vivo, y los ojos afables y aun casi amorosos. Conoció Pedro Saputo que no lloraba llenas las dos horas, y le alivió el llanto reduciéndolo a un cuarto de hora por la mañana. Y aun le acabó de explicar lo que el primer día no le explicó del todo por haber testigos. Reparó también que la casa estaba muy barrida, limpios los muebles y todo en buen orden como en víspera de fiesta. Y en vez de tufo de cementerio se percibía un suave olor lejano de tomillo y espliego, que consolaba.

Continuó Pedro Saputo sus visitas diarias. A los cuatro días le alivió del todo el llanto, no permitiéndole llorar sino los domingos por la tarde. A los ocho días ya era la misma que antes y más, porque su rostro era todo un abril, restituido el color y la antigua viveza y alegría; a un niño de cinco años y a una niña de tres que tenía los besaba con el mismo amor que solía en otro tiempo; el luto se lo prendía con mucha prolijidad; y el corazón poseíale entero el nuevo médico de su mal, habiéndole confesado, precisamente el día octavo de su primera visita, que se tenía por dichosa de haber enviudado por conocer y tratar a un hombre como él, puesto que su anterior estado le privaba de esta gloria. Y en esto vino a parar su sentimiento, sus lágrimas y su desconsuelo.

Por lo demás, ya se sabe que las viudas han perdido el miedo a los hombres, no porque sean viudas, sino porque fueron casadas. Si me dicen que no todas son unas ni una es todas, responderé que es verdad, pero esto no venía al caso, porque ni yo las he vituperado, ni dejo de tenerles compasión, ni creo de ellas sino lo que se debe creer en buena razón y derecho.

Privaron a la viuda Gertrudis de no pocas visitas de Pedro Saputo los consultores de diferentes pueblos que venían a pedirle consejo, a proponerle dudas y conciliar pretensiones encontradas, a concluir pactos y concordias. En un día llegaron de Ayerbe, de Lanaja y Poliñino, Berbegal, Alquézar, valle de Nocito, valle de Sarrablo, Jaca, Biescas, Estadilla y San Esteban de Litera. Y llegó también el síndico de Almudévar a suplicarle que bajase para un asunto de importancia; y por servir a su pueblo se bajó inmediatamente.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Lo Decamerón en chapurriau (primera jornada)

Proemio

Escomense la primera jornada del Decamerón, a la que, después de la explicassió donada per lo autó sobre la raó per la que va passá que se reunigueren les persones que se móstren enraonán entre elles, se enraóne, gobernán Pampínea sobre lo que mes agrade a cadaú. 

Cuan mes, mol grassioses dames, penso lo piadoses que sou per naturalesa, mes vech que la presén obra tindrá al vostre juissi un prinsipi penós y triste, com es lo dolorós recuerdo de aquella pestífera mortandat passada, universalmen funesta y digna de plos per tots aquells que la van viure o van sabé de ella. Pero no vull que per naixó tos arredro seguí lligín com si entre singlots y llágrimes haguéreu de passá la lectura. Este horrorós escomensamén tos sirá com als camináns una montaña áspra y empinada después de la que se trobe amagat un planet hermossíssim y deleitós com la Belenguera de Beseit, que es mes plassenté contra mes gran ha sigut la duresa de la pujada y después u sirá la baixada. Y aixina com lo final de la alegría sol sé lo doló, les miséries se acaben en la alegría que les seguix. An este curtet disgust (y dic curtet perque se explique en poques paraules) seguirá pronte la dolsó y lo plaé que tos hay prometut y que potsé no siríe esperat de tal escomensamén. Y en verdat si yo haguera pogut decorosamen portátos per un atra part en ves de per una senda tan regallada y empinada com esta, u hauría fet de bona gana; pero ya que la raó per la que van passá les coses que después se lligirán no se podíe manifestá sense este recuerdo, com espentat per la nessessidat me disposo a escríureu.
Dic, pos, que ya habíen los añs de la fructífera Encarnassió del Fill de Déu arribat al número de mil tresséns coranta y vuit (1348) cuan a la ilustre siudat de Florencia, nobilíssima entre totes les atres siudats de Italia, va arribá la mortífera peste que o per obra de los cóssos superiós o per les nostres acsións infames va sé enviada sobre los mortals per la justa ira de Déu per a la nostra correcsió. Habíe escomensat algúns añs abáns al paísos de Orién, privánlos de gran cantidat de habitáns, y, continuán sense descans de un puesto a un atre, se habíe anat escampán misserablemen per Ocsidén. Y no valén contra nella cap sabé ni providénsia humana (com la llimpiesa de la siudat de inmundíssies ordenada per los encarregats de alló y la prohibissió de entrá an ella a tots los doléns y los mols consells donáts per a conservá la higiene) ni valén tampoc les humildes súpliques dirigides a Déu per les persones devotes, no una vegada sino moltes, ordenades en prossesóns o de atres maneres, casi al prinsipi de la primavera del añ abáns dit va escomensá horriblemen y de assombrosa manera a mostrá los seus dolorosos efectes. Y no ere com a Orién, aon a qui li eixíe sang del nas li ere manifest signo de mort inevitable, sino que al seu escomensamén los eixíen als mascles y a les femelles tan a les íngles o entrecuix o daball de les axiles o sobaco, sertes unflós, que algunes creixíen hasta la mida de una poma, y atres se feen com un ou, que eren anomenades bubas per la gen. Y de les dites parts del cos, en poc tems va escomensá la pestífera buba a exténdres a consevol part, inmediatamen va escomensá la calidat de la enfermedat a cambiás en taques negres o pardotes que apareixíen a mols als brassos y per les cuixes y a consevol part del cos, a uns grans y rares y a datres minudes y abundáns. Y aixina com la buba habíe sigut y seguíe sén indissi mol sert de mort futura, lo mateix passabe en estes. Y per a curá tal enfermedat no pareixíe que valguere ni aprofitare cap consell de meche o virtut de medissina; aixina, o per la naturalesa del mal o la ignoránsia de los que medicaben (de los que habíe aumentat mol lo número tan de homes com de dones que may habíen tingut cap coneiximén de medissina) no sabiguéren cóm veníe y no sabíen lo remei. Eren mol pocs los que se curaben abáns del tersé día de la aparissió de les siñals abáns dites, y la mayoría sense cap fiebre ni síntoma, se moríen. Y esta pestilénsia va tindre mes gran forsa perque algúns de los que estaben doléns se abalansáben damún dels sanos en los que se comunicaben, com fa lo foc sobre les coses seques o engrassades cuan se li arrimen mol. Y mes allá va arribá lo mal: que no sol lo parlá y lo tratá en los doléns apegabe als sanos la enfermedat, sino que tamé lo tocá la roba o consevol atra cosa que haguere sigut tocada o empleada per aquells doléns. Y assombrós es escoltá lo que ting que di, que si per los ulls de mols y per los meus propis no haguere sigut vist, no me atrevería a créureu, y mol menos a escríureu per mol digna de fe que fore la persona a qui lay haguera sentit. Dic que de tanta virulénsia ere la calidat de la pestilénsia narrada que no sol passabe del home al home, sino que les coses que habíen sigut del home tamé se contamináben en la enfermedat. Los meus ulls van sé testigos un día de aixó: están les despulles de un pobre home mort de tal enfermedat aviáts a la vía pública, y entropessán en ells dos gorrinos, y com segóns la seua costum tot u furgaben, lo estiraben de les galtes primé en lo morro y después en les dens, un momén mes tart, después de unes contorsións y com si hagueren pres veneno, los dos van caure morts an terra damún de les maltratades despulles del home mort. De estes coses, y de bastantes mes paregudes an estes y encara de mes grosses, van náixe temós y superstissións als que quedaben vius, y casi tots se inclinaben a un reméi mol cruel com ere esquivá y fugí dels doléns y de les seues coses; y, fénu, cadaú creíe que conseguíe la salut per an ell mateix. Y ñabíen algúns que pensaben que viure moderadamen y guardás de tot lo innessessari podríe oferí gran ressisténsia a la enfermedat y, reunida la seua compañía, vivíen separats de tots los demés apartánse y tancánse an aquelles cases aon no ñaguere cap dolén y se puguere viure milló, minján en gran prudénsia minjás fins y mol bons vins y fugín de tot exés, sense dixás parlá per ningú ni sentí cap notíssia de fora, ni de morts ni de doléns, tocán instruméns y en los plaés que podíen tindre se entreteníen. Uns atres, de la opinió contraria, afirmaben que la medissina sertíssima per an este mal ere lo beure mol y lo gosá y aná cantán de passeo, divertínse, y satisfé la gana en tot alló que se puguere, y riure y burlás de tot lo roín que passare; y tal com u díen, u féen, anán de día y de nit ara an esta taberna ara a l’atra, bebén tan com sed tingueren y sense pará cap cuenta, y fen sol les coses que los donáben gust o plaé. Tot aixó u podíen fé fássilmen perque tot lo món habíe abandonat les seues coses y cases, per lo que moltes se habíen fet comunes y les feen aná los extrañs, ocupes, igual que les haguere empleat lo propi amo. Y en tot este comportamén de fieres, fugíen de los doléns. Y en tan gran aflicsió y miséria de la nostra siudat, estabe la reverenda autoridat de les leys, tan de les divines com de les humanes, tota caiguda y apocada per los seus ministres y ejecutós que, com los atres homes, estaben doléns o morts o se habíen quedat sense criats y no podíen fé cap ofissi; aixina li ere líssit a tot lo món fé lo que li donare la gana. Mols atres observaben una vía intermija: ni aforrán les viandes com los primés ni allargánse en lo beure y en los atres libertinajes tan com los segóns, segóns la gana, y sense tancás, eixín a rondá portán a les máns flos, herbes que féen bona auló com romé, timó, fonoll y espígol, o algunes espéssies, que se portaben al nas assobín contra lo aire impregnat de la pudina y corrompina de los cóssos morts y carregat y pudén per la enfermedat y les medissines. Algúns eren de sentiméns mes cruels (com si fore mes segú) dién que cap medissina ere milló ni tan bona contra la peste que fugí de ella; y no cuidánse de res mes que de ells mateixos, mols homes y dones van abandoná la propia siudat, les propies cases, les seues possesións y als seus paréns y totes les seues coses, y van buscá atres terres, com si la ira de Déu no haguere de seguíls per a castigá la maldat de los homes en aquella peste y sol haguere de oprimí an aquells que se trobaren dins de los muros de la seua siudat com avisán de que cap persona teníe que quedá allí viva. Y encara que de estos que opinaben de diferentes maneres no van morí tots, no per naixó tots se salvaben. Sen ficaben doléns mols a tot arreu, y habén donat ells mateixos ejemplo cuan estaben sanos als que sanos quedaben, ara se quedaben abandonats per tots. Y no diguém ya que un ressidén esquivare al atre y que casi cap veí cuidare del atre, y que los paréns poques vegades o may se visitaren, y en tal cas, de lluñ. En tan espán habíe entrat esta amargura al pit de los homes y de les dones, que un germá abandonabe al atre y lo tío al nebot y la germana al germá, y moltes vegades la dona al seu home, y lo que mes gros es y casi increíble, los pares y les mares als fills, com si no foren seus, evitaben visitáls y aténdrels. Per lo que als que se ficaben doléns, que eren una multitut incontable, tan homes com dones, cap atre auxilio los quedabe que o la caridat de los amics, de los que ne ñabíen pocs, o la avaríssia de los criats que per unflats salaris y abusius contrates servíen, encara que en tot alló no sen trobaren mols y los que se trobaben eren homes y dones de poc suc, y ademés gens acostumbrats a serví, que casi no valíen per a res mes que per a portá als doléns algunes coses que demanáren o miráls cuan se moríen; y servín en tal mal servissi, se perdíen ells moltes vegades en lo guañat. Y com los doléns eren abandonats per los veíns, los paréns y los amics, y ñabíe falta de criats se va seguí una costum may vista hasta entonses:
que a cap dona per bella o garbosa o noble que fore, si se ficabe dolenta, no li importabe tindre al seu servissi a un home, com fore, jove o no, ni mostráli sense cap vergoña totes les parts del seu cos com haguere fet a un atra dona, si u demanabe la nessessidat de la seua enfermedat. Aixina que aquelles que se van curá van tindre después menos honestidat.
Y ademés, va vindre de alló la mort de mols que si hagueren sigut ajudats se hauríen salvat. Faltaben servíssis que los doléns no podíen tindre y per la forsa de la peste ere tanta a la siudat la multitut de los que de día y de nit se moríen, que fée fredó sentíu di, y mes vóreu. Casi per nessessidat, coses contráries a les costums de los siudadáns van náixe entre los que quedaben vius. Ere costum, aixina com ara encara u veém, que les dones paréns y veínes se ajuntaren a la casa del mort, y allí, en aquelles que mes lo tocaben, ploraben; y per un atra part dabán de la casa del mort en los seus paréns se reuníen los seus veíns y mols atres siudadáns, y segóns la calidat del mort allí veníe lo clero, y lo difún, a muscles dels seus iguals, en un funeral de pompa de sera y cántics, a la iglesia triada per nell abáns de la mort ere portat. Estes coses, después de escomensá a aumentá la ferossidat de la peste, casi del tot o en gran part van pará, y unes atres noves van vindre al seu puesto. Per lo que no sol sense tindre moltes dones al voltán se moríe la gen sino que eren mols los que de esta vida passaben a l’atra sense testigos; y mol poquets ñabíe de aquells que ressibíen les piadoses ploreres y les amargues llágrimes dels seus paréns. Al revés, en ves de llágrimes van sé mes normals les risses y los chistes y lo festejá en compañía. Esta costum, les dones, la habíen adeprés mol be. Y ere mol raro vore cadávers que foren acompañats per mes de deu o dotse dels seus veíns a la iglesia; als que ya no portaben a muscles los honrats y amats siudadáns, sino una espéssie de enterradós eixits de la gen baixa que se féen cridá faquines y féen este servissi cobrán be, ficánse daball del ataúd y portánlo en pressuroses passes, no an aquella iglesia que s´haguere abáns de la mort disposat, sino a la que estabe mes prop lo portaben, detrás de cuatre o sis móssens, en poques llums, y a vegades sense cap. En la ajuda de los faquines, sense cansás en un ofissi massa llarg o solemne, a consevol sepultura desocupada, la que primé trobaben, de terra lo colgaben. De la gen baixa, y potsé de la mijana, lo espectácul encara estabe ple de mes miséria, perque éstos, o per la esperansa o la pobresa retinguts la mayoría a les seues cases, quedánse als seus barris, sen ficaen doléns per milenás cada día, y no sén ni servits ni ajudats per dingú, sense cap redensió se moríen tots. Y mols acababen a la vía pública, de día o de nit; y si se moríen a les seues cases, en la corrompina dels seus cóssos féen sentí als veíns que estaben morts; y entre éstos y los atres que per tot arreu se moríen, una aglomerassió. Ere sobre tot observada una costum per los veíns, moguts mes per la temó de que la corrupsió de los morts no los ofenguere que per l´amor que tingueren als finats. Ells, o sols o en ajuda de algúns portadós cuan ne podíen tíndre, traíen de les cases los cóssos de los morts y los ficaben dabán de les portes (aon, espessialmen pel matí, haguere pogut vore un sensenúmero de ells qui se haguere passejat per allí) y allí féen vindre los ataúds, y va ñabé mols als que per no ñabén los van ficá damún de consevol tauló. Tampoc va sé un sol ataúd lo que se va emportá juntes a dos o tres persones; ni va passá una vegada sol, sen hagueren pogut contá bastantes, que la dona y lo home, dos o tres germáns, o lo pare y lo fill, anigueren juns a la caixa. Y moltes vegades va passá que, anán dos móssens en una creu a per algú, se van ficá tres o cuatre ataúds, portats per portadós, detrás de ella; y aon los retós creíen tindre un mort per a sepultá, sen ajuntaben sis o vuit, o potsé mes. Tampoc eren éstos en llágrimes o llums o compañía honrats, la cosa habíe arribat a tan que igual se cuidabe de los homes que moríen com de les cabres; per lo que va apareixe manifestamen que alló que lo curs natural de les coses no habíe pogut en los seus minuts y raros mals mostrá als sabios que se debíe soportá en passiénsia, u fée la grandesa de los mals hasta en los simples, aprofitats y despreocupats. Per a la gran caterva de morts que a totes les iglesies, tots los díes y casi totes les hores, ere conduída, no ñabíe prou terra sagrada als fossás (y máxime volén doná a cadaú un puesto propi segóns la antiga costum), se féen per los sementeris de les iglesies, después de está tot ple, fósses grandíssimes a les que se ficaben per sentenás los que arribaben, y com se fiquen les mercansíes als barcos en capes apissonades, en poca terra se colgaben hasta que arribabe a ran de terra. Y per a no aná buscán per la siudat tots los detalls de les nostres passades miséries, dic que no tampoc sen va salvá lo campo dels voltáns. Dixán los burgos, que eren pareguts, per poblassió, a la siudat, per les aldees escampades per nell y los campos, los llauradós pobres y les seues famílies, sense meches ni ajuda de criats, per los carrés y per los collets y per les cases, de día o de nit, no com a homes sino com a bésties se moríen. Estos, dixades les costums com a les siudats, no se ocupaben de cap de les seues coses o faenes; y tots, com si esperaren a la mort, se esforsaben en tot lo seu talento no en ajudá als fruits de los animals y de la terra y de los seus passats traballs, sino en gastá tot los que teníen a má. Per lo que los bueys, los burros, les ovelles, les cabres, los gorrinos, los pollastres y hasta los mateixos gossos fiels al home, van sé expulsats de les cases y aventáts per los campos, aon les cullites estaben abandonades, sense sé ni arreplegades ni segades, y los animals campaben per aon los apetíe y se acampaben com podíen; y mols, com si foren rassionals, después de habé pasturat be durán lo día, per la nit sen entornaben fartets a les seues cases sense cap guía de pastó. ¿Qué mes pot dis, dixán lo campo y tornán a la siudat, tanta va sé la crueldat del sel, y potsé en part la de los homes, que entre la forsa de la pestífera enfermedat y per sé mols doléns mal servits o abandonats per la temó que teníen los sanos, a mes de sen mil criatures humanes, entre mars y juliol, se té per sert que dins de los muros de Florencia los va sé arrebatada la vida, que potsé abáns de la enfermedat no se hauríe estimat que ñaguere a dins tanta gen? ¡Oh qué grans palaus, cuántes cases tan majes, cuántes nobles morades plenes per dins de gen, de Siñós y de dames, se van quedá forres hasta de chiquets! ¡Oh cuáns memorables linajes, cuántes amplíssimes herénsies, cuántes famoses riqueses se van vore quedá sense hereu! ¡cuáns valerosos homes, cuántes hermoses dones, cuáns joves ben pitos als que Galeno, Hipócrates o Esculapio hagueren jusgat saníssims, van amorsá en los seus paréns, compañs y amics, y arribat lo tardet van sopá en los seus antepassats a l´atre món!
A mí mateix no m´agrade aná revolcánme entre tantes miséries; per lo que, dixán les que puc evitá, dic que, están la nostra siudat de habitáns casi forra, va passá, aixina com yo u vach sentí a una persona digna de fe, que a la venerable iglesia de Santa María la Nova, un dimats de matí, no ñabén casi cap atra persona, sentits los divinos ofissis en hábits de dol, com demanáben éixos tems, se van trobá sat dones joves, unides o per amistat o per vessindat o per sé familia, de les que cap habíe passat los vin añs ni ne teníen menos de devuit, discretes totes y de sang noble y hermoses de figura, adornades en robes, y honestes. Los seus noms diría yo com cal si una justa raó no me impediguere féu, no vull que per les coses contades de elles que vénen ara, y per lo escoltat, cap pugue avergoñís mes abán, están avui una mica mes restringides les leys del plaé que allacuanta, per les raóns abáns dites. Ni tampoc vull doná materia als envejosos (disposats a deshonrá tota vida loable), de disminuí de cap manera la honestidat de les valeroses dones en converses desconsiderades. Pero, sin embargo, per a que alló que cada una va di se pugue compéndre sense confusió, en noms conveniéns a la calidat de cada una, les nombraré: La primera, y la de mes edat, se dirá Pampínea, la segona Fiameta, Filomena la tersera, la cuarta Emilia, Laureta la quinta, la sexta Neifile, y la radera, la séptima, Elisa.

Estes mosses se van ajuntá a una de les parts de la iglesia com preparades a sentás en corro, y después de mols suspiros, dixán de resá padrenuestros, van escomensá a cavilá sobre la condissió de los tems moltes y variadas coses; y después de un rato, callán les demés, aixina va escomensá a parlá Pampínea:

- Vatres podéu, volgudes Siñores, tan com yo habé sentit moltes vegades que a dingú ofén qui honestamen fa ús del seu dret. Natural dret es de tots los que náixen ajudá a conservá y deféndre la seua propia vida tan com poden, y consedíume aixó, ya que alguna vegada ya ha passat que, per conservála, se hayguen matat homes sense cap culpa. Y si aixó consedixen les leys, que regulen lo bon viure de tots los mortals, honesto es que, sense oféndre a dingú, natros y consevol atre, faiguém aná los micháns que pugám per a la conservassió de la nostra vida. Sempre que me fico a considerá les nostres acsións de este matí y les ya passades y penso cuáns y quins són los nostres pensaméns, compreng, y vatres igual u podéu compéndre, que cada una de natros tingue temó per nella mateixa; y no me maravillo per naixó, me admiro de que passánmos a totes lo tindre sentimén de dona, no agarrém alguna compensasió de alló que en raó temém. Estém vivín aquí, al meu paréixe, com si vullguérem y tinguérem que sé testigues de cuans cóssos morts se porten a la sepultura, o escoltá si los flares de aquí dins (lo número de ells ya casi ha arribat a cero) cánten los seus ofissis a les hores que toque, o mostrá a consevol que aparégue, per los nostres hábits, la calidat y la cantidat de les nostres miséries. Y, si eixím de aquí, o veém cóssos morts o doléns portats per los carrés, o veém aquells a qui per los seus crímens o maleses la autoridat de les públiques leys ha condenat al exili, burlánse de elles perque van sentí que los seus ejecutós estaben morts o doléns, y en violénsia y fogosidat recórren la siudat, o als merdes y brossa de la nostra siudat sentí que los diuen faquines, y sentí cansonetes deshonestes que mos insulten. Y no sentím mes que «estos están morts», y «tals atres están morínse»; y si ñaguere qui puguere féu, per tot arreu sentiríem doloroses ploreres. Y si a les nostres cases torném, no sé si a vatres com a mí tos passe: yo, de familia numerosa, no vach trobá datra persona an ella mes que a la meua criada, me esglayo y séntigo que me se esturrufen los pels, y me pareix, aon sigue que vach o me quedo, vore la sombra de los que han mort, y no en les cares que solíen tindre, sino en un aspecte horrible, monstruós, no sé aón adquirit, y me espanto. Tan aquí com fora de aquí, y a casa, me trobo mal, y mes ara que me pareix que no ña cap persona que encara tingue pols al señ y puesto aon aná, com tením natros, dingú que se haygue quedat aquí mes que natres. Y hay sentit y vist moltes vegades que si algúns ne queden, aquells, sense fé cap distinsió entre les coses honestes y les que no u són, sol en que les ganes lay demánon, y sols o acompañats, de día o de nit, fan lo que milló sels oferix; y no sol les persones libres sino tamé les tancades als monasteris o convéns, convensudes de que los convé alló, trencades les leys de la obediénsia, se donen a delíssies carnáls, de esta manera pénsen salvás, y se han fet lujurioses, cachondes y depravades. Y si aixina es, com se veu, ¿qué fem aquí natros?, ¿qué esperám?, ¿qué ensomiám? ¿Per qué tením mes perea y som mes lentes per a la nostra salvassió que tots los demés siudadáns? ¿mos reputém de menos valor que tots los demés?, ¿o creém que la nostra vida está lligada en cadenes mes fortes al nostre cos que les de los atres? Estém equivocades, mos engañám, qué tontes som si u creém aixina. Tan com vullguém recordá cuáns y quins han sigut los joves y les dones vensuts y vensudes per esta cruel pestilénsia, tindrém una demostrassió claríssima. Y per naixó, no sé si tos pareixerá a vatres lo que a mí me pareix: yo penso que, aixina com mols u han fet abáns que natros y fan, ixquém de esta terra y anigám a les nostres viles del campo (totes ne tením) y allí tingám festa, alegría y plaé sense traspassá lo límit de lo raonable. Allí se sénten cantá los muixonets, se veuen verdejá los collets y los plans, y les finques plenes de blat, sivada y avena fan oles com lo mar y ñan moltes classes de ábres, y lo sel es mes cla y blau y ubert. Lo sel, per mol enfadat que estigue, no mos negue les seues belleses eternes, que mol mes majes són que los muros de la nostra siudat. Y es allí, ademés, lo aire mes fresquet y puro, y de les coses que són nessessáries a la vida ña allí mes abundánsia, y ñan menos de les que estorben: perque allí, encara que tamé se móriguen los llauradós com aquí los siudadáns, ofén menos, perque ñan menos cases y habitáns que a la siudat. Y aquí, per un atra part, si u vech be, no abandoném a dingú, abáns podém en verdat di que ham sigut abandonades: perque los nostres, o morínse o fugín de la mort, com si no siguérem seues mos han dixat en tanta pena. Cap reproche pot fes a seguí este consell, mentres que lo doló y lo disgust, y potsé la mort, podríen víndremos si no lo seguim. Y per naixó, si tos pareix, en les nostres criades y fénmos seguí de les coses oportunes, avui an este puesto y demá an aquell, la alegría y la festa que an estos tems se pugue crec que estará be que les disfrutém; y que mos estiguém allí hasta que veigam (si primé la mort no mos alcanse) quin final reserve lo sel an estes coses. Y enrecordéuton que no es res roín anámon honestamen cuan gran part de los atres deshonestamen se queden.
Habén escoltat a Pampínea les atres dones, no sol van alabá lo seu raonamén y consell sino que, en dessich de seguíl, habíen ya entre elles escomensat a considerá lo modo de féu, com si al eixecás de aon estaben assentades inmediatamen hagueren de ficás en camí. Pero Filomena, que ere discretíssima, va di:
- Siñores, per mol ben dit que haigue estat lo raonamén de Pampínea, no ham de córre a féu aixina com pareix que voléu. Tos recordo que som totes dones y no ña cap tan chiqueta com per a no sabé cóm se gobernen les dones juntes sense la providénsia de cap home. Som caprichoses, abalotadores y abalotades, desconfiades, temoriques y apocades, coses per les que mol dudo que, si no agarrém un atra guía mes que la nostra, se desfará esta compañía mol pronte y en menos honor per a natros del que siríe menesté: y per naixó bo es péndre providénsies abáns de escomensá.
Va di entonses Elisa:
- En verdat los homes són lo cap de la dona y sense la seua direcsió poques vegades arribe alguna de les nostres obres a un fin loable: pero ¿cóm podém trobá estos homes? Totes sabém que de los nostres están la mayoría morts, y los atres que viuen s´han quedat un aquí y un atre allá, sense que sapigám aón, fugín de alló de lo que natros tamé volém fugí, y lo admití a extrañs no siríe convenién; per lo que, si volém córre detrás de la salut, mos convé trobá lo modo de organisámos de tal manera que allí aon volém trobá gust y repós no trobém disgust y escándol. Mentres les dones estaben en estos raonaméns, entren a la iglesia tres joves, que no u eren tan per a que no tinguere lo menos vintising añs lo mes jove: ni la calidat y perversidat de los tems, ni la pérdua de amics y de paréns, ni la temó habíe pogut extinguí l´amor en ells, ni siquiera arrefredál. A un li díen PánfiloFilostrato lo segón y lo radé Dioneo, tots amables y cortesos; y estaen buscán a les seues dames, que estaben entre les sat nomenades, y les atres eren paréns de algún de ells. Pero primé van arribá ells als ulls de éstes que éstes van sé vistes per nells; per lo que Pampínea, entonses, sonrién va escomensá:

- La fortuna mos es favorable y mos ha ficat dabán an estos joves valerosos que mos farán en gust de guíes y criats.
Neifile, entonses, que se habíe ficat tota roija de vergoña perque ere una de les amades per los joves, va di:
- Pampínea, per Déu, mira lo que dius. Reconeixco que només coses bones poden dis de consevol de ells, y crec que poden oferí bona y honesta compañía no sol a natros sino a datres mol mes hermoses y estimades del que natros som; pero com es cosa manifesta que están enamorats de algunes de les que aquí están, ting temó de que mos seguixquen difamassións y reproches, sense tindre cap culpa ni natros ni ells, si mols emportém en natros.
Va di entonses Filomena:
- Ixo rai; allá aon yo honestamen viga y no me rossego la consiénsia, que parlo qui vullgue en contra: Déu y la verdat agarrarán per mí les armes. Pos, si estigueren disposats a vindre podríem di en verdat, com Pampínea va di, que la fortuna mos es favorable.

Les demés, sentín an estes parlá aixina, de acuerdo van di totes que foren cridats y sels diguere la seua intensió; y los rogaren que vullgueren tíndreles per compañía al viache. Per lo que, sense mes paraules, ficánse de peu Pampínea, que per consanguinidat ere parenta de un de ells, se va atansá cap an ells, que estaben parats com estaquirots miránles y, saludánlos en alegre gesto, los va fé manifesta la seua intensió y los va rogá en nom de totes que en puro y fraternal ánimo vullgueren tíndreles com a compañía. Los joves van creure primé que los fee la burla, pero después van vore que la dama parlabe en serio y van declará alegremen que estaben preparats, y sense mes tardansa, van doná órdens del que s´habíe de fé per a prepará la partida. Y ordenadamen fen prepará totes les coses oportunes y enviades aon ells volíen aná, en son demá de matí, aixó es, en dimecres, al clarejá lo día, les dones en algunes de les seues criades y los tres joves en tres dels seus criats, eixín de la siudat, se van ficá en camí, y no mes de dos milles se habíen alluñat de ella cuan van arribá al puesto primé dessidit. Estabe tal puesto a lo alt de una montañeta, per tot arreu una mica separat dels camíns, ñabíen diferéns arbustos, abrets, ábres y plantes, tots y totes verts y verdes, frondosos y frondoses y agradables de mirá; a la punta del puch ñabíe una masada en un gran y hermós pati al mich, y en galeríes y en sales y en alcobes totes elles bellíssimes y adornades en alegres pintures dignes de sé mirades, en pradets al voltán y en jardíns maravillosos y en pous de aigua fresquíssima y en bodegues plenes de pressiats vins: coses mes apropiades per als bons bebedós que per a les sobries pero no abstémies y honrades dones. La masada, ben agranada y en les alcobes y los llits fets, y plena de cuantes flos se podíen trobá a la estassió, y alfombrada en rames de jungs escampadetes, va ressibí la compañía que arribabe. Y al reunís per primera vegada, va di Dioneo, que mes que cap atre jove ere agradable y ple de ingenio:

- Siñores, la vostra discressió mes que la nostra previssió mos ha guiát aquí; yo no sé qué es lo que intentéu fé als vostres pensaméns: los meus los hay dixát yo a dins de les portes de la siudat cuan en vatres hay eixit de ella, y per naixó o vatres tos disposéu a entretíndretos y a riure y a cantá en mí (tan, dic, com convé a la vostra dignidat) o me donéu llissensia per a que a per los meus pensamens men entorna y me queda an aquella siudat desolada.
A lo que Pampínea, com si s´haguere desfet de tots los seus pensamens, va contestá alegre:
- Dioneo, mol be parles: ham de viure en alegría, pos les tristeses mos han fet fugí. Pero com les coses que no tenen orden no poden durá mol tems, yo que vach sé la inissiadora de los contactes per los que se ha format esta bona compañía, pensán en la continuassió de la nostra alegría, estimo que es de nessessidat triá entre natros an algún com a prinsipal a qui honrém y faigám cas com a superió, pero que tots los seus pensaméns se dirigíxquen a fémos viure alegremen. Y per a que tots próbon lo pes de les preocupassións jun en lo plaé de la autoridat, dic que a cadaú per un día se li dono lo pes y en ell lo honor, y quí sirá lo primé de natros se faigue per elecsió de tots. Los que continuarán, al arrimás la nit, sirán aquell o aquella que vullgue lo Siñó o Siñora del día, y los Siñós, segóns lo seu arbitri, durán lo día del seu señorío, ordenarán lo modo en que ham de viure. 

Estes paraules van agradá y a una veu la van triá com a Reina del primé día, y Filomena, corrén mol depressa cap a un lloré, perque moltes vegades habíe sentit parlá de cuán honor donáe a qui ere en lloré coronat, agarrán algunes rames, va fé una guirnalda o corona ben arreglada y lay va ficá damún de la coroneta. Va sé alló, mentres va durá aquella compañía, manifest signo a tots los demés del Real Señorío y privilegio. Pampínea, feta Reina, va maná que tots callaren, y habén fet ya cridá allí als criats de los tres joves y a les seues criades; y callán tots, va di:

- Per a doná lo primé ejemplo a tots vatros, per a que la nostra compañía en orden y en plaé y sense cap deshonor vixque y duro tan com pugám, nombro primé a Pármeno, criat de Dioneo, lo meu senescal, y an ell encomano lo cuidado y la solissitut per a tota la nostra familia y lo que perteneix al servissi de la sala. Sirisco, criat de Pánfilo, vull que sigue administradó y tessorero y que seguixque les órdens de Pármeno. Tíndaro, al servissi de Filostrato y de los atres dos, que se ocupo de les seues alcobes cuan los atres, ocupats en los seus ofissis, no puguen ocupás. Misia, la meua criada, y Licisca, de Filomena, estarán seguit a la cuina y prepararán les viandes que digue Pármeno. Quimera, de Laureta, y Estratilia, de Fiameta, volém que estiguen pendentes del gobern de les alcobes de les dames y de la llimpiesa de los puestos aon estiguém. Y a tots en general, volém y los ordenám que se guardon, aon sigue que vaiguen, de consevol puesto del que tornon, consevol cosa que séntiguen o veiguen, y de portá de fora cap notíssia que no sigue alegre. -

Y donades estes órdens, eixecánse de peu, va di:
Aquí ñan jardíns, aquí ñan prats, aquí ñan atres puestos mol bons, per los que vaigue cadaú al seu gust a esparsís; y al sentí lo toque de tersia, tots estiguen aquí per a minjá a la fresca.
Despedida, pos, per la ressién Reina, la alegre compañía, los joves y les belles dones, parlán de coses agradables, en pas lento, sen van aná per un jardí fénse hermoses guirnaldes de flos y fulles y cantán amorosamen. Y después de habé passat aixina lo rato que los habíe sigut consedit per la Reina, tornán a la masada, van vore que Pármeno habíe escomensat lo seu ofissi, per lo que, al entrá a una sala de la planta baixa, allí van vore les taules parades en mantels blanquíssims y en tasses que pareixíen de plata, y totes les coses cubertes de flos y de rames de ginesta; per lo que, rentánse tot les máns, com li va apetí a la Reina, segóns lo juissi de Pármeno, tots van aná a assentás. Les viandes delicadamen fetes van arribá y van sé escansiats vins finíssims, y en silénsio los tres criats van serví les taules. Alegrats tots per estes coses, que eren hermoses y ordenades, en plassenté ingenio y en festa van minjá; y eixecades les taules, com totes les dames sabíen ballá los danzes de carola, y tamé los joves, y part de ells tocá y cantá mol be, va maná la Reina que vinguéren los instruméns: y per orden seua, Dioneo va agarrá un laúd y Fiameta una viola, y van escomensá a tocá una dansa suave. Per lo que la Reina, en les atres dames, agarránse de la má en corro en los joves, com si fore una sardana o un ball sardo, en pas lento, enviáts a minjá los criats o sirviéns, van escomensá una carola: y cuan la van acabá, van cantá cansóns amables y alegres. Y aixina van passá tan tems com a la Reina li va pareixe, antes de maná que sen teníen que aná a dormí; donán a tots llisénsia, los tres joves a les seus alcobes, separades de les de les mosses, sen van aná. En los llits ben fets y tot ple de flos com la sala se van trobá. Igualmén les seues les dames, per lo que, despullánse, se van gitá a dormí.
No fée mol que habíe sonat nona cuan la Reina, eixecánse, va fé eixecás a tots los demés, afirmán que ere roín dormí massa de día. Van amorsá be y van passá lo rato, y después sen van aná a un prat aon la herba ere verda y alta y lo sol no podíe entrá ni per cap regata; y allí, aon se sentíe un suave airet, tots se van assentá en corro sobre la verda herba tal com la Reina va volé. Y ella los va di:
- Com veéu, lo sol está alt y la caló ya aprete, y res se sen mes que les chicharres als olivés o les oliveres, per lo que aná ara a consevol puesto siríe sense duda tontería. Aquí estem be y fresquets, y ñan, com veéu, tableros y pésses de ajedrez, y cadaú pot, segóns lo que al seu ánimo li dono mes plaé, chalá. Pero si tos vinguere en gana, podríem contámos cuentos y aixina passaríem esta calenta part del día. Cuan haigáu acabat tots de contá una história cadaú, lo sol ya haurá baixat y haurá menguat la caló, y podríem aná a entretíndemos aon mes gust mos dono; y per naixó, si aixó que hay dit tos agrade (ya que estic disposada a seguí lo vostre gust), fému; y si no tos apetiguere, que faigue cadaú lo que mes li agrado hasta la hora de véspres. Les dones y tots los homes van alabá lo novelá.

- Entonses - va di la Reina - , si tos apetix, an esta primera jornada vull que cadaú parlo del que mes li chauche.
Y girada cap a Pánfilo, que estabe assentat a la seua dreta, amablemen li va di que en una de les seues históries escomensare; y Pánfilo, sentit lo mandato, rápidamen, y sén escoltat per tots, va escomensá aixina:

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Lo Decamerón en chapurriau