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jueves, 27 de noviembre de 2025
Post - Possa, Poussa
sábado, 27 de julio de 2024
2. 11. Aon se prosseguix lo escomensat.
Capítul XI.
Aon se prosseguix lo escomensat.
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Va arribá la hora, y abans de eixí se van asseá los estudians lo milló que van pugué. Pedro Saputo va traure la funda de la gorra, se va ficá un coll nou mol risat y va quedá fet un caballé, y per lo jove y guapo, un Amor vestit, un Adonis en traje español y de tall, y acompañats del huésped, de un cuñat, una filla de deu añs y una neboda de quinse, en alguns veíns que se van pendre la libertat de pujá mentres sopáen, se van encaminá a la casa portán detrás una gentada, mes gen que va aná may al sermó de la galtada. Van arribá, van saludá mol cortesmen an aquelles siñores y a datres que elles habíen convidat; y don Severo al vorels tan cortesans, tan atentos y ben parlats se va alegrá mol y va di en veu baixa a la dona y filla:
- ¿Veéu, gloria meua, quin porte y qué ben criats? No dirás mes que són fills de grans caballés: y alguns de ells u sirán, perque mentres seguixen los estudis ñan mols als que los agraden les aventures y libertat de esta vida a les vacassions, y cuan se reincorporen al curs repartixen los profits als compañs mes pobres. En aixó la mare y la filla los trataben en miramén, y al mateix tems los mostraben afabilidat y confiansa. La gen del poble que los habíe seguit va sé tamé admitida a dos grans sales que estáen una a cada costat de la del sarao y va di lo caballé:
- An esta rogo que dingú entro sense la meua llissensia; a les atres que s' acomodon los que puguen en orden y bons modos. Ara, siñós, cuan vullgáu, va di als estudians, podéu escomensá la música.
Primé van tocá un rato pera amostrá la seua habilidat, y después van preguntá a don Severo si se habíe tratat de que ballaren.
Va contestá que sí, y los va suplicá que obrigueren dos de ells lo ball, pos així tamé u dessichaben aquells joves caballés. Entonses dixen los instrumens lo de la pandereta y lo del pito, y trauen a ballá lo primé a la filla de la casa, y lo segón a un atra donsella que ere cusina de Morfina, agarrán mentrestán Pedro Saputo la pandereta. La destresa y grassia que los estudians van ostentá al ball va agradá a tots, y no menos la dessensia, que sempre y en tot es importán. Ya no eren ixos estudians vestits en cuatre draps; eren uns verdadés caballés ben naixcuts, y finamen educats, de lo que s' alegrabe
l'amo del convit y no dixáe de medíu la seua dona y atres siñores prinsipals que ñabíe. Se van retirá y van agarrá los instrumens, dixán la part del ball als joves que van vindre convidats.
Van ballá totes y tots, la festa se va correspondre en la magnifissensia que en tot se usabe a la casa.
Lo del pito li va di al home de la casa:
- Ara, don Severo, si li pareix a vostra mersé, lo meu compañ Paquito y yo predicarem un sermó a la plebe de les antessales, los dos a un tems, y cada un a una sala desde la porta pujats a uns púlpitos que sirán dos taules.
- Está be, va di lo caballé, ¿y a tú, Mariquita?, va preguntá a la dona. Va contestá ella que sí. Y parades les taules y saltán an elles los oradós, escomensen a soltá chorros de disparates, que cada minut teníen que pará y doná tems a la rissa que a les tres sales va arrencá mil novedats als cossos ya una mica fluixos. Les dames y caballés de la del mich podíen sentí al un o al atre, no paráen de riure y apretás les barres y pegás als ginolls en les dos mans y hasta puñades a les parets. Lo mateix don Severo va pedre la seua seriedat, y va tindre que recuperala, tapanse los oíts pera pugué dils:
- ¡Prou, siñós, prou!, que mos morirem tots. Pero ells embriagats de elocuensia ni paraben ni podíen encara que vullgueren. Hasta que van agarrá los instrumens los atres y van fé soná la música, y esta per fin va tallá l'enchís. Paren ells y pare tamé la música, y saludán los dos a les siñores y caballés en una gran cortessía, va estampí un aplausso de mans tan estrepitós y llarg, que se va comunicá a les antessales y pareixíe que anáen a sorsís.
Se van volé ficá a ballá per segona vegada, y no va sé possible.
Be se esforsaben los musics, pero ningú podíe fé mes que riure y torná als disparates dels sermons. Se ficáen en actitut de ballá, pero algú soltáe una carcañada y ya tots se retiráen, caén a les cadires y fen pasmos y exclamassions.
Entretán corríe la nit, y mirán don Severo la hora, va vore que eren les onse y micha, y va di:
- Siñós, esta micha hora que falte hasta les dotse, perque de micha nit no passen les festes a casa meua, tots la nessessitem pera templamos y disposamos a dormí. Siñós llissensiats: ting barruntos de que vostés volen passá an este poble vuit díes per lo menos; yo per la meua part espero que lo dimecres per la nit tornon an esta casa.
- Demá, va di un jove caballé, me ha manat mon siñó pare que los rogara se dignaren vindre a la meua.
- Y a casa vostra, va contestá don Severo, tamé anirán les meues siñores dona y filla. Li va doná les grassies lo caballé, y parán los cumplimens se van oferí los estudians a les ordens de don Severo, y als peus de aquelles siñores, y se van despedí de tots los convidats.
Cada nit va sé la funsió a una casa diferenta, y tamé los estudians variaben les invensions passán los matins en ordenales, sense descuidás de visitá a les persones que mes los honraben y se u mereixíen, com don Severo.
La nit de la segona funsió a casa de éste se va presentá Pedro Saputo disfrassat de dona y va engañá a tots, mes particularmen a Morfina, la va obligá a confessá lo seu amor guañanse lo cor y vensén la seua resserva. ¿Cóm resistiríe la infelís per advertida, per reportada, per serena, profunda y circunspecta que fore?
No ere possible. Y així ell, lograt lo seu objectiu, va dixá caure lo disfrás, rién tots mol del engañ y selebrán la donosura de la forastera; después va continuá ya la funsió com totes les nits.
Lo radé día en lo bon pareixe de don Severo, perque tot lay comunicaben y consultaben, van fé un atra ronda pels carrés, y van fé tanta plega que casi los va pareixe massa; cosa impossible per als estudians. Daball del balcó de don Severo van pará y van cantá un rato. Per la nit van aná de tertulia a casa seua y don Severo los va doná sis escuts de or, suplicanlos que si no se apartaben mol a un atra direcsió tornaren per allí al retirás als seus estudis, y lay van prometre.
Pel matí van eixí del poble, passán aposta, encara que donáen volta, pel carré de Morfina, y a la porta se van pará a tocá lo himno de despedida. Van eissí don Severo y les seues siñores a sentils; y Pedro Saputo, que anáe previngut, va cantá en los seus compañs y mol ben acompañat de la música, unes lletres que portáe pensades, de les que la primera diebe:
Pos me dixo lo cor
¿Me emportaré un pensamén?
Morfina en mol dissimulo va fé seña que sí; y van cantá la segona, que teníe per final:
Pos te vach entregá, cor,
¿Aón te guardarán?
Y Morfina a se va tocá y señalá lo pit en dissimulo.
La tersera acababe:
¿Te trobaré, cor,
cuan torna, aon estarás?
Va incliná Morfina una mica lo cap y los ulls y per cántic de gloria y conclusió díen los radés versos de la radera lletra:
Pos influí ya no pot
sino be la estrella meua.
Y en aixó se va acabá lo can y se van despedí. Morfina, com se va alegrá de vorels encara un atra vegada, no va pugué evitá que se li bañaren los ulls, ixquere un suspiro, aufegat pel decoro, y corregueren per les seues rosades galtes dos llágrimes de mes valor que tot l'or que teníe son pare, al menos per al que les va vore corre y que va pugué di meues són cuan caíen y arreplegales en los seus labios y passales al cor en l'amor que les derramabe.
Original en castellá:
Capítulo XI.
Donde se prosigue lo comenzado.
A más de andar llegó la hora, y antes de salir se asearon los estudiantes lo mejor que pudieron. Pedro Saputo quitó la funda de la gorra, se puso un cuello nuevo muy rizado y quedó hecho un caballero, y por lo joven y hermoso, un Amor vestido, un Adonis en traje español y de corte, y acompañados del huésped, de un cuñado, una hija de diez años y una sobrina de quince, con algunos vecinos que se tomaron la libertad de subir mientras cenaban, se encaminaron a la casa llevando detrás, porque había acudido a la calle gran tumulto, más gente que fue nunca al sermón de la bofetada. Llegaron, saludaron muy cortésmente a aquellas señoras y a otras que ellas habían convidado; y don Severo al verlos tan cortesanos, tan atentos y bien hablados se alegró mucho y dijo en voz baja a su esposa e hija: - ¿Veis, gloria mía, qué porte y qué bien criados? No diréis sino que son hijos de grandes caballeros: y algunos de ellos lo serán, porque mientras siguen los estudios hay muchos que gustan de las aventuras y libertad de esta vida en las vacaciones, y cuando se restituyen al curso reparten los provechos en los compañeros pobres. Con esto la madre y la hija los trataban con miramiento, y al propio tiempo les mostraban afabilidad y confianza. La gente del pueblo que los había seguido fue también admitida en dos grandes salas que estaban una a cada lado de la del sarao y dijo el caballero: - En ésta ruego que nadie entre sin mi licencia; en esotras acomódense los que puedan con orden y buen modo. Agora, señores, cuando gustáredes, dijo a los estudiantes, podréis dar principio a la música.
Diéronlo al punto; y primero tocaron un rato para hacer muestra de su habilidad, y luego preguntaron a don Severo si se había tratado que bailasen. Respondió que sí, y les suplicó abriesen dos de ellos el baile, pues así también lo deseaban aquellos jóvenes caballeros. Entonces dejan los instrumentos el de la pandera y el del pito, y sacan a bailar el primero a la hija de la casa, y el segundo a otra doncella que con Morfina se hallaba de prima, tomando entretanto Pedro Saputo la pandera. La destreza y gracia que los estudiantes ostentaron en el baile gustó a todos, y no menos su decencia, que siempre y en todo es importante. Ya no eran aquellos estudiantes andrajosos de bayetas y mirando y hablando a lo tuno en puridad como en la calle; eran unos verdaderos caballeros bien nacidos, y finamente educados, de lo cual se alegraba el dueño del convite y no dejaba de ponderarlo su esposa y otras señoras principales que había. Retiráronse y tomaron los instrumentos, dejando la parte de baile a los jóvenes que vinieron convidados.
Bailado que hubieron todas y todos, salió el agasajo, el cual correspondió a la magnificencia que en todo se usaba en la casa. Y así que tomaron lo que pareció y supo mejor a cada uno, fue el del pito al dueño y le dijo: - Agora, don Severo, si parece a vuesa merced, mi compañero Paquito e yo predicaremos un sermón a la plebe de las antesalas, ambos a un tiempo, y cada uno a su sala desde la puerta subidos por púlpitos en sendas mesas.- Que me place, dijo el caballero, ¿y a ti, Mariquita?, preguntó a su esposa. Respondió ella lo mismo. Y puestas las mesas y saltando a ellas los oradores, principian a soltar chorros de disparates, que cada minuto tenían que parar y dar lugar a la risa que en las tres salas causó mil novedades en los cuerpos un poco flojos. Las damas y caballeros de la del centro ya atendían al uno ya al otro, no parando de reír y apretarse las ijadas y arrimarse y pegarse a las paredes. El mismo don Severo perdió su gravedad, y hubo de volver en sí, y taparse los oídos para decirles: - ¡Basta, señores, basta!, que nos morimos todos. Pero ellos embriagados de elocuencia ni paraban ni podían aunque quisieran. Hasta que tomados los instrumentos los otros hicieron sonar la música, y ésta por fin cortó el encanto. Cesan ellos y cesa también la música, y saludando los dos a las señoras y caballeros con una gran cortesía, estalló un aplauso de manos tan estrepitoso y largo, que se comunicó a las antesalas y parecía que iban a hundirse.
Quisiéronse poner a bailar segunda vez, y no fue posible. Bien se esforzaban los músicos de su parte, pero nadie podía sino reír y volver a los disparates de los sermones. Poníanse en actitud de bailar, y soltaban la carcajada y se retiraban cayéndose en las sillas y haciendo pasmos y exclamaciones.
Entretanto corría la noche, y mirando don Severo la hora, vio que eran las once y media, y dijo: - Señores, esta media hora que falta hasta las doce, porque de media noche no gusto que pasen las fiestas de mi casa, todos la necesitamos para templarnos y disponernos al sueño. Señores licenciados: tengo barruntos de que vuesas mercedes van a pasar en este pueblo ocho días por lo menos; yo por mi parte espero que el miércoles por la noche serán servidos de volver a esta casa. - Mañana, dijo un joven caballero, me ha mandado mi señor padre rogase a vuesas mercedes se dignasen venir a la mía. - Y a vuestra casa, respondió don Severo, también irán mis señoras esposa e hija. Diole las gracias el caballero, y cesando los cumplimientos se ofrecieron los estudiantes a las órdenes de don Severo, y a los pies de aquellas señoras, y se despidieron con todos los convidados.
Cada día era la función en otra casa, y también los estudiantes variaban las invenciones pasando las mañanas en ordenarlas, sin descuidarse de visitar a las personas que más los honraban y se lo merecían, como don Severo y alguna otra. La noche de la segunda función en casa de éste se presentó Pedro Saputo disfrazado de mujer y engañó a todos, logrando un gran rato a su intento, que fue el de hablar más particularmente a Morfina y obligarla a confesar su amor ganándole el corazón y venciendo su reserva. ¿Cómo resistiría la infeliz por advertida, por reportada, por serena, profunda y circunspecta que fuese? No era posible. Y así él, logrado su objeto, abatió el disfraz, riendo todos mucho del engaño y celebrando la donosura de la forastera; después continuó ya la función como todas las noches.
El último día con el buen parecer de don Severo, porque todo se lo comunicaban y consultaban, hicieron otra ronda por las calles, y recogieron tanto dinero que casi les pareció mucho; cosa imposible a estudiantes. Debajo del balcón de don Severo pararon y cantaron un rato. Por la noche fueron de tertulia a su casa y don Severo les dio seis escudos de oro, suplicándoles que si no se apartaban mucho en otra dirección volviesen por allí al retirarse a sus estudios, y se lo prometieron.
Por la mañana salieron del pueblo, pasando de propósito, aunque rodeaban, por la calle de Morfina, a cuya puerta se pararon a tocar el himno de despedida. Salieron don Severo y sus señoras a oírlos; y Pedro Saputo, que iba prevenido, cantó con sus compañeros y muy bien acompañado de la música, unas letras que llevaba pensadas, de las cuales la primera concluía;
Pues me dejo el corazón
¿Me llevaré un pensamiento?
Morfina con mucho disimulo hizo seña que sí; y cantaron la segunda, que tenía por final:
Pues te entregué, corazón,
¿En dónde te guardarán?
Y Morfina a la deshecha se tocó y señaló el pecho ligeramente. La tercera acababa:
¿Te encontraré, corazón
Cuando vuelva donde estás?
Inclinó Morfina un poco la cabeza y los ojos y por cántico de gloria y conclusión decían los últimos versos de la última letra:
Pues influir ya no puede
Sino bien la estrella mía.
Y con esto se acabó el canto y se despidieron. Morfina, puesto que se alegró de verlos todavía otra vez, no pudo menos de mostrar los ojos un poco preñados, que a un suspiro, ahogado del decoro, hubieran de reventar, y corrieron por sus rosadas mejillas dos lágrimas de más precio que todo el oro que tenía su padre, a lo menos para el que las vio correr y que a estar a tiro pudiera decir, mías son, y recogerlas con sus labios y pasarlas al corazón con el amor que las derramaba.
viernes, 26 de julio de 2024
2. 2. De lo que li va passá a Huesca.
Capítul II.
De lo que li va passá a Huesca.
Aufanós, alegre, altiu, confiat y tan ligero de peus y de cos camináe lo nostre homenet aventurero buscán nous confins y noves tiarres, homens, opinions y costums, que no estampabe cap marca de pas al pols del camí, com si anare per l'aire o volare en lo seu pensamén. Lo sol de les set del matí, a michans del mes de mars, puríssima la atmósfera, cla lo horizonte, cotet lo ven y mol bon orache, alegráe la humida terra que reviscolada ya pel seu caló amic y apuntán la primavera, li haguere oferit la naturalesa renován la seua vida a la estassió mes apassible del añ, si la campiña que atravessáe, despullada, aburrida y tristota, presentare a un costat y a l'atre a la vista algo mes que algunes verdes esplanades de cams de blat, y al frente la foscó de la serra de Gratal formán falda als lluñans y encara blangs Pirineos que pareix que aguanton la bóveda del sel pera dixala caure a l'atra part, que ya sabíe que ere lo regne de Fransa.
Arribat de un vol a les Canteres, va vore abaix escomensán desde la mateixa vall la negra y agorera selva de Pebredo extenense per un gran terme, en les seues carrasques del tems del diluvio y habitada encara de les primeres fieres que la van poblá. La va atravessá insensiblemen, va descubrí los famosos plans de Alcoraz, va arribá a San Jorge, y va di:
Ya estic a Huesca. Y no habíen tocat encara les nou del maití.
Mol abans se trobáe ya sa pobre mare a casa de la padrina, a la que li va aná a di en gran pena:
- ¡Ya sen ha anat!
Van plorá les dos un rato llarg, acompañanles tamé la chiqueta Rosa per imitassió y algún sentimén que al seu modo alcansabe, pos ya teníe dotse añs, no ere boba y volíe mol a son germanet Pedro.
Ell, mentrestán, estáe ya a les avingudes de la siudat, aon va topetá en un flare motilón del Carmen calsat, y trabán conversa en ell, va entendre que al seu convén se tratabe de pintá la capella de la Virgen; pero que lo mestre Artigas ere mol judío, que los demanáe singsentes libres y ells n' hi donáen tressentes sincuanta y no volíe.
- Yo, pos, va contestá Pedro Saputo, voré ixa capella, y pot sé que busca an algú que la pinto per neixes perres.
- Si es de Saragossa, va di lo motilón, ni u probos, perque si los pintamones de Huesca demanen tan, ¿Cuán demanarán los famosos pintós de Saragossa? Y en aixó van arribá a la siudat y se van atansá juns cap al convén.
Va vore Pedro Saputo la capella, y va pujá a la habitassió del prior y li va di que si lo mestre Artigas no habíe de tindre queixa, ell buscaríe algún pintó que igual rebaixaríe algo la cantidat que aquell demanáe. Va contestá lo prior que lo mestre Artigas no podíe fé mes que ressignás, perque aixó de totes les maneres se faríe, y no tindríe raó pera queixás, perque ya después de ell habíen tratat en un atre pintó y tampoc se habíen entés.
Podíe di quí ere lo pintó que se proposáe:
- Yo, - va contestá Pedro Saputo.
- ¿Vosté pot di quí es?
- No dic aixó, sino que soc YO lo pintó que ha de pintá la capella.
- ¿Vosté?
- Yo, sí, pare prior; yo mateix.
- Feume lo favor -, va di entonses lo prior en desdén, - de aná a la Creu de San Martín a comprá un boliche y vaigue a jugá per neixos carrés, o arreplego cuatre pedres y codolets al vostre morralet y anéu a cantalejá gossos per los racons y plasses.
- Pos es verdat, pare reverendo, va contestá Pedro Saputo, que encara que se enfado li hay de di que les seues paraules desdiuen de la vostra seriedat. ¿A quin llibre hau vist, a quin autó hau lligit, a quin sabut sentit a la vostra vida, que no haygue ñabut may al món home de la meua edat que no puguere pintá una capella de flares?
Si haguere preguntat cóm me dic, si ya sapiguere quí soc, si s'haguere informat qué ting o no ting fet, entonses podríe parlá com li vinguere en gana, y tan menospreu no lo puc esperá de consevol atre home mes prudén. Així que, podeu encarregá y doná la vostra obra a qui vullgáu, que ya vech que no arribarem a cap acuerdo o acord. Quedautos en Deu y en la vostra capella, que a mí no me cal tratá en homens de tan mala raó y conveniensia.
Y dit y fet, li va doná la esquena al prior y va agarrá lo pañ de la porta.
Pero lo prior, que a les seues paraules habíe vist molta discressió y prudensia, lo va cridá y va eixí a detíndrel, y entrán un atra vegada en ell li va di en veu mes atenta que no se extrañare que li haguere parlat de aquella manera, ya que los sagals de la seua edat se solíen dedicá mes an aquells entretenimens de brutos, que a obres de tanta empresa y capassidat. Pero que si teníe confiansa de eixissen be en elles, se serviguere di quí ere y trataríen. Perque lo flare ya sospecháe quí podíe sé, ya que teníe de ell notissia per la fama del seu nom. Entonses va contestá lo mosso:
- Yo me dic Pedro Saputo; soc...
- Prou, prou, prou, fill meu, va di en gran exclamassió lo prior al sentí lo seu nom. Y eixecanse lo va abrassá en molta voluntat, y lo va fé sentás al seu costat, y li va di:
- Miréu, Pedro Saputo; ya que Deu ha dessidit portatos an esta santa casa, yo actuaré de modo que a vosté no li peno habé vingut. Per descontat tos acomodaré a una cámara ben arreglada y en tots los servissis; tos ficaré assiento al refectori en los pares mes importans; y tos pagaré les singsentes libres jaqueses que demanáe lo mestre Artigas. Yo sé que hau pintat la capelleta de la ermita de la Corona a la vostra vila, y raderamen dos sales; y persones inteligentes que tos han vist me han sertificat que hau derramat en elles mes arte que lo que ha pintat en tota la seua vida lo adotsenat del mestre Artigas. Y si no me importunaren al seu favor alguns flares y dos caballés de la siudat, ya tos volía escriure que vinguereu a fé la nostra obra. La faréu, y yo men alegro mol. A vosté, lo arte de la pintura, este arte divino que entenen pocs y alcansen mes pocs encara, tos u ha amostrat la mateixa naturalesa, y per aixó, fill meu, sou tan aventajat. Sol tos demano que no tos unfléu, perque contra mes humildes som, mes grans y mes exelens són les grassies que ressibim de Deu lo nostre Siñó, y les mersés que la seua gran misericordia y bondat infinita mos fa de pura grassia. No olvidéu que humille als soberbios y arrogans, y exalte als humildes. Una enfermedat pot anugolatos lo juissi, una caiguda estronchinatos y dixatos inútil per al vostre arte y pera tota obra de profit, y donantos llarga vida obligatos a mendigá de porta en porta una almoina, sén mol infelís y despressiat. La gloria y les riqueses que podeu esperá alcansá en la vostra gran habilidat y talento que yo del modo que puc beneíxco, y en lo cor ficat an aquell abisme de bondat y omnipotensia del Siñó, li rogo encamino a la seua mes gran honra y gloria, així com al profit teu y descans de les persones a qui tingues obligassió y correspondensia. Ara aniréu a descansá hasta la hora de diná, y después ya tos aniréu preparán pera la vostra obra.
Va entrá en aixó un lectó, un home de ixos que sense cridáls van a tot arreu y se arrimen a tots y apliquen la orella a tots los foradets, y u volen tot sabé y mangonejá, que se beuen l' aire, y encara del flat y de la seua mateixa movilidat, qui habén sentit algo del payo que estáe a la cámara del prior, se va embutí per farol y compare.
Va preguntá entonses Pedro Saputo qué ere lo que s'habíe de pintá a la capella pera aná formanse la idea (va di), regirala y perfecsionala. Agarrán la paraula lo lectó va contestá y va di (cuan ixíe lo prior de la selda a doná orden de que prepararen la que destinabe a Pedro Saputo):
- Ya sé yo lo que vol lo pare prior. Miréu: hau de pintá lo primé l' infern, y a la boca o entrada, a la part de fora, a Nostra Siñora del Carmen desvián de la boca uns cuans beatos que van a pará allí, aguardanlos mols diables, y la má de sa Majestat de María Santíssima los siñalará un atre camí, que sirá lo del purgatori, y ells lo empendrán mol contens. Después hau de pintá lo purgatori y a Nostra Siñora del Carmen traén de ell a tots los seus devotos en lo escapulari. Después hau de pintá lo sel, y a la mateixa Siñora mol gloriosa rodejada de una caterva de devotos seus; y lo mes amún de tots y mes prop del seu trono a N. P. S. Elías en mols flares a la seua sombra. Y después, per los racons o aon tos paregue pintéu una dotsena de milagres, los mes inaudits que puguéu imaginá.
- Pero ixos milacres, va di Pedro Saputo, mels hauréu de referí, o amostrám lo llibre aon consten, perque yo no men sé cap.
- Tampoc yo ne sé cap en particulá, va contestá lo lectó, no ña cap llibre de milacres que yo sápiga, encara que hay sentit que se está escribín. Per aixó hay dit que los hau de imaginá vosté mateix.
- ¿Y ne han de sé mols? Va contestá Saputo.
- An eixa materia, va di lo lectó, hau de tindre entés que may podréu pecá per massa; contra mes ne siguen y mes estupendos, mes alabansa redundará al pintó y mes crédit a la orden carmelita.
- Pos a fe, va di Pedro Saputo, que no quedaréu descontens la comunidat ni la orden, perque vach a pintatos allí tals milagres, que no entrará cap home en vista a la capella que no se esglayo.
- Pos aixó mos fa falta y no datra cosa, va acabá lo lectó, perque aixina se inflame la caridat dels parroquians y carregue lo poble al convén.
Una mica sospechosa li va pareixe a Pedro Saputo la religió, o mes be la filossofía del lectó; pero com res caíe sobre la seua consiensia, va fé la seua cuenta y va pensá en la má plena dién: l'alma a la palma. Y en son demá va escomensá a prepará les parets de la capella y a provís de broches, pinsells y colós.
Va pintá una semana, y lo prior y tots los flares no se fartáen de mirá la pintura, de alabá al pintó dissípul de la naturalesa, que aixina li díen. Tamé del poble anáen a vórel mols curiosos y bachillés sense bachillerat (pero may lo mestre Artigas).
- ¿Quí u diríe? - un canonge y un pintaire, dels que, díe Pedro Saputo, que la un enteníe algo perque habíe vist mol, y l’atre si en ves de fé pintes se haguere dedicat de jove a un atra cosa, podríe sé lo seu compañ; y lo volíe mol, se van fé amics.
Va pintá dos semanes; y al tersé dilluns va tindre que dixá la obra y eixí de la siudat mes depressa del que habíe entrat.
Ñabíe al convén un flare dels que diuen de missa y olla, perque de ababol que ere no sabíe adependre datra cosa que di missa y acudí al papeo; tots los díes anáe a la capella a donali un mal rato y fótreli la tabarra a Pedro Saputo, fenli sempre les mateixes preguntes, que eren:
- ¿Cóm se diu lo pintó? ¿De quín poble es lo pintó? ¿Cóm se diuen los pares del pintó?
Ya lo mosso se habíe queixat al pare prior y demanat que no dixare aná an aquell flare a la capella; y lo prior, home sense malissia, li va contestá que com ere un flare de poc entenimén no teníe que fé cas de les seues tontades. Pero a Pedro Saputo lo cabrejáe tan, que aquell día, així com lo va vore entrá, se li va ensendre la cara, y de rabia va malmetre lo cap de un ángel que estáe pintán.
Va escomensá lo flare a preguntali en soflama lo mateix de sempre, cóm se diu lo pintó de la nostra santa capella?
Y Pedro Saputo, ensés, li va contestá:
- Avui lo pintó se diu Pedro Códul!
Y dién aixó li va aventá en gran saña y tota la forsa que teníe, que ere molta, un códul de la mida del puñ que teníe a má, li va fotre al pit y lo va tombá an terra; va agarrá los pinsells y los cacharros dels colós en un sarpat, va saltá de la embastida, y per si lo flare tramontabe, que no se sorolláe ni queixabe mes que en un ressuello aufegat y ronco, sense despedís de ningú va ficá peus en polvorossa. Vull di, que va doná de colses al convén fugín en tal ligeresa, que en dos minuts ya dixáe atrás lo Puch de don Sancho (ara Puch dels martirs o fossá), y en no mols mes ya pujáe y passáe lo estret del Quinto y perdíe de vista la siudat y la seua Hoya.
Se diu costa o estret del Quinto la pujada del riu Flumen (flumen en latín es una de les maneres de di riu) als collets y matolls aon después escomense ya lo Somontano.
Original en castellá:
Capítulo II.
De lo que le sucedió en Huesca.
Ufano, alegre, altivo, confiado y tan ligero de pies y de cuerpo caminaba nuestro hombre aventurero en demanda de nuevos confines y nuevas tierras, hombres, opiniones y costumbres, que no estampaba la huella en el polvo del camino, como si fuese por el aire o volase con su pensamiento. El sol de las siete de la mañana, a mediados del mes de marzo, purísima la atmósfera, claro el horizonte, quieto el viento y placentero el día, alegraba la húmeda tierra que vivificada ya de su calor amigo y apuntando la primavera, le hubiese ofrecido la naturaleza renovando su vida en la estación más apacible del año, si la campiña que atravesaba, desnuda, inamena y triste, presentara a un lado y otro a la vista más de algunas verdes llanadas de campos de trigo, y al frente la oscura sierra de Gratal formando falda a los lejanos y aún blancos Pirineos que parece reciban la bóveda del cielo para dejarla caer a la otra parte, que ya sabía era el reino de Francia. Llegado de un vuelo a las Canteras, vido abajo contrapuesta y comenzando desde el mismo valle la negra agorera selva de Pebredo extendiéndose en un dilatado término con sus carrascas del diluvio y habitada todavía de las primeras fieras que la poblaron. Atravesóla insensiblemente, descubrió los famosos llanos de Alcoraz, llegó a San Jorge, y dijo: Ya estoy en Huesca. Y no había dado aún la hora de las nueve.
Mucho antes se hallaba ya su pobre madre en casa de la madrina, a quien fue a decir con gran congoja: - ¡Ya se ha ido! De que hicieron las dos un largo llanto, acompañándolas también la niña Rosa por imitación y algún sentimiento que a su modo alcanzaba, pues en fin tenía ya doce años, no era estúpida y quería mucho a su hermanito Pedro.
Él, entretanto, estaba ya en las avenidas de la ciudad, a donde topó con un fraile motilón del Carmen calzado, y trabando conversación con él, entendió que en su convento se trataba de pintar la capilla de la Virgen; pero que el maestro Artigas era muy judío, que les pedía quinientas libras y ellos le daban trescientas y cincuenta y no quería. - Yo, pues, respondió Pedro Saputo, veré esa capilla, y puede ser que busque un pintor para ella. - Si es de Zaragoza, dijo el motilón, excusada es la diligencia, porque si los pintamonas de Huesca piden tanto, ¿qué será los famosos pintores de Zaragoza? Y en esto llegaron a la ciudad y se encaminaron juntos al convento.
Vio Pedro Saputo la capilla, y subió a la celda del prior y le dijo que si el maestro Artigas no había de tener queja, él buscaría un pintor que acaso rebajaría algo de lo que aquél pedía. Respondió el prior que el maestro Artigas no podía hacer más que reseñar, porque esto de todos modos lo haría; pero que no tendría razón para quejarse, porque ya después de él habían tratado con otro pintor y tampoco no se habían ajustado. Que podía decir quién era el pintor que proponía: - Yo, respondió Pedro Saputo. - ¿Vos, sí, vos habéis de decir quién es? - No digo eso, sino que soy yo el pintor que ha de pintar la capilla. - ¡Vos! - Yo, sí, padre prior; yo mismo. - Hacedme la gracia, dijo entonces el prior con desdén, de ir a la Cruz de San Martín a comprar un boliche y andaros a jugar por esas calles, o recogiendo piedras y guijarros en vuestro herreruelo ir a apedrear los perros por las esquinas y plazas. - Pues en verdad, padre reverendo, contestó Pedro Saputo, que aunque os enojéis he de deciros que vuestras palabras desdicen de vuestra gravedad. ¿En qué libro habéis topado, en qué autor leído, en qué sabio oído en vuestra vida, que no hubo jamás en el mundo hombre de mi edad que pintar no pudiese una capilla de frailes? Si hubiérades preguntado cómo me llamo, si ya supiérades quién soy, si os hubiésedes informado qué tengo o no tengo hecho en mi arte, entonces pudiérades hablar como os viniese en talante, y tales menosprecios, juro por las órdenes que tenéis, que no los pudiera esperar de cualquiera otro hombre más prudente. Así que, podéis encomendar y dar vuestra obra a quien quisiéredes, que a lo que veo no somos hechos para en uno. Quedaos con Dios y con la vuestra capilla, que a mí no me cumple tratar con hombres de tan mala razón y conveniencia. Y diciendo y haciendo, volvió la espalda al prior y tomaba la puerta. Mas el prior, que en sus palabras había echado de ver su mucha discreción y prudencia, le llamó y salió a detenerle, y entrando otra vez con él le dijo con voz más atenta que no extrañase le hubiese hablado de aquella manera, puesto que los muchachos de su edad más solían ser a propósito para andar en tales entretenimientos, que en obras de tanta empresa y capacidad. Pero que si tenía confianza de salir bien de ellas, se sirviese decir quién era y tratarían. Porque el fraile había ya sospechado quién fuese, teniendo de él noticia por la fama de su nombre. Entonces respondió el mozo: - Yo me llamo Pedro Saputo; soy... - Basta, basta, basta, hijo mío, dijo con grande exclamación el prior al oír su nombre. Y levantándose le abrazó con mucha voluntad, y le hizo sentar a su lado, y por fin le dijo: - Mirad, Pedro Saputo; ya que Dios ha sido servido de traeros a esta santa casa, yo lo haré de modo con vos que no os pese de haber venido. Por de contado os marco por vuestra una celda bien arreada de todo buen servicio; os señalo asiento en el refectorio con los padres más graves; y os daré las quinientas libras jaquesas que pedía el maestro Artigas. Yo sé que habéis pintado la ermita de la Corona en vuestro lugar, y últimamente dos salas; y personas inteligentes que os han visto me han certificado que habéis derramado en ellas más primores, que ha pintado en su vida el adocenado del maestro Artigas. Y si no me importunaran por él algunos frailes y dos caballeros de la ciudad que le favorecen, ya os quería escribir que viniésedes a hacer nuestra obra. Haréisla, por fin, e yo me complazco. A vos el arte de la pintura, este arte divina que entienden pocos y alcanzan más pocos todavía, os lo ha enseñado la misma naturaleza, y por esto, hijo mío, sois tan aventajado. No os pido más sino que no engriáis, porque tanto más humildes debemos ser cuanto mayores y más excelentes son los dones que recibimos de Dios nuestro Señor, y las mercedes que su gran misericordia y bondad infinita nos hace de pura gracia. No olvidéis que humilla a los soberbios, a los vanos y arrogantes, y exalta a los humildes. Una enfermedad puede quitaros el juicio, una caída estropearos y dejaros inútil para vuestro arte y para toda obra de provecho, y dándoos larga vida obligaros a mendigar de puerta en puerta el sustento, siendo muy infeliz y despreciado, en vez de la gloria y de las riquezas que podéis esperar alcanzar con vuestra mucha habilidad y talento; habilidad y talento que yo del modo que puedo bendigo, y con el corazón puesto en aquel abismo de bondad y omnipotencia del Señor, le ruego encamine a su mayor honra y gloria, así como al provecho tuyo y descanso de las personas a quien tengas obligación y correspondencia. Ahora iréis a descansar hasta la hora de comer, y luego os iréis aviando para vuestra obra.
Entró en esto un Lector, hombre de aquellos que sin llamarlos van a todas partes y se arriman a todos y aplican el oído a todos los agujeros, y lo quieren todo saber y mangonear, que se bullen del aire, y aún del olfato y de su misma movilidad, el cual habiendo oído algo del sujeto que estaba en la celda del prior, se metió por farol y compadre. Preguntó entonces Pedro Saputo qué era lo que había de pintar en la capilla para ir formando la idea (dijo), revolvella y perfeccionalla. Tomando la palabra el Lector respondió y dijo (saliéndose el prior de la celda a dar orden que preparasen la que destinaba a Pedro Saputo): - Ya sé yo lo que quiere el padre prior. Mirad: habéis de pintar lo primero el infierno, y en boca o entrada a la parte de afuera a Nuestra Señora del Carmen desviando del boquerón unos cuantos devotos que van a parar allí, aguardándolos muchos diablos, y con la mano de su Majestad de María Santísima les señalará otro camino, que será el del purgatorio, y ellos le tomarán muy contentos. Después habéis de pintar el purgatorio y a Nuestra Señora del Carmen sacando de él a todos sus devotos con el escapulario. Después habéis de pintar el cielo, y a la misma Señora muy gloriosa rodeada de infinitos devotos suyos; y más alto que todos y más cerca de su torno a N. P. S. Elías con muchos de muchísimos frailes a su sombra. Y luego, por las esquinas o donde os parezca pintad cualquier docena de milagros, los más inauditos que pudierais imaginar. - Pero esos milagros, dijo Pedro Saputo, habreísmelos de referir, o mostrarme el libro donde constan, porque yo no sé ninguno. - Tampoco yo no sé ninguno en particular, respondió el Lector, no hay libro de ellos que yo sepa, aunque he oído que se está escribiendo. Por eso he dicho que los habéis de imaginar vos mismo. - ¿Y han de ser muchos?, respondió Saputo. - En esa materia, dijo el Lector, habéis de tener entendido que nunca podréis pecar por carta de más; cuantos más fueren y más estupendos, más alabanza redundará al pintor y más crédito a la orden carmelitana. - Pues a fe, dijo Pedro Saputo, que no quedéis descontentos la comunidad ni la orden, porque voy a pintaros allí tales milagros, que no entre hombre con vista en la capilla, que no se espante. - Pues eso necesitamos y no otra cosa, concluyó el Lector, porque así se inflama la caridad de los fieles y carga el pueblo al convento.
Un poco sospechosa le pareció a Pedro Saputo la religión, o más bien la filosofía del Lector; pero como nada iba sobre su conciencia, hizo su cuenta y la echó de liberal y mano llena diciendo, su alma en su palma. Y al día siguiente comenzó a preparar las paredes de la capilla y a arrearse de brochas, pinceles y colores.
Pintó una semana, y el prior y todos los frailes no se hartaban de mirar la pintura, de alabar al pintor discípulo de la naturaleza, como le llamaban. También del pueblo iban a verle muchos curiosos (nunca el maestro Artigas), distinguiéndose por cotidianos y aficionados - ¿quién lo diría?- un canónigo y un peinero, de los cuales, decía Pedro Saputo, que el uno entendía algo porque había visto mucho, y que si el otro en vez de hacer peines se hubiese dedicado de joven a otra cosa, pudiera ser su compañero; y le quería mucho y se hicieron amigos.
Pintó dos semanas; y al tercer lunes hubo de dejar la obra y salir de la ciudad con más prisa que había entrado. Había en el convento un fraile de los que llaman de misa y olla, porque de rudos no saben aprender otra cosa que decir misa y acudir al refectorio; y el cual todos los días iba a la capilla a dar un mal rato a Pedro Saputo haciéndole siempre las mismas preguntas, que eran: - ¿Cómo se llama el pintor? ¿De qué lugar es el pintor? ¿Cómo se llaman los padres del pintor? Ya el mozo se había quejado al padre prior y rogándole que no dejase ir al fraile a la capilla; y el prior, hombre sin malicia, le respondió que como era un fraile de poco entendimiento no había para qué hacer caso de sus necedades. Pero a Pedro Saputo le enojaba tanto, que aquel día, así como le vio entrar, se le subió el calor al rostro, y de desazón echó a perder la cabeza de un ángel que estaba pintando. Comenzó el fraile a preguntarle con soflama lo mismo que siempre, cómo se llama el pintor de nuestra santa capilla. Y Pedro Saputo, reventado de ira, le respondió: - Hoy el pintor se llama Pedro Guijarro, Pedro Cacharros; y diciendo esto le tiró con gran saña un guijarro tamaño como el puño que tenía a mano, le dio en el pecho y le derribó en el suelo, y siguiendo con las brochas y los cacharros de los colores, saltó del andamio, y por si el fraile tramontaba, que no se meneaba ni quejaba más de con un resuello ahogado y ronco, sin despedirse de nadie puso pies en polvorosa. Quiero decir, que dio de codos al convento huyendo con tal ligereza, que en dos minutos ya dejaba atrás el Pueyo de don Sancho (ahora cabezo de los mártires o cementerio), y en no muchos más ya subía y pasaba el estrecho de Quinto y perdía de vista la ciudad y su Hoya. Llámase cuesta o estrecho de Quinto la subida del río Flumen a los cerros y sardas donde luego comienza ya el Semontano.
jueves, 11 de julio de 2024
Ne - Necari - Negligencia
Ne, part. disjonct., lat. nec, ni.
Non ai que prenga, ne no posg re donar. Poëme sur Boèce.
Je n' ai que je prenne, ni ne puis rien donner.
No li o tolrei ne l' en tolrei ne li o vedarei. Titre de 1066.
Je ne le lui ôterai ni l'en ôterai ni le lui défendrai.
Paratges no i des ren ne i tolgues.
Rambaud d'Orange: Aissi com selh.
Que parage n'y donnât rien ni y ôtât.
ANC. CAT. ANC. ESP. Ne. PORT. Nem. IT. Ne.
2. Ni, part. disjonct., ni.
Pus ab mi dons no m pot valer
Precs ni merces ni 'l dregz qu' ieu ai.
B. de Ventadour: Quan vey la.
Puisque avec ma dame ne me peut valoir prière ni merci ni le droit que j'ai.
Quan non ai loc de vos vezer,
Joi ni deport non puesc aver.
Arnaud de Marueil: Dona genser.
Quand je n' ai pas lieu de vous voir, joie ni allégresse je ne puis avoir.
Je crois devoir faire observer que les troubadours firent toujours usage de ni de préférence à ne, quoique ne appartienne au premier temps de la formation de la langue. Pourtant, dans quelques-uns des manuscrits où sont conservés les ouvrages de ces poëtes, on trouve ne pour ni, mais si rarement qu'il est permis de croire que ce sont des fautes de copistes, d'autant plus que, presque toujours, les manuscrits se rectifient les uns par les autres. (N. E. En Alemán, nein : no, también se dice ne, informal.
En castellano, me encanta “ni come ni comer deja, ni está fuera ni está dentro”. Podéis traducir estas palabras del genial Lope de Vega, el perro del hortelano, a otros idiomas y ver cómo se comportan estas partículas que vienen del nec latín, y que usa el cantante Nek, Filippo Neviani, italiano.)
L'ancien italien a employé ni comme les troubadours dans le sens disjonctif de ne:
D' ogni parte siemo assagliti... e dove fuggire ni ascondere non ha mestiere. Guittone d'Arezzo, lett. 25.
CAT. MOD. ESP. MOD. Ni. (chap. antic y modern: ni.)
3. Ni était aussi conjonction et se traduisait par et, mais alors il n'y avait pas de négation qui agît sur ce mot.
Trop fatz gran folor,
Quar am ni dezire
Del mon la bellazor.
B. de Ventadour: Lanquan vey.
Je fais très grande folie, car j'aime et désire la plus belle du monde.
On plus elha m' esglaia
Ni m fai planher ni doler.
Hugues de S.-Cyr: Nulha res.
Où plus elle m'afflige et me fait plaindre et douloir.
L'ancien français employa dans le même sens ni et ne.
Je vous pardoins tout le meffait
C' à mi ni as miens avés fait.
(chap. Yo tos perdono tot lo malfet que a mí y als meus habéu fet.)
Li Gieus de Robin et de Marion.
Si puissé je boire demie
Ne de more ne de vin cuit.
Roman du Renart, t. III, p. 317.
En totes les manieres que... vos lor saurez loer ne conseiller que il faire ne soffrir puissent. Villehardouin, p. 8.
Se arrestèrent pour prendre conseil quel party ils prendroient ne quelle chose ils feroient.
Hist. de Jean de Saintré, t. II, p. 496.
ANC. CAT. Pero ab tots pot hom far joch
Si guarda be fayso ne loch.
Trad. catal. dels auz. cass. (N. E. Raynouard dice que la obra en occitano de Deudes de Prades se tradujo al catalán, correcto, y que el catalán era una lengua diferente al occitano, incorrecto. Los catalanes y catalanas siempre hablaron y escribieron la plana lengua romana, la lengua occitana, de oc, òc, hoc, och, incluso después de ser Fernando II de Aragón su rey. Sólo hace falta buscar un poco en Google y saber leer.)
ANC. IT. Se gli occhi suoi ti fur dolci né cari.
Petrarca, Canzone: Che debb' io.
Au bas de ce vers, Tassoni met en note:
La nè usata in vece d' et.
Nebla, s. f., lat. nebula, nue, nuée, brume, nuage, brouillard.
Sa nebla cuch que s' espargua.
Gavaudan le Vieux: Lo mes e 'l temps.
Je pense que son brouillard se répande.
Jorns de ira e jorns de neblas,
Jorns escurs, jorns de tenebras.
Contricio e Penas ifernals.
Jour de tristesse et jour de nues, jour obscur, jour de ténèbres.
Fay lo solhel fructificar
E ten a vida tot quan nays...,
E neblas e malas vapors
Encausa la sua calors.
Brev. d'amor, fol. 30.
Fait le soleil fructifier et tient à vie tout ce qui naît..., et brumes et mauvaises vapeurs chasse la sienne chaleur.
ESP. Niebla. IT. Nebula, nebbia. (chap. Broma, boira, dorondón, paora : niebla; se fa aná poc en plural: bromes, boires, dorondons, paores: niebles.)
2. Neble, s. f., nue, nuée, nuage, brouillard, brume, vapeur.
L'aigua pueia contra mon
Ab fum, ab nebles et ab ven.
G. Adhemar: L'aigua pueia. Var.
L'eau s'élève contre mont avec fumée, avec vapeurs et avec vent.
3. Neula, s. f., lat. nebula, nue, nuée, vapeur, brume, nuage, brouillard. Non entendatz que sela ayga venha ni yesca del aire, ans y monta de la mar... e esdeve neula e plueia aissy cum vos podetz vezer.
Liv. de Sydrac, fol. 103.
N' entendez pas que cette eau vienne ni sorte de l'air, mais elle y monte de la mer... et devient nue et pluie ainsi comme vous pouvez voir.
Per la neula bruna es l' aires esbrunitz. Guillaume de Tudela.
Par la vapeur sombre est l'air obscurci.
ANC. CAT. Neula. (chap. Núgol, nugols. Neula, neules són la massa que se convertix en hosties consagrades que prenem a la comunió; es casi la mateixa pasta que la galleta que mingem en un gelat de tall. Antigamén, cuan los judíos, pa ássim.)
4. Nevolina, Nivolina, Neolina, s. f., nue, nuée, vapeur, brume, nuage, brouillard, obscurité.
L' aires, segon natura,
Espeissat d' aiga marina,
Plueia fai e nevolina.
Dis vos me veiretz sezer,
E venir ab nivolina
Del cel.
Brev. d'amor, fol. 38 et 163.
L'air, selon nature, épaissi d'eau de mer, pluie fait et nuée.
Je vous dis que vous me verrez seoir, et venir avec nue du ciel.
Las quals son coma nivolinas senza aiga. Doctrine des Vaudois. Lesquelles sont comme nues sans eau.
Si non fos la neolina
Que l' enuosa benda fai.
Roman de Flamenca, fol. 54.
Si ne fut l' obscurité que l' ennuyeux bandeau fait.
ESP. PORT. Neblina. (chap. Nugolada, boirada, bromada.)
5. Nible, s. f., nue, nuée, vapeur, brume, nuage, brouillard.
Si com la nibles cobr' el jorn lo be ma. Poëme sur Boèce.
Ainsi comme la brume couvre le jour le bien matin.
6. Niola, s. f., nue, nuée, brume, vapeur, nuage, brouillard.
Niolas ses aigas. Doctrine des Vaudois.
(chap. Nugols sense aigües.)
7. Nivol, Niol, Niul, s. f., nue, nuée, nuage, brume, vapeur, brouillard.
Lo sol al mati solelha,
E 'l nivol al vespre muela.
Bernard de Venzenac: Hueymais pus.
Le soleil au matin rayonne, et la nue au soir mouille.
Dieus qu' es sobre la nivol leu. Trad. d'un Évangile apocryphe.
(chap. Deu que está damún del núgol ligero, que no pese; com Goku de bola de drac, una serie de TV3% que ve trastorná a mols aragonesos y valensians, que se van fé catalanistes perque són mol borregos.)
Dieu qui est sur la nuée légère.
Una niols clara del cel es deycenduda ...
De la niol cazia neu per tot environ. V. de S. Honorat.
(chap. Un núgol cla (brillán, resplandén) del sel ha baixat … del núgol caíe neu per tot lo voltán.)
Une nuée brillante du ciel est descendue....
De la nue tombait neige partout environ.
L' aigua pueia contra mon
Ab fum, ab niul et ab ven.
G. Adhemar: L' aigua pueia. Var.
L'eau s'élève contre mont avec fumée, avec vapeur et avec vent.
ANC. FR. Ce vent impétueux, qui souffle la froidure,
Dissiper les nuaux, et, en si peu que rien,
S' esvanouir par l'air ceste horrible figure.
Œuvres de Du Bellay, p. 437.
8. Niu, s. f., nue, nuée, nuage, brume, brouillard, vapeur.
Quan venretz en las nius
Jutjar lo segl' el jorn gran.
Pierre d'Auvergne: Dieus vera.
Quand vous viendrez sur les nues juger le monde au grand jour.
(chap. Núgol, nugols; boira, broma, paora, dorondón, vapor d'aigua; nugolada, nugolades; boirada, boirades; llevantada, llevantades; ponentada, ponentades.)
Necari, s. m., timbale, sorte de tambour.
Tabors o necaris. Eluc. de las propr., fol. 15.
(chap. Tambors o tabals (timbals.))
Tambours ou timbales.
ANC. CAT. Nacara, nacre. ANC. ESP. Nácara. IT. Nacchera.
(N. E. Del ár. hisp. náqra 'tamboril', de la raíz del ár. clás. {nqr}, golpear con un ruido repetido. 1. f. Timbal usado en la antigua caballería.
1. f. desus. nácar. U. en Cantabria y León.)











