Llibre segón.
Capítul I.
De cóm Pedro Saputo va eixí a corre lo món.
Que a ningú o dingú se li ocurrixque di, de esta aigua no beuré, perque pot sé que tingue que béuressela, y aixó encara que estigue térbola, y mesclada en sang humana; encara que la estiguen passán de un cuerno a un atre, com fée un grillat, lloco o loco al carré este atre día.
¿Cuánta aigua de cuerno per al hidalgo de la cantonada de la plassa, que vóres obligat a rendí la seua soberbia al fill de aquella pupila a qui ell va denostá en tan despressio y en paraules de tanta injuria, debénli nada menos que la vida de sa filla y no tenín pas y amor en ella si cada día no la visitabe lo que ell destinare pera comadrón y casamenté, y ademés va eixí ara, que valíe mes sén un chiquet y pobre que tots los hidalgos de la provinsia? Y encara ell va patí menos que datres en aquella humillassió, perque no ere desagraít, y l'agraimén, ¡ay, qué majo que es!, no permitix quisquilles del amor propi. Si visquere una mica mes, y veiguere encara coses mes grans, y la seua soberbia mes retirada, y la seua imprudensia mes arrepentida. Van preguntá a un sabut antic qué fée Deu, y va contestá: Recachá lo alt y eixecá lo baix.
Se ha de anotá que la Providensia done lloc a preguntes com aquelles:
Disme, pare comú, pos eres just, an esta may se ha de dessichá mol tems lo seu cuidado de recordá al home vano, que no es res y no res pot fé de ell mateix; habénmos previngut pera que no lo extrañem, que lo que se alegre de la caiguda de un atre, de la flaquesa de l'atre, o se creu exento y segú de ella, no quedará sense cástic, no dixará de sé abandonat pera que caigue an aquella mateixa o a un atra mes miserable.
Trobáe Pedro Saputo esta llissó y doctrina als seus llibres, y encara que lo chiquet la teníe sempre mol presén y evitabe així la vanagloria, la pressunsió, lo engreimén, ajudanli tamé sa mare que continuamén referíe a Deu totes les grassies y habilidats del seu fill.
Passáe lo tems mentrestán, y ell entráe ya als quinse añs de edat; y va di un día a sa mare:
- Yo, mare meua, voldría anamen a vore món. Hasta ara sol hay vist la siudat de Huesca y alguns atres poblets de la comarca aon m' hau portat; y aixó es com no habé eixit de Almudévar, perque no ña diferensia en les costums, ni al sel, ni a la terra y vull anamen sol y mes lluñ, perque al món ña mol que vore y mol que sabé, y a casa y per aquí sempre són los mateixos campos, los mateixos margens, ribassos, les mateixes parets, finestres y finestrons, y ni los uns diuen res, ni les atres fan mes llum que lo primé día. Conque doneume la vostra bendissió y men aniré en la vostra llissensia.
Se va entristí sa bona mare en esta notissia, y li va di plorán:
- ¿Cóm, fill meu, cóm sirás lo consol de ta mare si ten vas del meu costat?
- Mare meua, va contestá ell: los fills són lo consol de sons pares pero no están sempre lligats a les seues garres, sino honrats, guañanse honestamen la vida, no donanlos maldecaps, volenlos mol, y assistinlos y cuidanlos cuan u nessessiten. Ademés, no tardaré en torná, perque com sirá lo primé viache y soc encara mol sagal, no vull aná a terres apartades ni embutím a la confussió de llengües y nassions pera probá a la fortuna.
- Pos be, va di sa mare, ya que estás convensut, yo voldría que u comunicares al siñó mossen, que es home que coneix a moltes persones, y escriu y ressibix cartes del correu, pera que te dono cartes que diuen de recomanassió.
- ¡Ay mare!, va contestá ell entonses; ¡qué lluñ estéu de atiná al blang, y qué mal caléu lo meu pensamén! No vull cap lletra de recomanassió, perque ni sé aón aniré, ni dixen de sé pigüelas (esposes) que no se poden chafá sense ofensa de algú.
Ademés, ¿Qué faré? ¿Pintá? Es títul que obligue a mol, y per ventura no me se oferirá pintá un estrel. ¿De músic? No sé aón podríe portam esta habilidat si no es an algún sarao, boda o festa de convén. Pero sobre tot la libertat es lo que me fa al cas; cap respecte, cap ley inútil me convé, fora de la honradés; y lo parlá be y lo just comedimén. Esta nit anirem a casa de ma padrina y li direm que demá me se oferix un curt viache, y a ningú mes donarem cuenta, exepte si después vullgueres contálay al siñó mossen, que es tan amic nostre.
- ¿Demá ya ten vols aná?, va preguntá sa mare. ¿No veus, fill, que aixó es massa de repén?
- Aixó pera vosté, va contestá ell; no pera mí, que fa mol tems que u ting pensat y resolt. Plegueume dos camises, y en esta mateixa roba y un morral al muscle ting lo menesté per al poc tems que penso caminá fora de casa.
Va habé de asseptá sa mare per mes que li ploráe lo cor; y en son demá de matinet li va besá la má y va eixí del poble eixecán los ulls al sel com pera invocá a la Providensia.
Com lo camí de Huesca ere lo mes conegut y al mateix tems lo mes curt, se ni en van aná los peus per nell y va dixá lo poble atrás, no portán mes bartuls que lo que per la nit li va di a sa mare, y deu libres jaqueses de or, no habén vullgut mes provissió, perque díe que lo que va a corre món a la aventura, lo món li ha de valé y al món ha de trobá la vida o la mort.
Original en castellá:
Libro segundo.
Capítulo I.
De cómo Pedro Saputo salió a correr el mundo.
A nadie le ocurra decir, de esta agua no beberé, porque puede ser que tenga que beberla, y eso aunque esté turbia, y mezclada con sangre humana; aunque la estén pasando actualmente de un cuerno a otro, como hacía un loco en la calle estotro día. ¿Qué más agua de cuerno para el hidalgo de la esquina de la plaza, que verse obligado a rendir su soberbia al hijo de aquella pupila a quien él denostó con tanto desprecio y con palabras de tanta injuria, debiéndole nada menos que la vida de su hija y no teniendo paz y amor con ella si cada día no la visitaba el que él destinara para comadrón y casamentero, y además salió ahora, que valía más siendo un niño y pobre que todos los hidalgos de la provincia, cuanto más él y los suyos? Y aun él padeció menos que otros en aquella humillación, porque no era ingrato, y la gratitud, ¡ay, qué hermosa es!, no permite quisquillas del amor propio. Viviera un poco más, y viera aún cosas mayores, y su soberbia más retirada, y su imprudencia más arrepentida. Preguntaron a un sabio antiguo qué hacía Dios, y respondió: abajar lo alto y levantar lo bajo. Siendo de notar que si en otras cosas su providencia da lugar a preguntas como aquéllas: Dime, padre común, pues eres justo, en ésta nunca se ha de desear mucho tiempo su cuidado de recordar fuertemente al hombre vano, que nada es y nada puede de sí mismo; habiéndonos prevenido para que no lo extrañásemos, que el que se alegra de la caída de otro, de la flaqueza de otro, o se cree exento y seguro de ella, no quedará sin castigo, no dejará de ser abandonado para que caiga en aquella misma o en otra más miserable. Encontraba Pedro Saputo esta lección y doctrina en sus libros, y aunque niño la tenía siempre muy presente y evitaba así la vanagloria, la presunción, el engreimiento, el desvanecimiento, ayudándole también su buena madre que continuamente refería a Dios todas las gracias y habilidades de su hijo.
Pasaba el tiempo entretanto, y él entraba ya en los quince años de su edad; y dijo un día a su madre: - Yo, madre mía, quisiera irme a ver mundo. Hasta ahora sólo he visto la ciudad de Huesca y algunos otros lugares de la comarca adonde me habéis llevado; y eso es no haber salido de Almudévar, porque no hay diferencia en las costumbres, ni en el cielo, ni en la tierra y quiero irme solo y más lejos, porque en el mundo hay mucho que ver y mucho que saber, y en casa y por aquí siempre son los mismos campos, las mismas paredes y ventanas, y ni los unos dicen nada, ni las otras dan más luz ni otra que el primer día. Conque dadme vuestra bendición y me iré con vuestra licencia. Contristóse su buena madre con semejante nueva, y le dijo llorando: - ¿Cómo, pues, hijo mío, cómo serás el consuelo de tu madre si te vas de mi lado? - Madre mía, respondió él: los hijos son el consuelo de sus padres no estando siempre atados de su pierna, sino honrados, ganando honestamente la vida, no dándole pesadumbres, queriéndolos mucho, y asistiéndolos y cuidándolos cuando lo necesitan. Además que no tardaré en volver, porque como será el primer viaje y soy aún muy rapaz, no quiero apartarme a luengas tierras ni lanzarme a la confusión de lenguas y naciones para prueba de mi fortuna.
- Pues bien, dijo su madre, ya que estás resuelto, yo querría que lo comunicases al señor cura, que es hombre que conoce muchas personas, y escribe y recibe cartas del correo, para que te diese letras que llaman de recomendación. - ¡Ay madre!, contestó él entonces; ¡qué lejos estáis dando del blanco, y qué mal caláis mi pensamiento! No quiero ninguna letra de recomendación, porque ni sé adonde iré, ni dejan de ser pigüelas que no se pueden romper sin ofensa de alguno. A más, ¿qué calidad queréis que me dé en ellas? ¿De pintor? Es título que obliga a mucho, y por ventura no se me ofrecerá pintar una estrella. ¿De músico? No sé a dónde podría conducirme esta habilidad si no es a algún sarao, boda o fiesta de convento. Pero sobre todo la libertad es lo que me hace al caso; ningún vano respeto, ninguna ley inútil me conviene, fuera de la honradez; y el bien hablar y el justo comedimiento. Esta noche iremos en casa de mi madrina y le diremos que mañana se me ofrece un corto viaje, y a nadie más daremos cuenta, salvo si después quisiéredes participárselo al señor cura, que es tan amigo nuestro. - ¿Que ya mañana te quieres ir?, preguntó su madre. ¿No ves, hijo, que eso es muy súbito? - Esto para vos, respondió él; no para mí, que hace mucho tiempo lo tengo pensado y resuelto. Aviadme dos camisas, y con esta misma ropa diaria y un ferreruelo al hombro tengo mi menester para el poco tiempo que pienso andar fuera de casa. Hubo de condescender su madre por más que le lloraba el corazón; y al día siguiente de mañanita le besó la mano y salió del lugar levantando los ojos al cielo como para invocar la Providencia.
Como el camino de Huesca era el más conocido y así mismo el más corto en la imaginación, se le fueron los pies por él y dejó el lugar atrás, no llevándose más equipaje que el que por la noche dijo a su madre, y diez libras jaquesas en oro, no habiendo querido mayor provisión, porque decía que el que va a correr mundo a la ventura, el mundo le ha de valer y en el mundo hallar la vida o la muerte.