SAN SEBASTIÁN VA LIBERÁ DE LA LEPRA A FAYÓ (SIGLO XIV. FAYÓ)
Traducsió de una leyenda de Agustín Ubieto Arteta, germá de Antonio.
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SAN SEBASTIÁN VA LIBERÁ DE LA LEPRA A FAYÓ (SIGLO XIV. FAYÓ)
Traducsió de una leyenda de Agustín Ubieto Arteta, germá de Antonio.
Capítul VIII.
Humanidat y liberalidat (caridat) de Pedro Saputo.
Fort es sempre lo bon ejemplo, y mes cuan ve de persones de autoridat o de mol favor al poble, o mol volgudes o de compañs. Pero cuan som chiquets tot u fem per imitassió perque mos falte lo auxilio de la reflexió y de la experiensia, y se vol fé tot lo que se veu, sen per atra part la nostra espessie natural y essensialmén imitadora. Lo perillós ejemple que Pedro Saputo donáe als sagals del poble puján als tellats y parets va sé caussa de algunes desgrassies, sense que les pugueren evitá en prevensions ni castics ni los pares mes selosos. Als chiquets en passá de cuatre o sing añs ningú los guarde, una vegá la han cavilat ya han fet una travessura o malesa, y ningú pot tampoc previndre ni adiviná los perills als que se exposen aon y com menos se pense.
Estáen un domenche per la tarde codoleján gossos a les eres uns cuans sagals, entre ells Pedro Saputo, y ñabíe una turba de sagales cantán y triscán a un atra era; cuan de repén se va pará tot aquell estrapalussi y se va vore escapá a les sagales cap al poble, no sentinse cap gos ni cap veu mes que los plos de una criada del hidalgo de la plassa (lo de la cantonera). Ella, desesperada y toquiñanse los pels, cridáe demanán auxilio. Van aná allá los sagals, y una filla del hidalgo de uns nau o deu añs de edat, mol traviessa o carnussa y arriesgada, s´habíe estossolat caén del tellat de una pallissa, y pegán en lo cap a unes pedres s´habíe quedat morta de la caiguda. En cuan van sentí 'está morta', van arrencá tots los sagals a corre dixán sol a Pedro en la criada que invocabe a tots los sans y virgens del sel, no tan pera que tornaren a la vida a la chiqueta, com pera que la liberaren de vore lo semblán rigurós y vengatiu dels seus amos.
Pedro va fé en la sagala lo que habíe vist fé atres vegades pera recuperá als que patíen algún desmayo, pos va vore que sol estáe estamordida, y poc a poc va aná tornán en sí. Escomensáe la pobra a queixás en tals crits, que la criada va pensá que teníe chafats tots los ossos del seu cos: y plorán y dessichanli la mort sen va aná cap a casa de sons pares (que eren del poble) y se va quedá ell sol en la chiqueta... No teníe asclats tots los ossos del seu cos, ni la mitat, pero sí un bras, aboñat y ubert lo cap, queixoses atres moltes parts. Lo compasiu Pedro la va aná tentán pera alsala, y al final en sumo tiento y suavidat la va agarrá y se la va emportá a casa seua entre molta gen que per curiosidat y llástima lo van seguí pels carrés. No estáen sons pares a casa, que habíen eixit a passejá per un atre camí; pero lo ven los va portá la notissia y al momén estáen al costat de sa filla y en ells lo facultatiu. Va ñabé mols ays y plos, va ñabé desmayos; al final a dures penes y crits pelats que partíen lo cor, va quedá curada, emparchada y apedassada, y se van assossegá tots pera plorá mes desahogadamén y informás de les sircunstansies de la desgrassia y del descuido de la criada a qui habíen encomanat a la chiqueta. En tot va fé Pedro lo milló que va pugué: y com lo hidalgo va vore que en mich de la relassió se li bañáen los ulls, va dixá ell corre libremen les seues llágrimes, y juntamén en la seua dona li va doná les grassies per aquell bon ofissi que habíe fet a sa filla, oferinli casa y favor, y roganli que no olvidare a la pobreta de Eulalia, que la vinguere a vore pera donali forses y consolals a tots. Pedro estáe tendre y se rentáe la sang que portáe a les mans y a la roba. La mateixa siñora de casa va di entre llágrimes, ¡ay sang de la meua filla!, ¡ay sang de la meua filla!, se va despedí cortés y afablemen perque ere ya tart, y sen va aná a casa de sa padrina aon sa mare habíe dit que vinguere.
Mentres la chiqueta Eulalia (que així se díe) va está al llit la visitabe tots los díes; pero cuan ya se eixecáe, cuan ya estáe mol adelantada la seua cura, que en poc tems va quedá perfectamen sana, fora de alguna dificultat (que tamé se va corregí después) al bras pera serts movimens, va pará de aná a vórela, perque les seues visites eren de sola humanidat y a part de cumplimén. Als tres o cuatre díes va enviá lo hidalgo a una criada a preguntá si teníe novedat, y sabén que no, va aná ell mateix a casa de Pedro Saputo, y com si tratare en un home de mes edat y de algún respecte li va torná a doná les grassies per lo que habíe fet en sa filla, y de part de ella, de la seua dona y de la seua li va rogá se serviguere honráls en la seua visita.
Y va afegí, tocán lo pun mes delicat, que si a sa mare li habíe fet a un atre tems una advertensia, creguere que va sé per dessich de vórel home de profit, ignorán entonses que u fore de tan. An esta satisfacsió y comedimén va contestá Pedro en un atra milló, dién al hidalgo, que lo que habíe fet en sa filla no mereixíe tantes grassies, y que ben pagat estáe en la honra que aquella humilde casa ressibíe habense ell dignat a vindre an ella. Van passá encara atres cumplimens entre ells; y pel matí en son demá va aná Pedro a visitá a Eulalia, continuán ya desde entonses; se habíe engendrat entre los dos una amistat tan íntima que en lo tems va sé un atra cosa, y ni ells ni dingú va pugué remediáu.
Pero lo que mes brilláe al chiquet Pedro Saputo ere la caridat. Tots los del poble u sabíen; y si al carré li demanáen algo los atres sagals ya se u habíen repartit tot; y a vegades sense demanáu. Als pobres los donáe cuan podíe ñabé, y hasta la roba que portáe si los veíe fets un acsiomo y fée fret. Ell mateix cuan va arribá a la edat de mes coneiximén va habé de corregí lo vissi de la seua solidaridat. Se va atreví una vegada sa mare a renegál; y ell en molta grassia li va contestá:
- Aixó es siñal de rics; lo fill de una rentadora no té que sé agarrat ni viure en l´alma arrugada. L´agarramén, siñora mare, no dixe vore la hermosura del sol ni la grandesa de la terra. Lo preto no coneix a Deu, ni Deu encara que vullgue li pot fé mersé, perque es incapás dels seus benefissis. Sense cante pera portá l´aigua, ¿a qué aniríe a la fon? ¿Sabéu mare, a quí penso yo que aburriríen los angels si pugueren despressiá an algú? Pos es als pussilánimes y als desconfiats. La rogo mol de veres que sigáu magnánima de cor, no estorbéu la generosidat del vol en que yo abarco lo món, y encara me pareix menut.
Original en castellá:
Capítulo VIII.
Humanidad y liberalidad de Pedro Saputo.
Fuerte es siempre el buen ejemplo, y más cuando viene de personas de autoridad o de mucho favor en el pueblo, o muy queridas o de compañeros. Pero en la niñez todo lo hacemos por imitación porque falta el auxilio de la reflexión y de la experiencia, y si se quiere hacer todo lo que se ve, siendo por otra parte nuestra especie natural y esencialmente imitadora. El peligroso ejemplo que Pedro Saputo daba a los muchachos del pueblo subiendo tejados y paredes fue causa de algunas desgracias, sin que las pudiesen evitar con prevenciones ni castigos aun los padres más celosos. A los niños en pasando de cuatro o cinco años nadie los guarda, porque a una vuelta de cabeza han concebido y hecho una travesura, y nadie puede tampoco precaver ni adivinar los peligros en que se ponen donde y como menos se piensa.
Estaban un domingo por la tarde tirando al canto en las eras unos cuantos muchachos, entre ellos Pedro Saputo, y había una turba de muchachas cantando y triscando en otra era; cuando de repente cesó todo aquel bullicio y se vio huir a las muchachas hacia el pueblo, no oyéndose más canto ni voz que los lamentos de una criada del hidalgo de la plaza (el de la reconvención a la madre de Pedro Saputo), la cual desesperada y mesándose los cabellos, daba grandes voces pidiendo auxilio. Fueron allá los muchachos, y una hija del hidalgo de unos nueve o diez años de edad, muy traviesa y arriscada, se había caído del tejado de un pajar, y dando de cabeza en unas piedras que había quedado muerta de la caída. Lo mismo fue oír de muerta, echaron a correr todos aquellos rapaces dejando solo a Pedro con la criada que invocaba a todos los santos y vírgenes del cielo, no tanto para que volviesen a la vida a la niña, como para que librasen de ver el semblante riguroso y vengativo de sus amos. Pedro hizo con la muchacha lo que había visto hacer otras veces para recordar a los que padecían algún desmayo, pues conoció que sólo estaba aturdida, y poco a poco fue volviendo en sí, comenzaba la pobre a quejarse con tales gritos, que la criada pensó que tenía rotos los huesos de su cuerpo: y llorando y deseándole la muerte se fue a casa de sus padres (que era del pueblo) y quedó él solo con la niña... No tenía rotos todos los huesos de su cuerpo, ni la mitad, pero sí un brazo, abollada y abierta la cabeza, quejosas otras muchas partes. El compasivo Pedro la fue tentando para levantarla, y al fin con sumo tiento y suavidad y formándole andas con las manos la tomó y llevó a su casa entre muchas gentes que por curiosidad y lástima le siguieron en las calles. No estaban los padres en casa, que habían salido a pasear por otro camino; pero el viento les llevó la noticia y al punto estuvieron al lado de su hija y con ellos el facultativo. Hubo muchos ayes y lloros, hubo desmayos; al fin a malas penas y vivos gritos que partían el corazón, quedó curada, emparchada y bizmada, y se sosegaron todos para llorar más desahogadamente e informarse de las circunstancias de la desgracia y del descuido de la criada a quien encomendaron la niña. A todo satisfizo Pedro lo mejor que pudo: y como el hidalgo viese que en medio de la relación se le arrasaban los ojos, dejó él correr libremente sus lágrimas, y juntamente con su esposa le dio gracias por aquel buen oficio que había hecho a su hija, ofreciéndole casa y favor, y rogándole que no olvidase a la pobrecilla de Eulalia, sino que la viniese a ver para dalle esfuerzo y consolallos a todos. Pedro, enternecido y lavándose de la sangre que había recibido en las manos y vestido, en cuyo oficio le sirvió la misma señora de casa diciendo con muchas lágrimas, ¡ay sangre de mi hija!, ¡ay sangre de mi hija!, se despidió cortés y afablemente porque era ya tarde, y se fue a casa de su madrina adonde su madre había dicho que viniese.
Mientras la niña Eulalia (que así se llamaba) estuvo en cama y de cuidado la visitaba todos los días; mas cuando ya se levantaba, cuando ya estuvo muy adelantada en su curación, que en poco tiempo quedó perfectamente sana, fuera de alguna dificultad (que también se corrigió después) en el brazo para ciertos movimientos, cesó de ir a verla, porque sus visitas eran de sola humanidad y en parte de cumplimiento. A los tres o cuatro días mandó el hidalgo una criada a preguntar si tenía novedad, y sabiendo que no, fue él mismo a casa de Pedro Saputo, y como si tratase con hombre de más edad y de algún respeto le dio de nuevo las gracias por lo que hiciera con su hija, y de parte de ella, de su esposa y suya le rogó se sirviese honrallos con su visita. Y añadió, tocando el punto más delicado, que si a su madre le habían hecho en otro tiempo una advertencia, creyese que fue por deseo de verle hombre de provecho, ignorándose entonces todavía que lo fuese de tanto. A esta satisfacción y comedimiento respondió Pedro con otro mejor, diciendo al hidalgo, que lo que hiciera con su hija no merecía tantas gracias, y que harto pagado estaba con la honra que aquella humilde casa recibía habiéndose él dignado de venir a ella. Pasaron aún otros cumplimientos entre ellos; y por la mañana al día siguiente fue Pedro a visitar a Eulalia, continuando ya siempre en adelante; de que se engendró entre los dos una amistad tan íntima que con el tiempo fue otra cosa, y ni ellos ni nadie pudo remediarlo.
Pero lo que más brillaba en el niño Pedro Saputo era la liberalidad. Regalábanle a porfía todos los del pueblo; y como en la calle le pidiesen algo otros muchachos ya se lo había repartido todo; y a veces sin pedírselo. A los pobres les daba cuanto podía haber, y aun la ropa de encima si los veía desarropados y hacía frío. Él mismo cuando llegó a edad de más conocimiento hubo de corregir el vicio de su dadivosidad, y con estudio y discreción ejercitar una virtud en que también cabe demasía y vicio verdadero. Atrevióse una vez su madre a reprendérselo; y él con mucha gracia le contestó: - Eso es señal de ricos; el hijo de una lavandera no debe ser escaso ni vivir con el alma arrugada. El encogimiento, señora madre, no deja ver la hermosura del sol ni la grandeza de la tierra. El encogido no conoce a Dios, ni Dios casi aunque quiera le puede hacer merced, porque es incapaz de sus beneficios. Sin vaso para llevar el agua, ¿a qué iría a la fuente? ¿Sabéis madre, a quién pienso yo que aborrecerían los ángeles si pudiesen aborrecer a alguno? Pues es a los pusilánimes y a los desconfiados. Ruégoos muy de veras que seáis magnánima de corazón, si no vais a acuitar mi vida, o a estorbar la generosidad del vuelo con que yo abarco el universo mundo, y aun me parece pequeño.
Any LIV. - Batallada 2791 Barcelona 16 Desembre de 1922
La Campana de Gracia
donará al menos una batallada cada senmana
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Antoni López, editor
(Antiga casa I. López Bernagosi)
AQUEST NÚMERO 10 CÉNTIMS PER TOT ESPANYA.
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L'ESPASA DE DAMOCLES.
(N. E. “Responsabilitats”
Expedient Picasso.
En García Prieto. - Aquesta eina em dóna calfred, fins la somnio a la nit.)
(N. E. Página 2.)
La farsa de Madrid.
Les darreres escenes de la comèdia que està representant-se a la capital espanyola sota el títol de “Les Responsabilitats”, han fet algun efecte sobre el públic, especialment el dels pisos alts. Però l' espectador serè ha de reconèixer que aquesta obra, a despit d' haver estat molt assajada i d' haver-se pintat expressament algunes decoracions, acabaran xiulant d'una manera desesperada.
En obres d'aquesta mena, l'única cosa interessant és el desenllaç. I tot indica que el desenllaç de “Les Responsabilitats” serà d'una buidor intolerable. Acabarà, segurament, amb l'evaporació pràctica de les acusacions i amb la impunitat dels culpables. Per a arribar a aquest resultat estan d'acord els homes del règim i fins alguns que no són oficialment del règim. Fins sospitem que el terrible senyor Prieto, que pujant dalt d'un pupitre del Congrés va dir aquelles paraules contra la Fatalitat, ha acceptat el paper de fiscal en el repartiment de l'obra, sabent ja per endavant que tots els crits s'esbravarien i que devegades els que més criden són els que menys fan.
Ha caigut un Govern i n'ha pujat un altre. Hi ha certa gent que's creu que amb això ja n'hi ha prou. Es veu d'una hora lluny que els lliberals tenen tan poques ganes, com els conservadors, d'exigir de debó les responsabilitats. Darrera d'aquesta paraula d'actualitat hi ha totes les ambicions, totes les travetes i totes les misèries de la política espanyola. L'actitud més noble i més digna és la que aquesta vegada ha adoptat Catalunya, quieta i silenciosa davant la bellugadissa i els crits efímers que a Espanya s'han produït. En aquesta gran farsa, Catalunya no hi vol tenir cap paper. Ella prepara una altra obra de més força per a salvar el seu ideal i els seus interessos enmig de l'enfonsament vergonyós de l'empostissat espanyol.
La violéncia.
Hi han hagut noves temptatives de violència i nous atemptats, i els conservadors s'han apressat a dir: Ja ho dèiem nosaltres. Nosaltres, lliberals, hem respost: Doncs s'ha d'estrangular aquest retorn a la violència personal i estèril.
No creiem en el retorn de les passades violències, perquè fou trencat l'ambient de violència. Els nostres obrers no reaccionaren contra les insistents agressions que feien víctimes als patrons. No s'aprovava, però no's condemnava. Eren patrons els que queien, i què tenien ells que veure amb els patrons? Arribada la repressió, foren obrers els caiguts, sindicalistes notoris o perillosos i, aleshores, els patrons i els acomodatius, respongueren: Què tenim nosaltres que veure amb els sindicalistes? Tots, obrers i patrons, no pensaven que tots hi tenien que veure amb aquelles transgressions de les normes jurídiques i humanes, perquè a l'acció succeiria la reacció, i an aquesta l'acció altra volta, sense que cap ideal, ni el de l'ordre, ni el de la justícia, obtingués cap guany.
Però, al retornar a la vida pública i legal els sindicats, declararen la seva decisió d'esmenar vells errors. Els patrons i els conservadors, al seu torn, comprovaren que les reaccions més implacables no solucionen res. Es la frase d'En Delescluze, al caure en les barricades de la Comunne: “Mateu-nos a tots perquè sinó, tornarem a recomençar”. Ne mataren vint mil. Ne deportaren i exiliaren altres vint mil. Als pocs anys, el poble tornava a anar al mur dels federats, a glorificar an els fusellats. Però lo que no aconseguí el Gallifet, lo que no lograren els tribunals militars de Versalles, ho lograren els doctrinaris de l'ordre democràtic i els teoritzadors de la tradició. El comunisme no ha arrelat a França, però la república burgesa pot mostrar les mans netes de sang.
La lliçó d'aquests dos darrers anys pot ésser doble lliçó per als manuals i per als possessors, perquè per a tots dos ha estat estèril la violència. Hem de suposar que els que pretenen tornar a la tragèdia són voluntats escaduceres, però així i tot, les organitzacions obreres, totes les organitzacions deuen eliminar-les, com deuen tots sostenir l'actual ambient de serenitat.
No deuen retornar aquells dies horribles, se sang quotidiana. Tots hem sofert massa per no aixecar-nos, amb unanimitat ciutadana, imposant el respecte a la vida i a la llibertat d'associació. Tots hem de cridar que la vulneració d'aquest respecte, pot conduir-nos a una nova vulneració de totes les lleis. No's dilucida una preponderància obrera. Es la mateixa llibertat la que està en plet.
PARADOX.
¿Deben los obreros intervenir en la política?
Tal es el problema que se ha planteado y debatido en el diario El Diluvio de días pasados.
Las circunstancias de haber estado ausente de Barcelona casi todo este tiempo, el que se ha empleado en debatir el problema, me ha impedido seguir, como hubiera sido mi deseo, las incidencias de la discusión, lo que me daría margen a que ahora pudiera terciar en ella, rebatiendo o ratificando el criterio sustentado por los camaradas y amigos que han terciado y expuesto lo que pensaban en tan interesante cuestión.
Pero si no podemos opinar ni discutir acerca de lo manifestado por los camaradas que han intervenido, podremos, al menos, exponer nuestra modesta opinión, por lo que ella valga y por lo que pueda esclarecer el asunto que se debate.
Creemos que el problema ha sido mal planteado, es decir, enfocado torcidamente.
¿Deben los obreros intervenir en la política? Pueden hacerlo, si quieren; si tal es su voluntad, aunque personalmente creamos que no, por lo infecunda que resultaría su actuación.
¿Debe la Confederación Nacional del Trabajo y correlativamente todas las organizaciones que la integran intervenir en la lucha política? De ningún modo. Ni la Confederación, ni los organismos que la integran pueden ni deben intervenir en la política. ¿Por qué?
Por muchísimas razones, por variadísimas razones; pero la que más interesa, la razón que emerge y se destaca sobre todas las demás es la de que, desde el momento que la Confederación interviniera en las luchas políticas, perdería una de sus más preciadas características, a más de contribuir a su propia desorganización, a quebrantar sus fuerzas, a dividirlas. No escapa a la consideración de todos, que las organizaciones de la Confederación están integradas por elementos heterogéneos, muchos de ellos militantes en partidos políticos que actúan en la vida política. Resultaría, pues, que en el momento en que la Confederación interviniera en la lucha política, estos obreros se desintegrarían de ella para ayudar al partido de que forman parte, ya que la Confederación al pedirles que votaran por los candidatos de la organización, los pondría en la disyuntiva de ponerse enfrente del partido político que integran, y al que es seguro no abandonarían desoyendo, en cambio, las peticiones que la organización obrera les dirigiese, de lo que resultaría un dualismo peligroso para la acción común de las clases trabajadoras frente a la explotación de que se les hace víctimas.
Esto y el que consideremos infecunda la acción parlamentaria de los trabajadores, es lo que nos lleva a considerar también perniciosa la intervención de las organizaciones de los trabajadores en la política.
Ahora bien; el que los trabajadores como tales, como ciudadanos y como individuos intervengan en la lucha política, lo repetimos, nos parece obra infecunda, estéril, sin resultados prácticos ni positivos, pero son libres de intervenir o no intervenir.
Más que otra cosa es cuestión de educación, de confianza y de convicción; y como nosotros la convicción y la confianza en la lucha la hemos perdido, y como la educación social recibida es otra, y la historia y los hechos están en concordancia con esa educación, es por lo que no aceptamos la intervención de las organizaciones sindicales en la lucha política.
A. PESTAÑA.
L' A B C parla molt bé.
Ben segur que l'autor de l'article que diumenge passat publicà el diari de més circulació a Espanya, A B C, es creia que les seves afirmacions cantelludes i punxagudes causarien a Catalunya un efecte terrible. L'òrgan del senyor Luca de Tena amenaçava els catalans amb treure'ls la protecció dels Aranzels espanyols. “Voleu la llibertat de Catalunya? venia a dir l'al·ludit article, doncs l'haureu de pendre tota i la vostra independència implicarà l'existència de Duanes a la futura frontera catalano-espanyola; i així perdrà l'indústria del vostre país el gran mercat d'Espanya”.
Davant d'aquesta amenaça, A B C devia suposar que els catalans, posats a triar entre la llibertat i l'Aranzel, es decantarien per aquest i que am grans plors i de genolls en terra demanarien al senyor Luca de Tena, per l'amor de Déu, que no els expulsi d'Espanya, que no els tregui la protecció aranzelària que els concedeix l'Estat espanyol. Això representa l'adaptació castellana de la famosa frase dels vells catalanistes: o tot o res. Si els catalans volen llibertat, no han d'aturar-se a l'autonomia. Han de arribar fins a l'independència. Si no accepten el Govern d'Espanya i dels espanyols, tampoc han d'acceptar el (els) seus diners.
Heu's aquí, doncs, que l'A B C ens amenaça amb expulsar Catalunya de l'Estat espanyol. Diu que els explotem, que els deshonrem, que els xuclem la sang i els robem els diners. I, és clar, si damunt d'això encara demanem l'autonomia, els castellans troben que fan un pèssim negoci. Més val que ens separem, sense anar a una guerra civil, i que cadascú s'apanyi a casa seva.
Nosaltres trobem que l'A B C quan parla així, parla molt bé. Llàstima que no parlin de la mateixa manera tots els polítics i en general tots els castellans. Si el diari del senyor Luca de Tena ha cregut que amb la seva tesi ens esporuguia, s'ha equivocat de mig a mig. Una vegada més queda comprovat que la gent de Madrid desconeix l'estat d'ànim del poble català. Avui l'amenaça de l'A B C fa a Catalunya, fins a gran part dels elements econòmics catalans, el mateix efecte que si els amenacesin amb adjudicar-los la grossa de Nadal. Ells s'ho han cregut de debó que ens protegeixen i ens mantenen. Doncs poden tenir per cert que si el dilema de A B C se'l fessin seu oficialment els castellans, tindria a Catalunya un èxit immediat i esplèndid. Si renunciessin a oposar-se per la força, com anúncia el diari madrileny, a la llibertat de Catalunya, els estimaríem més que mai, els diríem germans i els convidaríem de bon cor a les festes solemnials que organitzaríem per a celebrar la proclamació de la República catalana.
FULMEN.
Possibilitats.
Lo Camí a Amazon (tapa blana)
V.
Es
verdat que la Pesteta gran se habíe guañat lo seu mote per la seua
careta redona y coloradeta y lo seu carácter picán y agre com lo
aiguardén. Per afegit ere una bachillera. Y a les bachilleres no los
ve mal tot lo que los caigue damún. No teníe cap dret de tratá de
dominá al poble. Lo poble volíe sé libre, independén, y an ella
ni li anabe ni li veníe, ni li fotíe res, a final de cuentes, si
Pancho creíe o no creíe en Deu, si Paco, lo ferré, ere abstemio o
bebíe vi, o si son pare de Daniel, lo Mussol, fée lo formache en
les mans llimpies o en les ungles brutes. Si aixó li fée escrúpol,
que no se minjare lo seu formache y assunto acabat. Daniel, lo
Mussol, no creíe que lo que la Pesteta gran fée sigueren actes de
una bona dona. Los bons eren los demés que li aguantaben les seues
impertinensies y hasta la van nombrá pressidenta de varies
assossiassións piadoses.
La Pesteta gran ere un esperpento y un
escursó. Antonio, lo Buche, teníe tota la raó al di aixó, encara
que lo Buche pensabe mes, al fallá aixina, en la competensia
comersial que li fée la Pesteta, que en los seus defectes físics y
morals. La Pesteta gran, no obstán lo coló roch de la seua pell,
ere alta y seca com una cucaña, encara que no tinguere, com esta,
sing duros a la punta. Total, que la Pesteta no teníe res, apart de
uns nassos mol dessarrollats, un afán inmoderat o sense cap
moderassió de fótres a la vida dels demés y un variat y sempre
renovat repertori de escrúpols de consiensia.
A don José, lo
mossen, que ere un gran san, lo portabe de vólit.
- Miro vosté, don José - li díe, consevol día, un minut abáns de escomensá la missa -, anit no vach pugué dormí pensán que si Cristo al Monte dels Olivés se va quedá sol y los apóstols se van adormí, ¿quí va vore que lo Redentó suáe sang?
Don José ajuntabe los ullets, penetráns com agulles de cap:
- Tranquilisa la teua consiensia, filla; eixes coses les coneixem per revelassió.
La Pesteta gran ploriquejabe y fen cuatre pucheros, díe:
- ¿Creu vosté, don José, que podré combregá tranquila habén pensat eixes coses?
Don José, lo mossen, teníe que traure tota la passiensia de Job pera soportála:
- Si no tens datres faltes pots féu.
Y aixina un día y un atre.
-
Don José, anit no vach pegá l´ull donánli voltes al assunto de
Pancho.
¿Cóm pot ressibí este home lo sacramén del matrimoni
si no creu en Deu?
Y unes hores después:
- Don José, no sé si me podrá absoldre vosté. Ahir domenge vach lligí un llibre pecaminós que parlabe de les religións de Inglaterra. Los protestáns están allí en franca majoría. ¿Creu vosté, don José, que si yo haguera naixcut a Inglaterra, haguera sigut protestán?
Don José, lo mossen, tragabe saliva:
- No siríe difíssil, filla.
- Entonses me acuso, pare, de que podría sé protestán de habé naixcut a Inglaterra.
Doña
Lola, la Pesteta gran, teníe trenta nou añs cuan Daniel, lo Mussol,
va naixe.
Tres añs después, lo siñó la va castigá en lo que
mes podíe dóldreli. Pero no es menos sert que la Pesteta gran se va
imposá al seu doló en la rigidés y destemplansa en que solíe
imposás als seus conveíns. Lo fet de que a doña Lola se la
coneguere per la Pesteta gran ya fa pensá que ñagueren datres
Pestetes mes menudes. Y aixina ere; les Pestetes ne habíen sigut
tres, encara que ara sol ne quedaren dos: la gran y la menuda; les
dos Pestetes. Eren filles de un guardia sivil, durán mols añs jefe
al poble. Al morí lo guardia, que, segóns les males llengües, que
may ne falten, se va morí de pena per no tindre un fill mascle, va
dixá uns ahorrets en los que les seues filles van obrí una tenda.
Lo sargento va morí a un tems al que un subofissial de la
Guardia Sivil podíe, en lo seu jornal, viure discretamen y encara
aforrá una mica. Desde la mort del guardia - la seua dona ya se
habíe mort fée añs - Lola, la Pesteta gran, se va fé cárrec de
les riendes de la casa. Se va imposá a san germanes per edat y per
estatura.
Daniel, lo Mussol, sol va coneixe a dos Pestetes, pero segóns habíe sentit di al poble, la tersera va sé un mun de ossos com elles y, a la seua época, va resultá un problema difíssil diferensiáles sense efectuá, previamen, un minussiós análisis. Res de assó desmentix que les dos Pestetes menudes li faigueren passá, en vida, a san germana gran un verdadé purgatori. La del mich ere dixada y dropa y lo seu carácter y manera de sé trassendíe al poble que, per los crits y estridéns rebomboris que a tota hora eixíen de la trastenda y de la casa de les Pestetes, seguíe la roína, y tirán a pijó, situassió de les relassións fraternals. Assó sí, díen al poble y debíe sé verdat perque u díen tots, que mentres les tres Pestetes van viure juntes may se les va vore faltá un día a la missa de vuit que don José, lo mossen, que ere un gran san, díe a la parroquia, dabán del altá de San Roc. Cap allí caminaben, tiesses y pites, les tres, faiguere fred, ploguere a cabassades o tronare. Ademés marchaben acompassades, marcán lo pas, perque son pare, apart dels ahorrets, les va dixá a les filles en herensia un mol despert y pressís sentit del ritmo militá y atres virtuts castrenses.
Un-dos,
un-dos, un-dos; cap a missa marchaben les tres Pestetes, en los seus
pits secs, les seues caderes esmirriades y la seua soberbia estatura
o alsada, camí de la iglesia, en los vels lligats en un nugo deball
de la barbilla y lo breviari deball de un bras.
Un ivern, la del
mich, Elena, se va morí. Se va apagá un matí fosc y plovinós de
desembre. Cuan la gen va acudí a donáls lo péssame a les dos
germanes superviviéns, la Pesteta gran se santiguabe y repetíe:
-
Deu u sap tot y es just en les seues dessisións; se ha emportat lo mes inútil de la familia. Donémli grassies. Ya al sementeriet tocán
a la iglesia, cuan tapaben en dos tarrossos de terra lo cos descarnat
de la Elena - la Pesteta del mich -, unes plañideres o ploradores
van escomensá a gañolá.
La Pesteta gran se va encará en
elles, aspra y digna y destemplada:
- No la ploréu - va di -; s´ha mort de dessidia.
Y,
desde entonses, lo trío se va convertí en dúo y a la missa de vuit
que don José, lo mossen, que ere un gran san, resabe dabán del altá
de San Roc, se trobabe a faltá lo afilat y justet volumen de la
Pesteta difunta. Pero va sé encara pijó lo que li va passá a la
Pesteta menuda. A fin de cuentes lo de la del mich va sé dessignio
de Deu, mentres que lo de l´atra va sé una fluixesa de la carn y
per tan degut al seu libre y despreocupat albedrío. Allabonses se va
establí al poble la sucursaleta del bang que ara rematabe un dels
costats de la plassa. En lo directó va arribá tamé un ofissialet
ben plantat y ben vestit al que sol per vóreli la cara de prop, a
través de la finestreta, li portaben los ahorros les veínes del
carré. Va sé un bon cuquet lo que va fé aná lo bang pera pessigá
esta clientela a la ratera. Un prossedimén que consevol finansié de
talla no haguere asseptat, pero que al poble va rendí uns ressultats
formidables. Tan va sé que Ramón, lo fill del apotecari, que
escomensabe entonses los seus estudis jurídics, se va lamentá no
está en condissións encara de elaborá la seua tessis doctoral, que
haguere fet mol a gust sobre lo original tema "La influensia de
un personal escrupulosamen triat a les economíes de un poble".
En lo de "economíes" se referíe a "ahorros" y
en lo de "poble", concretamen, a la seua "aldeeta".
Lo que passabe es que sonabe mol be alló de "economía de un
poble" y li donabe al seu hipotétic treball, y encara que ell u
díe en broma, mes altura y un alcáns mol mes ample. En la arribada
de Dimas, lo ofissialet del bang, los pares y los mossos vells del
poble se van ficá en guardia.
Don José, lo mossen, que ere un
gran san, va parlá moltes vegades en don Dimas, apuntánli les grans
consecuénsies que lo seu bigot podríe portáli al poble, pera be o
pera mal. La assiduidat o frecuensia en la que lo mossen y don Dimas
se entrevistaben va menguá bastán lo ressel dels pares y mossos
vells y hasta la Pesteta menuda va considerá que no ere imprudén ni
irreligiós dixás acompañá, de cuan en cuan, per don Dimas, encara
que san germana gran, extremán la prudensia, la censurare a crits
en "lo teu libertinaje y descoco són notoris". Lo sert
es que a la Pesteta menuda, que hasta entonses li pareixíe aquella
vall una presó vuida y sense llum, se li va obrí de repén lo
horizonte, la línia que ajunte la terra y lo sel, y sen va acatá,
per primera vegada a la seua vida, de la bellesa de les montañes
abruptes, tallades a destral, y de la poessía de la verda campiña y
de lo sugestiu que ressultabe escoltá esgarrás la nit de la valleta
per lo estridén chulit de un tren. Bobades, pero bobades que porten
una afilada trassendensia cuan se té lo cor unflat.
Una tarde,
la Pesteta menuda va torná del seu acostumat passeo abalotada:
- Maña - va di -. No sé de aón te ve eixa inquina contra Dimas. Es lo milló home que hay conegut may. Avui li hay parlat dels nostres dinés y ell me ha donat en seguida cuatre idees pera colocáls be. Li hay dit que los teníem a un bang de la siudat y que parlaríem tú y yo abáns de dessidí res.
Va aullá, escaldada, la Pesteta gran: - ¿Y ya li has dit que sol són mil duros?
Va
sonriure la Pesteta menuda pel menospreu que san germana li fée del
seu flat:
- No, naturalmen. De la sifra no li hay dit res - va
di.
Lola,
la Pesteta gran, va alsá los seus muscles ossuts en ademán de
impotensia. Después va cridá, dixán rellissá les paraules, com
per un tobogán, pel seu llarg y esmolat nas: - ¿Saps lo que te dic?
Que eixe home es un truhán que sen está enfotén de tú.
¿No
veus que tot lo poble u comente y sen enriu de la teua tontería?
Sirás tú la única que no sen acato, germana. - Va cambiá de repén
lo to de la seua veu, suavisánlo -:
tens trenta sis añs, Irene;
casi podríes sé la mare de eixe mosso. Pénsatu be.
Irene, la
Pesteta menuda, va adoptá una actitut de llevantada, de mar
abalotada.
-
Me dolen los teus ressels, Lola, pera que u sápigues - va di -. Me
fastidien les teues insinuassións. No té res de particulá, crec
yo, que se entenguen un home y una dona.
Y no signifique res que
se porton uns añs. Lo que passe es que totes les del poble,
escomensán per tú, me teníu enveja. ¡Aixó es tot!
Les dos
Pestetes se van separá en los nassos pujats. A la tarde siguién,
Cuco, lo factó, va anunsiá al poble que doña Irene, la Pesteta
menuda, y don Dimas, lo del bang, habíen agarrat lo mixto cap a la
siudat. A la Pesteta gran, al enterássen, li va pujá la sang a la
cara y li va enterbolí la raó. Se va desmayá. Va tardá mes de
sing minuts en recuperá lo sentit. Cuan u va fé, va traure de un
apolillat baúl lo traje negre que encara conservabe desde la mort de
son pare, se va embuchá en ell, y va marchá a pas ligero cap a la
rectoría.
- Don José, Deu meu, quína desgrassia mes gran - va di al entrá.
- Assosségat, serénat, filla.
Se
va assentá la Pesteta a una cadira de vime, jun a la taula del retó.
Va interrogá a don José en la mirada.
- Sí, ya u sé; lo Cuco me u ha contat tot - va contestá lo mossen.
Ella va respirá fort y les seues costelles van ressoná com si entrechocaren. Seguidamen se va llimpiá una llágrima, redona y apretada com una gota de aigua que cau de un abre.
- Escóltom en atensió, don José - va di -, ting una horrible duda. Una duda que me rossegue les entrañes. Irene, man germana, es ya una puta, ¿no es aixó?
Lo mossen se va ficá una mica colorat: - Calla, filla. No digues animalades.
Va tancá lo mossen lo breviari que estabe lligín y se va aclarí la gola, pero la seua veu va eixí, no obstán, empañada per una sorda gangossidat.
-
Escolta - va di -, no es una prostituta la dona que se entregue a un
home per amor.
La ramera es la que fa de lo seu cos y de les
grassies que Deu li ha donat un comers ilíssit; la que se entregue a
tots los homens per dinés. ¿Compréns la diferensia?
La
Pesteta va eixecá lo pit, inexorable: - Pare, de totes maneres lo
que ha fet la Irene es un gravíssim pecat, un asquerós pecat, ¿no
es sert?
- U es, filla - va contestá lo mossen -, pero no
irreparable. Crec que conec a don Dimas y no me pareix mal mosso. Se
casarán.
La Pesteta gran se va tapá los ulls en los dits descarnats y va reprimí a miges un gemec:
- Pare, pare, pero encara ña un atra cosa - va di -. A man germana la ha fet caure lo ardó de la sang. Es la seua sang la que ha pecat. Y la meua sang es la mateixa que la della. Yo podría habé fet lo mateix. Pare, pare, me acuso de aixó. De tot cor, horriblemen apenada, me arrepentixgo de aixó.
Se va eixecá don José, lo mossen, que ere un gran san, y li va tocá lo cap en los dits:
-
Ves, filla. Vésten cap a casa y tranquilísat. Tú no tens la culpa
de res. Lo de la Irene, ya u arreglarem.
Lola, la Pesteta gran,
va abandoná la rectoría. En serta manera estabe mes consolada. Per
lo camí se va repetí mil vegades que estabe obligada a expresá lo
seu doló y vergoña de manera ostensible, ya que pedre la honra
sempre es una desgrassia mes gran que pedre la vida. Influída per
esta idea, al arribá a casa, va retallá un cartonet de una caixa de
sabates, va agarrá un pinsell y en lletres nervioses va escriure:
"Tancat per deshonra". Va baixá al carré y lo va enclavá
a la porta de la tenda. La botiga, segóns li van contá a Daniel, lo
Mussol, va está tancada deu díes en les seues deu nits
consecutives.