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viernes, 26 de julio de 2024

2. 8. Ix del convén.

Capítul VIII.

Ix del convén.

Pedro Saputo ix del convén.

Se va corre la veu que sen anáe Geminita, y va ñabé una consternassió general a la comunidat. La coixa, o sigue la organista, va di, que después que la habíe escomensat a desburrá (¡una coixa desrucá a Pedro Saputo!) la fotíen fora del convén pera que aniguere a un atre a lluí la seua habilidat; afegín en lo seu desenfado natural que mes valdríe que se morigueren la mitat de les monges y hasta lo mateix pare confessó a que sen aniguere Geminita. Una agüela de nom sor Bonifacia, que habíe sigut mol viva y conserváe encara la valentía de la seua verda edat, se va presentá a la priora y li va di: ¿Qué feu, mare priora? ¿Cóm dixéu anassen, si es que no la fotéu fora, an ixa pressiosa sagala, cuan la tindríem que conservá com a una reliquia? Desde que está al convén han parat los odios y les riñes que abans ñabíe; perque veénla an ella a totes mo se amansabe lo pit y se templabe la saña. Be sabéu que sor Venancia y sor Tolomea mos teníen fartes y apenades en les seues batalles, y que fa pocs díes están al claustre nou se van enganchá (arrifá) de modo que se van fé fils los vels, y se van agarrá de les toques, y se les van arrencá, y van passá al que yo men dono vergoña de di; y presentanse allí de improvís ixa sagala, o ángel o lo que sigue, que anáe a les seues obligassions, y paranse a mirales com demananles lo pas passífic, se va aturá lo combat com per encán, y sense res mes que di en aquella grassia tan atractiva, en aquell to y veu que derretix les pedres:

¡Ay, siñores, que aixó no su creuríe la gen del siglo de persones tan virtuoses! Se van aplacá y separá, y ara ya se parlen si no com amigues al menos no com enemigues. Miréu per Deu que no fotegáu fora de casa an ixa sagala, perque feu cuenta que aventéu del convén la pau y la alegría.

Y díe be la mare Bonifacia, perque al menos este be sí que lay debíe la comunidat; tal ere l'enchís de les seues paraules, y hasta de la seua sola presensia. Així es que pera tot la buscaben. Geminita u ha dit; Geminita u ha fet; Geminita es; Geminita entre; Geminita ix; Geminita puje; Geminita baixe; Geminita va; Geminita ve.

Y en raó tot, y mes y mol mes que faigueren. Perque si se oferíe a retallá alguna pessa de roba, encara que foren uns cansonsillos de flare, portáe molta ventaja en fassilidat y perfecsió a la mateixa sor Mercedes, que ere la milló estisora de la comunidat; si cusíe, dixáe mols puns atrás a sor Ángeles, que ere tamé la milló agulla del convén; si bordáe, lo seu primor fée ajupís a totes; si vestíe alguna imache, alló ere encantás de vóreu; si contáe cuentos, pera cada un que se sabíen les mes sabudes, ne sabíe Geminita una dotsena. 

Y ¡qué grassiosos!, pero al mateix tems mol dessens, com se supose, no com alguns de Lo Decamerón en chapurriau

¡Cóm no habíen de sentí que sen anare! U sentíen mol, y no va ñabé monja ixos díes que no la abrassare, que no la besare, que no li suplicare, que no li apretare la má, si be diuen que moltes teníen tanta enveja com cariño.

A la coixa, que de un arrebato de espíritu y de una avinguda de amor li va doná un día una dotsena de besos, perque ere de genio fogós, no va tindre per convenién dili la causa per qué sen anáe pareixenli perillós descubrís perque ere malissiosa, y sobre tot fássil y resoluta. Ni creuríe tampoc la seua transformassió, al seu cas ñabíe que dili la verdat o inventá una historia mol calificada que se puguere admití y no portare a sospeches contra cap monja o contra les novissies.

Per fin va arribá lo día; res teníe ya que previndre a les dos sagales; y pera que no malpensaren la priora y sor Mercedes, no va voldre les raderes nits dormí al novissiat, sino a una segona cámara que se comunicabe en la de la priora, intermija en la de la amiga; pero passán tots los ratos libres del día en les seues caríssimes (estimades, encariñades) novissies; ratos als que vée lo ressel en que lo volíen tindre sempre al seu costat la una o l'atra de aquelles dos tendres amigues.

Va tocá un matí les sis lo rellonge del poble; y mentres la comunidat estáe al coro, va eixí vestit de dona y en un feix lo traje de home del bras, y van plorá al cap de uns minuts la seua aussensia totes les mares, espessialmén les dos que tan lo volíen y tan se regaláen en ell los radés quinse díes. Les simpletes novissies ploráen, pero se van consolá después en la esperansa de eixí a la libertat del siglo.

Va quedá viuda la comunidat; als claustres reinabe lo silensio; les parets se cubríen de dol; lo minjadó estáe desganat, y lo coro, picat y enfadat. Van tindre consell aquella nit les dos consabudes mares, van suspirá, van plorá, y van proposá de manali que tornare; pero ya ere tart; s'habíe allargat mol y no sabíen la direcsió que portáe. Van torná a suspirá, van torná a sentí la pena, y al seu cor passáe mol mes de lo que manifestaben, portanles lo sentimén casi a desesperás. Be mo se está, va di sor Mercedes; a la nostra má estáe; ¡y lo vam dixá anassen! ¿Quína nessessidat ñabíe mentres no passare algo mes? Consoleutos ara si podéu, moríu en esta tristesa. Va contestá an aixó la priora en un gran suspiro y dién:

Teniu raó, pero ya no ña remey. Y ere verdat, perque ell encara no habíe caminat dos mil passes cuan se va traure les faldes de dona y se va ficá lo traje, enfotensen per una part de la inossensia de aquelles monges, y sentín per l'atra la falta de repén de la seua acostumbrada veu y compañía, y del amor tan natural y dols de dos angelicals novissies.


Original en castellá:

Capítulo VIII.

Sale del convento.

Divulgóse la voz que se iba Geminita, y hubo una consternación general en la comunidad. La coja, o sea la organista, dijo, que después que la había comenzado a desasnar (¡una coja desasnar a Pedro Saputo!) la echaban del convento para que fuese a otro a lucir su habilidad; añadiendo con su desenfado natural que más valdría se muriesen la mitad de las monjas y aun el mismo padre confesor, que no se fuese Geminita. Una vieja llamada sor Bonifacia, que había sido muy viva y conservaba aún la valentía de su verde edad, se presentó a la priora y le dijo: ¿qué hacéis, madre priora? ¿Cómo dejáis ir, si es que no la echáis, a esa preciosa muchacha, cuando la deberíamos conservar como una reliquia? Desde que está en el convento han cesado los odios y las discordias que antes había; porque en viéndola a ella a todas se nos amansaba el pecho y se templaba la saña. Bien sabéis que sor Venancia y sor Tolomea nos tenían afligidas con sus batallas, y que hace pocos días encontrándose en el claustro nuevo se arrifaron de modo que se hicieron pedazos los velos, y se asieron de las tocas, y se arrancaron, y pasaron a lo que yo me doy vergüenza de decir; y presentándose allí de improviso esa muchacha, o ángel o lo que sea, que iba a sus obligaciones, y parándose a mirallas como pidiéndoles el paso pacífico, cesó el combate como por encanto, y sin más que decilles con aquella su gracia tan atractiva, con aquel tono y voz que derrite las piedras. ¡Ay, señoras, que eso no lo creerían las gentes del siglo de personas tan virtuosas!, se aplacaron y separaron, y agora se hablan ya si no como amigas al menos como enemigas. Mirad por Dios que no echéis de casa a esa muchacha, porque haced cuenta que echáis del convento la paz y la alegría.

Y decía bien la madre Bonifacia, porque a lo menos este bien sí que se lo debía la comunidad; tal era el poder de sus palabras, y aun de su sola presencia. Así es que para todo la buscaban. Geminita lo ha dicho; Geminita lo ha hecho; Geminita es; Geminita entra; Geminita sale; Geminita sube; Geminita baja; Geminita va; Geminita viene. Y con razón todo, y más y mucho más que hicieran. Porque si se ofrecía cortar alguna prenda de ropa, aunque fuesen unos calzoncillos de fraile, llevaba mucha ventaja en facilidad y perfección a la misma sor Mercedes, que era la mejor tijera de la comunidad; si coser, dejaba muchos puntos atrás a sor Ángeles, que era también la mejor aguja del convento; si bordar, su primor hacía encoger a todas; si vestir alguna imagen, aquello era encantarse de verlo; si contar cuentos, para cada uno que sabían las más decidoras, sabía Geminita una docena. Y ¡qué graciosos!, pero al mismo tiempo muy decentes, como se supone. ¡Y no sentirían que se fuese!, lo sentían, y no hubo monja aquellos días que no la abrazase, que no la besase, que no le suplicase, que no le apretase la mano, si bien dicen que en muchas tanto era envidia como cariño.

A la coja, que un arrebato de espíritu y de una avenida de amor le dio un día una docena de besos, porque era de genio fogoso, no tuvo por conveniente decirla la causa por qué se iba pareciéndole peligroso descubrírsele porque era maliciosa, y sobre todo fácil y resoluta. Ni creyera tampoco en su transformación, en cuyo caso había que decirle la verdad o inventar una historia muy calificada que se pudiese admitir y no indujese sospechas contra ninguna monja o contra las novicias.

Por fin llegó el día; nada tenía ya que prevenir a las dos niñas; y para que no maliciasen la priora y sor Mercedes, no quiso las últimas noches dormir en el noviciado sino en una segunda celda que se comunicaba con la de la priora, intermedia con la de la amiga; pero pasando todos los ratos libres del día con sus carísimas novicias; ratos que le cercenaba mucho el recelo con que advirtió le querían tener siempre a su lado la una o la otra de aquellas dos tiernas amigas.

Dio una mañana las seis el reloj del pueblo; y mientras la comunidad estaba en el coro, salió vestido de mujer con su bulto del traje de hombre del brazo, llorando a breves minutos su ausencia todas las madres, especialmente las dos que tanto le querían y tanto se regalaron con él los últimos quince días, pues no fueron menos los que le detuvieron después de tener hecho el vestido. Las simplecillas novicias lloraban por de pronto, mas se consolaron luego con la esperanza de salir a la libertad del siglo. Quedó en fin viuda la comunidad; en los claustros reinaba el silencio; las paredes se cubrían de luto; el refectorio era desabrido, y el coro, molesto y enfadoso. Tuvieron consejo aquella noche las dos consabidas madres, suspiraron, lloraron, y propusieron si le mandarían volver; pero ya era tarde; habríase alongado mucho y no sabían la dirección que llevaba. Tornaron a suspirar, sintieron de nuevo la pena, y en su corazón pasaba mucho más de lo que manifestaban, llevándolas el sentimiento casi a desesperarse. Bien se nos está, dijo sor Mercedes; en nuestra mano estaba; ¡y lo dejamos ir! ¿Qué necesidad había mientras más no sucediese? Consolaos agora si podéis, morid en esta tristeza. Respondió a esto la priora con un gran suspiro y diciendo: Tenéis razón, pero ya no hay remedio. Y era verdad, porque él aún no había andado dos mil pasos cuando se quitó las faldas de mujer y se vistió su traje, riéndose por una parte de la inocencia de aquellas monjas, y sintiendo por otra la falta repentina de su acostumbrada voz y compañía, y del amor tan natural y dulce de dos angelicales novicias.

2. 7. Se descubrix a les monges.

Capítul VII.

Se descubrix a les monges.

Héctor Moret Coso se descubrix a les monges.

Al cap de poc mes de dos mesos li va pareixe que lo bigot se li anáe espessín, y va di a les seues dos enamorades novissies, que ere ya tems de pensá en lo que teníen que fé. Perque si ella (ell) se quedabe home com portáe trassa de séu per lo que li quedáe de vida, allí no podíe está; y si les mares u sabíen, ñauríe una gran tronada de escándol y aspavens.

- Pos si tú ten vas, li van contestá, mos morirem les dos de pena. 

- Calléu, va di ell, que ya ne cavilaré yo alguna pera que ton aniguéu tamé vatres dos y mos veigam les tres fora de esta presó, y mos amem y busquem y tratem en libertat y gust.

¿Qué, no voléu torná a les vostres cases y al estat libre que teníeu?

- Sí, sí, van di les dos mol contentes; ¿pero cóm u farem? 

- Ya u ting pensat, va di ell, y tos u comunicaré al seu tems. 

Ara entenéu que yo no puc dixá de manifestá a la mare priora lo que me passe, y figureutos ya lo que resultará; no pot dixá de sé la meua eixida del convén. Pero abans quedará mol ben ordenat lo que toque a vatres. Sentíen elles aixó y los saltáe lo cor de jubileu perque se habíen ubert los seus ulls y veíen que aquell estat no los conveníe.

En molta vergoña y en temó va aná ell a la cámara de la mare priora y li va di (demananli abans perdó y suplicanli que no la maltratare), que segons habíe advertit, fée alguns díes que se estáe tornán un home; y que ya u ere casi del tot.

La priora, al sentí tal charrada, va arrencá a riure, la va mirá a la cara, y después de un rato va di:

- Tú, Geminita, no estás be del cap. ¿Qué te passe, pobreta?, ¿qué es aixó?, ¿T'añores de la teua terra?, ¿Tens la semaneta y aixó te gire lo juissi? No te preocupos; cridaré a sor Mercedes, que es íntima amiga meua, y te vol tamé mol, y vorem lo que se ha de fé en tú. Ara vesten al coro y resa nou Padrenuestros o Parenostres y nou Salves al san del día, San Estés, al nostre beato patriarca y a la Virgen de la teua devossió; y a les set tornarás y ya vorem. En aixó lo va agarrá de la má en bondat y li va besá al fron. Va cridá a sor Mercedes, li va di lo que ñabíe, y sen va enriure tamé mol y u va tindre per imaginassió, y van quedá en que tornare al cap de un hora.

Va aná, per supost, al coro Pedro Saputo y va resá lo que li va maná la priora, no pera que los sans que invocabe li tornaren lo entenimén que no habíe perdut, sino pera que, pos ya que eixiríe de aquella seguridat y asilo, de aquella oscurina y retiro, lo libraren dels alguasils de Huesca. Y va arribá la hora entre tan y se va presentá a la cámara de la priora aon lo aguardaben les dos amigues.

- Me pareix, siñores y mares meues, va di, que la orassió del coro me ha acabat de convertí en home, no sol perque ya u soc perfecte en cos, sino perque me séntigo en unes forses extraordinaries, y un gran dessich de blandí espases y arcabusos, y de montá y bufáls deball de la coa als caballs; y hasta la cara me s'ha mudat. Y dién aixó brassejabe y apretabe los puñs, y ficáe lo semblán fort y marcat. Y pera proba, va di, miréu y perdonéu, y va agarrá a sor Mercedes y la va fé voltá com a una nina, y después a la priora, encara que ere mes grossota, y se van admirá les bones monges, y van pensá que efectivamen ere ya un home o u acabaríe de sé mol depressa. La escena va sé divertida, la rissa gran, y después la admirassió y lo pasmo de aquelles dos beneídes dones, sense podé creure del tot lo que veíen, ni tampoc dixá de creureu. En conclusió van acordá no di res a la comunidat y doná vuit díes de tems a Geminita pera que se reconeguere milló y puguere afirmá y ratificá lo que acababe de declará. La forseguera de que va fé alarde, y hasta lo semblán que ara sels figuráe mes reforsat y que tirabe a señes de home, cuan hasta aquell día les habíe paregut dona. Tamé sels representabe mes alt de estatura, y lo seu cos mes dret y musculós. Y van está parlán dos hores bones, acabanse lo consell en la ressolusió (mentres ell estáe ya jugán en les seues novissies) de repudiá tota proba que ofenguere lo pudor o repugnare a Geminita; encara que sén totes dones (va di la priora) no tindríe que sé tan gran l'empach.

Va proposá tamé la priora consultá al pare confessó; y a sor Mercedes, que ere mes avisada, no li va pareixe be per moltes raons y atres tans motius que va exposá, resumín que per la seua part no se teníe que consultá a ningú, ni se atropellaríe a la sagala, ni volíe tindre escrupols; y se va conformá la priora.

En ixos vuit díes van tindre les dos monges mols coloquis, y sempre quedaben en lo mateix, amaganse empero la una a l'atra, que les dos miráen a Geminita en uns atres ulls dels que la habíen mirat hasta entonses, y que la volíen tamé mes y en un atre gust.

No va tindre ell a les seues volgudes novissies mol tems en suspense, si passats los vuit díes se veíe obligat a eixí del convén, les va previndre y va di:

- Ya veéu, amigues meues, que este estat y esta vida no tos convé; engañades vau vindre, o ignorans mes be y sense sabé lo que tos feieu. Y com me diéu que tos moriríeu les dos en pocs díes si aquí tos quedáreu, vach a donatos la trassa que hau de inventá y seguí pera eixí de aquí y torná a les vostres cases. La una fará vore que está dolenta y l'atra mol trista. La mare priora haurá de escriure als pares de la dolenta; vindrán, los demanaréu que tos traguen uns díes, y ya no tornaréu. La manera de fé aixó...

- No ña per qué cansás, va di Juanita; ya t'ham entés; yo soc la dolenta y Paulina la triste. Als dos mesos que tú ten haigues anat, ya faltará poc pera la nostra professió, se fa lo embeleco, y te prometixgo que ixirá be, vullgue o no vullgue. ¿Yo quedám aquí? Primé me tiraré de la finestra mes alta.

- Y yo, va contestá Paulina, me agarraré a les teues faldes y caurem juntes.

- Pera fé vore que estás dolenta, continuabe Pedro Saputo...

- ¡Qué pesadet! Lo va interrompre o interrumpí Juanita. Hay dit y repetixgo que está calat. En dixá de vóret me ficaré dolenta tan de veres, que pot sé que después me costo mich añ recuperám; y si vull un añ. Pero, ¿mos dones paraula de vindre a vóremos?

- Sí, va contestá Pedro Saputo; y vatres, ¿me la donéu a mí de vóldrem sempre com ara?

- Sí, y mes encara, li van di les dos. Y van quedá en aixó.

Passats los vuit díes se va torná a presentá a les mares, y va confirmá y ratificá lo que habíe dit, assegurán que sense remey ere home, y home del tot, y sol home; que ya no li chauchaben los ofissis de dona, y ya li fée nosa lo vestit y personalidat de dona, que en consecuensia veíe que no podíe está mes al convén; que u sentíe mol, pero que ya veíen que Deu als seus inexcrutables y inapelables juissis habíe disposat un atra cosa.

¡Oh, quí u habíe de di! Se van ficá tendres aquelles dos sensibilíssimes y apressiabilíssimes siñores. Y ell que u va guipá, va continuá dién:

- Yo hasta ara hay mereixcut de la bondat de algunes mares, de vostra mersé espessialmén, algunes mostres de cariño que potsé ya no me atreviré a torná com abans; y es un atra proba mes de la meua sansera transformassió, pos la vech y u séntigo per la amistat de unes persones de qui tan favor y potsé amor hay mereixcut.

An aixó elles sense tartí, sense di ni mu, miráen com un mussol de Fórnols, y los pareixíe que Geminita parláe mes doctamen, com si desde que ere home tinguere lo sabé y la autoridat. La priora, per fin, li va di:

- Pos be, cuan vullgues, cuan te paregue determinarás la teua eixida del convén; natres no te traurem; a la teua prudensia y voluntat u dixem.

- Yo, los va contestá, no men aniría may; no, siñores; que moltes llágrimes vech que haurá de costám.

- Tamé a natros, va di la priora; y desde ara te demanem que mos donos noves teues, te passo lo que te passo. Y mentres estigues al convén sigues prudén y no digues res a ningú; sobre tot a les novissies.

Acordat aixó y mosseganse Pedro Saputo los labios sobre lo que ñabíe a l'atra part, los va demaná que li fassilitaren roba, la que fore, pera fes un vestit de home. Vindrás demá, li van di, y la tindrás preparada. En efecte van acudí an algunes túniques y mantellets de san, perque no teníen datra cosa a má, y com a gorra una tuniqueta de vellut blavós tirán a violeta de un chiquet Jesús Nazareno, adornada en galons de or; y en tres díes se va fé tot lo traje. 

Res va di a les novissies, la nit que lo va tindre acabat, sel va ficá y ajuntanles a la cámara de Paulina sels va presentá vestit de home y en una pluma mol pincha a la gorra que se va acomodá de una de pavo real que teníe la priora. Cuan elles lo van vore, van pensá que se tornáen loques de amor, y en micha hora no van acabá de mirál, ni en una, ni en dos, ni en tota la nit, de fé extrems y regalás en ell y regalali lo cor y l'alma.

En son demá va proposá y li va pareixe be a la priora, que per la nit, después de sená, se vestiríe a la seua cámara pera que lo veigueren ella y sor Mercedes. Se van reuní, y ell va demaná que lo pentinaren com a un home y caballé, y u van fé elles de boníssima gana. 

Va entrá a la alcoba, se va vestí, se va ajustá la gorra una miqueta inclinada cap a un costat, y en una grassia y bizarría capás de marejá a una santa pintada, ix cap a fora de les cortines mirán afablemen y sonrién a les monges, que al vórel van creure que ere una visió del sel. Tan galán estáe, tanta ere la seua hermosura, tal lo seu donaire y gallardía. Miranles en una tendresa que derretiríe la neu, y enterbolits los ulls de llágrimes va corre cap a la priora en los brassos uberts, y después cap a sor Mercedes, y elles lo van ressibí en lo mes gran apressio que van pugué perque ni la una ni l'atra sabíen lo que les passáe; y sol les pareixíe que Geminita no ere Geminita sino l'ángel del amor, ni elles sor Fulana y sor Zutana, sino dos dones a qui un foc interió que may habíen sentit les estáe desfén lo cor y turbáe la raó y los sentits.

En son demá lo va cridá sor Mercedes a la seua cámara, y tancán la porta va di:

- Desde lo primé día que mos vas parlá de lo que dius que te estáe passán, hay estat pensán cóm podíe sé; y en fin, Geminita, me dono a entendre, y crec que estic covensuda, y no me fará ningú creure un atra cosa, que tan home eres cuan vas vindre al convén, com ara, perque ixa transformassió siríe un milagre mol gran, y tan de rissa com gran, y no u habíe de fé Deu aixina per passatems y joc. Pero sigue lo que vullgue, no te obligaré a que me descubrixques lo misteri de la teua persona y de la teua vinguda an esta casa, perque misteri es y no menut per mes que u dissimulos. Ni tú eres tan ignorán com fas vore, ni tan sensill com aparentes, ni te dius Geminita, sol vech en tú un gran secreto que farás be de no revelá a ningú perque així estarás mes segú. Així com yo res hay dit de esta sospecha a la mare superiora, perque es algo aprensiva y podríe rompre per aon no vinguere al cas. La teua mirada continguda y serena me diu que es verdat tot lo que estic dién. Pero te has cansat de viure en natres y vols anáten; o has satisfet ya la teua curiosidat y gust. Vesten en hora bona, encara que per mí te juro que no ten aniríes; y si me fore possible tamé te seguiría. Perque vach vindre mol engañada, y engañada me vach ficá este hábit, y mes que engañada vach professá y abrassá un estat que si no me fa tan infelís com a les atres, perque no ting la imprudensia de fotre cosses contra lo fisó, y me conformo en lo dit del vulgo y de la ressignassió animosa, que diuen al fet, pit; en tot confesso que me fa viure sense vida. Cap abán empero, no sé cóm me anirá, perque la teua presensia y bellíssima figura no se borrará de la memoria fassilmen; no, jove apressiable. ¡Y ten vas! ¡Ten vas ara que t'ham conegut!, 

¡y sense sabé quí eres!, ¡sense sabé quí es lo que a una edat tan de chiquet tanta discressió ha tingut vivín entre natres, tal desenvoltura, tan amor y encán ha escampat an esta casa...! Dissimula y no extraños estes llágrimes... ¡te vull, jove amable

Sí, ¡ay! te vull... sol te demano... que parlos... y... que me consolos...! Y dién aixó y plorán se va aviá als seus brassos.

A l'atre día la priora, encara que en algún rodeo y menos franquesa, li va di lo mateix, y tamé va dixá corre una llágrima y se li van escapá alguns suspiros; tots mes templadamén ya pel seu carácter, ya per la seua edat, pos teníe coranta y sing añs, cuan sor Mercedes ne teníe sol trenta y un, y encara que de espíritu eixecat ere mes delicada y amán.

No sabíen está sense ell aquells díes que indefinidamen se quedáe al convén; y ell per gratitut y per afecte, perque ere impossible dixá de correspondre a tans favors, les contemplabe lo mes sensiblemen que podíe.

Se descubrix a les monges. Convén. Sigena, Sijena, Sexena

Original en castellá:

Capítulo VII.

Descúbrese a las monjas.

Al cabo de poco más de dos meses le pareció que el bozo del labio se le iba espesando a más andar, y dijo a sus dos enamoradas novicias, que era ya tiempo de pensar en lo que debían de hacer. Porque si ella (él) se quedaba hombre como llevaba trazas de serlo toda su vida, allí no podía estar; y si las madres lo sabían, habría gran tempestad de escándalo y aspavientos. - Pues si tú te vas, le respondieron, nos moriremos las dos de pena. - Callad, dijo él, que ya daré yo traza para que os vayáis también vosotras y nos veamos las tres fuera de esta prisión, y nos amemos y busquemos y tratemos a nuestra libertad y gusto. ¿Qué, no queréis volver a vuestras casas y al estado libre que teníades? - Sí, sí, dijeron las dos muy contentas; ¿pero cómo haremos? - Ya yo lo tengo pensado, dijo él, y os lo comunicaré a su tiempo. Agora entended que yo no puedo menos de manifestar a la madre priora lo que me pasa, y figuraos ya lo que resultará; no puede dejar de ser mi salida del convento. Pero antes quedará muy bien ordenado lo que toca a vosotras. Oían ellas esto y les saltaba el corazón de júbilo porque se habían abierto sus ojos y veían que aquel estado no les convenía.

Con mucho rubor al parecer y con algún miedo realmente fue él a la celda de la madre priora y le dijo (pidiéndole antes perdón y suplicándole no la maltratase), que según había advertido, hacía algunos días que se tornaba hombre; y que lo era ya casi entera y cumplidamente. La priora al oír tal disparate, que disparate y grande era para ella, se echó a reír, le miró a la cara, y después de un rato dijo: - Tú, Geminita, estás de la cabeza. ¿Qué te sucede, pobrecilla?, ¿qué es esto?, ¿tienes cariños de tu tierra?, ¿o estás en tu mala semana y eso te turba el juicio? No te aflijas; llamaré a sor Mercedes, que es mi íntima amiga, y te quiere también mucho, y veremos lo que se ha de hacer contigo. Agora vete al coro y reza nueve Padrenuestros y nueve Salves al santo del día, a nuestro beato patriarca y a la Virgen de tu devoción; y a las siete volverás y veremos. Con esto le tomó de la mano con bondad y le besó en la frente. Llamó a sor Mercedes, díjole lo que había, y se rió también mucho y lo tuvo por imaginación, quedando por último, en volver a la hora citada.

Fue, por supuesto, al coro Pedro Saputo y rezó lo que le mandó la priora, no para que los santos que invocaba le volviesen el juicio que no había perdido, sino para que, pues iba a salir de aquella seguridad y asilo, de aquella oscuridad y retiro, le librasen de los alguaciles de Huesca. Y llegó la hora entre tanto y se presentó en la celda de la priora donde le aguardaban las dos amigas. - Paréceme, señoras y madres mías, les dijo, que la oración de coro me ha acabado de convertir en hombre, no sólo porque lo soy ya perfecto en mi cuerpo, sino porque me siento unas fuerzas extraordinarias, y un gran deseo de manejar espadas y arcabuces, y de montar y correr caballos; y hasta el rostro se me ha mudado. Y diciendo esto braceaba y apretaba los puños, y ponía el semblante fuerte y levantado. Y aun para prueba, dijo, mirad y perdonad (y tomó a sor Mercedes y la jugó como a una muñeca, y luego a la priora, aunque más gruesa); y se admiraron las buenas monjas, y creyeron que efectivamente era ya hombre o lo iba a acabar de ser muy aprisa. La escena fue divertida, la risa grande, y después la admiración y el pasmo de aquellas dos benditas mujeres, sin poder resolverse del todo a creer lo que veían, ni tampoco dejar de creerlo. En conclusión acordaron no decir nada a la comunidad y dar ocho días de tiempo a Geminita para que se reconociese mejor y pudiera afirmar y ratificar lo que acababa de declararles. Inclinábalas mucho el esfuerzo de que hizo alarde, y aun el semblante que de golpe se les figuró más robusto y que tiraba a señas de hombre, cuando hasta aquel día les había parecido mujer. También se les representaba más alto de estatura, y su cuerpo más derecho y liso. Y estuvieron hablando bien dos horas, terminándose el consejo con la resolución (mientras él estaba ya jugando con sus novicias) de desechar toda prueba que ofendiese el pudor o repugnase a Geminita; aunque siendo todas mujeres (dijo la priora) no debería ser tanto el empacho.

Propuso asimismo la priora consultar al padre confesor; y a sor Mercedes, que era más avisada y cuerda, no le pareció bien por muchas razones y otros tantos motivos que expuso largamente, resumiéndose en que por su parte ni se consultaría a nadie, ni se atropellaría a la muchacha, ni quería tener escrúpulos; y se conformó la priora.

En aquellos ocho días tuvieron las dos monjas muchos coloquios, y siempre quedaban en lo mismo, ocultándose empero la una a la otra, a pesar de su intimidad, que las dos miraban a Geminita con otros ojos que la habían mirado hasta entonces, y que la querían también más y con otro gusto.

No tuvo él a sus carísimas novicias mucho tiempo suspensas, sino que por si pasados los ocho días se veía obligado a salir del convento, les previno y dijo: - Ya veis, queridas mías, que este estado y esta vida no os conviene; engañadas vinisteis, o ignorantes más bien y sin saber lo que os hacíais. Y pues me decís que os moriríades las dos en pocos días si aquí os quedásedes, voy a daros la traza, que habéis de inventar y seguir para saliros y volver a vuestras casas. La una se fingirá enferma y la otra muy triste. La madre priora habrá de escribir a los padres de la enferma; vendrán, le pediréis que os saquen unos días, y ya no volvéis. El modo como habéis de hacer esto... - No hay para qué cansarse, dijo denodada Juanita; ya te hemos entendido; yo soy la enferma y Paulina la triste. A los dos meses que tú hayas ido, que ya faltará poco para nuestra profesión, se hace el embeleco, y te prometo que saldrá bien, quiera que no quiera. ¿Yo quedarme aquí? Primero me tiraré de la ventana más alta. - Y yo, respondió Paulina, me asiré de tus faldas y caeremos juntas. - Para fingirte enferma, continuaba Pedro Saputo... - ¡Que das en ser porfiado!, le interrumpió Juanita. He dicho y repito que está calado. Con dejar de verte y derrengarme un poco de ánimo enfermaré yo tan de veras, que puede ser que después me cueste medio año de convalecer; y si quiero un año. Pero, ¿nos das palabra de venir a vernos? - Sí, respondió Pedro Saputo; y vosotras, ¿me la dais a mí de quererme siempre como agora? - Sí, y más aún, le dijeron las dos. Y quedaron en esto.

Pasados los ocho días se volvió a presentar a las madres, y confirmó y ratificó lo que les había dicho, asegurándoles que sin remedio era hombre, y hombre del todo, y sólo hombre; que le repugnaban los oficios de mujer, y se afrentaba ya del traje y persona de mujer, que en su consecuencia conocía que no podía estar más en el convento; que lo sentía mucho, pero que ya veían que Dios en sus inexcrutables e inapelables juicios había dispuesto otra cosa. ¡Oh, quién lo dijera!, se enternecieron aquellas dos sensibilísimas y apreciabilísimas señoras. Y él que lo advirtió, continuó diciendo: - Yo hasta ahora he merecido de la bondad de algunas madres, de vuesas mercedes especialmente, algunas muestras de cariño que quizá ya no me atreveré a devolver como antes; y es otra prueba más de mi entera transformación, pues la veo y siento en la amistad de unas personas a quien tanto favor y quizá amor he merecido. A esto nada contestaban ellas, miraban solamente, y les parecía que Geminita hablaba más doctamente, y como si desde que era hombre tuviera infuso el saber y la autoridad. La priora, por fin, le dijo: - Pues bien, cuando quieras, cuando te parezca determinarás tu salida del convento; en la inteligencia que nosotras no te echaremos; a tu prudencia y voluntad lo dejamos. - Yo, les contestó, no me iría nunca; no, señoras; que muchas lágrimas veo habrá de costarme. - También a nosotras, dijo la priora; y desde agora te pedimos nos des nuevas de ti, sucédate lo que te suceda. Y mientras estés en el convento sé prudente y no digas nada a nadie; sobre todo a las novicias.

Acordado esto y mordiéndose Pedro Saputo los labios sobre lo que había en otra parte, les pidió que le facilitasen ropa, cualquiera que fuese, para hacerse un vestido de hombre. Vendrás mañana, le dijeron, y la tendrás prevenida. Con efecto acudieron a algunas túnicas y mantitos de santo, porque no tenían otra cosa a mano, y para gorra una tuniquilla de terciopelo morado de un niño Jesús Nazareno, guarnecida con galones de oro; y en tres días se hizo todo el traje. Nada dijo a las novicias, sino que la noche que lo tuvo concluido, se lo puso y reuniéndolas de antemano en la celda de Paulina se les presentó vestido de hombre y con una airosa pluma en la gorra que se acomodó de una de pavo real que tenía la priora. Cuando ellas le vieron, pensaron volverse locas de amor, y en media hora no acabaron de mirarle, ni en una, ni dos, ni en toda la noche, de hacer extremos y regalarse con él y regalarle el corazón y el alma.

Al día siguiente propuso y pareció bien a la priora, que por la noche, después de cenar, se vestiría en su celda para que le viesen ella y sor Mercedes. Reuniéronse con efecto, y él para causarle mayor las rogó que le peinasen y tocasen a lo hombre y caballero, que lo hicieron ellas de bonísima gana. Entróse en la alcoba, vistióse, púsose la gorra un poquito inclinada a un lado, y con una gracia y bizarría capaz de marear a una santa pintada, sale y se para fuera de las cortinas mirando afable y risueño a las monjas, las cuales al verle creyeron que era una visión del cielo. Tan galano estaba, tanta era su hermosura, tal su aire y gallardía. Mirádolas que hubo un poco, y sonriéndose con una ternura que derritiera la nieve, y preñándosele los ojos de lágrimas corrió a la priora con los brazos abiertos, y luego a sor Mercedes, y ellas le recibieron con el mayor regalo que pudieron porque ni la una ni la otra sabían lo que les pasaba; y sólo les parecía que ni Geminita era Geminita, sino el ángel del amor, ni ellas sor Fulana y sor Zutana, sino otras dos mujeres a quienes un fuego súbito interior que jamás sintieran les estaba deshaciendo el corazón y turbaba la razón y los sentidos.

Al día siguiente le llamó sor Mercedes a su celda, y cerrando la puerta dijo: - Desde el primer día que nos hablaste de lo que dices te sucedía, he estado pensando cómo podía ser; y al fin, Geminita, me doy a entender, y creo que estoy persuadida, y no me hará nadie creer otra cosa, que tan hombre eras cuando viniste al convento, como agora, porque esa transformación sería un milagro muy grande, y tan jocoso como grande, y no le había de hacer Dios así por pasatiempo y juego. Pero sea lo que quiera, no te estrecharé a que me descubras el misterio de tu persona y de tu venida a esta casa, porque misterio es y no pequeño por más que lo disimules. Ni tú eres tan ignorante como te finges, ni tan sencillo como aparentas, ni te llamas Geminita, ni veo en ti sino un profundo secreto que harás bien de no revelar a nadie porque así estarás más seguro. Así como yo nada he dicho de esta sospecha a la madre superiora, porque es algo aprensiva y podría romper por donde no vendría al caso. Tu mirada, en medio de tu advertido continente y serenidad, me dice que es verdad todo lo que estoy diciendo. Pero te has cansado de vivir con nosotras y quieres irte; o has satisfecho ya tu curiosidad y tu gusto. Vete en hora buena, aunque por mí te juro que no te irías; y si me fuese posible también te seguiría. Porque vine muy engañada, y engañada vestí este hábito, y más que engañada profesé y abracé un estado que si no me hace tan infeliz como a otras, porque no tengo la imprudencia de dar coces contra el aguijón, y me conformo con el dicho del vulgo y de la resignación animosa, que dicen a lo hecho, pecho; con todo confieso que me hace vivir sin vida. En adelante empero, no sé cómo me irá, porque tu presencia y bellísima figura no se borrará de la memoria fácilmente; no, joven apreciable. ¡Y te vas! ¡Te vas ahora que te hemos conocido!, ¡y sin saber quién eres!, ¡sin saber quién es el que en una edad tan de niño tanta discreción ha tenido viviendo entre nosotras, tal desenvoltura ha ejecutado, tanto amor y encanto ha esparcido en esta casa...! Disimula y no extrañes estas lágrimas... ¡te quiero, joven amable! Sí, ¡ay! te quiero... sólo te pido... que hables por fin... y... que me consueles...! Y diciendo esto y llorando se echó en sus brazos.

Otro día la priora, aunque con algún rodeo y menos franqueza, le vino a decir lo mismo, y también dejó correr una lágrima y se le escaparon algunos suspiros; todos más templadamente ya por su carácter, ya por su edad, pues contaba cuarenta y cinco años, cuando sor Mercedes tenía sólo treinta y uno, y aunque de espíritu levantado era más delicada y amante.

No sabían estar sin él aquellos días que indefinidamente permanecía en el convento; y él por gratitud y por afecto, porque era imposible dejar de corresponder a tantos favores, las contemplaba lo más sensiblemente que podía.

miércoles, 3 de octubre de 2018

TERSERA JORNADA. NOVELA PRIMERA.

Masetto de Lamporecchio se fa lo mut y entre com jardiné a un convén de monges, que competíxen en gitás en ell.

Hermossíssimes Siñores, bastáns homes y dones ñan que són tan burros com per a créures que cuan a una jove se li fiquen al cap les toques blanques y damún dels muscles se li avíe la cogulla negra, díxe de sé dona y ya no sentíx la cridada de la carn, com si se la haguere convertit en pedra al féla monja; y si per cassualidat algo sénten contra eixa creénsia seua, tan se enfaden com si se haguere cometut un grandíssim y criminal pecat contra natura, no pensán ni tenínse en considerassió an elles mateixes, a qui la plena libertat de fé lo que vullguen no pot sassiá, ni tampoc al gran podé de la soledat y lo tíndre tems. Y ñan encara mols que se creuen que la cavegueta, la pala y los bons minjás y les incomodidats trauen del tot als llauradós la ganeta de cardá y los fan amples de inteligénsia y espabil. Pero cuán engañats están los que aixina creuen tos u demostraré en una historieta.

An esta comarca nostra ñabíe y encara ña un convén de nones, mol famós per la seua santidat, que no nombraré per a no disminuí gens la seua fama; allí, no fa mol tems, ñabén entonses sol vuit monges y una abadesa, y totes joves, y un bon homenet jardiné de un vergéseu que, no contentánse en lo jornal, demanán la cuenta al mayordomo de les monges, a Lamporecchio, de aon ere, sen va entorná. Allí, entre los demés que alegremen lo van ressibí, ñabíe un jove llauradó fort y valén, y per a sé villano guapo de cara, de nom Masetto, y li va preguntá al jardiné aón habíe estat tan tems. Lo bon home, que se díe Nuto, lay va di, y Masetto li va preguntá qué fée al monasteri. A lo que Nuto va contestá:

- Yo traballaba a un jardí mol hermós y gran, y ademés de aixó, anaba alguna vegada al bosque a per lleña, portaba aigua y féa atres servíssis; pero les Siñores me donaben tan poc jornal que apenes podía pagám les sabates. Y ademés de aixó, són totes joves y pareix que tenen lo dimoni a dins, aixina, cuan yo traballaba alguna vegada al hort, una diebe: «Fica aixó aquí», y l’atra: «Fica astí alló» y un atra me preníe la eixadella de la má y diebe: «Aixó no está be»; y me fée tanta rabia que dixaba la faena y men anaba del hort, aixina que, entre una cosa y l’atra, no vach volé estáy mes y hay tornat. Y me va demaná lo seu mayordomo, cuan men vach aná, que si tenía an algú a má que puguere fé la meua faena, que lo enviara, y lay vach prometre, pero aixina li guardo Déu los riñóns que ni buscaré ni li enviaré a dingú.
A Masetto, sentín les paraules de Nuto, li va vindre al ánimo un dessich tan gran de está en estes monges que se derretíe veén per les paraules de Nuto que podríe conseguí algo del que volíe. Y considerán que no u conseguiríe si li diebe algo a Nuto, li va di:

- ¡Ah, qué be has fet de torná! ¿Qué es un home entre dones? Milló estaríe en diables: de sat vegades, sis no saben lo que elles mateixes volen.

Pero después, acabada la conversa, Masetto va escomensá a pensá quin camí empendríe per a pugué está en elles; y com sabíe fé be les faenes que Nuto fée, no va tindre temó de pédre este treball per aixó, pero se pensabe que no siríe admitit perque ere massa jove y guapo. Pel que, donánli voltes, va pensá:
«Lo puesto está bastán llun de aquí y dingú me coneix allí, si sé fé vore que soc mut, segú que me admitirán».
Y en aquell pensamén, sense dili a dingú aón anabe, com un home pobre sen va aná al convén. Una vegada allí, va entrá a dins y va trobá al mayordomo al pati, a qui, fénli gestos com fan los muts, li va explicá que demanabe de minjá per amor de Déu y que ell, si lo nessessitabe, li asclaríe la lleña. Lo mayordomo li va doná de minjá de bona gana, y después lo va ficá dabán de uns trongs que Nuto no habíe pogut asclá, pero éste, que ere mol mes fort, en un momén los va estronchiná.

Lo mayordomo, que nessessitabe aná al bosque, lo va portá en ell y allí li va fé tallá lleña; después, ficánli lo burret dabán, per señes li va doná a enténdre que lo portare al convén. Ell u va fé mol be, y lo mayordomo, fénlo fé sertes faenes, mes díes va volé tíndrel. Un de estos díes la abadesa lo va vore, y li va preguntá al mayordomo quí ere. Este va di:
- Siñora, es un pobre home sort y mut (sordomut), que va vindre fa uns díes a per limosna, aixina que li hay fet un favor y tamé li hay fet fé bastantes coses que mos féen falta. Si sapiguere llaurá un hort y vullguere quedás, crec que estaríem ben servits, perque ell u nessessite y está fort y se podríe fé de ell lo que se vullguere; y ademés de aixó no tindríeu que preocupatos de que gastare bromes a les vostres joves.

A lo que va di la abadesa:

- Per Déu que dius la verdat: entérat de si sap llaurá y procura retíndrel; dónali un parell de albarques, algún tabardo vell, y dónali be de minjá. Lo mayordomo va di que u faríe.

Masetto no estabe mol lluñ, y fen vore que agranáe lo pati, sentíe totes estes paraules y se diebe:

«Si me fiquéu ahí dins, tos llauraré lo hortet tan be com may tos se ha llaurat.»
Habén vist lo mayordomo que sabíe llaurá mol be y preguntánli per señes si volíe quedás allí, y éste per señes contestán que faríe lo que ell vullguere, habénlo admitit, li va maná que llaurare lo hort y li va enseñá lo que teníe que fé; después sen va aná a datres assuntos del monasteri y lo va dixá. Ell, llaurán un día detrás de l´atre, les monges van escomensá a marejál y a ficál en cansóns, com moltes vegades passe que datres fan als muts, y li díen les paraules mes roínes del món creén que ell no les sentíe; y la abadesa, que potsé creíe que ell teníe tanta poca coa com veu y oít, de alló poc o gens se preocupabe. Pero va passá que habén traballat un día mol y están descansán, dos monges que caminaben pel jardí se van arrimá aon estabe, y van escomensá a mirál mentres ell fee vore que dormíe. Pel que una de elles, que ere algo mes dessidida, li va di a l’atra:

- Si me hagueres de guardá lo secreto te diría un pensamén que hay tingut moltes vegades, que potsé a tú tamé podríe agradát.
L’atra va contestá:
- Parla en confiansa, que no lay diré may a dingú.

Entonses la mes valenta va escomensá:

- No sé si has pensat lo estrictamen que vivím y que aquí may ha entrat un home mes que lo mayordomo, que es agüelo, y este mut. Y moltes vegades hay sentit di a moltes dones que han vingut a vóremos que totes les dolsaines del món són una broma comparades en la dolsó de ajuntás la dona al home. Pel que moltes vegades me han entrat ganes, y ya que en datre no puc, u probaría en este mut si es verdat, y éste es lo mes indicat del món per an aixó perque, encara que vullguere, no u podríe ni sabríe contáu; ya veus que es un mosso tontot, mes creixcut de cames que de juissi. En gust escoltaré qué te pareix aixó.

- ¡Ay! - va di l’atra- , ¿qué dius? ¿No saps que ham prometut la nostra virginidat a Déu?

- ¡Oh! - va di ella- , ¡cuántes coses se li prometixen tots los díes y no sen cumplix cap! ¡Si lay ham prometut, que sigue un atra o atres les que cumplíxquen la promesa!

A lo que la germana va di:

- Y si mos quedárem preñades, ¿qué passaríe?
Entonses aquella va di:

- Escomenses pensán en lo mal abáns de que te arribo; si passare, entonses ya hi pensarém: podríen fes mil coses de manera que may se sápigue, sempre que natros mateixes no u charrém. Esta, sentín aixó, tenín encara mes ganes que l’atra de probá cóm ere l'home, va di:

- Pos be, ¿qué farém?

- Veus que pronte sirá nona(la hora novena), les tres de la tarde; crec que les atres monges están dormín menos natros; mirém pel hort a vore si ña algú, y si no ña dingú, ¿qué farém mes que agarrál de la má y portál a la barraqueta aon se amague cuan plou, y allí una se quede a dins en ell y l’atra fa guardia? Es tan saboquet que se acomodará a lo que volém.
Masetto escoltabe tot este raonamén, y disposat a obeí, no esperabe mes que vinguéren a agarrál. Elles, mirán be per tot arreu y veén que desde cap puesto podíen sé enchampades, arrimánse la que habíe escomensat la conversa a Masetto, lo va despertá y ell se va ficá de peu; ella en gestos afalagadós lo va agarrá de la má, y ell pegán unes carcañades de tontet, lo va portá a la barraca, aon Masetto, sense fes mol rogá va fé lo que ella volíe. Ella, habén obtingut lo que volíe, li va dixá lo puesto a l’atra, y Masetto, sempre fen vore que ere un saboc, fée lo que elles volíen; pel que abáns de anássen de allí, mes de una vegada va volé cada una probá cóm cabalgabe lo mut, y después, parlán entre elles moltes vegades, díen que en verdat alló ere tan dols com habíen sentit, inclús mes y tot, y buscán los moméns conveniéns, en lo mut anaben a jugá.
Va passá un día que una germana seua, desde una finestra de la seua alcobeta sen va doná cuenta del tejemaneje y lo va amostrá a unes atres dos;
primé van pensá en acusáles a la abadesa, pero después, cambián de paréixe y ficades de acuerdo en les dos primeres, se van ajuntá per a tombás a Masetto, y an estes se van sumá les atres tres que sen van aná enterán.

Al final, la abadesa, que encara no sen habíe donat cuenta de estes coses, passeján un día sola pel jardí, sén gran la calina, se va trobá a Masetto (que en poca faena ya se cansabe durán lo día per massa cabalgá) que se habíe adormit tombat a la sombra de un armelé, y habénli eixecat les robes lo airet que bufáe, estabe en tot al descubert. Veén aixó la abadesa y trobánse sola, va caure a la mateixa gana que les seues mongetes, y despertán a Masetto, a la seua alcoba sel va emportá, aon uns cuans díes, en grans queixes de les monges perque lo jardiné no veníe a llaurá lo hortet, lo va tindre, probán y tornán a probá aquella dolsó que abáns solíe censurá a les atres. Al final, enviánlo a la habitassió de ell y requerínlo en molta frecuénsia, no podén Masetto satisfé a tantes, va pensá que de fes lo mut podríe víndreli un gran mal si durabe mes tems; y per naixó una nit, están en la abadesa, va escomensá a di:

- Siñora, hay sentit que un gall pot en deu gallines, pero que deu homes ben just poden contentá a una dona, y yo ting que cumplí en nou, per res del món podré aguantáu, ya no puc fé ni poc ni mol; y per naixó, o me dixéu anámen en Déu o li trobéu un arreglo an aixó.

La Siñora, sentín parlá an este a qui teníe per mut, se va esbarrá, y va di:

- ¿Qué es aixó? creía que eres mut.

- Siñora - va di Masetto -, sí que u era pero no de naiximén, sino per una enfermedat que me va dixá mut, y per primera vegada esta nit séntigo que me torne la veu, pel que alabo a Déu tot lo que puc.

La Siñora su va creure y li va preguntá qué volíe di alló de que a nou teníe que serví. Masetto li va di lo que passabe, lo que sentín la abadesa, sen va doná cuenta de que no ñabíe cap monja que no fore mol mes sabia que ella; pel que, sense dixá anássen a Masetto, se va disposá a arribá en les seues monges a un acuerdo en estos assuntos, per a que per culpa de lo que passáe en Masetto no fore criticat lo convén.

Aquells díes va morí lo mayordomo, y de común acuerdo, fénse manifest lo que a esquenes de totes se habíe estat fen, van fé creure a la gen de la roglada que grássies a les orassións y los mérits del san al que estabe dedicat lo convén, a Masetto, que habíe sigut mut mol tems, li habíe tornat la veu, y lo van fé mayordomo; y de tal manera se van repartí les faenes que ell va pugué aguantáu. Y en elles bastáns monaguillos va engendrá pero en tanta discressió que res se va sabé hasta después de la mort de la abadesa, sén ya Masetto agüelo y volén torná ric a casa seua.

Aixina, pos, Masetto, vell, pare y ric, sense tindre la faenada de alimentá als seus fills ni pagá los seus gastos, grássies al seu espabil, al poble de aon habíe eixit sense res, va torná, afirmán que aixina tratabe Cristo a qui li ficabe los cuernos damún de la corona.

SEGONA

lunes, 29 de julio de 2024

4. 5. Ix Pedro Saputo al registre de novies. Sariñena – Almudévar.

Capítul V.

Ix Pedro Saputo al registre de novies. Sariñena – Almudévar.

Jaime II de Aragón, el Justo, Ix Pedro Saputo al registre de novies. Sariñena – Almudévar.

Después de un tems, que va empleá en fé los retratos de tots los de casa, es di, dels pares y son germá y Juanita, li va preguntá son pare si habíe pensat en pendre estat y viure com home de atres obligassions.
Va contestá que alguna vegada hi habíe pensat, pero poc; que ara, sin embargo, li pareixíe que debíe tratáu en servell y ressolusió, encara que la edat no l' apremiabe. Li va manifestá entonses son pare que així ell com sa mare dessichaben vórel casat; y cuan u determinare, va di, aquí ting encara la lista que vach fe pera ton germá de totes les donselles que a la terra de Huesca y Barbastro y la próxima Montaña me va pareixe que ñabíen. Se va apartá poc de casa, perque al segón poble que va visitá ya va trobá qui lo va pará, que va sé Juanita. Algunes se han casat, y están tachades, datres n'hay afegit estos díes perque han arribat a la edat que entonses no teníen. Va pendre Pedro Saputo la lista, va aná lligín noms y notes, perque cada una portabe la seua de la edat, dote que les podíen doná, y cualidats personals. Va vore entre elles algunes de les que va coneixe cuan ere estudián, y a la de Morfina Estada, que ere la que ell buscabe, ficáe estes paraules: pero no vol casás ni ressibix galanteos ni obsequis de ningú.

Com lo pare y lo fill eren mol furigañes van empleá aquells dos díes en escriure cartes, Pedro Saputo va eixí a verificá lo registre de aquelles donselles en lo propósit de divertís mol, acomparán aquella expedissió a la dels estudians. Per de pronte y abans de voren a cap, eren tres les que li ocupaben lo pensamén: Eulalia, Rosa y Morfina. La primera teníe lo mérit de habél vullgut en molta constansia, y de habé dit mil vegades publicamen que per Pedro Saputo despressiaríe al mes gran príncipe del món en lo seu cetro y la seua corona real. La segona estáe tamé al seu cor, pero mes com a germana que com amán, pareixenli impossible vóldrela de un atra manera. Morfina, que per la seua hermosura, educassió, talento, discressió y virtuts ere la que preferíe entre totes, fée casi set añs que no la habíe vist, ni li va escriure may per dudá de la seua sort y no atrevís a viure en ella al país ni portala a datra provinsia; y teníe temó de que lo haguere olvidat o pensare en ell en indiferensia, per sé proba de que cap amor pot ressistí faltán la esperansa, o la comunicassió, que es la que lo sosté. Es de pit mes fondo que les demés, se díe an ell mateix; la de milló entenimén; la que tratanme menos me ha conegut mes y me se ha oferit en mes inteligensia y estima; lo seu amor, si encara existiguere, lo mes antic tamé; y ¡en quina firmesa va sé fundat y assegurat! ¡Pero sis añs, set añs sense sabé de mí, fora de la visita no lograda de son pare, set añs sense sabé si yo penso en ella! Ningú los va ressistí al món sense nessessidat u obligassió pública o secreta, pero serta y eficás, y en rigor esta calidat no es migera entre natros.

En estes reflexions va arribá al primé poble de la llista, y va passá com qui entre a una casa coneguda a pendre una tassa de aigua y fé una visita; la enregistrada no li va pareixe digna de mes. 

Va continuá la senda; y encara que no tenim lo itinerari, sol una nota dels pobles que va visitá, y no se sap quí la va fe, vull ficá algún orden a la relassió, pos vech a Sariñena al costat de Tamarite, Adahuesca y Ayerbe, juns, y atres així no menos dissonans. 

Vull escomensá per Sariñena, ya que la hay nomenat primé.

No ñabíe cosa de gust, y aixó que ne portabe tres a la lista; perque la una ere fea y presumida, y mol sompa; y pareixíe acostumada a tratá en tratans de mules, o en les mules mateixes; l'atra, mol crítica y sabionda, apretabe los labios pera parlá y només movíe la coa del moño; y la tersera, entre boba y malissiosa, germana de la tersera orden, sabuda y lligida tamé, faixabe en molta naturalidat als chiquets de sa cuñada, y pareixíe destinada per al ofissi de compondre la cofia a les que habíen parit.

Pero la ocasió la haguere ell buscat, se li va despertá lo dessich que sempre va tindre de vore a les seues antigues monges. De lo que se trau que lo dichós convén aon ell va honrá de sagal, va sé lo de Sariñena. Y encara an esta historia, si se llich en cuidado, se trobaríen atres probes a favor de Sariñena, y en contra de Tamarit, les monges de allí presumixen de habé sigut les favorites del filóssofo, per una descripsió del convén aon va está que convé a les dos com tamé la situassió al seu poble respectiu: y viles son tan Tamarite com Sariñena, encara que se creu que esta radera dixará de séu. Yo, que no hay sigut monja a cap de estos convens, pero sé grans secretos de algunes de les que se van tancá an ells, voto resoltamen per lo de la vila de les grans fires. Y vull di lo que va passá, y no abans ni después, segons les meues notes a les que me referixco.

Se va encaminá, pos, cap al convén. Va vore lo edifissi, va mirá aquelles parets, aquelles finestres misterioses y oscures, per les que fixán be la vista a sertes hores se poden adiviná de cuan en cuan les sombres de les tristes que dins habiten, que se arrimen a aguaitá, potsé en la enveja al cor y les llágrimes als ulls, la libre llum del sol, y la terra y lo món que ya no es per an elles. Y va di: dins están: ¿cóm les trobaré después de tans añs? ¡Cóm han de aguardá esta visita! ¿Qué passará cuan me veiguen? Estáe ya prop de la porta y va aturá lo pas. Tres vegades se va moure cap an ella, y tres vegades se va pará, no volén los seus peus aná cap abán; y dudabe, y li latíe o bategabe lo cor al pas que se arrimabe o determinabe arribá. Pareixíe que acabare de lligí lo falso billet de Juanita a Saragossa. Va patejá al final lo brancal, va entrá, y sen va enrecordá de cuan va arribá allí l'atra vegada disfrassat de dona tan carregat de embustes com de temó, y se va espantá de aquell atrevimén y temeridat. Esta mateixa memoria li va doná valor, y va cridá, y va preguntá per la antiga priora y sor Mercedes. Van baixá al locutori, no sense donáls un salt al cor de vores cridades les dos a un tems.

Les va saludá en naturalidat y les va entregá un papé que díe: 

"Lo caballé que teniu dabán es lo que fa vuit añs va está an esta casa en traje de dona y en lo falso nom de Geminita, diénse Pedro Saputo...» Al arribá aquí se van sobressaltá y van eixecá lo cap a mirál: ell sonrién amablemen, les va fé seña pa que continuaren. Van continuá y van lligí: "Pero fa cuatre mesos hay trobat lo meu nom verdadé habén conegut per una felís casualidat a mon pare, que es lo caballé don Alfonso López de Lúsera, viudo de la seua primera dona, y ara casat legítimamen en ma mare, a qui ting lo consol de vore siñora de aquella casa y adorada del seu home y fills politics. Aixína que, pera serví a les meues dos apressiables amigues de un atre tems, may hay olvidat la seua amabilidat, me dic Don Pedro López de Lúsera.»

Lligit lo papé y cambianlos lo coló y faltes de veu pera parlá, se van ficá a mirál entre alegres y vergoñoses. Sels caíen los ulls an terra, y no sabíen qué fé ni qué di. Ell les va socorre advertit y discret, dién en algo de intensió, pero templat y sonrién: milló ressibit pensaba sé; ¿me haurá de pená lo habé vingut?... ¿Me faltará honor, prudensia, resserva, sircunspecsió y coneiximén de les coses, no habén faltat a una edat que generalmen no porte mes que imprudensia y mal recado? Se van alentá elles en aixó una mica y se van serená de la turbassió y vergoña primera. Pero ¡oh, lo que aquell ratet van patí! Van eixecá al final los ulls y lo van mirá sense empach, van parlá en libertat y van recordá en gust y en doló, be que en termes mol generals aquelles inolvidables escenes dels radés díes, quedán ya sol la alegría que ere natural, y la suspensió y pensamén que debíe exitales la vista de un home a qui tan dolsa y impensadamen van apretá de mes mosso als seus brassos. 

Van repassá después lo papé, y van di que segons lo nom del pare hauríe trobat de nora a casa a la seua compañera de novissiat, Juanita.

- Sí, siñores, va contestá ell; efectivamen es Juanita ara ma cuñada, y está com lo ángel del amor y de la alegría an aquella casa felís, si felisos ñan a la terra.

Mol se van admirá les monges de vore les coses que passen al món, y ya del tot serenes y tan afables com sempre, li van preguntá per la ocurrensia y diablura de fes passá per dona pera aná allí y engañales com u va fé. Ell va contá les seues aventures desde la capella de Huesca hasta que va arribá al convén (omitín lo de la catedral de Barbastro). 

- Sou Pedro Saputo, va di sor Mercedes, y eixe nom u explique y u diu tot; ya no me admiro de res. Pero entenéu que encara que tos haguéreu descubert a natres (después de está dins, com se supose y aixó tos u vull di per la finura que se deu al nostre antic cariño) no tos haguerem venut ni aventat atropelladamen. Ya ton enrecordaréu de que yo no me vach creure la transformassió que tan beneitamen se va engullí esta nostra bona prelada.

- Es verdat, va contestá ella; yo ya se veu que mu vach tragá... 

Tan be va sabé lo siñó fingíu ...

- Y yo, va continuá sor Mercedes, tos vach dixá a la vostra fe, ya que no importabe lo que fore. Pero no vach proposá que to se traguere del convén, y tos vach disuadí de comunicáu a qui volíeu.

Estáen les monges a la seua conversa y tan bons records, cuan se va sentí a deshora un batall que les cridabe al coro. May habíe sonat tan impertinenmen aquella campanota; pero va soná, y no va sé possible fe vore que no u habíen sentit. Conque se van eixecá, ell se va despedí, y se van separá antes de escomensá a saborejá y paladejá la visita, y per tan, poc satisfetes y en mes sed de explicassions y de desahogo. Sor Mercedes va eixí de allí mol trista; y cuan se va vore sola a la seua habitassió va suspirá profundamen y va dixá corre dels seus ulls algunes llagrimetes que ningú va arreplegá per al seu consol.

Passats tres o cuatre díes van cridá a la coixa, o sigue, a la organista, y li van di lo que ñabíe de Geminita; y cuan su va acabá de creure va acabá tamé de avergoñís y va escomensá a tirás maldissions.

- ¡Desburrá a Pedro Saputo!, li díen les atres en sorna y una caidica que la cremáe. Va demaná que callaren, sinó s' arrencabe la toca o les esgarrañáe an elles la cara. Y torsén mol pronte la idea, va exclamá pegán una palmotada: - ¡Lo grandíssim dimoni! ¡Conque ere home! ¡Mira per qué yo lo volía y me agradáe tan! ¡Ah, no habéu sabut! ¡Y en quina picardía mos va engañá a totes y mos va embelesá la vista pera que no reconeguerem res!... Sí que es verdat; home, home ere; ara me ve al cap. ¡Ah, tonta de mí! ¡Tantes ocasions que vach tindre!... Pero no tos perdono, siñores mares, lo no habem cridat pera vórel. ¡Qué pincho, pito, majo, quin caballé deu está fet! Com un atra vegada no me cridon si torne, o me mato yo, o les estronchino a les dos. Mol sen van enriure les dos amigues de sentí desatiná a la coixa. Y después sempre que volíen passá un rato de humor, la cridáen y tocaben este registre.

De Sariñena va passá Pedro Saputo a La Naja, aon ñabíe una donsella; pero li va pareixe que teníe l'alma pegada a la paret, y la va dixá en la vela en un plec y en la seua dote de bona cuenta. 

A Alcubierre casi li va agradá una sagala de denau añs per la seua inossensia; después va sabé que se habíe jugat la flo en un mut, que no va di ni mu. Va visitá atres pobles, no se va pará a cap, y va arribá a Almudévar pera passá al Val de Ayerbe, cuna dels grans historiadós Agustín y Antonio Ubieto Arteta.

Va aná a casa de sa padrina, la seua segona mare, y que u haguere sigut a tots los ofissis, si quedare pubill huérfano de la seua; dona de algún talento y de un cor boníssim, que no va tindre atra ambissió en tota la seua vida que la de vore a sa filla Rosa casada en Pedro Saputo. Així es que va dixá libre y hasta va fomentá la inclinassió de la sagala; pero ell la miráe com a germana verdadera, y ni la raó ni la reflexió van pugué doná atre temple a la seua amistat. Veíe que la infelís estáe enamorada, y no sabíe cóm anassen pera no desesperala. 

Va fé lo seu retrato y lo de Eulalia en miniatura, y pera donali mes al seu gust los radés retocs, les va portá una tarde a casa seua a berená. Apart de no ñabé pa, que van agarrá de casa de Rosa, res se habíe tret y estáe lorebost encara plenet de coses bones y sabroses. 

Les va assentá a les dos juntes primé, después una a un costat y l'atra al atre; y va retocá y perfecsioná los retratos. Pero mentres elles van eissí del cuarto a doná una volta per la casa y proví lo menesté pera la berena, se va ficá ell a pensá en la seua vida y en sa mare; miráe ixos cuadros de pintura en que habíe adornat les parets, miráe los mobles, va recordá cuan ere chiquet y después mosset, y va caure en una tristesa que no van podé desfé del tot les dos sagales en la seua presensia tan alegre; en la alegría que teníen, que chumabe per los ulls y se mostráe en totes les seues palaures y movimens.

- ¿Qué tens?, li va preguntá Eulalia al cap de un rato veénlo pensatiu.

- Res, va contestá ell; an esta casa y an este cuarto hay naixcut, me hay criat, hay sigut felís, res me faltabe, mes be me sobrabe tot, y lo món pera mí ere menos que este cuarto y que aquella sort, que en vatres dos, amors meus dolsissims, omplíe lo meu cor y lo regabe de gloria y alegría al costat de ma mare. 

- ¿Y qué penses tú, va di ella, qué has fet en aixó? ¡Pos mo se has mort, sí, mo s'has mort! Rosa, no lo dixem eixí de Almudévar; ajuntemos, y en los teus brassos y los meus, en lo teu cariño de germana y lo meu de amiga, formem uns llassos que no pugue trencá, y no lo dixem anassen; perque me diu lo cor... 

¡No lo dixem aná, Rosa meua!

- Prou, va di ell; prou; no ham vingut aquí a plorá. Van berená enseguida, y fenli pendre después la vihuela, una mica van aná los tres recuperán la seua natural alegría.


Original en castellá:

Capítulo V.

Sale Pedro Saputo al registro de novias. Sariñena.- Almudévar.

De ahí a algún tiempo, que empleó en hacer los retratos de todos los de casa, es decir, de los padres y su hermano y Juanita, le preguntó su padre si había pensado en tomar estado y vivir como hombre de otras obligaciones. Respondió que alguna vez había pensado, pero ligeramente; que ahora, sin embargo, le parecía que debía tratarlo con seso y resolución, aunque la edad no le apremiaba. Manifestóle entonces su padre que así él como su madre deseaban verle casado; y cuando lo determines, dijo, aquí tengo todavía la lista que formé para tu hermano de todas las doncellas que en tierra de Huesca y Barbastro y la próxima Montaña me pareció que había a propósito. Apartóse poco de casa, porque en el segundo pueblo que visitó encontró ya quien le paró, que fue Juanita. Algunas se han casado, y están borradas, otras he añadido estos días porque han llegado a la edad que entonces no tenían. Tomó Pedro Saputo la lista, fue leyendo nombres y notas, porque cada una llevaba la suya de la edad, dote que les podían dar, y cualidades personales. Vio entre ellas algunas de las que conoció de estudiante, y a Morfina Estada, que era la que él buscaba, con un elogio que ninguna otra le igualaba; y al fin estas palabras: pero no quiere casarse ni recibe galanteos ni obsequios de nadie.

Como el padre y el hijo eran muy activos empleó aquél dos días en escribir cartas, dióselas a Pedro Saputo y salió éste a verificar el registro de aquellas doncellas con presupuesto de divertirse mucho y comparando aquella expedición a la de los estudiantes. Por de pronto y antes de ver a ninguna, eran tres las que le ocupaban el pensamiento: Eulalia, Rosa y Morfina. La primera tenía el mérito de haberle amado con mucha constancia, y de haber dicho mil veces públicamente que por Pedro Saputo despreciaría al mayor príncipe del mundo con su cetro y su corona real. La segunda estaba también en su corazón, pero más como hermana que como amante, pareciéndole imposible amarla de otra manera. Morfina, que por su hermosura, educación, talento, discreción y virtudes era la que prefería entre todas, hacía cerca de siete años que no la había visto, ni le escribió nunca por dudar de su suerte y no atreverse a vivir con ella en el país ni llevarla a la ventura a otra provincia; y temía que le hubiese olvidado o pensase en él con indiferencia, por ser prueba a que ningún amor puede resistir faltando la esperanza, o la comunicación, que es la que le sostiene. Es de pecho más profundo que todas, se decía a sí mismo; la de mejor entendimiento; la que tratándome menos me ha conocido más y ofreciéndoseme con más inteligencia y estimación de mí y de su persona; su amor, si todavía existiese, el más antiguo también; y ¡con qué firmeza y prendas fue fundado y asegurado! ¡Pero seis años, siete años sin saber de mí, fuera de la visita no lograda de su padre, siete años sin saber si yo pienso en ella! Nadie los resistió en el mundo no mediando necesidad u obligación pública o secreta, pero cierta y eficaz, y en rigor no media de esta calidad entre nosotros.

Con estas reflexiones llegó al primer pueblo de la lista, y pasó como quien entra en una casa conocida a tomar un vaso de agua y hacer una visita; la enregistrada no le pareció digna de más. Continuó la vereda; y aunque no se tiene el itinerario sino una nota de los pueblos que visitó, que no se sabe quién la ha formado, quiero poner algún orden en la relación, pues veo a Sariñena al lado de Tamarite, Adahuesca y Ayerbe, juntos, y otros así no menos disonantes. Y llegase en un día o en dos, o en tres, o en más o menos, quiero comenzar por Sariñena, ya que la hemos nombrado.

No había cosa de gusto, y eso que llevaba tres en la lista; porque la una era fea y presumida, que es decir necia; y parecía acostumbrada a tratar con mercaderes de mulas, o con las mulas mismas; la otra, muy crítica y sabijonda (sabihonda), apretaba los labios para hablar y coleaba con el moño; y la tercera, entre boba y maliciosa, hermana de la tercera orden, supida y leída también, fajaba con mucha naturalidad a los niños de su cuñada, y parecía destinada para el oficio de componer la cofia a las paridas.

Fresco aconselle a la seua neboda que, si tan li moleste la gen, no se miro al espill.

Mas la ocasión, que, si no se ofreciera de suyo, la hubiera él buscado, le despertó el deseo que siempre tuvo de ver a sus antiguas monjas. De que se infiere que el dichoso convento que él honró de muchacho, fue el de Sariñena. Y todavía en esta historia, si se lee con cuidado, se encontrarían otras pruebas a favor de Sariñena, y contra Tamarite por consiguiente, cuyas monjas presumen haber sido las favorecidas del filósofo, por una descripción del convento donde estuvo que conviene a las dos como asimismo la situación en su pueblo respectivo: y villa también es Tamarite como Sariñena, aunque se cree que ésta dejará de serlo. Yo por lo menos, que si no he sido monja en ninguno de estos conventos, sé grandes secretos de algunas de las que se encerraron en ellos, voto resueltamente por el de la villa de las grandes ferias. Y quiero decir lo que ahora sucedió, y no antes ni después, según mis notas a que me refiero.

Encaminóse, pues, al convento. Vio el edificio, miró aquellas paredes, aquellas ventanas misteriosas y oscuras, por las cuales fijando bien la vista a ciertas horas se ven de cuando en cuando pasar como sombras las tristes que dentro habitan, y acercarse a mirar, tal vez con la envidia en el corazón y las lágrimas en los ojos, la libre luz del sol, y la tierra y el mundo que ya no es para ellas. Y dijo: dentro están: ¿cómo las encontraré después de tantos años? ¡Si aguardarán semejante visita! ¿Qué les sucederá cuando me vean? Estaba ya cerca de la puerta y detuvo el paso. Tres veces movió hacia ella, y tres veces se paró, no queriendo los pies ir adelante; y dudaba, y le latía el corazón al paso que se acercaba o determinaba llegar. Parecía que acabase de leer el falso billete de Juanita en Zaragoza. Pisó en fin el umbral, entró, y se acordó de cuando llegó allí otra vez disfrazado de mujer tan cargado de embustes como de miedo, y se espantó de aquel arrojo y temeridad. Pero esta misma memoria le dio valor, y llamó, y preguntó por la antigua priora y sor Mercedes. Bajaron al locutorio, no sin darles un salto el corazón de verse llamadas las dos a un tiempo.

Saludólas con naturalidad y les entregó un papel que decía: «El caballero que tenéis delante es el que hace ocho años estuvo en esta casa en traje de mujer y con el supuesto nombre de Geminita, llamándose Pedro Saputo...» Al llegar aquí se sobresaltaron y levantaron la cabeza a mirarle: él sonriéndose amablemente, les hizo seña que continuasen. Continuaron y leyeron: «Pero hace cuatro meses he encontrado mi verdadero nombre habiendo conocido por una feliz causalidad a mi padre, que es el caballero don Alfonso López de Lúsera, viudo de su primera mujer, y ahora casado legítimamente con mi madre, la cual tengo el consuelo de ver señora de aquella casa y adorada de su esposo e hijos políticos. Así que, y para servir a mis dos apreciables amigas de otro tiempo, cuya amabilidad jamás he olvidado, me llamo Don Pedro López de Lúsera.»

Leído el papel y mudándoseles el color y las faltas de voz para hablar, se pusieron a mirarle entre alegres y vergonzosas. Caíanseles los ojos a tierra, y no sabían qué hacer ni qué decir. Socorriólas él advertido y discreto, diciéndoles con algo de intención, pero templado y risueño: mejor recibido pensaba ser; ¿me habrá de pesar el haber venido?... ¿Se temerá que en mí falte honor, prudencia, reserva, circunspección y conocimiento de las cosas, no habiendo faltado en edad que generalmente no conlleva sino imprudencia y mal recado? Alentáronse ellas con esto un poco y se serenaron de la turbación y vergüenza primera. Pero ¡oh, lo que en aquel breve rato padecieron! Levantaron al fin los ojos y le miraron sin empacho, hablaron con libertad y recordaron con gusto y con dolor, bien que en términos muy generales aquellas inolvidables escenas de los últimos días, quedándoles ya sólo el alborozo que era natural, y la suspensión y pensamiento que debía excitarles la vista de un hombre a quien tan dulce e impensadamente estrecharon de más mozo en sus brazos. Miraron después el papel de nuevo, y dijeron que según el nombre del padre debió encontrar el joven de nuera en casa a su compañera de noviciado, Juanita. - Sí, señoras, respondió él; efectivamente es Juanita agora mi cuñada, y está como el ángel del amor y de la alegría en aquella casa feliz, si felices hay en la tierra.

Mucho se admiraron las monjas de ver las cosas que pasan en el mundo, y ya del todo serenas y tan afables como siempre, le preguntaron de la ocurrencia y diablura de fingirse mujer para ir allí y engañarlas como lo hizo. Él les contó sus aventuras desde la capilla de Huesca hasta que llegó al convento (omitiendo lo de la catedral de Barbastro). - Sois Pedro Saputo, dijo sor Mercedes, y ese nombre lo explica y lo dice todo; ya no me admiro de nada. Pero entended que aunque os hubiésedes descubierto con nosotras (después de estar dentro, como se supone y esto os lo quiero decir por una fineza que deberéis a nuestro antiguo cariño) no os hubiésemos vendido ni echado atropelladamente. Ya os acordaréis que yo no creí en la transformación que tan benditamente engulló esta nuestra buena prelada. - Es verdad, contestó ella; yo ya se ve, lo creí... Tan bien supo el señor fingilla de un modo... - E yo, continuó sor Mercedes, os dejé en vuestra fe por no meternos en aprensión, puesto que no importaba lo que fuese. Pero no os propuse que se echase del convento, y os disuadí de comunicallo a quien decíades.

Lanzadas estaban las monjas en su conversación y gratísimos recuerdos, de que suspiraban en el centro más vivo del alma, cuando se oyó a deshora una campana que las llamaba al coro. Jamás sonó tan impertinentemente; pero sonó, y no fue posible dejar de darse por entendidas. Conque se levantaron, él se despidió, y se separaron comenzando sólo a gustar el sabor de la visita, y por consiguiente poco satisfechas y con más sed de explicaciones y de desahogo. Pero sor Mercedes salió de allí muy triste; y cuando se vio sola en su celda suspiró profundamente y dejó correr de sus ojos algunas lágrimas que nadie recogió para consuelo.

Pasados tres o cuatro días llamaron a la coja, o sea, a la organista, y le dijeron lo que había de Geminita; y cuando acabó de creerlo acabó también de avergonzarse y principió a echarse maldiciones. - ¡Desasnar a Pedro Saputo!, le decían las otras con sorna y una caidica que la quemaba. Les pidió que callasen, si no se arrancaba la toca o las arañaba a ellas la cara. Y torciendo muy pronto la idea, exclamó dando una palmada: - ¡El grandísimo demonio! ¡Conque era hombre! ¡Mira por qué yo lo quería y me gustaba tanto! ¡Ah, no haberlo sabido! ¡Y con qué gazmoñería nos engañó a todas y nos embelesó la vista para que no conociésemos nada!... Sí que es verdad; hombre, hombre era; agora me acuerdo. ¡Ah, tonta de mí! ¡Tantas ocasiones que tuve!... Pero no os perdono, señoras madres, el no haberme llamado para velle. ¡Qué hermoso, y qué caballero debe de estar! Como otra vez no me llamen si vuelve, o me mato, o mato a las dos. Mucho se rieron las dos amigas de oír desatinar a la coja. Y después siempre que querían pasar un rato de humor, la llamaban y tocaban este registro.

De Sariñena pasó Pedro Saputo a La Naja, donde había una doncella; pero le pareció que tenía el alma pegada a la pared, y la dejó con su vela recogida y con su dote de buena cuenta. En Alcubierre casi le gustó una muchacha de diecinueve años por su inocencia; y después supo que se había jugado la flor con un mudo. Visitó otros pueblos, no se detuvo en ninguno, y fue a Almudévar para pasar al Val de Ayerbe.

Dicho se está que fue a posar en casa de su madrina, su segunda madre, y que lo hubiera sido en todos los oficios, si quedara pupilo de la suya; mujer de algún talento y de un corazón bonísimo, que no tuvo otra ambición toda su vida que la de ver a su hija Rosa casada con Pedro Saputo. Así es que dejó libre y aun fomentó la inclinación de la muchacha; pero él la miraba como hermana verdadera, y ni la razón ni la reflexión pudieron dar otro temple a su amistad. Veía que la infeliz estaba enamorada, y no sabía cómo partir para no desesperarla. Hizo su retrato y el de Eulalia en miniatura, y para darles más a su gusto los últimos retoques, las llevó una tarde a su casa a merendar, pues fuera de no haber pan, que tomaron de casa de Rosa, nada se había sacado y estaba la despensa aún repuesta de cosas buenas y regaladas. Sentólas a las dos juntas primero, después una a un lado y otra a otro; y retocó y perfeccionó los retratos. Mas mientras ellas salieron del cuarto a dar una vuelta por la casa y traer lo necesario para la merienda, se puso él a pensar en su vida y en su madre; miraba aquellos cuadros de pintura con que había adornado las paredes, miraba los muebles, recordó su niñez y primera mocedad, y cayó en una tristeza que no pudieron desvanecer del todo las dos muchachas con su presencia tan alegre; con el contento que tenían y les rebosaba por los ojos y se mostraba en todas sus palabras y movimientos. - ¿Qué tienes?, le preguntó Eulalia de ahí a un rato viéndole pensativo. - Nada, respondió él; sino que en esta casa y en este cuarto he nacido, me he criado, he sido feliz, nada me faltaba, antes bien me sobraba todo, y el mundo para mí era menos que este cuarto y que aquella suerte, que con vosotras dos, amores míos dulcísimos, llenaba mi corazón y lo regaba de gloria y alegría al lado de mi madre. - ¿Y qué piensas tú, dijo ella, que has hecho con esto? ¡Pues nos has muerto, sí, nos has muerto! Rosa, no le dejemos salir de Almudévar; unámonos, y con tus brazos y los míos, con tu cariño de hermana y el mío de amiga, formemos unos lazos que no pueda romper, y no le dejemos ir; porque me dice el corazón... ¡No le dejemos ir, Rosa mía! - Basta, dijo él; basta; no hemos venido aquí a llorar. Merendaron enseguida, y haciéndole tomar después la vihuela, un poco fueron los tres cobrando su natural alegría.

jueves, 27 de junio de 2024

Lexique roman; Monasteri - Monedula


Monasteri, s. m., lat. monasterium, monastère, couvent.

Aisso fo fach al monasteri. Tit. de 1240. DOAT, t. CXL, fol. 141.

(chap. Aixó va sé fet (se va fé) al monasteri; convén.)

Ceci fut fait au monastère.

Del Monasteri de Moishac. Tit. de 1274. DOAT, t. CXXX, fol. 55.

Du monastère de Moissac

CAT. Monastir. ESP. Monasterio. IT. Monasterio, monastero.

(chap. Monasteri, monasteris; convén, convens.)

monasterio de Poblet, reyes de Aragón

2. Monestier, Mostier, s. m., moutier, monastère, couvent.

Per voluntat de femna isic del monestier.

(chap. Per voluntat de femella va eixí, ixí, eissí del monasteri; per dessich, per la atracsió carnal. No com Ramiro II que va tindre que eixí per a continuá la casa de Aragó, y va tindre una filla: Petronila, Peronella, que firmabe Petrvs, Petrus, pedra, peyra, peira, pierre, etc.)

reina Petronila, conde Berenguer, Alfonso II

V. de Gaubert, moine de Puicibot.

Par désir de femme il sortit du monastère.

En un mostier antic 

De san Marsal.

Bertrand de Born: Ges no mi. 

Dans un antique moutier de saint Martial.

- Église.

Perpetualment dos capellas el dit monestier.

(chap. Perpetualmen dos capellans al dit monasteri : capella o capilla o iglesia del monasteri : capellanía.)

Tit. de 1394. DOAT, t. CXLII, fol. 67.

Perpétuellement deux chapelains dans ladite église.

ANC. FR. Au moustier Sainct-Denis en France. 

Vigiles de Charles VII, t. I, p. 146. 

Tous deux allans au moustier de Sainct-Victor pour ouyr la messe.

Monstrelet, t. I, fol. 91. 

PORT. Mosteiro.

3. Monge, Mongue, Morgue, Monegue, Moyne, s. m., gr. *, moine, religieux.

Si monge nier vol Dieus que sian sal 

Per pro manjar e per femnas tenir. 

Raimond de Castelnau: Mon sirventes. 

Si Dieu veut que les moines noirs soient sauvés pour beaucoup manger et pour tenir femmes. (N. E. Olé los cojones de mi tocayo, que usaba muy bien la ironía y criticaba públicamente a los monjes negros que comían mucho y tenían mujeres, concubinas.)

Li moyne lausan Dieu. 

Monegues cogulas vestens.

(chap. Los monjos loen (alaben) a Deu.

Monjos cogulles portán : que porten cogulla, cogulles : capuchó, capuchons, capucha, capuches.)

V. de S. Honorat.

Les moines louent Dieu.

Moines revêtant capuchons.

Atressi com hom pot faire 

De covers morgue tondut, 

Fai hom de trachor pendut.

P. Cardinal: Rasos es qu' ieu. 

(chap. Igualmen que se pot fé de convers monjo tonsurat, se fa de traidó penjat. Esta frasse es mol bona pera los republicans y roigets.)

Pareillement comme on peut faire de convers moine tondu, on fait de traître pendu.

ANC. FR. Tant est ces moignes desloiaus.

Roman d' Eustache le moine, p. 54.

(N. E. chap. Romans d' Eustaquio lo monjo.)

CAT. Monjo. ESP. (Monje) PORT. Monge. IT. Monaco.

(chap. Monjo, monjos; religiós, religiosos; conventual, conventuals. Alemán: Mönch, Mönchen, Mönchtum, Mönchengladbach, https://de.wikipedia.org/wiki/M%C3%B6nch_(Begriffskl%C3%A4rung))

Ramón Guimerá Lorente, Moncho de Beceite, Beseit

4. Monja, Monga, Morga, Moyna, s. f., religieuse, moinesse.

Par que us vulhatz metre monja?

(chap. Pareix que tos vullgáu ficá a monja; embutí, ficá, ficás, entrá, a un convén de monges, religiosa, pareix que te vullgues fé monja.)

Le Comte de Poitiers: Farai chansoneta.

Il paraît que vous vouliez vous faire religieuse?

Que sias moyna sagrada. V. de S. Honorat.

(chap. Que sigues monja consagrada.)

Que vous soyez religieuse consacrée.

Que creme las morgas de laiens. 

Pujols: Si 'l mal.

Que je brûle les religieuses de léans. 

(N. E. Parece una frase de Luis Companys, pero es muy anterior. Está escrita en la lengua occitana, a la que algunos mal llaman catalán.) 

CAT. ESP. PORT. Monja. IT. Monaca. (chap. Monja, monges.)

5. Mongia, Morgia, s. f., couvent, monastère, monachisme.

Menet la en una mongia, et aqui la fes rendre.

V. de Gaubert, moine de Puicibot. 

La mena dans un couvent, et là la fit se vouer. 

Fasia coblas estan en la morgia. V. du moine de Montaudon. 

Faisait des couplets étant dans le couvent. 

Li det abiti de mongia. V. de S. Honorat. 

Lui donna habit de monachisme. 

ANC. ESP. Avia dentro en ella una rica mongia 

De mui bonos omes mui sancta compannia. 

Milagros de Nuestra Señora, cop. 281. 

Clerigos è calonges certas è la mongia. (clérigos; canónigos; canonges.)

Poema de Alexandro, cop. 1660. 

CAT. Monjia. (chap. mongía: ix al llibre Pedro Saputo en chapurriau y al original en castellá, de Braulio Foz Burgés.)

Pedro Saputo en chapurriau

6. Mongil, adj., monastique.

S' anc raubes loc mongil.

Cominal: Comtor d'Apchier. 

Si oncques vous dérobâtes lieu monastique.

Portan tota via los draps mongils. V. du moine de Montaudon.

Portant toujours les vêtements monastiques.

ESP. Mongil (monjil : https://dle.rae.es/monjil#:~:text=4.-,m.,usaban%20por%20luto%20las%20mujeres.). IT. Monachile. 

(chap. Mongil, mongils : monástic, monastics, monástica, monástiques : de monjo o monja. Draps mongils : vestimenta o vestits de monjo o monja : lo hábit, los habits. Ñan alguns y algunes que en ves de penjá los habits, sels eixequen una mica.)

7. Monastical, adj., monastique.

Reparador de la monastical diciplina.

(chap. Reparadó de la dissiplina o disciplina monástica.)

Cat. dels apost. de Roma, fol. 129.

Réparateur de la discipline monastique.

8. Amongar, v., faire moine, faire entrer au couvent.

Part. pas. Na Honasias..., quan fo amongada.

Cartulaire de Bugue, fol. 11.

Dame Honasias..., quand elle fui faite moinesse.

(chap. Amonjá : fés monja o fé monja a una dona. Yo amonjo, amonges, amonge, amongem o amonjam, amongéu o amonjáu, amongen; (amonjat, amonjats : fets monjo, monjos), amonjada, amonjades.)

monje, monjo, Mönch, monaco, franciscano

Monedula, s. f., lat. monedula, choucas, corneille.

Per l'auzel dit monedula; e 'l caus manja de nuech les uous de la monedula. Eluc. de las propr., fol. 277.

Par l'oiseau dit choucas; et la chouette mange de nuit les oeufs de la corneille.


Cornella, cornelles; no es igual que la gralla, ESP. grajo, pero són de la familia dels corvs