jueves, 25 de julio de 2024

1. 4. De cóm Pedro Saputo va aná a escola.

Capítul IV.

De cóm Pedro Saputo va aná a escola.

no tots los burros porten albarda ni caminen a cuatre potes y ferrats

Un dels mes grans engañs que se patixen al món es que no tots los burros porten albarda ni caminen a cuatre potes y ferrats com hauríen, perque aixina no entropessaríe un en tans que pareixen un atra cosa. Si al menos los creixqueren les orelles, que es lo distintiu mes propi; pero ni aixó. ¡Oh qué bo que siríe! Pedro Saputo los coneixíe en sol mirals a la cara; y desde chiquet, com se va vore lo que li va di del veinet sa mare, que lo proposáe com a modelo de aplicassió de les lletres, pero ñan arts y siensies que moren en los seus autós; esta va sé una de elles. La que después han fundat los moderns fisonomistes dits servellistes o frenólogos, es un atra; lo que no veu res als ulls y a tot lo rostro, poc vorá al cráneo, y sobre aixó, que me torron viu.

En estos ejercicios y jocs va passá encara algún tems, cuan una nit después de sená y de estás un rato calladet y cavilán li va di a sa mare en ressolusió: 

- Mare, esta nit vull ditos algo bo: demá si tos pareix aniré a escola. 

- Sí, fill; sí que me pareix be, va contestá sa mare emosionada; sí que vull que vaigues a la mostra. ¡grassies a Deu! Bona nit me dones, fill: be u has dit: de goch no podré dormí. ¡Ay! Si sapigueres lo que hay patit cuan me díen que criaba a un dropo. Ara sí que estic contenta. Perque mira, fill, que soc ta mare, y estem los dos sols al món. 

- Y mos bastem, va contestá ell: los dos y lo de allá dal (siñalán al sel en la má) contra tot lo món si mos es contrari; que no u sirá mare, no, sino mol favorable.

- Miréu, mare meua: la escola es pa mol du y sense bones dens no se pot mossegá. M’han caigut los primés, ting tots los segons, y forts, y puc mossegá y minjá lo pa de la escola que com hay dit es mol du y estopeng, y no té que donás als chiquets mentres són tan tendres. Tots ploren, tots u senten mol, tots van capbaixos y se queden arguellats y apocadets, y no adelanten res o están en les primeres lletres tans añs, que sol per sé cosa corrén no es gran vergoña per an ells y per als maestres. Yo, la verdat, no sé be lo que són les lletres; pero me pareix que en poc tems hay de alcansá y passá an eixe Agustinet y a tots los que fa tres o cuatre añs que van a la escola. Ara anem al catre, y demá voréu al seu fill escomensá a sé home y séu mol depressa. Sa mare lo miráe y ploráe de goch, y donán grassies a Deu se va gitá y no va pugué dormí de alegría com habíe dit.

arguellat

Se va fé de día, pero mol abans la bona mare teníe la llum als ulls només de pensá en la ressolusió del seu fill. Se va eixecá, y cuan va tindre fet lo amorsá, va aná a despertá al chiquet Pedro, que li va demaná la roba dels díes de festa dién que aquell ere mol gran per an ell.

- Y pera ta mare tamé, va contestá ella. Y li va traure lo traje mes nou y milló; después de habé minjat un plat de migues y sense voldre pendre atra cosa va di a sa mare que lo acompañare pera dili al mestre que lo entregáe a la seua potestat y gobern.

Van arribá a les escoles, y la mare li va di al mestre que li portáe y presentáe a son fill Pedro; qui hasta aquell día no habíe tingut a be escomensá la escola perque volíe creixe y fes fort. Lo mestre sen va enriure y va contestá que admitíe en gust al chiquet Pedro per discípul, y que confiabe que en poc tems adependríe la paleta de la Jesús. En aixó sen va aná la mare, y ell se va quedá a la classe.

Aquell primé día y los dos siguiens no va fé mes que repetí los noms de les lletres com los anáen dién en veu alta los atres chiquets; pero lo cuart va preguntá al mestre si ñabíen mes lletres que aquelles; y com li va di que no, va torná a preguntá si als llibres que lligíen los chiquets adelantats ñabíen unes atres, y contestán lo mestre que ni a ixos llibres ni a tots los del món ñabíen mes lletres que aquelles, va di lo chiquet Pedro:

ni a ixos llibres ni a tots los del món ñabíen mes lletres que aquelles, va di lo chiquet Pedro

- Pos si es aixina en adependre yo estes lletres ya sabré tot lo que hay de sabé per ara.

- No, fill, va contestá lo mestre; perque después se han de ajuntá unes en atres pera formá les palaures.

- Pero en fin, va replicá Pedro, en estes se han de compondre totes.

- Sí, va di lo mestre.

- Pos be, va continuá lo chiquet: esta tarde me donaréu llissensia pera no vindre a escola, y demá tos demanaré un favor, que si mel feu, ni yo me trauré de está aquí cridán tantes hores matí y tarde, ni vosté tindrá que fé mes que dim lo que li pregunta. Li va otorgá lo mestre lo que demanáe; y aquella tarde va pendre una viola de sons yayos mich asclada y sense claus, la va desfé, va pegá a les dos taules per un costat un papé blang y sen va aná cap al tallé de un fusté. Li va demaná una regla, un llapis y una serreta fina, y tirán línies de dal a baix y de crusat a les taules, les va serrá les dos y va fé de vintissís a trenta tablilles cuadrades, les va ficá a la capucha del gabán, y sen va aná a amostrálesi a sa mare diénli que demá voríe en qué paráe alló.

En son demá per lo matí va aná a escola y va demaná al mestre que li escriguere a cada tablilla una lletra; después li va rogá que les embutiguere per orden a un filferro passanlo per un foradet que teníen, y fet tot per lo mestre li va doná les grassies y va di:

- Ara, siñó mestre, ya me avindré yo en estes lletres, perque les sé de corregut y ne coneixco o conec mol poques. Doneume llissensia y men vach a casa.

Dos díes va está a casa donán voltes a les tablilles y mirán de cuan en cuan una paleta del A. B. C., que teníe penjada a la paret, al cap dels dos díes li va di a sa mare: 

- Ya coneixco les lletres; vingue en mí a escola y vorá que no la engaño. Van aná a la escola, va fé lo mestre la proba y no ne va errá cap.

Va quedá espantat lo mestre; los chiquets lo miráen encantadets y sa mare estáe embargada de goch. Va corre la notissia al poble, y tots selebráen lo ingenio del chiquet Pedro de la pubilla, escomensán algúns a dili desde entonses Pedro Saputo, que al dialecto antic del país volíe di Pedro lo sabut; nom que se li va quedá com a propi y ya no va sé conegut per atre.

Lo van ficá a deletrechá; y fenlo escriure a un papé les sílabes soltes a un costat, y al atre lo vocablo que componíen, en sing díes va adependre a llichí, habense perfecsionat del tot en catorse desde lo primé en que va aná a escola.

Lo burro mort.

Original en castellá:

Capítulo IV.
De cómo Redro Saputo fue a la escuela.

Uno de los mayores engaños que se padecen en el mundo es que no todos los burros llevan albarda ni andan a cuatro pies y herrados como deberían, porque así no tropezaría uno con tantos que parecen otra cosa. A lo menos les creciesen las orejas, que es el distintivo más propio; pero ni eso. ¡Oh qué bueno que sería! Siquiera Pedro Saputo los conocía con sólo mirarles a la cara; y desde niño, como se vio en lo que le dijo del vecinito que su madre le proponía por modelo de aplicación a las letras, pero hay artes y ciencias que mueren con sus autores; ésta fue una de ellas. La que después han fundado los modernos fisionomistas llamados cerebristas o frenólogos, es otra; el que no ve nada en los ojos y en todo el rostro, poco verá en el cráneo, y sobre esto, que me asen vivo.
En estos ejercicios y juegos pasó todavía algún tiempo, cuando una noche después de cenar y de estar un rato callado y pensativo dijo a su madre con resolución: - Madre, esta noche quiero dárosla buena: mañana si os parece iré a la escuela. - Sí, hijo; sí que me parece, respondió su madre alborozada; sí que quiero que vayas a la escuela. ¡Gracias a Dios! Buena noche me das, hijo: bien lo has dicho: de gozo no voy a dormir. ¡Ah! Si supieras lo que he padecido cuando me decían que criaba un holgazán, y si tenía muchos juros y renta para criallo a lo caballero. Agora sí que soy dichosa. Porque mira, hijo, que soy tu madre, y estamos los dos solos en el mundo. - Y bastamos, contestó él: los dos y el de allá arriba (señalando el cielo con la mano) contra todo el mundo si nos es contrario; que no será madre, no, sino muy favorable.
- Mirad, madre mía: la escuela es pan muy duro y sin buenos dientes no se puede morder. Hanme caído los primeros, tengo todos los segundos, y fuertes, y puedo morder y comer el pan de la escuela que como he dicho es muy duro y áspero, y no debe darse a niños mientras son tan tiernos. Todos lloran, todos lo sienten mucho, todos andan acontecidos y se paran flacos, enatizos y entecos de sujeción y apocamiento, y no adelantan nada o están en las primeras letras que llaman tantos años, que sólo por ser cosa ordinaria no es gran vergüenza para ellos y para los maestros. Yo a la verdad, no sé bien lo que son las letras; pero me parece que en poco tiempo he de alcanzar y pasar a ese Agustinico y a todos los que hace tres o cuatro años que van a la escuela. Ahora vamos a dormir, y mañana veréis a tu hijo comenzar a ser hombre y serlo muy aprisa, a lo que me da el corazón. Su madre le miraba y lloraba de gozo, y dando gracias a Dios se acostó y ni pudo dormir de alegría como había dicho.
Se hizo de día, y mucho antes la buena madre tenía la luz en sus ojos con el acontecimiento de pensar en la resolución de su hijo. Levantóse, y cuando tuvo hecho el almuerzo, fue a despertar al niño Pedro, el cual le pidió la ropa de los días de fiesta diciendo que aquél era muy grande para él. - Y para tu madre también, contestó ella. Y le sacó el vestido más nuevo y mejor; después que hubo comido un plato de migas y sin querer tomar otra cosa dijo a su madre que le acompañase para decir al maestro que le entregaba a su potestad y gobierno.
Fueron a la escuela, y la madre dijo al maestro que le llevaba y presentaba su hijo Pedro; el cual hasta aquel día no había tenido a bien comenzar la escuela porque quería crecer y hacerse fuerte. El maestro se rió y respondió que admitía con gusto al niño Pedro por discípulo, y que confiaba que al poco tiempo aprendería la paleta de la Jesús. Con esto se fue la madre, y él se quedó en la escuela.
Aquel primer día y los dos siguientes no hizo sino repetir los nombres de las letras como los iban diciendo en voz alta los otros niños; pero el cuarto preguntó al maestro si había más letras que aquéllas; y como le dijese que no, tornó a preguntar si en los libros que leían los niños adelantados eran otras, y contestando el maestro que ni en aquellos libros ni en todos los del mundo había más ni otras letras que aquéllas, dijo el niño Pedro: - Pues en este caso en aprendiendo yo estas letras ya sabré todo lo que hay que saber por ahora. - No, hijo, respondió el maestro; porque después se han de juntar unas con otras para formar los vocablos. - Pero al fin, replicó Pedro, con éstas se han de componer todas. - Sí, dijo el maestro. - Pues bien, continuó el niño: esta tarde me daréis licencia para no venir a la escuela, y mañana os pediré un favor, que si me lo hacéis, ni yo me sacaré de estar aquí voceando tantas horas mañana y tarde, ni vos tendréis que hacer más que decirme lo que os pregunte. Otorgóle el maestro lo que pedía; y aquella tarde tomó una vihuela de sus abuelos medio rota y sin clavijas, la deshizo, pegó a sus dos tablas por un lado un papel blanco y se fue al taller de un carpintero. Llegado, pidió una regla, un lápiz y una sierra fina, y tirando líneas de alto a bajo y de cruzado en las tablas, aserrólas ambas e hizo de veintiséis a treinta tablillas cuadradas, echóselas en la capilla del gabán, y se fue a enseñarlas a su madre diciéndole que mañana vería en qué paraba aquello.
Al día siguiente por la mañana fuese a la escuela y pidió al maestro que le escribiese en cada tablita una letra; luego le rogó que las metiese por orden en un hilo de alambre pasándolo por un agujerito que tenía, y hecho todo por el maestro le dio las gracias y dijo: - Ahora, señor maestro, ya me avendré yo con estas letras, porque las sé de coro y conozco muy pocas. Dadme licencia y me voy a casa.
Dos días estuvo en casa dando vueltas a las tablitas y mirando de cuando en cuando en una paleta del A. B. C., que tenía colgada en la pared, al cabo de los cuales dijo a su madre: - Ya conozco las letras; venid conmigo a la escuela y veréis que no os engaño. Fueron a la escuela, hizo el maestro la prueba y no erró ninguna.
Quedó espantado el maestro; los niños le miraban elevados y la madre estaba embargada de gozo. Divulgóse la noticia en el pueblo, y todos celebraban el ingenio del niño Pedro de la Pupila, comenzando algunos a llamarle desde entonces Pedro Saputo, que en el dialecto antiguo del país quiere decir Pedro el Sabio; nombre que al fin le quedó como propio no llamándole nadie ni siendo conocido por otro.
Pusiéronle a deletrear; y haciéndole escribir en un papel las sílabas sueltas a un lado, y al otro el vocablo que componían, en cinco días aprendió a leer, habiéndose perfeccionado del todo en catorce desde el primero en que fue a la escuela.

1. 3. De cóm Pedro Saputo se va ficá mol fort.

Capítul III.

De cóm Pedro Saputo se va ficá mol fort.

Eixecacóduls, haciendo escuela, Moncho, pedrolo, piedra, roca

A los nou añs se anáe ya arrimán, y encara no parláe de aná a la mostra. Sa mare u sentíe, pero calláe, encomanán a Deu la sort del seu fill y la seua. Les seues diversions eren corre mol, jugá a la pilota y saltá y caminá per bardes y parets, ere tan ligero y sereno, que en la mes gran fassilidat se empináe als tellats mes alts y eixíe y se ficáe dret a un caballó, y miráe al carré y no se ni anáe lo cap. Una vegada, ajudat de atres sagalets, va atravessá un tauló prim desde un tellat al atre y va passá per nell moltes vegades, y balláe al mich y corríe a la coj, coj, y fée atres mil moneríes. Tamé solíe aná en los llauradós als cams, y tot lo día estáe preguntán de les faenes, y terres, plantes y estassions. Ere mol charraire. Aixó, així com atres moltes coses, se u va traure del ventre de sa mare, igual que una careta majíssima, ulls amorosos, mirada expresiva y profunda, y un aire grassiós y noble, tots teníen ficats los ulls an ell, y ell robáe lo cor a tots, pareixíe un encantamén. Un día va arribá en gran pena a casa perque un mosset del seu tems li habíe guañat a reñí, y li va di a sa mare que li diguere per qué li habíe vensut si no ere mes alt y teníen la mateixa edat. Sa pobre mare no sabíe qué contestali; al final se li va ocurrí dili que aixó consistíe en que com l’atre pesolaga ere llauradó y fée aná les forses, se habíe endurit y encara que ere tan chiquet com ell, ere mes fort. Va quedá satisfet de esta raó; y aquell mateix día va aná a casa sa padrina, y li va rogá a son padrí (que no ere mes que lo home de sa padrina, que fée tems que se habíe casat) que li portare en lo carro sing o sis pedres mol grosses, tan grans com un arca; y lo padrí, que lo volíe com si fore fill, li va doná lo gust y va portá en dos tongades set roques, unes mes grosses, y atres menos, y una mol gran, y se les va fé entrá al corral de casa seua, lo quels va costá no pocs esforsos a micha dotsena de guañapans.

roquerols, Cristian Laborda Lombarte, Valderrobres

Desde aquell día estáe seguit regirán les pedres en una palanca y les minudes en los brassos, volcanles, cambianles de puesto, fen grans esforsos, y suán y jurán com si estiguere condenat an aquell traball del infern. Tamé va fé afilá dos destrals velles que estáen per allí, y com descans del ejercicio dels barroculs agarráe una estral y fée esclops y bades a uns trongs de carrasca que se va fé portá. No contén en aixó va demaná una massa y chafáe y machacáe la roca mes gran. Al cap de tres o cuatre mesos, pera probá les seues forses, va cridá al sagal de marres y li va di que habíen de reñí un atra vegada; lo zagal no volíe, pero ell lo va amenassá que lo arrastraríe com un gat mort, y lo va obligá y van reñí en gran passió y bravura. Va guañá Pedro Saputo, pero en tanta ventaja, que después se probáe a reñí en atres mes granets y tamé los guañáe fassilmen. Y va di a sa mare: ya hay vist, siñora mare, que me va di la verdat cuan la riña de Geronimillo, pos en lo tombá de les roques y lo ejercicio de la destral y la massa, y alguna vegada que me fico a cavá en los llauradós, me hay ficat tan fort que guaño a tots los sagals del meu tems y hasta algúns atres mol mes grans. Bon secreto me va enseñá. Yo li prometixgo que no me guañará datre a luchá ni a pegá puñades, y hasta hay de derrocá y cossejá, encara que sigue a un chagán que se atrevixque a enfrentás en mí. Y així va sé, perque entrenán mol les forses, y en la bona y perfecta complexió y salut del seu cos, va alcansá mol grans bríos, y va sé tan forsut, que después, tan per diversió com per probás agarráe dos o tres homens y jugáe en ells com si foren tochets de fe calseta.

Original en castellá:

Capítulo III.

De cómo Pedro Saputo adquirió grandes fuerzas.

A los nueve años se iba ya acercando, y aún no hablaba de ir a la escuela. Su madre lo sentía, pero callaba, encomendando a Dios la suerte de su hijo y la suya.

Sus diversiones eran correr mucho, jugar a la pelota y saltar y andar por bardas y paredes, siendo tan ligero y sereno, que con la mayor facilidad se subía a los tejados más altos y salía y se ponía derecho en el alero, y miraba a la calle y no se le desvanecía la cabeza. Una vez, ayudado de otros rapaces, atravesó un madero delgado de un tejado a otro y pasó por él muchas veces, y bailaba en medio y corría a la coj, coj, y hacía otras mil monerías. También se solía ir con los labradores a los campos, y todo el día estaba preguntando de las labores, y tierras, plantas y estaciones. Como era muy hablado, que esto así como otras muchas cosas de él se lo sacó del vientre de su madre, igualmente un rostro hermosísimo, ojos amorosos, mirada expresiva y profunda, y un aire gracioso y noble, todos tenían puestos los ojos en él, y él robado el corazón a todos, que parecía encantamiento.

Un día fue con gran sentimiento a casa porque un muchacho de su tiempo le había ganado a reñir, y le dijo a su madre que le dijese por qué le había ganado no siendo más alto y teniendo la misma edad. Su pobre madre no sabía qué responderle; al fin le ocurrió decirle que eso consistía en que como el otro muchacho era labrador y ejercitaba las fuerzas, se había endurecido y aunque tan rapaz como él, era más fuerte. Quedó satisfecho de esta razón; y aquel mismo día fue a su madrina, y rogó a su padrino (que no lo era sino marido de su madrina, la cual había tiempo que casara) que le trajese con el carro cinco o seis piedras muy gruesas, tamañas como una arca; y el padrino, que lo quería como si fuese hijo, le dio gusto y trajo en dos veces siete peñas, unas más gruesas, y otras menos, y una muy grande, y se las hizo entrar en el corral de su casa, que costó no pocos trabajos a media docena de ganapanes.

Desde este día estaba continuamente revolviendo las piedras con una palanca y las pequeñas con los brazos, volcándolas, mudándolas de sitio, haciendo grandes esfuerzos, y sudando y jurando como si estuviese condenado a aquel trabajo del infierno. También hizo dar filo a dos destrales viejas que andaban por allí, y como descanso del ejercicio de las peñas tomaba una destral y hacía muescas y degüellos en unos troncos de encina que se hizo traer igualmente. No contento con esto pidió maza y rompía y majaba la peña más grande.

Al cabo de tres o cuatro meses, para probar sus fuerzas, llamó al muchacho de marras y le dijo que habían de reñir otra vez; el muchacho no quería, pero él le amenazó que lo arrastraría como un gato muerto, y le obligó y riñeron con grande ardor y bravura. Venció Pedro Saputo, mas con tanta ventaja, que después se probara a reñir con otros mayores y también los vencía fácilmente. Y dijo a su madre: ya he visto, señora madre, que me dijiste verdad cuando la riña de Geronimillo, pues con el volcar de las peñas y el ejercicio de la destral y la maza, y alguna vez que me pongo a cavar con los labradores, me he hecho tan fuerte que gano a todos los chicos de mi tiempo y aun a otros mucho mayores. Buen secreto me enseñaste. Yo os prometo que no me venza otro a luchar ni me gane a dar puños de mancar hombros y brazos, y me he de derrocar y acocear, aunque sea un gigante, al que se atreva a tomarse conmigo. Y así fue, porque ejercitando mucho las fuerzas, y con la buena y perfecta complexión y sanidad de su cuerpo, alcanzó muy grandes bríos, y fue tan esforzado, que después, si por diversión y prueba cogía dos o tres hombres, jugaba con ellos como si fuesen palillos de randa.